martes, 12 de febrero de 2013

Capítulo 75: Todo puede cambiar


Las cosas se habían sucedido a una velocidad de vértigo, tan rápido que John aún no había llegado a asumir muchas de ellas por completo. Y es que, desde la muerte de Brian todo había cambiado, tanto a nivel profesional como, incluso, a nivel personal.

Primero había surgido la idea de encargarse ellos mismos de sus negocios, de todo aquello que les rodeaba, una idea que por fuera parecía que había ilusionado a todos pero que, en realidad, los aterraba. Y tanto que les aterraba, sobre todo a él… En realidad, lo único que pululaba por la mente de John desde aquel trágico suceso, era que el grupo se iba a ir a la mierda sin la mano de Brian. Sólo Paul, que parecía más dispuesto que los demás, estaba convencido de que las cosas podían y debían salir adelante.  Y esa determinación era precisamente otra de las cosas que habían  hecho cambiar las cosas. De este modo, mientras John estaba demasiado preocupado pensando en lo mal que iban a ir las cosas de ese momento en adelante, Paul parecía dispuesto a tomar las tornas de director de todo lo que se debía orquestar a partir de ese momento y de una manera nada sutil, por cierto. No es que le molestaran demasiado, todavía, aquellas ganas de Paul por tomar la batuta de los acontecimientos; él estaba demasiado apático y asqueado de todos los agobios que le había supuesto ser un Beatle en esos momentos como para preocuparse de aquello. No obstante, no iba a negar que aquello estaba haciendo mella en su relación…  De cada día estaban más fríos el uno con el otro y la amistad que en otros momentos les había parecido tan firme parecía ahora frágil, demasiado frágil. Además, estaba lo otro: Christine. Las cosas con ella no estaban bien, lo notaba, lo sabía. Y él, pese a que sabía que tenía en su mano el poder remediar las cosas, no tenía las fuerzas suficientes para hacerlo. ¿Cómo? ¿Cómo iba a dejar la mierda en aquellos momentos tan complicados? Él siempre había necesitado edulcorar la realidad para que su mente no le atormentara más de la cuenta y, en aquellos momentos sentía que lo necesitaba más que nunca. Y, pese a que sabía que Chris odiaba verlo colocado y que aquello estaba poniendo en peligro lo suyo, no tenía el valor suficiente para cambiar.

Pensando en todas esas cosas, John salió del Rolls y entró llamó a la puerta de Sunny Heights. Había quedado allí, con los demás, para hablar de una idea que Paul quería exponerles a los demás. A saber de qué se trataba…

No tardó demasiado en abrirle una ya muy visible embarazada Mary, que nada más verle esbozó una sonrisa.

-Hola, John.-le saludó.

-Hola. ¿Cómo va todo?

La chica soltó un ligero bufido antes de contestar mientras apoyaba sus manos en los riñones.

-Hinchada, de mal genio por las hormonas y con dolor de espalda; pero por lo demás, estupendo.-contestó con ironía haciendo que John soltara una pequeña carcajada con el comentario.-Entra, los demás ya han llegado.

-Entonces soy el último…

-Siempre lo eres, ¿no?-bromeó Mary haciéndose a un lado para que pasara.

John siguió a Mary hacia el comedor, desde donde se podían escuchar ya las voces de los otros tres. De entre ellas, destacaba la de Paul, que parecía emocionado a la vez que parloteaba sin cesar de algo que él aún no era capaz de entender.

-Hola, chicos. Aquí os traigo al que faltaba.-dijo Mary cuando entraron en el comedor dirigiéndose a los demás.-Yo me voy arriba a hacer mis cosas. Si queréis algo, me llamáis.

La chica salió de allí sin más y cerró la puerta tras de sí. John se quedó allí, plantado.

-Ya era hora, llevamos un buen rato esperando.-dijo Paul por todo saludo. Su voz sonó bastante más agria de lo que seguramente habría querido. Pareció darse cuenta de ello casi al instante y se apresuró a rectificar:-¿Cómo va todo?

Aquella corrección hizo sonreír a John. No obstante, no dijo nada al respecto: no tenía ganas de discutir nada más llegar.

-Va bien.-contestó sentándose en el sitio que quedaba libre en el sofá, justo al lado de George. Después, se sacó el paquete de tabaco del bolsillo y se encendió un cigarrillo con parsimonia.-Supongo que ya debéis de haber hablado sobre un montón de cosas, ¿no?

Paul no pudo evitar soltar un bufido que aún divirtió más a John. A veces, el hecho de ponerle de los nervios le proporcionaba un inmenso placer.

-Sí, ya hemos hablado de muchas cosas.-le contestó casi podría decirse con malos modos.

-Paul nos estaba contando la nueva idea que tiene en mente.-intervino Ringo que, como siempre, quería quitarle hierro al asunto.

-¿Ah, sí?-preguntó John mirándolo, primero a él y después a Paul.-¿Y qué es? ¿Ahora nos tenemos que disfrazar de animalitos para el próximo disco?

Paul se quedó mirándolo por unos segundos y, de repente y para sorpresa de John, soltó una carcajada. Él se limitó a dedicarle una media sonrisa mientras le daba una profunda calada a su cigarrillo.

-Lo de los animalitos no está mal…-convino Paul divertido.-Hemos de desarrollar esa idea, John. Pero ahora… Estaba hablando de otra cosa.

-¿Qué cosa?

-Una película.-contestó Paul con determinación.

-¿Cómo?

-¡Sí!-exclamó su amigo ilusionado.-Una película. Pero no como las que hemos hecho hasta ahora, para nada. Me refiero a una película que nosotros mismos “hagamos”, sin seguir las órdenes de nadie. Sin guiones, sin nada de esas mierdas que nos agobian. Quiero que sea una película diferente.

-Y tan diferente…-masculló él con escepticismo. A veces los proyectos de Paul lo dejaban un poco descolocado.-¿Y cómo se supone que vamos a sacar adelante eso?

-Lo sacaremos.-le cortó Paul con entusiasmo.-¿O es que a ti no te atrae la idea de hacer una película de rollo psicodélico? Algo que no se ha hecho hasta ahora, como hicimos con el Sgt. Pepper.

Por toda respuesta, John sonrió. No obstante, su sonrisa sólo era una burda máscara que trataba de ocultar su poca confianza en el proyecto que Paul acababa de proponerles. Miró a George y a Ringo. A juzgar por sus expresiones, ellos también opinaban lo mismo que él, pero Paul estaba cegado regocijándose en los detalles de su proyecto.

-Como quieras…-masculló él al fin poco convencido.

-¡Sabía que te gustaría la idea!-exclamó Paul contento.-Veréis… Pensaba en fletar un autobús y…

John apoyó su espalda en el sofá y desconectó del parloteo incesante de Paul. Tenía demasiadas cosas en la cabeza como para ponerse a pensar ahora en un proyecto del que, a fin de cuentas, acabaría conociendo todos los detalles tarde o temprano. Demasiadas cosas…

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-Oh, mierda…-masculló Christine por lo bajo cuando leyó la carta que le habían dejado sobre su escritorio en la redacción.

-¿Qué pasa?-preguntó Jordan.

El chico, que hasta ese momento había permanecido en silencio mientras ponía en orden sus fotos en la mesa de al lado, había parado en seco de trabajar y la miraba preocupado. Chris le dedicó una sonrisa tranquilizadora y blandió el sobre delante de él.

-Es por esto.-aclaró.-Es una invitación para la gala del periódico que hacen el viernes que viene. Y si te digo la verdad, no me apetece ir para nada…

-Entiendo.-contestó Jordan.-Son un aburrimiento, pero hay que cumplir. Yo tampoco tengo demasiadas ganas. Sólo son un montón de viejos aburridos regodeándose por lo bien que hacen su trabajo y martirizándonos a los más jóvenes con su mierda de discursos soporíferos.

-Vaya… Si ya tenía pocas ganas, después del alentador panorama que describes, creo que tengo muchísimas menos.-rió ella.

-Es cierto.-contestó Jordan encogiéndose de hombros.-Son una mierda, pero una mierda de las grandes. Por cierto… ¿te han invitado a ti sola o también a un acompañante?

-Con acompañante.

-¿Con quién irás?

-Pues si consigo convencer a John…-respondió la chica.-Obviamente no le contaré nada de lo que tú me has dicho o me deja plantada.

-Dile que se monta un fiestón de escándalo.-le rió la broma Jordan.-No quiero que falte. Por lo menos que esta mierda de gala me sirva para conocer al famoso John Lennon.

Chris se quedó mirándolo durante unas milésimas de segundos. Jordan parecía tener muchas ganas de conocer a John, pero, sin embargo, le asustaba la idea de aquel encuentro. Sabía que John no podía ver a Jordan ni en pintura y temía su reacción, siempre impredecible.

-¿Y tú? ¿Traerás a alguien?-preguntó ella cambiando de tema radicalmente. No quería seguir hablando de John.

-Como no traiga a mi perro…-sonrió el chico.- Iré solo, como siempre. ¿Sabes? Paso de traer a uno de mis ligues a una fiesta así. Tengo miedo de que salga corriendo.

-A uno de sus ligues, dice…-rió Christine.-Ni que tuvieras tantos…

-Créeme, hay más de los que tú, chica Beatle, te puedas imaginar…-le dijo guiñándole un ojo.

-Oh, vaya…-masculló ella fingiendo cara de asco.-Siento no caer rendida a tus pies ahora mismo, Casanova, pero no tengo tiempo. O acabo el artículo que en teoría debería estar haciendo ya o el director me corta la cabeza.

-Un gran ejemplo que yo también debería seguir…-comentó él antes de volver de nuevo a fijar la vista en sus fotos.-Por cierto, Chris, trabaja rápido. Porque como acabe yo con estas fotos antes que tú, te aseguro que te voy a molestar.

-Muy gracioso, Jordan…

El chico ya no contestó nada; había vuelto a concentrarse en la selección de las fotos que tenía delante. Chris sonrió, se estiró un poco los brazos y apartó el sobre con la invitación de delante de la máquina de escribir. Era momento de dejar atrás todas sus tribulaciones sobre aquella gala y volver al trabajo.

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“Pues vale”. Aquella había sido la contestación que John le había dado a la vez que se encogía de hombros cuando Chris le había dicho que les habían invitado a la gala del diario. “Pues vale”. ¿Cómo podían aquellas simples dos palabras ponerla tantísimo de los nervios? La verdad era que hubiera preferido mil veces que John se negara en redondo u objetara cualquier cosa antes de que le diera aquella contestación tan apática. Odiaba verlo así. Desde hacía semanas parecía que le diera todo igual. A todo respondía con un “sí”, con un “vale” o con cosas por el estilo, sin demostrar el menor interés ni por nada ni por nadie. ¿Que su hermano proponía hacer una película que a él le daba igual? Pues vale. ¿Que su nuevo inseparable, Alex, quien por cierto a ella no le hacía nada de gracia, le decía de salir a sitios donde él antes ni siquiera hubiera querido pisar? De acuerdo. ¿Que ella le pedía que le acompañara a una mierda de gala? Como quieras. Era como si John hubiera optado por callar y encogerse de hombros, dejándose llevar por los demás, para encontrar aquella paz interior que tanto pregonaba aquel Maharishi que habían conocido.  O quizá la apatía en la que se sumía durante sus viajes de LSD había acabado por invadir también sus momentos, cada vez más escasos, de sobriedad.

-¿No vas a decir nada más?-preguntó ella incrédula a la vez que intentaba mantener a ralla sus nervios.-¿Vale? ¿Me acompañas? ¿Sin quejas ni nada por el estilo?

-¿Y qué quieres que te diga, Christie?-contestó él sin perder la calma.-Te han invitado a esa gala y quieres que vayamos, ¿no? Pues vale, vayamos. Ya está.

-¿Ya está?

-Ya está.-repitió él extrañado.

-Vale…-bufó la chica. Tampoco tenía ganas de ahondar más en el tema o aquello acabaría en una discusión segura.-Te advierto que quizá sea un poco aburrido.

-No será la primera gala aburrida a la que acuda en mi vida, tranquila.-sonrió él.

Aquella sonrisa hizo que Chris se olvidara por unos instantes de todas aquellas cosas que tenía en la mente así que, casi como de un instinto reflejo se tratara, se abrazó a él.

-Gracias.-sonrió.

-No hay de qué.

Y entonces John le dio un beso cálido, dulce. Un beso nada apático que demostraba muchas, muchas cosas. Chris sonrió cuando sus labios se separaron. Se querían. Aún había esperanza con John.

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La semana había pasado con una rapidez alucinante. Al menos, la locura de proyecto de Paul sobre aquella película le había servido para romper la tediosa rutina de estar sin hacer prácticamente nada en casa. Habían estado trabajando (si a aquello se le podía decir trabajar) en una serie de ideas para el film y, además, John había vuelto a sentir el impulso de componer. Después de aquella semana de actividad, John ya no creía que los Beatles estuvieran acabados tal y como había estado pensando desde que Brian había muerto de una manera tan repentina. Quizá sí que hubiera luz al final del túnel. Quizá sí que podrían seguir adelante sin acabar llenos de mierda.

Precisamente una de las cosas que más le fastidiaba en aquellos momentos era el hecho de no poder sentarse tranquilamente con su guitarra para intentar sacar algunos acordes para aquella canción que venía rondándole por la cabeza. No. No podía hacerlo porque tenía que acudir a aquella mierda de gala del periódico de Chris. Pero, pese a que aquello le diera mucha rabia, no quería quejarse delante de ella. No quería una discusión en balde. No era imbécil y sabía que las cosas entre ellos no estaban pasando por su mejor momento. No quería hacer tambalear los cimientos de lo que más quería en el mundo por una tontería.

-Voy a darme un baño antes de arreglarme, ¿vale?-preguntó de repente Chris asomando la cabeza por la puerta del estudio, donde estaba él.

-De acuerdo.-sonrió.-Ponte guapa.

John permaneció allí, quieto, hasta que escuchó como ella entraba en el cuarto de baño y cerraba la puerta tras ella. Esperó un poco más hasta que escuchó que abría el agua de la bañera y, entonces, se puso en pie casi de un salto. Estaba nervioso y tembloroso. Sabía perfectamente por qué era. Aquellos últimos meses había estado demasiado enganchado a la mierda y tenía la necesidad de meterse algo. El porro que se había fumado junto con Chris aquel mediodía no le había servido prácticamente de nada. Estaba tan acostumbrado a la marihuana que ya no le bastaba con eso. Necesitaba algo más, algo más duro, o acabaría la noche como un loco buscando una maldita dosis. No obstante, se había hecho a sí mismo la promesa de mantenerse lúcido ese día por ella. No quería amargarle la gala y sabía que si se metía ácido lo haría.

Nervioso, empezó a caminar de un lado a otro de la habitación, pensando. Entonces, una idea le cruzó por la mente. Vale, si se metía ácido Christine se lo notaría enseguida pero, pese a que el LSD fuera su dosis fetiche, había infinidad de cosas más que daban un viaje más “disimulado”. Con un poco de suerte, ella no notaría nada y, de ese modo, todo estaría bien.

Salió del estudio procurando no hacer demasiado ruido y entró en su habitación. Después, cerró la puerta con cuidado y abrió el armario. Enseguida vio la cajita de madera en la que guardaba todo. La agarró, la abrió y miró en su interior. Anfetaminas y demás pastillas, ácido, marihuana y cocaína. Su mirada se posó en el polvo blanco casi en el acto. Sí. Coca. No le gustaba demasiado, pero daba un colocón bastante limpio y si se esnifaba una buena raya estaba seguro de que sería capaz de disipar las ganas de meterse LSD.

No tardó ni un minuto en prepararse la raya, un rulo con un billete de veinte libras que tenía en la cartera y esnifársela. Después, se limpió los restos de polvo blanco de la nariz ante el espejo y sonrió. Ya casi podía sentir como los temblores y la ansiedad iban remitiendo poco a poco.

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El llegar a la gala acompañada por John había sido toda una odisea. Y es que, todos sus compañeros, prácticamente se habían abalanzado sobre ellos para conocerle en persona, aunque algunos de ellos estuvieran cansados de verle e incluso de participar en ruedas de prensa del grupo. Afortunadamente, John no estaba ese día especialmente sarcástico. Parecía incluso demasiado animado y, pese a que a Chris aquello le chocaba sobre todo teniendo en cuenta la apatía de las últimas semanas, podía decirse que por el momento todo estaba saliendo más o menos según lo había esperado.

-Hola, Christine.

La chica reconoció en el acto la voz de Jordan por detrás de ella y notó como se le revolvía el estómago: había llegado el momento de presentarle a John. No obstante, Chris dibujó enseguida una sonrisa fingida en su cara y se volvió.

-Hola, Jordan, ¿qué tal?-preguntó. No se le escapó la mirada que John le lanzó nada más escucharle pronunciar aquel nombre.

-Bien, genial. Disfrutando de la gala.-sonrió y después, bajando la voz hasta asegurarse que sólo John y ella lo pudieran escuchar, añadió:-Aburriéndome como una ostra.

Chris soltó una risita por lo bajo, aunque John no. La chica captó enseguida el mensaje. Lo mejor sería presentarlos cuanto antes e intentar demostrarle a John que Jordan no era más que un amigo.

-Por cierto, vosotros dos no os conocéis.-dijo.-John, él es Jordan, el chico que trabaja conmigo de fotógrafo. Jordan, éste es John.

-No necesitas muchas presentaciones, tío.-le saludó Jordan a la vez que le tendía la mano. John se la dio, titubeante.-Encantado.

-Encantado.-respondió John.-Chris me ha hablado bastante de ti. Ya tenía ganas de conocerte en persona.

-Lo mismo digo. Por cierto… ¿Os apetece que después de la mierda esta vayamos a tomarnos algo por ahí para quitarnos el mal sabor de boca que nos deje el aburrimiento?

-No sé…-masculló Christine dudosa.

-De acuerdo.-contestó John de repente para sorpresa de ella.-Salgamos a tomar algo por ahí después.

Chris se quedó mirando a John como si no lo conociera. A juzgar por su expresión y su tono de voz parecía estar incómodo con Jordan pero, por otra parte, acababa de acceder a su proposición. No sabía qué mierdas estaba pasando por su cabeza, pero la verdad era que aquello no le daba demasiada buena espina.

-Genial.-respondió Jordan, que parecía más contento que un niño con un juguete nuevo.-Y ahora, creo que deberíamos ir pasando al comedor… Parece que va a empezar la diversión. Creo que nos han puesto en la misma mesa. Por lo menos, nos reiremos por lo bajo un rato.

Chris agarró aire disimuladamente al escuchar aquellas palabras. Y encima estaban en la misma mesa… Perfecto. Si esa noche no se armaba, sería un milagro.

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A aquellas alturas de la noche, John ya estaba demasiado borracho como para ser consciente de cómo habían llegado hasta su casa después de soportar estoicamente aquel muermo de gala y de andar de local en local de Londres mientras se emborrachaban. Y, cómo no, allí estaba aquel maldito cabrón de Jordan, al que le iba pillando más y más asco conforme pasaban los minutos. De acuerdo, había sido él el que había aceptado su propuesta de salir por ahí después de la gala, pero no lo había hecho porque el chaval le cayera bien ni nada por el estilo. Lo único que quería John era ver cómo se comportaba el tipo aquel con su novia, observarlo.  Y aquella observación había dado sus frutos: aquel bastardo miraba a Chris como si fuera a tirarse sobre ella de un momento a otro. No le cabía la menor duda de que se la quería tirar. No obstante, lo peor de todo era que ella le seguía las bromas y las gracias y, pese a que su parte racional le había estado diciendo durante toda la noche que no lo hacía de una manera consciente, su parte irracional, que en esos momentos ya se había poderado de él por completo, le decía precisamente todo lo contrario.

-Joder, este whisky es de los mejores. Qué bueno que es ser rico.-dijo de repente Jordan a la vez que se servía un generoso vaso él mismo.-¿Queréis un poco?

-No, gracias.-le contestó Chris.

-A ella le va más el ron.-le cortó John secamente.-Y yo estoy demasiado borracho como para seguir bebiendo.

-Joder, pensaba que un tío como tú estaría acostumbrado a las emociones fuertes…-rió Jordan.

-Podría tumbar a cien niñatos como tú sin que ni siquiera se me moviera un pelo.-le cortó John a la defensiva.-Pero ahora no tengo ganas de seguir bebiendo, ¿vale?

Jordan se lo quedó mirando un tanto extrañado y balbuceó un leve “lo siento” casi imperceptible. Chris también lo miraba, entre asustada y sorprendida. No obstante, él no hizo el menor caso de sus miradas y empezó a hurgar por los bolsillos de su pantalón hasta que encontró la papelina con coca que había tenido allí guardada toda la noche. La puso sobre la mesa de delante del sofá con un golpe.

-John.-le reprochó Chris a su lado.-Eso…

-Esto es coca, pequeña.-le aclaró él.-Y necesito meterme una buena raya para que se me baje la borrachera que llevo. A lo mejor a ti también te vendría bien y a tu amigo ya ni te cuento. ¿Te apetece, chaval?

Jordan titubeó un poco antes de contestar.

-No, gracias. No me meto…

-Ya, ya.-rió John.-No te metes mierdas ilegales. Pensaba que a un tío como tú no le asustaban estas cosas…

-John, para ya.-le cortó Chris a su lado.

-Tranquila…-rió John mientras empezaba a prepararse la raya sobre la mesa.-Sólo le estoy ofreciendo un poco de mierda a nuestro invitado. Pensé que le gustaría.

Nadie le contestó mientras esnifaba.

-¿Seguro que no queréis?-preguntó él en tono burlón cuando acabó. A aquellas alturas ya había perdido por completo el control sobre lo que decía.

-Seguro.-contestó Jordan, que lo miraba con los ojos abiertos como platos.

John soltó una risita divertido y se dejó caer sobre el respaldo del sofá. Otro silencio se hizo entre los tres, pero a él no le pareció nada incómodo. Al contrario, le divertía en cierta manera.

-¿Quieres hielo, Jordan?-preguntó de repente Chris al cabo de unos segundos. Era evidente que lo hacía por romper la tensión, pero John no lo entendió de aquella manera.

-Sí, cariño.-le contestó él antes de que Jordan ni siquiera tuviera tiempo a abrir la boca.-Ponle hielo, pero no sólo al whisky, también a sus pantalones. Creo que le hace falta…

-¡John!-le gritó ella nerviosa.

-No te alteres, pequeña.-sonrió él con malicia pasándole la mano por la cara.-Sólo digo lo que veo. Y veo que a tu colega Jordan se la pones muy dura…

Christine le apartó la mano de su cara violentamente y lo miró desafiante. John simplemente se limitó a reír antes de volverse para mirar a Jordan. El chico estaba rojo como un tomate y miraba la escena incrédulo.

-¿Verdad que mi niña está buena?-le preguntó John cargado de veneno.-¿Verdad que sí? ¿A que te la follarías si pudieras?

-John, yo… Chris…-titubeó Jordan, que no sabía dónde meterse.

-Chris te la pone dura y te la quieres follar.-le espetó él casi escupiendo las palabras.-¿O ya te la has follado?

-¡Por favor, John!

-Creo que te has equivocado conmigo.-se apresuró a decir Jordan.

-Pues yo creo que no. No me he equivocado. ¡He visto como la miras, joder! ¡¿Te crees que soy subnormal?!

-Christine es sólo mi amiga y…

-Tu amiga, ya. Y yo, como soy imbécil, me lo creo.-le cortó John poniéndose en pie casi de un salto.-Lárgate de mi puta casa. Ahora.

-¡John! ¡No tienes derecho a…!-le gritó Chris levantándose ella también.

-¡Tú cállate, maldita puta!

No fue consciente de lo que había gritado con todas sus fuerzas hasta que vio la mirada de Chris. Entonces, al comprender lo que había hecho, sintió como la rabia se apoderaba de él por completo. La había cagado. La había cagado por culpa de aquel maldito bastardo que aún estaba sentado en su sofá y que lo miraba con cara de gilipollas, así que, sin pensárselo dos veces, agarró a Jordan por la solapa de su camisa y lo levantó de allí con violencia, dispuesto a descargar contra él toda la mierda que él tenía adentro.

-¡Te he dicho que te largues, joder!-le gritó empujándolo hacia afuera del comedor con furia y haciendo que el chico trastabillara y cayera en el suelo torpemente.

-¡Maldita sea, John!-le gritó Christine detrás suyo.-¡Déjalo estar!

-¡No lo defiendas, joder!-le espetó él fuera de sí antes de agacharse y levantarlo de nuevo con más fuerza aún.-¡Y tú, lárgate de aquí, hijo de puta! ¡Fuera de mi casa! ¡Fuera!

Lo empujó con toda la fuerza de la que fue posible hacia la puerta de casa y lo echó de su casa, ciego de rabia. Después, cerró la puerta fuertemente y se apoyó sobre la pared, con la respiración agitada. Aún escuchó como aquel cabrón bajaba apresuradamente por las escaleras antes de volverse a poner derecho y dirigirse de nuevo hacia el comedor, todavía sintiéndose capaz de cometer la mayor de las locuras. No obstante, la visión que tuvo al entrar le hizo poner los pies en el suelo de repente. Allí, en el sofá, Christine lloraba como una niña pequeña, sin consuelo posible, hecha un ovillo y temblorosa. Fue entonces cuando tomó plena consciencia de lo que había acabado de ocurrir allí. Fue eso, y no la cocaína, lo que le hizo bajar la borrachera de repente.

-Pequeña…-balbuceó con un hilillo de voz. Se sentía tan imbécil que hasta el mero hecho de escucharse hablar así mismo le producía arcadas.-Yo no…

La chica no contestó. John se acercó hacia ella y, con miedo, le pasó la mano por el pelo.

-¡No me toques!-le gritó ella nada más sintió su contacto.

-Christie, pequeña, yo…

Antes incluso de que pudiera terminar de balbucear algo con sentido, Christine se volvió hacia él y lo miró, con rabia. Tenía los ojos rojos e hinchados y había algo en su mirada que lo hizo estremecer. Y es que, por primera vez desde que se conocían, Chris le estaba mirando con verdadero odio. Un odio visceral. Un odio que se clavaba dentro de él como un cuchillo afilado. Casi de manera automática, John apartó la mano de su pelo y bajó la mirada, incapaz de sostenérsela ni un segundo más.

-Yo no quería…-intentó excusarse.

-Cállate.-le cortó ella.-Aunque sea por una maldita vez en toda tu vida, cállate.

Chris se puso en pie lentamente y empezó a caminar hacia la puerta del comedor. John levantó la cabeza y la miró. Entonces, un enorme escalofrío recorrió su espalda.

-¿Adónde vas?-preguntó sin poder ocultar una nota de miedo en su voz.

Ella se volvió y lo miró, de nuevo, con aquella frialdad indescriptible.

-Me voy a la cama.-contestó.-Tranquilo. No tendrás que compartir cama con una puta esta noche, me iré a otra habitación.

-¡Christie, sabes que yo…!

-Yo ya no sé nada, John. Nada.-le cortó ella.-Mañana hablaremos. A mí tampoco me apetece ahora tener conversaciones con un borracho drogata.

Sin decir, ni una palabra más, Christine salió del comedor dejándose a John allí solo. Y entonces, cuando escuchó la puerta de la habitación que solía usar Julian cuando estaba con ellos cerrarse con violencia, dio un furioso golpe contra la mesa. ¿Cómo podía ser tan estúpido? ¿Cómo?

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Apenas habían despuntado las primeras luces del alba cuando Christine se levantó de la cama. No había dormido en toda la noche. No había podido hacerlo con la cantidad de lágrimas y de pensamientos que la habían acosado durante sus horas allí encerrada en aquella pequeña habitación. Mucho menos cuando por fin había tomado plena consciencia de que todo el mundo, su padre, sus hermanos, todos, habían tenido razón cuando le habían dicho que enamorarse de John era lo peor que podía hacer en la vida. ¿Y qué podía hacer ella? Lo amaba. Lo amaba con todas sus fuerzas y estaba segura de que jamás podría llegar a querer a nadie de ese modo, pero, por otro lado, el estar con él había pasado de ser todo un cuento de hadas a un verdadero infierno. Aquello no podía seguir así.  Simplemente, no podía hacerlo.

Y por mucho que le doliera, por mucho que sintiera como se rompía en mil pedazos por dentro, Christine había tomado una decisión. No. No iba a consentir que nadie arruinara su vida. Nadie.

*******************************

John no se había movido del comedor en toda la noche y apenas podía pensar con claridad. Se sentía mal, muy mal, y no sabía qué podía hacer para remediarlo.

-Hola.
La voz de Chris le sobresaltó y se giró hacia ella inmediatamente. Había estado tan pendiente de sus propios pensamientos que ni siquiera se había dado cuenta de que Christine había entrado en el comedor y lo estaba mirando desde la puerta. Continuaba con los ojos rojos e hinchados y ofrecía un aspecto deplorable, casi tanto como el que debía de ofrecer él. Era evidente que se había pasado toda la noche llorando.

-Hola.-le devolvió él el saludo.-¿Cómo estás?

La chica agarró aire antes de contestarle.

-Es evidente que mal. John… Tenemos que hablar.

El sonido de aquellas tres palabras le traspasó como si fuera una espada.  No obstante, intentó permanecer tranquilo y asintió con la cabeza.

-Hablemos.-susurró al fin.-Christie, sabes que yo te…

-Para un momento, John.-le cortó ella sin apenas voz a la vez que se sentaba a su lado en el sofá.

-¿Qué ocurre?

La chica negó con la cabeza antes de contestar.

-No quiero que hagas esto más difícil de lo que ya es, ¿vale?-dijo casi en un susurro.

John la miró. Su ojos se habían empezado a inundar de lágrimas y él, a su vez, sintió como un incómodo nudo se le hacía en la garganta. No era idiota y sabía por dónde iban a ir los tiros, aunque se resistiera a aceptarlo.

-Chris…-susurró él.-Mira, hagamos una cosa. Olvidemos esto. Olvidemos todo lo que pasó anoche. Iniciemos una nueva vida, ¿sí?

Ella lo miró, sin mediar palabra. Una lágrima rebelde se le escapó y él se apresuró a limpiársela con el pulgar.

-No me llores. No soporto verte así.-continuó él.-Pequeña, empecemos de nuevo. Desde cero. Solos tú y yo. Olvidémonos de ese Jordan, del maldito periódico, de todo, e intentémoslo así.

-No lo entiendes, ¿verdad?-dijo ella con la voz temblorosa mientras otro par de lágrimas rodaban por sus mejillas.-Crees que todo se reduce a que deje el periódico, a que no vuelva a ver a Jordan… ¿Y qué cambiaría eso, eh? Dímelo.

John se quedó mirándola durante unos segundos, aunque no contestó.

-No contestas porque sabes que no cambiaría nada.-continuó ella.-No contestas porque sabes que el problema no es Jordan, ni el periódico, ni nadie más que no seamos tú y yo. El problema está en que tú y yo nos hemos vuelto incompatibles, John. Ése es el problema.

-No es cierto.-le cortó él asustado.-No somos incompatibles. Eso es mentira.

-No es mentira.-le replicó ella.-No lo es. Míranos, ¿quieres? Tú te pasas todo el día colocado y yo no sé cómo acercarme a ti sin provocar una pelea.

John calló durante unos instantes, meditando la respuesta.

-Dejaré la mierda.-susurró él en un intento desesperado por evitar lo que parecía inevitable.-Lo dejaré, te lo prometo.

La chica lo miró a los ojos, analizándolo, y negó con la cabeza.

-¿Cuántas veces me has dicho eso antes? ¿Diez? ¿Doce? Y yo no… No puedo creerte, John. Ya no puedo.

-Chris… No puedes…-balbuceó él.-Te amo. Te amo y lo sabes.

-Y yo a ti también, Johnny.-le contestó ella ya llorando sin molestarse por evitarlo.-Te amo, te amo muchísimo, pero no podemos seguir así. Nos estamos matando mutuamente.

-Christie…

John intentó abrazarla, pero ella lo apartó con suavidad.

-No puedo, John. Lo siento.-susurró.-Yo ya no…

Él se quedó mirándolo durante unos segundos, unos segundos en los que el pánico se apoderó de él.

-¿Qué es lo que quieres decir?-preguntó al fin con un hilillo de voz.

Chris se puso en pie antes de contestar, hecha ya un mar de lágrimas.

-Creo que será mejor que nos tomemos un tiempo.

-¿Quieres dejarlo?-preguntó él asustado.

-Necesito pensar en todo. Y creo que tú también.-contestó ella.-He recogido lo que me es imprescindible. Ya enviaré a alguien para que recoja el resto de mis cosas…

-Joder… No te vayas.-susurró él poniéndose en pie de un salto y situándose frente a ella. Le agarró las manos con suavidad-Chris, por favor, te quiero. No me dejes.

Ella le apartó la mirada, llorando. Se mordió el labio inferior en un vano intento por dejar de llorar y volvió a con la cabeza.

-No puedo, John.-dijo al fin separándose de él.-No puedo. Por favor, no me hagas esto más difícil.

No fue hasta aquel momento que John se dio cuenta de que ella ya tenía una pequeña bolsa preparada junto a la puerta del comedor. Aquella visión, lo dejó helado. El hecho de tener allí las cosas a punto para irse sólo ponía en evidencia que Christine ya había tomado su decisión desde antes incluso de hablar con él.

John sólo pudo mirarla incrédulo, casi en estado de shock, mientras ella agarraba sus cosas, se ponía la chaqueta y se encaminaba hacia la salida de casa. Chris se volvió para mirarle una última vez antes de salir por la puerta. Seguía con los ojos anegados en lágrimas, dolida y frágil como nunca antes la había visto en toda su vida. Pero aún así, pese a que durante unas milésimas de segundo John albergó la esperanza de que volviera a entrar y se fundiera en un abrazo con él, ella se volvió a dar la vuelta y salió de casa.

El ruido de la puerta al cerrarse le rompió por dentro. Fue peor que un balazo. Fue peor que nada. Y entonces, exasperado, John apoyó su espalda en la pared y se dejó caer en el suelo antes de arrancar a llorar. Ya no había vuelta atrás. La había perdido. Se había acabado. Christine ya no iba a ser más su pequeña. John Lennon volvía a estar asquerosamente solo.



Sí. Antes de que alguien me mate, que sirva de consuelo que en estos momentos me mataría a mí misma por lo que acabo de escribir y publicar. De verdad que a mí más que nadie me ha dolido en el alma hacer esto, pero en fin, la trama es la trama y hay que seguirla… :(
Respecto al capi en sí, tampoco es que sea lo mejor que he escrito en mi vida, por lo que pido disculpas. Espero que me entendáis. Es un capi que escribo así con reparos porque no me gusta nada lo que ocurre, así que… Ha quedado esta… cosa. Pero bueno, menos da una piedra, no? Jajajajaja.
Y bueno, yo, por mí, nada más, sólo que os mando un hipermegasaludo a todas y que ya sabéis que os quiero mucho por estar ahí, leyendo y/o comentando y haciendo feliz a esta personita que os escribe desde aquí y que promete compensaros esta cosa de hoy más adelante con capis menos lacrimógenos, jajajaja.
Saludos, genias! :)




lunes, 28 de enero de 2013

Capítulo 74: Meditación y pérdidas

Pese a que no llevaba mucho tiempo ingresado, Brian sentía que ya no podía más. No aguantaba estar encerrado entre aquellas cuatro paredes. No era que lo trataran mal, nada más lejos de la realidad, pero era como estar encerrado en una inmensa jaula. Una jaula de oro, quizá, pero una jaula al fin y al cabo. Y él, después de haber llevado una vida tan ajetreada en los últimos años, no podía hacerse el ánimo de pasarse allí las horas, sin hacer nada más que pensar. No obstante, debía de reconocer que aquel ingreso, aunque no muy largo, le había hecho mucho bien: apenas se acordaba del alcohol y de sus pastillas y estaba completamente convencido de que sería capaz de reemprender su vida anterior sin caer de nuevo en ese infierno. Pero, por desgracia, el médico que lo trataba no parecía tan seguro de ello.

-¿Está seguro que quiere solicitar el alta voluntaria?-le preguntó por enésima vez el doctor sin esforzarse por ocultar su escepticismo.

-Ya se lo he dicho.-le respondió él. Estaba empezando a cansarse de aquella infructuosa insistencia.

-¿Es consciente de que no es recomendable que abandone la clínica hasta pasado cierto tiempo?Verá, las posibilidades de recaer en sus adicciones todavía con más fuerza son elevadas si el proceso de desintoxicación no ha sido completo...

-Da por hecho que mi proceso aún no ha terminado.-le replicó Brian educadamente.-Sin embargo, apenas me acuerdo ni del alcohol ni de las pastillas. Lo pasé muy mal los primeros días, pero ahora le aseguro que estoy bien.

-No es lo mismo estar en la clínica que ahí fuera., donde va a tener todas las sustancias que quiera al alcance de la mano.  Incluso podrían llegar a ofrecérselas directamente.-dijo el doctor.-Creemos que el paciente está completamente preparado para volver a su vida normal cuando no sólo no se acuerda de consumir sustancias sino que además es capaz de decir que no en el caso de que se lo pongan delante. Y, disculpe mi atrevimiento señor Epstein, pero desde mi punto de vista dudo mucho que usted pueda hacer eso todavía.

Pese a que aquellas últimas palabras poniendo en duda su fuerza de voluntad le habían molestado muchísimo, Brian esbozó una sonrisa diplomática, de esas que tantas y tantas veces había tenido que dedicar a los medios de comunicación y a infinidad de gente más.

-Pues permítame decirle, doctor, que yo no comparto su punto de vista.-contestó al fin intentando parecer lo más educado posible.-Sinceramente creo que sé que sería capaz de renunciar a todo lo que sé que me hace daño, aunque me lo pusieran delante. Confío en tener el suficiente sentido común para ello.

-No dudo de su sentido común, señor Epstein. Sólo pretendía decirle que en tan poco tiempo dudo mucho que esté curado del todo.-se apresuró a disculparse el médico.-Pero... En fin, si quiere firmar el alta voluntaria, es su decisión. Aquí no pretendemos retener a nadie contra su voluntad.

-Me alegro de que lo haya entendido.-sonrió él.-Y confíe en mí: no recaeré.

El doctor le dedicó una mirada llena de dudas pero no dijo nada. Simplemente se limitó a tenderle el papel del alta para que Brian firmara. Él firmó, satisfecho, sintiéndose como un preso que se estaba firmando a sí mismo la libertad. A continuación, le tendió de nuevo la hoja al médico, que seguía mirándolo escéptico.

-Aquí tiene.

-Gracias.-masculló el doctor cuando agarró el papel.-Cuando usted lo desee, puede recoger sus cosas e irse a casa. Ha sido un placer tenerlo con nosotros. Le deseo la mejor suerte del mundo.

Los dos se pusieron de pie y se estrecharon la mano con firmeza.

-El placer ha sido mío.-le contestó Brian.-Me han ayudado mucho, se lo aseguro.

-Sólo hacemos nuestro trabajo.-le sonrió el doctor.-Adiós, señor Epstein.

El joven médico se dio la vuelta y se encaminó hacia la puerta de la habitación. No obstante, antes de salir, volvió a girarse y miró a Brian.

-Señor Epstein...-dijo.-Espero que no sea el caso, pero no dude en ponerse en contacto con nosotros para cualquier problema que le surja. Ya sabe que estamos aquí para ayudarle en lo que necesite.

Brian esbozó una sonrisa sincera. En el fondo, aquel tipo le había caído muy bien.

-Descuide, lo tendré en cuenta.-contestó.-Pero le aseguro que nunca más me volverán a ver por aquí.

Y tenía razón. Mucha. Aquel joven doctor jamás volvería  a ver a Brian Epstein por allí.

**********************************

-Deje que le ayude...

Chris sonrió complaciente, pero apartó levemente la maleta parta evitar que el chófer se la agarrara.

-Tranquilo, Les.-le respondió.-No pesa, ya la pongo yo en el maletero.

-Como quiera...-masculló el hombre, aunque quedaba en evidencia que no estaba convencido para nada.

La chica soltó una risita por lo bajo a la vez que colocaba la maleta en el maletero del coche. Le hacía mucha gracia ver como Les se desquiciaba cada vez que insistía en hacer ella misma las cosas. Pero era cierto, se sentía muy incómoda comportándose como una especie de marquesita malcriada que ni siquiera podía abrirse por sí misma la puerta del coche.

-Joder, pequeña, ¿dónde te habías metido?-preguntó de repente John, que acababa de aparecer en el garaje con su maleta.-Me descuido un rato y cuando me doy la vuelta ya has desaparecido... Con tu maleta.

-Tenía que bajarla, ¿no?-sonrió ella.

-Ya... Si me hubieras esperado, te habría podido ayudar.

Chris soltó un bufido, entre molesta y cansada.

-Tengo manos. Míralas.-contestó levantando sus manos en dirección a John.-Puedo bajarme una mísera maleta yo misma sin ayuda.

-No te va eso de ser una princesita mimada, ¿verdad?-sonrió John acercándose.

Les agarró la maleta del chico, que al contrario que su novia, no se negó a ello. Después, John le dio un breve beso a la chica.

-Sé que no te van mucho estas cosas.-dijo en voz baja de repente.-Pero aun así, quieres que vayamos a Bangor...

Chris sintió como el corazón paraba de latirle durante unos segundos. Al parecer, la que ella creía que había sido su genial actuación para hacerle ver a John que estaba realmente interesada por el Maharishi no había sido tan buena.

-¿Cómo?

Él se limitó a soltar una risita y le acarició la mejilla suavemente.

-Que sé que todo esto no te ha gustado nunca ni te gusta...-dijo al fin.-Nadie cambia tan de repente de parecer, y mucho menos tú, que eres de ideas fijas.

Aquello era imposible de rebatir, así que Chris se limitó a sonreír, avergonzada.

-Así que gracias.-continuó John.-Sé que lo haces por mí, porque sabes que yo sí que estoy interesado en estas cosas.

-De nada.-masculló ella con un hilillo de voz.

John le dio otro beso, dulce, y se metieron en la parte trasera del coche sin mediar ni una palabra más. Una vez allí, Chris se recostó contra el pecho de John. Justo cuando Les arrancó el Rolls, suspiró pensando en lo último que él le había dicho. Tenía razón, pero sólo a medias. Sí, iba a Bangor por él, pero no porque supiera que estaba interesado por esas cosas. En realidad, Christine iba a Bangor porque guardaba la esperanza de que John dejara, de una maldita vez por todas, aquella adicción suya que estaba poniendo todo lo que habían construido en peligro. Y ojalá lo hiciera.

*************************************

Lo primero que hizo Brian cuando entró en casa fue descolgar el teléfono. Tenía unas ganas locas de hablar con él, de decirle que por fin había regresado, que sentía no haber avisado antes de irse, pero que aquel ingreso le había hecho mucho bien y que le había convertido en un hombre nuevo. O al menos, eso creía.

Con las manos temblorosas, marcó el número de teléfono que ya se sabía de memoria. No es que hubiera llamado infinidad de veces, mucho menos desde que ella vivía con él, pero aun así lo tenía grabado en su mente como si fuera el suyo propio.

Esperó pacientemente a que contestara. Un tono. Dos. Tres. Cuatro. Lanzó un bufido fastidiado; era raro que tardaran tanto a responder. Cinco. Seis. Miró su reloj de pulsera; a esas horas debería estar en casa. Siete. Ocho. Definitivamente parecía que no iban a contestar. Nueve. Diez. Otro bufido; ¿dónde se había metido?. Once. Doce. El teléfono dejó de sonar automáticamente a la vez que Brian colgaba con un golpe seco el auricular del teléfono.

Se quedó allí plantado, mirando hacia la pared durante unos segundos. Seguramente John habría salido a hacer cualquier cosa con Chris. De todas maneras, no obstante, le extrañaba que estuvieran haciendo algo cuando apenas era poco más de media mañana. Sabía que tanto al uno como al otro les encantaba dormir y tenía constancia de que ese día no tenían nada qué hacer, ningún compromiso que atender.

Entonces, casi sin pensárselo, descolgó de nuevo el teléfono de manera automática y marcó el siguiente número que le vino a la cabeza, el de Paul. A lo mejor, estaban allí, en su casa. Al fin y al cabo, Paul era el hermano de Christine aparte del amigo de John y no sería nada raro que estuvieran en su casa, incluso que se hubieran quedado a pasar la noche allí. Pero de nuevo, nadie contestó.

Frunció el ceño. John no estaba; Paul, tampoco. ¿Dónde se habían metido? Volvió a colgar intrigado y más por curiosidad que por otra cosa llamó, primero a casa de Ringo y después a casa de George. Ninguno contestó. Parecía que los cuatro se hubieran evaporado. No sabía qué podían andar haciendo y, al parecer, la única que podía darle alguna información era la secretaria de su oficina. Debería llamar. De todas maneras, allí más que en ningún otro sitio necesitaban saber que ya había salido de la clínica.

-NEMS Enterprises, buenos días. ¿En qué puedo ayudarle?

Brian no pudo evitar dibujar una sonrisa ante la pregunta automática de Amy, la secretaria. Por un momento se olvidó de la ausencia de los chicos y se regocijó en la idea de que por fin había vuelto a la vida normal que había dejado atrás.

-Buenos días, Amy. Soy Brian.

-¡Brian!-exclamó la chica sorprendida.-¿Cómo te va?

-Estupendamente.-contestó él.-Tanto que pensaba pasar a haceros una visita.

-¿Una visita? Pensaba que en la clínica esa no os dejaban salir...

-El caso está en que ya no estoy en esa clínica, Amy.-le respondió Brian ufano.-Ya estoy en casa.

-¡Vaya! ¡Menuda alegría! ¿Te han dado ya el alta?

-En realidad he solicitado yo el alta voluntaria, pero es lo mismo.-contestó.-Creo que ya estoy bien. A punto para volver a la batalla.

-Me alegro de que digas eso.-dijo la chica. Su voz sonaba sincera y eso reconfortó a Brian.

-Sí, yo también.-respondió.-Por cierto, Amy... Quería preguntarte una cosa... He llamado a los chicos y no contesta nadie. ¿Tienes idea de dónde están?

-Oh, sí. Por supuesto que tengo idea de dónde están, yo y media Inglaterra, por cierto.-contestó ella con desgana.

Aquello le chocó muchísimo a Brian, pero no dijo nada, a la espera de que Amy continuara hablando y le aclarara su duda.

-No me extraña que no lo sepas.-continuó la chica.-Ya sé que en esa clínica estabais por así decirlo aislados del mundo, por así decirlo, me lo dijiste antes de irte. Por eso precisamente yo no te había querido comentar nada de todo esto mientras estabas allí...

-¿Pero qué es lo que ocurre?-preguntó Brian, que iba intrigándose más y más por momentos.

-Bien... ¿Sabes lo que ha pasado con ellos? Creo que...-inmediatamente Amy bajó el tono de voz, como si fuera a contar un gran secreto.-Creo que se han unido a una secta o algo por el estilo.

-¿QUÉ?-se asustó él.-¿Cómo que...?

-Lo siento, lo siento, no quería decir eso...-se apresuro a disculparse Amy cuando vio la reacción de Brian.-Lo que quería decir es que se han unido a ese... Mashariji o como se llame.

-¿El Maharashi?-preguntó Brian sorprendido ante esa noticia.

-Sí, eso, como se llame... ¿Sabes quién es?

-Por supuesto que sé quién es.-le cortó Brian.-Pero no tenía ni idea de que los chicos hubieran entablado contacto con ese tipo...

-Al parecer fueron a una reunión con él y se convencieron. No sé qué diría, pero la verdad es que pareció impresionarlos, a los cuatro.-continuó Amy.-Y ahora han ido con él a Bangor, en Gales.

-¿A Gales? ¿Y qué han ido a hacer allí?-preguntó Brian, que estaba más y más descolocado por momentos. Jamás habría imaginado aquello.

-Según dicen una especie de cursillo o jornadas espirituales o algo por el estilo.-respondió Amy.-Van a estar unos días allí con él. Las chicas han ido también con ellos.

-Entiendo...-masculló Brian.

-Brian, oye...-le dijo Amy.-Estoy segura de que esto no es más que otro de sus caprichos. Ya los conoces, tú mejor que nadie.

-Lo sé, Amy.-sonrió él al ver la preocupación de la chica. Estaba claro que había notado que aquella noticia le había caído encima como un cubo de agua fría.-No te preocupes... Escucha... Quizá no me pase hoy por la oficina. Ya sabes, mientras me instalo y descanso un poco...

Aquella extraña noticia le había hecho cambiar de parecer en cuestión de segundos. Ya no tenía unas ganas locas de incorporarse a su trabajo. Ahora, sólo tenía ganas de estar solo y meditar.

-Tranquilo, Brian. Nosotros nos encargamos de todo.

-Sabía que podía confiar en vosotros.-respondió él.-Nos vemos el lunes, pues.

-Hasta el lunes.

Brian colgó el teléfono nuevamente y se quedó mirando a la pared, reflexivo. Ahora, al parecer, los chicos se habían colgado por aquel Maharishi... Lo que le faltaba.

***************************************

Mary miró a Gwen una vez más intentando no aguarle la fiesta con su cara larga. Lo cierto era que el entusiasmo de su amiga contrastaba con su fastidio y con el escepticismo latente de Chris, que pese a que había decidido adoptar una misteriosa actitud diplomática nada común en ella, no podía ocultar que preferiría haber estado en cualquier otro sitio antes que allí.

-Yo creo que esto de la meditación es algo muy importante.-dijo Gwen antes de seguir mordisqueando la manzana que tenía entre manos.-Sobre todo para nosotros, que llevamos esa vida tan ajetreada lidiando con los medios de comunicación y todo eso...

-Sí, tienes razón.-contestó Chris esbozando una sonrisilla malévola mientras le dirigía una mirada suspicaz a Mary.-Sobre todo le vendrá bien a nuestra señora Starkey. A ver si así es capaz de contenerse cuando los periodistas la acosan sobre el tema del embarazo y no acaba matando a alguno...

-Ja, ja, ja.-fingió reírse ella, aunque debía de reconocer que en el fondo la broma de su amiga le había hecho gracia.-Eres lo más gracioso del mundo, Christine.

-Por supuesto que lo soy.-le sacó la lengua la chica.

-Oh, chicas, venga...-les dijo Gwen intentando parecer seria, aunque era evidente que también se lo estaba pasando en grande.-Tomaros esto un poco más en serio, ¿queréis?

-John ya se lo toma en serio por los dos.-masculló Christine poniéndose repentinamente seria.-Al menos espero que todo esto le haga algún bien...

-Ya verás como sí.-se apresuró a contestarle Gwen.-La meditación puede ayudarle mucho, ¿sabes?

-Eso espero... -murmuró ella.

Fue al decir esto cuando Mary se dio cuenta de por qué Chris había decidido ir a Bangor con John. En aquellos momentos quedaba claro que Chris sería capaz de aferrarse a un clavo ardiendo con tal de que John dejara de lado todas sus mierdas. Pero, sinceramente, ella dudaba de los resultados. Aunque John consiguiera olvidarse del ácido y del resto de drogas, meterlo de cabeza en todo aquello a lo mejor no era lo más conveniente. Y es que, podía dejar la droga para obsesionarse con todas esas cosas. Era como si del fuego, saltara a las brasas. Pero, obviamente, ella no iba a decírselo a Christine así, tal cual.

-Bueno, chicas.-dijo de repente Gwen mirando su reloj de pulsera.-Última reunión del día. Vayámonos o llegaremos tarde.

-No creo que lleguemos tarde...-masculló Mary de mala gana mientras se ponía en pie.-Al fin y al cabo creo que el Maharishi está muy ocupado haciéndose fotos con ellos...

Tanto Gwen como Chris le lanzaron a Mary sendas miradas, una de desaprobación, la otra de comprensión. No obstante, a Mary aquello no le importaba. Estaba cansada, empezaba a sentirse pesada, estaba irascible y lo único que quería era irse a la cama o estar un rato con Ringo. Y el hecho de que en aquellos momentos tuviera que renunciar a aquel deseo para ir a ver a ese maldito Maharishi que no le hacía ni pizca de gracia sólo hacía que se pusiera de peor humor.

**********************************

No tenía ni idea de por qué había salido esa noche, pero lo había hecho. Lo había hecho y había cometido el peor de los errores posibles. Y es que, pese a que no había probado ni una gota de alcohol, Brian podía afirmar que había pasado una de las peores noches de su vida. Es más, hubiera preferido estar completamente borracho para poder soportar la vergüenza, el bochorno y el dolor que sentía en aquellos momentos, mientras intentaba salir de su coche cojeando.

A duras penas consiguió ponerse en pie y entró en su casa. Nada más encendió la luz de la entrada, el espejo que tenía encima del mueble del hall le devolvió una imagen patética. Brian se miró detenidamente durante unos segundos. Tenía el labio partido, la nariz hinchada y el cuello de la camisa lleno de sangre. Suspiró y soltó una risotada amarga al recordar que él mismo, esa misma mañana, había pensado que era un hombre nuevo. ¿Nuevo? ¡Y una mierda! Era el mismo de siempre, sólo que menos borracho. Era el mismo fracasado al que uno de sus ligues de una noche, un tipo que no parecía ser el mala cabra que había resultado ser, le había dado otra monumental paliza después de pasar un rato con él. El mismo fracasado que a nadie le importaba. El mismo fracasado que jamás lograría ser feliz. El fracasado que no tenía ni idea de por qué había nacido.

Entró en el comedor arrastrando los pies y se dejó caer sobre el sofá. Cerró los ojos intentando no pensar en los pinchazos que le daba la sien, pero acabó por abrirlos al cabo de un rato atormentado por sus propios pensamientos. Se levantó casi de un salto y movió la cabeza enérgicamente a un lado y a otro, intentando apartar de sí aquellas lúgubres imágenes que su mente se empeñaba en ofrecerle. Imágenes de sus fracasos. Imágenes que le recordaban lo mierda que era...

Caminó nervioso, de un lado a otro y cojeando, durante unos instantes y, de repente, sus ojos se posaron en el mueble bar del comedor. Sabía que no debía hacerlo. Sabía que no debía abrirlo y volver a caer pero... ¿qué sentido tenía todo en aquellos instantes? ¿Qué sentido tenía el hecho de que él se mantuviera sobrio? ¿Acaso aquello había cambiado en algo su suerte? No, la respuesta era no. De hecho, el mantenerse sobrio sólo le había hecho darse cuenta de la mierda de realidad que le rodeaba de una manera más cruel. Necesitaba aquello. Necesitaba un trago para aliviar aquel dolor...

Se dirigió casi desesperado hacia el mueble bar y lo abrió, agarrando la primera botella que parecía lo suficientemente llena como para poder pillar una buena borrachera. La destapó y dio un gran sorbo de ella, directamente. Era whisky. Whisky del bueno. Agarró la botella y siguió bebiendo mientras caminaba nervioso, casi histérico, de un lado a otro, esperando a que pronto los efectos del alcohol mitigaran sus sentimientos. No obstante, a cada trago que daba, la realidad adoptaba ante él una forma mucho más amarga. Su vida era una mierda y no podía hacer nada por evitarlo.

Dio una patada furioso a una de las sillas, que cayó al suelo con un ruido seco. Y entonces, casi en un impulso, Brian, sin pensar nada más, se dirigió hacia su habitación en busca de sus pastillas. Necesitaba dormir. Necesitaba dormir mucho y olvidar por unos instantes todo aquello. Con las manos temblorosas, abrió los cajones de su mesita de noche. No le costó encontrar el tarro que contenía los somníferos que tantas veces le habían evadido de la realidad. Lo abrió casi con brusquedad y se echó unas cuantas pastillas en la palma de la mano. Ni siquiera contó cuántas eran antes de llevarse la mano a la boca y tragárselas. Él sólo quería dormir. Dormir y no pensar nada más.

Después, arrastrando los pies, volvió al comedor, agarró la botella de whisky que se había dejado sobre la mesa y se dejó caer sobre el sofá. Volvió a beber y cerró los ojos, sin dejar de darle pequeños sorbos a aquel whisky que en aquellos momentos le sabía a gloria. Poco a poco la realidad fue perdiendo su forma amarga mientras él iba sumiéndose más y más en un profundo sueño. Su mente parecía haberse relajado y ahora, en lugar de ofrecerle una película llena de horrores sobre su propia vida, había empezado a vagar sobre un montón de buenos recuerdos. Su madre, los chicos, la fama, los triunfos con ellos...

A Brian aún le dio tiempo a sonreír antes de quedarse profundamente dormido. Antes de despedirse, por siempre, de todos los fracasos y de todos los triunfos que había tenido en este mundo.

*******************************

Acababan de salir de otra sesión con el Maharishi y en aquellos momentos todos estaban sentados en la habitación de Paul junto con las chicas, relajándose y charlando tranquilamente en voz baja, como en aquel pasado de giras y conciertos no tan lejano pero del que parecía que había pasado una eternidad. Aquello reconfortaba a John. Le hacía sentir de nuevo en su elemento. Y es que, pese a que no estuvieran en medio de una gira, ni tuvieran una apretada agenda que cumplir, el hecho de estar allí todos juntos, en la habitación de un hotel, le traía tantos buenos recuerdos que no podía dejar de sentirse tremendamente bien.

Y justo cuando estaban en el momento de mayor relax, justo cuando John pensaba que había recuperado algo que había estado añorando en secreto, el teléfono sonó.

-Joder...-masculló Paul mientras alargaba la mano para descolgar el auricular.-A ver quién es a estas horas...

Todos los que estaban allí sonrieron al ver la desgana con que Paul se ponía el teléfono en la oreja.

-¿Sí?-contestó.-Ah, hola Peter... Un segundo, ahora te atiendo...-tapó con la manó el micrófono del teléfono y susurró a los demás.-Es Peter Brown.

-¿Peter? -preguntó Ringo extrañado.-¿El socio de Brian, dices?

-El mismo.-susurró Paul.

-¿Y qué quiere? ¿Mandarnos trabajo incluso a distancia?-bromeó John

Paul se encogió de hombros.

-Ni idea. Ahora veré lo que dice...-dijo mientras volvía a destapar el teléfono y contestaba nuevamente:-¿Peter? ¿Sigues ahí? Siento haberte hecho esperar. Dime.

Paul calló durante unos instantes mientras Peter le hablaba. Durante unos segundos sólo se oía el murmurllo ininteligible de Peter al otro lado del teléfono. No obstante, John se dio cuenta enseguida de que aquella llamada no era una llamada normal y corriente. Y es que el rostro de Paul había pasado en cuestión de segundos de la normalidad más absoluta a estar completamente desencajado.

-Peter...-susurró su amigo al cabo de unos segundos. Apenas tenía voz.-¿Me estás jodiendo? No... No... No puede ser cierto...

Todos se miraron entre sí, desconcertados. No tenían ni idea de lo que ocurría, pero estaban seguros de que no era nada bueno.

-Entiendo...-susurró Paul.-Pero.... ¿cómo ha sido?... Ya... ¿Quieres decir que...?... No... Yo tampoco creo que... Joder... Sí, claro... Yo me encargo... Nos vemos, sí.

Paul colgó el teléfono ante la mirada atónita de todos. Estaba mortalmente pálido. Se quedó unos segundos en silencio, mirándolos a todos, uno por uno. A continuación, se pasó la mano por la cara sin decir una palabra.

-¿Qué pasa, Paul?-Chris fue la primera que osó preguntarle algo, rompiendo aquel mortal silencio.

El chico miró a su hermana, negó con la cabeza un par de veces y suspiró antes de hablar.

-Era Peter...-empezó a decir al fin casi en un susurro inaudible.-Me ha dicho que... Brian... Brian...

Paró de nuevo y agarró aire. Nadie, ni siquiera John, se atrevió a interrumpirle. A aquellas alturas todos se olían lo que podía haber pasado.

-Brian ha muerto.-soltó de repente Paul con un hilillo de voz.

John sintió como la sangre se le helaba en las venas. No podía ser cierto. Aquello era una cosa demasiado fuerte como para poder ser verdad. Lanzó un suspiro y, a continuación, lanzó una risita por lo bajo, incrédulo. No era una risa divertida, no era una risa al uso. Era una risa de incredulidad. Era como exclamar el "¿me estás jodiendo?" de Paul sin palabras. Era una risa de "esto no me puede estar sucediendo a mí". 

-¿Pero qué...?-consiguió balbucear al fin.

Paul lo miró a los ojos y asintió con la cabeza, como confirmándole que todo aquello no era una maldita broma macabra. John se puso serio de repente. Apenas sabía cómo reaccionar.

-Dice que lo han encontrado esta mañana en su casa.-continuó.-Al parecer se pasó con las pastillas y con el whisky y...

Paul se interrumpió a sí mismo antes de acabar de decir la última frase.

-Deberíamos volver a Londres cuanto antes.-dijo de repente Ringo.

John se volvió hacia él. Parecía igual de conmocionado que los demás, pero tenía toda la razón del mundo. Aquel golpe había sido demasiado fuerte como para quedarse por más tiempo en Bangor como si nada hubiera pasado.

-Tienes razón.-convino poniéndose en pie.-Voy a recoger las cosas. Volvamos cuanto antes.

Sin esperarse a que nadie dijera nada más, salió de la habitación de Paul seguido por Chris. Sólo cuando ella le puso la mano en el brazo, ya de camino a su habitación, John fue consciente de lo que había ocurrido. Y entonces, irremediablemente, no pudo contenerse por más tiempo y unas lágrimas silenciosas, dolorosas, rodaron por sus mejillas.

*********************************

Apenas había sido consciente de nada de lo que había pasado. Había ocurrido todo de una manera tan vertiginosa que sólo recordaba algunos trozos sueltos de todo el mogollón que se les había venido encima después de enterarse de la muerte de Brian. La prensa y sus declaraciones; la conversación al respecto que había tenido con el Maharishi; la visita a la madre de Brian, Queenie... Todo había pasado por delante de él como una película de la que él no era consciente que era partícipe.

No habían ido al funeral por culpa de la prensa. Sabían que aquello después se convertiría en un infierno repleto de preguntas y tanto la familia como Peter Brown habían convenido en que lo mejor sería que no acudieran. Al fin y al cabo, ya habían ido a presentar sus condolencias a la madre, que era lo que realmente importaba en aquellos momentos.

Y allí estaba él. Tumbado sobre la cama con los ojos abiertos y mirando hacia el techo, aunque la habitación estaba completamente a oscuras. Perdido de nuevo después de otra pérdida... Todos los que parecían haberle ayudado en algún momento de su vida parecían esfumarse de ella como si nada. Era su particular maldición y se sentía tan mal y tan impotente ante ello que apenas era capaz de pensar con claridad.

A su lado, Christine se movió inquieta y se acomodó contra él. John la rodeó suavemente con los brazos, procurando no despertarla de aquel sueño tan apacible, de aquel sueño que ojalá él pudiera tener. La chica respondió con un breve suspiro y él no pudo reprimir una sonrisa dulce. Y entonces, de repente, aquel pensamiento le cruzó de repente por la mente y borró inmediatamente la sonrisa de la cara. Un escalofrío le recorrió el cuerpo entero al pensar detenidamente en aquello... Ella, Chris, le había ayudado en muchas cosas y... ¿y si ella también acababa abandonándole con el tiempo? ¿Y si ella lo dejaba solo?

Asustado por aquel terrible pensamiento, John la apartó con cuidado y se levantó de la cama, ansioso. Se quedó sentado sobre la cama durante unos instantes, mientras se tapaba la cara con las manos, entre desesperado y asustado. Después, se puso en pie de un salto.

De nuevo, la maraña de sus pensamientos mezclada con la realidad estaban haciendo que se sintiera tan abrumado que de nuevo sintiera que no tenía escapatoria... ¿O quizá sí?

**********************************

Chris se despertó con la sensación de haber estado durmiendo un montón de horas más de las que realmente necesitaba. Todavía con los ojos cerrados, se movió en la cama, buscando el contacto de John. No obstante, se sorprendió cuando no lo encontró a su lado. Abrió los ojos lentamente y comprobó que John no estaba, confundida. Muy pocas veces él se levantaba antes que ella y aquello le resultaba extraño.

Se levantó de la cama y se puso las zapatillas de andar por casa en cuestión de segundos y se encaminó hacia el comedor. Desde antes de entrar ya supo que John estaba allí. Desde el pasillo le llegaba un intenso olor a tabaco y podía escuchar la tele, a un volumen muy muy bajo, como él solía ponérsela.

-Buenos días, Johnny.-saludó a la vez que entraba por fin en el salón.

El chico, que efectivamente estaba allí, en el sofá, sólo con unos calzoncillos puestos pese a que hacía bastante frío, simplemente se limitó a levantarle una mano a modo de saludo. Christine frunció el ceño y se acercó más a él. Fue entonces cuando vio su mirada perdida, su expresión, y comprendió lo que estaba pasando.

-Mierda, joder.-susurró cuando lo vio, nerviosa.

John se volvió hacia ella y la miró durante largos segundos antes de decir nada.

-¿Qué?-preguntó al fin.

Aquella pregunta enfureció a Chris, que apenas pudo controlarse cuando notó como la sangre empezaba a hervirle.

-¿Que qué?-casi gritó.-¡Estás colocado, joder!

-Eso ya lo sé.-contestó él como si aquello fuera lo más normal del mundo.

-¿Pero qué mierdas te pasa, John?-preguntó ella desesperada.-¿Qué te pasa? ¿Acaso quieres acabar como...?

Justo en el momento justo, Christine se detuvo. John le dedicó una dura mirada.

-¿Cómo quién?-preguntó él secamente.-Anda, dilo.

-Déjalo. Olvida lo que he dicho.

-No.-le cortó John.-Dilo.

-John. He dicho que lo dejes estar, ¿de acuerdo?

Pero él no parecía tan dispuesto a hacerle caso.

-¿Querías decir "como Brian", me equivoco?-preguntó casi escupiendo las palabras.-¿Cómo? ¿Ingresado en una clínica o muerto?

-John...

-¿O tal vez las dos cosas?

-¡John!-gritó ella exasperada sintiendo como cada una de las palabras que estaba diciendo John la traspasaban como un cuchillo afilado.-¡Cállate!

-No voy a callarme, Christie. No lo voy a hacer. Tú misma estás pensando todas esas cosas, ¿por qué iba a callarme yo?-le respondió él con amargura.-¿Sabes? Quizá acabe como él, quién sabe... Pero por ahora, haz el favor de no ponerte histérica y no joderme el viaje...

Chris le dedicó una mirada furibunda. A duras penas se contuvo las ganas de darle una bofetada con todas sus fuerzas. Después, salió del comedor dando un fuerte portazo y notando como una vez más las lágrimas afloraban en sus ojos. No podía ser tan estúpido. Pero, sobre todo, no podía estar jugando con ella de aquella manera. La estaba volviendo loca, y estaba segura de que él lo sabía e incluso parecía disfrutar con ello.

Y es que, por mucho que lo quisiera, John no tenía ningún derecho a hacerle el daño que le estaba haciendo.



Hola! Pues bien, hasta aquí llegó este capi! Siento que haya sido así de deprimente, pero bueno, la muerte de Brian la tenía que tratar y aquí esta mi humilde visión fiquera de los hechos... En realidad siempre ha sido un tipo que me ha dado muchísima lástima, el pobre Eppie. :(

Por cierto, en los siguientes capis todo esto va a dar un giro, así que avisadas quedáis, eh? Jejeje.

Y bueno, por mí nada más, simplemente que muchas gracias por leer y por comentar. Sabéis que me alegro mucho de ver que os molestáis en comentar esto que yo escribo, así que os mando un súper beso a todas (esta vez, el beso especial le toca a Carla y a Yaneth... Bienvenidas al fic! Espero no decepcionaros! :D )

Por mí, nada más. Un súper besazo y abrazos enormes!

Muaaaak!