miércoles, 18 de abril de 2012

Capítulo 38: De parejas oficiales y no tan oficiales


-Perfecto.-bufó Gwen dejándose caer en el sofá con cara de pocos amigos y mirando la revista que llevaba en la mano.-Ya tardaban en publicarlo.

Mary agarró la revista y miró bien la foto a todo color que había en las páginas centrales debajo de un inmenso titular que hablaba sobre la nueva y jovencísima novia de George Harrison.

-Bienvenida al club de las novias oficiales.-dijo en tono suave para intentar tranquilizar a Gwen, que se veía histérica.-Pero no te asustes, no es para tanto.

-No, seguro que no… A partir de ahora me van  a perseguir a todos los lugares, estarán todos pendientes de mí, las chicas de medio mundo me odiarán… No, tienes razón, no es para tanto.-contestó Gwen con sarcasmo.

-Joder, Gwen, tampoco seas así.-intervino Chris, que estaba sentada frente a la mesa acabándose su café.- Todo tiene su lado positivo: piensa que a partir de ahora podrás salir con George sin esconderte. Además, fíjate en Mary, ha tenido bastante buena acogida entre las fans…

-Quitando algunas locas que siempre las hay, no me puedo quejar.

-Da igual. No me hace gracia y punto.-les cortó Gwen enfurruñada, cosa que hizo que Christine soltara una risita por lo bajo.-Y tú no te rías tanto, que como os pillen a John y a ti, ya veremos qué haces.

Chris paró de reír casi en el acto y se quedó mirando a su amiga, no enfadada, sino pensativa.

-Quizás eso sería lo mejor.-contestó al fin.-Sería un descanso. Poder estar con él como si nada, agarrarle de la mano cuando me dé la gana, besarle por la calle si quiero, entrar a su casa como las personas normales y no por la puerta de los garajes… Vamos, que cualquier día le meto un morreo delante de la prensa y acabo ya con este teatro de “sólo somos buenos amigos”

-Eso no te lo crees ni tú, Christie.-dijo Mary con una sonrisa.-¡Si cuando se corrió el rumor entre las fans que hacen guardia en casa de Paul de que había algo raro entre John y tú casi te pones a llorar del agobio!

-No era lo mismo.-le cortó Chris.-Él aún estaba en pleno divorcio… De todas maneras ahora me arrepiento de haber convencido a John para que saliera a decirles que todo aquello era mentira

-Insisto, eso no te lo crees ni tú, Christine McCartney. Mucha boquita, pero a la hora de la verdad…-rió Mary.

-Vete a tomar por saco, Hall.-le replicó Chris con una sonrisa levantándose de la silla a la vez que Mary le sacaba la lengua.- Bueno, chicas, me voy ya o voy a llegar tarde, que aún tengo que pasar por casa de John a recoger a ropa del trabajo… Gracias por el café, Gwen.

-De nada, mujer. Encantada de darte tu gasolina de los jueves y los viernes.

-¡Adiós chicas! ¡Nos vemos mañana!

Mary y Gwen se despidieron también y, al cabo de pocos segundos, se quedaron solas en el comedor de casa de George.

-¿De veras que no es para tanto?-preguntó Gwen con preocupación cuando oyeron la puerta de la calle cerrarse.

-Ya verás como no.-contestó Mary sonriendo.-Al principio es un caos, pero todo es acostumbrarse.

-No sé… Me aterra todo esto, creo que me a venir muy grande y…

-No te preocupes.-le cortó su amiga.-Al principio yo también tenía mucho miedo y ahora, mira.

-¿En serio?

-En serio.

Gwen lanzó un suspiro y se dejó abrazar por Mary. En aquellos momentos necesitaba aquello, necesitaba que alguien le dijera que todo iba a salir bien y que le diera fuerzas para afrontar todo lo que probablemente se le vendría encima a partir de ese momento y, de eso estaba segura, que le iba a cambiar la vida por completo.

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Chris abrió la puerta con cuidado. No quería llamar la atención de ningún vecino indiscreto que se preguntara por qué extraña razón la supuesta “amiga” de su vecino famoso tenía llave de su casa. Nada más abrir la puerta, un maullido la sobresaltó.

-Joder, Babaghi, que susto me has dado…-masculló ella entre dientes mientras se agachaba para acariciar al gato de John. Era un animal gracioso y manso y no le extrañaba que John le tuviera un cariño especial. De hecho, él y otra gata, Mimi, eran los dos únicos que se había traído con él desde Kenwood hacía poco menos de un mes.

No había nadie en casa. John estaba en plenas sesiones de grabación del nuevo disco y sabía de sobra que no saldrían del estudio hasta la noche. Sólo estaban los dos gatos y Chucky, que dormía plácidamente dentro de su funda de guitarra. Después de dejarle la caja de chicles y la nota de rigor que le traía a John todas las semanas encima de la mesa del comedor, Chris entró en la habitación para buscar la ropa de trabajar, que se había dejado allí el viernes anterior. No eran más que unos pantalones negros y una camisa con el nombre del pub bordado, horrorosa, por cierto, pero lo necesitaba. El idiota de su jefe era muy estricto al respecto y tampoco quería que la despidieran por una tontería.

No le costó demasiado encontrar lo que buscaba; al parecer John se había encargado de guardarlo en una pequeña parte del armario que tenía ella reservada para las cuatro cosas básicas que tenía allí por si alguna vez se quedaba a pasar la noche con él. Se cambió rápidamente y miró el reloj del despertador de la mesita de noche. Las ocho y cuarto. Bufó con fastidio. Tenía el tiempo justo para llegar al trabajo. Con rapidez, abrió uno de los cajones y agarró una anfetamina de las de John. No le hacía nada de gracia abusar como estaba abusando del Preludin, pero lo necesitaba para tirar adelante y rendir como se esperaba delante de aquella clientela de babosos que bebían y bebían como cosacos hasta bien entrada la madrugada. Después, limpiar el local y volver a casa, una ducha rápida, cambiarse y de camino hacia la universidad aunque, debía reconocerlo, la mayoría de los viernes no iba a clase a no ser que hubiera algo importante.

Se despidió con una caricia de Mimi y de Babaghi y salió corriendo del piso hacia aquel trabajo que todos odiaban: su hermano, John y, sobre todo, ella misma, aunque eso jamás lo iba a reconocer abiertamente delante de ellos. Sí, por poco que le gustara y por poco que le pagaran, Christine McCartney era tan rematadamente cabezota que estaba dispuesta a aguantar allí sólo por no darles el gusto a esos dos de decirle “te lo dijimos”. Eso no lo iba a consentir nunca.

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-Perfecto, chicos, creo que por hoy ya está bien.-dijo George Martin cuando acabaron de tocar.-Mañana grabaremos las voces.

-¿Cómo que ya está bien?-se quejó John.-Aún nos da tiempo a…

-Claro, como tú hoy no tienes nada mejor qué hacer por la noche, pretendes tenernos a todos aquí hasta las tantas.-le cortó George enfadado dejando su guitarra sobre una silla.-Hay otros que tenemos vida, John.

-Vete a la mierda, Hari, estás cabreado porque tu jodido solo no suena bien.-le espetó John con malos modos.-Y en todo caso debería estar yo cabreado porque estropeas mi puta canción.

-Si por lo menos me dejaras hacer lo que he propuesto no sonaría tan mal. Pero claro, el puto crío del grupo no puede modificar las fantásticas melodías de Lennon…

-Yo no estoy diciendo eso, joder. Además, no es mi guitarra la que suena como el culo.

-¿Queréis dejarlo ya?-les cortó Ringo molesto.

-Rich tiene razón.-intervino Paul.-Llevamos muchas horas aquí encerrados y estamos cansados…

-¡Claro, a ti te da igual porque no es tuyo lo que estamos grabando!

-John…

-¿Qué? ¿Os queréis ir? Pues ale, a casa, pedazo de nenazas sin aguante.-gritó John levantándose de golpe.

Los otros tres se quedaron atónitos al ver que pillaba su chaqueta sin más y salía por la puerta del estudio como una bala.

-¿Y adónde coño vas?-alcanzó a preguntar Paul aún.

-¡A ver a mi novia!-contestó la voz de John ya desde el pasillo.

-Pero… ¿tu hermana no trabaja hoy?-preguntó Ringo extrañado mirando a Paul fijamente.

-Pues claro que trabaja…

-¿Y el idiota éste va a verla al trabajo con la mala leche que tiene hoy encima?

Paul lanzó un suspiro.

-Mirad lo que os digo...-dijo.-Viendo cómo está y adónde va y conociendo a mi hermana… Si John y Chris no rompen esta noche, no rompen nunca.

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Lo primero que le llamó la atención al abrir la puerta del piso fue el ver que la luz del salón estaba encendida. Ringo frunció el ceño y miró su reloj de pulsera para comprobar que no estaba equivocado. En efecto, no lo estaba. Eran casi las dos de la madrugada y lo normal era que Mary, que tenía clase al día siguiente, estuviera durmiendo a esas horas. Extrañado, se acercó hacia el salón con paso decidido. Sólo cuando estuvo a unos pocos pasos de la puerta, fue capaz de percibir aquel sonido que hizo que su corazón diera un vuelco.

-¡Mary, princesa!-exclamó entrando en el salón preocupado.-¿Qué te pasa?

La chica interrumpió sus sollozos ahogados y levantó la vista. Ringo la miró y supo enseguida que debía haberse pasado horas y horas llorando a juzgar por lo rojos e hinchados que tenía los ojos.

-Nada…

-¿Cómo que nada?-insistió él sentándose a su lado en el sofá y abrazándola.-¿Qué pasa?

Mary calló durante unos segundos que a Ringo se le hicieron eternos.

-Otra vez me han mandado eso…-contestó finalmente con un hilillo de voz mirando hacia la pequeña mesa de cristal que había delante del sofá.

Ringo miró hacia esa dirección y fue entonces cuando reparó en la presencia de aquella caja abierta. Se acercó y miró hacia el interior, aunque ya sabía cuál era el contenido de la caja: un pequeño ramo compuesto de cuatro flores muertas y una pequeña nota en la que ponía en letras mayúsculas “Déjalo, puta”. Era el segundo paquete así que le enviaban a Mary esa semana.

-Voy a llamar a la policía.-sentenció él seriamente.-La broma ésta no tiene ni puta gracia.

-¡No!

Ringo se quedó mirándola perplejo. La negativa de la chica lo había sorprendido.

-¿Cómo que no?

La chica lanzó un suspiro antes de contestar.

-No quiero dar qué hablar.

-¿Pero qué dices? ¿Qué más da lo que hablen? Tú vas por encima de todo y esto ya se está pasando…

-Igual sólo es una tontería de alguna fanática que…

-¿Llamas a esto tontería?-preguntó Ringo señalando la caja.-Además, no intentes quitarle hierro al asunto, tú también estás asustada con todo esto, si no, no te hubiera encontrado llorando.

-Sólo es que me agobiado…

-Mary…

-Hagamos una cosa.-dijo la chica con fingida determinación.-Dejémoslo estar por esta vez y si vuelve a pasar, vamos a la policía.

-No puedo dejar pasar esto.-contestó Ringo tozudo.

-Cariño… sólo por esta vez, te lo juro.

Ringo la miró. Sabía que lo más correcto era hacer lo que él quería pero el verla así, suplicante, lo desarmó por completo. Jamás le podría negar absolutamente nada a aquella chica a la que quería tanto.

-Está bien…-dijo al fin dando un fuerte suspiro.-Pero sólo por esta vez… A la mínima, lo denuncio, quieras o no.

-Gracias, Ritchie.-contestó Mary con una sonrisa antes de darle un dulce beso en los labios.

Ringo sonrió. Y es que, aquel simple beso, le hizo olvidar por un segundo todos los problemas. Allí estaban ellos dos y tenía la sensación de que nada podía salir mal mientras estuvieran juntos.

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-Guapa, un whisky con hielo.

Christine no pudo reprimir la mirada de asco que le lanzó a aquel tipo. Siempre era el mismo. Un tipo de cuarenta y pocos, desagradable como él solo, y que hacía semanas que le hacía la vida imposible. Lo peor es que no podía quejarse para nada a su jefe sin que encima le echara la culpa a ella por todo ya que aquel impresentable era uno de los clientes fijos del pub que se pasaba casi todas las noches de la semana allí bebiendo y que, además, era su amigo personal.

-Chris, ni caso.-le susurró Harry, su compañero, un hombre que rozaba la cincuentena que, pese a su mala pinta, era muy agradable.-Yo le sirvo, vete tú a atender al otro lado de la barra.

-Gracias.

Harry agarró un vaso y echó dos cubitos de hielo en él.

-¿Pero qué coño haces?-exclamó el tipo cuando vio que Harry empezaba a servirle.-Se lo he pedido a ELLA.

-Da igual quién te sirva, ¿no?-dijo Harry en tono casual.

-Da igual que le ponga una queja a Dan sobre vosotros dos, ¿no?-le replicó el tipo con sorna remarcando el nombre del jefe y esbozando una sonrisilla que a Chris le dio arcadas.

-Déjalo, Harry.-intervino la chica. No quería que su compañero tuviera problemas por su culpa; al fin y al cabo, Harry, padre de familia y sin ningún otro empleo que aquella mierda, necesitaba el trabajo.-Ya le sirvo yo.

-¿Ves? La chica sabe de qué va la cosa…

Harry le lanzó una mirada a Chris y la chica asintió.

-Voy yo al otro lado de la barra.-dijo.-Si necesitas algo, me lo pides.

-Vale.

La chica acabó de servirle el whisky a aquel hombre mientras Harry se alejaba.

-Aquí tienes.-dijo con brusquedad poniéndole el vaso delante.-Ya sabes cuánto es, ¿no?

-Tranquila, tranquila… No me voy a ir sin pagar, ya me conocéis de sobra…

-Y tanto que te conocemos…-masculló ella entre dientes.

-¿Cómo dices?

-Nada…

Chris se largó de allí casi al acto, con la excusa de ir a atender a otro cliente que se acababa de sentar allí cerca.

-Hola, ¿qué va a ser?-preguntó ella poniendo un vaso encima de la barra sin ni siquiera mirar al hombre.

-He tenido un día de mierda.

A Christine le dio un vuelco el corazón cuando escuchó aquella voz y levantó la cabeza inmediatamente para mirarle.

-¿Pero qué haces tú aquí?-fue lo único capaz de decir cuando reconoció a John bajo su bien conseguido disfraz.

-¿Es que no puedo venir a verte o qué?-preguntó él enfurruñado.

-Sabes que no me gusta esto. ¿Y si te reconoce alguien y…?

-Anda, Christie, ponme uno de los míos.-le cortó John sonriendo debajo de su barba postiza.-Te prometo que estaré aquí sentado, bebiendo de mi vaso y me portaré bien.

-Más te vale.-le amenazó ella sacando una botella de ron y otra de whisky.-Porque si me montas un escándalo te enteras…

-Seré un chico bueno, pequeña.

Por toda respuesta, Chris le dedicó una sonrisa mientras le acababa de preparar la bebida.

-Toma, caradura.

John agarró el vaso y ella se despidió de él con otra sonrisa que intentaba, en realidad, disimular su incomodidad. Odiaba que John se hubiera presentado en aquel antro. Lo conocía demasiado como para poder estar tranquila, y más si acababa emborrachándose.

-¡Oye, guapa!

Aquel grito del “impresentable” no pudo menos que sobresaltar a Christine. Estaba segura de que con lo alto que la había llamado John, que se había sentado demasiado cerca de aquel tipo, lo habría oído seguro. Le dedicó una mirada furtiva de reojo: John estaba mirando al “impresentable” con cara de pocos amigos. La chica sólo pudo tragar saliva y pedir para sus adentros que no se armara.

-¿Qué pasa?-preguntó ella secamente.

-¡¿Qué?!-exclamó él.-¿Aún eres capaz de preguntarme eso? Que este whisky es una mierda, eso es lo que pasa.

-Es el que bebes siempre.-contestó ella intentando mantener a ralla su creciente nerviosismo.

-¡Y una mierda! ¡No te lo crees ni tú!

-¿Estás llamando mentirosa a la chica?

El sonido de la voz de John hizo que Chris sintiera unas inmensas ganas de vomitar de repente. Sabía cómo iba a terminar aquello y no le gustaba en absoluto.

-Es que es una mentirosa.-contestó el “impresentable” mirándolos con desprecio, primero a él, después a ella.-Me ha puesto un whisky de mierda y después me lo querrá cobrar como caro, ándate con cuidado con ella.

-Mejor que seas tú el que se ande con cuidado…-silbó John mirándolo.

El hombre se lo quedó mirando estupefacto pero no contestó, simplemente se dedicó a apartarle la mirada rápidamente y a mirar de nuevo a Christine.

-Cámbiame este whisky de mierda.-le espetó.

Chris se quedó mirándole durante unos segundos.

-Te lo cambio, pero ése me lo pagas.-dijo decidida. La verdad era que no estaba dispuesta a pagar de su salario ese maldito whisky sólo porque a ese tipo le diera la gana fastidiarla.

-Ni lo sueñes, muñeca. La mierda no se paga…

-Pues te bebes lo que tienes.-contestó ella empezando a enfadarse de verdad.

-Llamaré a Dan.-le amenazó.

Chris bufó con fastidio y no pudo evitar lanzar una mirada hacia John, que miraba la escena en silencio pero que parecía dispuesto a saltar de un momento a otro. Y, a decir verdad, a Chris no le importaba ya que la armara. Estaba demasiado harta de aquel tipo que noche tras noche se dedicaba a amargarla y a amenazarla con llamar a su jefe.

-Ya estás tardando.-dijo finalmente volviendo a mirar al “impresentable”.-Llámalo.

El tipo le clavó los ojos, furioso, y, a continuación, se levantó de su taburete. Chris vio con cara de fastidio como se dirigía con paso decidido hacia el interior del local, donde Dan tenía su despacho.

-Dime sólo una razón por la que no deba partirle la cara a ese maldito gilipollas.

Chris se giró hacia John.

-John, por favor…-dijo ella en tono suplicante empezando a arrepentirse de todo aquello.-Creo que ya me he metido yo sola en una buena para que encima vengas tú a…

-A nada.-le cortó él.-Ese tío que no me caliente mucho…

Justo en aquel momento, el “impresentable” apareció de nuevo aunque, esta vez, seguido por el jefe.

-Christine, ¿qué está pasando aquí?-preguntó Dan acercándose hacia donde estaba ella.

-Pasa que este tío no para de increparla y ella se ha defendido.-contestó John antes de que a la chica ni siquiera le diera tiempo a abrir la boca.

-No te he preguntado a ti.

-Ya… Pero verás…-dijo John con una sonrisilla burlona.-A mí eso me la suda.

Dan se quedó mirando a John con cara de odio mientras Chris observaba el enfrentamiento boquiabierta. Fue entonces cuando reaccionó, como si de repente alguien la hubiera despertado de un sueño.

-John, por favor.-dijo de manera inconsciente.

-¿Conoces a este tipo?-preguntó su jefe mirándola.

Sólo cuando escuchó la pregunta de Dan, Chris fue consciente de que acababa de meter la pata hasta el fondo.

-Sí.-confirmó ella viendo que era imposible negar la evidencia.-Nos conocemos, ¿ocurre algo?

-¡Ah, claro! ¡Ahora lo entiendo!-exclamó el “impresentable” de repente.-¡Por eso el mamarracho este me ha amenazado antes!

-¿Qué este tipo te ha amenazado?-preguntó Dan mirándolo.

-¿Acaso dudas de mi, Daniel?

-Por supuesto que no.-se apresuró a contestar.-Christine… A mi despacho.

Inmediatamente, Chris supo lo que iba a pasar, aunque no le importaba. ¿Quería que fueran a su despacho? Vale, perfecto, iría. Pero no a callar y a aguantar el sermón, no. Ya se había cansado: estaba dispuesta a decirle las verdades al idiota de su jefe y a decirle lo que pensaba sobre él, su amigo y su pub.

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Aún no habían pasado ni diez minutos desde que ese tal Dan se había llevado a Chris y al cabrón de la barra a su despacho, cuando la vio salir de allí decidida y con cara de querer romperlo todo.

-Larguémonos de esta mierda de pub, John.-le dijo ella cuando estuvo lo suficientemente cerca como para que él la pudiera escuchar.-¡Y ni si te ocurra pagar eso!

John asintió y no pudo más que seguir a la chica hacia el exterior del local.

-¿Te han echado?-preguntó cuando estuvieron fuera.

-¡Y una mierda me han echado!-exclamó ella furiosa volviéndose hacia él.-¡Me he largado yo!

-Vale, vale, vale…-susurró John agarrándola por las muñecas.-Ya está…

Chris se abalanzó sobre él y empezó a lanzar pequeños sollozos, apretada contra su pecho. John le acarició el pelo intentando tranquilizarla. Ahora, todos los motivos por los cuales había calificado a su día como “un día de mierda” le parecían una tontería al lado de todo aquello.

-Joder, joder, joder…-lloriqueó ella.-Necesitaba ese trabajo…

-No. Tú no necesitabas estar con esa pandilla de subnormales.-le cortó él con contundencia, aunque con la voz suave.-Nadie necesita eso y menos tú.

-No me vengas con lo que me lo vas a pagar tú todo ahora.-dijo ella enfadada apartándose de él bruscamente, aún con los ojos llorosos.

-No te cabrees conmigo ahora, ¿vale? No he dicho nada de eso.-contestó John a la defensiva.-Encontrarás algo mejor…

-Pero…

Chris no acabó de pronunciar la frase que iba a decir y John lanzó un suspiro. Sabía lo que había estado a punto de decir. Y es que, semanas antes, se había enterado casi de casualidad de que el plazo para pagar la matrícula acababa a principios de mayo. Y ellos ya estaban a finales de abril… ¿Qué hacer? Ella era una cabezota y no querría que le pagara nada pero, de repente, una lucecilla se encendió en su mente.

-Pequeña… -empezó a decir acercándose a ella de nuevo.-Sé cómo estás de agobiada por la puta matrícula y tal y que te niegas en redondo a que yo…

-Por supuesto que me niego.-le cortó ella enfurruñada.

-Lo sé…-respondió John pacientemente.-Pero… ¿Por qué no hacemos una cosa? Mira… Yo te presto el dinero y tú pagas la matrícula. Y cuando encuentres trabajo, me lo devuelves. Sólo un préstamo, nada más.

Chris lo miró durante unos segundos, pensativa.

-Venga, joder...-insistió John con una sonrisilla.-No seas así…

-Vale.-contestó la chica.-Trato hecho. Pero sólo si me prometes que me dejarás devolverte hasta el último penique.

-Cabezota…

-¿Lo prometes o no?

-Sí, lo prometo…-rió él.-Pero yo también tengo una condición.

La chica levantó una ceja y se quedó mirándolo extrañada.

-¿Cuál?

-Que no vas a ponerte a trabajar en empleos de mierda como éste.-contestó él resuelto.-Buscarás algo adecuado para ti, que lo puedas combinar fácilmente con tu vida sin atiborrarte de anfetas como estabas haciendo hasta ahora y donde no tengas que soportar gilipolleces como las que he visto ahí adentro. Y que conste que no voy a aceptar ni una sola libra proveniente de empleos basura.

Chris se mantuvo quieta unos instantes, como sopesando lo que le acababa de decir John.

-Vale. No más empleos basura y te devuelvo la pasta.

-Sin prisas, cuando puedas.

-Sin prisas pero te la devuelvo.

-Pues eso.-sonrió John abrazándola.-Vamos a casa… Por cierto, ¿pasas la noche conmigo, peque?

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Penny y Chris estaban tiradas en uno de los sofás del salón de casa de Paul, riendo como tontas después de haber saqueado la nevera en busca de cervezas y fumándose un par de porros. Aunque a primera vista pudiera parecer que no, las dos chicas tenían muchas cosas en común y habían congeniado muy bien desde el primer momento. Sólo la enemistad mutua de Penny y “los chicos” de Chris, como llamaba esta última a John y a su hermano Paul, ensombrecía levemente aquella relación. Y es que no se soportaban entre ellos, en especial Penny y John, que parecían querer asesinarse cuando estaban los dos juntos entre las mismas cuatro paredes.

No obstante, y pese a que Chris pasaba gran parte de su tiempo libre con él, siempre encontraban algún hueco en el que poder quedar sin tener a John por delante, huecos que se habían hecho más frecuentes desde principios de mes, cuando The Beatles se habían encerrado de nuevo en el estudio para preparar lo que según Penny sería “un jodido álbum comercial más sin pies ni cabeza”.

-¿Y todas ésas de ahí afuera qué coño hacen con la que está cayendo?-rió Penny medio borracha y colocada señalando hacia las apple scruffs que hacían guardia en los alrededores de la casa. Estaba lloviendo a mares y algunas de ellas se apelotonaban debajo de algunos paraguas.

-Perder el tiempo y agarrar una gripe de antología…-contestó Chris con una risa tonta a causa del porro.

-Intentarán ligar con tu hermano…-dijo Penny en tono sarcástico y, después, esbozando una sonrisa burlona y mirando a su amiga, añadió:-O quizás intentan ligarse a John…

-Si alguna de esas se acerca a MI JOHN...-respondió Chris sin poder evitar que se le enredara la lengua, cosa que hizo reír a Penny.-Conocerán al ser más hijo de puta que hay en la Tierra, o sea, yo.

Penny soltó otra carcajada.

-Pues yo no sé que le ves a TU JOHN…-masculló ella dejándose caer a su lado.

-Mmmm… Folla bien.-bromeó Chris dándole una nueva calada a su porro.

-¡Joder, qué asco! ¡Sólo de imaginarme a ése sudando como un cerdo encima de ti y me entran arcadas!

-¡Pero si es muy mono!

-Supongo que te refieres a “mono” como a un gorila…

Christine soltó una sonora carcajada a la vez que Penny le daba un sorbo a una cerveza que había en la mesita de delante del sofá.

-Creo que he bebido de tu cerveza.-dijo cuando la dejó de nuevo en su sitio.-La mía era esa que tenía más, pedazo de borracha.

-Soy scouser, niña bien de capital, y nosotros bebemos mucho más que nadie…-rió Christine.-Y tranquila, no pasa nada porque hayas bebido de mi botellín, no tengo ninguna enfermedad contagiosa… Como mucho algún resto de la saliva de John por mi boca y que ha podido quedarse en la botella…

-¡Pero qué asco que das! ¿Quieres que me siente mal la cerveza o qué?

-¡Cuidado! ¡Creo que se te está poniendo el flequillo como a él!-la fastidió Christine sin apenas poderse contener de la risa.

Penny le lanzó un cojinazo directo a la cabeza de su amiga, bien merecido, por cierto, aunque a ella aquello pareció no importarle y continuó riendo como una niña pequeña.

-¿Pero qué pasa aquí?

Las dos chicas dirigieron automáticamente su mirada hacia la puerta del salón, donde Paul y John estaban plantados mirando la escena con una mezcla de sorpresa y diversión. Penny no pudo evitar reprimir una mueca de disgusto pero Chris, por su parte, empezó a reírse aún más.

-¡Johnny! ¡Estábamos hablando de ti!

-¿Ah, sí?

-Si.-rió Christine.-De tu flequillo.

Penny observó con fastidio como John articulaba una sonrisilla pícara y se dirigía hacia ellas.

-¿Sólo de mi flequillo?-preguntó él casi en un susurro agachándose delante de ella.

-No. De otras habilidades tuyas también…-contestó Chris sonriendo pícaramente y plantándole un beso en los labios.

John sonrió y se levantó de nuevo.

-Penny, hazme un sitio al lado de mi chica…-dijo con sorna.

Penny le dedicó una mirada de odio y se levantó de allí casi automáticamente a la vez que John se sentaba allí.

-Yo ya me voy.-dijo ella mirando a Chris, aunque ésta no le hizo ni caso, ocupada como estaba besando a John en aquellos momentos.-Joder, qué asco…

-Comparto tu opinión, Penny. ¡QUE ASCO!-dijo Paul lo suficientemente fuerte para que le oyeran John y Chris.

Por toda respuesta, John le levantó el dedo corazón de su mano derecha sin ni siquiera dejar de besar a la chica. Paul y Penny soltaron un bufido de fastidio casi al unísono y salieron del salón, cerrando la puerta tras de ellos.

-Mejor no ver nada de lo que pasa ahí adentro…-masculló Paul.

Penny le ignoró por completo y continuó caminando en dirección a la puerta de la casa.

-¿Adónde vas?

La pregunta, tonta, sin duda, que le acababa de formular Paul sorprendió a la chica, que se giró hacia él con cara de pocos amigos.

-Pues a mi casa.-respondió con brusquedad.-Mi amiga se va a follar con el idiota de su novio y a mí no me apetece quedarme aquí escuchándolos o charlando con su “queridísimo” hermano.

-¿Has visto cómo llueve?-preguntó Paul señalando hacia la ventana.

-Por supuesto que lo he visto, no estoy ciega.

-Al menos habrás venido en coche…

-La gente normal va a pie o en transporte público a los sitios, McCartney.-le espetó ella.

-La gente normal vive en barrios normales en fincas sin porteros trajeados.-le replicó Paul.

Aquel golpe bajo, aquella insinuación, le sentó a Penny fatal.

-Pillaré un taxi.-dijo al fin abriendo la puerta.

-Suerte en el intento. No suelen pasar mucho por esta calle.-sonrió Paul con malicia.

Penny le dedicó una sonrisa falsa a Paul y salió al exterior justo en el momento, en que, desde el interior del salón, se oyeron las risas de Chris y John.

-¡Joder!-exclamó Paul saliendo detrás de Penny.-Son insoportables… Te acompaño a casa.

Penny se quedó perpleja, mirándole de arriba a abajo sin saber muy bien qué decir.

-¿Qué?-preguntó Paul a la defensiva.-Chris no deja de ser mi hermana pequeña y no soy capaz de oír que John hace eso con ella. Paso de oírles, te acompaño.

-Ni lo sueñes.

-No seas así. Tengo el coche fuera y todo. Y reconoce que a ti también te viene bien. Vas a pillar una pulmonía mientras encuentras un taxi libre.

Penny se lo quedó mirando detenidamente. A decir verdad, Paul tenía toda la razón del mundo en aquellos momentos y tampoco le atraía demasiado la idea de acabar calada hasta los huesos.

-De acuerdo.-cedió finalmente.

Paul le dedicó una sonrisa y los dos salieron en una carrera hacia el Aston Martin del chico, que estaba aparcado justo delante de la puerta. Subieron al coche y, sin decir una palabra, emprendieron la marcha. Se mantuvieron en un incomodísimo silencio durante todo el trayecto, hasta que Paul aparcó justo delante de la puerta de casa de Penny.

-Bien. Me voy.-dijo ella secamente haciendo ademán de salir del coche.

-Por lo menos podrías darme las gracias por haberte traído a casa, ¿no?-preguntó Paul algo molesto, cosa que a Penny la pilló por sorpresa.

La chica se volvió hacia él y lo miró incrédula.

-Vamos a ver, Don Perfecto…-empezó a decir.-Que yo sepa no te he pedido que me lleves, ha sido cosa tuya, así que no creo que tenga absolutamente nada que agradecerte.

Paul le dedicó una dura mirada y Penny abrió la puerta del coche, dispuesta a salir de allí definitivamente. No obstante, justo en el momento en el que se incorporó, Paul la agarró por el brazo de manera brusca. Penny se giró enfadada, dispuesta a decirle cuatro cosas a aquel mamarracho, pero cuando miró a Paul, éste se abalanzó sobre su boca para darle el beso más apasionado que le habían dado nunca.

Al principio, Penny se quedó tan perpleja que no podía ni moverse pero, al cabo de unos segundos, se separó bruscamente de él y le miró con rabia. No obstante, la dura mirada que le dedicó Paul también a ella removió algo en su interior, algo que había tenido oculto hasta ese preciso instante y sintió de repente una fuerza que le impulsaba a lanzarse, ahora ella, de nuevo hacia la boca del chico, besándolo con furia.

Ahora fue Paul el que se separó de ella de repente.

-Subamos a tu casa.-murmuró con voz ronca.

Por toda respuesta, Penny salió del coche rápidamente y se encaminó hacia el interior del edificio, seguida por Paul. Pasaron por el lado del portero sin ni siquiera dirigirle una mirada y subieron al ascensor en silencio, donde los dos quedaron cara a cara, mirándose con deseo y con la respiración agitada, aunque sin tocarse para nada, conteniéndose.

Salieron del ascensor todavía sin mediar palabra y entraron en la casa. Bonnie, su perra, salió a recibirles, pero se apartó inmediatamente cuando los vio entrar a los dos como un torbellino, directos hacia su dormitorio. Nada más entraron, Paul aprisionó a Penny contra la pared y empezó a besarla de nuevo furiosamente, a la vez que empezaba a acariciarla por todo el cuerpo, insistente, haciendo que ella no fuera capaz de reprimir un gemido de placer cuando él hundió su cara en su cuello y empezó a acariciarle los pechos y el vientre a la vez que empezaba a desnudarla allí mismo.

Se desprendieron de toda la ropa que llevaban en cuestión de minutos, sin parar ni de besarse ni de acariciarse el uno al otro con pasión ni un solo segundo, y entonces Paul, la tomó en brazos como a una muñeca, colocando sus piernas alrededor de su cintura, y la condujo hacia la cama. Los dos se dejaron caer allí mismo, él encima de ella.

-Vas a ver ahora quién es este jodido Don Perfecto...-dijo Paul con la voz ronca mirándola a los ojos  antes de lanzarse a besarla de nuevo.

Justo cuando acabó aquel beso, Penny sintió como Paul entraba dentro de ella, decidido pero con delicadeza a la vez, una cosa extraña y que jamás ningún otro hombre había conseguido. Sintió que todo el mundo se desvanecía bajo ellos dos abrumada por aquella inmensa oleada de placer que cada vez iba haciéndose más y más poderosa a la vez que Paul entraba y salía de dentro de ella de manera rítmica. Y entonces, cuando pensaba que ya no era posible alcanzar más placer, tuvo el orgasmo más intenso que había tenido en toda su vida.

Penny sólo pudo agarrarse a su espalda con fuerza y apretarlo más contra su cuerpo, a la vez que él también alcanzaba el clímax y hundía, de nuevo, su cabeza contra su cuello. Se mantuvieron los dos así, quietos y abrazados, en silencio, durante unos minutos que tanto a uno como al otro se les hicieron eternos.

-Joder…

Paul levantó la mirada al escuchar a Penny decir aquello. La chica lo miró a los ojos y sólo entonces fue plenamente consciente de lo que acababa de hacer: se acababa de acostar con una de las personas que peor le caían en el mundo y le pareció que él, en aquellos momentos, estaba pensando exactamente lo mismo.

-Tengo que irme.-dijo Paul a trompicones bajando la vista y quitándose de encima de ella.

-Sí, mejor, es tarde.-fue lo único que fue capaz de articular Penny mientras Paul recogía su ropa del suelo y empezaba a vestirse apresuradamente.

-Bueno…-balbuceó Paul cuando acabó mientras abría la puerta de la habitación.-Adiós.

-Adiós.

Penny se mantuvo en su cama, inmóvil, hasta que oyó como la puerta de casa se cerraba.

-¡Mierda, mierda, mierda!-exclamó apretando su cara contra la almohada.-¡Eres idiota, Penny! ¡IDIOTA!



Hola gente! Qué hay? Pues bueno, yo aquí de nuevo, después de vacaciones y de vuelta al cole total... En fin, un desastre, jejeje. Bien, aquí vuelvo con esta actualización que, como veis, le ha dado un giro bastante grande a todo esto, eh? Espero que os haya gustado, jejeje.  Bueno, agradecer a tod@s los que leeis y comentais, que ya sabéis que para mí es muy importante saber que estáis ahí (siempre digo lo mismo, joder, qué pesada soy, jajaja). Ah! Y una última cosa... He visto ahora que me he metido en el escritorio de Blogger que habeis actualizado algunas (Debbie, va por ti, jejeje), pero que n me había dado ni cuenta... :S Tranquila, mañana mismo te leo y te comento como es debido, porque ahora no tengo tiempo... Tendré que dormir aunque sea... ¡¿4 horas?!  Mierda, voy a tener que pillarle una anfeta a John para aguantar mañana... jajajaja.
En fin, que besos, abrazos y un ramo de flores para cada uno de vosotros. Ya sabeis que esta mamarracha os quiere un montón! Muak!

miércoles, 11 de abril de 2012

Capítulo 37: La entrevista


Gwen entró en el despacho del director con el corazón latiéndole a mil por hora. No era para menos, en aquella entrevista se jugaba mucho, demasiado, quizás. Temerosa, miró hacia el interior, donde un hombre de mediana edad, de aspecto afable y algo grueso, la estaba esperando detrás de un escritorio repleto de cosas.

-Tú debes de ser Gwendolyn, ¿verdad?-le dijo.

-Sí, señor.-contestó ella con un hilillo de voz.

-Encantado de conocerte, Gwendolyn. Yo soy Ray Amstrong, el director de la escuela.-se presentó.-Siéntate y ponte cómoda.

Gwen esbozó una leve sonrisa y se sentó en una de las dos sillas que había frente al escritorio.

-Gwendolyn Delilah Montrose…-masculló el hombre ojeando por encima lo que Gwen supuso que sería su historial académico.-De Liverpool… Buena ciudad.

-Sí, señor.-respondió sin estar muy convencida de ello.

-Y muy de moda últimamente desde que esos chicos salieron de allí…-continuó el director mirándola fijamente.

Gwen tragó saliva sin saber qué contestar. Lo cierto era que no sabía muy bien si aquel comentario había sido casual o había ido con segundas intenciones, pues desconocía si aquel hombre sabía que la mano del propio George Harrison estaba detrás de todo aquello.

-Sí, lo cierto es que se ha hecho muy famosa desde entonces.-contestó finalmente intentando mantener su misma expresión en la cara.

El director se limitó a asentir y continuó mirando los folios de su expediente.

-Veo que tus calificaciones son muy buenas hasta ahora, sobre todo en lo que a arte de refiere. Y además que estás estudiando en uno de los mejores institutos de arte de Liverpool… ¿Por qué ese deseo de cambiarte a nuestra institución tan avanzado el curso estando como estás en ese centro?

-Verá…-empezó a decir Gwen intentando parecer decidida.-Reconozco que mi actual escuela es muy buena, con mucha calidad, pero creo que no se hace mucho hincapié en ciertos movimientos artísticos que para mí son clave…

El director le dedicó una mirada penetrante.

-¿A qué te refieres exactamente?-preguntó apoyando su barbilla en las manos.

-A los movimientos artísticos de nuestros días.-respondió la chica con contundencia.

-Quizás se deba tener un profundo conocimiento de los movimientos de otras épocas para entender bien lo que se está haciendo en nuestros días…

Gwen le dedicó una mirada significativa. Sabía por dónde quería ir. Quería hacerla dudar, pillarla. Pero no lo iba a conseguir.

-Por supuesto que sí. Es preciso estudiar muy bien todo lo que se ha hecho hasta ahora, pero tampoco se puede obviar lo que se está haciendo hoy por hoy. El arte, si me permite decirlo, no acaba con el Impresionismo.

El hombre esbozó una sonrisa y asintió mientras volvía a apoyar su espalda en el respaldo de la silla.

-Me gusta tu actitud, Montrose.-dijo.-Y déjame decirte algo: en esta escuela lo que se intenta evitar es precisamente eso. Somos plenamente conscientes de que actualmente se están haciendo cosas interesantísimas que no merecen ser ignoradas, y eso precisamente es lo que queremos transmitirles a nuestros alumnos… Además, viendo cómo está tu expediente, supongo que no puedo ni debo poner ninguna objeción a que ingreses en nuestra escuela pese a que el curso ya está muy avanzado. La única cosa que te pido es que pongas el máximo interés por ponerte al día con lo que estamos viendo en clases, aunque creo que no tendrás demasiados problemas en eso…

-No lo dude, señor Amstrong.-contestó Gwen sin apenas voz. Las palabras del director la habían pillado tan por sorpresa que apenas era capaz de articular palabras de manera coherente. Jamás hubiera esperado que la admitiesen tan así como así.-Pondré todo mi empeño en ello. No les defraudaré.

-Sé que no lo harás.-sonrió el hombre.-Y recuerda que antes de irte has de pasar por Secretaría a recoger tu horario de clases y la lista de los materiales que necesitarás. Teniendo en cuenta que es viernes, lo ideal sería que te incorporaras a clase el lunes, así tienes tiempo a prepararte bien. Es un placer tenerte aquí con nosotros, Gwendolyn.

******************************

George estaba esperando impaciente en su coche. Desde que Gwen había entrado en aquella escuela no podía evitar desviar la mirada cada cinco minutos hacia la entrada, impaciente. Y de aquello hacía más de una hora. ¿Por qué tardaba tanto? Al fin y al cabo, para saber si la admitían o no, tampoco hacía falta tanto tiempo. ¿Quizás estaban haciéndole alguna especie de examen o algo? No tenía ni idea. Lo único que sabía era que la espera lo estaba matando.

Con un suspiro, apoyó la cabeza en el asiento del coche y cerró los ojos, intentando relajarse. Con aquella actitud, lo único que estaba consiguiendo era ponerse histérico de verdad, así que lo mejor sería desconectar un poco. Aún no llevaba ni cinco minutos en aquella posición, cuando unos golpecitos suaves pero insistentes en el cristal del coche, le sacaron de su ensoñación. Abrió los ojos de repente y se giró. Una muy sonriente Gwen estaba mirándole a través del cristal.

-¡Ya estás aquí!-exclamó saliendo del coche rápidamente.-¿Qué? ¿Cómo ha ido?

Por toda respuesta Gwen se acercó a él y le plantó un suave beso en los labios, feliz como pocas veces la había visto antes.

-¿Tú qué crees?-le preguntó la chica esbozando una sonrisilla.

-Muy feliz te veo yo…-sonrió George también.-No creo que te hayan dado malas noticias…

-¡Premio!-exclamó la chica abrazándose a él-¡Me han aceptado! ¡Empiezo lunes!

-¡Genial!-rió George.-¡Lo sabía! ¡Eso hay que celebrarlo!

******************************

Christine salió de la universidad dos horas antes de lo que tocaba aunque, por primera vez en toda su vida, no se estaba saltando clases por placer. No, aquella vez no. Aquella vez era porque tenía una entrevista de trabajo media hora después en un pub cerca de donde vivía Paul. Vale, no era el empleo del siglo, pero necesitaba el dinero desesperadamente para pagarse los estudios.

Subió al metro sumida en sus pensamientos, intentando imaginarse la reacción de su hermano al saber que estaba buscando empleos basura o, peor aún, la reacción de John. Pero bueno, tal y como había dicho en su momento, era su decisión y deberían tragar con ella, por mucho que se enfadaran.

Llegó delante de la puerta del pub cinco minutos antes de la hora fijada para la entrevista y entró. Una mujer que limpiaba el interior del local se la quedó mirando fijamente de arriba a abajo.

-Hola.-saludó ella esbozando una de sus mejores sonrisas.-Me habían citado para una entrevista de trabajo a esta hora.

-El despacho del jefe está al fondo. Es la puerta que encontrarás a la derecha.

Chris le dio las gracias y se encaminó hacia donde le había indicado la escueta mujer. La puerta estaba cerrada, por lo que la chica llamó con los nudillos.

-Adelante.-dijo una voz masculina desde dentro.

-Buenos días, soy Christine Mohin.-saludó Chris abriendo la puerta. Había usado deliberadamente el apellido de soltera de su madre para evitar cualquier asociación con Paul. - Me había citado para una entrevista.

-Ah, sí, para el puesto de camarera que ha quedado libre…-dijo el hombre, un sujeto con bastante mala pinta que ni siquiera levantó la vista para mirarla.-Pasa y siéntate.

Christine agarró aire y le hizo caso. Bien, ahora la suerte estaba echada. Esperaba conseguir aquel trabajo, por muy asqueroso que fuera.

*****************************

-¿Pero tú… pero tú… pero tú estás tonta o qué te pasa?-gritó más que preguntó Paul levantándose bruscamente del sofá.

-Paul, no montes un drama de todo esto…

-¿Drama? ¡¿Drama?! ¡Tu hermano tiene razón! ¡Ni de coña te vas a poner a trabajar en ese antro! ¡Por encima de mi cadáver!

-Pues ve pegándote un tiro para que pueda pasar por encima de tu cuerpo muerto, Lennon, porque sí que voy a trabajar ahí.

-Olvídalo. No voy a dejar que mi chica trabaje en un sitio como ése.

-Ni que fuera un club de alterne…

-¡Que no trabajas ahí y punto!

-¿Ah, no? ¿Por qué? ¿Porque tú lo digas?

-¡No porque él lo diga, Christine!-interrumpió Paul.-¡Porque es una gilipollez! ¡De hecho es la gilipollez más grande que he oído en mi vida! ¿Por qué coño no me habías dicho lo del dinero de la matrícula, eh?

-Porque no quiero que además de mantenerme encima me pagues la carrera, ¿te vale eso?

-Esto es increíble…-bufó John al lado de ella dejándose caer en el sofá.

-¿Cómo que no quieres que te pague la carrera? Vamos a ver, por si no lo sabías… ¿De dónde crees que salía el dinero que te pagaba TU carrera en Liverpool? ¿De la pensión de papá? ¡No seas ridícula!

-No es lo mismo.

-Por supuesto que lo es.

-No lo es. Tú le das a papá un dinero, ¿no? Y él decide cómo gastárselo. Si decidía con ello pagarme los estudios era cosa suya.

-En mi vida he conocido a nadie tan cabezota como tú, ¡joder!-gritó Paul.

-Más cabezota soy yo y he dicho que no trabajas ahí.-intervino John mirándola.-Mañana mismo me paso por la mierda de universidad esa y pago la jodida matrícula de los cojones, lo quieras o no.

-Si haces eso a mí no te acerques después.-le contestó ella secamente dedicándole una mirada glacial.

-¿Una amenaza?

-Una sentencia. Te juro que si haces eso no te vuelvo a dirigir la palabra en mi vida, Lennon.

-Déjala, John, de todas maneras mi hermana siempre ha hecho lo que le ha dado la gana.-dijo Paul con desprecio remarcando las últimas palabras.-¿Ahora quiere jugar a ser una chica independiente? Pues ale, que juegue y que le aproveche.

-No juego a nada.-espetó ella con dureza mirando a su hermano.-Sólo que me fastidia mucho que entre uno y otro me tengáis tan sobreprotegida. Puedo valerme por mí misma, ¿vale?

-Pues vale. Cuando te canses de tu papel de chica responsable, me avisas y te pago lo que te quede por pagar.-le contestó Paul saliendo del comedor enfadado.

-¡Eres un imbécil!-le gritó ella antes de que su hermano cerrara la puerta con un fuerte portazo.

-Yo flipo contigo.

Christine se giró y miró a John a los ojos. Parecía enfadado, aunque más lo estaba ella. Odiaba que no la tomaran en serio.

-Y yo aún flipo más con vosotros. ¡Sólo me han contratado para dos puñeteras noches a la semana! ¿A qué viene todo este espectáculo?

-Viene a que no tienes ni puta idea de lo que es que una tía como tú trabaje en un pub como ése.-contestó John severo.-¿Sabes lo babosos que pueden llegar a ser los tíos?

-Ah, claro, ya salió.-dijo ella indignada.-Tú y tus jodidos celos. Por muy babosos que sean no me los voy a follar, tranquilo.

-¡No me estoy refiriendo a eso!

-¿No? ¡Pues yo creo que sí!

John le dedicó una fría mirada, pero a los pocos segundos, relajó su expresión, cosa que a Chris la sorprendió muchísimo.

-Vale, sí. En parte es eso.-dijo al fin con voz suave pasándole la mano por el pelo.-Pero lo que en realidad me jode es que no voy a poder verte ni los jueves ni los viernes por la noche…

Chris lo miró antes de contestar. Sabía lo que John intentaba hacer en esos momentos: chantaje emocional. No obstante, el verlo en plan cariñoso hizo que ella también se relajara, aún a sabiendas de que no era más que una maniobra para convencerla.

-No es para tanto…

-Sí lo es. Estoy acostumbrado a estar contigo la mayor parte del tiempo posible y no me gusta la idea de que…

-John, no te pongas en plan melodramático… Sabes que nos vamos a ver igual y que esto no afecta para nada a lo nuestro.

-Pero…

-No hay peros que valgan.

-Paul tiene razón: eres la persona más cabezota que me he echado a la cara.-dijo él volviéndose a molestar al ver que no había conseguido lo que quería.

Christine soltó un bufido de fastidio y se levantó de su lado justo en el momento en el que el teléfono empezaba a sonar de manera insistente.

-Voy a contestar.-dijo alegrándose para sus adentros por aquella interrupción.

John se quedó mirándola seriamente mientras ella descolgaba el teléfono, sin decir ni una palabra.

-¿Sí?

-¿Chris?-preguntó una voz femenina al otro lado del teléfono.

-Sí, soy yo.

-Hola, soy Penny.

-¡Ah, vaya! ¡Eres tú!-exclamó ella evitando de manera intencionada no pronunciar el nombre de la chica. Era una reacción tonta y casi infantil, pero no le apetecía que John supiera quién llamaba aunque sabía que eso le ponía de los nervios. Era, quizás, su manera particular de vengarse de él.

-He encontrado tu teléfono por ahí y me preguntaba si te apetecía venir a tomarte una cerveza.

-Por supuesto que me apetece.-contestó Chris.-¿Cómo quedamos?

-En la esquina de mi casa hay un local bastante agradable… ¿Te va bien allí dentro de media hora?

-Me va perfecto. Nos vemos.

Las dos chicas se despidieron y Chris colgó el teléfono.

-¿Quién era?-preguntó John apenas hubo colgado.

-Joder, pareces de la CIA.-masculló ella.

John soltó un bufido.

-Algún día me pondré yo a quedar con tías a tus espaldas a ver si te hace gracia.

Christine le dedicó una mirada de odio.

-¿Eres idiota o qué? Yo no quedo a tus espaldas con ningún tío. Para tu información he quedado con Penny para tomarme una cerveza.

John cambió su expresión de repente y se apresuró a ponerse en pie.

-Joder, pequeña, lo siento…-susurró acercándose a ella.-Soy un imbécil, lo sé.

-No hace falta que me lo jures.-contestó ella aún molesta con él, aunque dejándose abrazar.

John soltó una pequeña risita y le dio un beso en el pelo.

-Estás muy guapa cuando te enfadas…

-Odio que me digas eso...

-¿Por qué? Si es verdad…

-Pues porque me haces gracia y se me pasa el enfado… ¡Y no me da la gana desenfadarme contigo tan pronto!-contestó ella intentando contener la risa.

-Si es que no te puedes resistir a mis encantos…

Chris soltó una risita y se separó de él.

-Me largo, John, he quedado.-dijo dándole un pequeño toque en la nariz.-Vete con el idiota de mi hermano y componed mucho.

-Adiós, peque. Pásalo bien.

-Adiós, guapo.

******************************

John salió del comedor justo cuando oyó la puerta de la casa cerrarse. Chris ya se había ido. La verdad es que estaba bastante cabreado aunque no se lo hubiera querido demostrar a Christine. Se había propuesto desde la última vez suavizar sus maneras y evitar los numeritos de machito, pues sabía que con ella no iban a ninguna parte. No obstante, le fastidiaba primero que ella se pusiera a trabajar en aquel antro sin importarle para nada lo que él opinara al respecto y, segundo, que se lo dejara allí plantado como a un idiota para irse con esa tal Penny. Vale, en teoría había ido allí para enseñarle a Paul un par de temas que tenía a punto, pero, para qué negarlo, también había ido allí para estar con ella.

-¿Cabreado?-preguntó Paul cuando lo vio aparecer con cara de pocos amigos en la cocina.

-Ni te lo imaginas. Ahora entiendo cuando decías eso de que tu hermana te ponía de los nervios…-masculló de mala gana.-Pero bueno, como tú dices, no vale la pena discutir con ella.

-¿Tú diciendo eso? ¡Joder, Johnny, quién te ha visto y quién te ve!-dijo Paul divertido.

-No me jodas, Macca, que con ella me he aguantado, pero contigo no creo que sea capaz de contenerme…

-Vale, vale, vale… Tranquilo, gallito…-rió Paul.-¿Y la señorita de la casa? ¿Ya se ha ido con Penny?

-¿Y cómo sabes tú eso?-preguntó él extrañado.

-Porque he escuchado la conversación que han tenido por teléfono…

-¡¿Espías a Chris?!

-No, no, no… Sólo ha sido casualidad. Yo he ido a responder desde aquí la cocina cuando ella ha contestado y… Bueno, la conversación ha sido tan corta que no me ha dado tiempo a colgar.

-Joder, Paul, ya te vale… ¿Escuchas también cuando yo llamo o qué?

-¿Con el asco que dais los dos por teléfono? ¡Ni de coña! Pero ya te digo… Lo de ahora ha sido un accidente…

-Sí, sí… Un accidente… Y… ¿Qué le ha dicho la Penny esa?

-¡Oye! ¿No me estabas riñendo hace un rato por escuchar conversaciones ajenas?

-Yo no he reñido a nadie, McCartney. Y ahora para de decir chorradas y contesta.

Paul soltó una risita.

-Bah, cuatro tonterías… “Hola, soy Penny” y “Quedamos a tomarnos una cerveza en el bar de la esquina de mi casa”… ¿Contento?

-Contentísimo.

-Ahora, ¿me enseñas esa mierda de canciones que me traes?

-No, ahora me dices dónde vive la Penny esa.

-Joder, John… No me digas que vas a ir a…

-A ver a mi chica.

-Te va a matar.

-No lo hará.-rió él.-Venga, Paul, dame esa dirección.

-Está bien.-bufó Paul.-Pero yo no te he dicho nada de esto, ¿entendido?

***************************

Mary miró a Ringo contrariada. No se esperaba que le propusiera algo así tan pronto.

-Ni lo sueñes.-dijo al fin.

-¿Pero por qué no?-preguntó él mirándola de manera suplicante.-¡Es la oportunidad perfecta!

-No, no es la oportunidad perfecta. Es demasiado pronto.

-¿Pronto? Pero si llevamos meses juntos. Además, estoy harto de ir escondiéndome por ahí cuando estoy contigo… Ya es hora de que hagamos lo nuestro oficial, ¿no crees?

Mary calló durante unos segundos y fijó su vista en el suelo.

-¿Qué pasa?-quiso saber Ringo preocupado mientras le acariciaba el pelo.

-Pasa que… me da miedo todo esto.-contestó ella con un hilillo de voz sin levantar la vista. Se sentía sumamente agobiada y tenía la sensación que de un momento a otro iba a ponerse a llorar.

Mary notó como Ringo la abrazaba, aunque ella permaneció allí, inmóvil.

-Princesa…-susurró él.-No tienes porqué tener miedo de nada…

-Me asusta lo que diga la gente de mí…-contestó ella en un arrebato de sinceridad.

-¿Y qué más da lo que digan de ti?-preguntó él obligándola a mirarlo a los ojos.-Yo te quiero y eso es lo único que importa. Y cuanto antes lo sepa todo el mundo, muchísimo mejor.

Mary lanzó un breve suspiro.

-Visto así, parece fácil, pero…

-Pero nada.-le cortó él sonriendo dulcemente.-Además, ¿quién sería capaz de no querer a una chica como tú?

-Ritchie…

-¿Entonces qué? ¿Quieres acompañarme a esa gala benéfica?

Mary lo miró a los ojos y dudó antes de contestar. Aparecer con él en un acto público suponía confirmar y hacer oficial su noviazgo y era plenamente consciente de lo que aquello significaba: fans locas, prensa acosando… Pero, no obstante, la inmensidad de aquellos ojos del color del mar la hicieron olvidarse por completo de todo aquello. Y es que quizás Ringo tenía razón al decir aquello de que sólo importaba lo que ellos dos sintieran.

-Sí.-contestó finalmente asintiendo con la cabeza.-Te acompañaré a esa gala.

******************************

Penny lo estaba pasando bastante bien. Lo cierto era que Christine no parecía hermana del idiota de McCartney, aunque, aún así, no podía dejar de ver ciertos parecidos entre los dos ahora que conocía su parentesco. Estaban a punto de apurar sus cervezas mientras reían y fumaban sin parar un cigarrillo tras otro cuando, de repente, Penny vio como un tipo con barba, sombrero y gruesas gafas se acercaba a su amiga por detrás.

-Buenas, pequeña.-dijo el tipo dándole un beso a Chris ante la mirada perpleja de Penny.

Christine se quedó mirando al tipo divertida y soltó una inmensa carcajada.

-¡John! ¿Pero qué haces aquí?-preguntó la chica divertida.

-Vengo a que me invites a una cerveza.

-Anda, siéntate, pedazo de tonto.-rió Christine señalándole la silla que quedaba libre a su lado.-¿No se supone que tú debías estar con mi hermano?

-Se supone, pero prefiero estar con otros miembros de la familia… Por cierto, hola Penny.-saludó el chico cuando se sentó.

Penny lo miró bien y fue entonces cuando lo reconoció: aquel tipo no era otro que el famoso John Lennon, aunque, debía admitirlo, iba perfectamente disfrazado. Sólo había sido capaz de reconocerlo por la voz y, sobre todo, por haber atado cabos. Ya sospechaba que Chris y John Lennon estaban liados desde que los vio juntos aquella noche a la salida del Ad Lib y que ahora, un tal John se presentara delante de ella, le plantara un beso y encima la saludara a ella por su nombre, sólo podía significar que aquel tío con aspecto casi lamentable que tenía enfrente era él. Pero… ¿qué puñetas había ido a hacer allí? Se suponía que había quedado con Christine, no con él, y aquello le fastidiaba mucho. Seguro que aquel mequetrefe se había presentado allí para cotillear y controlar de qué hablaban las dos.

-Hola, Len…

-John.-se apresuró a cortarle Chris antes de que ella acabara de pronunciar su apellido.

-Vaya… Veo que me recuerdas. Te veo ágil, Penny.-dijo él con sorna antes de pedir una cerveza al camarero.

Penny le dedicó una mirada furibunda. El tono de recochineo que había usado en sus palabras no le había hecho ni pizca de gracia.

-¿Y de qué estaban hablando las dos preciosidades estas?-preguntó John cuando se fue el camarero.-¿De mí?

-Sí, claro.-le cortó Penny con sarcasmo.-No teníamos otra cosa mejor que hacer.

-Uuuh… Veo que estás igual de agresiva que la otra noche…-contestó John esbozando una sonrisilla burlona que a Penny le dio muchísima rabia.

-Quizás es que tú incitas a la agresividad, Johnny.-bromeó Chris intentando quitarle hierro al asunto.

-¿Incito a la agresividad? Vamos a ver, colega, ¿quieres guerra?-bromeó John mirándola.

-Sí. Ya sabes que me encanta la guerra.

-A mí también. Contigo y en la cama.-contestó él haciendo que Christine se pusiera roja como un tomate. Después, volviéndose hacia Penny, preguntó:-¿Y tú qué tal estás?

-Bien hasta hace unos cinco minutos.-contestó ella con total sinceridad mientras esbozaba una sonrisilla sarcástica.

-Cualquiera diría que no te caigo bien…

-Yo también te veo ágil hoy, John.-le contestó ella devolviéndole la frase de antes.

-¿Ni siquiera si te invito a un par de cervezas puedo caerte un poco mejor?-preguntó él poniendo cara de niño bueno por debajo de aquel disfraz.-Que conste que he venido adrede para congraciarme contigo.

-Sí, seguro…-masculló Chris por detrás.

-Te lo digo en serio, Christie…-dijo él seriamente.-Después de la que tuvimos la otra noche, no me apetece estar a malas con una de tus amigas… He creído que lo más correcto era venir, invitaros a un par de copas y enterrar el hacha de guerra. ¿Qué te parece, Penny? ¿Amigos?

Penny lo miró atónita. Vale, podría ser que Christine se tragara aquel cuento chino, pero a ella no la iba a engañar tan fácilmente. Simplemente había ido allí para controlar y estaba segura de que a John le importaba un carajo estar a buenas o a malas con ella.

-Está bien.-contestó al fin intentando ir por la vía diplomática. Tampoco quería que Chris se sintiera incómoda con todo aquello.-Enterremos el hacha de guerra. Pero de ahí a llamarnos “amigos”, va un mundo.

-Por ahora me conformo con eso.-contestó John apartándose para que el camarero le pusiera delante la cerveza que había pedido antes.

-Bueno, mejor para mí.-dijo Chris sonriendo.-No me apetece ver rodar cabezas todavía.

Por toda respuesta, Penny esbozó una sonrisa. Pese a sus palabras, no se sentía cómoda con Lennon allí sentado a su lado y si por ella hubiera sido, se habría largado de allí ya. No obstante, decidió esperar un poco más para no quedar mal. Quizás el tiempo justo para buscar una excusa convincente que le permitiera desaparecer de allí y dejar a aquella atípica pareja sola…

****************************

Gwen miró a su alrededor, satisfecha. Aquella inesperada cena sorpresa le recordaba muchísimo a una de las noches más felices de su vida, la de su cumpleaños unos meses antes. La diferencia era que esta vez estaban en Londres, todos juntos, sin expectativas de separarse y una ausencia destacada, todavía dolorosa, y mucho, pero que ya parecían haber asumido todos los allí presentes, incluso el propio Paul.

-¿Y cómo se lo han tomado tus padres?-le preguntó Mary, que estaba sentada a su lado.

-Pues mejor de lo que creía, la verdad, aunque creo que mi padre guardaba la esperanza de que no pasara esa entrevista y me volviera de nuevo a Liverpool con la cabeza gacha.-contestó ella divertida.

-Bah, tranquila, ya se acostumbrarán a que estés aquí en Londres…

-Más les vale, porque no tengo intenciones de volver más que por vacaciones.

-¡Un segundo, gente!-gritó John de repente mientras se ponía en pie interrumpiéndolos a todos.-¡Joder! ¡Nuestro Ringo me acaba de dar una noticia que casi me caigo de culo! ¡A partir de la semana que viene tendremos al primer Beatle con novia formal!

-¿Qué?-se extrañaron Gwen y Chris mirando a Mary.

-Pues eso, que lo vamos a hacer oficial…-contestó la chica ruborizándose.

-¡De puta madre!

-Enana, esa boca…

-Calla, Paul, como si tú no dijeras nunca tacos…-le espetó Chris a su hermano.

-¿Y cómo lo vais a hacer?-quiso saber Gwen.

-Me va a acompañar a una gala benéfica a la que me han invitado.-respondió Ringo.

-¿Y no había otro sitio más asquerosamente aburrido al que llevar a tu chica? Ya te vale, Starkey…-rió George.

-No será para tanto…-dijo Mary.

-Y tú mucho hablar, George, pero a ver cuando hacéis vosotros oficial lo vuestro, ¿eh? Que ya estáis tardando…-bromeó Ringo.

-Bueno…-masculló George poniéndose serio de repente.-Sólo será cuestión de tiempo. Y de poco tiempo, creo yo.

Gwen se lo quedó mirando casi con la boca abierta. No podía creer lo que George estaba diciendo. ¿Se estaba planteando ya sacarla en algún acto oficial y “presentarla en sociedad”?

-¿Cómo dices?-balbuceó ella finalmente.

-Pues eso, que será cuestión de poco tiempo que la gente vea que hay algo entre nosotros. De hecho, vives conmigo y yo, por mi parte, pienso decir la verdad si me preguntan.

Aquellas palabras, de tan sentidas como las había pronunciado George, le llegaron muchísimo a Gwen que, por toda respuesta, le plantó un intenso beso en los labios delante de todos los demás. El beso, y podía jurarlo, más apasionado y a la vez dulce que había dado en toda su vida.


Aquí estoy de nuevo! Sí, sí, ya sé que tardé más de la cuenta y todas esas cosas, pero es que con esto de las vacaciones he estado que ni entraba en casa... En fin, ¿y vosotr@s qué? Espero que bien, que os hayáis comido la mona, el conejo de pascua, el huevo de chocolate o lo que sea que se coma en vuestra zona bien a gusto, que hayáis aprovechado para recargar pilas y, sobre todo, que lo hayáis pasado de putísima madre (sí, lo sé, soy una malhablada...). 
Y bueno, yo por mí, nada más, me despido no sin antes agradaceros que estéis ahí siempre, fieles mías y amantísimas, leyéndome, comentandome y haciendo que esto vaya para adelante. Os quiero, guap@s!
Muak!