lunes, 18 de febrero de 2013

Capítulo 76: Reacciones

El insistente sonido del timbre a aquellas horas de la mañana hizo que Mary abriera los ojos sobresaltada. Lo primero que se le vino a la mente fue que quizá se había dormido y que ya era tremendamente tarde. No obstante pronto comprobó en el reloj despertador de la mesita de noche que tan sólo eran las ocho y diez de la mañana.

-¿Qué pasa?-masculló Ringo a su lado con voz pastosa a causa del sueño.-¿Qué hora es?

-Apenas pasan de las ocho.-respondió ella ya incorporándose en la cama.

Ringo frunció el ceño levemente y, sin poder ocultar su fastidio, se incorporó él también.

-¿Y quién viene a casa un sábado a las ocho de la mañana?

Mary se encogió de hombros a la vez que se ponía en pie y se echaba encima la bata. Obviamente, ella tampoco tenía ni la más mínima idea.

-¿Adónde vas?-preguntó Ringo de repente observándola.

-¿Adónde voy a ir? Pues a abrir la puerta, claro.

-Ni de coña.-le replicó él poniéndose en pie de un salto.-Tú no vas a abrir. ¿Y si es algún tipo raro o algún...?

-Ritchie...

-Que no, que iré yo.-le cortó él mientras se calzaba las zapatillas de andar por casa.

Sin apenas darle tiempo a replicarle nada, Ringo salió de la habitación . Mary soltó un suspiro, entre divertida y exasperada. Él y sus manías sobre si le podía pasar algo... No obstante, pese a todo, salió detrás de él, silenciosa.

-¿Por qué vienes tú también?-le preguntó el chico cuando Mary lo alcanzó y se puso a su lado.

-No creo que sea Jack el Destripador el que esté llamando en estos momentos a la puerta de nuestra casa, Ritchie.-le contestó ella en tono cansado.-Y yo quiero ver quién es el pesado que viene a estas horas un sábado, aunque sea sólo para soltarle dos gritos bien merecidos.

Por toda respuesta, Ringo soltó un bufido de resignación antes de empezar a bajar por las escaleras.

-¡Ya va!-gritó él cuando estuvieron lo suficientemente cerca de la puerta.-¿Quién es?

-Rich...-la voz que provenía de fuera ea casi un murmullo inaudible.-Abre, por favor. Soy Chris.

Mary y Ringo se lanzaron una mirada sorprendidos al escuchar aquella contestación. ¿Qué estaba haciendo Chris allí a esas horas? Sin pensárselo dos veces, Mary abrió la puerta con un gesto rápido. Lo que vio allí la dejó helada. Sí, efectivamente era su amiga, pero ofrecía un aspecto digno de lástima. Tenía la cara hinchada y los ojos rojos como si no hubiera parado de llorar durante horas, y estaba completamente descuidada, como nunca antes la había visto.

-¡Chris!-gritó ella asustada-¡¿Qué te pasa?!

La chica apretó los labios y negó con la cabeza a la vez que las lágrimas volvían a hacer acto de presencia en su rostro.

-Lo siento...-balbuceó.-Yo no... No sabía adónde ir y tenía miedo de ir a casa de Paul y...

-¿Pero qué ha ocurrido?-le cortó Mary, que por segundos se iba asustando más  más. No entendía absolutamente nada de todo aquello.

Chris se quedó mirándola durante unos segundos antes de contestar. Ya ni siquiera se estaba esforzando por disimular sus lágrimas.

-Yo...-susurró.-Yo... He roto con John.

Y dicho esto, sin que a Mary le diera ni siquiera tiempo a asimilar el significado de aquellas palabras, Christine se abrazó a ella fuertemente y empezó a llorar desesperada.

*******************************

Sin apenas darse cuenta de cómo había llegado hasta allí, Chris se encontró de repente en el salón de Sunny Heights, sentada al lado de Mary y llorando desesperadamente a la vez que Ringo las observaba atónito. Apenas podía articular palabra pero, aun así, se las había apañado para contestar a las preguntas nerviosas que le lanzaba su amiga aunque aquello le hubiera costado un verdadero ejercicio de valentía por su parte. Y es que, decirlo en voz alta, dolía muchísimo más que tenerlo en su interior. Decirlo en voz alta suponía confirmar con palabras lo que acababa de suceder hacía menos de dos horas. Suponía reconocer que lo de John y ella había terminado. Suponía admitir que su vida se acababa de derrumbar como un frágil castillo de naipes.

-No... No he querido ir a casa de mi hermano porque estaba muy asustada.-balbuceó ella después del largo silencio que se había hecho tras haber contado lo que había pasado; un silencio en el que Mary se había limitado a abrazarla y consolarla.-Temía su reacción si me veía aparecer de este modo y tenía miedo de que la emprendiera a golpes con John o algo así y... Lo siento. Siento haberos molestado a vosotros a estas horas.

-Cállate, Christine.-le cortó Mary.-Esto no es molestar. Los amigos estamos para eso. Has hecho muy bien en venir aquí, ¿verdad, Ritchie?

Chris levantó la cabeza y miró a Ringo, quien asintió, en silencio.

-No quiero que tengas problemas con John por mi culpa.-dijo cayendo en la cuenta de repente de que Ringo era uno de los mejores amigos de John.-Me iré pronto, lo prometo.

-No.-la interrumpió Mary con determinación.-Tú quédate aquí todo el tiempo que te haga falta.

-Pero John...

-Tranquila, Christine.-dijo Ringo hablando por primera vez desde que ella había llegado.-Coincido con Mary. Puedes quedarte todo el tiempo que sea necesario. No te preocupes por John, ya me las apañaré con él.

La chica lanzó un suspiro y bajó la mirada, pensativa. Aquello podía acabar mal, muy mal, dependiendo de la reacción de John. Incuso ponía en peligro los cimientos del grupo y, lo que era muchísimo peor, la amistad entre Ringo y él.

-Gracias.-dijo al fin.-Sois unos amigos geniales, de verdad.

-Ya sabes que nos tienes para lo que quieras.-contestó Mary pasándole el brazo por el hombro.

-Lo sé. Aun así, creo que cuando se me pase un poco todo esto iré a casa de mi hermano. Total, entre John y él las cosas ya se pondrán feas de por sí cuando Paul se entere de que lo hemos dejado...

Otro largo silencio volvió a hacerse entre los tres. Era evidente que todos estaban pensando en lo que ella acababa de decir. Chris los miró, primero a Mary; después, a Ringo. A juzgar por sus expresiones ambos sabían que lo que acababa de decir era cierto. La chica lanzó otro suspiro. Se sentía tremendamente culpable por todo.

-Si quieres puedes quedarte en mi piso de Montagu Square.-dijo Ringo de repente rompiendo el silencio.-Ya sabes... Desde que se fue la ex de tu hermano aquello está vacío y está listo para entrar a vivir.

Chris se quedó mirándolo durante varios segundos, sopesando la opción que Ringo le acababa de ofrecer. La verdad era que era una oferta suculenta. Ella más que nadie sabía que ese piso estaba en perfectas condiciones y, además, aquello supondría no desperdiciar ni un sólo segundo buscando otro lugar donde vivir. Porque una cosa tenía muy clara: aunque se quedara con Paul los primeros días, no quería quedarse de nuevo a vivir con él de manera indefinida. Ya tenía trabajo, se podía permitir un alquiler, y, además, el hecho de vivir con Paul suponía, aparte de perder su ansiada independencia, tener verdadero peligro de cruzarse con John cuando menos lo esperara. Y, por el momento, ella no estaba preparada para ello.

No obstante, de repente, un oscuro pensamiento se apoderó de ella haciéndole poner los pies en el suelo inmediatamente. No. No podía aceptar la proposición de Ringo. Aquello sólo empeoraría las cosas. Así pues, Chris negó con la cabeza lentamente, varias veces.

-Te lo agradezco mucho, Rich, pero... no puedo aceptarlo.

-Si es por el alquiler, no hay problema.-se apresuró a añadir él.

-No es por eso.-suspiró.-Podría pagarte el alquiler con mi salario del periódico, pero... no quiero que esto os ocasione problemas.

-No seas ridícula.-dijo Mary.-Nosotros no vamos a tener ningún problema.

-Mary.-le interrumpió ella.-Sí. Sí que os traerá problemas y no quiero que eso ocurra. Conozco a John, lo conozco demasiado, y sé que si se llega a enterar de que me habéis alquilado el piso va a montar un espectáculo que os aseguro que no os gustará.

-Pero Chris...

-Sé de lo que hablo.-continuó ella.-Estamos hablando de John. Rich sabe que tengo razón.

Ringo se quedó mirándola durante unos segundos y, a continuación, asintió levemente con la cabeza.

-De todas maneras, Lennon no me asusta.-contestó, aunque a Chris no le pareció del todo convencido al decir aquello.

-No. Os lo agradezco de veras, pero... Haré lo que había pensado: iré con Paul unos días hasta que encuentre algo y, después, me trasladaré allí.

Sus dos amigos asintieron con la cabeza.

-Está bien.-convino Mary de mala gana al cabo de unos segundos.-Si eso es lo que tú quieres, adelante. Pero para lo que necesites, la más mínima tontería, sea la hora que sea y el día que sea, quiero que me llames y me lo digas, ¿de acuerdo?

Pese a que en aquellos Chris estaba completamente destrozada, la determinación y la fidelidad de Mary hicieron que dibujara una sonrisa en la cara.

-Lo sé.-contestó ella intentando contener de nuevo las lágrimas, aunque esta vez, eran de la emoción.-Muchas gracias por estar ahí siempre. Muchas gracias.

Mary se volvió a fundir en un abrazo con ella antes incluso de que acabara de pronunciar aquellas palabras  y, entonces, Christine no pudo contenerse por un segundo más y empezó a llorar nuevamente. Ahora, al parecer, el único valor seguro que tenía en la vida era la amistad que le estaban brindando en aquellos momentos.

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El piso todavía seguía en penumbras. John ni siquiera se había molestado en descorrer las cortinas, que permanecían cerradas desde la noche anterior. Tampoco había pensado en ello. Tampoco había pensado en nada más que no fuera maldecirse a sí mismo y maldecir su suerte. Tampoco había pensado en nada más que no fuera en ella, en sus ojos llorosos antes de irse, en el ruido de la puerta al cerrarse tras ella.

Arrastrando los pasos, confuso como nunca antes lo había estado en toda su vida, John entró en su habitación. Lo miró todo detenidamente. Todavía podía sentir su presencia allí. Sus cosas permanecían sobre el tocador e incluso podría decirse que notaba hasta el olor de su perfume.

Aquella visión lo atormentaba, lo corroía por dentro y lo mataba de tristeza. Casi como un autómata se sentó pesadamente sobre el borde de la cama. Tocó levemente la parte en donde ella dormía, a su lado, y la simple idea de que no aquello no volvería a suceder le hizo arrancar a llorar de nuevo. Se escondió la cara entre las manos, sintiéndose el ser más desgraciado sobre la faz de la Tierra, y lloró en un llanto casi inaudible pero tremendamente doloroso durante mucho tiempo. Lloró por todo: porque ella ya no estaba, porque volvía a estar solo, porque siempre acababa metiendo la pata, por la rabia que sentía dentro de él... hasta que no le quedó ni una lágrima más por derramar. Después, levantó la cabeza poco a poco. Pese a su miopía y a que tenía los ojos hinchados, aún pudo distinguir en el espejo que había sobre el tocador a un tipo desolado, digno de compasión, hecho un trapo. Aquella visión de sí mismo todavía lo atormentó aún más.

-Maldito hijo de puta...-se dijo a sí mismo poniéndose en pie de repente.-¡Estúpido!

Descargó toda la rabia que llevaba adentro tirando de un manotazo todo lo que había encima del tocador. Lejos de pararse al escuchar el ruido del cristal al romperse cuando cayó en el suelo, siguió. Siguió descargando su rabia golpeándolo: el armario, la cama, las paredes, los muebles.

Paró de destrozarlo todo de repente, de la misma manera que había empezado. Volvió a mirarse en el espejo, podría decirse que era casi el único objeto en toda la habitación que se había salvado de su ataque de cólera. Ahora, más que un triste reflejo de sí mismo, parecía un loco, un tarado, un maldito psicópata. Y entonces, todavía con la respiración agitada, tomó una decisión.

No iba a consentir que Chris saliera de su vida tan fácilmente. No. Se negaba a ello. Y, por eso mismo, iría a buscarla.

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Hacía muy poco que Paul se acababa de levantar cuando alguien empezó a llamar al timbre de manera histérica. Frunciendo el ceño y preguntándose quién podría ser con tantas prisas a aquella hora de la mañana, dejó su taza de té a medio terminar sobre la mesa de la cocina y se dirigió a abrir la puerta. Su sorpresa fue mayúscula cuando se encontró delante de él a un John con un aspecto lamentable y que parecía furioso.

-Dile que salga.-fue lo primero que dijo, fuera de sí.

Paul se quedó mirándolo durante unos segundos, sin entender nada.

-¿Pero qué dices?-preguntó al fin, confuso.-¿Que salga quién?

-Déjate de gilipolleces y dile que salga. Sé que está aquí.

-¿Qué mierdas te has metido?

-No has las cosas más complicadas, joder.-casi exclamó John mirándolo desafiante y haciendo ademán de meterse en el interior de la casa.-Quiero hablar con ella.

De repente, todo encajó en la cabeza de Paul. John estaba fuera de sí y había ido a su casa buscando a alguien desesperadamente. No hacía falta ser muy listo para entender en el acto que a quien buscaba era a Christine.

-¿Qué ha pasado?-preguntó Pal de repente poniéndose ante John e impidiendo que entrara adentro. Ahora, era él que empezaba a estar fuera de sí.-¡¿Qué ha pasado con mi hermana?!

-¡No me tomes el pelo, joder!-le gritó John.-¡Déjame entrar! ¡Sé que está aquí!

Por unos instantes, Paul temió que John se abalanzara sobre él y lo apartara a la fuerza de la entrada. No obstante, pareció contenerse en el último momento. Lo escrutó con la mirada: en esos momentos, más que furioso, parecía desesperado.

-No está aquí.-contestó él obligándose a bajar el tono de voz.

-Mientes.

-No. No está aquí.-siseó.-¿Qué ha pasado con mi hermana, Lennon?

John lo miró durante unos segundos, desconcertado.

-¿Qué-ha-pasado-con-mi-hermana?-casi gritó Paul esta vez remarcando todas y cada una de las palabras de la pregunta.

-Se ha largado.-murmuró John de repente.-Se ha ido. Me ha...

Cuando Paul escuchó aquellas palabras, notó como la sangre empezaba a arderle en las venas. Casi en un acto impulsivo, se abalanzó contra John y lo agarró por las solapas de su chaqueta con violencia.

-¡¿Qué le has hecho?!-le gritó.

John se zafó de él de un fuerte empujón. Paul se quedó mirándolo. Ambos respiraban agitadamente y se sostenían la mirada, como dos leones furiosos a punto de iniciar una pelea.

-Vete a la mierda, McCartney.-dijo John de repente antes de darse la vuelta.

-Como le hayas hecho algo, te mato.-siseó Paul mientras miraba como John caminaba ya por el jardín hacia la salida de su casa.-¿Me has escuchado, Lennon? ¡Te mato!

John ni siquiera se volvió para contestarle y salió de allí, dejándose a un Paul que no sabía si sentirse más furioso por aquel encuentro o, por el contrario, más preocupado por el paradero de su hermana.

Nada más perdió de vista a John, Paul volvió a entrar corriendo en el interior de su casa, rápido como una exhalación. ¿Qué era lo que había pasado? John le acababa de decir algo que a priori le resultaba imposible de creer pese a que desde hacía unos meses las cosas no estaban del todo bien: su hermana lo había dejado. Pero... ¿cómo? Y más importante aún... ¿dónde estaba? Paul inspiró profundamente unas cuantas veces, intentando mantener a raya el pánico que había empezado a apoderarse de él. Intentó apartar de sí los oscuros pensamientos que vaticinaban que a Chris le habría podido ocurrir algo malo e hizo un colosal esfuerzo por pensar con claridad, con lógica. Y ya estaban de nuevo a punto de encajarle todas las piezas de aquel rompecabezas cuando, de repente, sonó el teléfono de casa. Casi corrió para ir a contestar. Sabía que podía ser ella.

-¿Sí?-respondió nervioso cuando descolgó.

-Hola Paul.-contestó una voz masculina al otro lado de la línea.-Soy Ringo.

Paul no pudo evitar soltar un bufido de decepción cuando escuchó que quien llamaba no era Chris.

-Hola, Rich.-le respondió agitado.-Lo siento mucho, ahora no puedo hablar contigo. He de...

-Espera un segundo, Paul.-le interrumpió su amigo.-Creo que debes saber una cosa: tu hermana está aquí ahora mismo, en mi casa.

-¿Cómo dices?-exclamó Paul entre aliviado y sorprendido.-Joder, Rich... Ha venido John no hace ni cinco minutos como un loco preguntando por ella y yo... ¿Cómo está?

-Digamos que no está pasando por el mejor momento de su vida.-masculló Ringo.-Oye... ¿has dicho que ha ido John allí? ¿Está todo bien?

-No me hables de ese cabrón.-respondió Paul.-Pero tranquilo, sí. Más o menos bien. ¿Sabes qué ha pasado?

-Tu hermana lo ha dejado. Eso es lo que nos ha contado a Mary y a mí...

-¿John le ha hecho algo?-se apresuró a preguntar él, a punto de perder pos estribos de nuevo.

-Simplemente Chris no aguantaba más.-se limitó a responder Ringo.

-Richard... No me mientas, por favor. No cubras a ese hijo de puta. Es mi hermana, la conozco. No lo hubiera dejado si no le hubiera hecho nada.

-Eso es lo que nos ha contado, Paul.-le cortó Ringo.-Si quieres saber algo más, deberías hablarlo con ella.

-No dudes que lo haré.

Un incómodo silencio se hizo entre los dos amigos.

-Me ha pedido que te diga que está aquí.-dijo Ringo al cabo de unos instantes.-Creo que sería mejor que vinieras a recogerla.

-Está bien. No tardo nada. Gracias por todo, Rich.

-De nada.-le respondió Ringo.-Y... Paul, una cosa..

-¿Qué?

-No hagas ninguna tontería. A ella no le gustaría. Y a mí menos. Ya sabes a lo que me refiero.

-Te agradezco tu interés, Richard, pero no te metas.

-Tampoco lo hagas tú.-le cortó.-Ya sabes como son las cosas de pareja.

Paul se quedó meditando la contestación que su amigo le había dado. Aquello le hizo reflexionar. Quizá Ringo estuviera en lo cierto, aunque le costara horrores mantenerse al margen.

-De nuevo gracias por el consejo.-contestó al fin.-No tardaré. Hasta ahora.

-Hasta ahora.

Paul colgó el teléfono mucho más tranquilo que antes. Al menos, tenía la total certeza de que su hermana estaba sana y salva en casa de sus amigos. No obstante, seguía tremendamente preocupado y furioso a la vez. Si John le había hecho algo malo no se veía capaz de perdonarle pero, aunque Ringo estuviera en lo cierto y simplemente Chris se hubiera cansado de aguantar a Lennon, aquello cambiaba radicalmente las cosas. Y es que, en esos momentos más que nunca, Paul veía en peligro de muerte la amistad con el que tanto tiempo había sido uno de sus mejores amigos.

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John llegó de nuevo a casa todavía más confuso que antes. Se sentía perdido, como si fuera un gato sin dueño, sin saber qué hacer ni adónde ir. La visita a casa de Paul sólo le había servido para ponerlo aún peor. Era evidente que Paul no mentía cuando le había asegurado que Christine no estaba con él en su casa. Además, parecía incluso no saber nada de lo que había pasado.

Aquello ponía a John en una situación difícil. ¿Adonder habría ido la chica? No tenía ni idea y aquello lo inquietaba y lo preocupaba a partes iguales. La conocía. Sabía que era prácticamente imposible que hubiera hecho alguna tontería, pero... ¿y si había decidido desaparecer del todo durante algún tiempo? ¿Y si no la volvía a ver jamás? Aquella idea lo ponía más de los nervios: el hecho de pensar que no podría ni siquiera brindarle una explicación, o una disculpa o, simplemente, verla sin más, era la peor de las torturas posibles.

Intentó apartar de su mente aquellos pensamientos y se obligó a creerse que quizá estaría sola, pensando, que no tardaría en aparecer por algún sitio, o que, quizá, simplemente estuviera con Mary o con Gwen. No obstante, aquel pensamiento, lejos de reconfortarle, le puso aún peor: si Christine estaba con alguna de sus amigas, a esas alturas ya todo el mundo sabría lo sumamente gilipollas que era John Lennon.

Necesitaba apartar aquellos pensamientos de su mente, necesitaba dejar de sentir. Y así, sin pensárselo dos veces, se dirigió hacia la habitación que esa misma mañana había destrozado y buscó entre el revoltijo de cosas rotas por el suelo aquella caja. La abrió nervioso, nada más la encontró entre los fragmentos de cristal de un frasco de perfumes, y agarró un enorme puñado de pastillas. Se las metió en la boca sin ni siquiera preguntarse qué era lo que había agarrado y se las tragó.

En esos momentos más que nunca, lo necesitaba más que el aire que respiraba.

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Ringo se hizo a un lado para dar paso a un airado Paul mucho más nervioso de lo que él estaba acostumbrado a ver.

-¿Cómo está?-le preguntó éste sin ni siquiera saludarle.

-Ya te he dicho antes que no está pasando precisamente por sus mejores momentos.-le respondió él con calma. Está en el comedor, con Mary.

Paul asintió con la cabeza y se encaminó hacia donde le había indicado. Él, por su parte, se limitó a seguirlo en silencio.

-¡Chris!

La exclamación de Paul hizo que las dos chicas se giraran de repente, extrañadas.

-Ey, hola, gusano.-respondió Christine con voz débil a la vez que esbozaba una sonrisilla forzada.

Paul ni siquiera esperó a que dijera nada más para dirigirse hacia ella y darle un abrazo.

-¿Qué...? ¿Qué ha pasado?-preguntó el chico.

-Supongo que ya lo sabrás, ¿no?-respondió su hermana con amargura.-Lo he dejado con John.

La chica hizo una mueca cuando pronunció la última frase, como si el mero hecho de pronunciar aquellas palabras le produjera un inmenso dolor.

-¿Ese cabrón te ha hecho alguna cosa?-quiso saber Paul de malas maneras.

-Para sorpresa de todos, Ringo incluido, Christine le dedicó a su hermano una mirada glacial.

-No le insultes.-le espetó.

-¿Cómo?-dijo Paul estupefacto.

-Que no le insultes te he dicho. Y no, no me ha hecho nada.

-No entiendo nada...-susurró Paul.

Christine se encogió de hombros y sonrió con amargura.

-No hay mucho que entender.-dijo al fin.

Paul les dedicó una mirada significativa tanto a Mary como a él. Era evidente que pensaba que su hermana se había vuelto loca o algo por el estilo. Tanto Ringo como su esposa, se limitaron a encogerse de hombros.

-Está bien.-convino al fin Paul.-Creo que necesitas descansar. Vámonos a casa, ¿de acuerdo?

-Vale.-dijo Chris poniéndose en pie.

-¿Ya te vas?-preguntó Mary que no estaba para nada convencida en dejarla ir así porque si.

-Sí.-le contestó su amiga.-Será mejor que descanse un poco como dice mi hermano. Por cierto, muchas gracias por todo, de verdad. A los dos.

Mary y Ringo le dedicaron una sonrisa a modo de "no hay de qué".

-Llámame cuando te despiertes, ¿me oyes?-inisistió Mary antes de que Paul y Chris salieran del salón.

-Descuida, lo haré.-sonrió su amiga.

-No hace falta que nos acompañéis a la puerta.-les interrumpió Paul.-Gracias por todo. Nos vemos.

Mary y él observaron como los dos hermanos salían del salón y permanecieron en silencio hasta que oyeron como la puerta de la calle se cerraba al salir los dos.

-Paul está muy seco, ¿no?-dijo Mary mientras los veía entrar en el coche del chico a través de la ventana.-No estoy segura de que lo mejor para Chris sea ahora estar con él... Ya has visto cómo se ha puesto cuando Paul a llamado cabrón a John. Sólo espero que no se peleen ellos dos también.

-La verdad es que no me extrañaría... Paul parece más dolido con John que la propia Chris. Es raro pero...

-Recemos para que no hagan ninguna tontería.

Ringo lanzó un fuerte suspiro.

-Paul dice que John ha ido esta mañana a su casa como un loco buscándola.-explicó.-Él dice que no ha pasado nada, pero la verdad, me asusta lo que haya podido ocurrir entre los dos.

-Entiendo... ¿Tú crees que John es capaz de hacer alguna locura?

-Con él nunca se sabe.-contestó Ringo con sinceridad.-Creo que..

Ringo se interrumpió a sí mismo antes de acabar la frase. La verdad era que lo que iba a decir no le parecía demasiada buena idea.

-¿Qué?

-Pues que... Quizá debería ir a verlo.-respondió.

Para su sorpresa, Maru asintió con la cabeza.

-Tal vez deberías hacerlo. Al fin y al cabo es tu amigo y lo estará pasando muy mal.

-¿Tú crees?

-Claro que sí.-se reafirmó ella.-Yo también lo haría si estuviera en tu situación.

Ringo asintió. La verdad era que tenía razón.

-Sí. Tienes razón. Iré a verle. ¿Te importa que salga ahora?

-Para nada.

Por toda respuesta, el chico le dio un beso en los labios antes de darse media vuelta, dispuesto a salir del salón.

-Ritchie...-le llamó Mary justo antes de que cruzara el umbral de la puerta. Él se giró y la miró interrogativo. Ella, por su parte, agarró aire antes de continuar:-Hazme un favor... No le digas nada sobre Chris... Si ella quiere decirle dónde está, es su decisión.

-Tranquila, princesa.-sonrió.-No diré nada. Absolutamente nada.

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El trayecto desde su casa hasta el piso de John en pleno centro de Londres se le había hecho extremadamente largo. No obstante, allí estaba él en esos momentos, plantado ante la puerta de su casa y esperando a que su amigo le abriera. Casi estaba a punto de llamar al timbre por tercera vez cuando John le abrió. Pese a que Ringo ya estaba concienciado de que no iba a ver a su amigo en las mejores condiciones desde antes incluso de salir de su casa, se le cayó el alma a los pies cuando lo vio así. John, más que él mismo, parecía un fantasma. Además, estaba muy drogado, de eso no cabía ninguna duda.

-Hola, tío...-le saludó John con la voz pastosa y débil.

Sin ni siquiera esperar a que se hiciera a un lado, Ringo entró en el interior de la vivienda. Nada más entrar le golpeó un ligero tufillo a alcohol y a tabaco rancio.

-¿Qué te has metido?-le preguntó Ringo sin más.

John se quedó unos segundos en silencio, pensativo. Después, lanzó un suspiro y cerró. A Ringo no se le escapó el detalle de que apenas tenía fuerzas para empujar la puerta de casa.

-No lo sé.-susurró.-He pillado algunas cosas que había en la habitación y...

-¿Te has metido todo a la vez?-casi gritó Ringo, sobresaltado.

John se limitó a decir que sí con la cabeza.

-¡Joder, cabrón!-exclamó Ringo mientras agarraba a John fuertemente por el brazo y lo llevaba casi a rastras, como un muñeco de trapo, hasta la cocina.

Nervioso, se puso a hurgar entre los armarios de la cocina sin importarle que unos cuantos tarros se estrellaran en el suelo haciéndose añicos en el acto. En aquellos momentos tenía cosas más importantes por las que preocuparse como, por ejemplo, evitar que a John le diera un colapso por la cantidad de cosas que se había tomado a la vez.

-¿Dónde mierdas guardas el café?-le preguntó volviéndose hacia él.

-¿Café?-repitió John completamente ido.

-¡Mierda, John! ¡El café!-le gritó él.

Como si la cosa no fuera con él, John señaló hacia uno de los armarios que colgaban de la pared de la cocina. Ringo lo abrió, nervioso, y agarró el tarro de café, que efectivamente estaba allí. Sentó a John como si de un niño se tratara en una de las sillas de la cocina y, a continuación, preparó un café bien cargado. Después, lo sirvió en una taza grande, agarró la sal y le metió unas cuantas cucharadas. Tenía que hacer vomitar a John sí o sí y aquel era el método más rápido y efectivo que se le ocurría para ello.

-Vamos al baño.-le dijo a su amigo a la vez que lo agarraba del brazo y lo obligaba a ponerse en pie.

John, extrañamente dócil, se dejó conducir hasta el cuarto de baño. Una vez estuvieron dentro, Ringo le tendió la taza de café con sal.

-Bébetelo.-le ordeno.-Ahora mismo y de un solo trago.

John lo agarró y obedeció. Las arcadas le entraron casi en el acto, así que se volvió hacia el retrete y empezó a vomitar. Ringo no pudo evitar poner una mueca de asco, pero contuvo sus ganas de irse y permaneció allí a su lado, hasta que John pareció no tener nada más que sacar.

-Maldito hijo de puta...-le dijo cuando John se puso en pie de nuevo, tosiendo, y tiraba de la cadena.-¿Qué es lo que querías? ¿Matarte? Puedes dar gracias a que he llegado a tiempo.

John le dedicó una mirada glacial antes de volverse hacia el lavabo y echarse agua en la cara.

-No sé si darte las gracias o no.-susurró mirándose en el espejo. Parecía que el colocón casi hubiera desparecido del todo.-Sinceramente, creo que hubiera preferido, como tú dices, matarme.

-Ni se te ocurra decir eso, Lennon.-le cortó él.-Ni en broma.

-¿Por qué no voy a decirlo si es verdad?-contestó John volviéndose hacia él y mirándolo.-Me ha dejado, lo sabes, ¿no?

Ringo asintió.

-Nada vale la pena ya.-continuó John.-Nada-

-Oye, John...-suspiró Ringo.-Se que es difícil, pero...

-¡No!-le gritó.-¡No es difícil! ¡Es imposible, joder! ¡Tú no lo entiendes!

Pese a los gritos, Ringo no se dejó amilanar. Sabía que John no iba a hacerle absolutamente nada.

-Te entiendo más de lo que te imaginas.-le contestó con calma.-Yo también amo a una persona y no puedo concebir estar sin ella.

John calló y bajó la mirada al escuchar aquellas palabras.

-Pero joder, John.-continuó él al ver que su amigo no pensaba decir nada.-No puedes hacerte esto. Debes de seguir adelante.

-¿Seguir adelante?-preguntó John antes de estallar en una carcajada amarga que pilló a Ringo por sorpresa.-Hablas como si fuera fácil.

-No he dicho que lo sea.-le cortó Ringo.-Anda, métete en la bañera. Quizá así se te baje del todo la mierda que has agarrado.

Y, sin más, Ringo abrió el grifo de la bañera lanzando un fuerte suspiro. Por lo visto, aquella visita a John se alargaría mucho más de lo que en un principio había imaginado...

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El día había sido largo y pesado. Hacía mucho que Chris no se sentía tan cansada. Y es que, las emociones vividas ese día habían sido tan fuertes en el mal sentido de la palabra que tenía la sensación de que llevaba semanas sin dormir. Lo peor de todo había sido repetir la misma historia montones de veces: primero a Mary y a Ringo, después a su hermano y, por último, a Gwen, que había ido a verla a casa de Paul tan pronto se había enterado de lo sucedido. El contar aquello suponía revivir, cada vez que lo hacía, lo que había ocurrido. No obstante, y pese a que hacerlo la hacía sentir tan mal como si le clavaran cientos de cuchillos afilados en el pecho, Christine había hablado con todos los que le habían preguntado sobre el tema, eso sí, obviando los detalles más escabrosos de la discusión final que habían desencadenado la ruptura con John. Podría decirse que la versión oficial que ella había ofrecido a todos era que no aguantaba más su malsana afición por las drogas y que se pasaban el día discutiendo, cosa que, por otra parte, era completamente cierta. Sólo Mary sabía la versión completa de los hechos: se lo había contado todo mientras Ringo había salido del salón para llamar a Paul por teléfono esa misma mañana.

Estaba tan cansada y tan abatida que lo único que quería Chris en aquellos momentos era echarse en la cama y dormir. Dormir y olvidarse por unas horas de todo aquel sufrimiento. Dormir y olvidar por un rato a John, con el que llevaba pensando todo el día, desesperada.

Se acababa de poner el pijama cuando escuchó aquellos golpes en la puerta. Antes incluso de asomarse disimuladamente por la ventana abriendo levemente la cortina, Chris ya supo quien era el causante de aquellos golpes furiosos e insistentes. Era él. Era John. Estaba segura.

Miró justo a tiempo para lograr ver como Paul abría la puerta frente a la cual, efectivamente estaba John. Los escuchó gritarse a los dos, aunque no pudo distinguir qué se decían con la ventana cerrada, que no se atrevía a abrir por nada del mundo. Cuando los dos empezaron a empujarse violentamente, Christine notó como el corazón paraba de latirle durante unos segundos pero, justo en el momento en el que ya estaba empezando a pensar que los dos iban a enzarzarse en una pelea, John pareció reaccionar y dejó de empujar a Paul. Le dijo algo y, a continuación, se dio media vuelta y se alejó de allí con paso decidido. Su hermano, por su parte, se limitó a cerrar la puerta con un portazo que retumbó por toda la casa.

Chris continuó mirando como John se alejaba, calle arriba, con la cabeza gacha, como si fuera un perro apaleado. Y entonces, como si supiera que ella lo estaba observando, John paró en seco y miró en dirección hacia su ventana. Se mantuvo así, durante unos instantes que a ella le parecieron eternos, mirando, seguro de que ella se escondía tras aquella cortina. Estaba demasiado lejos como para poderlo distinguir, pero Christine tuvo la certeza de que en aquellos momentos John estaba llorando, tal y como lo estaba haciendo ella también.

Después, se dio la vuelta y se fue. Fue entonces, mientras lo observaba alejarse, cuando Chris lo tuvo claro. Debía de irse de allí cuanto antes, a un sitio que John no conociera. O eso, o Paul y él acabarían matándose.

**************************************

Habían pasado ya un par de semanas desde todo aquello, dos semanas en las que ella se había movido y actuado como una autómata, sin saber exactamente por qué hacía las cosas. Afortunadamente, aquellas dos semanas le habían servido para encontrar un sitio decente en el que vivir, un sitio lo suficientemente alejado de John como para poder estar tranquila. Se trataba de un pequeño apartamento de una sola habitación no demasiado lejos de la redacción del periódico, bastante nuevo y con todo lo que necesitaba para vivir cómodamente. En otras circunstancias, Chris hubiera estado feliz por haber encontrado un lugar así donde poder vivir pero, no obstante, lo único que le provocaba aquel lugar en aquellos momentos era una profunda congoja, incluso podría decirse que asco. Y es que, el hecho de vivir allí, le recordaba cada día que todo lo que había construido con John se había ido a la basura.

Había dejado de llorar a todas horas cuando las accidentadas visitas de John a casa de su hermano habían disminuido hasta casi desaparecer. La verdad era que no tenía ni idea de si John había vuelto o no a Cavendish Avenue después de que ella se trasladara a su apartamento, aunque tampoco quería saberlo. Todos los que la rodeaban habían hecho una especie de pacto de silencio sobre el tema. Nadie hablaba de John delante de ella por expresa prohibición. Y es que no soportaba que nadie lo nombrara, no por odio, nada más lejos de la realidad, sino porque, cada vez que se acordaba de él, sentía la imperiosa necesidad de volver a su lado, de tenerle cerca. Chris era consciente de que a la mínima caería de nuevo y por eso no quería saberse nada de él.

Estaba sumida en sus propios pensamientos cuando, de repente, el teléfono sonó. Sobresaltada por aquel ruido repentino, Chris se levantó del sillón y se dirigió hacia la mesita del teléfono para contestar.

-¿Sí?-respondió.

-Ey, enana, ¿qué tal?

La chica sonrió al escuchar la voz de su hermano al otro lado de la línea.

-Bien.

-¿Seguro?-insistió Paul.

-Seguro, bobo.-mintió.-¿Y tú qué tal?

Yo bien, pero...-balbuceó su hermano.-Te quería hablar precisamente de eso...

Christine frunció el ceño confundida.

-¿Hablar de qué?

-Supongo que ni siquiera te acordarás de esto... Con todo el jaleo y tal, pues...

-Paul, no tengo todo el día.-le cortó ella nerviosa. Odiaba que se anduvieran por las ramas cuando estaba impaciente.

-Mañana nos vamos.-respondió Paul a la vez que lanzaba un suspiro.

-¿Os vais? ¿Adónde?-preguntó ella extrañada.

-Empieza el rodaje de la película, ¿te acuerdas?

Sólo cuando Paul se lo dijo, Chris lo recordó todo. Ni siquiera se había acordado de la existencia de esa película hasta el momento. Obviamente, tenia la cabeza demasiado ocupada en otras cosas como para acordarse de películas.

-No me acordaba, lo siento.-reconoció ella.-Entonces es mañana...

-Sí.-le confirmó Paul.-Espero que no te moleste estar sola durante un par de semanas... No durará más, te lo aseguro-

-Tranquilo, Paul.-respondió ella.-Por supuesto que no me importa. Al fin y al cabo vivo sola, ¿no?

-Sé que vives sola, Christine, pero...-Paul se interrumpió a sí mismo antes de seguir.-De todas maneras, te llamaré todos los días, ¿de acuerdo?

-Sobreviviré, Paul.

-No te pongas sarcástica conmigo. Sé de lo que hablo, ¿vale?

-Vale...-respondió ella cansada.

-Prométeme que estarás bien.

-Te lo prometo.

.Así me gusta. No tardaremos mucho en vernos, enana.

-Tranquilo. Adiós.

-Adiós.

Justo antes de que Paul colgara, a Chris le pasó un fugaz pensamiento por la cabeza.

-¡Paul!-le llamó justo antes de que su hermano colgara el auricular.

-¿Qué pasa?

-Quiero que...-balbuceó ella.-Quiero que tú también me prometas algo...

-¿El qué?

Chris suspiró.

-Tened la fiesta en paz.-contestó.-Ya sabes a lo que me refiero. Hazlo por mí.

Paul calló. Por unos instantes, Chris incluso llegó a creer que le había colgado.

-No puedo prometerte nada.-dijo al cabo de unos segundos.

-Es tu amigo.-ella misma se sorprendió diciendo aquello.-Prométemelo.

-Está bien, te lo prometo.-suspiró al fin.

-Gracias-

-De nada, enana. Nos vemos pronto.

-Nos vemos.-respondió ella.-Que te vaya bien. Bueno, mejor dicho, que os vaya bien. A todos.







Holaaaaaa!!!! Bien, aquí he llegado yo con este capi un poquito deprimente, la verdad, pero ya veis que es necesario. Sea como sea, espero que os haya gustado y todo eso, jeje.

Bien, hoy, aparte de las tradicionales gracias a las que me leéis y comentáis, quiero decir varias cosillas... La primera, a Ingrid, que me preguntó unas cositas en su comentario... Pues sí, hija. John coqueteó con la cocaína (lo dijo en la entrevista esa famosa que hizo a la Playboy en el 80... algo así como que durante el 67 todos abusaron bastante de ella pero que la dejaron porque era una tontería, era como la cafeína, pero mas peligrosa) y más tarde lo hizo con la heroína (me gustaría tratar también el tema, jejeje). De Magic Alex, pues es un personaje así un poco turbio, se saben bastantes cosas de él, pero bueno, yo tampoco lo meto mucho porque me desconcierta un poquito. Sólo comentarte que aparte de la info que te puedas encontrar por ahí de él, durante el 67 se convirtió en el nuevo inseparable de John en sus correrías por ahí... Espero haberte aclarado aunque sólo sea un poquitín las cosas... :)

La segunda cosa es una cosa dedicada a Mary Hall (algunos la conoceréis como María, pero es mentira, en realidad Mary Hall, desde el capítulo de "La Boda", Mary Starkey, es su verdadero nombre). Vale, me dejo ya de chorradas porque es que... AYER FUE SU CUMPLE!!!! FELICIDADES! Si alguien no la ha felicitado aún, que la felicite, que dicen que hasta los 8 días, vale (eso es una excusa barata que dicen los que se les olvidan los cumples, pero bueno). Así que nada, que cumplas muchos más y que Ringo te ayude a celebrarlo. :P

En fin, yo ya me dejo de fastidiar, que al final os vais a cansar de mí, jajaja. Gracias por estar ahí y besotes! :D

martes, 12 de febrero de 2013

Capítulo 75: Todo puede cambiar


Las cosas se habían sucedido a una velocidad de vértigo, tan rápido que John aún no había llegado a asumir muchas de ellas por completo. Y es que, desde la muerte de Brian todo había cambiado, tanto a nivel profesional como, incluso, a nivel personal.

Primero había surgido la idea de encargarse ellos mismos de sus negocios, de todo aquello que les rodeaba, una idea que por fuera parecía que había ilusionado a todos pero que, en realidad, los aterraba. Y tanto que les aterraba, sobre todo a él… En realidad, lo único que pululaba por la mente de John desde aquel trágico suceso, era que el grupo se iba a ir a la mierda sin la mano de Brian. Sólo Paul, que parecía más dispuesto que los demás, estaba convencido de que las cosas podían y debían salir adelante.  Y esa determinación era precisamente otra de las cosas que habían  hecho cambiar las cosas. De este modo, mientras John estaba demasiado preocupado pensando en lo mal que iban a ir las cosas de ese momento en adelante, Paul parecía dispuesto a tomar las tornas de director de todo lo que se debía orquestar a partir de ese momento y de una manera nada sutil, por cierto. No es que le molestaran demasiado, todavía, aquellas ganas de Paul por tomar la batuta de los acontecimientos; él estaba demasiado apático y asqueado de todos los agobios que le había supuesto ser un Beatle en esos momentos como para preocuparse de aquello. No obstante, no iba a negar que aquello estaba haciendo mella en su relación…  De cada día estaban más fríos el uno con el otro y la amistad que en otros momentos les había parecido tan firme parecía ahora frágil, demasiado frágil. Además, estaba lo otro: Christine. Las cosas con ella no estaban bien, lo notaba, lo sabía. Y él, pese a que sabía que tenía en su mano el poder remediar las cosas, no tenía las fuerzas suficientes para hacerlo. ¿Cómo? ¿Cómo iba a dejar la mierda en aquellos momentos tan complicados? Él siempre había necesitado edulcorar la realidad para que su mente no le atormentara más de la cuenta y, en aquellos momentos sentía que lo necesitaba más que nunca. Y, pese a que sabía que Chris odiaba verlo colocado y que aquello estaba poniendo en peligro lo suyo, no tenía el valor suficiente para cambiar.

Pensando en todas esas cosas, John salió del Rolls y entró llamó a la puerta de Sunny Heights. Había quedado allí, con los demás, para hablar de una idea que Paul quería exponerles a los demás. A saber de qué se trataba…

No tardó demasiado en abrirle una ya muy visible embarazada Mary, que nada más verle esbozó una sonrisa.

-Hola, John.-le saludó.

-Hola. ¿Cómo va todo?

La chica soltó un ligero bufido antes de contestar mientras apoyaba sus manos en los riñones.

-Hinchada, de mal genio por las hormonas y con dolor de espalda; pero por lo demás, estupendo.-contestó con ironía haciendo que John soltara una pequeña carcajada con el comentario.-Entra, los demás ya han llegado.

-Entonces soy el último…

-Siempre lo eres, ¿no?-bromeó Mary haciéndose a un lado para que pasara.

John siguió a Mary hacia el comedor, desde donde se podían escuchar ya las voces de los otros tres. De entre ellas, destacaba la de Paul, que parecía emocionado a la vez que parloteaba sin cesar de algo que él aún no era capaz de entender.

-Hola, chicos. Aquí os traigo al que faltaba.-dijo Mary cuando entraron en el comedor dirigiéndose a los demás.-Yo me voy arriba a hacer mis cosas. Si queréis algo, me llamáis.

La chica salió de allí sin más y cerró la puerta tras de sí. John se quedó allí, plantado.

-Ya era hora, llevamos un buen rato esperando.-dijo Paul por todo saludo. Su voz sonó bastante más agria de lo que seguramente habría querido. Pareció darse cuenta de ello casi al instante y se apresuró a rectificar:-¿Cómo va todo?

Aquella corrección hizo sonreír a John. No obstante, no dijo nada al respecto: no tenía ganas de discutir nada más llegar.

-Va bien.-contestó sentándose en el sitio que quedaba libre en el sofá, justo al lado de George. Después, se sacó el paquete de tabaco del bolsillo y se encendió un cigarrillo con parsimonia.-Supongo que ya debéis de haber hablado sobre un montón de cosas, ¿no?

Paul no pudo evitar soltar un bufido que aún divirtió más a John. A veces, el hecho de ponerle de los nervios le proporcionaba un inmenso placer.

-Sí, ya hemos hablado de muchas cosas.-le contestó casi podría decirse con malos modos.

-Paul nos estaba contando la nueva idea que tiene en mente.-intervino Ringo que, como siempre, quería quitarle hierro al asunto.

-¿Ah, sí?-preguntó John mirándolo, primero a él y después a Paul.-¿Y qué es? ¿Ahora nos tenemos que disfrazar de animalitos para el próximo disco?

Paul se quedó mirándolo por unos segundos y, de repente y para sorpresa de John, soltó una carcajada. Él se limitó a dedicarle una media sonrisa mientras le daba una profunda calada a su cigarrillo.

-Lo de los animalitos no está mal…-convino Paul divertido.-Hemos de desarrollar esa idea, John. Pero ahora… Estaba hablando de otra cosa.

-¿Qué cosa?

-Una película.-contestó Paul con determinación.

-¿Cómo?

-¡Sí!-exclamó su amigo ilusionado.-Una película. Pero no como las que hemos hecho hasta ahora, para nada. Me refiero a una película que nosotros mismos “hagamos”, sin seguir las órdenes de nadie. Sin guiones, sin nada de esas mierdas que nos agobian. Quiero que sea una película diferente.

-Y tan diferente…-masculló él con escepticismo. A veces los proyectos de Paul lo dejaban un poco descolocado.-¿Y cómo se supone que vamos a sacar adelante eso?

-Lo sacaremos.-le cortó Paul con entusiasmo.-¿O es que a ti no te atrae la idea de hacer una película de rollo psicodélico? Algo que no se ha hecho hasta ahora, como hicimos con el Sgt. Pepper.

Por toda respuesta, John sonrió. No obstante, su sonrisa sólo era una burda máscara que trataba de ocultar su poca confianza en el proyecto que Paul acababa de proponerles. Miró a George y a Ringo. A juzgar por sus expresiones, ellos también opinaban lo mismo que él, pero Paul estaba cegado regocijándose en los detalles de su proyecto.

-Como quieras…-masculló él al fin poco convencido.

-¡Sabía que te gustaría la idea!-exclamó Paul contento.-Veréis… Pensaba en fletar un autobús y…

John apoyó su espalda en el sofá y desconectó del parloteo incesante de Paul. Tenía demasiadas cosas en la cabeza como para ponerse a pensar ahora en un proyecto del que, a fin de cuentas, acabaría conociendo todos los detalles tarde o temprano. Demasiadas cosas…

*******************************

-Oh, mierda…-masculló Christine por lo bajo cuando leyó la carta que le habían dejado sobre su escritorio en la redacción.

-¿Qué pasa?-preguntó Jordan.

El chico, que hasta ese momento había permanecido en silencio mientras ponía en orden sus fotos en la mesa de al lado, había parado en seco de trabajar y la miraba preocupado. Chris le dedicó una sonrisa tranquilizadora y blandió el sobre delante de él.

-Es por esto.-aclaró.-Es una invitación para la gala del periódico que hacen el viernes que viene. Y si te digo la verdad, no me apetece ir para nada…

-Entiendo.-contestó Jordan.-Son un aburrimiento, pero hay que cumplir. Yo tampoco tengo demasiadas ganas. Sólo son un montón de viejos aburridos regodeándose por lo bien que hacen su trabajo y martirizándonos a los más jóvenes con su mierda de discursos soporíferos.

-Vaya… Si ya tenía pocas ganas, después del alentador panorama que describes, creo que tengo muchísimas menos.-rió ella.

-Es cierto.-contestó Jordan encogiéndose de hombros.-Son una mierda, pero una mierda de las grandes. Por cierto… ¿te han invitado a ti sola o también a un acompañante?

-Con acompañante.

-¿Con quién irás?

-Pues si consigo convencer a John…-respondió la chica.-Obviamente no le contaré nada de lo que tú me has dicho o me deja plantada.

-Dile que se monta un fiestón de escándalo.-le rió la broma Jordan.-No quiero que falte. Por lo menos que esta mierda de gala me sirva para conocer al famoso John Lennon.

Chris se quedó mirándolo durante unas milésimas de segundos. Jordan parecía tener muchas ganas de conocer a John, pero, sin embargo, le asustaba la idea de aquel encuentro. Sabía que John no podía ver a Jordan ni en pintura y temía su reacción, siempre impredecible.

-¿Y tú? ¿Traerás a alguien?-preguntó ella cambiando de tema radicalmente. No quería seguir hablando de John.

-Como no traiga a mi perro…-sonrió el chico.- Iré solo, como siempre. ¿Sabes? Paso de traer a uno de mis ligues a una fiesta así. Tengo miedo de que salga corriendo.

-A uno de sus ligues, dice…-rió Christine.-Ni que tuvieras tantos…

-Créeme, hay más de los que tú, chica Beatle, te puedas imaginar…-le dijo guiñándole un ojo.

-Oh, vaya…-masculló ella fingiendo cara de asco.-Siento no caer rendida a tus pies ahora mismo, Casanova, pero no tengo tiempo. O acabo el artículo que en teoría debería estar haciendo ya o el director me corta la cabeza.

-Un gran ejemplo que yo también debería seguir…-comentó él antes de volver de nuevo a fijar la vista en sus fotos.-Por cierto, Chris, trabaja rápido. Porque como acabe yo con estas fotos antes que tú, te aseguro que te voy a molestar.

-Muy gracioso, Jordan…

El chico ya no contestó nada; había vuelto a concentrarse en la selección de las fotos que tenía delante. Chris sonrió, se estiró un poco los brazos y apartó el sobre con la invitación de delante de la máquina de escribir. Era momento de dejar atrás todas sus tribulaciones sobre aquella gala y volver al trabajo.

**************************

“Pues vale”. Aquella había sido la contestación que John le había dado a la vez que se encogía de hombros cuando Chris le había dicho que les habían invitado a la gala del diario. “Pues vale”. ¿Cómo podían aquellas simples dos palabras ponerla tantísimo de los nervios? La verdad era que hubiera preferido mil veces que John se negara en redondo u objetara cualquier cosa antes de que le diera aquella contestación tan apática. Odiaba verlo así. Desde hacía semanas parecía que le diera todo igual. A todo respondía con un “sí”, con un “vale” o con cosas por el estilo, sin demostrar el menor interés ni por nada ni por nadie. ¿Que su hermano proponía hacer una película que a él le daba igual? Pues vale. ¿Que su nuevo inseparable, Alex, quien por cierto a ella no le hacía nada de gracia, le decía de salir a sitios donde él antes ni siquiera hubiera querido pisar? De acuerdo. ¿Que ella le pedía que le acompañara a una mierda de gala? Como quieras. Era como si John hubiera optado por callar y encogerse de hombros, dejándose llevar por los demás, para encontrar aquella paz interior que tanto pregonaba aquel Maharishi que habían conocido.  O quizá la apatía en la que se sumía durante sus viajes de LSD había acabado por invadir también sus momentos, cada vez más escasos, de sobriedad.

-¿No vas a decir nada más?-preguntó ella incrédula a la vez que intentaba mantener a ralla sus nervios.-¿Vale? ¿Me acompañas? ¿Sin quejas ni nada por el estilo?

-¿Y qué quieres que te diga, Christie?-contestó él sin perder la calma.-Te han invitado a esa gala y quieres que vayamos, ¿no? Pues vale, vayamos. Ya está.

-¿Ya está?

-Ya está.-repitió él extrañado.

-Vale…-bufó la chica. Tampoco tenía ganas de ahondar más en el tema o aquello acabaría en una discusión segura.-Te advierto que quizá sea un poco aburrido.

-No será la primera gala aburrida a la que acuda en mi vida, tranquila.-sonrió él.

Aquella sonrisa hizo que Chris se olvidara por unos instantes de todas aquellas cosas que tenía en la mente así que, casi como de un instinto reflejo se tratara, se abrazó a él.

-Gracias.-sonrió.

-No hay de qué.

Y entonces John le dio un beso cálido, dulce. Un beso nada apático que demostraba muchas, muchas cosas. Chris sonrió cuando sus labios se separaron. Se querían. Aún había esperanza con John.

*********************************

La semana había pasado con una rapidez alucinante. Al menos, la locura de proyecto de Paul sobre aquella película le había servido para romper la tediosa rutina de estar sin hacer prácticamente nada en casa. Habían estado trabajando (si a aquello se le podía decir trabajar) en una serie de ideas para el film y, además, John había vuelto a sentir el impulso de componer. Después de aquella semana de actividad, John ya no creía que los Beatles estuvieran acabados tal y como había estado pensando desde que Brian había muerto de una manera tan repentina. Quizá sí que hubiera luz al final del túnel. Quizá sí que podrían seguir adelante sin acabar llenos de mierda.

Precisamente una de las cosas que más le fastidiaba en aquellos momentos era el hecho de no poder sentarse tranquilamente con su guitarra para intentar sacar algunos acordes para aquella canción que venía rondándole por la cabeza. No. No podía hacerlo porque tenía que acudir a aquella mierda de gala del periódico de Chris. Pero, pese a que aquello le diera mucha rabia, no quería quejarse delante de ella. No quería una discusión en balde. No era imbécil y sabía que las cosas entre ellos no estaban pasando por su mejor momento. No quería hacer tambalear los cimientos de lo que más quería en el mundo por una tontería.

-Voy a darme un baño antes de arreglarme, ¿vale?-preguntó de repente Chris asomando la cabeza por la puerta del estudio, donde estaba él.

-De acuerdo.-sonrió.-Ponte guapa.

John permaneció allí, quieto, hasta que escuchó como ella entraba en el cuarto de baño y cerraba la puerta tras ella. Esperó un poco más hasta que escuchó que abría el agua de la bañera y, entonces, se puso en pie casi de un salto. Estaba nervioso y tembloroso. Sabía perfectamente por qué era. Aquellos últimos meses había estado demasiado enganchado a la mierda y tenía la necesidad de meterse algo. El porro que se había fumado junto con Chris aquel mediodía no le había servido prácticamente de nada. Estaba tan acostumbrado a la marihuana que ya no le bastaba con eso. Necesitaba algo más, algo más duro, o acabaría la noche como un loco buscando una maldita dosis. No obstante, se había hecho a sí mismo la promesa de mantenerse lúcido ese día por ella. No quería amargarle la gala y sabía que si se metía ácido lo haría.

Nervioso, empezó a caminar de un lado a otro de la habitación, pensando. Entonces, una idea le cruzó por la mente. Vale, si se metía ácido Christine se lo notaría enseguida pero, pese a que el LSD fuera su dosis fetiche, había infinidad de cosas más que daban un viaje más “disimulado”. Con un poco de suerte, ella no notaría nada y, de ese modo, todo estaría bien.

Salió del estudio procurando no hacer demasiado ruido y entró en su habitación. Después, cerró la puerta con cuidado y abrió el armario. Enseguida vio la cajita de madera en la que guardaba todo. La agarró, la abrió y miró en su interior. Anfetaminas y demás pastillas, ácido, marihuana y cocaína. Su mirada se posó en el polvo blanco casi en el acto. Sí. Coca. No le gustaba demasiado, pero daba un colocón bastante limpio y si se esnifaba una buena raya estaba seguro de que sería capaz de disipar las ganas de meterse LSD.

No tardó ni un minuto en prepararse la raya, un rulo con un billete de veinte libras que tenía en la cartera y esnifársela. Después, se limpió los restos de polvo blanco de la nariz ante el espejo y sonrió. Ya casi podía sentir como los temblores y la ansiedad iban remitiendo poco a poco.

***********************************

El llegar a la gala acompañada por John había sido toda una odisea. Y es que, todos sus compañeros, prácticamente se habían abalanzado sobre ellos para conocerle en persona, aunque algunos de ellos estuvieran cansados de verle e incluso de participar en ruedas de prensa del grupo. Afortunadamente, John no estaba ese día especialmente sarcástico. Parecía incluso demasiado animado y, pese a que a Chris aquello le chocaba sobre todo teniendo en cuenta la apatía de las últimas semanas, podía decirse que por el momento todo estaba saliendo más o menos según lo había esperado.

-Hola, Christine.

La chica reconoció en el acto la voz de Jordan por detrás de ella y notó como se le revolvía el estómago: había llegado el momento de presentarle a John. No obstante, Chris dibujó enseguida una sonrisa fingida en su cara y se volvió.

-Hola, Jordan, ¿qué tal?-preguntó. No se le escapó la mirada que John le lanzó nada más escucharle pronunciar aquel nombre.

-Bien, genial. Disfrutando de la gala.-sonrió y después, bajando la voz hasta asegurarse que sólo John y ella lo pudieran escuchar, añadió:-Aburriéndome como una ostra.

Chris soltó una risita por lo bajo, aunque John no. La chica captó enseguida el mensaje. Lo mejor sería presentarlos cuanto antes e intentar demostrarle a John que Jordan no era más que un amigo.

-Por cierto, vosotros dos no os conocéis.-dijo.-John, él es Jordan, el chico que trabaja conmigo de fotógrafo. Jordan, éste es John.

-No necesitas muchas presentaciones, tío.-le saludó Jordan a la vez que le tendía la mano. John se la dio, titubeante.-Encantado.

-Encantado.-respondió John.-Chris me ha hablado bastante de ti. Ya tenía ganas de conocerte en persona.

-Lo mismo digo. Por cierto… ¿Os apetece que después de la mierda esta vayamos a tomarnos algo por ahí para quitarnos el mal sabor de boca que nos deje el aburrimiento?

-No sé…-masculló Christine dudosa.

-De acuerdo.-contestó John de repente para sorpresa de ella.-Salgamos a tomar algo por ahí después.

Chris se quedó mirando a John como si no lo conociera. A juzgar por su expresión y su tono de voz parecía estar incómodo con Jordan pero, por otra parte, acababa de acceder a su proposición. No sabía qué mierdas estaba pasando por su cabeza, pero la verdad era que aquello no le daba demasiada buena espina.

-Genial.-respondió Jordan, que parecía más contento que un niño con un juguete nuevo.-Y ahora, creo que deberíamos ir pasando al comedor… Parece que va a empezar la diversión. Creo que nos han puesto en la misma mesa. Por lo menos, nos reiremos por lo bajo un rato.

Chris agarró aire disimuladamente al escuchar aquellas palabras. Y encima estaban en la misma mesa… Perfecto. Si esa noche no se armaba, sería un milagro.

*************************************

A aquellas alturas de la noche, John ya estaba demasiado borracho como para ser consciente de cómo habían llegado hasta su casa después de soportar estoicamente aquel muermo de gala y de andar de local en local de Londres mientras se emborrachaban. Y, cómo no, allí estaba aquel maldito cabrón de Jordan, al que le iba pillando más y más asco conforme pasaban los minutos. De acuerdo, había sido él el que había aceptado su propuesta de salir por ahí después de la gala, pero no lo había hecho porque el chaval le cayera bien ni nada por el estilo. Lo único que quería John era ver cómo se comportaba el tipo aquel con su novia, observarlo.  Y aquella observación había dado sus frutos: aquel bastardo miraba a Chris como si fuera a tirarse sobre ella de un momento a otro. No le cabía la menor duda de que se la quería tirar. No obstante, lo peor de todo era que ella le seguía las bromas y las gracias y, pese a que su parte racional le había estado diciendo durante toda la noche que no lo hacía de una manera consciente, su parte irracional, que en esos momentos ya se había poderado de él por completo, le decía precisamente todo lo contrario.

-Joder, este whisky es de los mejores. Qué bueno que es ser rico.-dijo de repente Jordan a la vez que se servía un generoso vaso él mismo.-¿Queréis un poco?

-No, gracias.-le contestó Chris.

-A ella le va más el ron.-le cortó John secamente.-Y yo estoy demasiado borracho como para seguir bebiendo.

-Joder, pensaba que un tío como tú estaría acostumbrado a las emociones fuertes…-rió Jordan.

-Podría tumbar a cien niñatos como tú sin que ni siquiera se me moviera un pelo.-le cortó John a la defensiva.-Pero ahora no tengo ganas de seguir bebiendo, ¿vale?

Jordan se lo quedó mirando un tanto extrañado y balbuceó un leve “lo siento” casi imperceptible. Chris también lo miraba, entre asustada y sorprendida. No obstante, él no hizo el menor caso de sus miradas y empezó a hurgar por los bolsillos de su pantalón hasta que encontró la papelina con coca que había tenido allí guardada toda la noche. La puso sobre la mesa de delante del sofá con un golpe.

-John.-le reprochó Chris a su lado.-Eso…

-Esto es coca, pequeña.-le aclaró él.-Y necesito meterme una buena raya para que se me baje la borrachera que llevo. A lo mejor a ti también te vendría bien y a tu amigo ya ni te cuento. ¿Te apetece, chaval?

Jordan titubeó un poco antes de contestar.

-No, gracias. No me meto…

-Ya, ya.-rió John.-No te metes mierdas ilegales. Pensaba que a un tío como tú no le asustaban estas cosas…

-John, para ya.-le cortó Chris a su lado.

-Tranquila…-rió John mientras empezaba a prepararse la raya sobre la mesa.-Sólo le estoy ofreciendo un poco de mierda a nuestro invitado. Pensé que le gustaría.

Nadie le contestó mientras esnifaba.

-¿Seguro que no queréis?-preguntó él en tono burlón cuando acabó. A aquellas alturas ya había perdido por completo el control sobre lo que decía.

-Seguro.-contestó Jordan, que lo miraba con los ojos abiertos como platos.

John soltó una risita divertido y se dejó caer sobre el respaldo del sofá. Otro silencio se hizo entre los tres, pero a él no le pareció nada incómodo. Al contrario, le divertía en cierta manera.

-¿Quieres hielo, Jordan?-preguntó de repente Chris al cabo de unos segundos. Era evidente que lo hacía por romper la tensión, pero John no lo entendió de aquella manera.

-Sí, cariño.-le contestó él antes de que Jordan ni siquiera tuviera tiempo a abrir la boca.-Ponle hielo, pero no sólo al whisky, también a sus pantalones. Creo que le hace falta…

-¡John!-le gritó ella nerviosa.

-No te alteres, pequeña.-sonrió él con malicia pasándole la mano por la cara.-Sólo digo lo que veo. Y veo que a tu colega Jordan se la pones muy dura…

Christine le apartó la mano de su cara violentamente y lo miró desafiante. John simplemente se limitó a reír antes de volverse para mirar a Jordan. El chico estaba rojo como un tomate y miraba la escena incrédulo.

-¿Verdad que mi niña está buena?-le preguntó John cargado de veneno.-¿Verdad que sí? ¿A que te la follarías si pudieras?

-John, yo… Chris…-titubeó Jordan, que no sabía dónde meterse.

-Chris te la pone dura y te la quieres follar.-le espetó él casi escupiendo las palabras.-¿O ya te la has follado?

-¡Por favor, John!

-Creo que te has equivocado conmigo.-se apresuró a decir Jordan.

-Pues yo creo que no. No me he equivocado. ¡He visto como la miras, joder! ¡¿Te crees que soy subnormal?!

-Christine es sólo mi amiga y…

-Tu amiga, ya. Y yo, como soy imbécil, me lo creo.-le cortó John poniéndose en pie casi de un salto.-Lárgate de mi puta casa. Ahora.

-¡John! ¡No tienes derecho a…!-le gritó Chris levantándose ella también.

-¡Tú cállate, maldita puta!

No fue consciente de lo que había gritado con todas sus fuerzas hasta que vio la mirada de Chris. Entonces, al comprender lo que había hecho, sintió como la rabia se apoderaba de él por completo. La había cagado. La había cagado por culpa de aquel maldito bastardo que aún estaba sentado en su sofá y que lo miraba con cara de gilipollas, así que, sin pensárselo dos veces, agarró a Jordan por la solapa de su camisa y lo levantó de allí con violencia, dispuesto a descargar contra él toda la mierda que él tenía adentro.

-¡Te he dicho que te largues, joder!-le gritó empujándolo hacia afuera del comedor con furia y haciendo que el chico trastabillara y cayera en el suelo torpemente.

-¡Maldita sea, John!-le gritó Christine detrás suyo.-¡Déjalo estar!

-¡No lo defiendas, joder!-le espetó él fuera de sí antes de agacharse y levantarlo de nuevo con más fuerza aún.-¡Y tú, lárgate de aquí, hijo de puta! ¡Fuera de mi casa! ¡Fuera!

Lo empujó con toda la fuerza de la que fue posible hacia la puerta de casa y lo echó de su casa, ciego de rabia. Después, cerró la puerta fuertemente y se apoyó sobre la pared, con la respiración agitada. Aún escuchó como aquel cabrón bajaba apresuradamente por las escaleras antes de volverse a poner derecho y dirigirse de nuevo hacia el comedor, todavía sintiéndose capaz de cometer la mayor de las locuras. No obstante, la visión que tuvo al entrar le hizo poner los pies en el suelo de repente. Allí, en el sofá, Christine lloraba como una niña pequeña, sin consuelo posible, hecha un ovillo y temblorosa. Fue entonces cuando tomó plena consciencia de lo que había acabado de ocurrir allí. Fue eso, y no la cocaína, lo que le hizo bajar la borrachera de repente.

-Pequeña…-balbuceó con un hilillo de voz. Se sentía tan imbécil que hasta el mero hecho de escucharse hablar así mismo le producía arcadas.-Yo no…

La chica no contestó. John se acercó hacia ella y, con miedo, le pasó la mano por el pelo.

-¡No me toques!-le gritó ella nada más sintió su contacto.

-Christie, pequeña, yo…

Antes incluso de que pudiera terminar de balbucear algo con sentido, Christine se volvió hacia él y lo miró, con rabia. Tenía los ojos rojos e hinchados y había algo en su mirada que lo hizo estremecer. Y es que, por primera vez desde que se conocían, Chris le estaba mirando con verdadero odio. Un odio visceral. Un odio que se clavaba dentro de él como un cuchillo afilado. Casi de manera automática, John apartó la mano de su pelo y bajó la mirada, incapaz de sostenérsela ni un segundo más.

-Yo no quería…-intentó excusarse.

-Cállate.-le cortó ella.-Aunque sea por una maldita vez en toda tu vida, cállate.

Chris se puso en pie lentamente y empezó a caminar hacia la puerta del comedor. John levantó la cabeza y la miró. Entonces, un enorme escalofrío recorrió su espalda.

-¿Adónde vas?-preguntó sin poder ocultar una nota de miedo en su voz.

Ella se volvió y lo miró, de nuevo, con aquella frialdad indescriptible.

-Me voy a la cama.-contestó.-Tranquilo. No tendrás que compartir cama con una puta esta noche, me iré a otra habitación.

-¡Christie, sabes que yo…!

-Yo ya no sé nada, John. Nada.-le cortó ella.-Mañana hablaremos. A mí tampoco me apetece ahora tener conversaciones con un borracho drogata.

Sin decir, ni una palabra más, Christine salió del comedor dejándose a John allí solo. Y entonces, cuando escuchó la puerta de la habitación que solía usar Julian cuando estaba con ellos cerrarse con violencia, dio un furioso golpe contra la mesa. ¿Cómo podía ser tan estúpido? ¿Cómo?

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Apenas habían despuntado las primeras luces del alba cuando Christine se levantó de la cama. No había dormido en toda la noche. No había podido hacerlo con la cantidad de lágrimas y de pensamientos que la habían acosado durante sus horas allí encerrada en aquella pequeña habitación. Mucho menos cuando por fin había tomado plena consciencia de que todo el mundo, su padre, sus hermanos, todos, habían tenido razón cuando le habían dicho que enamorarse de John era lo peor que podía hacer en la vida. ¿Y qué podía hacer ella? Lo amaba. Lo amaba con todas sus fuerzas y estaba segura de que jamás podría llegar a querer a nadie de ese modo, pero, por otro lado, el estar con él había pasado de ser todo un cuento de hadas a un verdadero infierno. Aquello no podía seguir así.  Simplemente, no podía hacerlo.

Y por mucho que le doliera, por mucho que sintiera como se rompía en mil pedazos por dentro, Christine había tomado una decisión. No. No iba a consentir que nadie arruinara su vida. Nadie.

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John no se había movido del comedor en toda la noche y apenas podía pensar con claridad. Se sentía mal, muy mal, y no sabía qué podía hacer para remediarlo.

-Hola.
La voz de Chris le sobresaltó y se giró hacia ella inmediatamente. Había estado tan pendiente de sus propios pensamientos que ni siquiera se había dado cuenta de que Christine había entrado en el comedor y lo estaba mirando desde la puerta. Continuaba con los ojos rojos e hinchados y ofrecía un aspecto deplorable, casi tanto como el que debía de ofrecer él. Era evidente que se había pasado toda la noche llorando.

-Hola.-le devolvió él el saludo.-¿Cómo estás?

La chica agarró aire antes de contestarle.

-Es evidente que mal. John… Tenemos que hablar.

El sonido de aquellas tres palabras le traspasó como si fuera una espada.  No obstante, intentó permanecer tranquilo y asintió con la cabeza.

-Hablemos.-susurró al fin.-Christie, sabes que yo te…

-Para un momento, John.-le cortó ella sin apenas voz a la vez que se sentaba a su lado en el sofá.

-¿Qué ocurre?

La chica negó con la cabeza antes de contestar.

-No quiero que hagas esto más difícil de lo que ya es, ¿vale?-dijo casi en un susurro.

John la miró. Su ojos se habían empezado a inundar de lágrimas y él, a su vez, sintió como un incómodo nudo se le hacía en la garganta. No era idiota y sabía por dónde iban a ir los tiros, aunque se resistiera a aceptarlo.

-Chris…-susurró él.-Mira, hagamos una cosa. Olvidemos esto. Olvidemos todo lo que pasó anoche. Iniciemos una nueva vida, ¿sí?

Ella lo miró, sin mediar palabra. Una lágrima rebelde se le escapó y él se apresuró a limpiársela con el pulgar.

-No me llores. No soporto verte así.-continuó él.-Pequeña, empecemos de nuevo. Desde cero. Solos tú y yo. Olvidémonos de ese Jordan, del maldito periódico, de todo, e intentémoslo así.

-No lo entiendes, ¿verdad?-dijo ella con la voz temblorosa mientras otro par de lágrimas rodaban por sus mejillas.-Crees que todo se reduce a que deje el periódico, a que no vuelva a ver a Jordan… ¿Y qué cambiaría eso, eh? Dímelo.

John se quedó mirándola durante unos segundos, aunque no contestó.

-No contestas porque sabes que no cambiaría nada.-continuó ella.-No contestas porque sabes que el problema no es Jordan, ni el periódico, ni nadie más que no seamos tú y yo. El problema está en que tú y yo nos hemos vuelto incompatibles, John. Ése es el problema.

-No es cierto.-le cortó él asustado.-No somos incompatibles. Eso es mentira.

-No es mentira.-le replicó ella.-No lo es. Míranos, ¿quieres? Tú te pasas todo el día colocado y yo no sé cómo acercarme a ti sin provocar una pelea.

John calló durante unos instantes, meditando la respuesta.

-Dejaré la mierda.-susurró él en un intento desesperado por evitar lo que parecía inevitable.-Lo dejaré, te lo prometo.

La chica lo miró a los ojos, analizándolo, y negó con la cabeza.

-¿Cuántas veces me has dicho eso antes? ¿Diez? ¿Doce? Y yo no… No puedo creerte, John. Ya no puedo.

-Chris… No puedes…-balbuceó él.-Te amo. Te amo y lo sabes.

-Y yo a ti también, Johnny.-le contestó ella ya llorando sin molestarse por evitarlo.-Te amo, te amo muchísimo, pero no podemos seguir así. Nos estamos matando mutuamente.

-Christie…

John intentó abrazarla, pero ella lo apartó con suavidad.

-No puedo, John. Lo siento.-susurró.-Yo ya no…

Él se quedó mirándolo durante unos segundos, unos segundos en los que el pánico se apoderó de él.

-¿Qué es lo que quieres decir?-preguntó al fin con un hilillo de voz.

Chris se puso en pie antes de contestar, hecha ya un mar de lágrimas.

-Creo que será mejor que nos tomemos un tiempo.

-¿Quieres dejarlo?-preguntó él asustado.

-Necesito pensar en todo. Y creo que tú también.-contestó ella.-He recogido lo que me es imprescindible. Ya enviaré a alguien para que recoja el resto de mis cosas…

-Joder… No te vayas.-susurró él poniéndose en pie de un salto y situándose frente a ella. Le agarró las manos con suavidad-Chris, por favor, te quiero. No me dejes.

Ella le apartó la mirada, llorando. Se mordió el labio inferior en un vano intento por dejar de llorar y volvió a con la cabeza.

-No puedo, John.-dijo al fin separándose de él.-No puedo. Por favor, no me hagas esto más difícil.

No fue hasta aquel momento que John se dio cuenta de que ella ya tenía una pequeña bolsa preparada junto a la puerta del comedor. Aquella visión, lo dejó helado. El hecho de tener allí las cosas a punto para irse sólo ponía en evidencia que Christine ya había tomado su decisión desde antes incluso de hablar con él.

John sólo pudo mirarla incrédulo, casi en estado de shock, mientras ella agarraba sus cosas, se ponía la chaqueta y se encaminaba hacia la salida de casa. Chris se volvió para mirarle una última vez antes de salir por la puerta. Seguía con los ojos anegados en lágrimas, dolida y frágil como nunca antes la había visto en toda su vida. Pero aún así, pese a que durante unas milésimas de segundo John albergó la esperanza de que volviera a entrar y se fundiera en un abrazo con él, ella se volvió a dar la vuelta y salió de casa.

El ruido de la puerta al cerrarse le rompió por dentro. Fue peor que un balazo. Fue peor que nada. Y entonces, exasperado, John apoyó su espalda en la pared y se dejó caer en el suelo antes de arrancar a llorar. Ya no había vuelta atrás. La había perdido. Se había acabado. Christine ya no iba a ser más su pequeña. John Lennon volvía a estar asquerosamente solo.



Sí. Antes de que alguien me mate, que sirva de consuelo que en estos momentos me mataría a mí misma por lo que acabo de escribir y publicar. De verdad que a mí más que nadie me ha dolido en el alma hacer esto, pero en fin, la trama es la trama y hay que seguirla… :(
Respecto al capi en sí, tampoco es que sea lo mejor que he escrito en mi vida, por lo que pido disculpas. Espero que me entendáis. Es un capi que escribo así con reparos porque no me gusta nada lo que ocurre, así que… Ha quedado esta… cosa. Pero bueno, menos da una piedra, no? Jajajajaja.
Y bueno, yo, por mí, nada más, sólo que os mando un hipermegasaludo a todas y que ya sabéis que os quiero mucho por estar ahí, leyendo y/o comentando y haciendo feliz a esta personita que os escribe desde aquí y que promete compensaros esta cosa de hoy más adelante con capis menos lacrimógenos, jajajaja.
Saludos, genias! :)