miércoles, 11 de abril de 2012

Capítulo 37: La entrevista


Gwen entró en el despacho del director con el corazón latiéndole a mil por hora. No era para menos, en aquella entrevista se jugaba mucho, demasiado, quizás. Temerosa, miró hacia el interior, donde un hombre de mediana edad, de aspecto afable y algo grueso, la estaba esperando detrás de un escritorio repleto de cosas.

-Tú debes de ser Gwendolyn, ¿verdad?-le dijo.

-Sí, señor.-contestó ella con un hilillo de voz.

-Encantado de conocerte, Gwendolyn. Yo soy Ray Amstrong, el director de la escuela.-se presentó.-Siéntate y ponte cómoda.

Gwen esbozó una leve sonrisa y se sentó en una de las dos sillas que había frente al escritorio.

-Gwendolyn Delilah Montrose…-masculló el hombre ojeando por encima lo que Gwen supuso que sería su historial académico.-De Liverpool… Buena ciudad.

-Sí, señor.-respondió sin estar muy convencida de ello.

-Y muy de moda últimamente desde que esos chicos salieron de allí…-continuó el director mirándola fijamente.

Gwen tragó saliva sin saber qué contestar. Lo cierto era que no sabía muy bien si aquel comentario había sido casual o había ido con segundas intenciones, pues desconocía si aquel hombre sabía que la mano del propio George Harrison estaba detrás de todo aquello.

-Sí, lo cierto es que se ha hecho muy famosa desde entonces.-contestó finalmente intentando mantener su misma expresión en la cara.

El director se limitó a asentir y continuó mirando los folios de su expediente.

-Veo que tus calificaciones son muy buenas hasta ahora, sobre todo en lo que a arte de refiere. Y además que estás estudiando en uno de los mejores institutos de arte de Liverpool… ¿Por qué ese deseo de cambiarte a nuestra institución tan avanzado el curso estando como estás en ese centro?

-Verá…-empezó a decir Gwen intentando parecer decidida.-Reconozco que mi actual escuela es muy buena, con mucha calidad, pero creo que no se hace mucho hincapié en ciertos movimientos artísticos que para mí son clave…

El director le dedicó una mirada penetrante.

-¿A qué te refieres exactamente?-preguntó apoyando su barbilla en las manos.

-A los movimientos artísticos de nuestros días.-respondió la chica con contundencia.

-Quizás se deba tener un profundo conocimiento de los movimientos de otras épocas para entender bien lo que se está haciendo en nuestros días…

Gwen le dedicó una mirada significativa. Sabía por dónde quería ir. Quería hacerla dudar, pillarla. Pero no lo iba a conseguir.

-Por supuesto que sí. Es preciso estudiar muy bien todo lo que se ha hecho hasta ahora, pero tampoco se puede obviar lo que se está haciendo hoy por hoy. El arte, si me permite decirlo, no acaba con el Impresionismo.

El hombre esbozó una sonrisa y asintió mientras volvía a apoyar su espalda en el respaldo de la silla.

-Me gusta tu actitud, Montrose.-dijo.-Y déjame decirte algo: en esta escuela lo que se intenta evitar es precisamente eso. Somos plenamente conscientes de que actualmente se están haciendo cosas interesantísimas que no merecen ser ignoradas, y eso precisamente es lo que queremos transmitirles a nuestros alumnos… Además, viendo cómo está tu expediente, supongo que no puedo ni debo poner ninguna objeción a que ingreses en nuestra escuela pese a que el curso ya está muy avanzado. La única cosa que te pido es que pongas el máximo interés por ponerte al día con lo que estamos viendo en clases, aunque creo que no tendrás demasiados problemas en eso…

-No lo dude, señor Amstrong.-contestó Gwen sin apenas voz. Las palabras del director la habían pillado tan por sorpresa que apenas era capaz de articular palabras de manera coherente. Jamás hubiera esperado que la admitiesen tan así como así.-Pondré todo mi empeño en ello. No les defraudaré.

-Sé que no lo harás.-sonrió el hombre.-Y recuerda que antes de irte has de pasar por Secretaría a recoger tu horario de clases y la lista de los materiales que necesitarás. Teniendo en cuenta que es viernes, lo ideal sería que te incorporaras a clase el lunes, así tienes tiempo a prepararte bien. Es un placer tenerte aquí con nosotros, Gwendolyn.

******************************

George estaba esperando impaciente en su coche. Desde que Gwen había entrado en aquella escuela no podía evitar desviar la mirada cada cinco minutos hacia la entrada, impaciente. Y de aquello hacía más de una hora. ¿Por qué tardaba tanto? Al fin y al cabo, para saber si la admitían o no, tampoco hacía falta tanto tiempo. ¿Quizás estaban haciéndole alguna especie de examen o algo? No tenía ni idea. Lo único que sabía era que la espera lo estaba matando.

Con un suspiro, apoyó la cabeza en el asiento del coche y cerró los ojos, intentando relajarse. Con aquella actitud, lo único que estaba consiguiendo era ponerse histérico de verdad, así que lo mejor sería desconectar un poco. Aún no llevaba ni cinco minutos en aquella posición, cuando unos golpecitos suaves pero insistentes en el cristal del coche, le sacaron de su ensoñación. Abrió los ojos de repente y se giró. Una muy sonriente Gwen estaba mirándole a través del cristal.

-¡Ya estás aquí!-exclamó saliendo del coche rápidamente.-¿Qué? ¿Cómo ha ido?

Por toda respuesta Gwen se acercó a él y le plantó un suave beso en los labios, feliz como pocas veces la había visto antes.

-¿Tú qué crees?-le preguntó la chica esbozando una sonrisilla.

-Muy feliz te veo yo…-sonrió George también.-No creo que te hayan dado malas noticias…

-¡Premio!-exclamó la chica abrazándose a él-¡Me han aceptado! ¡Empiezo lunes!

-¡Genial!-rió George.-¡Lo sabía! ¡Eso hay que celebrarlo!

******************************

Christine salió de la universidad dos horas antes de lo que tocaba aunque, por primera vez en toda su vida, no se estaba saltando clases por placer. No, aquella vez no. Aquella vez era porque tenía una entrevista de trabajo media hora después en un pub cerca de donde vivía Paul. Vale, no era el empleo del siglo, pero necesitaba el dinero desesperadamente para pagarse los estudios.

Subió al metro sumida en sus pensamientos, intentando imaginarse la reacción de su hermano al saber que estaba buscando empleos basura o, peor aún, la reacción de John. Pero bueno, tal y como había dicho en su momento, era su decisión y deberían tragar con ella, por mucho que se enfadaran.

Llegó delante de la puerta del pub cinco minutos antes de la hora fijada para la entrevista y entró. Una mujer que limpiaba el interior del local se la quedó mirando fijamente de arriba a abajo.

-Hola.-saludó ella esbozando una de sus mejores sonrisas.-Me habían citado para una entrevista de trabajo a esta hora.

-El despacho del jefe está al fondo. Es la puerta que encontrarás a la derecha.

Chris le dio las gracias y se encaminó hacia donde le había indicado la escueta mujer. La puerta estaba cerrada, por lo que la chica llamó con los nudillos.

-Adelante.-dijo una voz masculina desde dentro.

-Buenos días, soy Christine Mohin.-saludó Chris abriendo la puerta. Había usado deliberadamente el apellido de soltera de su madre para evitar cualquier asociación con Paul. - Me había citado para una entrevista.

-Ah, sí, para el puesto de camarera que ha quedado libre…-dijo el hombre, un sujeto con bastante mala pinta que ni siquiera levantó la vista para mirarla.-Pasa y siéntate.

Christine agarró aire y le hizo caso. Bien, ahora la suerte estaba echada. Esperaba conseguir aquel trabajo, por muy asqueroso que fuera.

*****************************

-¿Pero tú… pero tú… pero tú estás tonta o qué te pasa?-gritó más que preguntó Paul levantándose bruscamente del sofá.

-Paul, no montes un drama de todo esto…

-¿Drama? ¡¿Drama?! ¡Tu hermano tiene razón! ¡Ni de coña te vas a poner a trabajar en ese antro! ¡Por encima de mi cadáver!

-Pues ve pegándote un tiro para que pueda pasar por encima de tu cuerpo muerto, Lennon, porque sí que voy a trabajar ahí.

-Olvídalo. No voy a dejar que mi chica trabaje en un sitio como ése.

-Ni que fuera un club de alterne…

-¡Que no trabajas ahí y punto!

-¿Ah, no? ¿Por qué? ¿Porque tú lo digas?

-¡No porque él lo diga, Christine!-interrumpió Paul.-¡Porque es una gilipollez! ¡De hecho es la gilipollez más grande que he oído en mi vida! ¿Por qué coño no me habías dicho lo del dinero de la matrícula, eh?

-Porque no quiero que además de mantenerme encima me pagues la carrera, ¿te vale eso?

-Esto es increíble…-bufó John al lado de ella dejándose caer en el sofá.

-¿Cómo que no quieres que te pague la carrera? Vamos a ver, por si no lo sabías… ¿De dónde crees que salía el dinero que te pagaba TU carrera en Liverpool? ¿De la pensión de papá? ¡No seas ridícula!

-No es lo mismo.

-Por supuesto que lo es.

-No lo es. Tú le das a papá un dinero, ¿no? Y él decide cómo gastárselo. Si decidía con ello pagarme los estudios era cosa suya.

-En mi vida he conocido a nadie tan cabezota como tú, ¡joder!-gritó Paul.

-Más cabezota soy yo y he dicho que no trabajas ahí.-intervino John mirándola.-Mañana mismo me paso por la mierda de universidad esa y pago la jodida matrícula de los cojones, lo quieras o no.

-Si haces eso a mí no te acerques después.-le contestó ella secamente dedicándole una mirada glacial.

-¿Una amenaza?

-Una sentencia. Te juro que si haces eso no te vuelvo a dirigir la palabra en mi vida, Lennon.

-Déjala, John, de todas maneras mi hermana siempre ha hecho lo que le ha dado la gana.-dijo Paul con desprecio remarcando las últimas palabras.-¿Ahora quiere jugar a ser una chica independiente? Pues ale, que juegue y que le aproveche.

-No juego a nada.-espetó ella con dureza mirando a su hermano.-Sólo que me fastidia mucho que entre uno y otro me tengáis tan sobreprotegida. Puedo valerme por mí misma, ¿vale?

-Pues vale. Cuando te canses de tu papel de chica responsable, me avisas y te pago lo que te quede por pagar.-le contestó Paul saliendo del comedor enfadado.

-¡Eres un imbécil!-le gritó ella antes de que su hermano cerrara la puerta con un fuerte portazo.

-Yo flipo contigo.

Christine se giró y miró a John a los ojos. Parecía enfadado, aunque más lo estaba ella. Odiaba que no la tomaran en serio.

-Y yo aún flipo más con vosotros. ¡Sólo me han contratado para dos puñeteras noches a la semana! ¿A qué viene todo este espectáculo?

-Viene a que no tienes ni puta idea de lo que es que una tía como tú trabaje en un pub como ése.-contestó John severo.-¿Sabes lo babosos que pueden llegar a ser los tíos?

-Ah, claro, ya salió.-dijo ella indignada.-Tú y tus jodidos celos. Por muy babosos que sean no me los voy a follar, tranquilo.

-¡No me estoy refiriendo a eso!

-¿No? ¡Pues yo creo que sí!

John le dedicó una fría mirada, pero a los pocos segundos, relajó su expresión, cosa que a Chris la sorprendió muchísimo.

-Vale, sí. En parte es eso.-dijo al fin con voz suave pasándole la mano por el pelo.-Pero lo que en realidad me jode es que no voy a poder verte ni los jueves ni los viernes por la noche…

Chris lo miró antes de contestar. Sabía lo que John intentaba hacer en esos momentos: chantaje emocional. No obstante, el verlo en plan cariñoso hizo que ella también se relajara, aún a sabiendas de que no era más que una maniobra para convencerla.

-No es para tanto…

-Sí lo es. Estoy acostumbrado a estar contigo la mayor parte del tiempo posible y no me gusta la idea de que…

-John, no te pongas en plan melodramático… Sabes que nos vamos a ver igual y que esto no afecta para nada a lo nuestro.

-Pero…

-No hay peros que valgan.

-Paul tiene razón: eres la persona más cabezota que me he echado a la cara.-dijo él volviéndose a molestar al ver que no había conseguido lo que quería.

Christine soltó un bufido de fastidio y se levantó de su lado justo en el momento en el que el teléfono empezaba a sonar de manera insistente.

-Voy a contestar.-dijo alegrándose para sus adentros por aquella interrupción.

John se quedó mirándola seriamente mientras ella descolgaba el teléfono, sin decir ni una palabra.

-¿Sí?

-¿Chris?-preguntó una voz femenina al otro lado del teléfono.

-Sí, soy yo.

-Hola, soy Penny.

-¡Ah, vaya! ¡Eres tú!-exclamó ella evitando de manera intencionada no pronunciar el nombre de la chica. Era una reacción tonta y casi infantil, pero no le apetecía que John supiera quién llamaba aunque sabía que eso le ponía de los nervios. Era, quizás, su manera particular de vengarse de él.

-He encontrado tu teléfono por ahí y me preguntaba si te apetecía venir a tomarte una cerveza.

-Por supuesto que me apetece.-contestó Chris.-¿Cómo quedamos?

-En la esquina de mi casa hay un local bastante agradable… ¿Te va bien allí dentro de media hora?

-Me va perfecto. Nos vemos.

Las dos chicas se despidieron y Chris colgó el teléfono.

-¿Quién era?-preguntó John apenas hubo colgado.

-Joder, pareces de la CIA.-masculló ella.

John soltó un bufido.

-Algún día me pondré yo a quedar con tías a tus espaldas a ver si te hace gracia.

Christine le dedicó una mirada de odio.

-¿Eres idiota o qué? Yo no quedo a tus espaldas con ningún tío. Para tu información he quedado con Penny para tomarme una cerveza.

John cambió su expresión de repente y se apresuró a ponerse en pie.

-Joder, pequeña, lo siento…-susurró acercándose a ella.-Soy un imbécil, lo sé.

-No hace falta que me lo jures.-contestó ella aún molesta con él, aunque dejándose abrazar.

John soltó una pequeña risita y le dio un beso en el pelo.

-Estás muy guapa cuando te enfadas…

-Odio que me digas eso...

-¿Por qué? Si es verdad…

-Pues porque me haces gracia y se me pasa el enfado… ¡Y no me da la gana desenfadarme contigo tan pronto!-contestó ella intentando contener la risa.

-Si es que no te puedes resistir a mis encantos…

Chris soltó una risita y se separó de él.

-Me largo, John, he quedado.-dijo dándole un pequeño toque en la nariz.-Vete con el idiota de mi hermano y componed mucho.

-Adiós, peque. Pásalo bien.

-Adiós, guapo.

******************************

John salió del comedor justo cuando oyó la puerta de la casa cerrarse. Chris ya se había ido. La verdad es que estaba bastante cabreado aunque no se lo hubiera querido demostrar a Christine. Se había propuesto desde la última vez suavizar sus maneras y evitar los numeritos de machito, pues sabía que con ella no iban a ninguna parte. No obstante, le fastidiaba primero que ella se pusiera a trabajar en aquel antro sin importarle para nada lo que él opinara al respecto y, segundo, que se lo dejara allí plantado como a un idiota para irse con esa tal Penny. Vale, en teoría había ido allí para enseñarle a Paul un par de temas que tenía a punto, pero, para qué negarlo, también había ido allí para estar con ella.

-¿Cabreado?-preguntó Paul cuando lo vio aparecer con cara de pocos amigos en la cocina.

-Ni te lo imaginas. Ahora entiendo cuando decías eso de que tu hermana te ponía de los nervios…-masculló de mala gana.-Pero bueno, como tú dices, no vale la pena discutir con ella.

-¿Tú diciendo eso? ¡Joder, Johnny, quién te ha visto y quién te ve!-dijo Paul divertido.

-No me jodas, Macca, que con ella me he aguantado, pero contigo no creo que sea capaz de contenerme…

-Vale, vale, vale… Tranquilo, gallito…-rió Paul.-¿Y la señorita de la casa? ¿Ya se ha ido con Penny?

-¿Y cómo sabes tú eso?-preguntó él extrañado.

-Porque he escuchado la conversación que han tenido por teléfono…

-¡¿Espías a Chris?!

-No, no, no… Sólo ha sido casualidad. Yo he ido a responder desde aquí la cocina cuando ella ha contestado y… Bueno, la conversación ha sido tan corta que no me ha dado tiempo a colgar.

-Joder, Paul, ya te vale… ¿Escuchas también cuando yo llamo o qué?

-¿Con el asco que dais los dos por teléfono? ¡Ni de coña! Pero ya te digo… Lo de ahora ha sido un accidente…

-Sí, sí… Un accidente… Y… ¿Qué le ha dicho la Penny esa?

-¡Oye! ¿No me estabas riñendo hace un rato por escuchar conversaciones ajenas?

-Yo no he reñido a nadie, McCartney. Y ahora para de decir chorradas y contesta.

Paul soltó una risita.

-Bah, cuatro tonterías… “Hola, soy Penny” y “Quedamos a tomarnos una cerveza en el bar de la esquina de mi casa”… ¿Contento?

-Contentísimo.

-Ahora, ¿me enseñas esa mierda de canciones que me traes?

-No, ahora me dices dónde vive la Penny esa.

-Joder, John… No me digas que vas a ir a…

-A ver a mi chica.

-Te va a matar.

-No lo hará.-rió él.-Venga, Paul, dame esa dirección.

-Está bien.-bufó Paul.-Pero yo no te he dicho nada de esto, ¿entendido?

***************************

Mary miró a Ringo contrariada. No se esperaba que le propusiera algo así tan pronto.

-Ni lo sueñes.-dijo al fin.

-¿Pero por qué no?-preguntó él mirándola de manera suplicante.-¡Es la oportunidad perfecta!

-No, no es la oportunidad perfecta. Es demasiado pronto.

-¿Pronto? Pero si llevamos meses juntos. Además, estoy harto de ir escondiéndome por ahí cuando estoy contigo… Ya es hora de que hagamos lo nuestro oficial, ¿no crees?

Mary calló durante unos segundos y fijó su vista en el suelo.

-¿Qué pasa?-quiso saber Ringo preocupado mientras le acariciaba el pelo.

-Pasa que… me da miedo todo esto.-contestó ella con un hilillo de voz sin levantar la vista. Se sentía sumamente agobiada y tenía la sensación que de un momento a otro iba a ponerse a llorar.

Mary notó como Ringo la abrazaba, aunque ella permaneció allí, inmóvil.

-Princesa…-susurró él.-No tienes porqué tener miedo de nada…

-Me asusta lo que diga la gente de mí…-contestó ella en un arrebato de sinceridad.

-¿Y qué más da lo que digan de ti?-preguntó él obligándola a mirarlo a los ojos.-Yo te quiero y eso es lo único que importa. Y cuanto antes lo sepa todo el mundo, muchísimo mejor.

Mary lanzó un breve suspiro.

-Visto así, parece fácil, pero…

-Pero nada.-le cortó él sonriendo dulcemente.-Además, ¿quién sería capaz de no querer a una chica como tú?

-Ritchie…

-¿Entonces qué? ¿Quieres acompañarme a esa gala benéfica?

Mary lo miró a los ojos y dudó antes de contestar. Aparecer con él en un acto público suponía confirmar y hacer oficial su noviazgo y era plenamente consciente de lo que aquello significaba: fans locas, prensa acosando… Pero, no obstante, la inmensidad de aquellos ojos del color del mar la hicieron olvidarse por completo de todo aquello. Y es que quizás Ringo tenía razón al decir aquello de que sólo importaba lo que ellos dos sintieran.

-Sí.-contestó finalmente asintiendo con la cabeza.-Te acompañaré a esa gala.

******************************

Penny lo estaba pasando bastante bien. Lo cierto era que Christine no parecía hermana del idiota de McCartney, aunque, aún así, no podía dejar de ver ciertos parecidos entre los dos ahora que conocía su parentesco. Estaban a punto de apurar sus cervezas mientras reían y fumaban sin parar un cigarrillo tras otro cuando, de repente, Penny vio como un tipo con barba, sombrero y gruesas gafas se acercaba a su amiga por detrás.

-Buenas, pequeña.-dijo el tipo dándole un beso a Chris ante la mirada perpleja de Penny.

Christine se quedó mirando al tipo divertida y soltó una inmensa carcajada.

-¡John! ¿Pero qué haces aquí?-preguntó la chica divertida.

-Vengo a que me invites a una cerveza.

-Anda, siéntate, pedazo de tonto.-rió Christine señalándole la silla que quedaba libre a su lado.-¿No se supone que tú debías estar con mi hermano?

-Se supone, pero prefiero estar con otros miembros de la familia… Por cierto, hola Penny.-saludó el chico cuando se sentó.

Penny lo miró bien y fue entonces cuando lo reconoció: aquel tipo no era otro que el famoso John Lennon, aunque, debía admitirlo, iba perfectamente disfrazado. Sólo había sido capaz de reconocerlo por la voz y, sobre todo, por haber atado cabos. Ya sospechaba que Chris y John Lennon estaban liados desde que los vio juntos aquella noche a la salida del Ad Lib y que ahora, un tal John se presentara delante de ella, le plantara un beso y encima la saludara a ella por su nombre, sólo podía significar que aquel tío con aspecto casi lamentable que tenía enfrente era él. Pero… ¿qué puñetas había ido a hacer allí? Se suponía que había quedado con Christine, no con él, y aquello le fastidiaba mucho. Seguro que aquel mequetrefe se había presentado allí para cotillear y controlar de qué hablaban las dos.

-Hola, Len…

-John.-se apresuró a cortarle Chris antes de que ella acabara de pronunciar su apellido.

-Vaya… Veo que me recuerdas. Te veo ágil, Penny.-dijo él con sorna antes de pedir una cerveza al camarero.

Penny le dedicó una mirada furibunda. El tono de recochineo que había usado en sus palabras no le había hecho ni pizca de gracia.

-¿Y de qué estaban hablando las dos preciosidades estas?-preguntó John cuando se fue el camarero.-¿De mí?

-Sí, claro.-le cortó Penny con sarcasmo.-No teníamos otra cosa mejor que hacer.

-Uuuh… Veo que estás igual de agresiva que la otra noche…-contestó John esbozando una sonrisilla burlona que a Penny le dio muchísima rabia.

-Quizás es que tú incitas a la agresividad, Johnny.-bromeó Chris intentando quitarle hierro al asunto.

-¿Incito a la agresividad? Vamos a ver, colega, ¿quieres guerra?-bromeó John mirándola.

-Sí. Ya sabes que me encanta la guerra.

-A mí también. Contigo y en la cama.-contestó él haciendo que Christine se pusiera roja como un tomate. Después, volviéndose hacia Penny, preguntó:-¿Y tú qué tal estás?

-Bien hasta hace unos cinco minutos.-contestó ella con total sinceridad mientras esbozaba una sonrisilla sarcástica.

-Cualquiera diría que no te caigo bien…

-Yo también te veo ágil hoy, John.-le contestó ella devolviéndole la frase de antes.

-¿Ni siquiera si te invito a un par de cervezas puedo caerte un poco mejor?-preguntó él poniendo cara de niño bueno por debajo de aquel disfraz.-Que conste que he venido adrede para congraciarme contigo.

-Sí, seguro…-masculló Chris por detrás.

-Te lo digo en serio, Christie…-dijo él seriamente.-Después de la que tuvimos la otra noche, no me apetece estar a malas con una de tus amigas… He creído que lo más correcto era venir, invitaros a un par de copas y enterrar el hacha de guerra. ¿Qué te parece, Penny? ¿Amigos?

Penny lo miró atónita. Vale, podría ser que Christine se tragara aquel cuento chino, pero a ella no la iba a engañar tan fácilmente. Simplemente había ido allí para controlar y estaba segura de que a John le importaba un carajo estar a buenas o a malas con ella.

-Está bien.-contestó al fin intentando ir por la vía diplomática. Tampoco quería que Chris se sintiera incómoda con todo aquello.-Enterremos el hacha de guerra. Pero de ahí a llamarnos “amigos”, va un mundo.

-Por ahora me conformo con eso.-contestó John apartándose para que el camarero le pusiera delante la cerveza que había pedido antes.

-Bueno, mejor para mí.-dijo Chris sonriendo.-No me apetece ver rodar cabezas todavía.

Por toda respuesta, Penny esbozó una sonrisa. Pese a sus palabras, no se sentía cómoda con Lennon allí sentado a su lado y si por ella hubiera sido, se habría largado de allí ya. No obstante, decidió esperar un poco más para no quedar mal. Quizás el tiempo justo para buscar una excusa convincente que le permitiera desaparecer de allí y dejar a aquella atípica pareja sola…

****************************

Gwen miró a su alrededor, satisfecha. Aquella inesperada cena sorpresa le recordaba muchísimo a una de las noches más felices de su vida, la de su cumpleaños unos meses antes. La diferencia era que esta vez estaban en Londres, todos juntos, sin expectativas de separarse y una ausencia destacada, todavía dolorosa, y mucho, pero que ya parecían haber asumido todos los allí presentes, incluso el propio Paul.

-¿Y cómo se lo han tomado tus padres?-le preguntó Mary, que estaba sentada a su lado.

-Pues mejor de lo que creía, la verdad, aunque creo que mi padre guardaba la esperanza de que no pasara esa entrevista y me volviera de nuevo a Liverpool con la cabeza gacha.-contestó ella divertida.

-Bah, tranquila, ya se acostumbrarán a que estés aquí en Londres…

-Más les vale, porque no tengo intenciones de volver más que por vacaciones.

-¡Un segundo, gente!-gritó John de repente mientras se ponía en pie interrumpiéndolos a todos.-¡Joder! ¡Nuestro Ringo me acaba de dar una noticia que casi me caigo de culo! ¡A partir de la semana que viene tendremos al primer Beatle con novia formal!

-¿Qué?-se extrañaron Gwen y Chris mirando a Mary.

-Pues eso, que lo vamos a hacer oficial…-contestó la chica ruborizándose.

-¡De puta madre!

-Enana, esa boca…

-Calla, Paul, como si tú no dijeras nunca tacos…-le espetó Chris a su hermano.

-¿Y cómo lo vais a hacer?-quiso saber Gwen.

-Me va a acompañar a una gala benéfica a la que me han invitado.-respondió Ringo.

-¿Y no había otro sitio más asquerosamente aburrido al que llevar a tu chica? Ya te vale, Starkey…-rió George.

-No será para tanto…-dijo Mary.

-Y tú mucho hablar, George, pero a ver cuando hacéis vosotros oficial lo vuestro, ¿eh? Que ya estáis tardando…-bromeó Ringo.

-Bueno…-masculló George poniéndose serio de repente.-Sólo será cuestión de tiempo. Y de poco tiempo, creo yo.

Gwen se lo quedó mirando casi con la boca abierta. No podía creer lo que George estaba diciendo. ¿Se estaba planteando ya sacarla en algún acto oficial y “presentarla en sociedad”?

-¿Cómo dices?-balbuceó ella finalmente.

-Pues eso, que será cuestión de poco tiempo que la gente vea que hay algo entre nosotros. De hecho, vives conmigo y yo, por mi parte, pienso decir la verdad si me preguntan.

Aquellas palabras, de tan sentidas como las había pronunciado George, le llegaron muchísimo a Gwen que, por toda respuesta, le plantó un intenso beso en los labios delante de todos los demás. El beso, y podía jurarlo, más apasionado y a la vez dulce que había dado en toda su vida.


Aquí estoy de nuevo! Sí, sí, ya sé que tardé más de la cuenta y todas esas cosas, pero es que con esto de las vacaciones he estado que ni entraba en casa... En fin, ¿y vosotr@s qué? Espero que bien, que os hayáis comido la mona, el conejo de pascua, el huevo de chocolate o lo que sea que se coma en vuestra zona bien a gusto, que hayáis aprovechado para recargar pilas y, sobre todo, que lo hayáis pasado de putísima madre (sí, lo sé, soy una malhablada...). 
Y bueno, yo por mí, nada más, me despido no sin antes agradaceros que estéis ahí siempre, fieles mías y amantísimas, leyéndome, comentandome y haciendo que esto vaya para adelante. Os quiero, guap@s!
Muak! 


jueves, 29 de marzo de 2012

Capítulo 36: Conversaciones incómodas

-¿QUÉ?-exclamó Penny cuando escuchó a Chris decir que Paul McCartney era su hermano mayor. Ahora le encajaba todo. ¡Con razón la primera vez que se encontraron le había intentado convencer sobre la calidad del último disco de aquellos mequetrefes!

-Pues eso, que éste es Paul, mi hermano.-le contestó la chica con fingida naturalidad. No obstante, se notaba a la legua que también estaba sumamente incómoda con aquella situación.

-Un momento, un momento, un momento…-interrumpió Paul dirigiéndose directamente a su hermana.-¿De qué puñetas conoces TÚ a ÉSTA?

-Oye, para el carro, guapito, tengo nombre.-le espetó Penny antes de que a Chris le diera tiempo ni siquiera a abrir la boca.

Paul le dedicó una mirada de reojo pero ignoró por completo sus palabras.

-Venga, hermanita, contesta… ¿de qué coño conoces tú a ésta?-insistió enfadado.

Chris se quedó mirándolo durante unos instantes antes de contestar.

-No te importa, Paul.-le replicó duramente.-No sé desde cuándo debo darte explicaciones sobre quiénes conozco y quiénes no, pero te aseguro que no te las voy  a dar ahora.

Penny sintió una inmensa oleada de satisfacción al ver la cara de tonto que se le quedó a Paul. Sólo por aquello, el enfado que tenía con Chris desde que se había enterado de su “secreto”, se le evaporó como si nada.

-Pero peq… Christie...-intervino John. A Penny no se le escapó que iba a referirse a Chris de otra manera (peq… ¿qué?) y aquello se le antojó cuanto menos, extraño.-Tampoco es para que te pongas así.

-Por supuesto que lo es, John.-le contestó ella.-Me llamas para que venga a recogeros porque Paul se ha metido en líos y cuando llego aquí me encuentro a dos borrachos que se han dedicado a molestar e insultar a una persona a la que casualmente conozco y que encima me cae bien.

-No vamos tan borrachos como todo eso. Y creo que no sabes ni la mitad de la historia porque no creo que hablaras de ese modo si…

-Me da igual, John. Larguémonos a casa.-le interrumpió Chris haciendo que John soltara un bufido de fastidio. Después, volviéndose hacia Penny, añadió:-Siento mucho que nuestro segundo encuentro haya sido así… Lo siento mucho, de verdad. Y perdónales, están demasiado borrachos como para…

-Tranquila.-les respondió ella.-Pero lástima te tengo por tener que aguantar a este par…

Paul iba a decir algo pero la mirada glacial que le dedicó su hermana hizo que se lo pensara mejor y callara. Después, Chris le dedicó una sonrisa a Penny a modo de despedida y se alejó de allí con los dos.

Penny los miró detenidamente mientras se dirigían al coche. Paul iba detrás de John y Chris, mientras que aquellos dos, por su parte, se dedicaban a hablar casi entre susurros entre ellos mientras caminaban juntos, demasiado juntos, quizás. Había algo raro en todo aquello, no sabía el qué, pero creyó adivinarlo cuando vio como John miraba a Christine antes de subir al coche… Lo que le faltaba por saber, la chica con la que se había hartado a porros hacía unas semanas y que tan bien le caía no sólo era la hermana del tío más imbécil sobre la faz de la tierra, sino que además estaba liada con el segundo ser más idiota del mundo. Definitivamente, aquello era para volverse loca.

***********************************

Justo cuando abrió los ojos, John sintió una punzada de dolor en la sien. Chris tenía razón cuando le había dicho que la noche anterior iba demasiado borracho. Miró a su alrededor. Al principio se sintió un poco desubicado, pero al cabo de unos segundos reconoció la habitación de la chica, en casa de Paul. Sí, ahora lo recordaba: se había quedado a pasar la noche allí con ella después de conseguir, no sin cierto esfuerzo, que Chris olvidara su enfado con él por el incidente con la tal Penny.

-Buenos días, marmota.-le saludó Christine.

John la miró y esbozó una sonrisa. Se estaba acabando de vestir.

-Deja en paz a Chucky…-dijo John aún con la voz pastosa.-¿Cómo está hoy mi pequeña?

Christine se acercó a él y se agachó para darle un beso en los labios.

-Supongo que mejor que tú. ¿Y tu resaca? ¿Cómo la llevas?

-Se me ha quitado al verte…-le contestó él guiñándole un ojo.-Pero no grites mucho ni abras las cortinas, por favor.

La chica le rió la broma y se sentó a su lado.

-¿Te apetece comer algo?

-Sí, a ti.

-¡John! ¡Hablo en serio!

-Y yo también.

-No tienes remedio, loco.-rió la chica revolviéndole el pelo aún más de lo que lo tenía.-Voy a preparar algo de desayuno. Vístete y baja.

-¿No puedo bajar desnudo?-bromeó él.

-Por mí no hay problema… Lo que no sé yo es si a Paul y a la señora Hobbes que debe andar por abajo limpiando les emocionará la idea…-le replicó ella sacándole la lengua.

John soltó una sonora carcajada a la vez que Chris salía de la habitación y se levantó de la cama. Buscó su ropa con la mirada. No le costó encontrar ni la camisa ni los pantalones que llevaba el día anterior tirados por el suelo. Lo miró con cara de fastidio. No le apetecía para nada ponerse aquello aunque no le quedaba otra. Debería traerse algo de ropa limpia allí; de todas formas, era bastante habitual que pasara muchas noches con ella en Cavendish Avenue, así que lo mejor sería eso.

Se vistió en cuestión de minutos y bajó a la cocina. Christine estaba concentrada haciendo unas tostadas y ni siquiera se percató de su presencia. John aprovechó aquello y se le acercó por detrás sigilosamente.

-Insisto en que a mí lo que más me apetece comer ahora es esto…-le susurró al oído antes de darle un beso en el cuello.

-¡Mierda, John! ¡Qué susto me has dado!-rió ella.

-¿Eso es para mí?- preguntó él alargando la mano hacia un plato de tostadas recién hechas.

-¡Quita tus manazas de ahí, Lennon! No se come hasta que se está en la mesa.-bromeó la chica dándole una palmada en la mano.

-¡Mimi, por favor, sal del cuerpo de Chris!

Los dos soltaron una carcajada al unísono antes de que John se lanzara como un loco a besarla.

-Oh, por favor… ¿No se supone que tú estabas enfadada con él?

Chris y John interrumpieron su beso y se giraron hacia la puerta de la cocina, donde Paul estaba apoyado mirándolos con cara de asco.

-¿No es evidente que se le ha pasado el enfado?-le preguntó John mirándolo con una sonrisa burlona en los labios.

-Pues vaya… Si que se desenfada mi hermana pronto. Has cambiado mucho últimamente, ¿no, Chris?

-Para tu información, con John ya no estoy enfadada, aunque sí contigo. Así que no cantes victoria porque tú y yo tenemos una conversación pendiente, James Paul McCartney.-le cortó Chris medio en serio medio en broma.

-Oh, vale, siento no poder arreglar mis asuntos contigo con sexo como hace el aquí presente.

-Eso, tú arréglalo aún más con tus comentarios asquerosos.-le replicó la chica.-¿Desayunamos, John?

-Por supuesto, pequeña.

Los dos agarraron las tostadas y la cafetera con café recién hecho y se sentaron en la mesa de la cocina. Paul, por su parte, les siguió y se sentó también con ellos ante la mirada reprobatoria de su hermana.

-Tampoco hace falta que me mires así…-refunfuñó mientras alargaba el brazo para servirse una de las tostadas.

-No te miro de ninguna manera.-replicó la chica.-Y por cierto, creo que no hay suficientes tostadas para todos, así que ya sabes lo que hay que hacer.

John no pudo reprimir una risita cuando vio la cara que puso Paul.

-Joder, pues sí que estamos bien.-dijo Paul enfadado.-Había olvidado lo borde que podías llegar a ser.

-No soy borde, sólo realista. Aquí sólo hay desayuno para dos y tú tienes dos manitas igual que tengo yo, ¿no?

Paul no contestó nada, simplemente se limitó a soltar un bufido de fastidio mientras se levantaba y se dirigía al otro extremo de la cocina para prepararse su desayuno.

-¿No crees que te estás pasando?-le preguntó John en un susurro cuando Paul se alejó unos pasos de ellos.-Hay comida de sobra para los tres…

-No.-le respondió ella resuelta mientras se untaba una tostada con mantequilla.-La próxima vez que se calle y que no se haga el graciosote con sus comentarios.

-Pero…

-John, come y calla. Y como te dejes algo te lo hago tragar a la fuerza.-bromeó ella guiñándole un ojo.-Tendremos que disimular y hacer como que la comida estaba justa, ¿no?

John soltó una risita antes de que Paul se acercara otra vez hacia ellos con un paquete de galletas en la mano.

-Ale, MI desayuno.-dijo mientras se sentaba de nuevo.-Y si a alguno de vosotros dos, cabronazos, se le ocurre tocar aunque sean las migajas de MIS galletas, le corto la mano.

-Tranquilo, a nadie le apetecen galletas prefabricadas y con sabor a cartón pudiendo desayunar como Dios manda.-le replicó Chris divertida.

-Qué graciosa…

-Mi niña es muy graciosa siempre, ¿eh, Paul?-le picó John.

-Tú calla, que también eres tan culpable como yo de lo de anoche. Aunque claro, tú con dos besitos la convences…-le espetó Paul cortante antes de darle un mordisco a una de sus galletas.-¡Mierda, qué asco! Sí que sabe a cartón, joder… ¿Quién ha comprado esto?

Chris y John no pudieron evitar empezar a reírse como dos niños pequeños.

-Venga… Te dejaré comer de esto si me prometes hablar como un ser civilizado de lo de anoche.-dijo la chica mirando a su hermano.

-No creo que haya dada de que hablar.

-Que te aprovechen tus galletas de cartón, hermanito.

-¿Y de qué puñetas quieres hablar?

Chris soltó una risita.
-Veo que alguien se lo está repensando, ¿eh?-dijo divertida.-Pues quiero que reflexiones sobre lo que hiciste ayer… ¿Crees que estuvo bien que te comportaras de ese modo?

-Chris, no me jodas, pareces mamá hablando de ese modo…

-Déjate de milongas y contéstale a mi chica.-intervino John intentando contenerse la risa ante aquella situación.

-Lennon, te recuerdo que ésta a la que llamas “tu chica” es también mi hermana.-le respondió Paul.-Y creo que tú también deberías estar incluido en esta conversación porque venías conmigo.

-Yo ya tuve mi sesión anoche, Paul.-le contestó él pacientemente después de darle un sorbo a su café con leche.-Así que ahora te toca a ti.

Paul soltó un bufido y después, volviéndose hacia su hermana, contestó:

-No, no estuvo bien, ¿contenta?

-Para nada. Creo que le debes una disculpa a Penny.

-¡¿Qué?!-exclamó él.-¿Qué? ¿Ya te has fumado de buena mañana los porros de éste?

-No me he fumado nada, Paul.-le contestó ella.-Pero reconoce que te portaste como un energúmeno, tú más que John.

-Sí, claro, ahora resulta que John es santo…

-Por supuesto que lo soy.-rió John mirando divertido a su amigo.

Chris agarró aire antes de continuar.

-No me apetece que vayas haciendo el gilipollas por ahí y menos con gente que me cae bien…

-Eso, eso…-le cortó Paul.-A ver, ¿de qué os conocéis la Penny esa y tú?

-De la noche que salió conmigo al Ad Lib.-fue John el que contestó. La noche antes había escuchado pacientemente toda la historia de cómo Chris y Penny se habían conocido después de que ellos tuvieran aquella monumental discusión.

-¿O sea que tú también la conocías?-preguntó Paul extrañado mirando a su amigo.

-No, fue después de que se marchara a casa.-contestó Chris posiblemente después de ver la expresión de incomodidad que él había puesto. Aún le resultaba un poco incómodo hablar de esa noche que casi les había costado su relación y le agradeció la intervención.

-Entiendo…-masculló Paul.

-La cuestión no es ésa.-continuó la chica.-La cuestión es que tú sabes muy bien que le debes una disculpa. No quiero que piense que eres más imbécil de lo que eres en realidad.

-Ahí te han dado, Macca.

-¿Quieres callar, Lennon?-dijo Paul enfadado.

-Y bien, ¿te vas a disculpar como el buen chaval que eres o prefieres quedar como un gilipollas inmaduro delante de ella?-le preguntó Christine.-John lo hizo anoche y tampoco se ha muerto ni nada por el estilo, así que no creo que te cueste tanto.

Paul bufó y se quedó mirando a su hermana durante unos segundos.

-Está bien.-dijo finalmente.-Está bien, lo haré. Dime dónde puedo encontrar a la Penny esa y me disculparé…

*******************************

George estaba tranquilamente en el jardín de su casa, aprovechando el sol de la mañana para practicar con el sitar al aire libre. Jamás se cansaba de tocar aquel instrumento, como tampoco se cansaba nunca de aprender y conocer nuevas cosas sobre la cultura oriental. Y es que todo aquello, simplemente, le fascinaba.

Estaba tan sumamente concentrado con el sitar que apenas se dio cuenta de que el teléfono estaba sonando insistentemente en el interior de la casa. Cuando por fin se percató de ello, George se levantó de un salto y se fue corriendo a contestar.

-¿Sí?-dijo cuando descolgó aún con la respiración agitada por la carrera que se había pegado hasta allí.

-¡George!-le dijo Gwen al otro lado del teléfono.-¡Tengo una noticia genial!

-No me lo digas…-contestó él emocionado.-¡Te vienes!

-¡Sí! ¡Aún no sé cómo pero parece que he convencido a mis padres para que me dejen ir a esa entrevista!

-¿Ves? Y tú que estabas tan pesimista…

-No era para menos, tú no viste cómo se puso mi padre cuando se lo comenté… Aún anda medio cabreado, por cierto, pero ya se le pasará.

-Eso espero…

-Lo peor es que dice que quiere hablar contigo.-le comunicó Gwen con voz débil.

George tragó saliva. ¿El padre de Gwen quería hablar con él? Seguro que no iba a ser para felicitarle o para agradecerle la preocupación que mostraba por su hija…

-Pues hablaré con él.-contestó finalmente fingiendo que la cosa no iba con él y, después, haciendo alarde de un valor que no sentía en absoluto, añadió:-¿Está ahora en casa?

-George…

-Tranquila Gwen… Si está en casa y quiere hablar conmigo qué mejor que lo aclaremos cuanto antes, ¿no crees?

-¿Pero tú estás seguro? Igual después se le olvida y… Recuerda que está aún un poco enfadado con todo esto…

-Te he dicho que tranquila. Me llevo bien con tu padre, así que no debe haber ningún problema. Venga, pásamelo.

-Como tú quieras… Pero que conste que has sido tú el que me lo ha pedido…

George sonrió y esperó pacientemente a que Gwen fuera en busca de su padre. Sólo fue cuestión de un minuto o dos, pero lo cierto es que le dio tiempo a pensar en muchas cosas e incluso contempló fugazmente la posibilidad de colgar, aunque borró de inmediato esa absurda idea de su cabeza. Al fin y al cabo aquel enfrentamiento iba a llegar y mejor quitárselo de encima a poder ser ya.

-¿Sí?

La voz grave de su suegro le pilló por sorpresa, tanto que apenas pudo reprimir dar un pequeño saltito.

-Hola Trevor, soy George.-contestó fingiendo a la perfección que estaba tranquilo.

-Ya sé quién eres.-le contestó el hombre de malas maneras.-¿Qué quieres?

-Pues…-dudó él. La dureza con la que Trevor le estaba hablando le estaba poniendo de los nervios.-Gwen me ha dicho que quería hablar conmigo.

-Y tanto que quiero hablar contigo, chaval, y tanto que quiero… Mira, escúchame: no sé qué es lo que pretendes, pero más te vale que cuides bien de mi niña cuando vaya a Londres, ¿de acuerdo?

-Por supuesto que sí, señor.-se apresuró a responder George.-Ya sabe lo que siento por Gwen y que yo jamás sería capaz de hacerle ningún daño.

-Por tu bien, espero que así sea.-le cortó el hombre.-Y otra cosa: si no pasa esa entrevista, Gwen se vuelve a Liverpool inmediatamente, ¿entendido?

-Entendido.

-Así me gusta. En una semana estará por allí, supongo que ya te lo contará ella con más detalles. Adiós, George.

A George apenas le dio tiempo a despedirse antes de que Trevor colgara el teléfono sonoramente. Se quedó así, con el teléfono aún en la oreja reflexionando sobre lo que su suegro le acababa de decir. Por un lado estaba contento; en menos de una semana tendría lo que tanto había deseado, tener a Gwen allí. Pero por otro lado, estaba inmensamente preocupado. ¿Qué pasaría si Gwen no pasaba esa entrevista? Aquella era su única oportunidad para que la chica pudiera quedarse en Londres y jamás le había gustado jugárselo todo a una sola carta. Aun así, la realidad era esa, así que no tenía otra que esperar a que Gwen consiguiera sorprender y convencer a la directiva de aquella escuela de arte… Ojalá todo saliera bien.

*********************************

-¿De qué te ríes?-le preguntó Ringo a Mary cuando se sentaron en uno de los bancos de Kensington Gardens, cerca del lago Serpentine.

-De ti.-contestó la chica entre risas.-Pareces algo con ese bigote y esas gafas de culo de vaso que te has puesto hoy.

Ringo se acercó a ella y le plantó un beso en los labios.

-Lo cierto es que la gente nos mira mal…-dijo el chico sonriendo.-Apuesto a que la mayoría se están preguntando qué hace una chica tan bonita como tú con un tío tan feo y decrépito como yo.

-¡Anda ya, Ritchie!-rió ella dándole una palmada en el pecho.

-Pero lo de feo y decrépito es por el disfraz, ¿eh? Que yo en realidad soy un sex-symbol…

Mary soltó una risita.

-Por supuesto que lo eres…-contestó con ironía.

-¡Ey! ¿Qué significa ese tono de voz? ¿Es que acaso no lo soy?-preguntó Ringo haciendo una mueca que hizo a Mary volver a reírse.

-Oh, sí, cariño, Paul Newman a tu lado es sólo un montón de estiércol…

-¡Oh, por favor! ¿Eres…?

Mary se volvió molesta hacia la voz que les había interrumpido. Durante las primeras milésimas de segundo había creído que se trataba de una fan avispada que pese al disfraz había logrado reconocer a Ringo. No obstante, cuando la chica aquella inició la pregunta reconoció enseguida aquella voz, aquel tono odioso y estridente que a ella tantas náuseas le causaban, y adivinó de quién se trataba incluso antes de verla.

-Mel…-masculló ella.

Ringo cambió su expresión por completo. Mary lo miró detenidamente. Se notaba que estaba muy incómodo con aquel encuentro debido a las discusiones que había provocado anteriormente Mel entre ellos dos.

-¡Por supuesto que eres tú!-exclamó Mel acercándose a ellos.-Aunque vayas genialmente disfrazado, yo sería capaz de reconocerte en cualquier sitio… Te conozco tanto…

Mary le dedicó una mirada de asco. Sí, claro, ahora quería hacerles creer que lo había reconocido por sus propios medios y no porque ella estuviera sentada a su lado.

-Hola Mel, sí soy yo.-le respondió Ringo secamente.

-¡Qué casualidad que nos cruzáramos por aquí! Aunque lo cierto es que esperaba veros más cuando me viniera a Londres… ¿Sabes que estoy iniciando una carrera musical? ¡De aquí nada incluso tocamos juntos!

Ringo se la quedó mirando, sin contestar, mientras Mary observaba la escena alucinando por la capacidad que tenía la Mel esa de hacer como que ella no existía.

-Se lo dije a John una noche que coincidí con él, igual te lo ha dicho, pero me tuve que marchar pronto, ya sabes, cosas que pasan.

-Cosas como bofetones que te dan novias de tíos con los que tonteas, ¿no?-le espetó Mary sin poderse contener. Sabía lo que había ocurrido entre Chris y Mel aquella noche y no pudo callarse aquello.

-¿Cómo?-le preguntó Mel levantando una ceja.

-Lo que oyes.

-Oye Ritchie… ¿Se puede saber qué le pasa a tu novia conmigo?

Mary sintió como la sangre le hervía en las venas. ¿Cómo era capaz de tener la cara tan dura? Le dedicó una mirada severa a Ringo esperando su respuesta.

-Mel…-masculló Ringo.-Mary y yo nos tenemos que ir ya. Se está haciendo muy tarde y…

-Claro que sí, iros, no vaya a ser que lleguéis tarde a donde tenéis que ir…

-Adiós.

Ringo tomó de la mano a Mary y los dos se levantaron del banco, alejándose de allí en silencio.

-Joder…-murmuró Ringo entre dientes cuando salieron del parque.-¿Es que esta tía no va a dejarnos en paz nunca?

Mary lanzó un suspiro y apoyó su cabeza sobre el pecho de Ringo. Ella también pensaba exactamente lo mismo. Lo peor era que tenía la sensación de que aquellos encuentros “casuales” con Mel no habían hecho nada más que empezar…

*****************************

Paul detuvo su Aston Martin justo delante de la dirección que su hermana le había indicado. Se quedó mirando fijamente la puerta de la finca en cuestión, todavía desde dentro del coche, pensando en si debería bajar o, por el contrario, irse de allí y regresar a casa fingiendo que sí que se había disculpado con la tal Penny. No por falta de ganas, desechó bastante pronto esta última idea. Y es que, si Chris volvía a coincidir con Penny, ésta podría decirle que aquella famosa visita jamás había llegado a producirse y ya estaban las cosas bastante tensas entre su hermana y él como para encima añadir algo más.

De este modo, Paul bajó del coche de mala gana y se dirigió hacia el portal. Era una finca bastante bonita, en un barrio bueno de Londres y sólo a diez minutos en coche de su propia casa. A juzgar por aquello, la Penny esa debía tener bastante dinero, cosa que le sorprendió bastante cuando recordó las pintas descuidadas que lucía la chica la noche anterior.

-Buenas tardes, señor, ¿puedo ayudarle?-le preguntó amablemente el portero de la finca cuando lo vio entrar en el edificio.

Paul lo miró brevemente y esbozó una media sonrisa. ¡Portero y todo! Definitivamente, Penny era una tía con dinero.

-Sí, gracias.-contestó educadamente.-Busco a la señorita Penny…

El portero hizo un primer esbozo de poner cara de pocos amigos, pero entonces pareció reconocerle.

-Disculpe que le pregunte esto, señor, pero es usted…

-Sí.-confirmó Paul antes de que el hombre acabara la frase.-Soy yo.

-Oh, vaya… Mi hija le admira mucho. Está todo el día escuchándoles. ¿Le importaría firmarme un autógrafo, por favor? Obviamente, si tiene prisa no tiene por qué…

-Descuide. No me importa en absoluto. ¿Tiene papel y boli?

El hombre le acercó un trozo de papel y una pluma y Paul le firmó un autógrafo a Evelyn, la hija del portero.

-¿Sabe dónde está el piso de Penny, señor?-preguntó de nuevo devolviéndole el autógrafo.

-Oh, claro, disculpe. La señorita Penelope Rogers vive en el quinto piso, puerta A. Ahí tiene el ascensor.

-Muchísimas gracias.

-Un placer, señor McCartney.-se despidió el hombre antes de que Paul subiera al ascensor.

No le costó distinguir para nada la puerta A cuando bajó del ascensor pues quedaba justo enfrente. Con paso decidido y casi sin pensárselo, Paul se plantó delante de la puerta y llamó al timbre dos veces. Cuanto antes acabara aquello, muchísimo mejor.

-Pero… ¿Qué coño haces tú aquí?-fue lo primero que dijo Penny nada más abrió la puerta, mirándolo de arriba a abajo.-¿Cómo has llegado hasta aquí?

-Tranquila, vengo en son de paz.-dijo Paul esbozando una de sus sonrisas de galán.-Mi hermana me ha dado tu dirección.

-Tu hermana me caía bien hasta ahora.-contestó la chica de mala gana.-Pasa o se me va a escapar la perra.

Efectivamente, un perro bastante grande que Paul reconoció enseguida como un bobtail, estaba detrás de la chica, pugnando con ella por salir de la casa. Penny la agarró por el collar y la obligó a apartarse para que Paul pasara.

-Y bien. Ya me dirás a qué has venido.-le dijo ella a bocajarro.

-Creo que te debo una disculpa. Anoche bebimos más de la cuenta y la situación se nos fue de las manos, sobre todo a mí… Además, estoy pasando por una situación muy difícil y…

-No me vengas con cuentos, Don Perfecto.-le cortó Penny mirándolo con cara de pocos amigos.-De todas maneras te agradezco que hayas venido hasta aquí sólo para disculparte, para que veas que yo no soy tan maleducada como otros

Paul soltó un bufido. Aquella chica le ponía de los nervios y gustoso le hubiera dicho cuatro frescas, pero se contuvo.

-Entonces, lo pasado, pasado, ¿no?-dijo finalmente.

-Así es.-afirmó la chica.-¿Algo más?

-Bueno, sí, un encargo de Chris.-dijo hurgando en el bolsillo de su chaqueta.-Éste es el teléfono de mi casa, bueno, ella también vive allí conmigo… Dice que la llames cuando te apetezca, que lo pasó muy bien contigo y tal...

-Vale, gracias.-contestó Penny agarrando el papel que le tendía Paul.

-Bien, yo me voy a casa, pues.-dijo Paul abriendo la puerta de nuevo.-Por cierto, bonita perra.

-Sí, muy bonita. Adiós.

Paul salió de allí y cerró la puerta tras de sí con una sonrisilla más de alivio que de otra cosa. Bueno, al menos él ya había cumplido con su obligación.

*********************************

Era increíble ver como había pasado la semana de rápido. Al principio, a Gwen los días se le habían hecho eternos, interminables. No obstante, ya estaba allí, esperando a que la recibieran en el despacho del director de aquella prestigiosa escuela de arte de Londres. Había llegado el momento y ya casi podía sentir cómo estaba rozando su sueño de vivir allí con la punta de los dedos.

-Gwendolyn Delilah Montrose.-la llamó una mujer que se había asomado por la puerta del despacho del director.

Gwen se puso tensa de repente y miró a aquella mujer.

-Soy yo.

-Puede pasar.-le comunicó la mujer esbozando una sonrisa que a Gwen se le antojó amable.

La chica respiró profundamente y se puso en pie. Estaba segura de que todo iba a salir bien. Sí, iban a aceptarla en aquella escuela y por fin podría empezar una nueva vida tal y como siempre había soñado. 






Hola gente! Qué hay? Yo aquí de jornada de Huelga General, pero bueno, para el fic no hay huelga que valga, así que aquí estoy yo de nuevo con otro capi ;) Espero que os haya gustado el capi, de verdad. Y por cierto, no sé si os habéis fijado en el segundo nombre de nuestra Gwen, no? Pues fijaros! Es bonito, eh? Pues que sepáis que tiene su significado, sobre todo para una lectora de aquí... En fin, que muchos besos a tod@s y yo me despido no sin antes dejaros un gif que tengo por ahí que me hace mucha gracia... Pobrecito mi John! Quién le ha hecho eso? Que me violento! jajajajaja.