miércoles, 9 de noviembre de 2011

Capítulo 17: ¿Te gusta?

Mary acabó de abrocharse la chaqueta apresurada y se colgó el bolso del brazo. Había quedado con Ringo y llegaba tarde, algo que no le gustaba en absoluto. Además, conociéndole, seguro que ya llevaba cerca de quince minutos aparcado en el sitio de siempre, esperándola dentro del coche.

Estaba a punto de abrir la puerta de casa para salir de allí a toda prisa cuando su madre entró. Mary se quedó mirándola intentando disimular su sorpresa: había llegado mucho antes de lo que ella esperaba.

-Hola hija.-la saludó la mujer que, fijando la vista en ella, se apresuró a añadir:-¿Es que vas a salir ahora?

-Sí.-masculló Mary entre dientes.-He quedado.

Su madre se quedó mirándola, curiosa.

-Últimamente sales tú mucho...-sentenció al fin con una sonrisilla pícara dibujada en la cara.-¿No tendrás ningún amigo por ahí?

-Tengo bastantes amigos, mamá.-contestó la chica dando largas.

-Sabes que no me refiero a ese tipo de amigos...

Mary soltó un bufido de fastidio. Su madre no era tonta y había empezado a sospechar algo. Al fin y al cabo, sus salidas de casi todas las tardes y su cara de felicidad a todas horas del día hablaban por sí solas. Sólo era cuestión de tiempo que la mujer notara que algo raro le ocurría.

-¿Y si lo tuviera pasaría algo?-preguntó casi al instante ella.

Fue cuando su madre abrió los ojos como platos cuando Mary se dio cuenta de lo que había dicho en realidad: le acababa de reconocer abiertamente que tenía razón.

-Me voy. Llego tarde.-se apresuró a decir Mary mientras abría la puerta. Lo mejor sería largarse de allí pitando para que su madre no empezara a interrogarla.

-Dile a tu amigo que cuando quiera puede venir a casa a tomar el té.-le dijo su madre cuando ella ya estaba empezando a salir por la puerta.

Mary no respondió nada y empezó a caminar apresuradamente en dirección al lugar donde siempre solía aparcar Ringo, pensativa. Perfecto, ahora no le quedaba otra que hacer las presentaciones oficiales y eso la aterraba.

Giró la esquina y vio el coche. Casi al instante, Ringo salió a esperarla con una sonrisa de oreja a oreja, como hacía siempre. Mary le devolvió aquella sonrisa, lo miró fijamente y se tranquilizó casi al instante. Con una persona como él estaba convencida de que nada podía salir mal, ni siquiera el hecho de presentárselo a su madre. Era un verdadero encanto.

********

John acabó de comer y levantó la vista del plato. Su tía Mimi lo miraba inquisitiva. No habían cruzado apenas ninguna palabra durante la cena, pero aquella mirada le decía que había llegado el temido momento de las explicaciones.

Había llegado allí después de otra bronca con Cyn. Aquella vez porque él había contratado a un interiorista para su casa en Londres sin consultárselo a ella antes. Como ya iba siendo habitual, John se había largado de casa con el portazo de rigor y había conducido como un idiota sin rumbo hasta que por fin se había decidido refugiarse en casa de Mimi, quien después de ver la cara que tenía, le había ofrecido quedarse a cenar allí con ella. John se lo había agradecido sinceramente y había aceptado de buen grado. Volver a casa era lo último que quería hacer en aquellos momentos.

-¿Se puede saber qué te pasa últimamente?-preguntó Mimi al cabo de unos instantes, sin apartar su penetrante mirada de él.

John suspiró y sacó un cigarrillo del bolsillo de delante de su camisa. Esperó a encendérselo antes de contestar. Mimi parecía impaciente. Seguro que su tía pensaba que lo estaba haciendo a propósito para hacerla rabiar, pero la realidad era que no sabía muy bien ni qué contestar exactamente ni por dónde empezar.

-No estoy bien con Cyn.-sentenció al fin después de darle la primera calada a su cigarrillo.

-Menuda novedad.

John se quedó mirándola. Mimi no iba a cambiar nunca.

-Me estoy planteando el divorcio.-continuó él unos segundos después.

Su tía no contestó. Simplemente se limitó a levantarse de su silla y empezó a retirar los platos de la cena.

-Si quieres puedes quedarte a dormir aquí hoy.-le dijo mientras le quitaba el plato vacío de delante.

John esbozó una sonrisa amarga.

-Gracias, Mimi.

-Pero sólo por esta noche.-añadió ella con su tono severo habitual. John sonrió de nuevo. Había que ver cómo le gustaba hacerse la dura.-Mañana vuelves a tu casa y afrontas tus problemas como un hombre.

***********

Era sábado por la tarde y Chris se sentía fatal mientras se estaba arreglando. Llevaba toda la semana enfadada consigo misma por lo que iba a hacer dentro de un rato. Y es que, pese a que se hubiera pasado desde el lunes diciéndose a sí misma que por mucho que dijera Mary no iba a hacer nada malo saliendo con David, sabía que en realidad lo estaba utilizando como a un muñeco para sacarse de la mente a John, cosa que hasta el momento no había funcionado en absoluto. Y lo peor era que David se había pasado toda la semana deshaciéndose en atenciones hacia ella y feliz ante la cita del fin del semana, lo que no hacía más que empeorar la situación ya que era evidente, aunque ella se empeñara en negarlo, que el chico se había hecho ilusiones.

Lo peor de aquella tarde, además del sentimiento de culpa con el que ya se había empezado a acostumbrar a convivir, había sido la insistencia de Paul para que saliera con ellos de nuevo esa noche. Había estado dándole largas desde que habían acabado de comer al mediodía, pero finalmente a media tarde no había podido evadirse más de la situación y sincerarse a medias con él cuando había irrumpido en su habitación.

-¿The Who?-había preguntado su hermano cuando abrió la puerta.-Buena elección.

Christine recordaba haber soltado un bufido de fastidio por la interrupción del pesado de Paul en medio de la canción que estaba escuchando.

-¿Qué quieres?-le había preguntado ella en tono impaciente.

-Convencerte.-sonrió Paul sentándose en el borde de su cama.-Vente con nosotros. A tus amigos de siempre los tienes aquí todo el año y nosotros nos vemos poco…

-Llevo viéndote el careto a todas horas desde hace días… A este paso voy a acabar aborreciéndote.

-No seas tonta…Además… Si tú no vienes a mí me fastidias el plan para esta noche…

-¿Pero qué estás diciendo?-preguntó ella extrañada.-¿Te has fumado algo ya?

Paul había soltado una pequeña carcajada antes de contestar a su pregunta.

-Te digo mi plan, pero ni palabra de esto a nadie, ¿entendido?-le dijo él guiñándole un ojo.

-A ver, Mr. Misterio, desembucha.

-Verás… Quería que Alice viniera con nosotros hoy y si tú vienes la puedes invitar.

-¿Alice?-Chris había dado un salto de la cama cuando su hermano le dijo aquello.-¿Alice Taylor nuestra vecina?

-Eso creo.-dijo Paul esbozando una sonrisa que a Chris se le había antojado soñadora.

-No me jodas que Alice te...-susurró ella todavía sorprendida.

-Sí. Y por eso quiero que vengas. No creo que aceptase venir con nosotros sola...

-Pero ya te he dicho mil veces que hoy no puedo, Paul...

-Venga hermanita, ¿qué te cuesta? Además, sé que lo pasas bien con nosotros y encima está Mary también...-insistió su hermano poniendo cara de lástima.

-Deja de hacerme chantaje emocional, que nos conocemos demasiado y eso conmigo no funciona.-le cortó ella.-NO PUEDO. ¿Te lo digo en chino?

-¿Y por qué no puedes?-quiso saber él.

-Joder que pesado... No te importa.

-Sí me importa. Eres mi hermana pequeña y tengo derecho a saberlo. Además, yo te lo cuento todo...

-¿Tú me lo cuentas todo?-le cortó ella.-¿Tengo que reírme con el chiste?

-Pues sí que te cuento un montón de cosas, enana. Fíjate ahora mismo, que te he dicho lo de Alice... Pero claro, tú quieres saber de los demás pero de ti que no se sepa...

Chris lo miró, parecía incluso un poco enfadado, aunque sabía que lo estaba fingiendo para aflojarla. Siempre lo hacía. Y lo peor es que, por mucho que ella supiera eso, siempre lo conseguía.

-Está bien...-dijo al fin.-Si te lo digo me dejas en paz, ¿vale?

-Hecho.-Paul cambió por completo su expresión. Ni rastro de su fingido enfado ahora que había conseguido lo que quería. A Chris le dio tanta rabia que estuvo a punto de callar y de no decirle nada, pero pensó que si no se lo decía se iba a poner tan pesado que sería peor.

-No he quedado con los de siempre.-se sinceró al fin.-Tengo una cita.

-¿Una cita?-ahora fue Paul el que dio un pequeño salto.-¿Y quién es? ¿Lo conozco?

-Pareces una abuela cotilla... No, no lo conoces. Es un compañero de clase.

-¿Y te gusta?

La pregunta de Paul la había pillado sorpresa. No había sabido qué contestarle y le había salido con evasivas. Su hermano pareció darse cuenta de lo incómoda que se sentía y, después de quitarle hierro al asunto con una broma tonta y de revolverle el pelo, salió de la habitación. No le había comentado nada más desde aquel momento y ahora allí estaba ella, arreglándose para salir a cenar con David, que en menos de quince minutos estaría allí para recogerla.

Apenas había acabado de arreglarse cuando llamaron al timbre. Si era David, había llegado diez minutos antes de lo previsto. Dio gracias para sus adentros de que su padre se hubiera ido ya en dirección al club de jazz de Everton que solía frecuentar y que Mike ya hubiera salido con su novia, así que en aquellos momentos sólo quedaban en casa ella y Paul, que ya sabía lo de su cita. Por lo menos no debería dar explicaciones tontas sobre quién era ese chico.

Entró corriendo a su habitación, agarró el abrigo y el bolso y bajó como un rayo las escaleras de casa.

-¡Dios!-oyó exclamar a David cuando bajó el último peldaño.-¡Eres Paul McCartney!

“¡Oh, mierda!” pensó Chris. Había olvidado comentarle aquel pequeño detalle. Imaginó en aquellos momentos la cara de risa contenida de su hermano y salió corriendo antes de que éste pudiera añadir algo más que el escueto “sí, por ahora ése soy yo” que le acababa de soltar a David.

-Hola Dave.-saludó ella poniendo una sonrisa inocente y asomándose por detrás de Paul.-Ya estoy lista.

-Creo que no conozco a tu amigo, Christie...-dijo Paul en tono burlón mirándola.

-No, no lo conoces...-masculló ella mirándole con intenciones asesinas.- Paul, Dave. Dave, mi hermano Paul. Ale, ya os conocéis, ¿nos vamos Dave?

*****************

Gwen estaba en casa aburrida, mirando una película mala en la televisión cuando alguien llamó al timbre. De mala gana, la chica se levantó del sofá y se dirigió arrastrando los pies hacia la entrada de casa. A saber quién sería.

El timbre volvió a sonar antes de que a Gwen le diese tiempo a llegar a llegar a la puerta.

-Ya voy, ya voy...-dijo y después, entre dientes, añadió:-¡Qué pesados!

La chica abrió la puerta de mala gana y la sorpresa que se llevó fue enorme cuando se vio a George plantado allí en el umbral de su casa, con una carpeta de debajo del brazo y sonriendo de oreja a oreja. Olía a colonia y estaba arreglado, como si se dispusiese a salir por ahí. Gwen se sintió avergonzada porque ella presentaba un aspecto totalmente distinto en aquellos momentos, con unos pantalones vaqueros desgastados que sólo se ponía para ir por casa y una camiseta igual de vieja y desvencijada que los pantalones.

-Hola.-saludó el chico.-¿Cómo estás?

-Bien.-respondió ella aún sorprendida por tenerlo allí como si tal cosa.

-Quería darte una cosa.-dijo él enseñándole la carpeta que llevaba en la mano.-Y ya que tenía que pasar por aquí a recoger a Paul pues aprovecho el viaje...

-¿A mí? ¿Darme una cosa?

-Sí.-sonrió George.-Recuerdo que cuando volvíamos de casa de Strinatti comentaste que querías hacerte con algunas partituras... Y aquí te traigo algunas... Hay de todo un poco...

Gwen agarró la carpeta que le tendía George.

-Vaya... Muchas gracias, de verdad.-murmuró ella.-Si quieres pasa y tómate algo.

-No quiero molestar, Gwen...Tus padres estarán en casa y...

-Estoy yo sola.-se apresuró a contestar.-Mis padres y mi hermano no volverán a casa hasta mañana. Han ido a pasar la noche a casa de una tía abuela y aquí me he quedado. Pasa.

George no pudo disimular una mueca de satisfacción y los dos entraron en la casa.

-¿Te apetece un té?-preguntó la chica sin saber muy bien qué debía ofrecerle.

-Pero sólo si tomas tú también.-respondió él.

Gwen se fue a la cocina y en pocos minutos tuvo a punto un par de humeantes tazas de té. Se encontró a George allí, sentado en el sofá de su casa ojeando las partituras que por lo visto había sacado de la carpeta que le había llevado. La chica lo miró bien antes de dejar los tés sobre la mesilla que había delante del sofá. Si le hubieran dicho una semana antes que el propio George Harrison iba a estar sentado en allí en su casa como si tal cosa no se lo hubiera creído por nada del mundo.

-Gracias, Gwen.-dijo George cuando la chica le dejó su taza de té delante de él.-Eres un encanto.

El piropo provocó que Gwen notara, una vez más delante de él, como le ardía la cara, pero George, como siempre, pareció no apreciar su rubor o simplemente se dedicó a ignorarlo.

-Ven aquí.-le dijo George con una sonrisa mientras daba un par de palmaditas en el sofá indicándole que se sentara a su lado.-Te enseñaré esto.

La chica se sentó a su lado y George enseguida le puso delante las partituras que tenía en la mano.

-Hay de todo un poco.-dijo él.-Algunas canciones más movidas, otras más lentas... No sé, para que tengas un repertorio amplio para tocar con esa guitarra nueva que tienes, que por cierto, no sé dónde la tienes.

-Está arriba, en mi habitación.-rió Gwen.-Ahora está al lado de la vieja y se nota bastante la diferencia entre las dos.

-Si te apetece podríamos bajarlas y probar con algo de lo que hay aquí...-propuso George, que al ver la cara que puso Gwen, insistió:-Venga, anímate, mujer.

-¿Tú no habías quedado con Paul?

-Todavía falta una hora para que pase a por él, así que...

-Está bien.-sonrió Gwen claudicando finalmente.-Pero te advierto que la guitarra vieja es una auténtica porquería.

-Peor que mi primera guitarra seguro que no.-bromeó George.-¿Vamos?

Los dos subieron a la habitación de Gwen y bajaron las guitarras. Gwen agarró la vieja y George cargó con la nueva y el amplificador. Después de volverse a sentar de nuevo en el sofá, George le arrebató de las manos la guitarra vieja y le dio la Fender Mustang.

-Oh, no...-dijo Gwen cuando hizo eso.-Toca tú con la nueva... Me da vergüenza que toques con eso.

George soltó una sonora carcajada.

-No seas tonta.-le contestó finalmente.-No te has comprado la guitarra esa para ir dejándola al primero que pase y quedarte tú tocando la vieja...

Gwen rió también con la broma, aunque en realidad la risita que soltó le sirvió para disimular también lo nerviosa que estaba en aquellos momentos.

-Veamos...-dijo George empezando a rebuscar entre las partituras.-¿Te apetece que toquemos algo tranquilito para empezar?

-Vale...-respondió ella mirando hacia los papeles.

Habría más de una treintena de partituras, pero de repente algo llamó la atención de Gwen. Una partitura, a lápiz, con un título que... No, no podía ser que George le hubiera dado eso... El chico pareció darse cuenta de algo y paró de rebuscar deteniéndose en la que a ella le había le había llamado la atención deliberadamente y con una sonrisilla pícara en los labios.

-¿Te parece si tocamos ésta?-preguntó poniéndosela delante a Gwen que, estupefacta, comprobó que sí que era la partitura que ella había imaginado.

-George... esto es... esto es... ¡tuyo!-balbuceó ella sin poder apartar su mirada del papel, ahora sí que hecha un manojo de nervios.

-Ahora es tuyo.-sonrió George.

-¿Pero esto es tu letra? ¿Me estás dando la partitura original de Do You Want To Know a Secret?-todavía no se lo podía creer.

-Bueno, no sé si es la original o no...-respondió él encogiéndose de hombros.-En realidad hice bastantes copias a lápiz por si se me perdían y no sé cuál de ellas es la que primero escribí... Soy un poco desastre para esto de los papeles, la verdad.

-No sé qué decir...-masculló ella.

-Pues no digas nada. Toquémosla y punto.

-Yo no me atrevo.-soltó ella de repente. Le había salido del alma. Hubiera podido tocar casi cualquier cosa, pero tocar una canción de George delante de él, le daba una vergüenza inmensa.

-¿Y por qué no?

-Bueno... Es que no me he leído la partitura... y no quiero fallar... Además que tampoco me he fijado nunca en cómo la tocas, en el tempo, en todas esas cosas que...-respondió atropelladamente.

-Bueno, si ese es el problema... Hagamos una cosa. La toco yo una vez, me miras, y después la repetimos los dos juntos, ¿vale?

Gwen tragó saliva.

-Si es muy fácil...-insistió George empezando a dar el primer acorde con la guitarra vieja de su padre.- Mira...

-¡Espera!-le cortó Gwen antes de que él empezara de verdad la canción.

George levantó la vista extrañado y Gwen le tendió su Fender.

-Supongo que ahora que vas a tocarla solo será mejor que la toques con ésta...-aclaró ella vergonzosa.

George dejó la otra guitarra y se colocó la nueva bien con una sonrisa.

-Gracias.-dijo.-Veamos...

Y después de volver a tocar las primeras notas de la canción, George empezó a cantar.

***********

Paul abrió la puerta de casa con cara de pocos amigos. Supuso que era George, que había pasado a recogerle más de media hora más tarde de lo que habían acordado. El resto ya habrían empezado a cenar en el piso de Ringo a ciencia cierta.

-¡Joder George! ¡Ya era hora!-dijo bruscamente a modo de saludo.

-Lo siento, Paul. No te enfades. Se me ha pasado la hora... Si me hubiera dado cuenta hubiera venido a avisarte antes.

-Un momento, Hari...-preguntó Paul frunciendo el ceño.-¿Avisarme de qué?

-Verás...-balbuceó el chico dejando en evidencia su nerviosismo.-Es que no voy a salir hoy.

-¿QUÉ?- exclamó Paul.-¿He estado aquí esperándote como un tonto para que ahora me vengas a decirme que no sales?

-Lo siento, Paul, de verdad. Si me hubiera dado cuenta de la hora... Mira tío, si quieres te puedo acercar al piso de Ringo, pero yo me vuelvo.

-¿Adónde te vuelves?-más que enfadado, Paul estaba extrañado ante la actitud de George. Jamás había hecho nada parecido.

-Aquí a Heswall.

Paul levantó una ceja y George se apresuró a dar una explicación atropellada:

-Bueno... Es que Gwen está sola en casa y no la dejan salir, así que mejor me quedo a hacerle compañía, me sabe mal que esté sola y... ya sabes...

En aquellos momentos, pese a lo cabreado que estaba con George, no pudo evitar soltar una pequeña risita burlona.

-¡¿Te gusta Gwen?!-exclamó finalmente.

-Joder, Paul... No seas ridículo...-masculló él fijando la vista en el suelo.

-¡Te gusta! ¡Claro que te gusta!

-Ya vale, ¿no?-dijo George empezando a enfadarse.-Sí, me gusta, ¿pasa algo?

Paul levantó las manos a modo de disculpa.

-No pasa absolutamente nada, Hari.-sonrió él.-De hecho ya iba siendo hora de que el peque se echara una novia.

-Vete a la mierda, McCartney, Gwen no es mi novia...

-Pero a ti te gustaría, ¿verdad?-rió él. Estaba dispuesto a vengarse por la tardanza de George aunque sólo fuera a base de fastidiarlo.

-Te he dicho que te vayas a tomar por saco, Macca... Bueno, ¿te acompaño o qué?

-No hace falta, Romeo, ya voy yo con mi coche.-rió Paul.-Vete con tu Julieta, que creo que te estará esperando...

-¡Que te jodan, Paul!

******************

A aquellas horas Chris podía asegurar que estaba pasando una de las noches más extrañas que había vivido en su vida. Estaba con Dave, que apenas le daba conversación y que sólo se limitaba a agasajarla y a aceptar dócilmente todo lo que ella decía, cosa que a ella la estaba sacando de sus casillas.

Habían ido a cenar a un italiano bastante barato del centro y, después de evitar casi de malas maneras que David la invitara, habían salido a dar una vuelta. Casi inconscientemente, los pasos de los dos se dirigieron hacia Mathew Street, la calle con  más fiesta de Liverpool. Entraron a los clubs y pubs de por allí, excepto a algunos que la chica sabía que su hermano y los demás frecuentaban con el simple fin de evitar problemas.  David, pese a que se quedó con ganas de entrar en The Cavern, no dijo nada y se limitó a seguirla hasta el pub de al lado obediente como un perrito fiel, cosa que a la chica le puso de los nervios. Y así estuvieron entrando y saliendo de los locales de por allí hasta que, cerca de las tres de la madrugada, ya cansados salieron de la famosa calle ya dispuestos a volver a casa.

-¿Qué tal lo has pasado?-le preguntó el chico cuando mientras iban caminando avenida en dirección al coche.

-Bien.-sonrió ella fingiendo descaradamente.

-No sé, es que te veo... rara.-masculló él al cabo de unos segundos.

-Es que me duelen los pies.-mintió Chris.- Un montón.

David esbozó una sonrisa, a todas luces aliviado por la respuesta de la chica.

-¡Pues haberlo dicho antes!-exclamó él solícito.-Mira, mejor nos sentamos un rato en aquel banco de allí y descansas un poco... La verdad es que no sé como aguantáis las chicas con esos tacones toda la noche.

-Es que de hecho no aguantamos...-bromeó ella mientras se sentaba.

David sonrió y se sentó a su lado, demasiado cerca para el gusto de Chris. Si no hubiera sido porque era ella la que había concertado aquella cita, seguro que se habría apartado de él de manera descarada. Pero en aquella situación aquello le parecía incluso demasiado borde. Bastante había hecho ya el pobre chico aguantándole los desplantes y los cortes que le había estado dando toda la noche.

-Oye Christine...-dijo él tímidamente después de unos incómodos minutos de silencio.-¿Puedo decirte algo?

Chris lo miró detenidamente. La miraba fijamente, nervioso. Mucho se temía que lo que le iba a decir no le iba a gustar en absoluto...

-Mira...-continuó él sin esperarse a que ella se decidiera a darle una respuesta.-Esta noche lo he pasado muy bien contigo...

-¿En serio?-Chris lo preguntó cargada de sarcasmo. Le parecía increíble que después de cómo lo había tratado se atreviera a decir aquello. No obstante, él pareció no reconocer la nota sarcástica y asintió como un bobo.

-De verdad. Ha sido una de las mejores noches de mi vida... ¿Sabes? Creo que... creo que... me gustas.

Chris apenas pudo asimilar aquellas palabras, pues de repente, casi desde detrás de ellos, oyó como alguien empezaba a aplaudir.

-¡Muy bien! ¡Bravo campeón!

Si lo que le había dicho David segundos antes la había dejado blanca como la pared, el hecho de verse a aparecer a John, completamente borracho por allí detrás y armando escándalo, le revolvió el estómago. Es más, de buen grado hubiera vomitado si hubiera podido. Conocía demasiado bien el mal beber que tenía como para saber que habría jaleo.

John se acercó a ellos con una sonrisa borde pintada en la cara.

-¿Qué hay? ¿Noche de amor, Christie?-preguntó.

-¡Es usted!-exclamó David evidentemente sorprendido por la aparición de John allí. El pobre tenía pintada la ilusión en la cara.-¡Es John Lennon!

John le dedicó una mirada despectiva.

-Y tú debes de ser Tonto del Culo, ¿verdad?-rió él.-Encantado y enhorabuena. Te llevas a la más borde de Liverpool, chaval.

David se quedó mirándole extrañado sin saber qué decir.

-Ya vale, Lennon.-Christine escupió las palabras clavándole la peor de sus miradas. Le ardía la sangre. De no haber estado David allí se hubiera levantado y le hubiera dado un buen bofetón.

-¿Pero por qué te enfadas? ¿No vas a dejar que un amigo tuyo hable con tu novio?-preguntó él en tono sarcástico.-¡Oh, perdona, lo olvidaba! ¡Si tú y yo no somos amigos!

-Te aseguro que no, gilipollas. Y no es mi novio.

-Ya... ¿Y quién es? ¿Tu perrito faldero? Perdona que te diga, pero por lo menos Monster es más guapo.

David ni siquiera abría la boca. Estaba demasiado sorprendido mirando aquella especie de partido de tenis a base de insultos y comentarios hirientes, en los que, por cierto, también estaba él incluido.

-Mira, Lennon, te voy a dar dos opciones: o te largas o te largo.-dijo Chris en tono amenazante.

-Vaya... ¡Mira cómo tiemblo! ¿Qué vas a hacer?-preguntó él señalando  David.-¿Decirle a este mequetrefe que ni siquiera abre la boca para defenderte que me pegue?

-A mí no me hace falta que nadie me defienda. Y menos de un imbécil como tú.

-Christine McCartney, voy a decirte lo que eres...

-¡Mierda! ¡John!

John no terminó de decir la frase y se giró para ver quién le había llamado. Allí, acercándose corriendo, venía Ringo con cara de preocupación. Pocos pasos por detrás de él le seguía Mary, que nada más ver aquella escenita, se quedó parada, sorprendida por lo que estaba viendo. Chris miró hacia allí y se alegró de no ver a Paul, porque si no se hubiera armado una buena.

-¡Hombre, Ringo!-gritó John.-¡Ven aquí a conocer al perrito faldero de Christie! ¿Sabías que aparte de Monster ha adoptado a uno nuevo?

-John, venga, vámonos a casa.-le dijo Ringo parándose en seco delante de él.

-¡Cómo me voy a ir a casa con lo a gusto que estoy!

-John, ya vale. Vámonos. Ya.-le cortó Ringo secamente.

-Vaya, Sargento Starkey, no se ponga así...-contestó John fingiendo ponerse firme como un soldado y, después, dirigiéndole una mirada de odio a Chris, añadió:-Pero supongo que tienes razón... Será mejor que dejemos a estos tortolitos en paz para que puedan irse a follar tranquilos...

John empezó a andar en dirección hacia donde estaba Mary, seguido por Ringo.

-Chicos, en serio que lo siento...-se disculpó Ringo girándose hacia ellos cuando John se hubo alejado unos pasos.- Lo he perdido un momento y...

-No pasa nada, Ringo, no es tu culpa...-sonrió Chris con una sonrisa tranquilizadora.

Ringo le devolvió la sonrisa y alcanzó con una carrera a John, que poco menos que iba haciendo eses por la calle de tan borracho como iba. Y entonces, ocurrió algo que ella jamás hubiera esperado. Y es que, lejos de estar enfadada con él por todo el espectáculo que había montado, se dio cuenta de que en realidad sentía una profunda lástima hacia aquel tipo que aparentemente lo tenía todo pero que en realidad no tenía nada.


Aleluya! Aleeeeluuuyaaaaaa! Aleeeeluuuuuyaaaaa!!!! Por fin colgué con siglos de retraso este capi, que atragantada me tenía con la última escenita. En fin, que finalmente he decidido echarme la manta al hombro y publicar tal y como me ha quedado la última vez que lo he reescrito... Espero que os guste, de verdad. Bueno, y que muchas, muchas gracias alas que seguís y a las que comentáis, incluidas las anónimas (os quiero: muaks, muaks!).

Y ahora, con el permiso de todas, llega el momento de la publicidad barata y el autobombo. Y es que (supongo que muchas ya os habeis enterado) María, María Luján y la que os está escribiendo, hemos empezado un fic nuevo... Se sale un poco de lo común, ya lo veréis, pero promete tener mucha tela... Sólo pensad que de tres cabecitas como las nuestras lo que puede salir de ahí... jeje
Os dejo el enlace y si encima os pasais, leeis y comentais, aparte de deciros "os quiero" os pido en matrimonio a todas y cada una de vosotras, jajajajaja :P
Ale, disfrutadlo! 
Y a pasarlo bien!

martes, 1 de noviembre de 2011

Capítulo 16: De guitarras y aproximaciones


George subió a su coche sin poder reprimir una sonrisa de satisfacción. No sabía por qué, mejor dicho sí que lo sabía, pero sentía una alegría casi indescriptible por ir a acompañar a aquella chica, a Gwen, a la casa de Strinatti. Y es que, desde el sábado, no se la había quitado de la cabeza. Sus arrebatos de timidez casi extrema le hacían mucha gracia y, además, le parecía muy agradable y a su lado se sentía muy, muy cómodo.

Inconscientemente, condujo de nuevo hacia Heswall.  No había tenido apenas tiempo a nada, sólo de mordisquear un sándwich, peinarse mínimamente y volver a irse por donde había venido hacía menos de una hora. Sin pensárselo dos veces, aparcó delante de casa de la chica. Sabía que lo más correcto sería pasar antes a recoger a Paul, pero al diablo con McCartney, lo recogería después de ir a por Gwen. Total, sólo vivían a unas pocas casas de distancia.

Bajó del coche decidido y llamó al timbre dos veces, como hacía siempre. No tardó ni dos segundos en escuchar cómo se abría la puerta y, al instante, un chiquillo sonriente, de no más de doce años, asomó su cabeza.

-¡Hola!-le saludó.-¡Sí que eres tú! ¡Eres George!

George sonrió divertido antes de contestar.

-Eso creo.

-Gwen sale enseguida.-contestó el chaval.-Está buscando su chaqueta... Por cierto, yo soy Josh, su hermano.

-Encantado, Josh.

-¿En serio la vais a acompañar tú y Paul a comprar una guitarra?-preguntó curioso el chico con los ojos muy abiertos.

-Sí, bueno...-respondió George.-Vamos a ver si le gusta algo...

-Buaaah... Me encantaría ir con vosotros...

-Ni lo sueñes, enano.-le cortó Gwen, que salió por la puerta en aquellos instantes.

George soltó una pequeña carcajada. Todos los hermanos del mundo hacían lo mismo...

Josh se encogió de hombros y se limitó a despedirse de George con la mano. Después, cerró la puerta de casa tras de sí.

-Pobre chaval...-le dijo a Gwen con una sonrisilla pícara sólo con la intención de chincharla.

-Pobre no, es que se pone muy pesado...-contestó ella sonriente mientras se situaba a su lado.-Nos hubiera dado la tarde... Por cierto... ¿y Paul?

-Vamos ahora a por él.-contestó George, un poco más brusco de lo que hubiera querido. No le hacía mucha gracia que la chica empezara a preguntarle por Paul nada más verle. Maldito Macca... Siempre por delante...

Gwen pareció notarlo y bajó la cabeza, como intentando averiguar qué era lo que había hecho mal. Inmediatamente una oleada de culpabilidad golpeó a George.

-¿Y qué?-preguntó jovial intentando corregir su actitud involuntaria de hacía unos segundos.-¿Ya estás preparada para ser una gran guitarrista?

-No soy una gran guitarrista, sólo aficionada.-respondió ella también en el mismo tono.

-Pero lo serás, te lo digo yo.-afirmó George convencido guiñándole un ojo.

Inmediatamente, Gwen apartó su mirada, tímida como siempre, y George reprimió una sonrisilla. Le encantaba que se pusiera así. A decir verdad, disfrutaba provocando en ella ese tipo de reacciones.

Después de caminar unos metros calle arriba llegaron delante de la casa de los McCartney. A George ni siquiera le dio tiempo de llamar al timbre, pues Paul salió de la casa nada más se pararon allí delante.

-Anda con Macca, ¡qué rapidez!-rió George mientras su amigo cerraba la puerta que daba acceso al jardín tras de sí.-¿Es que estabas mirando por la ventana a ver si llegábamos o qué?

-En realidad sí.-contestó Paul divertido.- Os he visto de casualidad y he salido antes de que llamarais. ¿Nos vamos?

*********

El teléfono de la casa sonaba insistente. Con un bufido de fastidio, Chris cerró su libro con fuerza y se levantó para contestar. Era evidente que ni Mike ni su padre iban a hacerlo.

-¿Sí?-contestó de mala gana cuando descolgó el auricular.-¿Quién es?

La chica oyó una risita al otro lado del teléfono. Si no hubiera sido porque era una risa masculina, hubiera creído que eran fans que se había hecho con su número de teléfono. No obstante, no tardó demasiado en reconocer el origen de aquella risa.

-Oye, Lennon, ¿vas a estar así toda la tarde o quieres decir algo aparte de “ja, ja, ja”?-preguntó en tono sarcástico.

-Deja que te dé un consejo, Chris: si alguna vez buscas trabajo no te dediques a ser operadora de teléfonos. Con la alegría con la que contestas al teléfono, espantarías a la clientela.-contestó él divertido.

-Gracias por preocuparte por mi futuro laboral, imbécil.-contestó ella intentando aguantarse la risa. No sabía cómo lo hacía pero si John se lo proponía siempre era capaz de hacerla reír con sus payasadas.- ¿Algo más aparte de tus inútiles consejos?

-Quedemos.-le cortó él tajante a la vez que risueño.

Si en aquellos momentos alguien hubiera pinchado a Chris no habría sacado ni gota de sangre. La chica se había quedado helada por completo ante aquella proposición de John.

-¿Q..q...qué?-consiguió articular ella con serias dificultades al cabo de unos segundos.

-Pues eso, que quedemos.-contestó John como si lo que le estuviera diciendo fuera la cosa más normal del mundo.

-¿Y si puede saber para qué?-preguntó ella extrañada sin todavía haberse compuesto de nuevo tras la sorpresa.

-¡Joder, Chris! No es necesario quedar para nada en particular... Salimos, nos tomamos algo, charlamos... ¡yo que sé! ¿Acaso crees que cuando quedo con mis amigos les doy una lista con las actividades que vamos a hacer?

Chris se mantuvo en silencio durante unos segundos. No le gustaba nada lo que le estaba proponiendo John, aunque si era totalmente sincera, le hubiera encantado quedar con aquel loco con el que lo pasaba realmente bien. No obstante, temía que él fuera por otro camino que ella no estaba dispuesta a seguir por nada del mundo.

-Paso.-contestó ella al fin, seria y decidida.

Un silencio se hizo al otro lado de la línea, incluso la chica llegó a pensar que John había colgado sin decirle nada.

-¿Por qué?-preguntó al fin él suavemente.

-No me vengas con historias, John.-dijo Chris.

-Ya entiendo...-contestó John finalmente. Parecía enfadado, y lo estaba.- La niña malcriada pasa de quedar con Lennon porque tiene miedo de él y del qué dirán, ¿verdad?

-¿En serio eres tan jodidamente egocéntrico que crees que todo gira alrededor tuyo?-preguntó Chris sintiendo como la sangre empezaba a arderle en las venas.-No me apetece y punto. Ya ves, no todo el mundo tiene por qué estar pendiente de ti ni a tu entera disposición.

-Pensé que éramos amigos, pero ya veo que me equivocaba.-contestó él sorprendentemente sereno.

Para Chris hubiera sido mucho más fácil que John le hubiera respondido a gritos y no de aquella manera. Y es que aquel repentino cambio de tono la hizo sentirse realmente mal, como si ella fuera la mala en todo aquello. Se dio cuenta de que Lennon, aparte de saber hacerla reír, sabía cómo manipularla y eso la asustó.

-En fin, supongo que tendrás planes mejores con tus amigos de verdad.-continuó él al ver que no contestaba remarcando ligeramente las últimas palabras.

-Supones bien.-le cortó ella. Se sentía culpable pero tampoco iba a caer tan fácilmente en sus redes.

-Bueno, está bien...-murmuró John entre dientes.-En fin... En realidad llamaba para hablar con Paul... ¿está por ahí?

Chris se quedó de piedra de nuevo. ¿En realidad llamaba para hablar con su hermano? ¿Y a qué había venido todo el numerito que le acababa de montar hacía unos segundos? Debía de reconocer que John también era capaz de sacarla de quicio con sus cosas...

-No.-respondió cortante y seca.-Ha salido.

-Vale, dile que he llamado, ¿quieres?

-De acuerdo.

-Gracias. Hasta la próxima, Chris.

-Adiós, Lennon.

La chica colgó el teléfono con rabia y se volvió a encaminar hacia el comedor. Volvió a abrir su libro por donde se había quedado e intentó volver a concentrarse en la lectura en vano. Leía, sí, pero para ella las frases que estaban escritas no tenían ningún sentido. Sólo era capaz de pensar en John. Cerró, otra vez su libro y se quedó mirando por la ventana frunciendo el ceño durante unos instantes. Fue entonces cuando una lucecita se encendió en su mente y tomó una determinación. Estaba dispuesta a quitarse a John de la cabeza de la manera que fuera, así que sin pensarlo dos veces, se levantó y se encaminó de nuevo decidida hacia el teléfono.

*********************

Gwen estaba completamente maravillada en aquel pequeño almacén en el que acababan de entrar. En realidad no se le podía considerar ni almacén, simplemente se trataba de un sótano bastante bien arreglado de dimensiones bastante reducidas en el que se amontonaban decenas de guitarras de todos los tipos, bajos eléctricos, banjos y hasta un par de baterías.

En aquellos momentos, Strinatti, un hombre pequeño de edad bastante avanzada con cara de hurón, les estaba enseñando un gran repertorio de guitarras eléctricas, entre las que se incluían unas cuantas Rickenbacker, Gibson y otras Fender. A Gwen todas le parecían preciosas, pero Paul y sobre todo George, pronto se pusieron a descartar algunas.

-¿Y de cuánto estaríamos hablando?-preguntó Paul manoseando una Rickenbacker muy parecida a la de John.

-Depende de lo que queráis...-contestó Strinatti.-Pero tened en cuenta que estamos hablando de guitarras muy buenas...

-Y muy manoseadas también.-le cortó George con una sonrisa pícara.

-Bien.-dijo el hombrecito.-Decidme el presupuesto con el que contáis y a partir de ahí hablamos.

Gwen vio como las miradas de Paul y George se posaban en ella.

-Pues...-murmuró ella tímidamente. Le daba vergüenza decir en voz alta el escaso presupuesto con el que contaba teniendo en cuenta que en aquellos momentos estaban viendo guitarras que eran mucho más caras.-Como mucho puedo llegar hasta las 35 libras...

La cara de Strinatti, contento hasta aquellos momentos creyendo que podía vender una de sus guitarras más caras, cambió de repente y se puso tremendamente serio.

-Con 35 libras no creo que haya nada de tanta calidad...-respondió entre dientes mirando hacia las guitarras que todavía manoseaban George y Paul.

-¿Cómo que no?

La pregunta de Paul dejó tanto a Strinatti como a Gwen de piedra.

-Vamos a ver...-continuó él.-Estamos hablando de guitarras de segunda, de tercera y hasta cuarta mano, Strinatti. Con 35 libras puedes vender casi cualquier guitarra que tienes aquí e incluso saldrías ganando.

El hombrecillo se quedó mirándole con una mezcla de sorpresa y enfado a la vez que George trataba de contenerse la risa.

-No te pases de listo.-le contestó secamente.-Tú mejor que nadie sabes el precio de estas guitarras en el mercado.

-En el mercado sí, no aquí.-dijo Paul poniendo una sonrisa de niño bueno.

Strinatti soltó un suspiro de resignación antes de dirigirse de nuevo a Gwen y continuar hablando.

-Si quieres, con ese precio, y sólo por venir con ellos, te dejo una Fender Mustang que me acaba de entrar... El chico que me la vendió apenas la ha usado, por lo que está prácticamente nueva. Según sé, no hace ni tres meses que la guitarra ha salido de la tienda.

El hombre se fue hacia una esquina de la tienda, descolgó de la pared una guitarra de color celeste y se la acercó.

-Es un modelo económico, pero saca buen sonido.-sentenció el hombre mientras la chica la agarraba para verla mejor.

-Yo también he oído eso...-dijo George acercándose y observándola de cerca.-Pero jamás he probado una... ¿puedo?

Gwen sonrió y se la acercó. Después de conectarla a un amplificador que Strinatti tenía por allí, empezó a tocar algunos acordes despreocupado.

-Parece que tienen razón...-murmuró más para sí mismo que otra cosa volviéndosela a dar a Gwen.-Pruébala tú, a ver si te gusta. No es difícil de tocar. Y es manejable.

Gwen agarró la guitarra roja como un tomate ante la expectativa de ponerse a tocar delante de George y de Paul, aunque no le quedaba otra. Si iba a gastarse casi todos sus ahorros en una guitarra, antes la tendría que probar para ver si estaba a gusto con ella.

La chica se colgó la guitarra y después de dudar unos segundos empezó también a tocar unos acordes sin articular ninguna canción en particular, como había hecho George segundos antes. Simplemente quería comprobar cómo sonaba y para eso no hacía falta ponerse a hacer ningún riff de guitarra. La verdad es que le resultaba muy cómoda, pesaba poco y era sencilla de tocar, además, aunque pareciera una tontería, el color celeste de aquella guitarra le había encantado. Y lo más importante, no era necesario ser ningún George Harrison para sacarle un sonido bastante aceptable.

-¿Y bien?-preguntó Strinatti cuando Gwen se descolgó la guitarra.

-Me gusta.-sentenció la chica.

-¿Entonces vas a llevártela?-insistió el hombre articulando una sonrisa en vistas a su posible venta.

-Si con las 35 libras le dejas la guitarra y el amplificador, sí.-le cortó Paul haciendo que Strinatti borrara de inmediato su sonrisa de la cara.

-No puedo hacer eso, Paul.-murmuró el hombre enfurruñado.

-Tú mismo has dicho que es el modelo económico de Fender.-contestó.-Estoy seguro que la guitarra cuesta eso en cualquier tienda. Y teniendo en cuenta que la tuya es de segunda mano... ¡qué menos que le metas el amplificador en el lote!

Gwen sonrió para sus adentros. Jamás se hubiera imaginado que Paul fuera capaz de regatear de esa manera.

-Está bien.-asintió al cabo de unos instantes Strinatti con cara de pocos amigos.-Con 35 libras tiene la guitarra y este amplificador de aquí.

-¿Un Fender Deluxe del 57?-dijo George acercándose mejor.-No es de lo mejorcito que hay, precisamente...

-Vosotros mismos, los demás amplificadores que tengo son demasiado caros para que se los meta en el pack.-le respondió el hombre empezando a malhumorarse.-Y además, vosotros sabéis que el Fender Deluxe del 57 tampoco está tan mal...

-No, no está tan mal...-dijo Paul.-Pero si quieres meterle esto, bájale el precio.

Strinatti masculló durante unos segundos. Gwen temió que les dijera que no pues a ella, que con 35 libras le diera guitarra y amplificador, le parecía una muy buena oferta.

-Sois de lo peor.-dijo al fin el hombre agarrando el amplificador.-Pero por ser vosotros os lo dejo por 32 libras, ni una más ni una menos.

-¿Qué te parece Gwen?-le preguntó Paul mirándola con una sonrisilla.

-A mí me parece bien...-contestó la chica sin acabarse de creer lo que acababa de conseguir.

-Ya has oído, Strinatti, a la chica le parece bien.-le dijo George con la misma sonrisa de autosuficiencia que en aquellos momentos lucía Paul.-Siempre es un placer hacer negocios contigo...

***********

-¿Pero tú estás loca?

Chris lanzó un suspiro. Mary estaba completamente escandalizada por lo que acaba de hacer y en parte sentía que su amiga tenía razón.

-No estoy loca, Mary.-contestó ella en tono exasperado.-Simplemente te digo que no puedo quedar este sábado porque ya lo he hecho, ¿qué es lo que hay de raro?

Hubo unos segundos de silencio al otro lado de la línea telefónica.

-¿Que qué es lo que hay de raro?-explotó Mary finalmente.-¡No me jodas! ¡Me estás diciendo que acabas de quedar para este sábado con David! ¡A solas!

-Sí, eso mismo he dicho.

-¡Sabes que le gustas!-exclamó Mary indignada.-¡Pero él a ti no! ¿A qué viene eso?

-Sólo vamos a quedar, no vamos a cometer ningún crimen. ...-contestó ella sin estar demasiado convencida.

-Dime una cosa, Christine...-le cortó Mary.-Quedas con David para quitarte a John de la cabeza o algo así, ¿me equivoco?

Chris tragó saliva. Mary había dado en el clavo enseguida. Esas prisas por llamar a su compañero de clase y quedar con él para el sábado no se debían a otra cosa.

-No digas tonterías, Mary...-masculló al fin dispuesta a negar la evidencia.

-Ya. Tonterías... Estás utilizando a David, ¿lo sabes?

Por supuesto que lo sabía. Y en aquellos momentos se sintió realmente mal por lo que acababa de hacer, aunque por nada del mundo fuera a rectificar.

-Yo no utilizo a nadie, Mary. Estás sacando las cosas de quicio...

-Mira, no me parece bien lo que vas a hacer. Pero allá tú... Al fin y al cabo tengo la sensación de que vas a hacer lo que te dará la gana... Mañana nos vemos, ¿vale?

-Vale...-dijo Chris con un suspiro antes de colgar el teléfono.

**************

Alice miró su reloj una vez más. En teoría se suponía que había quedado con Paul, pero no osaba a ir a su casa y presentarse allí como si tal cosa. ¿Y si el chico sólo le había dicho que se pasara por su casa para quedar bien? Pero, pensándolo bien, si sólo lo hubiera dicho para eso no le habría concretado una cita exacta para que acudiera a su casa...

Hecha un mar de dudas, se dejó caer dando un fuerte suspiro sobre su cama. Quizás debería presentarse en su casa... Le constaba que Chris estaba por allí, la acababa de ver hacía un rato jugueteando distraída con Monster en el jardín, y si Paul no estaba o cualquier otra cosa por el estilo, siempre podría disimular haciendo como que había ido a ver a la chica. Estaba a punto de levantarse decidida ya a hacer eso cuando unos golpecitos insistentes en la ventana de la habitación le llamaron la atención. ¿Estaba soñando o alguien le estaba tirando piedrecitas?

Alice se levantó, se dirigió hacia la ventana y miró hacia abajo. No pudo evitar articular una inmensa sonrisa cuando que el que tiraba las piedrecitas no era otro que Paul desde el jardín de su casa. Con aire divertido abrió la ventana.

-¿Es que no te acuerdas de mí?-preguntó Paul articulando una enorme sonrisa cuando la vio asomarse.

Alice sintió como el corazón le daba un vuelco y se sintió un poco tonta por haber dudado de él hasta hacía unos pocos segundos.

-No, no me he olvidado.-contestó risueña.-Déjame un par de minutos y estoy en tu casa.

La chica cerró la ventana, se miró en el espejo, se arregló un poco el pelo y bajó como una bala las escaleras. Sin dar mayores explicaciones a sus padres que un escueto “estoy ahí al lado”, salió de la casa y se dirigió a la casa de los McCartney, donde Paul ya la estaba esperando en la puerta que daba acceso al jardín fumándose un cigarrillo con aire despreocupado.

-Hola.-saludó él tirando la colilla al suelo y pisándola con la punta del pie.

-Hola.

Paul le abrió la puerta.

-Pase usted, señorita.-dijo el chico fingiendo una reverencia, cosa que arrancó una carcajada de Alice.-¿Preparada para hacer de jueza suprema?

-Por supuesto que sí.-respondió ella divertida.-Pero seré extremadamente cruel con mis opiniones.

-Así me gusta.-rió Paul.

Y dicho esto, los dos se dirigieron hacia el interior de la casa entre risas.

*********

Paul acabó de cantar, dio un pequeño acorde final y dejó su guitarra sobre la cama.

-¿Y bien?-preguntó mirando a Alice.-¿Qué te ha parecido?

Alice se quedó mirándolo fijamente, ensimismada, antes de contestar y Paul se fijó en sus ojos. Le encantaban.

-Creo que es una canción preciosa, en serio.-respondió al fin. Parecía sincera.-Una cosa... ¿eso qué dices es francés?

Paul soltó una risita. Alice había estado pendiente.

-Lo intenta.-bromeó.-¿En serio te gusta? En realidad es una parodia...

Alice se quedó extrañada.

-¿Una parodia?

-Sí. De las canciones francesas que se llevan tanto ahora. Son una auténtica ñoñería...-rió él.-De ahí el francés y el título de la canción.

-Michelle...-murmuró Alice con una sonrisilla.-Muy francés, sí señor...

Paul sonrió y sacó un cigarrillo de la cajetilla que había sobre la mesa de la salita.

-Por cierto...-dijo de repente Alice. Paul levantó la mirada. Alice lo miraba fijamente y en su expresión adivinó cierto miedo o vergüenza a decir lo que iba a decir.

-Dime...-la animó mientras se encendía su cigarrillo.

-Verás...-continuó ella dubitativa.-La otra noche me dijiste que la letra original de Yesterday era...

Paul soltó una carcajada. Recordaba perfectamente aquella parte de la conversación, aunque en aquellos momentos hubiera estado completamente colocado.

-La canción, antes de tener un título decente, se titulaba Scrambled Eggs.

Alice no pudo reprimir una carcajada sonora, cosa que hizo que Paul se echara a reír también.

-¡Venga, va! ¡Me estás tomando el pelo!-exclamó ella aún entre risas.

-¡No!-contestó él levantando las manos.-¡Lo juro!

-¡Eres un mentiroso!

-Vamos a ver, Alice, la canción se me ocurrió mientras dormía, me levanté corriendo y me puse a tocarla y a cantar lo primero que me vino a la cabeza para que no se me olvidara...-aclaró Paul intentando contenerse la risa.-Y el resultado fue Scrambled Eggs.

-Menos mal que le cambiaste el título...

-Y la letra... No me acuerdo exactamente de cómo era ahora, pero era digna de escucharse.-rió Paul.

-Tú no estás bien de la cabeza.-sentenció Alice divertida.

-Bueno, eso creo que es defecto de fábrica.-rió Paul inclinándose hacia adelante, aproximándose intencionadamente hacia la posición de Alice.

Permanecieron así unos instantes, mirándose. Y entonces Paul, después de comprobar que no le apartaba la mirada ni nada por el estilo, se acercó todavía más, casi de manera inconsciente. Otros segundos de espera, a escasos centímetros de su cara. Sólo faltaba otro leve acercamiento y sus labios entrarían en contacto... 

Y entonces, como si de un huracán a pequeña escala se tratase, Monster entró en la pequeña salita ladrando como un loco. Alice pareció reaccionar y, parpadeando, se apartó decidida de Paul.

-Es muy tarde, Paul, tengo que volver a casa.-dijo, aunque sonriendo.

El chico, todavía maldiciendo a su perro para sus adentros, asintió y la acompañó hasta la puerta.

-Gracias por la invitación.-dijo la chica antes de despedirse de él.-Ha sido un placer.

-El placer ha sido mío.-respondió él sinceramente.

-Adiós, Paul.

Con un movimiento rápido, la chica se puso de puntillas y le dio un rápido y suave beso en la mejilla, para después alejarse por la acera en dirección a su casa. Paul se quedó mirándola como un bobo con una sonrisilla en la cara mientras se tocaba la mejilla con la punta de los dedos. Aquello le había pillado completamente por sorpresa, pero le había gustado. Y tanto que le había gustado...


Bueno chicas! Aquí está el capi number 16. Ya veis, la gente esta noche se entretiene invocando a espíritus y gilipolleces varias o viendo pelis en las que muere todo el mundo excepto el chico guapo y la chica guapa, y yo me entretengo acabando este capi que lo tenía abandonado, al pobre...
Espero que os haya gustado, incluido el cambio a lo malo de Chris, que está en plan un poco maquiavélico por el temita de que parece que piensa "que el fin justifica los medios"... Ya veremos como acaba la cosa, que muy bien ya avanzo que va a ser que no...
Paloma, me pediste una foto de tu nueva guitarra, aquí la tienes, una como la de Kurt Cobain, la Fender Mustang, que salió en el 64 y la tuya en azul celeste. Y bueno, el amplificador como que no es una gran cosa de ver, pero también te cuelgo la foto para que veas (tía, te acabas de comprar el ampli que se compró John en el 60). (Nótese que como buena historiadora me he documentado bien antes de escribir, no es que yo sea una crack con las guitarras, eso mi padre que se ha pasado el pobre 38 años fabricando y de eléctricas como que tampoco, jajajaja).


Y bueno, pues que feliz Halloween, Todos los Santos o lo que celebréis en vuestra zona! 
Besotes y a pasarlo muy muy bien! :)