Era ya la última clase de la mañana y en el aula sólo podía escucharse el rasgar de los bolígrafos de los alumnos sobre el papel. Escribían todos a un ritmo frenético. Y es que estaban a sólo un par de semanas de los primeros exámenes parciales de la carrera, por eso estaban todos completamente concentrados.
Sólo tres personas en aquella inmensa aula repleta de gente, parecían estar en otras cosas. Sí, escribían, pero a un ritmo mucho más pausado que los demás, pillando sólo algunas ideas sueltas que dejaba hacer el profesor de cuando en cuando y sin poner demasiada atención en lo que estaban haciendo. Mary y Chris eran dos de esas personas. Tanto una como otra estaban pensando en la inminente despedida que se produciría dentro de pocos días. El tercero era David, sentado un par de filas más arriba y que, en lugar de escribir, se estaba dedicando a observar detenidamente a Christine, cosa de la que la chica no era ajena y hacía que se sintiera muy incómoda.
Desde la desafortunada cita que tuvieron hacía un par de semanas y que acabó como acabó, apenas se habían vuelto a hablar. Por un lado, las frecuentes faltas de la chica desde que estaba con John, habían hecho que se vieran más bien poco. Por otro lado, estaba lo incómoda que ella se sentía con el chico después de todo lo que había pasado, con lo cual intentaba evitarlo lo más posible, limitándose sólo a saludarle y a intercambiar con él escuetas frases cuando no tenía más remedio. No obstante, David parecía no querer cesar en su empeño por acercarse un poco más a ella y frecuentemente buscaba excusas para hablarle, cosa que a Chris no le hacía ni pizca de gracia. Gracias a Mary, que estaba enterada de todo y que muchas veces se metía por medio para quitarle a David de encima, la situación era un poco más llevadera.
La clase terminó al cabo de Christine se le hizo eterno. Estaba recogiendo sus cosas de la mesa mientras charlaba con Mary cuando David se acercó a ellas con paso decidido.
-Buenos días, chicas.-saludó él sonriente.-Hoy no nos habíamos ni saludado…
-Buenos días…-le contestó Mary poniendo una sonrisilla de incomodidad.
-Pues yo no sé que tienen de buenos…-masculló Christine entre dientes, sin poder evitar la brusquedad de la contestación. Le fastidiaba, y mucho, la insistencia de Dave.
El chico soltó una risita. Obviamente se había tomado a broma el comentario aunque ella lo hubiera dicho completamente en serio.
-Sí, bien…Las clases estas arruinan el día a cualquiera…-contestó él.-Pero bueno, me preguntaba si mañana sábado teníais algo que hacer por la noche.
-Millones de cosas importantes.-le cortó Chris sarcástica.
-La verdad es que sí, lo siento Dave…-se apresuró a decir Mary en tono afable mientras le dedicaba una mirada asesina a su amiga por usar aquellas maneras.-Verás, tenemos una cena de despedida y no podemos faltar.
-¿De despedida?-se extrañó el chico.
-Sí, de despedida. Adiós con el corazón, bye bye, au revoir y todas esas cosas, ya sabes…
-Chris…-le replicó Mary.-Perdónala, Dave, es que está de mal humor porque su hermano vuelve a Londres el lunes.
-Aaaah… Lo siento, pues.-dijo David dirigiéndose a ella.-Pero bueno, tampoco es tan grave, ¿no? Quiero decir, que un hermano… No sé… Si estás un tiempo sin verlo tampoco pasa nada… Y tú ya debes estar bastante acostumbrada a todo eso, creo yo…
-Ya…-murmuró Christine con cara de asco mal contenida.
-Bueno, Dave, nos tenemos que marchar, ¿vale?-cortó Mary antes de que su amiga le soltara alguna grosería más al chico.-Hablamos otro rato.
Las dos chicas salieron del aula en silencio, dejándose al chico allí plantado mientras las miraba como un pasmarote.
-¿Pero qué coño te pasa?- le preguntó Mary a Chris cuando salieron del edificio.-Sólo te falta morder…
-¿En serio quieres que te explique lo que me pasa?-le respondió Chris un poco molesta. Sabía que Mary tenía razón, pero aún así no lo podía evitar.
-Rich también se va, no sé si lo sabes...-le replicó Mary.-Así que no eres la única que está de mal humor.
Christine lanzó un suspiro exasperado. Estaban ya saliendo del campus universitario.
-Sí, igual será…-dijo finalmente.-Rich va a venir a verte cuando le dé la gana, igual que hará mi hermano con Alice o George con Gwen… Pero John no puede hacer eso, ¿sabes?
-¿Cómo que no puede?-se extrañó Mary.-Mimi vive aquí, puede decir que va a visitarla y…
-Mimi se muda la semana que viene.-le cortó Chris tajante.
Mary se quedó mirándola extrañada. Obviamente no tenía ni idea de eso.
-Ha vendido Mendips y se va de Liverpool.-continuó ella.-A Sandbanks, en el sur de Inglaterra. John le compró la casa en primavera… Así que ya me dirás ahora qué excusa se busca para venir aquí…
Su amiga calló durante unos instantes, meditando la respuesta que debía darle después de enterarse de aquello.
-Mira, aunque no esté Mimi aquí continúan viviendo sus hermanas… Y tiene más familia, ¿no?-dijo-Además, de todas formas, tampoco crea que deba buscarse ninguna excusa… Si Cynthia ya sabe lo del divorcio…
-Eso mismo dice él.-respondió Chris poniendo una sonrisa amarga.-Pero no sé si quiero que venga…
Mary le dedicó una mirada confusa y Christine se apresuró a aclarar sus palabras:
-Verás, quiero verle, estar con él… Si paso un día sin verle o escuchar sus payasadas y no soy yo… Pero imagínate si la prensa se llegara a enterar de esto antes de que se divorcie… Y ya sabes que Liverpool es como un maldito pueblo: aquí todo se sabe más pronto que tarde…
-Sabes que John va a pasar de esas preocupaciones tuyas y va a hacer lo que le dé la gana, ¿no?-le cortó Mary sonriendo.
-Sí, lo sé.-contestó Chris con la mirada perdida.-De hecho ayer me lo dijo así, con esas mismas palabras… Supongo que es una de las cosas por las que me quedé colgada de él… John es así. Pero no deja de preocuparme el tema: él, el grupo… Todo se iría a la mierda por mi culpa y no quiero que pase eso.
-No seas tonta, Christine McCartney. Todo saldrá bien, ya lo verás.-sonrió Mary.-Anda, ven y dame un abrazo, monstruo.
Christine soltó una risita entre dientes con la broma y se dejó abrazar por su amiga. La verdad era que en aquellos momentos le hacía mucha falta.
***************
Mary se despidió de Christine unos cuantos metros más abajo y se adentró, como siempre, en la callejuela donde Ringo la solía esperar después de clase. La verdad es que se le haría muy raro, a partir del lunes, volver a ir a la parada del autobús que iba hacia su barrio en lugar de allí. No le costó divisar para nada el coche del chico, aparcado detrás de una furgoneta comercial de color blanco que lo ocultaba parcialmente. Él estaba afuera, con una gorra echada hacia delante que cubría su cara casi al completo, apoyado sobre la puerta del copiloto mirando al suelo con aire pensativo.
-Hola, Rich.-lo saludó ella cuando se acercó.
El chico levantó la cabeza y la miró, dedicándole una tierna sonrisa.
-Hola.-respondió acercándose para besarla.
Ella le devolvió el beso, pero de una manera bastante más fría que lo habitual. Lo cierto es que aún estaba algo disgustada por el hecho de que él no le hubiera dicho antes que se iban ya y, eso, unido al hecho de que estaba bastante chafada por tener que despedirse de él tan pronto durante un tiempo indefinido, hacía que se comportara de ese modo tan distante.
-¿Aún estamos con esas?-le preguntó Ringo cuando se separaron. No lo había dicho bruscamente ni enfadado, simplemente estaba tremendamente serio.-No sé cómo decirte que lo siento… Sé que debería habértelo dicho, pero…
Mary soltó un suspiro. Claro que sabía que lo sentía y por supuesto que se lo perdonaba.
-Tranquilo, Rich.-le contestó ella sonriendo de manera tranquilizadora.-No es por eso…
-¿Y?
-Supongo que todos estamos un poco mal por el hecho de que os tengáis que ir tan pronto…-respondió Mary mirándolo a los ojos.-Todavía no me hago a la idea…
-Yo tampoco…-murmuró él bajando la vista.
Mary sonrió y le dio un beso breve y dulce en los labios, como intentando redimirse por su frialdad de hacía unos instantes.
-¿Me llevas a casa, Starkey?-bromeó después de eso.
Ringo soltó una risita entre dientes.
-Pues mira, no.-contestó resuelto.-A casa no te llevo. Hoy te invito yo a almorzar, ¿te parece?
-Pero…
-Pero nada. Además, tu madre nunca come en casa los viernes.-le dijo el chico abriéndole la puerta del coche.-Así que te vienes conmigo.
****************
-¡Papá, espera!-gritó Chris cuando vio a su padre entrando en casa.-¡No cierres la puerta!
El hombre miró en su dirección y esperó a que su hija llegara hasta la casa en una carrera.
-No hacía falta que te pusieras a correr, hija…-dijo divertido mientras, ahora sí, cerraba la puerta que daba acceso al jardín tras ella.-¿Qué tal han ido hoy las clases?
-Aburridas, como siempre.-bromeó la chica después de darle un beso en la mejilla.
-¿Aburridas?-se extrañó el hombre.-¿No te gusta la carrera?
Chris soltó una risita.
-La carrera me encanta, pero no por eso las clases dejan de ser un aburrimiento…-contestó ella.
-No tienes remedio…
-Lo sé.
-Sólo espero que no suspendas en los exámenes.-refunfuñó su padre mientras abría la puerta de casa.-Exámenes que sé que tienes a la vuelta de la esquina… Unos exámenes por los que no veo yo que estés estudiando mucho.
-Bah, papá, no seas agorero…-dijo ella divertida.-Son parciales, no hay mucho temario. Además, ¿cuándo te he suspendido yo algo?
-La universidad no es el instituto…
-Papá…
Justo en esos momentos, cuando iban a cerrar la puerta de casa, escucharon como alguien les llamaba desde afuera. A Chris le dio un vuelco el estómago. Sería capaz de reconocer aquella voz entre un millón.
-¡Vaya, hola!-dijo Jim con una sonrisa mirando hacia la puerta del jardín. Después, volviéndose hacia su hija, añadió:-Anda, Christie... Ve y ábrele a John.
Chris asintió y se dirigió hacia donde estaba él, que no le quitaba ojo de encima y sonreía descaradamente. La chica en aquellos momentos no sabía ni qué pensar ni qué sentir. Verle siempre era una alegría para ella, pero estaba su padre delante y si Jim notaba algo raro estaba acabada.
-¿Qué haces aquí?-susurró empezando a abrirle la puerta.
John le guiñó un ojo de manera casi imperceptible y Chris, de manera instintiva, miró hacia la puerta de casa, donde permanecía su padre. Afortunadamente, en esos no momentos, el hombre se estaba encendiendo un cigarrillo y no estaba mirando hacia ellos.
-Te quiero.-susurró John cuando pasó por su lado. Lo había dicho tan bajo que hasta a ella le había costado entenderlo.
Chris se quedó allí plantada viendo como John se dirigía hacia su padre con una sonrisa. Todavía no se explicaba cómo podía ser tan caradura. A ella el corazón le latía a mil por hora y él estaba allí tan tranquilo.
-¿Qué hay, Jim?-saludó él cuando llegó a la altura de su padre.
-Bien, bien…-contestó.-Aquí estaba, combatiendo con mi hija, para variar…
John soltó una pequeña carcajada y se volvió Christine, que en aquellos momentos ya había llegado a donde estaban ellos.
-¿A ver a mi hijo, John?
-Sí.-respondió él girándose de nuevo hacia Jim.-De hecho me envía Brian. Al parecer ha estado llamando toda la mañana para decirle los detalles del viaje del lunes y no contesta…
-¿No?-se extrañó el hombre.
-Dice que comunica. Igual está el teléfono mal colgado o algo…
-Puede…-dijo Jim.-Bueno, entremos y hablas con él.
John esperó a que padre e hija entraran delante de él y se puso detrás de la chica, demasiado pegado a ella. Sólo faltaba que la abrazara por detrás.
-¡Paul!-exclamó su padre cuando entraron en la casa. Christine aprovechó aquel despiste del hombre para volverse y darle un manotazo a John en el pecho, haciendo que el chico se alejara un paso de ella con una sonrisa pícara en los labios.
-Qué raro… No contesta…-masculló Jim entrando en el salón.- ¡Paul!
Christine sintió como de nuevo el corazón le daba un vuelco, no por nada agradable como antes, sino porque por su mente pasaron un montón de cosas extrañas, y ninguna buena, cuando escuchó a su padre exclamar el nombre de su hermano. Le dirigió una mirada rápida y angustiada a John, que también se había puesto tremendamente serio de repente, antes de asomarse los dos casi a la vez en el salón.
Y entonces ni John ni ella pudieron evitar soltar una carcajada casi al unísono cuando vieron la escena que estaba teniendo lugar en allí dentro. Sí, efectivamente Paul estaba allí, pero ni estaba mal precisamente ni tampoco estaba solo. Al parecer, Jim, que aún permanecía plantado donde ellos, ahora con una sonrisa burlona en la cara, aunque igual de sorprendido que hacía unos segundos, acababa de pillar a Paul y a Alice en una de sus sesiones intensivas de besos como lo había hecho ella días antes. La diferencia es que aquella vez, ellos sí que se habían enterado de que habían sido pillados. Paul parecía bastante tranquilo, con cara de no haber roto nunca un plato, como siempre hacía cuando lo pillaban haciendo algo. Pero Alice… La cara de Alice era todo un poema y la pobre no sabía dónde esconderse. Era obvio que se habían olvidado de la hora que era y por eso los habían pillado.
-Bueno… Yo mejor me subo a mi habitación…-dijo Jim divertido dándose la vuelta.-Voy a ponerme cómodo… Aquí os quedáis, chicos… y chicas.
El hombre desapareció de allí sin más y se perdió escaleras arriba enseguida. John y Chris entraron los dos como un huracán en el salón y se quedaron mirando a la pareja divertidos.
-¿Qué?-ladró Paul enfurruñado.
-Menuda pillada, Macca.-rió John.
-Hola Alice.-saludó Christine intentando contenerse la risa.
-Hola…-masculló la chica roja como un tomate.-Joder… qué vergüenza... ¿Qué va a pensar tu padre?
-Tranquila, se lo ha tomado a risa…-contestó Chris divertida.
-Esto puede que se lo haya tomado a risa, pero si baja y os vea a vosotros dos agarrados de la mano no creo que le haga tanta gracia…-refunfuñó Paul.
Hasta que su hermano no dijo aquello, Christine no fue consciente de que John y ella tenían las manos entrelazadas. Había sido algo inconsciente, simplemente se habían agarrado de la mano cuando habían entrado en el comedor para hacerles la broma a Paul y a Alice. Inmediatamente, ella se soltó de John, asustada por lo que habría podido pasar si hubieran hecho eso sin darse cuenta delante de su padre.
-¿Qué haces aquí, John?-preguntó Paul mirándolo fijamente poniendo una sonrisa sarcástica.-¿Acaso vienes a que mi hermana te presente como nuevo miembro de la familia?
-Todo se andará, Paul, todo se andará…-rió John que en absoluto pareció molestarse por el comentario.-Pero por ahora no he venido para presentarme como tu cuñado oficial…
-Qué feo queda eso de llamarte cuñado…
-Más feo eres tú y mira…-bromeó John sacándose un papelito doblado del bolsillo de la chaqueta.-Toma, aquí tienes las instrucciones de Brian para la mierda del lunes este…
Paul se puso serio de repente, como lo habían hecho todos los que estaban allí cuando John nombró el lunes.
-Horarios y demás gilipolleces suyas…-continuó John tendiéndole el papel.-Ahí está todo…
-Vale.-dijo Paul guardándoselo en el bolsillo de la camisa sin ni siquiera mirarlo.
Un incómodo silencio se hizo de repente entre los cuatro. Era obvio que todos estaban con la cabeza en puesta en la despedida.
-Bien…-dijo Alice de repente.-Yo creo que lo mejor será que me vaya a casa…
-Y yo también me tendré que ir yendo…-masculló John fijando su mirada en Christine.
La chica lo miró. Sus ojitos empequeñecidos detrás del grueso cristal de sus gafas mostraban una tristeza y una seriedad que pocas veces le había visto y le dedicó una sonrisa tranquilizadora. Estuvo a punto de besarlo allí mismo, pero en el último momento se contuvo. Y menos mal que no lo hizo porque justo en aquel mismo instante, Jim McCartney apareció de nuevo en el salón. Fue entonces cuando Chris adquirió plenamente consciencia de que su asunto con John era lo más parecido a jugar con fuego que podía hacer. Y tenía la sensación de que tarde o temprano acabaría quemándose.
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Parecía mentira que fueran los mismos que estuvieron en el cumpleaños de Gwen hacía unos días que los que estaban ahora reunidos en el piso de Ringo. Sí, los ocho otra vez, pero con algunas diferencias. La primera es que ahora estaban todos emparejados y nadie hacía ningún esfuerzo por disimular ante los demás, ni siquiera Chris, bastante reacia a las muestras de afecto en público, le estaba poniendo problemas cuando le daba alguna caricia en el pelo o le robaba algún que otro beso. La segunda diferencia es que estaban todos bastante más serios que la vez anterior. La cena olía a despedida, y hasta el miope de John Lennon lo podía ver con claridad meridiana.
Estuvieron allí tranquilos, comiendo, bebiendo y fumando. Dejándose, también, a Alice y sobre todo a Gwen, pasmadas cuando John sacó de su bolsillo la marihuana y empezó a liar porros para fumárselos allí mismo. El chico sonrió divertido. Si reaccionaban así ante la marihuana, no se imaginaba lo que podría pasar cuando descubrieran su descubrimiento más reciente: sus viajes con LSD.
-¿Quién se anima a echarse unas risas?-preguntó mirándolos a todos.
Paul y Ringo asintieron casi al instante.
-Yo paso esta vez.-contestó George lanzándole una mirada furtiva a Gwen. Estaba claro que no quería colocarse por ella.
-Yo como mucho comparto.-respondió Chris a su lado.
John le dedicó una sonrisa. Le encantaba cuando se ponía en plan “voy a saltarme todas las normas”.
-Compartimos tú y yo, pequeña… ¿Mary? ¿Te apuntas?
La chica se lo quedó mirando. Primero a él, después a Ringo.
-Jamás he probado…-dijo finalmente.
-Alguna vez ha de ser la primera…-rió John pasándole un porro ya liado a Ringo.-Compártelo con tu chica, Rich. ¿Alice, Gwen?
Las dos chicas dudaron por unos instantes.
-Yo creo que no…-contestó Gwen al cabo de unos segundos.-Ni siquiera fumo…
-Y yo… No sé. Creo que como mucho le robaré unas caladas a Paul…-contestó Alice sonriente.
-Y como si me lo quieres robar entero…-le dijo Paul encendiéndose su porro.
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Habían bajado las escaleras del edificio al cabo de un buen rato. No era aún muy tarde pero, sobre todo ellos, iban ya bastante pasados, además de colocados. Estaban todos arremolinados en el portal discutiendo sobre a qué sitio iban a ir cuando John agarró a Christine por la cintura y la apartó varios pasos de los demás.
-¿Qué pasa, Johnny?-rió ella mientras él le besuqueaba el cuello.
-Pues que no hace falta que tú des tu opinión en todo eso…
-¿Ah, no? ¿Y eso por qué?
-Pues porque tengo mejores planes para ti y para mí, pequeña… Fiesta privada, si lo quieres llamar así…
Chris se volvió y lo miró con una sonrisa traviesa.
-¿Y por qué debería ir a esa fiesta privada en lugar de con los otros, Lennon?
-Mmm… No sé…-susurró él antes de darle un intenso beso.-¿Por esto?
-Creo que me has convencido con tus argumentos…-respondió ella para justo después devolverle el beso.
-¡Pero por favor, qué asco!-gritó de repente Paul por detrás de ellos.-¿Podéis dejar de comeros la boca delante de mí, por favor?
Todos los que estaban allí estallaron en una inmensa carcajada, excepto Paul, claro, mientras ellos dos se separaban también con aspecto de estar divirtiéndose como nunca.
-Anda que…-rió George cuando John los miró.-¡Iros a un hotel!
-¿Y adónde crees que vamos?-respondió John con una risita.
-¡¿Qué?! ¿A un hotel? ¿Los dos?-preguntó Paul airado.
-Anda, Paul…-susurró Alice agarrándolo de la mano intentando contenerse la risa ante la reacción desmesurada del chico.
-Sí, eso he dicho.
Paul se limitó a soltar una serie de gruñidos ininteligibles mientras los demás no podían dejar de escapar risas por lo bajo.
-¿Nos vamos o qué, guapa?-le preguntó John a Christine tironeando de su mano.
-Pues claro.-contestó ella risueña y, después, dirigiéndose a los demás, añadió:-Adiós, chicos. Nos vemos mañana. Hermanito, no me esperes levantado…
-Largaros de aquí y que os aproveche.-masculló Paul enfurruñado todavía mientras los demás estallaban de nuevo en otra carcajada.
John y Chris salieron de allí casi en el acto, riendo, sin preocuparse por lo que podía suceder si alguien reconocía a un John Lennon sin disfrazar agarrado de la mano de otra chica que no era su esposa. Ni tan siquiera ella pensó en aquello. Seguramente serían los efectos del porro que se habían fumado, pero en aquellos momentos no les importaba absolutamente nada ni nadie.
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Gwen estaba sentada en el sofá de uno de los reservados del Blue Angel, uno de los clubs más VIP de Liverpool al que iba por primera vez aquella noche en compañía de los chicos. La música estaba bien, su grupito estaba apartado del resto de la gente evitando así miradas indiscretas y le encantaba la compañía pero, sin embargo, no lo estaba pasando nada bien. No tenía ganas de fiestas, simple y llanamente.
-Hola cariño.-dijo George acercándose a ella. Llevaba un par de vasos en la mano.- Te traigo esto.
Gwen agarró el vaso con una sonrisilla y George se dejó caer a su lado en el sofá.
-¿Qué es?-preguntó olisqueando el contenido del vaso.
-Whiskey con cola.-contestó él.- Espero haber acertado…
Gwen no contestó. No bebía y no podía saber si aquello que le traía George estaba bueno o no. Dio un breve sorbo al vaso y no pudo evitar poner una mueca de asco. Aquello estaba asqueroso.
-Veo que no he acertado…-rió George cuando vio la cara que puso.
-No, si está bueno…-mintió Gwen. Le sabía mal hacerle aquel desplante.
-Por la cara que has puesto diría que no…-contestó él con una sonrisa mientras le arrebataba el vaso de la mano.
-Es que… No estoy acostumbrada a todo esto…-masculló ella.
George se acercó a ella y empezó a juguetear con un mechón de su pelo.
-Es todo cuestión de acostumbrarse, como todo…-murmuró.-Oye, Gwen… ¿puedo preguntarte algo?
-¿Qué?
-¿Qué te pasa esta noche?
La pregunta de George la había pillado por sorpresa y no sabía muy bien qué responderle. Lo cierto es que ni ella misma lo sabía muy bien. La chica fijó la vista en los demás: sonaba una canción lenta y tanto Ringo y Mary como Paul y Alice estaban bailando juntos. Parecían todos tan felices…
-Te vas, eso es lo que me pasa…-contestó al cabo de unos segundos todavía con la mirada perdida.
George le puso la mano en la barbilla y le volvió la cara hacia él, obligándola a mirarlo.
-No me voy para siempre…-contestó con una sonrisa tranquilizadora.-Mira, hagamos una cosa… No sé mi agenda aún… Pero seguro que tenemos por lo menos un día o dos libres cada semana hasta que salgamos de gira, así que te prometo que vendré a Liverpool cada uno de esos días para estar contigo.
Gwen abrió los ojos como platos aún sin poder creerse la promesa que le acababa de hacer George.
-¿En serio?-preguntó la chica.-Pero… ¡ni siquiera vas a poder descansar ni un día!
-No te preocupes por eso, boba.-rió George.-Y te llamaré todos los días, eso seguro.
Gwen sonrió y no pudo reprimir sus ganas de darle un dulce beso al chico. Después de aquella promesa, su marcha el lunes no era una cosa tan trágica como había pensado.
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Christine y John salieron del ascensor en silencio. Él la estaba abrazando fuerte, como si quisiera mantenerse aún unido a ella como lo habían estado físicamente hacía un rato. La chica jamás había estado tan a gusto. Estar así, caminando apoyando levemente su cabeza contra el pecho de John mientras él la rodeaba con el brazo le daba una seguridad y una tranquilidad que pocas veces había sentido en su vida. Simplemente tenía la sensación de que estando así con él nada malo podía sucederle.
Sin soltarse, se dirigieron hacia el mostrador de la recepción. El recepcionista, un hombre serio de unos cincuenta años les dedicó una mirada severa. Pese a que estaban inscritos con un nombre falso, era más que evidente que había reconocido a John. No obstante, que él les reconociera no preocupaba a Christine en absoluto. Sabía que si decía algo se jugaba su puesto de trabajo, estaba bajo una especie de secreto profesional, así que su aventura estaba a salvo.
-Señor y señora Winston…-murmuró el hombre mientras recogía la llave de la suite que le acababa de dar John.-Espero que, aunque breve, su estancia aquí haya sido de su agrado.
-No lo dude.-contestó John con una risita que avergonzó a Chris.
John le pagó lo que le debía, la habitación por una noche y una botella de champagne que él se había empeñado en pedir al servicio de habitaciones, por un precio que a Christine le pareció completamente desorbitado. Después se despidieron del recepcionista y salieron a la calle, ahora sí, rompiendo el abrazo de hacía unos momentos.
-Está a punto de amanecer…-murmuró Christine.
-Y hace un frío que pela…-dijo John mientras abría el coche.
Chris iba a meterse en el coche cuando lo vio. David, su compañero de clase, el pesado, el soso, el muermo, el idiota, bajaba en aquellos momentos por la calle, justo en la dirección en que ellos estaban.
-Mierda…-fue lo único que fue capaz de mascullar antes de que Dave los viera a los dos.
-¡Chris!-gritó David cuando la reconoció. Sólo estaba a escasos metros de ella.-¿Qué haces?
La chica puso una mueca de fastidio a la vez que John se giraba lentamente hacia él, entrecerrando los ojos para verlo mejor pese a que llevaba puestas las lentes de contacto. David iba claramente muy borracho y llegó hasta donde estaban ellos casi balanceándose.
-¿Quién es…?-preguntó con voz pastosa mirando a John.-¿Éste? ¿El idiota éste es con quien vas?
-Déjanos en paz, David.-le dijo Christine de malos modos apartándose un paso de él para evitar que le pusiera las manos encima como evidentemente quería hacer.
-Lárgate de aquí, tonto del culo.-masculló John mirándolo desafiante.
-Tú no me vas a decir que me largue…-le contestó David.-Oye, Christine… Joder… Jamás pensaba que estarías con el tío este… Si te dijo de todo el otro día… Y encima está casado… Hay que ser muy…
-Te he dicho que te largues, imbécil.-le cortó John acercándose hacia él.
David hizo un gesto de desprecio con la mano y continuó mirando a la chica. Sin que ella pudiera esperarlo, su compañero de clase le puso su mano en la cara y se la acarició, mirándola de manera penetrante. Ni siquiera le dio tiempo a apartarse, sólo a ver la mirada furibunda de John y de entender, en cuestión de milésimas de segundo, que David acababa de cometer el mayor error de toda su vida.
-¡No te atrevas a tocar a mi chica, maldito hijo de puta!-gritó John a la vez que lo agarraba por la espalda y lo apartaba violentamente de ella.
Chris se quedó paralizada, sin saber qué hacer, mientras John tiraba al suelo a David con un fuerte empujón y lo arrinconaba contra su coche a patadas furiosas.
-¡Joder, John!-gritó la chica cuando por fin reaccionó abalanzándose sobre él. Estaba completamente fuera de sí y sabía que si no lo impedía no iba a parar.-¡Para, mierda! ¡Lo vas a matar!
John paró de repente cuando sintió la mano de ella agarrándole del brazo y se quedó mirando a su víctima con la respiración agitada. Después, con un movimiento brusco se agachó y agarró al chico de las solapas, levantándolo de nuevo.
-Lárgate de aquí, maldito cabrón.-silbó John a escasos centímetros de su cara antes de soltarle con la misma furia con la que lo había agarrado.
David echó a correr, cojeando como pudo.
-¡Voy a denunciarte, bastardo!-le gritó volviéndose hacia ellos cuando estuvo lo suficientemente lejos.-¡No creas que por ser quien eres te vas a librar!
-¡Mira como tiemblo, marica de mierda!-le respondió John furioso.-¡John Winston Lennon! ¡Ese es mi nombre completo, colega, para que vayas y sepas bien a quién tienes que denunciar!
-John… por favor…-susurró Chris a su lado. Todavía tenía la mano sobre su brazo.
John se volvió hacia ella. Ya no tenía aquel brillo furioso en sus ojos, si no que la miraba con dulzura. No obstante, Christine ya no podía devolverle la misma mirada. No en aquellos momentos.
-¿Estás bien?-preguntó él.
-Yo sí.-respondió la chica secamente.-Llévame a casa.
Él se quedó mirándola extrañado y no dijo nada. Los dos se metieron en el coche y se pusieron en marcha dirección a Heswall en silencio.
-¿Qué coño te pasa?-preguntó John bruscamente al cabo de cinco minutos mirándola de reojo.
Christine soltó un suspiro. Sabia que John había tenido cientos de peleas de ese tipo, pero jamás había imaginado que tal violencia pudiera salir de él. No obstante, ella no le tenía miedo para nada. Es más, sentía que era él el que le tenía miedo a ella en aquellos momentos.
-Casi lo matas. Te has pasado.-contestó mirándole.
-¿Qué me he pasado?-preguntó indignado.-¡No voy a permitir que nadie te ponga un dedo encima ni que te diga nada malo!
-Ya te dije que no quiero que me defiendas. No iba a hacerme nada.
-¿Cómo que no te defienda? Eres mi chica.
Christine le clavó la mirada, de una manera tan severa que hizo que John parara el coche en el arcén de la carretera.
-¿Qué?-le preguntó él, a la defensiva.
-Pues que quiero que esto te quede muy claro, John.-contestó Christine seria.-No soy de tu propiedad, ni tuya ni de nadie, ¿me entiendes? Lo de ser TU chica será en el sentido de que yo te quiero y tú me quieres. Pero no voy a ser TU chica como si de ser TU perrita se tratara, ¿vale?
John se quedó mirándola confundido aunque Chris no le apartó la mirada. Estaba hablando totalmente en serio. Por una vez, iba a hacerle caso a Paul y “a no convertirse en la nueva Cynthia”. Iba a pararle los pies a John costase lo que costase por más que eso le doliera incluso a ella misma. Y es que no estaba dispuesta a convertirse en un trofeo más de su colección ni a acatar todo lo que él dijera o hiciera sin más. Ella no era así y no iba a cambiar su manera de ser por mucho que lo amara.
-¿Pero qué me estás contando?-dijo él al fin.
-Lo que oyes, John. ¿O quieres que te lo vuelva a repetir?-le preguntó ella en un tono de voz que le sonó bastante desafiante.
-No creo que haga falta.-respondió él secamente.-Pero pensé que sabrías apreciar lo que acabo…
-Quizás eso te lo aprecien los matones de la mafia, no yo.-le cortó ella.-Me gusta y amo al John que está conmigo, no a ese neandertal que he visto hace un rato casi matando al primer mamarracho que se nos cruza.
John apartó la mirada y la fijó al frente, sin contestar, meditando lo que ella le acaba de decir.
-Lo siento.-dijo al fin sinceramente.
Chris lo miró sorprendida. Jamás hubiera esperado esa respuesta de John.
-La he cagado.-añadió.-Supongo que soy un maldito energúmeno. No te merezco, joder.
La chica no podía salir de su asombro. Incluso le parecía que estaba a punto de echarse a llorar allí mismo. No se explicaba cómo una persona podía tener tantas contradicciones juntas.
-John…-murmuró ella pasándole la mano por el pelo.-No digas eso.
-Es cierto, Christie.
-No lo es. Al menos no lo es en parte. Sí, la has cagado, pero no eres ningún energúmeno aunque te hayas comportado como tal. Yo sé que no lo eres…
John soltó una risita amarga.
-¿Vamos a casa?-preguntó ella cuando vio que las cosas estaban más calmadas.
-Vamos.
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Ya había llegado el temido lunes y el jardín de la casa de los McCartney estaba a rebosar de gente, tal y como lo había estado hacía una semana. La diferencia era que esta vez no estaban todos tan contentos, ni siquiera los chicos, que habitualmente estaban siempre ilusionados cuando se tenían que meter a grabar algún nuevo trabajo.
Alice estaba allí plantada, junto con Gwen y Mary, esperando a que ellos acabaran de cargar los trastos en la furgoneta que Mal Evans había traído hasta allí. Chris se acababa de meter en casa, junto con Mike, para acabar ayudarle a sacar unas cosas que Paul se había dejado olvidadas. Cerca de ellas estaba Brian, hablando con Jim McCartney y dirigiéndoles, de cuando en cuando, miradas bastante significativas a las chicas que hacían que todas ellas se sintieran bastante incómodas. Era obvio que sabía por qué estaban allí, como también lo era que mucha gracia no le hacían.
-¿Todavía no ha llegado?
La pregunta de Chris por detrás las pilló a todas por sorpresa. La hacían aún dentro de casa.
-No.-le respondió Alice mirándola. Todas sabían a la perfección por quién estaba preguntando Christine.
La chica soltó un bufido de fastidio y miró su reloj.
-Tranquila, mujer.-intentó tranquilizarla Mary.-No tardará… Ya sabes que los aeropuertos siempre son un poco…
John había ido a acompañar a la que en breve sería su exmujer y a su hijo al aeropuerto. Ellos dos volverían, junto con Lilian Powell, la madre de Cyn, en avión a Londres, mientras que John lo haría junto con los chicos en coche, mucho más discreto que los aviones.
Justo en aquel preciso momento, un taxi paró delante de la casa y John bajó de él con su sempiterna gorra.
-Lo siento.-le escucharon decir a los chicos.-He pasado también a despedirme de Mimi y de mis hermanas.
Después, dedicó una sonrisa hacia donde estaban las chicas y empezó a descargar cosas del maletero del taxi para empezar a cargarlas en la furgoneta. Alice miró de reojo a Christine, que sonreía también de una manera muy poco disimulada. Casi de manera automática, se giró hacia donde estaban Jim, Brian y Mike. Afortunadamente su padre y su hermano parecían no haberse dado cuenta de aquel gesto y charlaban entre ellos. Sin embargo, Brian, estaba clavando la mirada en su amiga sin que ella ni siquiera se diera cuenta.
-Chris…disimula un poco…-le susurró.-Sólo falta que te tires encima de él para besarlo y Brian te está asesinando con la mirada.
Su amiga se dio cuenta enseguida de lo que estaba haciendo y cambió inmediatamente su gesto.
-Gracias.-le contestó.
Los chicos acabaron de cargar en cuestión de pocos segundos las cosas de John y se dirigieron hacia donde estaban todos. Ahora sí, había llegado el momento de despedirse.
Paul fue el primero que se acercó. Se despidió de su padre y de sus hermanos con un abrazo prometiéndoles verse pronto y después se acercó a Alice con una sonrisa de oreja a oreja. Y casi sin que la chica se diera cuenta, Paul ya estaba dándole un beso dulce y tremendamente largo.
-Nos veremos dentro de poco, te lo prometo.-le dijo finalmente.
Alice le dedicó la mejor de sus sonrisas.
-Eso espero.
Paul le volvió a dar un beso mucho más breve.
-Hasta pronto, pues.
-Hasta pronto.
La chica miró a su alrededor antes de que Paul se metiera en el coche. Todos estaban casi igual. Mary y Ringo y George y Gwen, haciéndose promesas de que se verían en menos de los que se esperaban y que las llamarían. Sólo a su lado, John y Chris se mantenían a una distancia más que prudencial aunque no podían evitar dedicarse miradas furtivas de cuando en cuando.
-Bien, Jim, un placer como siempre.-dijo John dirigiéndose hacia el padre de la chica, que en aquellos momentos estaba al lado de su hija y de Mike.-Mike, nos veremos pronto.
-Buen viaje.
-Por supuesto que nos veremos pronto…
-Y Chris…-empezó a decir John mirándola.- Nos vemos.
-Claro.-contestó ella con una sonrisa forzada.-Pronto.
John le dedicó una sonrisa y se acercó hasta donde estaban las demás chicas para despedirse de ellas y después, subió al coche junto con los demás.
Alice volvió a dirigir la mirada hacia la ventana de detrás, donde podía ver a Paul y los dos se miraron por última vez antes de que el coche arrancara y se perdiera detrás de la furgoneta de Mal calle abajo.
Ahora, sólo quedaba esperar.
Bien, se acabó lo que se daba. Un capi largo este, verdad? Pero bueno, había que ponerlo todo... Las despedidas nunca me gustaron, pero había que ponerlo, no? jeje. En fin, qué tal los reyes? Cargados? Yo por mi parte sí, pensé que me iban a traer carbón porque muy buena no he sido, pero parece ser que me han tomado ya por imposible y han algo han dejado. En fin, mi regalito de reyes particular para todas vosotras es esto... A falta de poder enviaros un perfume de Dolce & Gabana o alguna cosa pija de esas, pues os tendréis que conformar con esto, jejeje.
Súper besos y a pasarlo genial!
viernes, 6 de enero de 2012
martes, 3 de enero de 2012
Capítulo 24: Concierto, dulce concierto...
La cama de Gwen no podía tener más ropa encima. De hecho, la chica, que estaba revolviendo su armario de manera compulsiva, ya había empezado a amontonar vestidos, pantalones, faldas, blusas y camisetas encima de la silla del escritorio. Justo en el preciso instante en el que lanzaba otro vestido sobre la silla con un bufido de fastidio, la puerta de su habitación se abrió y apareció su madre.
-¡Hija!-exclamó la mujer horrorizada ante el desastre de la habitación de su hija.-¿Pero qué es todo esto?
-¡No tengo ropa, mamá!-le respondió Gwen desesperada volviéndose hacia ella.
Su madre miró incrédula hacia los montones de ropa que había desparramados por la habitación.
-Pues si no tienes ropa que baje Dios y lo vea.-masculló la mujer.-¿Se puede saber qué buscas?
-¡Algo que ponerme para el concierto!-exclamó la chica.-¡U no tengo nada! ¡Nada! Lo que tengo, o es demasiado arreglado para un concierto de rock o es demasiado desastre. ¡Y George pasará a recogerme en menos de tres horas!
Su madre suspiró y esbozó una media sonrisa cuando su hija nombró a George. Sí, Gwen por fin le había contado que lo conocía y que era un chico maravilloso, que eran muy buenos amigos y que la había invitado a ese concierto. Y, pese a que había esperado una reacción distinta por parte de su madre, la mujer se lo había tomado muy bien. Bien, a ella también le encantaban The Beatles y la verdad es que no veía mal que su hija tuviera esas amistades precisamente con el que mejor le caía de todos, el que más serio y formal parecía de los cuatro.
-Tres horas todavía es mucho tiempo…-contestó al fin su madre en tono tranquilizador.-¿Por qué no te pones aquel vestido que te regaló tu tía?
-¿Bromeas? ¿Quieres que parezca una princesita?
-¿Y aquel conjunto gris que tenías?-insistió la mujer.
-¿Gris? ¡Pareceré una monja, mamá!-exclamó Gwen negando con la cabeza.
-Pues mira, ponte lo que te dé la gana.-contestó finalmente la mujer a la vez que el timbre de casa sonaba.-Mira, ahí te quedas con tu ropa. Voy a abrir.
Su madre salió de la habitación y cerró de nuevo la puerta tras de sí, dejando allí a Gwen con la ardua tarea de encontrar un modelito apropiado para el concierto de esa noche.
No habían pasado ni cinco minutos cuando la puerta de la habitación se abrió de nuevo y volvió a entrar su madre, pero esta vez seguida por Chris.
-Hija, ha venido Christine a verte. Quería darte no sé que para la guitarra.-anunció su madre que, después, volviéndose hacia la recién llegada, dijo:-Disculpa el desastre, pero ya ves que Gwen está histérica buscando qué ponerse…
Gwen soltó un bufido de fastidio a la vez que su madre salía de la habitación y las dejaba a las dos allí solas.
-Toma, Gwen.-dijo Chris tendiéndole una carpeta que llevaba en la mano.-Más partituras. Las he encontrado esta mañana buscando por los cajones. Supongo que son de Paul, pero no creo ni que se acuerde de que las tiene… Así que para ti, seguro que les das un mejor uso.
-¡Gracias Chris!-exclamó la chica olvidando por unos segundos su agobio mientras agarraba la carpeta.-Pero no sé… Me sabe mal que si Paul la busca…
-Bah, no te preocupes por eso quédatela.-contestó Chris mirando el desastre de la habitación antes de añadir divertida:-¿Qué ha pasado por aquí? ¿Una manada de búfalos?
Gwen sintió como se ponía roja de vergüenza. Sí, realmente su habitación parecía una leonera en aquellos momentos.
-Bueno… Ya te ha dicho mi madre que no sé qué ponerme… No encuentro nada que me guste.
Chris echó una ojeada rápida a los montones de ropa antes de contestar.
-Para un concierto como al que vas, descarta la ropa que parece que sea para ir de boda.-sentenció.-Pero tampoco es plan de ir como irías a clase un lunes…
-Justamente ese es mi problema.-respondió Gwen frustrada.-No tengo nada de ese término medio.
-¿Cómo que no?-se extrañó Christine.
-Pues como que no. Mira y juzga tú misma.
-Bien, eso no es ningún problema.-contestó la chica divertida.-Ponte una chaqueta porque te vienes a mi casa ahora mismo. Supongo que encontraremos algo que te pueda dejar.
-¿En serio?-Gwen estaba a punto de dar saltos de alegría.-¿Harías eso por mí?
-Ni que te fuera a salvar la vida…-rió Chris.- Venga, va, acompáñame, no hay tiempo que perder.
Las dos chicas salieron de la casa de Gwen apresuradamente dejando todo aquel desastre allí y se dirigieron a la casa de los McCartney.
-¡Vamos arriba!-gritó Chris asomándose por puerta del comedor de su casa para avisar a su padre, que en aquellos momentos estaba leyendo el periódico plácidamente sentado en su sillón.
El hombre asintió sin tan siquiera levantar la vista del diario y las dos chicas subieron las escaleras.
-¡Ey! ¿Dónde vais tan rápidas?-rió Paul, que casi había chocado con ellas cuando había salido de su habitación.
-Deja pasar, gusano, que hay prisa.-le replicó Christine divertida apartándolo con la mano.-Gwen necesita vestirse.
-Pues yo no la veo desnuda…-bromeó Paul con una sonrisilla pícara mirando a Gwen, que notó de nuevo como los colores le subían a la cara.
-Idiota…-masculló Christine empezando a entrar en su habitación seguida por Gwen.
Casi de manera automática, Chris abrió su armario y empezó a rebuscar entre las perchas.
-Mira, esto puede servirte…-dijo sacando un vestido rojo muy gracioso.
Gwen lo agarró y lo miró, Era muy bonito pero a la vez informal, justo lo que ella estaba buscando.
-O éste también está bien…-continuó Christine, que ahora tenía en las manos una blusa con unos pantalones.
-Eso es horrible.-las interrumpió Paul por detrás.
Las dos chicas se giraron hacia la puerta, sonde él estaba apoyado con una sonrisilla burlona.
-Horroroso.-añadió negando con la cabeza.-Para ponerse a llorar.
-Pues no sé si lo recuerdas, pedazo de imbécil, pero esto tan horroroso me lo regalaste tú por mi cumpleaños.-le espetó bruscamente Chris, aunque también parecía estar divirtiéndose.
-Bueno, una ropa horrorosa para una hermana horrorosa. Es adecuado.-rió él a la vez que intentaba esquivar la blusa, que le acababa de lanzar su hermana directamente a la cabeza.
Gwen no pudo menos que reírse con aquella situación, aunque a ella no le parecía en absoluto nada fea la ropa que le acababa de enseñar su amiga.
-Está bien chicas, haceros a un lado porque aquí llega el experto.-dijo Paul quitándose la blusa de la cabeza y dirigiéndose hacia donde estaban ellas.
-¡Quita, tonto!-exclamó Chris divertida cuando él se asomó a husmear dentro de su armario.-¿Tú qué vas a saber de ropa?
-De ropa no sé, pero de conciertos creo que entiendo bastante…-contestó Paul rebuscando entre las perchas.-He ido a algunos y creo saber cómo van vestidas las chicas…
-A vuestros conciertos sólo van niñas pijas.-le cortó Christine con la mera intención de fastidiar, haciendo que Gwen soltara una carcajada.
-Sí, claro… Niñas pijas como tú, que vienes siempre que puedes.-le contestó Paul resuelto.-¿A qué sí, Gwen?
-Yo mejor no me meto, no vaya a ser que alguno de los dos me mate…-rió la chica.
-¿Yo pija? ¡Serás asqueroso!-exclamó Christine sin poder aguantarse la risa.
Paul soltó una risita y sacó del armario un vestido corto de color violeta con un estampado con florecillas bastante delicado. Se quedó mirándolo durante unos instantes, se lo puso delante de Gwen, lo volvió a mirar y asintió.
-Esto está bien para ese concierto al que vas…-dijo finalmente el chico tendiéndole el vestido.
Gwen lo agarró y lo miró. Realmente era muy bonito a la vez que sencillo. Sí, era, simplemente, perfecto.
-Creo que este me gusta.-afirmó ella finalmente sin poder dejar de mirarlo.
-Ale, pues ya tienes vestuario para esta noche.-sentenció Chris sonriente.-Con este vestido te pones unas botas y vas a estar genial.
-Y todo gracias a mí.-dijo Paul sonriendo con autosuficiencia.- Si es que… Que tenga que venir un chico para vestiros… ¡Vergüenza os tendría que dar!
-¿Te digo una cosa, hermanito? Lárgate antes de que te haga comer un zapato o algo por el estilo.
Paul soltó una carcajada y salió de la habitación aún entre risas.
-Por cierto, Gwen…-dijo de repente volviéndose hacia ellas antes de salir definitivamente.-Que el violeta de ese vestido es el color favorito de George…
La chica sintió como se quería morir de vergüenza allí mismo. Y es que, que Paul la considerara ya como el nuevo ligue de George la ponía bastante nerviosa.
-No le hagas caso, nació tontito el pobre…-dijo Chris riendo también cuando Paul hubo salido de la habitación.-Venga, ¿te lo pruebas a ver qué tal te queda?
La chica asintió contenta y se lo probó en un momento.
-¡Te queda fantástico!-exclamó Chris mirándola con una inmensa sonrisa en los labios.-Ni hecho a medida… ¡Mírate y verás!
La chica le abrió la puerta del armario, que tenía un espejo de cuerpo entero por la parte de dentro, y Gwen se miró. Efectivamente, debía reconocer que le quedaba muy bien y, además, era increíblemente cómodo.
-¡Oh, Dios! ¡Es perfecto!-dijo después de mirárselo satisfecha.- ¡Me has salvado la vida!
Chris soltó una risita ante aquella afirmación.
-Pues si tanto te gusta, quédatelo.-contestó finalmente.
-¿Qué?-se extrañó Gwen.
-Que te lo quedes, que es tuyo.
Gwen se quedó mirando a su amiga sorprendida.
-No puedo aceptar esto, Chris…-contestó.
-Bah, no seas tonta.-le cortó su amiga resuelta.-Te queda genial, mucho mejor que a mí, que no me lo pongo nunca porque no me gusta como me va… Y para que esté en el armario, pues mejor que lo tengas tú.
-¿En serio?
-¿Tengo cara de estar bromeando?-rió Christine.
-Pues… ¡gracias!-gritó Gwen abrazándose a ella.
-De nada, de nada…-contestó Chris sin poder parar de reír ante su alegría. Pero es que, sin lugar a dudas, en aquellos momentos Gwen era la persona más feliz del mundo.
*************************
Mary entró en el Ye Cracke y miró hacia la mesa del fondo, donde habitualmente solían sentarse cuando iban allí a tomar algo y charlar un rato. Todavía permanecía vacía, por lo que supuso que ni Alice ni Christine (Gwen no iba a ir porque estaba preparándose para el concierto con George) habían llegado todavía. Aun así, decidió comprarlo dando una ojeada rápida al resto del local. No, aún no estaban. Sólo había tres mesas llenas de estudiantes que hablaban animadamente entre ellos y un par de personas más que se estaban tomando una cerveza en silencio sentados ante la barra.
-¡Hola!
Mary se giró y vio a sus dos amigas, que acababan de entrar en el local sonrientes. Era Alice la que la acababa de saludar.
-Hola.-respondió ella alegremente.-Hemos a la vez, hemos venido casi a la vez, parece que hayamos sincronizado nuestros relojes…
-Sí, ya ves.-rió Christine.-De hecho te hemos visto hasta entrar en el local. ¿Qué? ¿Nos sentamos?
Las tres chicas se dirigieron hacia su mesa habitual mientras charlaban. Apenas se habían sentado, el camarero se acercó hacia ellas para tomarles nota.
-Yo tomaré un café con leche.-dijo Mary.
-Pues yo, no sé…-dudó Alice.-Supongo que también. Otro café con leche para mí.
El camarero anotó el pedido y miró hacia Christine, que aún no había pedido.
-Pues a mí ponme una cerveza.-contestó al fin con tanta determinación que hizo que las otras dos soltaran una carcajada.
-Anda que…-bromeó Mary cuando el hombre se hubo alejado.-Menuda borrachina están hecha.
-Y a mucha honra, señoritas café con leche.-rió Chris siguiéndoles la broma.
Esperaron a que el camarero las sirviera hablando de sus asuntos en la universidad. Bueno, más que hablar, despellejar a los profesores que tenían.
-Vaya, que escuchándonos hablar así de los asquerosos catedráticos esos, parece que seamos las peores alumnas que han pasado jamás por Liverpool.-rió Alice al cabo de un rato.
Mary también soltó una pequeña carcajada. Su amiga tenía razón: los estaban poniendo verdes a todos, incluso ya habían empezado a criticar a sus antiguos profesores del instituto.
-Malas puede, pero no las peores.-le corrigió Chris poniendo una sonrisilla pícara que a ninguna de sus dos amigas le pasó desapercibida.
-¿Acaso tú sí que sabes quienes son los peores?-quiso saber Alice divertida.
-Los peores no sé, pero sí sé quién es el PEOR, con mayúsculas.-contestó la chica sin perder su sonrisa.-Aunque ahora vaya de niño bueno por el mundo…
-¡¿Paul?!-exclamó Alice casi al instante.
-¿Mi hermano?-rió Christine.-¡No, ni de coña! Ése era un empollón, aunque a veces sí que se saltaba algunas clases… Clases que, por cierto, se saltaba a instancias del peor…
-Déjame adivinar, porque muchas sonrisas pones tú cuando hablas de eso…-dijo Mary con segundas intenciones.-¿A que a ese “peor estudiante de Liverpool” lo conocemos las tres?
Chris no respondió, sólo se limitó a soltar una carcajada.
-¿John?-preguntó Alice uniendo las piezas de aquel puzzle en el acto.
-El terror de Liverpool…-rió Christine.-Menudo pieza estaba hecho…
-Ya…-masculló Alice.-Mucho sabes tú de John… Yo creo que alguien de aquí nos debe una explicación.
Chris la miró divertida y dibujo una media sonrisa en su cara.
-Supongo que lo mío con el más bala de Liverpool es bastante evidente…-dijo finalmente como si aquello fuera lo más normal del mundo, cosa que sorprendió muchísimo a Mary.-Pero creo, Alice, que no soy la única de aquí que tiene que dar una explicación, ¿no crees, CUÑADA?
Mary se quedó boquiabierta con las palabras de Chris. No entendía absolutamente nada hasta que vio de reojo como a Alice se le enrojecían hasta las raíces del pelo.
-¿Cómo…?-balbuceó Alice finalmente mirando a Christine, aún roja como un tomate.
-¿Qué cómo lo sé?-preguntó Chris con una sonrisa pícara.-Os vi el lunes. Tranquila, Paul no ha dicho nada…
Alice soltó un suspiro.
-Bueno, para qué negarlo… Al final he caído.
-¿Estáis juntos?-quiso saber Mary sorprendida.-Vamos a ver, esperad a que me aclare… ¿Me estáis diciendo que las cuatro que más nos juntamos últimamente estamos cada una con…?
-Que yo sepa, George aún sigue soltero…-le cortó Alice en tono irónico. Lo de George con Gwen era tan evidente que hacía gracia a todos.
-Espera a que acabe el concierto al que tienen que ir esta noche y ya te diré yo si George y Gwen siguen solteros…-rió Christine.-Y sí, Mary, no lo había pensado yo eso… Dicho así suena bastante cómico. Lo malo de todo esto es que no me voy a poder separar de Paul ni cuando salga de fiesta… Creo que dejaré viuda a Alice pronto porque acabaremos matándonos mutuamente con tanto tiempo juntos…
Mary rió con la broma. Sí, a veces Paul y Chris podían acabar enzarzados en una auténtica guerra civil, pero sabía que lo decía simplemente para hacer reír. En realidad, se notaba a la legua que adoraba a su hermano y podía ser capaz de comportarse como una auténtica leona para defenderlo de cualquiera, al igual que Paul hacía con su hermana pequeña.
-No creo que lleguéis a pasar tantísimo tiempo juntos…-murmuró Alice de repente con una sonrisa amarga.-En una semana se van a Londres y no creo que vuelvan hasta…
-¡¿Qué?!-exclamó Mary cortando a Alice. Desconocía por completo aquella noticia de que en una semana se iban. Ringo no le había dicho nada.
Las otras dos chicas se quedaron mirándola fijamente, sorprendidas ante aquella reacción.
-Pues que se can en una semana.-contestó Chris dirigiéndole una mirada confusa.-Y la verdad, a mí tampoco me emociona la idea de no verles hasta casi Navidad…
-¿Navidad?-Mary no podía salir de su asombro.
-¿No lo sabías?-le preguntó Alice extrañada.
-Pues no.-respondió Mary de manera tajante.-Si que sabía que tenían lo de la medalla y todo eso pero nadie me había dicho que se irían antes.
-Se ponen a grabar el nuevo trabajo antes de lo de la medalla.-aclaró Christine con una seriedad nada propia de ella.-Ya tienen casi todo el material preparado y el disco ha de estar en el mercado antes de Navidad, así que…
Mary no contestó nada y se limitó a darle un sorbo a su taza de café con leche mientras pensaba, enfadada, en Rich. ¿Por qué puñetas no le había comentado aquel “pequeño detalle”? ¡Si hasta Paul que acababa de empezar con Alice se lo había dicho! Decidido. Cuando lo viera, iba a decirle unas cuantas cosas…
************************
George lo estaba pasando en grande en aquel concierto. Gwen estaba más bonita que nunca, le gustaba la música y desde donde estaban ellos, solos, tranquilos y sin ser vistos, se podía ver todo lo que estaba ocurriendo en el escenario a la perfección.
-¡Me encantan tus amigos!-exclamó Gwen haciéndose oír por encima del fuerte sonido de las guitarras.-¡Son buenos!
-Sabía que te gustarían.-sonrió George a la vez que la agarraba de la cintura inconscientemente.
El chico se dio cuenta de lo que había hecho realmente cuando vio como ella daba un pequeño saltito casi imperceptible ante aquel contacto.
-¿Bailas?-preguntó él intentando solucionar aquella situación incómoda que él mismo había creado. En aquellos momentos era lo mejor que se le ocurría para disimular.
Gwen sonrió, se dio la vuelta, lo miró y asintió. George lanzó una pequeña carcajada e, inmediatamente, la soltó de la cintura, agarró las manos de la chica y empezaron a bailar al ritmo de la frenética canción que estaban tocando en aquellos momentos entre risas. Tenía que reconocer que la chica bailaba muy bien y que, además, se estaba divirtiendo como un niño pequeño con todo aquello.
Fue entonces cuando, sin que ninguno de los dos se diera apenas cuanta, la canción se acabó y el grupo empezó a tocar una canción lenta, casi besucona, como las que ellos mismos componían de cuando en cuando. Sin decirle nada, George volvió a ponerle las manos en la cintura y empezó a bailar lentamente, acorde al nuevo ritmo y muy pegado a ella. Al principio, la chica se quedó tensa de nuevo, pero al cabo de unos segundos cerró los ojos y se dejó llevar. George sonrió dulcemente cuando ella puso las manos sobre sus hombros con los ojos cerrados. Estaba preciosa de aquella manera. No, mejor dicho, no estaba preciosa. Era preciosa.
Y entonces, sin pensarlo para nada,, se acercó por fin a ella y le dio un dulce beso en los labios.
*********************
Gwen se quedó mirando a George mientras aparcaba justo delante de su casa. Todavía no había asimilado muy bien lo que estaba pasando entre ellos dos, los besos que se habían dado y las bonitas palabras que le había dicho él entre susurros.
-Bien, ya hemos llegado.-dijo George mientras ponía el freno de mano.- Ha sido una noche perfecta, Gwen… Mejor dicho, TÚ ERES PERFECTA.
Gwen le dedicó una sonrisa tímida antes de que George la besara por enésima vez aquella noche.
-Eres la chica más dulce del mundo.-sentenció él sonriendo mientras le acariciaba la mejilla con el dedo pulgar.
-Tú tampoco te quedas atrás en eso de ser dulce…-contestó ella. Lo decía sinceramente.
George soltó una risita entre dientes.
-¿Puedo pedirte algo, Gwen?-preguntó de repente.
La chica se quedó mirándolo extrañada. No sabía qué podía querer él en aquellos momentos y eso la asustó un poco.
-Claro…-dijo al cabo de unos segundos.-Lo que tú quieras.
-Verás…-empezó a decir George.-Sé que estar conmigo es una putada. Ya sabes, el tener que salir siempre disfrazado, las giras, la prensa, las fans…
-Sé todo eso, George.-respondió Gwen decidida.-Y no me importa.
El chico le dedicó una tierna sonrisa antes de continuar.
-¿En serio que no te importa?
Gwen negó con la cabeza.
-Para nada.
-Bien…-continuó George.-Pues supongo que lo que te quería pedir, no sé…
-Venga, va, desembucha, George.-rió Gwen intentando disimular de aquella manera su nerviosismo y su intriga.
-Vale, vale…-rió él también.-Mira, en el caso de que se entere la gente de que tú y yo estamos juntos, que lo harán, tarde o temprano pero lo harán…
Gwen lo miraba contrariada. No tenía ni idea de adónde quería ir a parar con todo aquello.
-¿Qué?-preguntó ella impaciente.
-Pues que yo había pensado que si me preguntan no lo voy a negar…Pero bueno, quería pedirte permiso antes… Sé que si pasas a ser mi novia oficial delante de todo el mundo las cosas no serán demasiado fáciles…
Gwen soltó una risita, divertida y a la vez muriéndose de ternura de ver a George preocupándose tanto por ella en todo ese asunto.
-A mí me gustan las cosas difíciles.-contestó finalmente mirándolo a los ojos.-Así que por mí puedes pregonarlo al mundo entero si te da la gana.
George sonrió y la volvió a besar.
-Eres la mejor.-susurró cuando sus labios se separaron.-La mejor.
******************
Mary estaba tirada en su cama escuchando la radio y mirando al techo fijamente, pensativa. En aquellos momentos tenía unas ganas tremendas de ponerse a llorar, pero ni siquiera encontraba fuerzas para sacar lágrimas. Sí, vale, sabía que se irían a Londres tarde o temprano, pero lo que más le dolía era el hecho de que Ringo no le hubiera dicho nada cuando todo el mundo lo sabía ya. Y, además, para qué engañarse, el hecho de dejar de verlo en tan solo una semana hasta no sabía cuándo, le estaba afectando mucho más de lo que se había imaginado.
Estaba así, tan absorta en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que su madre acababa de entrar en la habitación.
-Hija… ¡Hija!-la llamó la mujer.
Mary dio un pequeño salto en la cama, sobresaltada.
-Te llaman por teléfono.-dijo su madre mirándola fijamente, confundida por la actitud de su hija.-Es Richard.
Mary soltó un suspiro de resignación cuando escuchó a su madre decir aquello. Perfecto, Rich, precisamente la persona con quien menos deseaba hablar en el mundo en aquellos momentos. No obstante, tampoco quería que su madre pensara lo que no era si se negaba a contestar, por lo que se puso en pie de mala gana y bajó las escaleras para responder al teléfono.
-Hola princesa.-la saludó Ringo risueño al otro lado de la línea cuando ella se puso al teléfono.
-Hola.-contestó ella secamente.
-¿Qué te pasa?-se extrañó él al notar el tono con el que le había hablado.-¿Ocurre algo?
Mary soltó un bufido, enfadada. ¿Cómo podía tener la cara tan dura de preguntarle eso?
-Bueno, no sé…-contestó al fin en tono mordaz.-Eso creo que me lo deberías decir tú, ¿no?
-Lo siento, cariño, no sé de qué me estás hablando.-respondió él todavía más confuso con un hilillo de voz.
-¿Qué no sabes de qué te hablo?-exclamó Mary.-¿Tú ves muy normal que me tenga que enterar de que te largas a Londres en una semana por otros?
Un incómodo silencio se hizo al otro lado.
-Mary… Yo…-balbuceó el chico finalmente.-Verás, quería decírtelo, en serio.
-¿Cuándo? ¿El día de la despedida? ¡Por favor, Rich!
-¡En serio, créeme! Quería decírtelo pero no encontré el momento adecuado. A mí me jode tanto como a ti tener que irme tanto como a ti, ¿sabes?
-Supongo que sí.-contestó Mary relajando su tono de voz cuando le escuchó tan a la desesperada.-Pero no creo que las cosas se hagan así. No muerdo. Deberías habérmelo dicho antes… He quedado como una auténtica idiota delante de Alice y Chris…
-Joder… Lo siento. De veras que lo siento.
-No lo sientas tanto y a la próxima vez sé sincero conmigo.-contestó ella en un suspiro.
-Soy sincero contigo, Mary.-dijo él.-En fin…¿nos veremos mañana?
-Eso creo.-dijo ella.
-Vale. Te recojo donde siempre a las cinco.
-Está bien.
Los dos se despidieron fríamente y Mary colgó el teléfono. No, ya no estaba furiosa con él, pero continuaba igual de dolida y de chafada. ¿Por qué tenía que ser todo tan complicado?
-Voy a la cama, mamá.-dijo la chica asomándose por la puerta de la cocina, donde estaba la mujer.
Y, sin esperar a que su madre ni siquiera le diera las buenas noches, Mary volvió a subir las escaleras arrastrando los pies. Sí, lo mejor sería irse a dormir y relajarse un poco. Quizás después de descansar viera las cosas de otro color.
Hola!!!! Qué tal? Bien, aquí nuevo capi, el primero del año nuevo. Que, por cierto, espero que acabarais el 2011 y empezarais este 2012 de puta madre, hablando claro y mal, jajajaja. Ale, ya están todos mis chicos y mis chicas emperajaditos... Pero oye, que esto no es el fin ni mucho menos, que ahora empiezan los follones serios, eh? XD En fin, aprovecho para desearos un feliz 2012 y ojalá se convierta en uno de los mejores años de vuestras vidas. Un montón de besos a todas y gracias por estar ahí! :)
-¡Hija!-exclamó la mujer horrorizada ante el desastre de la habitación de su hija.-¿Pero qué es todo esto?
-¡No tengo ropa, mamá!-le respondió Gwen desesperada volviéndose hacia ella.
Su madre miró incrédula hacia los montones de ropa que había desparramados por la habitación.
-Pues si no tienes ropa que baje Dios y lo vea.-masculló la mujer.-¿Se puede saber qué buscas?
-¡Algo que ponerme para el concierto!-exclamó la chica.-¡U no tengo nada! ¡Nada! Lo que tengo, o es demasiado arreglado para un concierto de rock o es demasiado desastre. ¡Y George pasará a recogerme en menos de tres horas!
Su madre suspiró y esbozó una media sonrisa cuando su hija nombró a George. Sí, Gwen por fin le había contado que lo conocía y que era un chico maravilloso, que eran muy buenos amigos y que la había invitado a ese concierto. Y, pese a que había esperado una reacción distinta por parte de su madre, la mujer se lo había tomado muy bien. Bien, a ella también le encantaban The Beatles y la verdad es que no veía mal que su hija tuviera esas amistades precisamente con el que mejor le caía de todos, el que más serio y formal parecía de los cuatro.
-Tres horas todavía es mucho tiempo…-contestó al fin su madre en tono tranquilizador.-¿Por qué no te pones aquel vestido que te regaló tu tía?
-¿Bromeas? ¿Quieres que parezca una princesita?
-¿Y aquel conjunto gris que tenías?-insistió la mujer.
-¿Gris? ¡Pareceré una monja, mamá!-exclamó Gwen negando con la cabeza.
-Pues mira, ponte lo que te dé la gana.-contestó finalmente la mujer a la vez que el timbre de casa sonaba.-Mira, ahí te quedas con tu ropa. Voy a abrir.
Su madre salió de la habitación y cerró de nuevo la puerta tras de sí, dejando allí a Gwen con la ardua tarea de encontrar un modelito apropiado para el concierto de esa noche.
No habían pasado ni cinco minutos cuando la puerta de la habitación se abrió de nuevo y volvió a entrar su madre, pero esta vez seguida por Chris.
-Hija, ha venido Christine a verte. Quería darte no sé que para la guitarra.-anunció su madre que, después, volviéndose hacia la recién llegada, dijo:-Disculpa el desastre, pero ya ves que Gwen está histérica buscando qué ponerse…
Gwen soltó un bufido de fastidio a la vez que su madre salía de la habitación y las dejaba a las dos allí solas.
-Toma, Gwen.-dijo Chris tendiéndole una carpeta que llevaba en la mano.-Más partituras. Las he encontrado esta mañana buscando por los cajones. Supongo que son de Paul, pero no creo ni que se acuerde de que las tiene… Así que para ti, seguro que les das un mejor uso.
-¡Gracias Chris!-exclamó la chica olvidando por unos segundos su agobio mientras agarraba la carpeta.-Pero no sé… Me sabe mal que si Paul la busca…
-Bah, no te preocupes por eso quédatela.-contestó Chris mirando el desastre de la habitación antes de añadir divertida:-¿Qué ha pasado por aquí? ¿Una manada de búfalos?
Gwen sintió como se ponía roja de vergüenza. Sí, realmente su habitación parecía una leonera en aquellos momentos.
-Bueno… Ya te ha dicho mi madre que no sé qué ponerme… No encuentro nada que me guste.
Chris echó una ojeada rápida a los montones de ropa antes de contestar.
-Para un concierto como al que vas, descarta la ropa que parece que sea para ir de boda.-sentenció.-Pero tampoco es plan de ir como irías a clase un lunes…
-Justamente ese es mi problema.-respondió Gwen frustrada.-No tengo nada de ese término medio.
-¿Cómo que no?-se extrañó Christine.
-Pues como que no. Mira y juzga tú misma.
-Bien, eso no es ningún problema.-contestó la chica divertida.-Ponte una chaqueta porque te vienes a mi casa ahora mismo. Supongo que encontraremos algo que te pueda dejar.
-¿En serio?-Gwen estaba a punto de dar saltos de alegría.-¿Harías eso por mí?
-Ni que te fuera a salvar la vida…-rió Chris.- Venga, va, acompáñame, no hay tiempo que perder.
Las dos chicas salieron de la casa de Gwen apresuradamente dejando todo aquel desastre allí y se dirigieron a la casa de los McCartney.
-¡Vamos arriba!-gritó Chris asomándose por puerta del comedor de su casa para avisar a su padre, que en aquellos momentos estaba leyendo el periódico plácidamente sentado en su sillón.
El hombre asintió sin tan siquiera levantar la vista del diario y las dos chicas subieron las escaleras.
-¡Ey! ¿Dónde vais tan rápidas?-rió Paul, que casi había chocado con ellas cuando había salido de su habitación.
-Deja pasar, gusano, que hay prisa.-le replicó Christine divertida apartándolo con la mano.-Gwen necesita vestirse.
-Pues yo no la veo desnuda…-bromeó Paul con una sonrisilla pícara mirando a Gwen, que notó de nuevo como los colores le subían a la cara.
-Idiota…-masculló Christine empezando a entrar en su habitación seguida por Gwen.
Casi de manera automática, Chris abrió su armario y empezó a rebuscar entre las perchas.
-Mira, esto puede servirte…-dijo sacando un vestido rojo muy gracioso.
Gwen lo agarró y lo miró, Era muy bonito pero a la vez informal, justo lo que ella estaba buscando.
-O éste también está bien…-continuó Christine, que ahora tenía en las manos una blusa con unos pantalones.
-Eso es horrible.-las interrumpió Paul por detrás.
Las dos chicas se giraron hacia la puerta, sonde él estaba apoyado con una sonrisilla burlona.
-Horroroso.-añadió negando con la cabeza.-Para ponerse a llorar.
-Pues no sé si lo recuerdas, pedazo de imbécil, pero esto tan horroroso me lo regalaste tú por mi cumpleaños.-le espetó bruscamente Chris, aunque también parecía estar divirtiéndose.
-Bueno, una ropa horrorosa para una hermana horrorosa. Es adecuado.-rió él a la vez que intentaba esquivar la blusa, que le acababa de lanzar su hermana directamente a la cabeza.
Gwen no pudo menos que reírse con aquella situación, aunque a ella no le parecía en absoluto nada fea la ropa que le acababa de enseñar su amiga.
-Está bien chicas, haceros a un lado porque aquí llega el experto.-dijo Paul quitándose la blusa de la cabeza y dirigiéndose hacia donde estaban ellas.
-¡Quita, tonto!-exclamó Chris divertida cuando él se asomó a husmear dentro de su armario.-¿Tú qué vas a saber de ropa?
-De ropa no sé, pero de conciertos creo que entiendo bastante…-contestó Paul rebuscando entre las perchas.-He ido a algunos y creo saber cómo van vestidas las chicas…
-A vuestros conciertos sólo van niñas pijas.-le cortó Christine con la mera intención de fastidiar, haciendo que Gwen soltara una carcajada.
-Sí, claro… Niñas pijas como tú, que vienes siempre que puedes.-le contestó Paul resuelto.-¿A qué sí, Gwen?
-Yo mejor no me meto, no vaya a ser que alguno de los dos me mate…-rió la chica.
-¿Yo pija? ¡Serás asqueroso!-exclamó Christine sin poder aguantarse la risa.
Paul soltó una risita y sacó del armario un vestido corto de color violeta con un estampado con florecillas bastante delicado. Se quedó mirándolo durante unos instantes, se lo puso delante de Gwen, lo volvió a mirar y asintió.
-Esto está bien para ese concierto al que vas…-dijo finalmente el chico tendiéndole el vestido.
Gwen lo agarró y lo miró. Realmente era muy bonito a la vez que sencillo. Sí, era, simplemente, perfecto.
-Creo que este me gusta.-afirmó ella finalmente sin poder dejar de mirarlo.
-Ale, pues ya tienes vestuario para esta noche.-sentenció Chris sonriente.-Con este vestido te pones unas botas y vas a estar genial.
-Y todo gracias a mí.-dijo Paul sonriendo con autosuficiencia.- Si es que… Que tenga que venir un chico para vestiros… ¡Vergüenza os tendría que dar!
-¿Te digo una cosa, hermanito? Lárgate antes de que te haga comer un zapato o algo por el estilo.
Paul soltó una carcajada y salió de la habitación aún entre risas.
-Por cierto, Gwen…-dijo de repente volviéndose hacia ellas antes de salir definitivamente.-Que el violeta de ese vestido es el color favorito de George…
La chica sintió como se quería morir de vergüenza allí mismo. Y es que, que Paul la considerara ya como el nuevo ligue de George la ponía bastante nerviosa.
-No le hagas caso, nació tontito el pobre…-dijo Chris riendo también cuando Paul hubo salido de la habitación.-Venga, ¿te lo pruebas a ver qué tal te queda?
La chica asintió contenta y se lo probó en un momento.
-¡Te queda fantástico!-exclamó Chris mirándola con una inmensa sonrisa en los labios.-Ni hecho a medida… ¡Mírate y verás!
La chica le abrió la puerta del armario, que tenía un espejo de cuerpo entero por la parte de dentro, y Gwen se miró. Efectivamente, debía reconocer que le quedaba muy bien y, además, era increíblemente cómodo.
-¡Oh, Dios! ¡Es perfecto!-dijo después de mirárselo satisfecha.- ¡Me has salvado la vida!
Chris soltó una risita ante aquella afirmación.
-Pues si tanto te gusta, quédatelo.-contestó finalmente.
-¿Qué?-se extrañó Gwen.
-Que te lo quedes, que es tuyo.
Gwen se quedó mirando a su amiga sorprendida.
-No puedo aceptar esto, Chris…-contestó.
-Bah, no seas tonta.-le cortó su amiga resuelta.-Te queda genial, mucho mejor que a mí, que no me lo pongo nunca porque no me gusta como me va… Y para que esté en el armario, pues mejor que lo tengas tú.
-¿En serio?
-¿Tengo cara de estar bromeando?-rió Christine.
-Pues… ¡gracias!-gritó Gwen abrazándose a ella.
-De nada, de nada…-contestó Chris sin poder parar de reír ante su alegría. Pero es que, sin lugar a dudas, en aquellos momentos Gwen era la persona más feliz del mundo.
*************************
Mary entró en el Ye Cracke y miró hacia la mesa del fondo, donde habitualmente solían sentarse cuando iban allí a tomar algo y charlar un rato. Todavía permanecía vacía, por lo que supuso que ni Alice ni Christine (Gwen no iba a ir porque estaba preparándose para el concierto con George) habían llegado todavía. Aun así, decidió comprarlo dando una ojeada rápida al resto del local. No, aún no estaban. Sólo había tres mesas llenas de estudiantes que hablaban animadamente entre ellos y un par de personas más que se estaban tomando una cerveza en silencio sentados ante la barra.
-¡Hola!
Mary se giró y vio a sus dos amigas, que acababan de entrar en el local sonrientes. Era Alice la que la acababa de saludar.
-Hola.-respondió ella alegremente.-Hemos a la vez, hemos venido casi a la vez, parece que hayamos sincronizado nuestros relojes…
-Sí, ya ves.-rió Christine.-De hecho te hemos visto hasta entrar en el local. ¿Qué? ¿Nos sentamos?
Las tres chicas se dirigieron hacia su mesa habitual mientras charlaban. Apenas se habían sentado, el camarero se acercó hacia ellas para tomarles nota.
-Yo tomaré un café con leche.-dijo Mary.
-Pues yo, no sé…-dudó Alice.-Supongo que también. Otro café con leche para mí.
El camarero anotó el pedido y miró hacia Christine, que aún no había pedido.
-Pues a mí ponme una cerveza.-contestó al fin con tanta determinación que hizo que las otras dos soltaran una carcajada.
-Anda que…-bromeó Mary cuando el hombre se hubo alejado.-Menuda borrachina están hecha.
-Y a mucha honra, señoritas café con leche.-rió Chris siguiéndoles la broma.
Esperaron a que el camarero las sirviera hablando de sus asuntos en la universidad. Bueno, más que hablar, despellejar a los profesores que tenían.
-Vaya, que escuchándonos hablar así de los asquerosos catedráticos esos, parece que seamos las peores alumnas que han pasado jamás por Liverpool.-rió Alice al cabo de un rato.
Mary también soltó una pequeña carcajada. Su amiga tenía razón: los estaban poniendo verdes a todos, incluso ya habían empezado a criticar a sus antiguos profesores del instituto.
-Malas puede, pero no las peores.-le corrigió Chris poniendo una sonrisilla pícara que a ninguna de sus dos amigas le pasó desapercibida.
-¿Acaso tú sí que sabes quienes son los peores?-quiso saber Alice divertida.
-Los peores no sé, pero sí sé quién es el PEOR, con mayúsculas.-contestó la chica sin perder su sonrisa.-Aunque ahora vaya de niño bueno por el mundo…
-¡¿Paul?!-exclamó Alice casi al instante.
-¿Mi hermano?-rió Christine.-¡No, ni de coña! Ése era un empollón, aunque a veces sí que se saltaba algunas clases… Clases que, por cierto, se saltaba a instancias del peor…
-Déjame adivinar, porque muchas sonrisas pones tú cuando hablas de eso…-dijo Mary con segundas intenciones.-¿A que a ese “peor estudiante de Liverpool” lo conocemos las tres?
Chris no respondió, sólo se limitó a soltar una carcajada.
-¿John?-preguntó Alice uniendo las piezas de aquel puzzle en el acto.
-El terror de Liverpool…-rió Christine.-Menudo pieza estaba hecho…
-Ya…-masculló Alice.-Mucho sabes tú de John… Yo creo que alguien de aquí nos debe una explicación.
Chris la miró divertida y dibujo una media sonrisa en su cara.
-Supongo que lo mío con el más bala de Liverpool es bastante evidente…-dijo finalmente como si aquello fuera lo más normal del mundo, cosa que sorprendió muchísimo a Mary.-Pero creo, Alice, que no soy la única de aquí que tiene que dar una explicación, ¿no crees, CUÑADA?
Mary se quedó boquiabierta con las palabras de Chris. No entendía absolutamente nada hasta que vio de reojo como a Alice se le enrojecían hasta las raíces del pelo.
-¿Cómo…?-balbuceó Alice finalmente mirando a Christine, aún roja como un tomate.
-¿Qué cómo lo sé?-preguntó Chris con una sonrisa pícara.-Os vi el lunes. Tranquila, Paul no ha dicho nada…
Alice soltó un suspiro.
-Bueno, para qué negarlo… Al final he caído.
-¿Estáis juntos?-quiso saber Mary sorprendida.-Vamos a ver, esperad a que me aclare… ¿Me estáis diciendo que las cuatro que más nos juntamos últimamente estamos cada una con…?
-Que yo sepa, George aún sigue soltero…-le cortó Alice en tono irónico. Lo de George con Gwen era tan evidente que hacía gracia a todos.
-Espera a que acabe el concierto al que tienen que ir esta noche y ya te diré yo si George y Gwen siguen solteros…-rió Christine.-Y sí, Mary, no lo había pensado yo eso… Dicho así suena bastante cómico. Lo malo de todo esto es que no me voy a poder separar de Paul ni cuando salga de fiesta… Creo que dejaré viuda a Alice pronto porque acabaremos matándonos mutuamente con tanto tiempo juntos…
Mary rió con la broma. Sí, a veces Paul y Chris podían acabar enzarzados en una auténtica guerra civil, pero sabía que lo decía simplemente para hacer reír. En realidad, se notaba a la legua que adoraba a su hermano y podía ser capaz de comportarse como una auténtica leona para defenderlo de cualquiera, al igual que Paul hacía con su hermana pequeña.
-No creo que lleguéis a pasar tantísimo tiempo juntos…-murmuró Alice de repente con una sonrisa amarga.-En una semana se van a Londres y no creo que vuelvan hasta…
-¡¿Qué?!-exclamó Mary cortando a Alice. Desconocía por completo aquella noticia de que en una semana se iban. Ringo no le había dicho nada.
Las otras dos chicas se quedaron mirándola fijamente, sorprendidas ante aquella reacción.
-Pues que se can en una semana.-contestó Chris dirigiéndole una mirada confusa.-Y la verdad, a mí tampoco me emociona la idea de no verles hasta casi Navidad…
-¿Navidad?-Mary no podía salir de su asombro.
-¿No lo sabías?-le preguntó Alice extrañada.
-Pues no.-respondió Mary de manera tajante.-Si que sabía que tenían lo de la medalla y todo eso pero nadie me había dicho que se irían antes.
-Se ponen a grabar el nuevo trabajo antes de lo de la medalla.-aclaró Christine con una seriedad nada propia de ella.-Ya tienen casi todo el material preparado y el disco ha de estar en el mercado antes de Navidad, así que…
Mary no contestó nada y se limitó a darle un sorbo a su taza de café con leche mientras pensaba, enfadada, en Rich. ¿Por qué puñetas no le había comentado aquel “pequeño detalle”? ¡Si hasta Paul que acababa de empezar con Alice se lo había dicho! Decidido. Cuando lo viera, iba a decirle unas cuantas cosas…
************************
George lo estaba pasando en grande en aquel concierto. Gwen estaba más bonita que nunca, le gustaba la música y desde donde estaban ellos, solos, tranquilos y sin ser vistos, se podía ver todo lo que estaba ocurriendo en el escenario a la perfección.
-¡Me encantan tus amigos!-exclamó Gwen haciéndose oír por encima del fuerte sonido de las guitarras.-¡Son buenos!
-Sabía que te gustarían.-sonrió George a la vez que la agarraba de la cintura inconscientemente.
El chico se dio cuenta de lo que había hecho realmente cuando vio como ella daba un pequeño saltito casi imperceptible ante aquel contacto.
-¿Bailas?-preguntó él intentando solucionar aquella situación incómoda que él mismo había creado. En aquellos momentos era lo mejor que se le ocurría para disimular.
Gwen sonrió, se dio la vuelta, lo miró y asintió. George lanzó una pequeña carcajada e, inmediatamente, la soltó de la cintura, agarró las manos de la chica y empezaron a bailar al ritmo de la frenética canción que estaban tocando en aquellos momentos entre risas. Tenía que reconocer que la chica bailaba muy bien y que, además, se estaba divirtiendo como un niño pequeño con todo aquello.
Fue entonces cuando, sin que ninguno de los dos se diera apenas cuanta, la canción se acabó y el grupo empezó a tocar una canción lenta, casi besucona, como las que ellos mismos componían de cuando en cuando. Sin decirle nada, George volvió a ponerle las manos en la cintura y empezó a bailar lentamente, acorde al nuevo ritmo y muy pegado a ella. Al principio, la chica se quedó tensa de nuevo, pero al cabo de unos segundos cerró los ojos y se dejó llevar. George sonrió dulcemente cuando ella puso las manos sobre sus hombros con los ojos cerrados. Estaba preciosa de aquella manera. No, mejor dicho, no estaba preciosa. Era preciosa.
Y entonces, sin pensarlo para nada,, se acercó por fin a ella y le dio un dulce beso en los labios.
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Gwen se quedó mirando a George mientras aparcaba justo delante de su casa. Todavía no había asimilado muy bien lo que estaba pasando entre ellos dos, los besos que se habían dado y las bonitas palabras que le había dicho él entre susurros.
-Bien, ya hemos llegado.-dijo George mientras ponía el freno de mano.- Ha sido una noche perfecta, Gwen… Mejor dicho, TÚ ERES PERFECTA.
Gwen le dedicó una sonrisa tímida antes de que George la besara por enésima vez aquella noche.
-Eres la chica más dulce del mundo.-sentenció él sonriendo mientras le acariciaba la mejilla con el dedo pulgar.
-Tú tampoco te quedas atrás en eso de ser dulce…-contestó ella. Lo decía sinceramente.
George soltó una risita entre dientes.
-¿Puedo pedirte algo, Gwen?-preguntó de repente.
La chica se quedó mirándolo extrañada. No sabía qué podía querer él en aquellos momentos y eso la asustó un poco.
-Claro…-dijo al cabo de unos segundos.-Lo que tú quieras.
-Verás…-empezó a decir George.-Sé que estar conmigo es una putada. Ya sabes, el tener que salir siempre disfrazado, las giras, la prensa, las fans…
-Sé todo eso, George.-respondió Gwen decidida.-Y no me importa.
El chico le dedicó una tierna sonrisa antes de continuar.
-¿En serio que no te importa?
Gwen negó con la cabeza.
-Para nada.
-Bien…-continuó George.-Pues supongo que lo que te quería pedir, no sé…
-Venga, va, desembucha, George.-rió Gwen intentando disimular de aquella manera su nerviosismo y su intriga.
-Vale, vale…-rió él también.-Mira, en el caso de que se entere la gente de que tú y yo estamos juntos, que lo harán, tarde o temprano pero lo harán…
Gwen lo miraba contrariada. No tenía ni idea de adónde quería ir a parar con todo aquello.
-¿Qué?-preguntó ella impaciente.
-Pues que yo había pensado que si me preguntan no lo voy a negar…Pero bueno, quería pedirte permiso antes… Sé que si pasas a ser mi novia oficial delante de todo el mundo las cosas no serán demasiado fáciles…
Gwen soltó una risita, divertida y a la vez muriéndose de ternura de ver a George preocupándose tanto por ella en todo ese asunto.
-A mí me gustan las cosas difíciles.-contestó finalmente mirándolo a los ojos.-Así que por mí puedes pregonarlo al mundo entero si te da la gana.
George sonrió y la volvió a besar.
-Eres la mejor.-susurró cuando sus labios se separaron.-La mejor.
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Mary estaba tirada en su cama escuchando la radio y mirando al techo fijamente, pensativa. En aquellos momentos tenía unas ganas tremendas de ponerse a llorar, pero ni siquiera encontraba fuerzas para sacar lágrimas. Sí, vale, sabía que se irían a Londres tarde o temprano, pero lo que más le dolía era el hecho de que Ringo no le hubiera dicho nada cuando todo el mundo lo sabía ya. Y, además, para qué engañarse, el hecho de dejar de verlo en tan solo una semana hasta no sabía cuándo, le estaba afectando mucho más de lo que se había imaginado.
Estaba así, tan absorta en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que su madre acababa de entrar en la habitación.
-Hija… ¡Hija!-la llamó la mujer.
Mary dio un pequeño salto en la cama, sobresaltada.
-Te llaman por teléfono.-dijo su madre mirándola fijamente, confundida por la actitud de su hija.-Es Richard.
Mary soltó un suspiro de resignación cuando escuchó a su madre decir aquello. Perfecto, Rich, precisamente la persona con quien menos deseaba hablar en el mundo en aquellos momentos. No obstante, tampoco quería que su madre pensara lo que no era si se negaba a contestar, por lo que se puso en pie de mala gana y bajó las escaleras para responder al teléfono.
-Hola princesa.-la saludó Ringo risueño al otro lado de la línea cuando ella se puso al teléfono.
-Hola.-contestó ella secamente.
-¿Qué te pasa?-se extrañó él al notar el tono con el que le había hablado.-¿Ocurre algo?
Mary soltó un bufido, enfadada. ¿Cómo podía tener la cara tan dura de preguntarle eso?
-Bueno, no sé…-contestó al fin en tono mordaz.-Eso creo que me lo deberías decir tú, ¿no?
-Lo siento, cariño, no sé de qué me estás hablando.-respondió él todavía más confuso con un hilillo de voz.
-¿Qué no sabes de qué te hablo?-exclamó Mary.-¿Tú ves muy normal que me tenga que enterar de que te largas a Londres en una semana por otros?
Un incómodo silencio se hizo al otro lado.
-Mary… Yo…-balbuceó el chico finalmente.-Verás, quería decírtelo, en serio.
-¿Cuándo? ¿El día de la despedida? ¡Por favor, Rich!
-¡En serio, créeme! Quería decírtelo pero no encontré el momento adecuado. A mí me jode tanto como a ti tener que irme tanto como a ti, ¿sabes?
-Supongo que sí.-contestó Mary relajando su tono de voz cuando le escuchó tan a la desesperada.-Pero no creo que las cosas se hagan así. No muerdo. Deberías habérmelo dicho antes… He quedado como una auténtica idiota delante de Alice y Chris…
-Joder… Lo siento. De veras que lo siento.
-No lo sientas tanto y a la próxima vez sé sincero conmigo.-contestó ella en un suspiro.
-Soy sincero contigo, Mary.-dijo él.-En fin…¿nos veremos mañana?
-Eso creo.-dijo ella.
-Vale. Te recojo donde siempre a las cinco.
-Está bien.
Los dos se despidieron fríamente y Mary colgó el teléfono. No, ya no estaba furiosa con él, pero continuaba igual de dolida y de chafada. ¿Por qué tenía que ser todo tan complicado?
-Voy a la cama, mamá.-dijo la chica asomándose por la puerta de la cocina, donde estaba la mujer.
Y, sin esperar a que su madre ni siquiera le diera las buenas noches, Mary volvió a subir las escaleras arrastrando los pies. Sí, lo mejor sería irse a dormir y relajarse un poco. Quizás después de descansar viera las cosas de otro color.
Hola!!!! Qué tal? Bien, aquí nuevo capi, el primero del año nuevo. Que, por cierto, espero que acabarais el 2011 y empezarais este 2012 de puta madre, hablando claro y mal, jajajaja. Ale, ya están todos mis chicos y mis chicas emperajaditos... Pero oye, que esto no es el fin ni mucho menos, que ahora empiezan los follones serios, eh? XD En fin, aprovecho para desearos un feliz 2012 y ojalá se convierta en uno de los mejores años de vuestras vidas. Un montón de besos a todas y gracias por estar ahí! :)
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