viernes, 11 de mayo de 2012

Capítulo 41: Cachorros


Paul y Penny salieron de la habitación. Pese a las reticencias de la chica, lo habían vuelto a hacer. La diferencia con la primera vez era que Penny ahora no se arrepentía para nada por lo que acababa de suceder. Sí, Paul era un imbécil, pero era un imbécil que tenía algo que ella no podía resistir, algo que hacía que no fuera capaz de controlarse cuando lo sentía demasiado cerca.

Habían entrado en el salón de nuevo, agarrados de la mano como si aquello fuera lo más normal del mundo. Era curioso: Penny jamás había consentido que ningún rollo de una noche le hiciera esos gestos de cariño, pero ni quiso ni pudo soltarse de él cuando al salir de la habitación Paul la había tomado de la mano con total naturalidad y le había insistido en ir a ver cómo estaba Bonnie.

Y allí estaban los dos, sentados en el suelo, al lado de la perra, que parecía que de un momento a otro, ahora sí, iba a dar a luz a los cachorros.

-¿Qué vas a hacer con ellos cuando nazcan?-preguntó Paul de repente mientras acariciaba distraído la cabeza de Bonnie.

-Depende de los que sean…-contestó ella.-Por lo menos a cuatro los regalaré. Si nacen menos, mis primitos se quedan sin perro y si nacen más… Supongo que no tendré más remedio que quedármelos…

-Los perros son geniales, hacen mucha compañía.

-Ya lo puedes decir, yo adoro a Bonnie…-dijo Penny mientras lo miraba fijamente. El ver a Paul así, acariciando a la perra con cariño movió algo dentro de ella. Quizás Paul no era tal y como había creído que era en un primer momento.

-Penny…

-¿Qué?-se sobresaltó la chica saliendo de repente de su ensoñación.

-Pues que creo que Bonnie va a tener al primer cachorro…

Penny miró a su perra. Efectivamente, Paul tenía razón. La perra se movió nerviosa zafándose de la caricia del chico y se incorporó levemente.

-Mira… -masculló Paul cuando al cabo de unos instantes.

Justo en ese momento, Bonnie se sacó de dentro una pequeña bolita, casi sin forma y la dejó caer en el suelo, justo delante de su cabeza, para a continuación pasar a lamerla y mordisquearla de manera insistente.

-¿Qué hace?-preguntó Paul mirando la escena extrañado.

-Tendrá que sacar al cachorro de la bolsa, ¿no?-respondió Penny divertida ante la ignorancia del chico.

-Vaya… Jamás había visto nacer a una camada de cachorros. No tenía ni idea de cómo era esto…

Penny soltó una risita y continuó mirando como Bonnie sacaba definitivamente al cachorrito.

-¿Está vivo?-preguntó otra vez Paul a su lado con voz débil.

-¿Y por qué no iba a estarlo?-dijo la chica intentando contener la risa. Las preguntas bobas de Paul la estaban divirtiendo de lo más. Lo peor era que el chico lo preguntaba en serio.

-Yo qué sé… No se mueve y…

-Espera y verás…

Bonnie continuó lamiendo al cachorrito con insistencia hasta que el animalito pareció reaccionar y empezó a moverse. Primero estiró las patas, después movió levemente la cabeza y emitió un pequeño gemido que hizo que Paul y Penny soltaran una risita casi a la vez. No obstante, Bonnie pareció no hacer caso de nada y continuó con su ardua tarea de lamer a su cachorro sin descanso hasta que éste hizo ademán de ponerse en pie, aunque sin éxito.

-¿Es macho o hembra?-quiso saber Paul cuando vio que Bonnie paraba de lamer a su cachorrito.

Penny agarró con cuidado al animalito y lo miró. Era una cría preciosa, mitad gris y mitad blanca, con una oreja también gris que le confería un aire muy gracioso.

-Es una perrita.-contestó sonriente.

-Y muy bonita además.

La chica le dedicó una sonrisa a Paul y depositó a la perrita recién nacida encima de la madre. Nada más la dejó el cachorrito empezó a mamar, haciendo que tanto uno como el otro esbozaran una tierna sonrisa ante la escena.

-Ahora a esperar a los otros…-dijo Penny.

-Pues esperaremos.-contestó Paul acercándose a ella y rodeándole los hombros con el brazo. Penny no pudo contener un estremecimiento ante aquel repentino contacto físico.-Porque esto realmente merece la pena. Ya lo creo que la merece…

*******************************

-Johnny…

-¿Qué?

-¿Estás durmiendo?

-Si lo estaba ahora es evidente que ya no…

-Qué tonto eres… No lo estabas, que lo sé yo.

-Estaba a punto.

-Pues te aguantas.

-No me queda otra… ¿Qué pasa, pequeña?

-Estoy pensando.

-¿Y no puedes pensar mentalmente y sin decirlo en voz alta, como hacen las personas normales?

-Yo no soy normal, John.-le replicó Chris divertida estampándole un sonoro beso en la mejilla.

-Eso salta a la vista, por eso te quiero tanto.-rió él abrazándola y colocando la cabeza de la chica encima de su pecho.-¿Y en qué piensas?

-En mi hermano.

-¿Paul?

-Está muy raro últimamente…

-Christie… A Paul no le pasa nada, te lo digo yo.

-No me vengas con tonterías. Sabes que lo conozco demasiado bien como para creerme esa patraña…-le replicó la chica con suavidad mientras jugueteaba distraída con los botones de su pijama.-Además, creo que tú sabes algo y no me lo quieres decir.

-¿Yo? Yo no sé nada de nada…

-Mentiroso. Me dijiste que no habría secretos entre los dos y sí los hay…

-Oye…¿me estás intentando chantajear emocionalmente?-preguntó John divertido.

Chris soltó una risita y levantó la cabeza para mirarlo a los ojos.

-He tenido un buen maestro.-le respondió ella con una sonrisilla pícara dibujada en los labios.-¿A qué jode que te lo hagan?

-Lo que me jode es que aprendas tan rápido, pequeña.-rió él acariciándole el pelo cariñosamente.-Aparte de preciosa, eres lista.

-No me intentes cambiar de tema, Lennon, que nos conocemos.-le replicó ella.-Va, cuéntame qué es lo que sabes de Paul.

-Ya te he dicho que no sé nada…

-Sí lo sabes, monstruo.

-Que no…

-Ale, pues no me lo digas. Guardaos tú y Paul el secretito como hacéis siempre y que os aproveche.-dijo ella enfurruñada volviendo a dejarse caer sobre su lado de la cama.

John no pudo reprimir una carcajada cuando la vio así. No soportaba no salirse con la suya y siempre acababa enfadándose cuando no lo conseguía. Y no sabía como se las apañaba, pero con él siempre obtenía lo que quería. Y es que le hacía tanta gracia ver sus repentinos enfados tan parecidos a pataletas de una niña pequeña que no podía negarse a hacer lo que ella le pidiera.

-¿Y tú de qué te ríes ahora?-preguntó ella enfadada, girándose hacia él.

-De lo tontuela que eres…-le contestó John con suavidad antes de robarle un fugaz beso.

-Pues si tuviera que reírme yo de lo tonto que estás tú… Creo que estaría riéndome toda la vida.

El chico hizo caso omiso a sus palabras y la abrazó de nuevo mientras reía por lo bajo.

-¿No te he dicho nunca que estás muy guapa cuando te enfadas?

-No sabes la rabia que me das cada vez que dices eso…

-¿Por qué? Es verdad…-sonrió él mirándola.-Pones cara de niña mala. Te muerdes el labio, se te hace una arruguita aquí y…

-John…

-¿Qué?

-Que pares ya.

-No me da la gana. Y estás en mi cama, niña mala, así que te recuerdo que el que manda aquí soy yo.-bromeó él.

No obstante, Christine pareció no tomarse la broma bien y se zafó de su abrazo rápidamente.

-Imbécil.-masculló ella volviéndose de espaldas a él.

John la miró y sonrió, sin importarle para nada lo que ella le acababa de decir.

-Peque…-murmuró él cariñosamente abrazándola por detrás y dándole un beso en la mejilla.-No te vayas a enfadar conmigo ahora…

-Suéltame, John.

-No quiero.-le contestó él apoyando su mejilla encima de la suya.-Si quieres que te diga la verdad yo también he notado a Paul un poco raro últimamente…

John vio con satisfacción como la chica esbozaba una sonrisa.

-¿Y sabes qué le pasa?-quiso saber ella empezando a acariciarle el pelo a John.

-Sé que le gusta alguien, pero nada más.-contestó él.

-¿Le gusta alguien?-se extrañó ella.-Con razón… ¿Y ni idea de quién puede ser?

-Más o menos…

Christine se giró de nuevo y se lo quedó mirando sorprendida.

-Pues ya me estás contando lo que sabes.

John esbozó una sonrisa juguetona.

-Mi confesión tiene un precio…

-¡John!

-Si no pagas, no hay confesión. Tú elijes. –rió él antes de darle un beso.

-¿Y cuál es el precio, si puede saberse?-preguntó ella jugueteando con un mechón de su pelo.

-Mejor que elijas tú cuánto quieres pagar…-susurró él con una sonrisa acercando su boca peligrosamente a la de la chica.

Christine no contestó nada. Simplemente lo miró juguetona antes de que él no pudiera reprimirse por más tiempo y se abalanzara sobre su boca para darle un intenso beso. Y es que no era necesario decir nada; en momentos como aquel, sobraban las palabras.

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George abrió los ojos lentamente y se volvió, todavía adormilado, hacia el lado de la cama de Gwen.

-Te has despertado…-dijo la chica mirándolo con una sonrisa.

-Sí…-masculló George con la voz pastosa.-¿Qué hora es?

-Muy temprano todavía. No deben de ser ni las seis y media…

-¿Y tú qué haces despierta tan pronto?-se extrañó George mientras hacía un esfuerzo sobrehumano para abrir los ojos del todo y mirar bien a Gwen.

La chica esbozó una breve sonrisa, pero aquello a George no le sirvió de nada. Por mucho que sonriera, se notaba a la legua que estaba preocupada por algo. ¿Qué podía ser esa vez? ¿Fans? ¿La escuela?

-¿No has podido dormir?-insistió él al ver que Gwen no contestaba.

-No mucho, la verdad.-contestó ella al cabo de unos segundos.-Pero no pasa nada, creo que sobreviviré.

-Boba… Ésa no es la cuestión. El asunto está en que cuando alguien no puede dormir es por algo…

-¿Quizás porque no tiene sueño?-preguntó ella con una nota de sarcasmo en su voz mientras le sonreía.

George le dedicó una mirada algo severa. No le hacía gracia que evitara responderle tan descaradamente; eso, por mucho que hiciera por evitarlo, siempre le hacía pensar cosas raras.

-Gwen…

-¿Qué?

-Que me digas qué es lo que te preocupa. Ya.

La chica se volvió hacia él y lo miró durante unos segundos antes de decir nada.

-¿Tú crees que es posible lo que dijo Ringo anoche cuando llamó?-preguntó finalmente.

-¿Lo de veniros a la gira con nosotros?-preguntó George extrañado, sin saber muy bien adónde quería ir a llegar la chica.-¿Y por qué no iba a ser posible?

Gwen soltó un suspiro.

-Pues porque soy menor de edad.-contestó ella con frialdad.-Y porque mi padre no creo que me dé permiso para irme por ahí con vosotros tan así como así.

George se quedó mirándola pensativo. La verdad es que la noche anterior, cuando Ringo le había llamado para contarle la idea de John, ni siquiera había caído en aquel pequeño pero importante detalle. Gwen era menor de edad y no podría abandonar el país sin un permiso paterno que, obviamente, no sería tan fácil de conseguir.

-No voy a poder ir. Ve haciéndote a la idea, George.-continuó ella sin poder ocultar la decepción en sus palabras.

-Pero… No seas así, Gwen…-intentó animarla George mientras le acariciaba la mejilla tiernamente.-Hablaremos con tu padre. Intentaremos convencerle… Al fin y al cabo, también pensábamos que no iba a dejarte venirte a Londres en tu vida y mírate ahora…

La chica dibujó una media sonrisa en su cara.

-¿De verdad crees que es posible convencerlo?

-Por supuesto que si.-contestó George con delicadeza.-Esta tarde le llamamos. Ya verás como al final todo sale bien, Gwen, te lo aseguro.

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Aquel libro de Historia Moderna era, simplemente, infumable. Le apasionaba leer, de hecho devoraba con avidez casi todo lo que caía en sus manos, pero aquel pesado manual estaba pudiendo con ella. Con un gesto de fastidio, Christine cerró el libro y lo lanzó con fuerza contra uno de los cojines del sofá, como si el pobre cojín fuera el culpable de que ella tuviera que leerse ese maldito libro para dentro de dos días y presentar una reseña completa sobre él.

Se levantó del sofá enfurruñada, agarró la cajetilla de tabaco y el mechero que había sobre la mesa y salió al jardín. Necesitaba fumar y despejarse un poco, quizás aquello la ayudaría a pillarse el libro después con más ganas.

-¿A qué viene esa cara, enana?

La chica levantó la vista y se encontró con su hermano de cara. Tan enfada estaba con ella misma, con el maldito libro y con el maldito profesor que les había hecho leerlo, que no se había dado cuenta ni siquiera de que Paul acababa de entrar en casa. Y eso que se suponía que, como siempre, las apple scruffs de la puerta habría montado un pequeño escándalo cuando habría llegado.

-Hola, gusano.-saludó la chica sonriendo.-¿Qué? ¿Te apetece leerte por mí un jodido libro de Historia Moderna?

Paul soltó una risita divertido.

-Ni lo sueñes. Es TU carrera y por tanto son TUS libros que te debes leer TÚ solita, hermanita.

-Me encanta tu solidaridad…-sonrió ella arrojando la colilla del cigarrillo al suelo y apagándola con el zapato.

-¡Ey! ¡No estás en la calle para tirarme las colillas aquí!-se quejó Paul en broma mientras le daba una colleja cariñosa a su hermana.

-Sí, eso…-rió ella.-Encima que estoy enfadada ven tú a pegarme.

-Uy, sí… Unas palizas enormes que te pego…-dijo Paul divertido.-¿Entramos en casa o pretendes continuar ensuciándome el jardín?

Chris soltó una carcajada y siguió a su hermano mayor hacia el interior de la casa.

-Te veo muy contento hoy, ¿no?-dijo la chica con toda la intención del mundo cuando entraron en el salón.

Paul le dedicó una media sonrisa mientras se dejaba caer sobre el sofá.

-¿No puedo estar feliz o qué?

-No seas idiota…-dijo ella divertida sentándose a su lado.-Simplemente es que me extraña que después de verte unos días tan raro, ahora hoy estés de repente así, como en una nube.

-¿En una nube? Venga, enana, no digas gilipolleces…

-Sabes que no digo gilipolleces, gusano.-sonrió ella.-Pensé que me lo querrías contar, pero ya veo que no…

-¿Y qué se supone que te debo contar, eh?-preguntó Paul haciéndose el tonto.

-El porqué de tus cambios de humor repentinos, por ejemplo.-respondió ella resuelta y, después, consciente de que estaba poniendo el dedo en la llaga, añadió:-Pero claro… Eso supongo que prefieres contárselo a tus amigos en lugar de a tu hermana…

Paul borró su sonrisilla de la cara de repente.

-Dile a tu novio o lo que sea que en mi puta vida le voy a contar nada más.-masculló Paul enfadado.

Chris no pudo evitar soltar una risa divertida. Y es que, por culpa ser ella una bocazas, John posiblemente recibiría una buena reprimenda por parte de su hermano. No obstante, lejos de preocuparle, aquello más bien la divertía.

-Venga, Paul… John tampoco me ha contado nada del otro mundo…-dijo ella intentando quitarle hierro al asunto.-Sólo que cree que hay alguien en tu vida y…

-John es un bocazas.-refunfuñó Paul.

-¿Y tanto te importa que me lo haya dicho?-preguntó la chica empezando a preocuparse. ¿En qué momento habían cambiado tanto las cosas entre su hermano y ella? Siempre se lo habían contado todo, sin excepciones, y la sinceridad había reinado siempre entre los dos.

-Chris…No es eso, boba…-dijo Paul con una sonrisa tranquilizadora pareciendo adivinar lo que estaba pensando su hermana en esos momentos.

Chris lanzó un suspiro y le clavó la mirada, seria.

-Mira, Paul. Sé que últimamente no te he hecho mucho caso…

-Enana…

-No, Paul, déjame terminar, que esto es importante.-le cortó ella. No iba a dejar pasar aquella oportunidad para hablar con él.-Mira, no te he hecho mucho caso. Reconozco que he estado en mi burbuja estos últimos meses y que prácticamente he vivido colgada de John sin importarme lo demás. Y quizás ha sido el peor momento para no hacerte caso… Tú lo has pasado mal y yo… No sé… Siento que no he estado ahí siempre que necesitabas hablar…

-¿Pero qué me estás contando, Christine?-la interrumpió Paul extrañado.-Las cosas no son así… Tú has hecho todo lo que podías y no quiero que te sientas mal por una cosa que no ha ocurrido.

-Pero… Las cosas entre nosotros no están igual, ¿no lo ves?

-Claro que no lo veo. No lo veo porque no es así, enana.-dijo Paul sonriendo.-Puede que yo tampoco haya estado muy receptivo. Y menos estos últimos días en los que he estado pensando en otras cosas… Quizás tengas razón y sí que estoy en una nube.

La chica lo miró inquisitiva, aunque no pudo evitar sentirse infinitamente mejor cuando escuchó a Paul decir aquellas palabras.

-¿Y a que esa nube tiene nombre y apellidos?-preguntó ella recuperando la sonrisa.

-¿Por qué preguntas algo que ya sabes?-rió Paul.

-Yo no sé nada, gusano.

-Claro que lo sabes, pedazo de enana mentirosa.-contestó su hermano divertido.-¿O pretendes hacerme creer que John no te ha contado sus cábalas?

Christine no pudo evitar soltar una carcajada cuando entendió que Paul la había pillado.

-Mejor que me lo confirmes tú…-dijo cuando acabó de reír.

-Pues te lo confirmo.-sonrió Paul.-Aún no hay nada serio, pero esa Penny tiene algo. Ya lo creo que tiene algo…

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-¿Sí?

Gwen tragó saliva cuando escuchó la voz de su padre al otro lado de la línea telefónica.

-Hola papá.

-¡Hija!-exclamó su padre con alegría.-¿Cómo estás?

-Bien, muy a gusto, ya sabes…

-¿Bien? ¿Estás segura? Te tiembla la voz…

-Claro que estoy bien, papá.-contestó ella intentando fingir determinación.

-¿Y entonces?

-Nada, es que sólo…-titubeó.-Sólo quería comentarte una cosa, a ver si te parece bien…

Su padre soltó una risita al otro lado del teléfono.

-Así que eso era…-dijo finalmente divertido.-A ver, hija, ¿qué quieres pedirme?

-Pues… En realidad quería pedirte permiso para un viaje.-contestó ella después de pensar muy bien las palabras que acababa de pronunciar.

-¿Un viaje?

-Sí, verás… Un viaje un poco extraño y… largo.

-Gwen, hija, habla claro de una vez, ¿adónde quieres irte?

La chica soltó un suspiro nerviosa. Lo mejor sería ser directa.

-George me ha pedido que le acompañe a la gira que van a hacer este verano.

Un silencio horrible se hizo al otro lado del teléfono. De no ser porque sabía que aquello era prácticamente imposible, Gwen hubiera pensado que su padre había colgado el teléfono.

-¿Gira?-dijo el hombre con sequedad al cabo de unos segundos interminables.

-Sí… Van a estar todo el verano fuera y…

-¿Tú sabes dónde te estás metiendo?-la interrumpió su padre.

-Claro que lo sé, papá.-respondió ella decidida.-Quiero ir. Y Mary también va a ir con Ringo.

-Hija…

-¿Me vas a dejar ir o no?

Su padre pareció dudar durante unos segundos.

-Espera un segundo.-dijo al fin.-No cuelgues.

A Gwen no le dio tiempo a decir nada antes de que oyera como su padre se alejaba del teléfono unos pasos. Después, voces. Estaba hablando con su madre. La chica tragó saliva y esperó.

-¿Gwen?

La pregunta de su madre la hizo salir de repente de sus pensamientos.

-Hola mamá.

-Tu padre me ha contado lo de esa gira.-dijo la mujer.

-¿Y qué decís?

Su madre soltó un largo suspiro.

-Voy a decirte algo.-contestó.-Ya estuvimos a punto de perderte cuando te querías ir a Londres, ¿y para qué? Para que al final hayas ido igual. Mira, puedes ir con George si eso es lo que quieres pero hay una condición.

Gwen no pudo reprimir un gritito de alegría.

-Te he dicho que hay una condición, Gwen.-insistió su madre.-Apruébalo todo y consigue una buena nota para el acceso a la universidad.

-¡Mamá! ¡Gracias, gracias, gracias!-exclamó la chica emocionada.-¡Te juro que seré la mejor de mi escuela! ¡Te lo juro!

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-¡No tolero este puto libro! ¡No puedo!-exclamó ella volviendo a cerrar el libro con fuerza.

Mimi, que dormía encima de John plácidamente, saltó del sofá asustada por el grito de Christine.

-¿Tan malo es?-se extrañó John mientras se subía las gafas y la miraba.

-Una puta mierda, eso es lo que es.-contestó ella entre dientes mirando a la gata, que ahora acababa de subirse encima de una silla cercana a su dueño.

-Va… Si ni siquiera es un libro grueso…

-Da igual que sea grueso o no.  Es una mierda, John, que te lo digo yo. Y encima voy súper atrasada… Entre esta tarde ayudando a Paul a escoger un traje para esa maldita fiesta a la que iba, después tú y yo que siempre acabamos como acabamos y que ahora no me puedo concentrar…-se quejó ella.

-Venga, pequeña...

-Creo que me voy a dormir.-dijo Chris de repente poniéndose en pie.-Y mañana me levanto temprano para leerme la cosa esta.

John le dedicó una media sonrisa.

-Como quieras.-contestó.-Yo creo que terminaré de ver la película, no debe de faltar mucho para que se acabe.

-Te quiero, guapo.-sonrió ella dándole un beso.-Buenas noches.

-Y yo te quiero más.-dijo John.-Descansa, peque.

Chris salió del salón y, al cabo de unos segundos, John escuchó como cerraba la puerta de la habitación. Sonrió para sí mismo mientras miraba aquel libro que su chica parecía querer quemar antes siquiera de terminar de leerlo y le picó la curiosidad. ¿Tan malo era? John alargó el brazó y lo agarró. Miró detenidamente la portada antes de abrirlo. Sociedad de la Edad Moderna, la verdad era que muy entretenido no parecía, pero aún así decidió abrirlo y comprobarlo por sí mismo… ¿Por qué no?

********************************

Hacía un buen rato que Paul ya estaba en esa fiesta. Se estaba aburriendo como una ostra y le ponía de los nervios pensar que los otros tres estarían haciendo lo que les diera la gana mientras que él debía de estar allí poniendo buena cara a todos los que se le acercaban. Miró su reloj disimuladamente y se dio a sí mismo un plazo de media hora para marcharse de allí. Sí, media hora más y ya no quedaría mal con nadie. ¿Por qué siempre le tenían que tocar a él las fiestas aburridas? ¿Y por qué John parecía disfrutar del privilegio de ir siempre a las mejores? Bueno, en realidad sí que sabía la respuesta a esas preguntas. John era un incendiario nato y él se suponía que era el Beatle diplomático. Así pues, no era de extrañar que a Paul siempre le tocara ir a los lugares donde más correcto se debía ser y que, por regla general, eran los lugares más aburridos.

-¿Una copa, señor McCartney?

-Sí, por favor.-le contestó Paul al camarero que se le acababa de acercar con una bandeja repleta de copas de champagne.

Por lo menos, ya que tenía que estar allí un rato más, bebería gratis champagne del bueno…

***********************************

El despertador sonó insistente en la mesilla de noche y Chris se apresuró a apagarlo para no despertar a John. No obstante, su mayor sorpresa llegó cuando vio que él no estaba en la cama. ¿Dónde se suponía que estaba a las cinco de la madrugada?

Mosqueada, la chica se levantó de la cama y se dirigió al salón con la intención de retomar la lectura del día anterior. Nada más se acercó, lo escuchó. Chris no pudo evitar soltar una risita cuando oyó el ronquido de John. Con razón no estaba en la cama; el muy tonto se había quedado dormido en el sofá. Aún riendo por lo bajo, la chica entró en el comedor y entonces sí que se quedó de piedra cuando vio lo que vio. Sí, John estaba dormido en el sofá, pero con su libro abierto encima de su pecho. No obstante, había algo que llamó todavía más su atención: encima de la mesa, al lado de un cenicero repleto hasta los bordes de colillas, había unas cuantas hojas garabateadas por él. Chris se acercó en silencio y las miró. Aquello era… ¿un resumen de cada capítulo?

-¡John!

-Oh, mierda, mierda, mierda, me he quedado dormido, joder.-dijo él saltando del sofá.

-¿Te has leído eso?

John se ajustó bien las gafas y se desperezó.

-Tenías razón, es infumable.

-¿Te lo has leído?-preguntó ella de nuevo sin poder creerse lo que estaba pasando.

-Que conste que lo he hecho por amor.-sonrió él.-Y que conste también que prefiero antes que mi próxima prueba de amor sea subir al Everest descalzo que leerme otra cosa así.

-Pero… ¡estás como una cabra!

-Gracias, peque.-dijo él levantándose y acercándose hacia ella.-Te he apuntado ahí en los papeles esos de qué va más o menos cada mierda de capítulo. Y me he tomado la libertad de darte mi opinión sobre el cabrón clasista y belicista que escribió esto.

-Pero…

-Pero nada.-le cortó él sonriendo.-De todas maneras, no hubiera podido dormir… Ya sabes que estoy acostumbrado a estar en el estudio por las noches y…

-Repito, estás loco.-dijo la chica mirándolo incrédula.

-Loco, pero te he quitado trabajo.-rió él.-¿Vamos a la cama?

-Y yo qué sé…

-Vamos, aquí ya no tienes nada que hacer… A no ser que quieras releerte tú la cosa esa.

-La verdad es que me lo estaba pensando…-masculló ella mirando el libro que aún descansaba sobre el sofá.-Me siento culpable por…

-¿Culpable? Venga, me compones tú un par de canciones para el próximo disco y ya estamos en paz.-bromeó él.

-Tú quieres acabar con The Beatles, ¿no?

-Pues no estaría mal…-rió John.-Ale, larguémonos a la cama.

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Paul volvió a mirar su reloj pero de nada sirvió. Estaba tan sumamente borracho que ni siquiera era capaz de fijarse bien en la hora que marcaban las manecillas. Daba igual, ¿a quién le importaba la hora? Lo que importaba en aquellos momentos era que una noche de lo más aburrida había acabado convirtiéndose en una de lo más divertida. Ni siquiera se acordaba de cómo había llegado hasta allí, sólo tenía el vago recuerdo de haberse encontrado a su amigo John Dunbar junto con su esposa a la salida de aquella horrible fiesta y que habían acabado liándose con las copas. Y allí estaba en esos momentos, en casa de John y de Marianne, tomándose la que al parecer sería la última copa de la noche.

-Paul, Paul, Paul…

Paul levantó la cabeza y miró a su amigo con cara de pocos amigos.

-¿Qué?

-Creo que deberías irte a casa, colega.-le respondió John.

-¿Qué hora es?-quiso saber él.

-Más de las cinco de la madrugada… Y creo que necesitas acostarte ya.

-Está bien, tienes razón.-dijo Paul intentando ponerse de pie sin trastabillar.

-Si quieres Maggie te puede acompañar a casa…-dijo Marianne mirándolo con preocupación.-No creo que ahora debas conducir.

Paul se quedó mirándola extrañado.

-¿Qué Maggie?-quiso saber.

-La niñera de Nicholas.-le aclaró John.-Ya sabes, como hoy hemos salido, la chica se ha tenido que quedar a cuidarle…-y después, riendo, añadió:-Tampoco somos tan malos padres como para dejarlo aquí solo.

-Está bien, que me acompañe…-dijo intentando que no se le trabara la lengua en ninguna palabra.

Justo en el momento en el que Paul estaba acabando de ponerse la chaqueta, una chica, bastante guapa, por cierto, apareció en la estancia.

-Paul, ésta es Maggie.-les presentó John.

-Hola.-saludó la chica esbozando una sonrisa.

-Hola.

-Maggie…-dijo Marianne.-¿Te importaría acercar a Paul a su casa con el coche? Te viene de paso y…

-Claro que no me importa, Marianne.-dijo la chica y, después, mirando a Paul, preguntó:-¿Vamos?

Paul asintió levemente mientras la miraba. Sí, era bonita y parecía simpática, del tipo de chicas que a él le habían atraído toda la vida. Y además, por muy borracho que estuviera, estaba seguro de que ella estaría bien dispuesta a hacer cualquier cosa con él. Había visto aquella mirada demasiadas veces en una chica como para no darse cuenta… ¿Acaso sería una fan dispuesta a aprovechar el momento que se le estaba presentando? No tenía ni idea, pero tampoco le importaba saberlo, porque lo cierto era que en aquellos momentos Paul ya tenía muy, muy claro hasta dónde iba a llegar con la tal Maggie.


Hola gente! Aquí llego yo, de rápido total, cuelgo y me voy a la cama... Ufff, qué semanita de trabajo hasta la cabeza, de verdad. Pero buen, satisfecha, que al fin y al cabo es lo que importa. Satisfecha por el trabajo, no por este capi, que a mí personalmente no me acaba de convencer... :S Por cierto, tengo pendientes algunas cosillas para leer, lo sé. Debbie, no me he olvidado de ti, jejeje, pero ahora mismo he de desconectarme rápido y hasta el lunes Internet y yo no estaremos unidos, así que tranqui porque a la semana que viene me pongo al día con lo tuyo.

Y bueno, el capi, dedicado especialmente a la única persona que sabe qué es lo que va a pasar a continuación... muajajajaja.

Saludos! 

miércoles, 2 de mayo de 2012

Capítulo 40: Sospechas y propuestas



Desde que habían llegado a casa, Chris no había parado de observar a Penny. Al principio lo hacía para ver cómo estaba encajando o no en el grupo, pero pronto se dio cuenta de que algo raro pasaba. Penny estaba sumamente incómoda y aunque sólo fuera por esa vez el culpable no era John, que sólo se había limitado a saludarla cuando había entrado en el salón y no había ni comentado ni hecho nada que pudiera molestarla. No, aquella vez parecía que era otra cosa u otra persona la que la incomodaba, pero… ¿qué o quién?

-Chris, Chris… ¡Christie, que no te enteras!

La chica salió de sus pensamientos casi en el acto y se volvió hacia John con cara de pocos amigos. No obstante, la sonrisilla que le estaba dedicando el chico hizo que pronto se olvidara de su momentáneo enfado.

-Me preocupas, cariño, a veces creo que te estás quedando sorda.

-Y yo a veces creo que tú te estás quedando atontado del todo.-rió ella dándole un golpe cariñoso en el pecho.-¿Qué quieres?

-Estábamos hablando de los vídeos…

-¿Qué vídeos?-preguntó ella perdida del todo. No tenía ni idea de lo que John le estaba diciendo.

-¿Ves como no te enteras?-dijo él borrando la sonrisa de su cara de repente, nervioso.

-Y si no me contestas aún me voy a enterar menos.-le contestó ella en tono cortante empezando a molestarse.

-¿Qué vídeos van a ser?-preguntó John alargando su respuesta deliberadamente, cosa que hizo que la chica empezara a impacientarse de verdad.

-¿Y yo qué sé?

-Los vídeos de “Paperback Writer” y “Rain”-había sido Ringo el que había contestado.

Chris lo miró y asintió. Al parecer aquel amago de discusión entre John y ella los había incomodado a todos. La chica esbozó una sonrisa. Aquello no era nada si lo comparaban con las tormentas que solían tener los dos y si sus amigos ya empezaban a incomodarse con todo aquello… Pobres.

-Ah, los vídeos.-dijo al fin.-En nada comenzáis a grabarlos, ¿no?

-Dentro de pocos días.-confirmó el propio Ringo, que se adelantó a John en su respuesta.

-Chris, pequeña, acompáñame un segundo a la cocina.

La chica se quedó mirando a John cuando escuchó aquella interrupción.

-Por favor.-dijo él en tono amable.-Tengo un hambre atroz.

-Vale.

Los dos se levantaron del sofá y salieron del salón. A Chris aún le dio tiempo a echar una mirada disimulada a Penny, que continuaba casi sin soltar palabra, abstraída en sus cosas, como si estuviera sola en aquel lugar repleto de gente.

-¿Qué te pasa?-preguntó John nada más entraron en la cocina mientras cerraba la puerta detrás de él.

-Nada.-se apresuró a responder ella.

-Y una mierda. Estás en otro mundo y eso no es normal en ti. Creo que empiezo a conocerte lo suficientemente bien como para…

-John, por favor, no te emparanoies…-le interrumpió ella evitando mirarle a los ojos.

-¿Es por lo del lunes?-quiso saber él acercándose a ella.

Christine levantó la mirada y lo miró a los ojos. Aún recordaba la monumental discusión que había tenido con él dos días antes. Todo por una fan con aires de groupie que se le había abalanzado encima a John mientras estaban ella, Paul y él en Hyde Park.

-No.-contestó ella al fin negando con la cabeza.-Aquello ya está solucionado.

-No me lo creo. Sé que te sentó mal lo de la conversación y la foto, pero… ¿qué querías que hiciera? No me la podía quitar de encima de malas maneras y…

-Te he dicho que no es por eso, joder. Aquello ya lo discutimos en su momento.

-Y tanto que lo discutimos…-dijo John soltando una risita un tanto amarga.

Chris soltó un bufido de fastidio. Odiaba cuando John insistía en crearse sus propias teorías y no escuchaba a nadie.

-Eres un maldito cabezota, Lennon.-le dijo al fin.-NO ES POR ESO. Reflexioné, te di la razón al final y tan contentos, ¿por qué iba a estar ahora otra vez dándole vueltas a lo mismo?

-Y yo qué sé… Las tías siempre retomáis cosas que parecen solucionadas.

-Habló el experto en psicología femenina.

John ignoró el sarcasmo que Chris acababa de utilizar en sus palabras y se acercó más a ella.

-¿Entonces?

-No es por ti.

-Creía que entre tú y yo no había secretos…-bufó él poniendo cara de pena.

Christine lo miró y no pudo reprimir una risita. Igual que le resultaba odioso cuando se ponía en plan cabezota sin escuchar a nadie, le resultaba adorable cuando parecía suplicarle.

-Es por Penny.-contestó al fin la chica.

-¡¿Qué?!-casi gritó John.-¿Por ella? ¡Y yo calentándome la cabeza pensando que te pasaba algo conmigo!

-Es que tú eres un pelín egocéntrico… Te lo dije una vez y te lo vuelvo a repetir: no todo gira a tu alrededor.

-.No es eso, tonta. Es que me extraña que estés preocupada por… ésa. ¿Qué le pasa?

-Ésa tiene un nombre, no creo que te mueras si lo pronuncias. Y estaba así porque estaba observándola… No parece cómoda aquí.

-Claro que no parece cómoda: yo estoy en la misma habitación que ella. Sabes que me odia.

-No creo que seas tú esta vez. Hoy estás civilizado…

-¡Oye!

-¡Es verdad!-rió ella.-Hoy no has hecho nada para que se enfade.

-Ni las otras veces tampoco.

-Johnny, no seas mentiroso.

John soltó una carcajada.

-Vale, igual sí que la he fastidiado un poco.-reconoció al fin.-¿Y qué le pasa hoy? No me digas que tampoco aguanta al resto…

-No lo sé…

-Es que perdona que te diga, pequeña, pero meter a una antibeatle aquí entre nosotros…

-Tonto…

-Tonto no, es verdad. Sabes que nos odia a todos, la única que le cae bien aquí eres tú. Ni siquiera tu hermano que le cae bien a todo el mundo se libra de su mala leche.

Chris se lo quedó mirando fijamente. Aquella última frase la había hecho caer en algo. No sabía aún por qué, pero tenía la sensación de que había empezado a encajar las piezas de aquel puzzle.

-Creo que está así por culpa de Paul.-sentenció la chica al fin con convicción.

-¿Por Paul? ¿Y qué se supone qué ha hecho Paul para que esté así?

-No lo sé, pero me enteraré pronto.

-Pequeña, por favor… No te pongas a jugar  a Sherlock Holmes ahora…

-Juego a lo que quiero, mandón.-sonrió ella acercándose para darle un beso en los labios.-¿Volvemos con los demás?

-Ni lo sueñes…-dijo John con una sonrisilla pícara cuando ella se separó de él.-Te dije que tenía hambre y… es verdad.

Chris lo miró. Sabía a qué se refería, aunque no pensaba seguirle el juego con todos los demás por allí pudiendo pillarles si entraban en la cocina en cualquier momento.

-Si tienes hambre, Johnny, abre la nevera y sírvete.-dijo al final resuelta alejándose de él y guiñándole un ojo.

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Hacía ya un buen rato que todos se habían marchado de allí. Sólo quedaban Paul y John, que estaba esperando a Christine para marcharse a casa. No le hacía demasiada gracia estar allí esperándola, pero no le quedaba otro remedio: la chica se había ido a acompañar a Penny a su casa y él quería convencerla al llegar de que se fueran a pasar la noche juntos a su apartamento. No obstante, estar allí con Paul a solas también le estaba viniendo bien. Compartir un porro y hablar de canciones hechas y por hacer era una cosa que siempre le reconfortaba.

-No creo que debamos incluir demasiados temas nuevos en los directos que hagamos este verano durante la gira…-dijo Paul con aire reflexivo.

Nada más escuchar la palabra “gira” John cambió su expresión de repente.

-No creo…-masculló de mala gana mientras le daba una profunda calada al porro que le acababa de pasar Paul.

-¿Qué pasa, John?-preguntó su amigo mirándole. Al parecer, se había dado cuenta de su repentino cambio de actitud.-Te has puesto serio.

John suspiró a la vez que exhalaba el humo del porro.

-Pasa que estoy hasta los cojones de esa puta gira.-contestó al fin con vehemencia.-Y eso que aún no la hemos empezado.

-Pero si tú adoras los directos…

-No, Paul, te equivocas. Hace tiempo que los directos me dan asco.-contestó sinceramente pasándole el porro.-No se nos oye. Sólo hay gritos y ataques de histeria. Da igual que toquemos mal o bien, incluso daría igual que nos pusiéramos a tocar las canciones de otros. De hecho, creo que si enviáramos a nuestras estatuas de cera a los conciertos y las plantáramos en medio del escenario, causarían el mismo efecto.

-No seas gilipollas.-le cortó Paul.-Tocar en directo es lo mejor de nuestra profesión. El contacto directo con el público lo es todo.

-El contacto directo con una panda de locas, querrás decir.

-John…

-No, Paul, piénsalo y verás como tengo razón. Ringo y George también están hartos.-le interrumpió él.-Además, también está lo otro.

-¿A qué te refieres?

John lo miró antes de contestar.

-A que las giras siempre son demasiado largas.-contestó finalmente.

-¿Y desde cuándo te molesta la duración de una gira?-preguntó Paul sorprendido.-Siempre te ha encantado pasar tiempo fuera de casa y…

-Ahora las cosas no son como antes.-le respondió- Al menos, no para mí.

Paul soltó una risita amarga cuando escuchó aquello.

-¡Mierda, Lennon! ¿Es por mi hermana?-preguntó con sorna.

-¿De qué te extrañas?-preguntó John molesto por el tono que había empleado su amigo.-Me he acostumbrado a tenerla cerca de mí casi todos los días, por no decir todos, y me jode el hecho de tener que estar meses sin verla. Y sabes que no soy el único en esa situación…

-Oh, gracias por restregarme por la cara que soy el único aquí sin pareja, gran amigo.-le corto Paul enfadado.-Si tanto las queréis os las lleváis a la gira y punto, a mí no me vengáis con historias.

John se quedó mirándolo durante unos instantes. Jamás se había planteado aquello. ¿Llevarse a las chicas con ellos? ¿Y por qué no? George y Ringo no tenían problema ninguno: de hecho, ya todo el mundo sabía que tenían novia y a nadie la extrañaría que fueran con ellos. El problema, quizás, radicaba en Chris y en él, que continuaban manteniendo lo suyo en secreto para evitar escándalos. Según Brian, no era conveniente que nada más resolverse lo del divorcio los dos dieran a conocer su relación. Aquello sólo levantaría rumores sobre si ya estaban juntos mientras aún estaba casado con Cynthia y, debía reconocerlo, tenía razón. A él las habladurías le daban lo mismo, pero no quería perjudicar a Christine ni hacerla quedar mal delante de la opinión pública. Entonces… ¿cómo llevarse a su novia a la gira sin levantar sospechas? No tenía ni idea, pero de una cosa estaba seguro: lo haría. Al fin y al cabo, el hecho de que Chris fuera hermana de Paul debería jugar a su favor, ¿no?

-Eres un jodido genio, Macca.-le respondió finalmente, sonriente.

-Oh, no…-masculló Paul mirándole sorprendido.-Hablaba con ironía, Lennon. IRONÍA. ¿Sabes lo qué es eso?

-Olvida tu jodida ironía y ve haciéndote a la idea: ellas se vienen con nosotros.

-Perfecto… Ahora me voy de gira con las tres parejitas felices. Disculpa que no dé saltos de la alegría…

John no pudo evitar soltar una pequeña risita por lo bajo mientras le arrebataba el porro de las manos de su amigo y le daba otra profunda calada.

-¿Por qué te molesta tanto eso?

-¿Hace falta que te lo explique?-le replicó Paul de mal humor.

-Sí.-contestó él plenamente consciente de que estaba metiendo el dedo en la llaga.-Creí que lo habías superado.

Paul soltó un bufido resignado.

-No sé si está superado, pero al menos si que tengo asumido que Alice…-contestó finalmente sin ser capaz de acabar de pronunciar la frase.

-Yo creo que sí que lo tienes superado.-afirmó John convencido.-Paul, ya nos vamos conociendo demasiado y creo que incluso…

-¿Qué?

John agarró aire antes de decir lo que iba a decir.

-Que incluso hay alguien más.

-No me jodas, Lennon.

-Sabes que tengo razón.

Un incómodo silencio se adueñó de la estancia mientras Paul le apartaba la mirada a John.

-No sé si hay alguien o no.-dijo casi en un susurro al cabo de unos segundos.-Bueno, puede haberlo…

-¿Ves cómo tenía razón?-rió John.-¿La conozco? ¿Alguna actriz? ¿Alguna modelo de las de la fiesta de hace unas semanas? ¿Una periodista?

-Agobias con tanta pregunta, joder.-sonrió Paul.-Sí, la conoces. Pero apuesto a que no serás capaz de adivinarlo en tu vida. Y no seré yo quien te lo diga.

John entrecerró los ojos y se quedó mirando a su amigo fijamente. Le extrañaba que no se lo quisiera decir… De repente, algo en su cerebro pareció encajar. La conversación con Chris en la cocina de esa misma tarde, su convicción de que Penny estaba rara por Paul y… lo callado que había estado su amigo, cosa rara en él, que siempre quería ser el protagonista.

-Oh…-dijo al fin.-Paul, no me jodas… ¿Es Penny?

Su amigo abrió los ojos como platos y se lo quedó mirando casi con la boca abierta. No obstante, reaccionó pronto y recobró su expresión de hacía unos segundos, aunque aquello a John ya no le servía de nada.

-¿Penny? Vete a la mierda, Lennon.-contestó enfadado.

John lo miró de nuevo pero no dijo nada. No podía salir de su asombro. Y por mucho que Paul intentara disimular, él ya sabía la verdad. Sí, había otra persona y aquella persona era, nada más y nada menos, que Penny.

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Brian colgó el teléfono enfadado. No podía creer lo que estaba pasando. La gira comenzaría en mes y medio y aún no había podido encontrar a alguien competente para desempeñar aquel trabajo. Y es que desde que había tenido aquel monumental altercado con Derek Taylor en el 64 no había atinado a encontrar a nadie capaz de hacer comunicados de prensa decentes sobre The Beatles. Ahora se arrepentía profundamente de haberlo dejado escapar, pero ya no había vuelta atrás. Las cosas habían sido así y los chicos no podrían recuperar al que seguramente había sido el mejor en aquello. Al menos, no mientras él continuara siendo su manager.

Con un suspiro, Brian se recostó sobre el sillón de su despacho y entrecerró los ojos. Si no encontraba a nadie capaz y neutral que redactara las notas de prensa, no le quedaría otra que encargarse él mismo de aquello, cosa que no le hacía demasiada gracia. Ser el manager de un grupo como The Beatles en plena gira ya conllevaba bastante trabajo de por sí como para encima tener que hacer trabajos que no le correspondían, pero debería hacerlo. A lo mejor aquel era su pequeño castigo por haberse deshecho de Derek años antes…

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Mary miró sorprendida a John, que estaba repantigado en el sofá de casa de Ringo sin el menor reparo mientras saboreaba el whisky con hielo que su amigo le acaba de servir. Chris, a su lado, miraba a su novio escéptica, sin decir ni una sola palabra.

-Repite eso, John, que no me ha quedado muy claro…-murmuró Mary finalmente.

-No hace falta que repita nada, princesa.-dijo Ringo risueño.-¡Es la mejor idea que he oído en toda mi vida!

-Pero…

-Pero nada.-le cortó John.-No veo qué hay de raro en que nos llevemos a nuestras novias a una gira de meses.

-Tendremos clases.

-No a finales de junio cuando empecemos.

-No sé…

-¿Ya estás igual que ésta de aquí?-preguntó John señalando a Chris con el dedo con una sonrisa burlona. La chica le dio un golpe en la mano con cara de enfado, cosa que hizo que John estallara en una inmensa carcajada-¿Qué pasa? ¿Teníais ya planes para pasar un verano loco sin nosotros?

-No es eso…-masculló Mary, que paró en seco cuando vio que John no paraba de reírse como un niño pequeño.-Oye, Lennon, ¿qué te pasa?

-Que está borracho y colocado, eso es lo que le pasa.-contestó Chris soltando un suspiro.-Ni caso. Cuando le pase el ataque de risa ya escuchará.

-Hijos de puta… ¿Os habéis esperado a que nos largáramos para fumaros los porros o qué?-preguntó Ringo divertido mirando a su amigo, que aún no había podido parar de reír.

-Por supuesto que sí, cabronazo, porque si los sacamos mientras estás tú allí, te los fumas todos y no nos dejas nada para los demás.-contestó John cuando pudo recobrar la respiración antes de darle un nuevo sorbo a su whisky. Después, dirigiéndose a las chicas, añadió:-Pues eso que os estaba diciendo, preciosidades, que no vayáis buscando excusas baratas porque os venís con nosotros a ver mundo. Encima gratis, no os quejaréis.

-John, venimos hablando de eso todo el maldito viaje hasta aquí.-le replicó Chris mirándolo seriamente.-Mary y Gwen perfecto, pero yo no pinto nada en la gira, al menos no oficialmente.

-Eres hermana de Paul, con eso basta.-contestó él encogiéndose de hombros.-Podemos decir que estás pasando por una mala época y que Paul quiere que vengas con nosotros para despejarte y…

-Sí, claro.-le interrumpió la chica.-Ahora resulta que voy a ser como el abuelito de Paul en A Hard Day’s Night

La respuesta de la chica hizo que Mary y Ringo lanzaran una carcajada al unísono.

-La hermanita de Paul… Suena bien.-rió Ringo.

-Sí, precioso…

-Acabaré convenciéndola, Rich, ya lo verás…-dijo John con descaro mientras esbozaba una sonrisa.-Ahora te toca a ti trabajarte a tu Mary.

-A mi chica ya me la trabajo de muchas maneras…

-¡Ritchie!-exclamó Mary dándole una colleja medio en serio medio en broma.

-¡Eso ha dolido!-rió Ringo antes de abrazarla y darle un tierno beso en los labios.-¿Qué? ¿A que te vienes conmigo a esa maldita gira?

La chica lo miró a los ojos. La verdad era que tenía razón. A ella tampoco le apetecía estar todo el verano sin verle y, para qué negarlo, se quedaría más tranquila si iba con ellos. No era que desconfiara de él, pero aun así, ella se sentiría mejor y sabía que Ringo también.

-De acuerdo.-dijo al fin sonriendo.-Te acompañaré a esa gira.

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Aún no sabía cómo había llegado hasta allí, pero de repente Paul se vio aparcando delante de casa de Penny. De hecho, cuando Chris y John se fueron de casa y lo dejaron allí solo, a Paul le había faltado tiempo para subir al coche y empezar a conducir hacia casa de aquella chica que lo obsesionaba y lo desconcertaba a la vez como nunca nadie lo había hecho. Quería hablar con ella y eso iba a hacer.

Sin pensárselo dos veces, Paul bajó del coche y entró en la finca evitando ser visto por nadie. Saludó al portero con una sonrisa, subió al ascensor y, en pocos segundos, se plantó delante de la puerta de la chica y llamó al timbre.

-Hola, Penny.-saludó con una de sus mejores sonrisas cuando la chica le abrió la puerta.

Penny se quedó mirándole de arriba a abajo, seria y sin mediar palabra. Al parecer, no esperaba para nada aquella visita.

-¿Puedo pasar?-preguntó él con suavidad.-Necesito hablar contigo.

-No creo que…-empezó a decir la chica.

-Vengo en son de paz.-le interrumpió Paul.-Y te prometo que sólo hablar.

La chica pareció dudar durante unos momentos, pero al final se lo pensó mejor y se hizo a un lado.

-Pasa.

Paul no pudo reprimir una sonrisilla de satisfacción y la siguió hacia el interior de la casa, hasta el comedor. Jamás había estado allí; la última vez que había ido a ese piso sólo había visto el recibidor y el dormitorio de la chica.

-¿De qué quieres hablar?-preguntó Penny evidentemente nerviosa cuando los dos se sentaron en el sofá.

-¿De qué va a ser? De lo nuestro.

-Paul, tú y yo no tenemos nada.-contestó ella con dureza.-Sólo nos acostamos juntos hace unos días, nada más.

-¿Entonces no tenemos nada?-preguntó Paul algo desconcertado ante aquella respuesta. Era la primera vez que una chica le decía algo así.

-Por supuesto que no.-le respondió ella.-¿O es que pides en matrimonio a cada una que acaba contigo en la cama?

-No, claro que no.-se apresuró a decir Paul.-Pero lo pasamos bien juntos el otro día, no me lo negarás.

Penny le dedicó una mirada glacial antes de contestar.

-A juzgar por cómo te fuiste de aquí después de lo que pasó, hubiera dicho que te arrepentías de aquello…

Paul soltó una risita aliviado. Así que era por eso por lo que Penny estaba tan rara con él…

-Oh, venga…-dijo al fin.-Me largué de aquí porque pensé que la que te arrepentías eras tú.

-Yo no me arrepiento nunca de nada. Uno debe de ser consecuente con lo que hace.-le cortó ella secamente.

-¿Y por qué nada más acabamos soltaste un “oh, mierda” que se escuchó hasta en la China?-preguntó Paul.

-Porque me había acabado de acostar con un tío al que odio.

-O sea, que me odias y te arrepientes.

-Ya te he dicho que no me arrepiento de nada; la vida es demasiado corta como para andarse con esas tonterías. Pero pese a lo que pasó continúas cayéndome tremendamente mal.

Paul esbozó una sonrisilla. Pese a que Penny estaba tratando de herirle, le estaba provocando justamente el efecto contrario.

-Quizás tú a mí ya no me caes tan mal...

-Hazme un favor, McCartney, vete a casa.

-¿No cabe ninguna posibilidad de que se vuelva a repetir lo de la otra vez sin huidas por mi parte cuando acabemos?-preguntó él con descaro, envalentonado ante la arrogancia de la chica.

-Te he dicho que te largues.

Paul soltó una risita y se levantó del sofá. Era consciente de que era mejor no forzar más la situación, aunque le apetecía muchísimo volverlo a hacer de nuevo. Justo en el momento en el que estaba a punto de irse de allí, algo le llamó la atención. Bonnie, la perra de Penny, estaba en un rincón del salón tumbada sobre una manta vieja mientras respiraba agitadamente. Parecía enferma.

-¿Qué le pasa a la perra?-preguntó el chico agachándose para acariciarla.

Penny se acercó hasta allí y se agachó también, junto a él.

-Nada importante. Sólo es que está a punto de dar a luz…-contestó.

Paul miró bien al animal. Era curioso, pero no se había dado cuenta las veces anteriores de que la perra de Penny estaba embarazada. Y es que había tenido otras cosas más importantes en las que fijarse, sobre todo, la última vez que estuvo en aquella casa…

-Pobre…-masculló el chico.-Parece que no tardará mucho.

-Cuestión de horas, creo.

-Seguro que nacen unos cachorritos tan bonitos como la madre…-dijo volviéndose hacia ella y dándose cuenta de que sus caras solo estaban a escasos milímetros.-Y como la dueña.

-¿Me estás comparando con un perro, McCartney?-preguntó la chica sin poder evitar esbozar una sonrisa divertida.

-Hay que ver lo sensibles que sois las tías…-susurró él acercándose un poco más hacia sus labios. Ahora ya casi podían rozarse.

-Y lo imbéciles que sois algunos tíos…-le respondió ella también entre susurros pero sin apartarse ni un milímetro de su boca.

Paul no pudo evitar lo inevitable. Sólo fue cuestión de entreabrir un poco la boca y hacer que sus labios entraran en contacto. Penny, tal y como había creído, le respondió haciendo que aquel beso cobrara en intensidad.

-¿No habías dicho que tú y yo no teníamos nada?-preguntó Paul con una sonrisilla pícara cuando los dos pararon para agarrar aire.

-Y no lo tenemos.-le respondió Penny devolviéndole la sonrisa.-Pero tal y como has dicho antes, lo pasamos bien juntos, ¿no?

Paul volvió a abalanzarse sobre ella, aquella vez mucho más decidido que antes, satisfecho. Por fin encontraba a una chica que parecía pensar como él. Por fin.



Hola de nuevo! En primer lugar, disculparme porque tengo la cabeza de adorno, chicas. Y es que, a las comentaristas se me olvidó contestarles en el capi anterior. De todas maneras, ya sabéis que os amo, que os adoro y que os quiero mucho como la trucha al trucho, jajajajaja. Bien, en serio, que no volverá a pasar y si pasa, tenéis mi permiso para torturarme y demás cosas que se os ocurran :P 
Bueno, aquí está el nuevo capi. Espero que os haya gustado, como siempre, aunque sé que tampoco es que sea la gran cosa. En fin, menos da una piedra, ¿no? jajaja.
Como siempre, un beso muy grandeeeeee y gracias por estar ahí, lectores, comentaristas y visitantes varios :P
Muaks!