miércoles, 13 de junio de 2012

Capítulo 46: De exámenes


Las sesión intensiva de estudio en la biblioteca de la universidad la había matado. No es que hubiera estado muchas horas allí, pero lo cierto era que había estado trabajando muy intensamente, demasiado quizás. Y es que, la presión por mantener notas altas para evitar que se le retirara la beca que le permitía estudiar en Londres era demasiado fuerte.

Nada más pisar la calle, inspiró intensamente el aire del mediodía londinense. Aquella era para ella la mejor época del año: por fin el frío del invierno había desaparecido y el calor todavía no era agobiante. En definitiva, era el tiempo ideal para pasárselo en la calle, paseando y disfrutando, y no para pasarse todo el día encerrada en casa o en la biblioteca estudiando como una loca. Mary soltó un bufido de fastidio cuando pensó bien eso… Richard y ella estarían genial en esos momentos dando una vuelta por Hyde Park o por algún sitio incluso algo menos transitado. Pero no, aquello no era posible. Al menos, lo “bueno” de todo aquello era que él también estaba demasiado ocupado esos días ultimando detalles del nuevo disco y de la gira como para distraerla con propuesta de ese tipo.

Caminó tranquilamente, disfrutando del sol, hacia el lugar habitual donde quedaba con él siempre que iba a recogerla a la universidad, como iba a hacer aquel día. No obstante, cuando todavía no había avanzado ni cincuenta metros desde la puerta de la facultad, alguien la llamó:

-¿Mary?

La chica se volvió, fastidiada. Seguramente sería alguna fan de Ringo o de cualquiera de los otros chicos que la había reconocido, como iba ya siendo demasiado habitual. Pero no, se equivocaba de plano. Allí, plantada a escasos metros de ella y luciendo una sonrisilla falsa que a Mary no le auguró nada bueno, tenía a Melanie, su pesadilla particular.

-¿Melanie? ¿Qué es lo que quieres?-fue capaz de preguntar escuetamente mientras sentía como el corazón prácticamente paraba de latirle.

La rubia amplió su sonrisita falsa y se acercó hacia ella unos pasos más. Mary la miró con recelo. Aquella tipa estaba lo suficientemente loca como para ser capaz de decirle o hacerle cualquier cosa y la prueba la tenía en la inmensa cantidad de “cajas” que le había mandado a casa de manera anónima.

-¿Podemos hablar?-preguntó finalmente Melanie situándose delante de ella.

-Lo siento.-contestó Mary poniendo cara de pocos amigos.- Pero creo que tú y yo no tenemos absolutamente nada de qué hablar.

-Vaya…-murmuró Melanie poniendo aquella voz de niña mimada que a Mary tanto la ponía de los nervios.-Pues es una lástima… ¿Por qué no quieres hablar conmigo? Supongo que será algo personal, pues parece que con Brian no tienes ningún problema a la hora de contarle cositas, ¿verdad?

Cuando escuchó a la rubia decir aquella última frase, Mary sintió como la sangre se le helaba en las venas. ¿Cómo había podido enterarse precisamente de eso? ¿Acaso Brian había sido tan rematadamente ignorante como para decírselo a ella así sin más? Era evidente que sí, que Brian había hablado más de la cuenta y que, al parecer, ella en esos momentos iba a pagar las consecuencias de aquella imprudencia.

-¿Qué te pasa, Mary? ¿Acaso no sabes qué decir?-insistió Melanie al ver que ella no tenía intención de contestarle.

La chica tragó saliva disimuladamente antes de hablar. Puestos a estar metida en un buen lío, al menos iba a decirle a aquella furcia teñida que opinaba de ella.

-¿Qué quieres que te diga?-preguntó al fin en tono desafiante.-¿Quieres que te dé las gracias por los regalitos que has estado mandando a mi casa semana tras semana?

Melanie borró inmediatamente la sonrisa de su cara al escuchar la pregunta que Mary le había hecho.

-No es tu casa, es la de Ritchie.-dijo finalmente casi escupiendo las palabras.

-Entonces es como si fuera mía, ¿no?-le replicó Mary con sorna, siendo plenamente consciente de que estaba metiendo el dedo en la llaga.

La rubia le dedicó una mirada de profundo odio aunque, esta vez, lejos de sentir miedo, Mary se envalentonó aún más. Y es que estaba demasiado enfadada como para dejar que esa Mel se fuera de rositas de allí; le había hecho demasiado daño para eso. Quizás, el que aquella loca hubiera ido hasta allí para buscarla no era tan malo: por fin podría liberar toda esa rabia que llevaba acumulando desde hacía meses.

-Te lo dije una vez, listilla, y te lo vuelvo a decir ahora: Richard no está hecho para estar con alguien como tú. Pronto se cansará de ti.-le espetó Mel acercándose otro paso más hacia Mary hasta que las dos quedaron a escasos centímetros de distancia.

Mary no se movió. Aquella pobre diablo estaba muy lejos de intimidarla a aquellas alturas de la “conversación”.

-Y supongo que una loca que se dedica a mandar paquetes con flores muertas y amenazas a otra gente sí que está hecha para él, ¿verdad, Melanie?-dijo con determinación clavándole la mirada.

-Si te madé eso…-escupió Mel.-Es porque no me quedaba otra. Creí que era la única manera de que captaras el mensaje, pero al parecer ni con esas has sido capaz de pillarlo.

-¿Ni siquiera vas a molestarte en negar que lo has hecho?-preguntó Mary sorprendida ante aquella confesión. Al parecer, Melanie estaba tan rematadamente loca que ya ni siquiera le importaba el mantener su honor.

-¿Y por qué voy a negarlo? Al fin y al cabo tú ya te has encargado de joder mi carrera y mis ambiciones. ¿Sabes? A veces creo que lo haces a propósito…

-¿Qué?

-Pues eso, que lo haces a propósito para fastidiarme, por envidia quizás.

-¡Ja!-exclamó Mary con indignación.-¿Envidia? ¿Yo de ti? ¿Bromeas? ¡Anda ya!

-¡Por supuesto que no bromeo!-le gritó la rubia histérica.-¡Primero apareces esa maldita noche y te haces aún no sé cómo con Ritchie y ahora me arruinas mi carrera!

-¡Tu carrera ya la has arruinado tú solita, por loca!-le respondió ella empezando también a perder los papeles.

-¡Pues que sepas que esta loca, cateta de mierda, está dispuesta a ponerte en el sitio que te mereces!

-¿Cateta? Aquí la única que veo es a ti, Melanie. Por muy teñida de rubio y por muy bien vestida que vayas jamás dejarás de ser lo que eres…-le espetó Mary.-¿Y sabes qué es lo que tú eres? Una maldita muerta e hambre que no sabe hacer nada bien y cuya única aspiración en la vida es pillar a algún hombre rico que te permita vivir del cuento. Eso es lo que eres y nada más.

Nada más acabó Mary de decir estas palabras, Melanie, furiosa y fuera de sí por completo, le propinó un fuerte empujón. Mary consiguió, no obstante, mantener el equilibrio y se quedó mirándola: Melanie parecía ida, completamente psicótica y capaz de hacer cualquier cosa en esos momentos. Fue por eso por lo que, justo cuando la rubia hacía ademán de golpearla con todas sus fuerzas, se apartó rápidamente de donde estaba. Melanie trastabilló y apunto estuvo de caer en el suelo aunque, desafortunadamente no llego a hacerlo.

-¡Puta!-le gritó con todas sus fuerzas mientras, ahora sí, le daba una fuerte bofetada a Mary.

Aquello había sido la gota que colmaba el vaso. Golpearla era lo último y Mary sintió como la sangre empezaba a hervirle, aún con más fuerza, en las venas. Así pues, lejos de quedarse parada, de apartarse o de huir de delante de aquella loca, Mary le devolvió la bofetada. Fue un bofetón tan fuerte y furioso que hasta ella misma se sorprendió de cómo alguien tan pequeño como ella había sido capaz de darlo.

Mel se quedó parada, mirándola con los ojos brillando de pura rabia mientras respiraba agitadamente. Y entonces, casi sin esperarlo, se abalanzó sobre ella como una leona furiosa, agarrándola del pelo con una mano y con la otra arañando todas las partes del cuerpo que podía.

Mary jamás en toda su vida había sentido tanto agobio ni tanta impotencia: ni siquiera en las peleas del colegio había sentido algo así. Y es que Mel tenía la clara intención de hacerle todo el daño que le fuera posible y ella lo sabía. Aquello se había convertido en una pelea casi a muerte y o se defendía o la rubia era capaz de llegar hasta donde hiciera falta.

Conforme pudo, Mary consiguió zafarse mínimamente de Mel, liberó uno de sus brazos e intentó empujarla hacia atrás para poder liberarse completamente. No obstante, Mel no siquiera se movió ni un centímetro, estaba demasiado furiosa para hacerlo, y Mary, presa de la desesperación, decidió hacer lo mismo que le estaba haciendo a ella: arañarle, pegarle, lo que fuera, sólo con tal de que la dejara en paz y, para qué negarlo, para sacar toda la rabia que llevaba dentro por todo lo que le había hecho. De este modo, Mary, sin saber muy bien cómo, consiguió acercar su mano libre a la cara de la rubia y, sin pensárselo dos veces, le propinó un inmenso arañazo en la mejilla derecha.

-¡Maldita zorra!-gritó la rubia.-¡Mi cara!

Aprovechando aquel despiste, Mary logró soltar su otro brazo y le dio un fuerte empujón hacia atrás. La rubia, ahora sí, cayó de espaldas sobre el suelo. Pero de poco sirvió aquello, pues Melanie se volvió a levantar tan rápido que ni siquiera le dio tiempo a apartarse. No obstante, esa vez a Mary todo aquello no la pilló tan desprevenida como antes y, cuando Melanie se lanzó de nuevo sobre ella, la chica la estaba esperando para recibirle con las uñas por delante.

Así, cegadas por la rabia, las dos se enzarzaron de nuevo en una monumental pelea a base de arañazos, tirones de pelo e insultos cruzados entre las dos hasta que, finalmente, Mary sintió como alguien la agarraba fuertemente por detrás y la separaba de Melanie.

-¡Mary, por favor!

El grito de Ringo la sobresaltó y la tranquilizó al mismo tiempo. La chica se volvió hacia él todavía con la respiración agitada y dolorida por los arañazos y los golpes. Parecía enormemente preocupado. Después, se giró de nuevo hacia Melanie y vio, para su sorpresa, que a ella también la estaban sujetando. Sin embargo, el hombre que la sujetaba no era nadie conocido, sino uno al que ella reconoció inmediatamente como uno de los guardias de seguridad de la universidad.

-Ha empezado la rubia, lo he visto todo.

Las palabras de aquella señora a la que no conocía absolutamente de nada hicieron que Mary mirara por primera vez a su alrededor. Lo que vio allí hizo que quisiera morirse de vergüenza allí mismo. Y es que allí se habían concentrado, por lo menos, una decena de personas. Si aquello ya le habría resultado bochornoso a más no poder en una situación normal, con un Ringo sin disfrazar sujetándola y sabiendo como sabía que la mayoría de los allí presentes la había reconocido, aquel momento podía calificarlo, sin lugar a dudas, como el peor momento de toda su vida.

-De todas maneras deberán esperar aquí las dos.-dijo el guardia de seguridad gravemente.-La policía está avisada y el que se puedan ir o no ya lo decidirán ellos.

Mary sintió como empalidecía de repente. Perfecto, ahora resultaba que habían llamado a la policía. Ya casi podía leer el titular en la prensa sensacionalista del día siguiente: “LA NOVIA DE RINGO STARR ENVUELTA EN UNA PELEA CALLEJERA”. Sí, sin dudas, deseaba morirse allí mismo.

*********************************************

-Maldita zorra, te aseguro que la mato.-dijo Christine mientras le miraba bien los arañazos que tenía Mary en los brazos.-Hija de la gran puta…

-Bueno, ella también se ha llevado su parte… -bromeó Ringo sentándose con suavidad al lado de su novia a la vez que le pasaba el brazo por los hombros y la acercaba hacia él en un gesto protector.-Y por lo menos el que se avisara a la policía nos ha servido para denunciarla ya de una vez, que era lo que se merecía.

-Sí, es perfecto, ¿no? Sobre todo el hecho de que mañana esto ya estará en todas las revistas… -se quejó Mary con cierto deje de amargura en su voz.

-Me da igual lo que digan las revista.-le cortó Ringo con determinación.-Todos los que estaban allí han visto como ha sido y coinciden en que tú lo único que hiciste fue defenderte, así que la prensa no puede decir otra cosa.

-Eso si sale…-intervino John, que estaba sentado en una silla al lado de Chris.-Neil me ha dicho que Brian está moviendo hilos como un loco para impedir que esto salga a la luz. Ya sabes… No le conviene; hasta hace nada él era el jodido manager de Melanie. ¡A saber el dinero que estará soltando para impedirlo!

-Aún le pasa poco por representar a esa zorra.-dijo Chris enfurruñada.-Creo que estoy empezando a odiar a mi jefe antes de ni siquiera haber trabajado un puñetero día para él…

-Técnicamente tu jefe no es Brian, pequeña…-la corrigió John esbozando una sonrisilla.- Te recuerdo que eres jefa de prensa de The Beatles, no de la empresa del señor Brian Epstein.

-Peor me lo pones, ahora resulta que me acuesto con uno de mis jefes…-bromeó la chica.

Mary no pudo evitar soltar una risita ante la escena. Al principio le había sentado muy mal la visita de Chris y John, sentía demasiada vergüenza por lo que había sucedido como para verles, aunque en esos momentos lo estaba agradeciendo. Al menos, con ellos dos allí, la tensión entre Ringo, que aún estaba enfadadísimo con Mel y consigo mismo porque lo habían convencido de no denunciar, y ella, era muchísimo menor.

-¿Y tú como llevas los nervios para el examen de mañana?-le preguntó Mary a Chris dando un giro total a la conversación. La verdad era que prefería hablar de exámenes a escuchar alguna palabra más relacionada con Melanie.

La cara que puso Christine al escuchar aquella pregunta fue todo un poema.

-¿Que mañana tenemos examen?-bromeó su amiga finalmente sacándole la lengua.

Mary soltó una risita entre dientes.

-¿Y tú?-continuó Chris adoptando un tono de voz más serio.-¿Lo podrás hacer?

-¿Y por qué no iba a poder hacerlo?-preguntó ella encogiéndose de hombros y esbozando una sonrisa.-Que yo sepa, mi cerebro aún lo tengo bien… Además, con la macrosesión de empollar que me he pegado esta mañana, como para no hacerlo…

Christine le dedicó una sonrisa.

-Bueno, ¿no tenéis otra cosa mejor de la que hablar?-preguntó Ringo divertido levantándose de repente.-Peleas, exámenes…

-Estas chicas nuestras son la alegría del lugar…-rió John.-Anda, Ritch, dales una cerveza y un porro a ver si cambian de registro…

Mary sonrió y los miró a los dos. En realidad tenían razón y, además, le agradecía a John profundamente lo del porro. No es que fumara mucho, pero en aquellos momentos la marihuana le vendría muy pero que muy bien.

*****************************************

A cada hora que pasaba Gwen estaba cada vez más y más nerviosa. Por fin había llegado la hora de la verdad: las temidas pruebas de acceso a la universidad eran a la mañana siguiente.

Se había pasado el día encerrada en una de las habitaciones más soleadas de la casa de George, la habitación que se había convertido en su cuartel general particular desde que había empezado a preparar esas pruebas, estudiando sin parar. Y lo peor era que si había empezado el día siendo plenamente consciente de que todo podía salir bien, sin casi agobios y con una rara seguridad en sí misma, en esos momentos sentía exactamente todo lo contrario. Conforme iban avanzando las horas de la tarde, iba creciendo también en Gwen la horrible sensación de que no se acordaba de nada y cuanto más repasaba de sus libros y apuntes, menos creía saber. De ese modo, sus típicas inseguridades y paranoias de antaño ante los exámenes habían vuelto esa vez, aún con más fuerzas. La sensación de agobio y de stress que sentía en esos momentos era casi inaguantable, incluso tenía la impresión de que hasta le costaba respirar con normalidad.

Eran ya más de las ocho y media de la tarde cuando unos tímidos golpes en la puerta la sobresaltaron. Gwen se giró en el momento justo en el que George abría la puerta y se asomaba a través de ella.

-Cariño… Creo que deberías bajar a cenar algo.-dijo el chico en voz baja.

Gwen se lo quedó mirando durante unos instantes antes de contestar. ¿Cenar? No podía permitirse perder ni un segundo más de tiempo cuando creía que no se sabía absolutamente nada.

-No creo que cene hoy.-contestó finalmente sin poder ocultar la ansiedad que sentía.

-¿Qué?-se extrañó George.-¿Cómo no vas a cenar? Eso no…

Antes de que George acabara de pronunciar aquella frase, Gwen no pudo aguantar más tanta presión y rompió a llorar como una niña pequeña. Le daba mucha vergüenza hacer aquello delante de George, pero no pudo evitarlo. Tantos nervios habían hecho mella en ella.

El chico se apresuró a ir hacia ella rápidamente y se arrodilló delante de ella.

-Gwen… No llores, por favor, no llores…-le pidió en tono tranquilizador mientras le pasaba los pulgares por las mejillas para limpiarle las lágrimas.

-Es que no puedo… No lo haré bien, no aprobaré y no podré hacer Bellas Artes, ni podré ir contigo este verano, ni me dejarán continuar el año que viene aquí en Londres…-contestó ella atropelladamente sin poder dejar de llorar.

-Para, para, para…-le dijo George abrazándola.-No pienses en nada de eso, sólo céntrate en lo que vas a hacer y verás como todo te sale genial. Tú puedes hacerlo. Sé que lo harás.

-No, George, no… No sé nada…-sollozó ella pegando su cara al pecho del chico.

-Shhh…-la tranquilizó él mientras le daba un suave beso en el pelo.-Claro que te lo sabes… Lo único que pasa es que estás nerviosa, nada más.

-Pero…

-¿Sabes lo que necesitas ahora?-la interrumpió George poniéndole la mano en la barbilla y obligándola a mirarle a los ojos.-Desconectar un poco de todo. Baja, cena, estemos un rato tranquilos sin pensar en nada de todo esto y después a dormir.

-No puedo permitirme hacer eso, he de repasar y…

-Lo que no puedes es agobiarte y martirizarte de esa manera.

-¿Y si no me salen bien mañana los exámenes?

-No se acabaría el mundo, ya pensaríamos algo…

-No sé…

George la miró con dulzura y esbozó una de esas sonrisas que conseguían desarmar por completo a Gwen en cuestión de milésimas de segundo.

-Lo mejor es que te relajes un poco…-dijo el chico con tranquilidad.

Y sin saber como, Gwen se vio inmersa en el beso más dulce que le había dado George hasta ese momento. Un beso que consiguió, en el acto, quitarle todos sus miedos y todas sus inseguridades. ¿Qué más daban unos malditos exámenes si los dos estaban juntos? Aquello, a fin de cuentas, era lo que realmente importaba.

***************************************           

Era más de la una de la madrugada y Brian aún estaba en su despacho, exhausto. Hacía sólo cinco minutos que había colgado el teléfono, aunque lo había conseguido: la noticia de que Mary y Melanie habían tenido una pelea en medio de la calle no se iba a publicar en ningún periódico ni en ninguna revista.

La broma le había costado miles de libras, pero eso no le importaba en aquellos momentos. Lo único que importaba era el mantener la buena imagen de los chicos y, por extensión, de sus parejas y, para qué negarlo, también la suya propia. Y es que Melanie había sido hasta hacía un día una de sus representadas y no le apetecía para nada ver su nombre escrito cuando se hablara de la persona a la que Ringo Starr y Mary Hall acababan de denunciar por amenazas y agresión física.

Suspiró fuertemente a la vez que apoyaba la cabeza sobre el sillón de su despacho. Con lo fácil que era todo cuando ellos estaban solteros y ahora… Sí, definitivamente aquellas chicas iban a darle muchos más quebraderos de cabeza de los que creía.

******************************************

-Montrose, Gwendolyn Delilah.

A Gwen no le gustó en absoluto como sonó su nombre en boca de aquel hombre con cara de pocos amigos que estaba llamando, uno por uno, a los estudiantes que iban a presentarse esa mañana a las pruebas de acceso. Se acercó con paso rápido hacia él  a causa de los nervios y le tendió su documentación. El hombre comprobó su identidad con tranquilidad y le indicó con un gesto de la cabeza que pasara hacia adentro de la clase.

-Siéntese a continuación del último estudiante que ha entrado.-le indicó otra profesora cuando entró dentro a la vez que le señalaba el lugar hacia donde debía dirigirse.

Gwen asintió con la cabeza, le dio las gracias escuetamente y se sentó en el sitio donde se le había indicado. Nada más sentarse, sacó de su bolso un par de bolígrafos, lápiz y goma de borrar. No obstante, cuando guardó nuevamente su estuche y colocó el bolso de nuevo en el suelo junto a su mesa, el profesor de la puerta aún seguía llamando a alumnos. La chica lanzó un suspiro de resignación e impaciencia y aprovechó para echar una ojeada a la inmensa clase. Jamás había estado en un aula de ninguna universidad y las dimensiones de la estancia la impresionaron bastante. Sin poder evitarlo, miró por la ventana para encontrarse de frente con el edificio que albergaba la Facultad de Historia. Seguramente a aquella misma hora Mary y Chris ya habrían empezado el examen que tenían. Ojalá a ellas también les saliera bien…

-Buenos días.

El saludo del profesor que los había estado llamando hasta hacía poco, la pilló por sorpresa. En efecto, parecía que todos los alumnos ya habían sido llamados y que las pruebas estaban a punto de empezar.

-Soy el Profesor Gibbins y me encargaré de acompañarles durante este proceso de selección.-se presentó.-Como saben, el primer examen de la mañana será el de Lengua y Literatura Inglesa. Recuerden que no pueden utilizar la hoja del examen para anotar las respuestas y que deberán hacerlo en el cuaderno con hojas grapadas que se les adjunta. Disponen de hora y media para hacer cada una de las pruebas y aunque no sepan nada o acaben antes, deberán permanecer en el aula al menos durante media hora antes de entregar el examen.

Todos los alumnos asintieron en silencio, nerviosos, mirando como el tal Profesor Gibbins abría el sobre sellado que contenía el primero de los exámenes que iban a hacer ese año.

-No se alteren y vayan con calma, señores. Tal y como dijo Julio César, la suerte está echada.

***************************************

Penny miró con cierta cara de asco el vestido que iba a ponerse después de darse un baño. No estaba acostumbrada a vestir con aquel tipo de cosas tan elegantes, pero no le quedaba otra; no se podía presentar a la fiesta aquella al lado de Paul vestida como normalmente lo hacía. Hasta una rebelde empedernida como ella era consciente de que no podía hacer eso.

Se baño rápidamente y regresó a su habitación. Miró el reloj despertador que descansaba sobre la mesita de noche: tenía tiempo de sobra, Paul tardaría alrededor de una hora en llegar. No obstante, decidió empezar a vestirse. Si quería arreglarse el pelo y maquillarse un poco, debía apurarse. Y es que Penny, pese a haber crecido en el seno de una familia bastante rica y elegante, no era precisamente una experta peinándose ni arreglándose. Desde pequeña siempre había ido a su aire y pese a las insistencias de su madre, de su abuela y de sus tías, Penny jamás había cambiado su manera de ser. No le gustaba ir de modelo por el mundo, eso era todo.

Cuando se acabó de poner el vestido se miró bien en el espejo que tenía en la puerta del armario. Pese a que era incómodo como el solo porque era un vestido largo, debía de reconocer que no le quedaba mal en absoluto. El color azul del vestido le sentaba bien. Sonrió cuando se vio. Conociéndole, a Paul seguro que le iba a gustar.

Salió de la habitación y se dirigió al cuarto de baño para arreglarse. Pese a lo que había creído en un primer momento, no tardó demasiado, y en poco menos de media estuvo a punto.

Justo cuando acababa de guardar el maquillaje de nuevo en su neceser, el timbre de casa sonó y Penny se apresuró a ir a abrir.

-¡Guau!-exclamó Paul por todo saludo nada más abrió la puerta.-Estás guapísima. Ese vestido te queda espectacular.

-Gracias.-contestó Penny sonriente.-Tú tampoco estás nada mal con ese traje.

-Un traje, nada más, los tíos siempre parece que vayamos igual.-le respondió él divertido encogiéndose de hombros.-Supongo que ya estarás preparada para tu presentación en sociedad, ¿no?

-Si tú lo dices…-masculló Penny de mala gana antes de agarrar su bolso de mano y salir por la puerta junto con Paul.

-Tranquila, no se comen a nadie.-dijo Paul sonriendo mientras entraban en el ascensor.

El Aston Martin de Paul estaba aparcado justo enfrente de la finca de Penny aunque eso no evitó que, cuando salieron por la puerta, unos cuantos viandantes se los quedaran mirando casi con la boca abierta. Era obvio. A Paul, con traje, lo habían reconocido enseguida, y seguramente a esas alturas se estaban preguntando quién era la chica que le acompañaba. Penny sonrió para sus adentros no sin cierta preocupación. Lo más seguro sería que al día siguiente ya todos supieran quién era. Maldita fiesta…

Se metieron en el coche rápidamente antes de que a nadie le diera tiempo a decirles ni una sola palabra y Paul arrancó.

-¿Dónde es esa fiesta?-preguntó Penny cuando se pararon ante un semáforo.

-En un hotel del centro.-contestó él despreocupado.

-Todavía no estoy segura de que todo esto sea una buena idea…-masculló la chica mirando por la ventanilla como si lo que estuviera pasando por las calles de Londres en esos momentos fuera lo más interesante del mundo.

-Pues a mí el que tú vengas conmigo a esta fiesta me parece la mejor idea del mundo…¿O acaso prefieres que se enteren todos de repente cuando te vean junto a mí en el aeropuerto antes de salir hacia Alemania de gira? Debemos preparar el terreno…

-Ya, lo sé, pero no deja de aterrarme la idea…

-No seas boba y relájate.-le dijo Paul sonriendo.-Ya verás como todo sale bien.

Penny le dedicó una sonrisa no demasiado convencida. Sabía que llevarle la contraria a Paul en situaciones como a aquella era una cosa inútil, así que lo mejor era dejarlo estar aunque ella creyera poco menos que el fin del mundo iba a llegar una vez apareciera al lado de Paul en aquella fiesta.

Llegaron al cabo de poco tiempo, demasiado poco para Penny, que hubiera estado dando vueltas con el coche por todo Londres sólo con el fin de alargar el momento que tanto temía. Nada más llegar a la puerta, un chico de aproximadamente su edad, trajeado y serio, se apresuró a ir hacia el coche.

-Si me permiten, yo les aparcaré.

Paul asintió, bajó del coche y fue, con toda la naturalidad del mundo a abrirle la puerta a Penny. La chica dudó unos segundos antes de bajar mientras miraba asustada la puerta de entrada al hotel. Lo cierto es que parecía que en lugar de a una fiesta, estuviera a punto de entrar en el matadero.

-Vamos, muñeca.-la apremió Paul con una sonrisa y guiñándole un ojo.

Penny dio un ligero suspiro, bajó del coche y agarró la mano que Paul le tendía con firmeza mientras oía el ruido del Aston Martin al volverse a poner de nuevo en marcha. Ahora ya no había escapatoria posible, sólo quedaba esperar y confiar, tal y como hacía Paul, en que todo fuera más o menos bien.

Se dirigieron hacia la puerta del hotel rápidamente entre los gritos de algunas fans que se arremolinaban ante la entrada. Paul les dedicó una sonrisilla de niño bueno y un saludo con la mano que le quedaba libre y Penny esbozó una sonrisa forzada. La verdad era que lo último que le apetecía en esos momentos, sobre todo después de escuchar varios “¿quién es esa?” entre las chicas, era sonreír, pero no podía hacer otra cosa: o sonreía o se ponía a llorar de puro agobio.

No obstante, nada más entraron en el interior del hotel y vio la cantidad de periodistas y fotógrafos que había allí, Penny entendió que lo de afuera con las fans sólo había sido el aperitivo y que lo peor estaba aún por llegar cuando le tocara enfrentarse a la prensa.

Casi como buitres, todos los periodistas y los fotógrafos corrieron hacia ellos cuando reconocieron a Paul, lanzando flashes y preguntas de todo tipo que Penny no podía ni distinguir.

-Si habláis todos a la vez, no me entero.-sonrió Paul.

-¿Quién es la señorita que te acompaña, Paul?-preguntó una mujer bastante mayor con un bloc de notas en su mano.

-Es Penny Rogers.-contestó él con total naturalidad, como si la respuesta fuera lo más obvio del mundo.

-¿Y tienen la señorita Rogers y usted algún tipo de relación?-preguntó otro periodista.

-No, claro que no, me la he encontrado por la calle hace cinco minutos y como he visto que iba vestida para la ocasión le he dicho que se viniera conmigo a esta fiesta…-bromeó Paul.-Por supuesto que tengo una relación con ella, eso es obvio, ¿no? Si no, no estaríamos aquí juntos…

-¿Y esa relación es una relación sentimental?-quiso saber otra mujer que apuntaba frenética cada palabra que decía Paul.

-¿Se refiere a si Penny y yo somos pareja?-preguntó Paul alargando deliberadamente el momento de dar la respuesta.

-A eso precisamente me refiero.

-Sí, claro, Penny y yo estamos juntos.

A Penny solo le dio tiempo a ver la sonrisilla triunfal de Paul antes de que un montón de flashes de cámara la cegaran casi por completo. No obstante, cuando los periodistas empezaron a hacer preguntas todos al mismo tiempo, esta vez a ella, Paul se las ingenió para sacarla de allí y arrastrarla hacia el lugar reservado para los invitados donde no podía acceder la prensa.

-¿Ves? No ha sido para tanto.-dijo él sonriente cuando se alejaron de los periodistas.

Penny, aún aturdida por todo lo que acababa de suceder, lo miró incrédula.

-¿Qué no ha sido para tanto? ¿Pero tú los has visto? Se han tirado encima de nosotros como si estuvieran locos y…

-Bah, eso es lo normal, ya te acostumbrarás a ellos.-le cortó Paul animado.-Sé que son muy cansinos, pero en el fondo la mayoría son buena gente.

-Ya...-masculló ella sin estar demasiado convencida.

-Bueno, de todas maneras, ya ha pasado todo, ¿no?-comentó él despreocupado.-Ahora ven, te voy a presentar a algunos amigos…

Y dicho esto, Paul le dio un suave tirón de la mano y la condujo hacia el grupo de gente que se arremolinaba en el centro de la sala. Penny reconoció a muchos de ellos: músicos famosos, actores, modelos… Pero bueno, el conocer a toda esa gente del mundo del espectáculo ya no le impresionaba para nada después de pasar por lo que había pasado.  Al fin y al cabo, desde que la prensa se había enterado de lo suyo con Paul ella había pasado a ser, sin ni siquiera planteárselo, una más de ese grupo…


 
Hola!!!! Bueno, hasta aquí he llegado yo. Espero que este capi os haya gustado. Ya veis que de exámenes ha ido la cosa. No sé si tendré a algún sufrido estudiante que esté pasando por el trance este por aquí, pero bueno, que quede bien claro que este capi ha sido mi homenaje particular a todos los que han de pasar por las temidas PAU (Pruebas de Acceso a la Universidad) o como las llamamos comúnmente,  la Selectividad. ¿Por qué esto? Pues porque entre ayer y hoy los pobrecicos aspirantes a universitarios han hecho sus exámenes, seguramente los exámenes más traumáticos que harán en toda su vida (y lo dice una que ya es gato viejo, que ha pasado hasta por cientos de exámenes de todo), aunque después, en realidad, no sea para tanto.¡Ánimos y ojalá saquéis la nota que os hace falta para entrar en la carrera que queréis!
Besos!


jueves, 7 de junio de 2012

Capítulo 45: Dolores de cabeza


Odiaba aquellas fechas. Siempre igual: exámenes finales, trabajos de última hora y nervios, nervios y más nervios. No obstante, ese año aún era peor, pues tendría, en menos de dos semanas, que enfrentarse a las temidas pruebas de acceso a la universidad.

-No te alteres por esas pruebas, al final no son para tanto.-le dijo Christine intentando tranquilizarla.

Gwen la miró con escepticismo antes de contestarle nada. Dudaba que tuviera razón, pero su amiga parecía muy convencida de lo que decía. Mary, que estaba a su lado, asintió con la cabeza dándole la razón a Chris.

-Son más los nervios que otra cosa.-dijo la chica.-Si has aprobado el curso, pasas esas pruebas.

-En realidad las asignaturas de dibujo y de arte no me preocupan…-masculló la chica de mala gana mirando el montón de libros que tenían esparcidos sobre la mesa.-Lo que me preocupa son las asignaturas obligatorias: lengua y literatura, matemáticas, historia…

-Que yo sepa no te tiene por qué preocupar la historia…-dijo Chris sonriendo.-Para eso estamos aquí Mary y yo, ¿no?

-Pero vosotras no vais a estar allí para hacer el examen por mí…-contestó Gwen divertida.

-Dios me libre…-rió Mary.-Nosotras a esas horas y ese día, también estaremos haciendo nuestro propio examen, para el que no estamos estudiando nada, por  cierto…

-Bah…-dijo Chris quitándole importancia al asunto.-Aún faltan dos malditas semanas para eso… Hay tiempo. Y si no hay tiempo, pues se copia y ya está.

-¡Por favor, Christine! ¡Eres lo que no hay! ¿Vas a atreverte a copiar en la universidad?

-¿Y por qué no?

Gwen no pudo evitar soltar una inmensa carcajada. El quedar con Mary y Chris a estudiar todas las tardes le estaba viniendo muy bien; primero, por momentos como ese, que le ayudaban a olvidar los nervios y la tensión de los exámenes por unos momentos; segundo, porque el verse las tres estudiando las animaba a no dejar de hacerlo y a concentrarse más. Y es que en casa siempre acababa encontrando alguna excusa para alargar el momento de empezar a estudiar, eso por no decir que, cuando George estaba por casa, no podía hacer absolutamente nada. Además, estaba lo otro: si no se ponía a estudiar en serio y no pasaba esas pruebas de acceso, a Gwen no iban a permitirle ir a la gira con George. Aquella era la única condición que le habían puesto sus padres y estaba en la obligación de cumplirla sí o sí si no quería verse todo el verano metida en Liverpool mientras George y el resto estaban dando tumbos por el mundo.

Lo bueno de todo aquello era que, por lo menos, aquel final de curso de estudio con Mary y Chris no estaba siendo tan aburrido como los que había tenido hasta esos momentos… Eso, y que estaba segura, por primera vez en toda su vida, de que los exámenes que iba a empezar en pocos días iban a salirle bien. De eso no le quedaba duda.

******************************************

Paul agarró aire justo un segundo antes de que Penny le abriera la puerta de su casa. Le dio el tiempo aún para cambiar su expresión de terror por la cara de niño bueno que solía poner siempre que quería conseguir algo antes de que la chica le viera. Y es que sabía que aquella noche, más que nunca, debía de ser cuidadoso con todo lo que le decía a su novia y, sobre todo, en cómo se lo decía si quería que todo saliera tal y como lo tenía pensado.

-¡Hola!-saludó la chica esbozando una enorme sonrisa cuando lo vio allí plantado.-No te esperaba hasta más tarde…

-Hemos acabado la sesión de grabación antes.-aclaró él devolviéndole la sonrisa.-Y he pensado que lo mejor que podía hacer era aprovechar el tiempo y venirme aquí contigo.

Después de decir esto, Paul le dio un dulce beso en los labios y pasó dentro a la vez que sostenía la mano de Penny. Nada más cerraron la puerta, una pequeña bola de pelo se acercó corriendo a los pies de Paul.

-¡Vaya!-rió él agachándose para acariciar a la perrita.-¿Todavía estás aquí, simpática? Creí que te ibas a ir esta mañana…

-Cambio de planes.-sentenció Penny mirando a la última cachorro que le quedaba de la camada de Bonnie.-Los que la querían se han echado atrás. Han visto a la madre y han dicho que esta raza de perros se hace demasiado grande para tenerlos en un apartamento...

-¿Y cómo puñetas pensaban que se hacían los pastores ingleses?-preguntó Paul divertido al escuchar aquella excusa tonta que le habían dado a Penny.-De todas maneras, no pasa nada, la simpática esta está mucho mejor aquí que en otro sitio.

-Bueno… A decir verdad yo también le he pillado mucho cariño, pero no puedo quedármela. Este sitio es muy pequeño para dos bobtails…

Paul sonrió a la vez que agarraba a la perrita en brazos y se volvía a poner de pie de nuevo.

-Bueno, puede que tengas razón…-dijo.-Pero…

-¿Pero qué?

-Pues que mi casa sí que es grande.-contestó él encogiéndose de hombros.-Además, esta bola de pelo me cae bien, no me gustaría que se la quedara cualquiera…

Penny lo miró durante unos segundos, como asimilando lo que le acababa de insinuar.

-¿Estás intentando decirme que te quieres quedar tú a la perrita?-preguntó finalmente, sorprendida.

-Más o menos.-rió Paul.-Podría venirse a mi casa y…

-Para un momento, para, para, para…-le cortó Penny mirándole con los ojos muy abiertos.-Tú no puedes quedarte con ella.

-¿Y por qué no?-quiso saber Paul sorprendido y algo enfadado a la vez ante aquella afirmación.

-Pues porque siempre estáis fuera… Imagínate, una gira, un rodaje de una peli, lo que sea… ¿Quién se va a encargar de ella?

-¿Una persona que contrate para que la pasee y la cuide, por ejemplo?-dijo Paul con total naturalidad.-Por ahora creo que me lo puedo permitir…

-Pero... ¿contratar a alguien? ¿Cómo sabes que ese alguien es de confianza y que va a tratarla bien?

-¿Y cómo sabes tú que la persona a la que se la des la va a cuidar bien?

Penny se quedó mascullando la respuesta durante unos segundos mientras Paul la miraba sin poder evitar articular una sonrisilla triunfal. Era evidente que con aquel argumento había dado en el clavo.

-Está bien, pesado…-contestó la chica, aunque sin el menor rastro de enfado.-Puedes quedártela. De todas maneras, ella también te adora y no creo que esté mejor con nadie que contigo.

-Y tú también la podrás ver siempre que quieras…

-Eso también.-sonrió ella.-Si te soy sincera, lo último que me apetecía en este mundo era tener que despedirme de ella… Supongo que ahora te toca a ti la pesada tarea de ponerle nombre.

Paul se quedó callado. Hasta aquellos momentos no había caído en aquel “pequeño” detalle: la perrita aún no tenía nombre. Habían evitado tener que llamarla de ninguna manera porque la idea era no quedarse con ella, pero ahora era evidente que debía ponerle un nombre decente.

-Vaya… eso sí que es una putada…-dijo finalmente.-Siempre se me ha dado fatal poner nombres… ¿Y si le dejo Simpática?

Penny no pudo evitar largar una enorme carcajada cuando oyó aquello.

-¿Cómo vas a llamarla “Simpática”? ¡Me refiero a un nombre de verdad!

-Simpática es un nombre de verdad…-se quejó Paul, aunque sin poder evitar ocultar que aquello lo estaba divirtiendo de verdad.-Es un perro, no creo que le haga falta que le pongamos un nombre de persona… Mi perro de Liverpool se llama Monster y no pasa nada.

-¿Monster?-rió Penny-¡Si le pones un nombre así a la perrita no te la quedas!

-Con lo bonito que es…

-Déjate de cuentos, McCartney, y búscale un nombre.

-¿Penny?-bromeó Paul.

-¿Y por qué no le pones Pauline?-le siguió ella la broma.-Quedaría bonito: Paul y Pauline…

Paul soltó una risotada con aquella ocurrencia.

-Bueno… pues… pues…-dudó mirando a la perrita.-¿Martha?

-¿Martha?-se extrañó Penny. Era lo primero normal que le oía decir y le sorprendía.-¿Y por qué Martha precisamente?

-No sé, me gusta ese nombre… Y no me dirás que no es un nombre normal.

-Y bonito.-sonrió ella acercándose para acariciar a la perrita.-Así que Martha, ¿eh?

-Sí, Martha.-afirmó Paul satisfecho.-A partir de ahora, esta bola de pelo simpática ya tiene nombre.

************************************************

-¿Qué te pasa? Tienes mala cara…

-Sí, es cierto. Te has puesto pálida…

Chris miró a sus amigas y soltó un bufido antes de dejar caer la cabeza encima de la mesa entre sus brazos.

-Puta madre…-masculló en un susurro casi imperceptible.-Me ha entrado un dolor de cabeza horrible.

-Eso es porque no hemos parado en toda la tarde…-dijo Gwen mirándola con preocupación.

-Sí. Y yo no he estudiado tanto en mi puta vida… No estoy acostumbrada…-respondió Chris soltando una risita entre dientes pero sin mover la cabeza de su sitio.

-¿Quieres una aspirina o algo? Tengo en el baño…-le ofreció Mary.

Chris negó con la cabeza.

-Ya se me pasa, tranquilas…-dijo finalmente.-Sólo dejadme un poco así quieta y ya está.

Justo en el momento en el que ella acababa de pronunciar la última palabra de la frase el ruido de la puerta al abrirse las sobresaltó a las tres.

-¡Hola! ¡Ya hemos llegado!-exclamó la voz de Ringo desde el pasillo de casa.

-¡Y adivinad quiénes han traído comida para cenar aquí todos juntos!-gritó George risueño.

Antes de que a ninguna de las tres le diera ni siquiera tiempo a responder, los tres chicos aparecieron por la puerta del comedor, donde ellas habían estado estudiando toda la tarde.

-¡Vaya!-dijo John con una sonrisilla burlona.-Jamás hubiera pensado que erais tan aplicadas… ¿Cómo están mis chicas? ¡Christie! ¿Qué te pasa?

Chris soltó un bufido de mala gana. Siempre había odiado no ser capaz de disimular cuando no se encontraba bien, pero en aquellos momentos lo odiaba aún más.

-Nada.-contestó a la vez que John se acercaba a ella.-Sólo un poco de dolor de cabeza.

-Pues tienes una cara de zombie…-dijo George mirándola.

-Mi chica no tiene cara de zombie, Hari.-le riñó John mientras se sentaba en la silla que quedaba libre al lado de ella.-Pero mirándote bien… Sí que parece que hayas vuelto ahora de la tumba…

Pese al dolor de cabeza, que amenazaba con volverla loca, la chica no pudo evitar soltar una risita cuando vio como de serio había dicho John aquello último.

-¿Te encuentras muy mal?-insistió él mirándola.

-Que no, pesado…-mintió Chris esbozando una media sonrisa que pretendía ser tranquilizadora.

-Que mentirosa que me has salido…-sonrió John.-Mejor que nos vayamos a casa y descansas, ¿vale?

-Pero habíais traído para cenar y no quiero chafarte el plan… Además, estoy bien…

-A casa, pequeña.-le cortó John.

-Sí, papá…-se burló ella.

Los demás soltaron una risita con el comentario de Christine a la vez que John poco menos que la obligaba a levantarse de la silla y la ayudaba a recoger sus cosas antes de despedirse de los demás y salir de allí.

-Eso te pasa por estudiar tanto…-bromeó John mientras entraban dentro del coche.-¿Ves? Yo jamás tuve ese problema…

-Y yo tampoco lo he tenido nunca, pero ya ves…-sonrió ella apoyando la cabeza en el asiento y cerrando los ojos. Sabía que si no hacía aquello iba a acabar mareándose como un pollo en el trayecto que había entre Mantagu Square y el apartamento de John. Y es que, entre aquel horrible dolor de cabeza y lo rápido y brusco que conducía John lo más probable era que si intentaba mantener la normalidad durante el viaje, sosteniendo una conversación normal con él, acabaran viéndose obligados a parar a mitad de camino para que ella vomitara.

Lo único que oyó a continuación fue el suspiro de John y el ruido del motor al arrancarse. Paradójicamente, aquella vez John condujo mucho más despacio de lo habitual y, a los pocos minutos, la chica no pudo evitar quedarse dormida.

-Ey, pequeña… Hemos llegado.

El susurro de John hizo que ella abriera los ojos lentamente. Estaban ya en el garaje de la finca y aquello hizo que Chris diera de repente un salto sobresaltada.

-¿Has entrado dentro?-preguntó nerviosa.-¿Por qué no me has despertado antes de llegar?

-Porque estabas muy a gusto y además, no te encuentras bien. No pretenderías que te hubiera dejado a dos calles de aquí, ¿no?-dijo él serio, mientras fruncía levemente el entrecejo.

-¡Pero aún es pronto y habrá fans en la puerta! ¡Me habrán visto en tu coche, contigo!

John soltó un bufido de fastidio.

-¿Por qué no dejas de preocuparte ya por eso de una puta vez?-preguntó empezando a irritarse.-Al fin y al cabo ya estoy libre y puedo hacer lo que me dé la gana, ¿no? ¿O es que pretendes mantener lo nuestro en secreto durante toda la vida?

-No sé por qué mierdas tienes siempre que malinterpretarlo todo, joder.-respondió ella enfadada.-¿Acaso crees que a mí esta situación no me agobia? ¿Crees que disfruto teniendo que evitar que aparezcamos juntos en cualquier sitio? ¡Anda ya, John!

El chico relajó su expresión inmediatamente ante la contestación tan airada que le había dado.

-Oh, venga, pequeña…-susurró esbozando una tierna sonrisa y pasándole la mano por la mejilla.-No te enfades, sabes que no quería decir eso… Sólo es que esto ya empieza a estresarme. No entiendo por qué tenemos que montar todos estos teatros, eso es todo…

-Yo también estoy harta, pero es lo que hay.-masculló ella de mala gana, aún enfurruñada.

-Quizás deberíamos plantearnos dejar de fingir ya, ¿no crees?

Chris le clavó la mirada, sorprendida ante la repentina declaración de John. El tono en el que había dicho aquellas palabras le decía que estaba hablando completamente en serio, no como las otras veces en que se lo había dicho, en las que lo había hecho siendo víctima de un enfado repentino o de alguna situación que les parecía absurda. Y aquella vez, por primera vez,  Christine empezaba a estar de acuerdo con él. Sí, quizás había llegado el momento de dejar de disimular, de afrontar la situación y mostrar lo que John y ella eran realmente: dos personas que se amaban y nada más.

-Subamos a casa, aún tienes mala cara.-dijo John suavemente.

Christine asintió sin despegar sus ojos de él. Era evidente que John sabía que ella también creía que no tenía sentido el intentar aparentar por más tiempo una cosa que no eran, pero aun así había decidido no ahondar más en el tema cosa que, en realidad, ella le agradecía. Aún se encontraba bastante mal y Christine no quería ni se veía con fuerzas de empezar a hablar sobre cosas serias. Simplemente, la certeza de que los dos opinaban lo mismo ya era más que suficiente en aquellos momentos.

Subieron a casa juntos. Era curioso, pero era la primera vez que se producía un hecho tan aparentemente inocente como aquel a plena luz del día. Y es que siempre había llegado ella un poco después que él, siempre por las puertas de servicio o por los garajes, sin que nadie se enterara. Nada más salir del ascensor, casi como si aquello hubiera estado preparado de antemano, la vecina del otro apartamento que había en la planta de John, una mujer de unos cincuenta y pocos con aires de aristócrata estirada, salió de su apartamento.

-Hola.-saludaron los dos casi al unísono a la vez que se dirigían hacia la puerta de su casa.

Sólo cuando la mujer se los quedó mirando escandalizada, Christine cayó en la cuenta de que John y ella llevaban las manos entrelazadas. No obstante, lejos de soltarse rápidamente como lo habría hecho quizás hasta días antes, la chica apretó la mano de John aún con más fuerza. Le daba igual ya todo. Lo único que quería en esos momentos era descansar y estar con él y lo demás no le importaba absolutamente nada.

-Creo que deberías irte a dormir un rato…-dijo John, que parecía no haberse percatado de la mirada de su vecina, nada más abrieron la puerta de casa.

Chris negó con la cabeza.

-Ni de coña.-contestó.-Odio estar en cama cuando me encuentro mal. Si no te importa, estaré un rato en el sofá, tranquila.

-Por supuesto que no me importa…-susurró John antes de darle un beso en la mejilla.-Espérame un segundo allí, yo voy a ponerme cómodo. Y veré qué te traigo para ese dolor de cabeza…

La chica asintió y entró en el salón a la vez que John se dirigía hacia la habitación para, supuso, quedarse simplemente en ropa interior. Normalmente, su concepto de ponerse cómodo era ése: quitárselo casi todo y ponerse sus gafas. Se dejó caer en el sofá y cerró de nuevo los ojos, intentando ignorar las punzadas que tenía en la sien. No obstante, justo en el momento en el que parecía estar empezando a conseguirlo, el ruido insistente del teléfono, la molestó. La chica abrió los ojos y miró con fastidio el aparato.

-¡John!-le llamó.-¡Teléfono!

-Responde tú, ¿quieres?-exclamó él desde donde estaba.-¡Estoy en el cuarto de baño pillándote una aspirina!

-¡Pero…!-empezó a quejarse ella. Pese a que no le importaba demasiado ya lo que pensaran los demás, no le apetecía demasiado atender llamadas en casa de John. Jamás se sabía quién podría ser y qué pensaría sobre que una chica respondiera a su teléfono particular.

-¡Será Brian, nos tenía que llamar para decirnos la hora de la entrevista de radio de mañana!-le aseguró John.-Estate tranquila.

Chris bufó con fastidio. Al parecer, no le quedaba otra que contestar ella, así que, sin dudarlo ni un segundo más, descolgó el auricular del teléfono y se lo puso en la oreja.

-¿Sí?-preguntó.

-¿Estoy llamando a casa de John?-preguntó una voz femenina al otro lado del teléfono.

-Sí, aquí es.-respondió ella sin dudarlo, aunque inmediatamente se arrepintió de aquello. No tenía ni idea de quién era y le había confirmado que aquel era el teléfono de John Lennon. Perfecto, metedura de pata hasta el fondo. No obstante, la chica, consciente de que ya no podía arreglar nada, decidió continuar.-¿De parte de quién?

-De su tía Mimi.

Chris enmudeció cuando escuchó esas palabras. De repente, su intenso dolor de cabeza se había esfumado como si nada para dar paso a unas terribles ganas de vomitar.

-¿Quién es, pequeña?

La pregunta de John, que acababa de entrar en el salón, todavía empeoró más la situación a ojos de Christine. Había dicho aquello demasiado alto, tanto que lo más seguro era que Mimi lo hubiera escuchado. Y no habría pasado nada si él no le hubiera llamado “pequeña”…

-Es tu tía.-respondió Chris finalmente pasándole el teléfono.

-¿Mimi?-preguntó él sin poder evitar articular una expresión de sorpresa.

Christine asintió. Por supuesto que era Mimi… ¿Quién iba a ser si no?

***********************************************

John agarró el auricular del teléfono consciente de la que podía venírsele encima. Mimi no tenía ni idea de que él estaba con Christine y con ella nunca se sabía. A decir verdad, jamás se habían podido predecir sus reacciones. No es que fuera una mala mujer, la quería mucho, para él era como su madre y sabía que lo único que quería era lo mejor para él. No obstante, Mimi siempre encontraba algo que reprocharle, algo que no le parecía bien o alguna cosa que objetar respecto a sus decisiones. Y la verdad, temía que con Chris fuera así.

-Hola Mimi.-saludó cuando se puso el teléfono en la oreja.-¿Cómo estás?

-Bien.-respondió la mujer al otro lado de la línea.-Esta semana no habías llamado, así que…

-Lo siento, he ido muy liado. Ya sabes que estamos acabando con el disco y…

-Ya.-le cortó Mimi.-Por cierto, Johnny… ¿quién es la chica esa que me ha contestado?

John tragó saliva. Mimi, tan directa como siempre.

-Pues es Christine, Mimi.-contestó él sin dudarlo; ¿para qué mentirle? Amaba a Chris y lo lógico era que su tía supiera de su existencia.

-Hablas de la tal Christine como si yo la conociera…-dijo la mujer.

-Es que en realidad sí que la conoces, poco, pero la conoces.-le respondió John.-Es la hermana de Paul.

-¿Paul McCartney?

-¿Y qué Paul va a ser?

-¿Y qué hace la hermana de Paul McCartney en tu casa contestando a tus llamadas?-quiso saber Mimi haciendo caso omiso a la contestación a la defensiva que le había dado John.

-Muy fácil, Mimi. Chris y yo estamos juntos.-respondió él a bocajarro.

Un incómodo silencio se hizo al otro lado de la línea. No obstante, cuando John estaba a punto de pensar que se había cortado la comunicación, Mimi preguntó:

-¿Y no es muy niña esa chica? Si no recuerdo mal es de la edad de tu hermana, ¿no?

-Sí, es como Julia.-contestó John sorprendido ante aquello; la verdad era que había esperado un grito de desaprobación o algo más contundente que aquello.-Diecinueve.

-¿Y a qué esperabas a decirme que tenías novia, John Lennon?-preguntó la mujer enfadada.

-No sé... Esperaba el momento adecuado, eso es todo.

-¿Y eso de que estás con ella va en serio?

-Por supuesto que va en serio.-respondió él airado.

-Y supongo que también estarás esperando al momento adecuado para presentármela, ¿no?

-Mimi… No tenemos tiempo para ir a Sandbanks ahora, lo sabes. Yo estoy acabando el disco, ella está de exámenes y después nos vamos de gira…

-¿Cómo que “nos vamos”?

-Pues eso, que ella también viene. Es la nueva jefa de prensa del grupo.

-Y encima te la llevas contigo y no me habías dicho nada. Esto ya no tiene nombre.

-Mimi…

-O sea, que supongo que no te veré hasta que volváis de esa gira, ¿no?-le interrumpió la mujer.-¿Cuándo es eso?

-Después del verano.

-Bueno, pues después del verano, te vienes.-dijo Mimi en tono autoritario.-Y si eso de la novia todavía va adelante, cosa que dudo, te vienes acompañado, ¿de acuerdo?

-De acuerdo…-respondió él en tono derrotista.

-Y por cierto, John… Antes de irte a esa gira, hazme el favor de cortarte el pelo. Te vi la semana pasada por televisión en los videos estos que habéis hecho y estás horroroso.

-Nunca te cansarás de decirme eso, ¿verdad?

-Hasta que no parezcas alguien decente, no, eso tenlo por seguro.

John soltó una risita y se despidió de Mimi antes de colgar el teléfono.

-¿Qué?-preguntó Chris inmediatamente.

Él la miró. Estaba aún más pálida de lo que estaba cuando habían llegado y se la veía nerviosa.

-Nada. Quiere conocerte.-contestó él esbozando una sonrisa tranquilizadora.

-¿Que quiere conocerme?-exclamó más que preguntó la chica.

-Sí, después de la gira.-respondió John agarrando el vaso de agua y la aspirina que le había llevado a Christine y que había dejado encima de la mesa antes de hablar por teléfono.-Tómate esto, creo que te hace falta.

Chris agarró aquello con determinación, se puso la aspirina en la boca y se bebió el vaso de agua de un solo trago. John sonrió. La cara de susto que se le había quedado no tenía precio, aunque tenía la extraña sensación de que aquella vez todo saldría bien con su tía. No sabía decir por qué, pero lo estaba completamente seguro de eso.

****************************************

Paul bebió de su copa de vino antes de decir nada. Quizás aquel era el momento ideal para decirle a Penny lo que le quería decir desde que había llegado aquella tarde. Habían estado juntos, habían charlado, habían reído y ahora acababan de rendir cuentas de una cena fantástica. Los dos estaban de buen humor, Penny sobre todo, así que Paul decidió sacar el tema como quien no quiere la cosa.

-¿Tienes algo que hacer este jueves por la noche?-preguntó de repente.

-No, ¿por qué lo dices?-quiso saber Penny dedicándole una mirada intrigada.

-Pues…-empezó a decir Paul.-Quería pedirte una cosa…

La chica le dedicó una mirada inquisitiva mientras Paul agarraba aire antes de continuar.

-Me gustaría que me acompañaras a una fiesta a la que me han invitado.-dijo él finalmente mirándola a los ojos.

La chica se quedó sin palabras, mirándolo como si se hubiera vuelto completamente loco de repente.

-Pero…-balbuceó Penny al cabo de unos instantes.-¿Es una fiesta oficial?

-¿Te refieres a si será una fiesta pública, con prensa y todas esas cosas?-quiso saber Paul, aunque conocía la respuesta de antemano.

La chica asintió con la cabeza.

-Sí, es una fiesta oficial.-le confirmó él.

-¿Y me quieres presentar ante todos como tu novia ya?

-Sí.-respondió Paul encogiéndose de hombros.-Creo que es lo más conveniente.

-¿Que es lo más conveniente? ¿Qué quieres decir con eso?

-Quiero decir…-empezó a decir él con convicción.-Que quiero que todo el mundo sepa que tengo pareja antes de que nos vayamos de gira por si…

Paul paró de hablar en seco. No sabía si decirlo así, de manera tan directa, iba a ser bueno o malo.

-Paul.-dijo Penny.-¿Qué es lo que ibas a decir?

El chico suspiró. Vale. Lo hecho, hecho estaba, así que ahora lo mejor era acabar lo que había empezado.

-Porque me preguntaba que igual te apetecía venirte de gira con nosotros, por eso.

-¿De gira? ¿Contigo?

-Sí, eso he dicho. De gira, los dos juntos.

**************************************************************

Ringo entró en el coche de mala gana. Odiaba madrugar, como todos que, a juzgar por las caras que tenían, también habían tenido problemas a la hora de despertarse a las siete de la mañana. Maldita entrevista de radio…

-Buenos días, chicos.-saludó todavía con la voz pastosa mientras se sentaba en el asiento del copiloto.

-Buenos días…-contestaron John, Paul y George casi a la vez.

-¿Cómo está Chris?-preguntó.

-¿Qué le pasa a mi hermana?-quiso saber Paul sin poder disimular un deje de preocupación en su voz.

-Nada, nada…-contestó John esbozando una sonrisa adormilada.-Está ya bien. Pero se le pasó un dolor de cabeza y le vino otro…

-¿Cómo?-se extrañó Ringo.

-Mi tía Mimi. Se enteró ayer de que estamos juntos y quiere conocerla después de la gira.

-¿Mimi quiere conocer a Chris?-preguntó Paul divertido.-Dime, John… ¿a quién quieres más, a tu tía o a mi hermana?

-¿Qué te has fumado, Macca? ¿A qué viene eso?

-Viene a que conociéndolas lo más probable es que acaben matándose mutuamente… Por saber a cuál de las dos salvarías si te vieras en medio de un duelo a muerte…-rió Paul.

-Vete a la mierda, Paul.-le contestó John un poco enfadado, aunque sin poder evitar esbozar una sonrisilla divertida.-Saldrá todo bien.

-Sí, sí… perfecto…-dijo Paul con sarcasmo.-Por si acaso ten a mano el teléfono de la policía y de la ambulancia.

-Muy graciosete te has levantado tú hoy, ¿no?-masculló John, ahora ya enfadado del todo.

Ringo miró a sus dos amigos divertido. La verdad era que Paul tenía algo de razón en lo que estaba diciendo. Tanto Mimi como Chris eran puro carácter y podían saltar chispas en un encuentro entre las dos.

-Oye, Paul…-dijo al cabo de unos segundos cuando se percató de la sonrisa casi bobalicona que tenía su amigo en el asiento de detrás; la verdad es que, en medio de la cara de sueño de George y el gesto enfadado de John, llamaba bastante la atención:-¿Y esa felicidad de buena mañana?

Paul soltó una risita antes de contestar.

-Buen observador, Rich…-dijo al fin.-Sí, estoy feliz… ¿Y sabes por qué?

-Sorpréndeme.

-Pues porque anoche, después de mucho insistir, conseguí convencer a mi Penny de que se venga de gira con nosotros.

-Tócate los huevos… Lo que me faltaba…-masculló John entre dientes.

-Tú te llevas a mi hermana pequeña y no me quejo, Lennon, así que calla.-sonrió Paul.-¿A qué es genial?

-Por supuesto que lo es.-sonrió Ringo.

-Sí, así por lo menos no estarás dándonos por culo todo el tiempo con lo solo que te sientes sin tu novia…-bromeó George, que parecía haberse despertado de repente.

-Ey, ¿no queríais una gira con novias detrás? Pues ale, aquí la tenéis.

*********************************************

Melanie entró en el despacho de Brian con una mezcla de nerviosismo e ilusión. La llamada de su manager el día anterior la había sorprendido bastante y no le quedaba ninguna duda de que la había llamado para concretar los detalles del contrato de su primer disco, incluso hasta para firmarlo ya directamente.

-Buenos días, Mel.-saludó Brian.

La chica lo miró, extrañada. Como siempre, Brian era muy correcto, pero había algo en su expresión, en su seriedad, que no le gustaba para nada. De repente, tuvo un mal presentimiento.

-Siéntate, por favor.-le ordenó el hombre.

Mel obedeció.

-Supongo que me habrás llamado por lo del contrato, ¿no?-preguntó nada más se sentó, intentando poner uno de sus mejores tonos de seductora.

-Sí.-contestó Brian.-Es por lo del contrato.

-¿Cuándo lo firmo?-quiso saber ella sin poder ocultar el nerviosismo en su voz.

Brian la miró durante unos segundos, serios, y después, soltó un largo suspiro.

-Verás, Melanie…-dijo al fin.-Creo que tenemos un problema con ese contrato.

-¿Un problema?

-Sí. No creo que sea posible firmarlo.-contestó él hombre con dureza.

Mel notó como la sangre se le helaba en las venas. No podía ser. Brian le había asegurado semanas antes que ese contrato iba a firmarse sí o sí. ¿Cómo podía ser que de repente, sin previo aviso, ya no fuera posible?

-¿Cómo?-consiguió articular finalmente.

-La discográfica se ha echado atrás.-contestó él escuetamente.-Y creo que no va a ser posible encontrar a otra dispuesta a tirar hacia adelante con tu proyecto…

-Pero tú mismo me dijiste…

-Lo que dije yo da igual ahora.-le interrumpió Brian.-Además, Melanie, he de reconocer que las cosas ya no son como antes.

Aquellas palabras dejaron fuera de juego a la chica. No tenía ni idea de a qué se estaba refiriendo.

-¿Qué quieres decir?-preguntó finalmente.

-Quiero decir que a mí ya no me es posible continuar representándote.-contestó él con frialdad.

-¿Cómo que ya no vas a seguir representándome?-preguntó ella; se había quedado como si le hubieran tirado un balde de agua fría encima.

-No puedo, Melanie.-respondió él.-Mi ética profesional no me lo permite, mucho menos cuando has entrado en conflicto con uno de los chicos.

Si lo de antes ya había supuesto un duro revés para ella, aquello aún había sido peor. Creía intuir a qué se estaba refiriendo Brian, pero aún así no le encajaban las cosas. ¿Cómo habían podido enterarse de todo? Aquello era, simple y llanamente, imposible.

-Lo sé todo, Mel.-dijo Brian cuando vio que ella no iba a contestar nada.-Y Ringo y Mary también lo saben.

-¿Qué? Yo no…

-No puedes esperar tener éxito jugando así de sucio, simplemente.-respondió Brian con determinación.-Y da gracias a que la única consecuencia que has tenido ha sido el quedarte sin carrera musical porque hubiera podido ser peor, mucho peor. Lo que has hecho es muy grave y…

-¡Basta!-gritó ella histérica mientras se ponía de pie casi de un salto; en aquellos momentos le daba igual todo, ni siquiera tenía la suficiente claridad en la mente como para poder negar las acusaciones que le estaba lanzando Brian, aunque sabía que eran completamente ciertas.-Escúchame bien: mi carrera musical no está acabada, mucho menos por esa zorra. Y me da igual lo que tenga que hacer para conseguirlo, ¿sabes? Siempre consigo lo que me propongo, SIEMPRE. Y ya que eres tan amigo de esa cateta, mejor que la avises: al final conseguiré lo que quiero, me cueste lo que me cueste. ¡Lo haré!

Y dicho esto, Melanie salió del despacho de Brian dando un fuerte portazo, cegada por la rabia y con la firme determinación de ir a buscar a la tal Mary y hacer lo que habría tenido que hacer hacía mucho tiempo. Nadie iba a chafarle sus sueños. Nadie.



Hola guap@s! Qué hay? Pues yo aquí estoy, acalorada perdida. Algunos de estais a punto de ver nieve y yo ya no puedo más del calor, que cualquier día me da un yuyu en medio de clase, jajajaja. Bueno, no, tampoco creo yo que sea para tanto... En fin, espero que os haya gustado el capi, ya me decís qué tal y todas esas cosas, jejeje. Besotes y, como siempre, millones de gracias a las que estais ahí siempre, leyendo, comentando y, en definitiva, haciendo grande esta historia.
Besos! ;)