jueves, 5 de julio de 2012

Capítulo 50: Filipinas, simplemente Filipinas


-Joder…-masculló John mirando por la ventanilla del avión con el ceño fruncido.-¿Habéis visto eso? ¡Esto es peor que Japón!

Paul, que estaba sentado justo delante de él miró también hacia el exterior. John tenía razón… La pista de aterrizaje por la cual ahora se desplazaba lentamente el avión después de aterrizar, estaba repleta, además de fans, de militares y de policías con cara de pocos amigos.

-Esto es increíble…-dijo sorprendido mientras el resto de los ocupantes del avión también miraban con cara de preocupación el panorama que ofrecía la pista.

El avión continuó reduciendo su marcha hasta que, definitivamente se paró del todo y los operarios empezaron a colocar la escalerilla frente a la puerta para que pudieran bajar.

-¡Está bien, chicos!-les dijo Brian poniéndose en pie en su asiento y mirándolos bien.-Esto parece que está más o menos igual que en Japón, así que supongo que tendremos que ceñirnos a lo que digan las autoridades y…

-Sí, sí, sí…-le cortó John con tono cansado.-Mensaje captado… Haremos caso a esas máquinas de repartir palos que se hacen llamar policías…

-Esperaremos a que se nos indique cuándo bajar de aquí, ¿de acuerdo?-continuó Brian que no hizo ni el menor caso de la interrupción de John.-Mientras tanto id recogiendo vuestras bolsas de mano y todo eso…

-¡Ey, chicos!-exclamó George de repente mientras miraba por la ventanilla con gesto de preocupación.-¿Habéis visto eso? ¿Dónde se supone que van todos estos militares?

Todos, incluido Brian, se lanzaron a las ventanillas para mirar. Paul observó con preocupación como por lo menos una treintena de tipos uniformados, no sabía bien si eran policías o militares, estaban subiendo por las escaleras del avión.

-Esto no es normal, ¿no?-dijo Penny a su lado sin poder disimular el tono de preocupación de su voz.

-¿Te refieres a si es normal que medio ejército de un país quiera subir a nuestro avión?-preguntó él mirándola con gesto serio.-No, no lo es…

-Ojalá no sea nada malo… Con lo de Japón ya tuvimos suficiente…-susurró la chica.

-Oh, no creo que sea nada.-dijo él esbozando una sonrisa tranquilizadora, aunque en realidad todo aquello tampoco le olía nada bien.-Supongo que será normal aquí… Ya sabes que este país tiene una especie de dictadura y que…

Pero Paul no pudo terminar su frase ya que, en aquel preciso instante, la puerta del avión se abrió. Todos los que estaban allí miraron estupefactos y sin mediar palabra entre ellos como dos militares con cara de pocos amigos y que parecían tener algún cargo entraban en el avión como si aquello fuera lo más normal del mundo. No obstante, Brian reaccionó pronto, se puso en pie enseguida y se dirigió hacia aquellos dos tipos mientras éstos le lanzaban miradas asesinas. El manager consiguió llegar hasta allí sin problemas e intercambió unas palabras con ellos. Desde donde él estaba, ni Paul ni ninguno de los demás podían escuchar absolutamente nada de lo que decían, aunque sí que pudieron observar como uno de los dos militares era el traductor y el otro seguramente sería el que mandaba.

-Esto me huele mal…-masculló John desde el asiento de detrás.

-¿Qué quieres decir?-preguntó Paul casi en un murmullo inaudible.

-Joder, Paul…-susurró John exasperado.-Mira la cara de Brian… Jamás lo había visto tan serio…

Paul no contestó aunque sí, debía de reconocer que su amigo tenía razón. En ese momento, el que parecía mandar dijo algo que el otro tradujo y Brian, con gesto serio, asintió y empezó a caminar de nuevo hacia donde estaban ellos, sin más.

-Chicos…-les dijo cuando llegó hasta donde ellos estaban.-Dicen que todo esto es por motivos de seguridad, así que no hace falta que os preocupéis por nada.

-¿Seguro que no hace falta que nos preocupemos por nada?-preguntó John con sarcasmo aunque sin poder ocultar la preocupación en su voz.

-No lo sé.-le respondió Brian en un repentino arrebato de sinceridad.-A mí esto me parece tan extraño como a vosotros… Me han dicho que ellos se van a encargar de vuestro equipaje, también el de mano.

Paul lo miró sorprendido, mascullando para sus adentros qué significaba aquello. ¿Por qué razón una panda de militares iban a hacerse cargo de sus pertenencias? ¿Qué demonios estaba pasando?

Sin que ninguno de ellos tuviera ni siquiera tiempo a protestar por nada ante aquella medida absurda y extraña, irrumpieron en el avión el resto de militares que se apostaban en las escalerillas. El tipo que hasta hacía poco había estado hablando con Brian y que parecía mandar de todo aquello, gritó una serie de instrucciones incomprensibles para todos y a continuación todos los militares empezaron a agarrar todas las bolsas, bolsos, mochilas y demás equipaje de mano que había en el avión y a sacarlo de allí ante las miradas estupefactas de todos.

-¿Pero qué...?-empezó a quejarse Brian dirigiéndose directamente al traductor.

-Sólo cumplimos órdenes, señor.-le contestó aquél con un pronunciado acento asiático mientras caminaba decidido en su dirección. Después, lanzando una mirada a los cuatro chicos y a sus respectivas parejas, añadió:-Ahora, por favor acompáñenme. Sólo los Beatles y nadie más.

-¡Oiga!-protestó Brian indignado.-¡No voy a permitir que se los lleven!

-Sólo son medidas de seguridad.-le respondió el militar y, después, mirándolos a todos de modo amenazante, añadió:-Y más les vale cumplirlas, señores. De todas maneras, sólo será por un momento, hasta que lleguemos dentro del aeropuerto. Hay mucha gente y queremos protegerles.

Brian le dedicó una mirada sombría al traductor y, después, asintiendo, dijo:

-Si las cosas van a ser así, entonces de acuerdo.

-Muy bien.-sonrió el militar.-Entonces pónganse en pie, señores,  nos vamos.

Y, nada más ponerse en pie, Paul y los demás se vieron rodeados por un grupo de militares armados incluso con metralletas que les arrastraron, más que les guiaron, hacia afuera del avión ante las miradas de preocupación tanto de sus novias como de todos los que viajaban con ellos.

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-¡¿Pero por qué has dejado que se los lleven?!-le gritó Christine histérica.

Brian le lanzó una mirada asesina antes de contestar. Bastante agobiado estaba él con todo lo que estaba pasando para que la cría esa le gritara.

-¡No seas niña!-le espetó.-¿Acaso crees que me puedo negar a cumplir órdenes de esos tipos?

-¡Me da igual eso!-le replicó la chica.-¡Yo lo único que sé es que hace más de una hora que tienen a mi hermano, a John y a los demás ahí encerrados! ¡Y no tenemos ninguna noticia de ellos!

El manager bufó. Sabía que la chica tenía razón. Él mismo estaba tanto o más preocupado que ella. Y es que, desde que los habían bajado del avión, no habían vuelto a tener noticias de los cuatro. Lo único que se había prestado a decirles el mismo traductor que había estado hablando con él dentro del avión era que estaban en la sala de espera del aeropuerto ante la que estaban sentados hasta que se les permitiera salir de allí.

-Tranquilizaos todas, ¿vale?-dijo él intentando parecer sereno mirando a las chicas, que parecían al borde del ataque de nervios.-Seguro que no pasa nada.

-¿Y si no pasa nada por qué los tienen ahí metidos sin dejarlos salir?-preguntó Gwen angustiada.

-No lo sé, Gwen...-masculló Brian mirando por enésima hacia la puerta cerrada tras la cual se suponía que estaban los chicos.-Ojalá lo supiera...

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George miró en silencio al resto de sus amigos. Todos parecían igual de confundidos que él. Y no era para menos: estaban rodeados de un montón de militares armados que hablaban entre ellos en su idioma sin parar, con cara de pocos amigos, y que de cuando en cuando les dirigían miradas asesinas. Aquello, tal y como había dicho John cuando los había visto aparecer en el avión, no pintaba nada bien...

-Esto ya está empezando a mosquearme...-masculló a su lado Ringo.-¿Qué coño está pasando, eh?

-Por favor, Ringo..-le riñó Paul en voz baja.-Te pueden oír, contrólate.

-Me podrán oír, pero apuesto a que ninguno me entiende, ¿verdad, hijos de la gran puta? ¿A qué no me entendéis?-dijo mirando hacia los militares que no hicieron el menor gesto de haber entendido sus palabras. Después, mirando a Paul, añadió:-¿Ves? No tienen ni puta idea de lo que estamos diciendo.

-Bueno, tienes razón.-convino Paul.-Pero aún así creo que lo más conveniente es mantener la calma...

-Joder, Macca, creo que ya hemos mantenido bastante la calma: llevamos más de hora y media aquí encerrados.-dijo John.-Estoy hasta los cojones ya de esto.

-En mi vida he visto nada igual...-refunfuñó Ringo.

-Pero tíos...-dijo George.-¿No creéis que está pasando algo para que nos tengan aquí así?

-Pasa que son gilipollas, Hari.-le contestó John con malos modos.-Eso es lo que pasa.

-¡No me refiero a eso, joder! Sólo a que igual...

-¿Qué?-inquirió Ringo nervioso al ver que George había parado de hablar de repente.

George agarró aire antes de decir nada. La verdad es que no sabía si debía o no reflejar en voz alta aquellos temores...

-Igual nos tienen aquí porque han descubierto “algo” en nuestro equipaje de mano...-dijo finalmente dando un profundo suspiro de preocupación.

-Mierda.-susurró John.-Espero que no lo hayan abierto...

-¿Cómo...?-preguntó Ringo que evidentemente se había perdido con aquello. No obstante, pronto pareció reaccionar.-¡Oh, no!

-Si nos han pillado con toda la droga encima estamos perdidos...-murmuró Paul más para sí mismo que para que los demás lo escucharan.

Los cuatro permanecieron en un silencio casi sepulcral, con la mirada perdida. Al parecer, aquella sospecha que él les acababa de contar no era tan tonta como había supuesto desde un primer momento; es más, era una sospecha bien fundada y que parecía bastante probable.

George volvió a mirar una vez más a los soldados que estaban con ellos en la sala y, justo en el momento en el que estaba a punto otra vez de colgarse en sus propios pensamientos, la puerta de la habitación se abrió de repente y entró el traductor con el que habían hablado en el avión luciendo una sonrisilla petulante. Todos miraron hacia él, expectantes, esperando a que en cualquier momento les dijera que quedaban los cuatro detenidos por el tema de la droga.

-Creo que ya se pueden marchar.-dijo el traductor mirándoles.-Ya está todo solucionado.

-¡Por fin!-exclamó Paul poniéndose de pie y estirando sus brazos.-Tengo unas ganas terribles de llegar al hotel y olvidarme de todo...

-¿Hotel?-preguntó el traductor mirándolo con la misma sonrisilla.-No, no, señor McCartney... Mucho me temo que no van a ser posible que ahora vayan al hotel...

-¿Y adónde se supone que vamos?-preguntó John mirándole de manera agresiva.

-Pues a la fiesta que don Manolo Elizalde ha organizado para ustedes, por supuesto.

Los cuatro lo miraron estupefactos. Y es que, si en aquellos momentos el traductor les hubiese confesado que en realidad era un extraterrestre, no se hubieran sorprendido tanto. ¿Una fiesta? ¿Acaso les habían tenido retenidos unos militares para que fueran a una fiesta de la que nadie tenía constancia?

-¿Cómo que una fiesta?-quiso saber Ringo.

-Sí, el señor Manolo Elizalde quiere conocerlos en persona y para eso ha organizado una fiesta en su yate... Es una de las personas más ricas e importantes de Filipinas. Deberían sentirse halagados porque les haya invitado.

-Pues dígale de mi parte que me siento muy halagado, pero que en estos momentos no voy a ir a su fiesta.-le replicó John contundente, empleando el mismo tono de voz agresivo que había empleado antes.

-Lo siento, señor Lennon.-le contestó el traductor con malicia.-Usted irá a esa fiesta y sus compañeros también...

-Pero...

No obstante, el traductor no dejó que John articulara ni una palabra más y se apresuró a gritar unas órdenes en filipino al resto de los soldados que había allí, que enseguida se giraron de cara a los cuatro chicos.

-Mis hombres les acompañaran al yate.-les dijo de nuevo el traductor dándose media vuelta dispuesto a salir por la puerta.-Ya verán como lo pasan bien. Disfruten de la velada.

Y, dicho esto, los soldados volvieron a arrastrar sin el menor miramiento a los chicos hacia afuera.

George no pudo menos que lanzarles una mirada de odio. Y es que, de todas las cosas que habían pasado en las giras, aquella era, sin duda, la más estúpida, surrealista e incluso violenta que había vivido en su vida.

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Penny se dejó caer pesadamente sobre la silla de la suite que en teoría tendría que estar compartiendo con Paul y lanzó un bufido de fastidio antes de mirar detenidamente a las demás. Las cuatro, sin excepción alguna, lucían unas caras tan serias que parecía que estuvieran en el velatorio de alguien.

-Esto que está pasando no tiene nombre…-dijo Mary al fin rompiendo el incómodo silencio que se había hecho entre las cuatro.-¡Se los han llevado casi por la fuerza!

-Mejor elimina el “casi”…-agregó ella con una sonrisilla amarga.

-Yo sólo espero que no les pase nada y que vuelvan pronto…-murmuró Chris.

-Tranquilas, chicas…-añadió Gwen intentando en vano esbozar una sonrisa tranquilizadora.-Brian está intentando sacarlos de allí, ya lo sabéis…

-Otra cosa es que lo consiga…-masculló Penny de mala gana. Lo cierto era que no veía nada claro aquello y dudaba que en esos momentos las artes de hombre de negocios de Brian sirvieran para tratar con todo aquel escuadrón de locos que se habían llevado a los chicos sin previo aviso.

-Y mientras aquí estamos nosotras…-bufó Chris poniéndose en pie de repente.-Encerradas como idiotas en un hotel sin poder hacer absolutamente nada.

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Aquello no podía tener ya más poco sentido. Llevaban horas y horas allí en aquel yate, rodeados por militares y por fanfarrones multimillonarios filipinos que les tenían poco menos que como a una atracción de circo. Incluso el tal Manolo Elizalde había intentado hacerles cantar algunos de sus temas pero todos se habían negado en redondo a aquello, cosa que no les había sentado nada bien ni al multimillonario en cuestión ni a sus amigotes, que al parecer habían esperado contar con un concierto privado de The Beatles en su yate.

-¿Qué hora es?-le preguntó a Paul, que estaba a su lado saboreando una copa de vino con cara de pocos amigos.

Su amigo consultó su reloj de pulsera antes de contestar.

-Más de las cuatro de la madrugada.-contestó haciendo que Ringo soltara un respingo cuando escuchó la respuesta a su pregunta.-Llevamos un montón de horas aquí metidos.

-Secuestrados, mejor dicho.-dijo John mientras le clavaba una descarada mirada asesina a aquel Manolo Elizalde, que estaba a pocos pasos de él.-Ese maldito hijo de puta puede dar las gracias si no le meto un par de hostias antes de que nos larguemos de aquí…

-No la líes, John.-le riñó Paul.-Bastante tenemos ya con esto, ¿no crees? Además, te recuerdo que aquí nos entienden todos cuando hablamos.

-Pues mejor, así se enteran todos de lo que opino de ellos.-contestó John enfadado a la vez que se levantaba de su silla y empezaba a caminar en dirección a la mesa de las bebidas.-Voy a beberme otro whisky. Al menos, que me paguen la borrachera.

Ringo le lanzó una mirada de preocupación mientras se dirigía a por la bebida.

-¿No crees que deberíamos pararle un poco, Paul?-preguntó al cabo de unos segundos.

-¿Pararle?

-No sé… Se ha bebido ya medio barco y ya empieza a ponerse… ya sabes, como se pone cuando bebe…

-Agresivo, sí. Lo he notado.

-Puede meterse en un lío.-sentenció George a su lado.

-¿Y qué queréis que haga? Si al menos tuviéramos hierba, le daría un porro en el baño y se tranquilizaría un poco…

-Bueno, chicos, cambiad de tema que ahí viene de nuevo.-les avisó George.

Efectivamente, John se acercaba de nuevo hacia ellos con un vaso bien lleno en la mano mientras lanzaba miradas y sonrisillas malévolas a todos los que le rodeaban, cosa que no auguraba absolutamente nada bueno.

-Bastardos hijos de puta…-murmuró cuando llegó hasta donde estaban ellos.

Los otros tres le dedicaron una mirada de preocupación a la vez que John se sentaba de nuevo en su sitio.

-Os juro que si no se acaba esto de puta vez.-continuó diciendo.-Me largo de aquí yo solo.

-¿Y qué vas a hacer?-le preguntó Ringo con sarcasmo.-¿Tirarte al mar?

John lanzó un suspiro molesto y se bebió su vaso de whisky de un solo trago. Al parecer ni tan siquiera se acordaba de que estaba en un yate y no en tierra firme.

-Me da igual.-volvió a contestar.-O me dejan irme de aquí o…

-¡Chicos!

Los cuatro se volvieron sorprendidos cuando escucharon la voz de Brian justo detrás de ellos.

-Por fin…-masculló el manager, que estaba plantado justo detrás de ellos acompañado por Mal y Neil.-He removido cielo y tierra para saber dónde estabais…

-Eso digo yo, por fin.-replicó Ringo molesto poniéndose en pie junto con los demás.

-Vayámonos de aquí.-dijo Brian sin hacer caso de la queja de Ringo.-Tenemos una lancha aquí al lado.

Los cuatro empezaron a caminar detrás de Brian, sin mediar palabra con nadie de los allí presentes; lo único que querían era desaparecer de allí y llegar al hotel de una vez por todas.

-¡Un segundo!-exclamó John de repente haciendo que todos los que estaban allí se volvieran hacia él extrañados.-No está bien que nos larguemos de aquí sin despedirnos de nuestro anfitrión, ¿no?

-John, por favor, no…-empezó a quejarse Brian que obviamente también había notado lo borracho que estaba John. No obstante, ya era demasiado tarde: John ya estaba frente al tal Don Manolo Elizalde luciendo una de sus peores sonrisillas sarcásticas.

-Señor Elizalde o cómo se llame…-escucharon que decía.-Nosotros nos vamos. Le agradecemos mucho este secuestro, digo, fiesta. La bebida deja bastante que desear y la comida es asquerosa, pero bueno…

Y, dicho esto, John se dio media vuelta dejándose a aquel multimillonario boquiabierto y volvió hacia donde estaban los demás.

-Larguémonos de aquí.-masculló Neil entre dientes.-Pero pitando.

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-¡Johnny!

John abrazó a Chris, que se había lanzado a sus brazos como una loca cuando lo había visto entrar, por fin, en la habitación del hotel.

-¿Cómo estás? ¿Qué…?

-Estoy borracho y cabreado.-le cortó él secamente.

Chris lo miró con el ceño fruncido. Por lo menos le había sido sincero. Traía unas pintas que daban miedo y apestaba a sudor, a tabaco y a whisky del malo. Pese a que verlo en aquel estado no le hacía ni pizca de gracia, Christine esbozó una sonrisilla inocente. John tenía muy mal beber y sabía que lo mejor era dejar que se le pasara y no reprocharle nada si no quería que la acabara pagando con ella.

-Te preparé la bañera, ¿de acuerdo?-le dijo poniéndose de puntillas y dándole un breve beso en los labios.

Antes de que él pudiera decir nada, la chica entró en el cuarto de baño de la suite dispuesta a prepararle aquel baño. Por lo menos así no apestaría tanto y quizás le bajara un poco la borrachera que llevaba antes de dormir. A lo mejor, incluso hasta le podría contar algo de lo que había pasado en esa supuesta fiesta.

-Gracias.

La chica se volvió hacia John, que estaba apoyado sobre el marco de la puerta mirándola fijamente.

-¿Por llenarte la bañera?-sonrió ella.-No creo que me merezca un monumento por esto…

-No es sólo por el baño, lo sabes.-le contestó él acercándose hacia ella.

-No te pongas en plan sentimental, Johnny…-rió la chica.-Anda, métete en la bañera si no quieres que esta noche me vaya a dormir al pasillo.

-¿Tan mal huelo?-preguntó él divertido mientras olisqueaba su camisa.

-No, qué va…-bromeó Chris.-Sólo parece que te hayas echado encima esencia de cerdo, nada más…

John soltó una inmensa risotada que hizo que la chica empezara a relajarse y, a continuación, se vio inmersa en un largo beso sin saber ni siquiera cómo. Bueno, al menos, aunque sólo fuera por esa noche, la borrachera de John no iba a acabar mal del todo…

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El ruido del teléfono a su lado hizo que Brian abriera los ojos molesto. Miró el reloj antes de descolgar. Las nueve de la mañana. Apenas había dormido tres horas…

-¿Sí?-contestó.

-Buenos días.-saludó una voz masculina al otro lado de la línea telefónica.-¿Hablo con el representante de The Beatles?

-Sí, soy yo.-respondió de mala gana.-¿Con quién hablo?

-Llamo desde el Palacio de Malacañán.

Nada más escuchar aquellas palabras Brian se despertó casi por completo. Si no estaba equivocado, el Palacio de Malacañán era la residencia de Fernidand e Imelda Marcos, el “presidente” de Filipinas y su esposa.

-Sí, dígame.-le instó a continuar.

-Verá…-dijo el hombre al otro lado de la línea.-A la primera dama, la señora Imelda Marcos, le gustaría invitar a The Beatles a un almuerzo benéfico con huérfanos que organiza hoy mismo.

-¿Y a qué hora es eso?-quiso saber Brian.

-Pues… Para poder acudir al discurso de la primera dama y visitar a los niños sería conveniente que a las once en punto estuviesen aquí.

-Verá… No creo que eso sea posible.-contestó Brian con contundencia.

-¿Cómo?-se extrañó el otro.

-Pues…-titubeó Brian intentando escoger las palabras adecuadas para no ofenderle.-Igual ya sabe que los chicos fueron ayer a una fiesta con los oficiales y los hombres más prominentes del país…

-Sí, eso me consta.

-Se acostaron muy tarde, de madrugada, y a esta misma tarde tienen los dos conciertos que tenían contratados…-continuó.-Si no descansan lo suficiente, no podrán dar lo mejor de sí mismos en el escenario, así que aunque le agradezco muchísimo la invitación de la primera dama, no tengo más remedio que declinarla. Espero que lo entienda.

-Por supuesto que lo entiendo.-contestó cortante el hombre.

Y, sin que a Brian le diera ni siquiera tiempo a articular una frase de despedida, el representante de palacio le colgó el teléfono con un fuerte golpe. Brian bufó. Bueno, se había enfadado, de eso no cabía duda, pero no estaba dispuesto a ir a despertar a los chicos para comunicarles que debían ir a otra fiesta de la cual no sabían nada. No se quería ni siquiera imaginar como hubieran reaccionado ante la noticia…

Miró el reloj de nuevo. Aún era pronto y estaba seguro de que podía dormir unas cuantas horas más, así que se dio la vuelta en la cama y volvió a cerrar los ojos de nuevo. Sí, definitivamente había hecho muy bien en rechazar ir a aquella fiesta…

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Los dos conciertos casi seguidos que habían dado en el estadio de fútbol de Manila para un total de ochenta mil personas habían estado exactamente igual que siempre. La verdad era que Penny, todos los conciertos los encontraba exactamente: ellos cantaban unas pocas canciones mientras las fans gritaban tanto que apenas se podía escuchar nada. Por eso quizás le hacia tanta gracia que después, casi todos, intentaran analizar cómo había salido cada concierto… ¡Cómo si aquello fuera posible! Como mucho, lo único que podrían llegar a analizar era la intensidad de los gritos del público.

Lo único bueno de todo aquello era que por fin había acabado aquella locura, que al día siguiente podrían largarse de allí, pasar unos días de descanso total en la India y después regresar de nuevo a Londres para unas “minivacaciones” antes de volver a ponerse en marcha de nuevo, aquella vez por Estados Unidos.

-Estoy agotado…-masculló Paul a su lado mientras se estiraba tan largo como era.

-Me lo imago.-le dijo Penny acercándose a él.

Justo en aquel preciso instante, el camión que los llevaba se paró de regreso al hotel y que iba justo detrás de la limusina en la que supuestamente iban ellos, se paró en seco.

-Perfecto.-dijo George poniéndose en pie junto con Gwen.-Ya hemos llegado.

-Que a gusto que voy a pillar hoy la cama, por favor…-añadió Ringo que, después, mirando a su novia pícaramente, añadió:-¿Verdad, Mary?

La chica le soltó un golpe cariñoso en el brazo a la vez que soltaba una risita tímida y se ponían en pie junto con los demás para salir de aquel enorme camión. Todos entraron al hotel hablando en voz baja entre ellos, se les notaba el cansancio que llevaban encima y que estaban deseando llegar a sus habitaciones para poder descansar hasta el día siguiente.

No obstante, cuando llegaron a su planta en el hotel, Penny se percató de algo extraño: allí, donde aquella misma mañana había un montón de seguridad, no había absolutamente nadie.

-Paul…-le dijo mientras se dirigían a su habitación.

-¿Qué?

-¿No notas algo raro?

-¿Algo raro?

-Sí… ¿Y la seguridad?

El chico lanzó una mirada severa hacia la planta del hotel, observando lo que su novia le acababa de decir. Al parecer ni él, como ninguno de los demás, que ya estaban entrando en sus habitaciones, se había percatado de aquel “pequeño” detalle.

-No sé…-masculló finalmente.-Un poco raro sí que es…

-A mí esto no me gusta.-sentenció ella mirándole preocupada.

-Oh, venga… No seas así.-intentó tranquilizarla Paul a la vez que abría la puerta de la habitación.-Es un poco raro, no te lo negaré, pero hay tantas cosas raras en este país… Así que tranquila, lo más seguro es que no sea nada. Ahora vayamos a descansar un poco, ¿sí?

Penny asintió, aunque para nada estaba convencida con la burda explicación que Paul le había intentado dar. Aquello, por mucho que él le dijera, seguía sin darle buena espina, pero, a fin de cuentas, quizás Paul tuviera razón y lo más adecuado que podían hacer en aquellos momentos era, simplemente, entrar en la habitación, desconectar de todo y dormir a pierna suelta.

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Paul no había podido dormir en toda la noche y por eso estaba molesto. Pese a que sabía a ciencia cierta que Penny no tenía la culpa de haber pasado una noche de insomnio en la que no había parado de dar vueltas a su lado en la cama, no podía evitar estar de mal humor. Así que, cansado de estar en la cama sin hacer nada, se puso de pie de un salto y empezó a vestirse.

-¿Vas a levantarte ya?-le preguntó Penny extrañada.

-Bueno… Estoy despierto desde hace un buen rato.-contestó él sin poder evitar usar cierto tono recriminatorio.-Creo que lo mejor será que me levante ya, ¿no?

-Lo siento… Me sabe mal no haberte dejado dormir…-dijo la chica con un hilillo de voz.-Sé lo cansado que estabas y…

-Tranquila. Tú no tienes la culpa.-le dijo él antes de ponerse de pie.-Todo el mundo puede pasar una mala noche y tú estabas preocupada, así que…

-Aún así, me sabe mal.

-No te preocupes.-le dijo ahora sí esbozando una media sonrisa.-Bajaré abajo, pillaré algún periódico y pediré que nos suban el desayuno, ¿te parece?

-¿Y no puedes pedirlo por teléfono?

-Sí, pero así estiro un poco las piernas.-le respondió él.-Vuelvo enseguida, ¿vale?

Por toda contestación, su novia le dedicó una sonrisa que hizo que Paul olvidara que estaba molesto con ella y salió de la habitación después de darle un beso en los labios. Lo primero que le llamó la atención fue que, como la noche anterior, aquello estaba desprovisto de toda seguridad. Soltando un respingo preocupado, Paul bajó las escaleras en dirección al comedor. Había muy poca gente allí también, sólo un par de camareros y una pareja mayor que desayunaban en un silencio casi sepulcral. Pidió el desayuno para la habitación y un periódico en inglés que el camarero no tardó en darle.

-Señor…-le dijo el camarero mientras le tendía el periódico.-Me han comunicado desde la cocina que hoy no hay servicio de habitaciones.

-¿Cómo?-se extrañó Paul.

-Día libre del personal.-le contestó escuetamente.

-¿Y no podría hacer una excepción?

-Insisto, señor. No hay servicio de habitaciones.

-Está bien.-le dijo Paul aún contrariado.-Bajaremos aquí a desayunar.

El camarero no contestó absolutamente nada, sólo le dedico una mirada asesina de la que Paul no pudo entender la causa. No obstante, decidió dejarlo pasar y, sin decir nada más, el chico volvió a subir de nuevo a su habitación. Y entonces lo vio: justo cuando estaba a punto de abrir la puerta de la habitación, aquel titular que rezaba que The Beatles habían insultado a la primera dama al no acudir a su almuerzo del día anterior captó su atención.

Nervioso porque de repente había entendido la causa de la falta de seguridad y de las miradas asesinas de los camareros, Paul entró en la habitación agitado.

-¿Qué te pasa?-preguntó Penny dedicándole una mirada confusa.

-Lee eso.-le contestó Paul lanzándole el periódico.

La chica obedeció y su rostro, de repente, adoptó una expresión sombría.

-Oh, mierda…

-Y tanta mierda.-dijo él.-Hemos metido la pata hasta el fondo.

-Hay que largarse de aquí en cuanto antes Paul, esto no me gusta nada.-dijo Penny angustiada.

-Tranquila, lo haremos.-le contestó él.-Pero antes, acompáñame. Hay que despertar a los demás.

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Todo había ido de mal en peor desde que un agitado Paul les había despertado a todos diciéndoles a trompicones que debían largarse de Filipinas cuanto antes. Mary no podía creer lo que estaba pasando. Jamás había tenido constancia, y por lo visto los chicos tampoco, de aquel supuesto almuerzo al que habían sido invitados el día antes. Sólo Brian, que había sido el que lo había rechazado, sabía de aquello y en esos momentos estaba más histérico de lo que jamás nadie le había visto en toda su vida.

Habían recogido sus cosas de manera apresurada y tanto ella como Ringo ya estaban a punto de salir de la habitación cuando abrió la puerta un John con cara de enfadado.

-¡Me cago en la puta!-gritó dejándose a Mary y a Ringo estupefactos.-¿A qué no sabéis la última? ¡No funcionan los ascensores! ¡Nos toca bajar el equipaje a mano!

-Tranquilo, John…-dijo Ringo.-Para eso están los botones, ¿no?

-¡No hay botones!

-¿Cómo que no hay botones?-se extrañó Mary.

-Desde la dirección del hotel nos han dicho que no hay ninguno disponible.-contestó John agitado.-¡Malditos hijos de puta! ¡Mierda de país!

-Joder…-masculló Mary enfadada.

-Bueno, da igual.-dijo Ringo con determinación agarrando dos inmensas maletas.-Como si tengo que bajar las cosas con la boca, ¿sabes? Yo lo único que quiero es largarme de aquí ya.

John y Mary asintieron. Lo cierto es que a todos en esos momentos lo que más les importaba era irse de allí.

-Dadme algo, os ayudo.-se prestó John.-Chris y yo ya hemos bajado nuestros trastos.

Salieron de la habitación cargados con las maletas y las bolsas de Mary y él y bajaron las empinadas escaleras del hotel a duras penas. Mary lo miraba todo estupefacta: aquello parecía sacado de una película de dudoso humor. Y es que, por las escaleras, se encontraron con todos los demás, incluidos Mal y Neil, bajando un montón de trastos, entre los había instrumentos, amplificadores… La chica jamás había sido consciente de que viajaban con tantísima cosa.

Después de estar más de una hora bajando cosas ante las miradas impasibles de los pocos empleados del hotel, que ni se dignaron a dirigirles la palabra en ningún momento, colocaron entre Mal, Neil, Brian y su equipo el equipaje en los coches.

-Está bien, chicos.-les dijo Brian cuando cargaron la última bolsa.-Despedíos de Filipinas, nos vamos de aquí.

-Y espero no volver en mi vida.-sentenció Mary lanzando una mirada de asco hacia el interior del hotel antes de salir, ahora sí, definitivamente de él de una vez por todas.

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Chris no pudo evitar no dejarse guiar por John hacia el asiento del chico cuando entraron en el avión. Aún tenía el susto metido en el cuerpo; si no hubiera sido por John y por Paul no sabía qué le habría podido pasar. Y es que, de todas las cosas que había vivido hasta ese momento, aquella las superaba por creces por horrorosa, violenta y agobiante.

Nada más llegar al aeropuerto, se dieron cuenta de que las cosas no iban a ir bien, aunque ninguno de los allí presentes se había atrevido a decirlo en voz alta. Simplemente se dedicaron a lanzar miradas suspicaces y preocupadas hacia las pistas del aeropuerto, plagadas de gente, civiles y militares. Nadie sabía qué estaban haciendo allí, pero tenían la certeza de que no habían ido a despedirles con vítores precisamente.

Después, había llegado la siguiente jugarreta de la mañana. Al igual que en el hotel, en el aeropuerto habían dejado de funcionar misteriosamente las escaleras mecánicas, por lo que otra vez tuvieron que cargar con todos sus trastos, que no eran pocos, y subirlos por las escaleras normales a mano. No obstante, aquello no había sido nada comparado con lo que había sucedido cuando por fin habían facturado y se dirigían por fin al avión. Lo primero que recordó fueron los gritos, los insultos, tanto en inglés como en filipino, hacia los chicos. A continuación, el caos. Una marabunta de gente había corrido en dirección a ellos, pillando a quien podían por el camino. Chris aún recordaba la desagradable escena de ver a Alf, su chófer, tendido en el suelo mientras cuatro o cinco militares le propinaban una paliza. Y entonces fue cuando notó el tirón de su brazo, fuerte e incluso violento. Su primera reacción había sido asustarse, aunque, cuando vio que el que había tirado de ella era John, se tranquilizó en el acto.

-Allí.-le había dicho él sin dejar de tirar de su brazo.

A Christine no le había costado ver el motivo de aquel tirón: un grupo de hombres, también uniformados, se estaban dirigiendo hacia donde estaban ellos al parecer sin demasiadas buenas intenciones. Así que, sin pensárselo dos veces, Chris había empezado a correr al lado de John en dirección hacia el lugar de embarque.

-¡Christie! ¡John!

El grito de Paul les había pillado por sorpresa a los dos. Miraron a su alrededor, confusos, sin encontrar a Paul en medio de todo aquel jaleo. Pero de repente, lo vio. De no haber sido porque estaban metidos en medio de aquello, la escena habría podido resultar hasta cómica: Paul y Penny estaban prácticamente a su lado, camuflados entre un grupo de monjas vestidas de negro y tapadas hasta los dientes que miraban todo aquello estupefactas y asustadas a la vez.

-¡Vamos!

Y así había sido como John y ella se habían camuflado también entre ese grupo de monjas junto con su hermano y su cuñada y habían conseguido llegar al avión sin que les pasara nada.

-Ya pasó…-le susurró John al oído una vez se hubieron sentado en el último par de asientos mientras la abrazaba y le besaba el pelo.

Fue entonces cuando Chris adquirió consciencia de que estaban rodeados de gente que no tenía por qué saber que John y ella estaban juntos, aunque en aquellos instantes a ella no le importó. Sólo quería estar con él y si eso suponía que algunos, entre ellos periodistas, se enteraran, le daba absolutamente igual.

La chica levantó la cabeza y le dedicó una sonrisa agradecida. Después, se separó de él y dio un vistazo a los demás. Afortunadamente, los demás ya estaban allí, con sus chicas. No obstante, se sobresaltó cuando vio que Ringo sostenía un pañuelo ensangrentado sobre su nariz en el par de asientos que quedaban a su lado mientras Mary lo miraba con una mezcla de susto, preocupación y rabia.

-¡Rich!-lo llamó.-¿Qué ha pasado?

-Le han metido un puñetazo.-contestó Mary ya que, obviamente, él estaba demasiado ocupado intentando detener su hemorragia.

-Joder…-masculló John a su lado. Chris se volvió hacia él, como esperando a que de un momento a otro saltara con alguna broma fuera de lugar sobre la nariz de Ringo, aunque, sólo por esa vez, John se abstuvo de meter la pata.

-No es nada.-masculló Ringo por debajo de su pañuelo.-Sólo ha sido una tontería.

-No digas sandeces, Richard.-le cortó Mary.-De tontería nada. En esta mierda de país están todos locos.

-Lo que le han hecho a Alf ha sido peor.-volvió a decir Ringo no sin ciertas dificultades.

Chris lo miró. Tenía razón. La paliza que ella mismo había visto delante de sus narices que le habían dado al bueno de Alf había sido mucho peor que aquello. No le costó localizarlo con la mirada unos asientos más por delante. Parecía dolorido y confuso, pero bien al fin y al cabo.

Miró al resto de gente que había en el avión haciendo recuento de si estaban todos o no. Y justo cuando se percató de que ni Brian ni Mal estaban allí y empezaba a asustarse de verdad, los dos aparecieron por la puerta con cara de pocos amigos.

-Y después de esto encima nos han hecho pagar una millonada en impuestos inventados…-se quejó el manager indignado dirigiéndose hacia ellos.-Pero bueno, todo dinero es poco mientras podamos largarnos ya de aquí. ¿Estáis todos bien? ¿Rich?

Todos asintieron con la cabeza, excepto Ringo que levantó el pulgar de su mano derecha mientras con la otra continuaba sosteniendo su pañuelo sobre la nariz.

-De acuerdo.-dijo Brian.-Voy a mi sitio, chicos, si queréis algo…

Chris se quedó mirándolo sorprendida. Era evidente que Brian había visto donde estaba y con quien estaba, pero aún así no le había dicho absolutamente nada acerca de volver a “su sitio”, con él y con Susan.

-Puedes quedarte si quieres…-le dijo el manager esbozando una sonrisa como si de repente hubiera podido leer los pensamientos de la chica.-Cuando lleguemos a Nueva Delhi ya redactarás las notas de prensa sobre esta locura… Ahora relajaos todos.

Chris le dedicó una sonrisa mientras él iba a sentarse a su sitio. La verdad es que después de todo aquello, agradecía de todo corazón el hecho de no tener que pelear con Brian.

Y al cabo de unos minutos, por fin, el avión empezó a rodar por la pista…

-Os lo juro, chicos.-dijo George antes de que despegaran.-La única razón por la que volvería aquí sería para tirarles una bomba atómica a todo este atajo de locos…





 Hola! Pues de nuevo yo aquí con este capi que, si os digo la verdad no me ha gustado demasiado como ha quedado... En fin, yo tenía unas ideas y plasmarlo todo además ciñéndome a cosas que pasaron en realidad... Total que no, que al final no me ha salido :/ Bueno, de todas maneras espero que os haya medio gustado, aunque juro solemnemente y como diría Chiquito de la Calzada "por la gloria de mi madreeee!" que los próximos van a estar mejor, jejeje. Bien, otra cosa antes de despedirme... Igual los más avispados os habéis dado cuenta, pero desde más o menos después de Navidad vengo cuadrando lo que pasa en el fic con la fecha de publicación. Hoy se ha alcanzado la última coincidencia de fechas: el día del aniversario del "desastre de Filipinas" publico este capítulo. A partir de ahora pues ya se me descuadrarán las fechas, aunque fue bonito mientras duró, no creéis? jajajjajaja.

Siguiente cosa, agradecer a todos los que leéis y comentáis, de verdad. A los anónimos les digo que muchas gracias, que sí, que algún día, si consigo emborrachar o drogar lo suficiente a un editor, publicaré mis locuras, jajaja. A Citlali (vi tu "propaganda" en tu fic de casualidad, muchas gracias! :) Sigo leyendo la tuya! ) y a mis dos Marías, que os amo, que me caso con vosotras o que nos montamos una comuna, lo que queráis, pero que sepáis que adoro vuestros comentarios... Ver que os calentáis así la cabeza sólo por comentar las mamarrachadas estas merece, cuanto menos o un beso o una ronda de chupitos... Algún día nos los tomaremos, lo juro por Snoopy! XDDDD

En fin, os voy dejando que no os quiero cansar!

Besos! ;)

lunes, 2 de julio de 2012

Capítulo 49: Turbulencias


El vuelo hacia Japón estaba siendo muchísimo más pesado de lo que se había imaginado.  Hacía más de cuatro horas que habían salido de Londres después de hacer escala allí desde Alemania y Chris ya no sabía qué hacer. Había redactado todas las notas de prensa que le quedaban pendientes y había ayudado a Brian y a Susan a arreglar la agenda de los chicos y, en esos momentos, no tenía absolutamente nada más que hacer. Bueno, sí, quizás escuchar la insípida y aburrida conversación sobre contratos y cobros de conciertos que estaban teniendo Brian y los demás a su alrededor.

-Ey, McCartney.

Chris se giró y se encontró a una sonriente Mary que había ido a buscarla.

-Hola Hall.

-Tienes una cara de aburrida…

-Es que lo estoy.-sonrió Chris.

-A eso vengo.-le dijo su amiga.-¿Te apetece venirte detrás con nosotros un rato?

Sólo con escuchar estas palabras, a Christine se le iluminó la cara.

-Igual tienes alguna cosa más que hacer por aquí…-intervino Brian de repente.

-Lo he acabado absolutamente todo, ya lo sabes.-le replicó Chris con cara de pocos amigos.

-Venga, Brian… Es nuestra amiga…-intentó convencerlo Mary esbozando una sonrisa inocente.-Y creo que se merece un descanso, ¿no?

El manager soltó un bufido de fastidio y les dedicó una mirada penetrante, primero a Mary y después a Chris.

-Está bien…-claudicó finalmente.-Pero cuando te llame te vienes inmediatamente, sin excusas.

-¡Gracias!-le respondió Chris a la vez que se ponía de pie casi de un salto y empezaba a caminar feliz detrás de su amiga.

-¡Ah, y otra cosa, Christine!-la llamó Brian apenas se hubieron alejado unos pasos haciendo que la chica se girara extrañada.-Cuidadito con lo que hacemos. Ya sabes a lo que me refiero.

Chris se limitó a negar con la cabeza en un gesto exasperado, pero no le contestó. Lo más conveniente, ya lo sabía, era no entrar al trapo con Brian. Era mejor evitar discusiones innecesarias y no perder más tiempo para irse con los demás.

-¡Hola, gente!-saludó la chica cuando llegaron a la altura de los demás.

-¡Hola!-la saludaron casi al unísono el resto.

Christine echó una ojeada rápida a su alrededor y comprobó con una sonrisa que el único asiento que quedaba libre para ella era el que estaba al lado de John.

-Siéntate aquí, no muerdo.-le dijo él dedicándole una sonrisilla juguetona.-O sí…

Chris le devolvió la sonrisa y se fue detrás del todo, donde estaba John.

-¿Me dejas la parte de la ventanilla?-preguntó la chica cuando se acercó.

John soltó una risita y se levantó de su sitio.

-Para que después me digas que no eres una niña mimada…-rió el chico a la vez que ella ocupaba el asiento que hasta hacía pocos segundos había estado ocupando el chico.

John se sentó de nuevo, esta vez en la parte del pasillo, y se quedó mirando a la chica bastante serio.

-¿Qué pasa?-preguntó ella extrañada.

John agarró aire antes de hablar.

-Christie…-dijo finalmente casi en un murmullo inaudible.-En realidad he enviado yo a Mary a por ti… Creo que tenemos que hablar.

Christine lo miró sorprendida. Jamás le había gustado la frase “tenemos que hablar” y le gustaba infinitamente menos pronunciada por parte de John.

-Bueno, pues aquí me tienes…-susurró también ella haciendo un colosal esfuerzo para que no se le notara el miedo en la voz.

-Yo no aguanto más así, pequeña… No puedo más.-susurró John.-Quiero decir que… ¿cuánto tiempo más tenemos que estar así, escondiéndonos? Yo ya estoy divorciado, tú estás soltera… No hacemos mal a nadie…

Cuando escuchó aquellas palabras, Chris se relajó automáticamente. Por un momento por su mente habían pasado un montón de cosas en las que prefería no volver a pensar y, la verdad, era un alivio el comprobar que la causa por la que John quería hablar con ella era ésa y no otra.

-Ya sabes que Brian no quiere que salga nada a la luz hasta que acabéis con la gira…-le respondió ella.-Te acuerdas, ¿no? Quiere usar esta gira como coartada y decir que tú y yo nos hemos “conocido” en ella…

-Me da igual lo que diga Brian.-le replicó él con determinación.-Todo esto es un sinsentido.

Christine suspiró resignada. John tenía toda la razón del mundo y para ella también estaba siendo muy difícil. Sin ir más lejos aquel preciso instante, en el que de buena gana le hubiera dado un beso, estaba siendo surrealista. Los dos se querían, ¿qué problema había?

-Ya pensaremos algo, ¿vale, Johnny?-susurró ella conformándose con agarrarle la mano disimuladamente.

John sonrió ante aquel leve contacto y le apretó la mano un poco más fuerte.

-¿Por qué no dejamos que nos pillen?-preguntó de repente.

Christine se quedó mirándolo perpleja.

-¿Qué?-balbuceó al fin.

-Pues eso, que dejemos que nos pillen.-contestó John resuelto.-No sé… Un beso en algún sitio en el que sepamos que hay periodistas pero que parezca un descuido… Eso nos obligaría a tener que confirmar lo nuestro y Brian no tendría más remedio que aceptarlo…

La chica calló durante unos segundos, pensando en lo que John le acababa de proponer. En realidad, aunque pareciera algo bastante inverosímil, la idea no era mala en absoluto.

-¿Y cómo se supone que haremos algo así?-preguntó ella todavía con alguna que otra duda sobre el plan de John.

-Y yo qué sé…-contestó él encogiéndose de hombros.-Quizás en alguna rueda de prensa…

-Ni se te ocurra.-le cortó ella con contundencia.-Paso de que inmediatamente cientos de periodistas se nos echen a la yugular para preguntarnos. Me moriría del agobio si eso pasara…

-¿Y qué tal cuando acabemos alguna sesión de fotos?-propuso él de repente.-Tú nos acompañas siempre y… no sé… cuando en teoría se hayan ido los fotógrafos, aunque no lo hayan hecho en realidad, podemos hacerlo…

Christine sonrió ante la determinación de John. En aquellos momentos, estaba realmente encantador proponiéndole infinidad de planes como si fuera un niño ilusionado antes de cometer una travesura. Podía ser un loco la mayor parte del tiempo, pero lo adoraba.

-Ya veremos, ¿vale?-contestó ella al fin con una sonrisa.

-¿Cómo que…?-empezó a quejarse él.

John no pudo acabar de decir lo que iba a decir ya que, de repente, el comandante de vuelo anunció que iban a entrar en zona de turbulencias.

-¡Christine!

El grito de Brian hizo que tanto John como ella levantaran la mirada en dirección al manager.

-¡Vente a tu sitio y ponte el cinturón!-le ordenó cuando vio que había captado su atención.

La chica soltó un bufido de fastidio a la vez que hizo ademán de levantarse.  No obstante, justo en ese momento, notaron la primera turbulencia, que se tradujo en un ligero vaivén del avión.

-Siéntate.-le ordenó John con una sonrisilla. Y, después, mirando de nuevo hacia Brian, le dijo:-¡No puede ir ahora, Eppie! ¡Ya hemos entrado en la zona de turbulencias!

A Chris aún le dio tiempo a ver la mirada de odio que le lanzó Brian a John antes de que el manager se volviese a volver de espaldas a ellos.

-Ojalá estas turbulencias duren todo el jodido viaje de aquí a Japón, pequeña…-murmuró John mientras volvía a apoyar su espalda en el asiento.-Ojalá…

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Casi como si de arte de magia se tratara, el deseo de John se había hecho realidad a medias. Y es que, después de un buen rato de vuelo complicado, les habían comunicado que les iba a ser imposible llegar a Japón a causa de un violento tifón y que deberían parar en Alaska.

Aquello, obviamente, no había gustado a Brian, que estaba al borde del ataque de nervios mientras intentaba cancelar los compromisos que tenían en Japón para el día siguiente desde los propios teléfonos del aeropuerto. Afortunadamente, Susan se había encargado de buscarles un hotel bastante decente en el que podrían pasar la noche sin ningún problema.

-¿Sabes? No me debería alegrar de estas cosas, pero me alegro….-dijo George, que estaba sentado en una de las sillas del aeropuerto junto con Gwen y los demás.

-Si te oye Eppie…-rió John a su lado.

-Que me oiga, da igual.-le respondió George encogiéndose de hombros.-Al menos esta parada obligatoria nos permitirá descansar unas horas del agobio de la gira, ¿no?

-Venga, no te quejes…-le respondió Paul.-Si esto ni es gira ni es nada… Dentro de nada estaremos de nuevo en Londres…

-Antes de largarnos otra vez a Estados Unidos.-le cortó Ringo.-Yo también coincido con George: me alegro de este parón, así descansamos.

A Paul no le dio tiempo a replicar nada más, pues justo en esos momentos se acercó Brian hacia donde ellos estaban, aún acelerado por los nervios.

-Venga, chicos, poneos en marcha, nos vamos al hotel.-les ordenó y, después, volviéndose hacia Chris, añadió:-Y tú, Christine, te vienes conmigo en el coche: quiero que redactes notas para los medios explicando esto…

La chica, que ya se había hecho el ánimo de irse con los demás, soltó un respingo molesta. Pese a que era plenamente consciente de que aquello era su trabajo y que debía hacerlo, Christine no podía dejar de molestarse cada vez que Brian aparecía entre John y ella para desmontarle todos los planes que ella pudiese haber montado. A veces parecía que lo hiciera a propósito.

-De acuerdo…-respondió al fin de mala gana.-Iré contigo y redactaré esas notas de prensa…

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-Con lo bonita que debe ser Alaska y sólo vamos a estar aquí unas horas…-se quejó Penny mientras miraba por la ventana del hotel.-Y encima hemos tenido la mala suerte de parar justo en la ciudad que parece más fea de todas…

-No querrías que paráramos en medio de un lago, ¿verdad?-bromeó Paul por detrás de ella.-Y ya sabes… Estaremos aquí hasta que podamos salir de nuevo hacia Japón… Tenemos compromisos…

-No he dicho nada acerca de vuestros compromisos, McCartney…-le respondió la chica volviéndose hacia él con una sonrisa pícara.-Sólo digo que sería genial perderse los dos por aquí, solos…

-Mmmm… Yo también creo que sería una idea estupenda.-susurró él antes acercándola hacia sí por la cintura.

Penny lo miró a los ojos. Aquella mirada hacía, simple y llanamente, que perdiera el control sobre sí misma, así que, sin poder resistirse, se lanzó a la boca del chico para darle un apasionado beso. Paul no se hizo de rogar y le respondió con la misma intensidad. Casi sin darse cuenta, de repente, Penny sintió como Paul le metía la mano por debajo de su camiseta. La chica sonrió para sus adentros. Sabía lo que iba a ocurrir a continuación y deseaba que ocurriera, así que ella también le correspondió empezando a desabrocharle el cinturón de sus pantalones.

Pero, justo en el momento en el que parecía que la cosa no tuviera vuelta a atrás, unos golpes insistentes en la puerta los interrumpieron.

-Joder, joder, joder…-se quejó Paul separándose de ella.-¿Pero quién mierdas…? ¡¿Quién es?!

-Paul, soy Neil, Brian dice que bajéis al comedor del hotel…

-¿Y es preciso eso?-preguntó Paul exasperado.

-Mejor que bajes…-le dijo Neil al otro lado de la puerta.-Ya está bastante cabreado con esto del tifón como para que tú le hagas un desplante…

Paul soltó un bufido de fastidio a la vez que le lanzaba una mirada de disculpa a Penny. La chica no pudo menos que soltar una risita divertida mientras él se volvía a abrochar el cinturón y se dirigía a abrir la puerta. Sí, vale, a ella también le había fastidiado mucho aquella interrupción, pero era evidente que a Paul le había molestado muchísimo más.

-¿Sabes qué quiere?-le preguntó a Neil sin demasiados miramientos cuando entreabrió la puerta de la habitación.

-Creo que hay alguien que os quiere conocer…-contestó Neil encogiéndose de hombros.

-¿Y no se supone que estamos en horas libres o algo así?-se quejó Paul abriendo totalmente la puerta.-No pienso bajar a conocer al primer mequetrefe que llame a la puerta en estos momentos, lo siento.

-Haz lo que quieras, pero después no te quejes si te dicen algo…-le contestó Neil.-En fin, avisado estás, me bajo con los demás.

Paul y Penny vieron como Neil se alejaba por el pasillo.

-¡Mierda!-exclamó Paul cuando vieron que entraba en el ascensor.-Supongo que tendremos que bajar, ¿no?

Penny volvió a soltar una risita. La verdad es que por mucho que se quejara, Paul no podría jamás ser capaz de saltarse “sus compromisos”.

-Claro.-dijo finalmente la chica.-Y no te preocupes… Podremos continuar esto en otro momento, ¿no?

Paul le lanzó una mirada juguetona antes de contestar.

-Por supuesto… No creas que me voy a olvidar de esto, Penelope…

*********************************************************

Gwen miraba con curiosidad al DJ que tenían delante. Era un tipo cuanto menos pintoresco que lucía unas pintas bastante indescriptibles y que por lo visto trabajaba en el club del hotel. Además, se veía bastante emocionado por el hecho de que el manager de The Beatles les hubiera dado acceso a los que posiblemente eran unos de sus ídolos.

-Si queréis os puedo hacer una pequeña visita por la ciudad esta noche… No es que sea muy grande, pero igual os puede gustar…

Un silencio casi sepulcral se hizo entre los allí presentes. Gwen lanzó una mirada a su alrededor. John parecía estar colgado en otro mundo, Paul y Penny estaban allí sentados con cara de pocos amigos y Mary y Ringo estaban bastante entretenidos intentando aguantarse la risa que les provocaba un inmenso oso polar disecado que había en el comedor del hotel. Viendo que nadie tenía la intención de contestar, la chica le lanzó una mirada significativa a George, que él supo captar enseguida.

-Por mí vale, ¿no creéis, chicos?-contestó George finalmente.

-¿El qué vale?-preguntó Ringo, que había desviado por unos segundos la mirada del oso polar.

-Que si queréis os puedo hacer una visita por la ciudad esta noche y…-volvió a aclarar el DJ.

-Ah, vale.-contestó Ringo antes de que ni siquiera pudiera acabar la frase.-Paul y Penny, ¿qué decís?

-Bien.-masculló Paul de mala gana.

-¿Y John?

-¿Eh?-fue lo único que fue capaz de articular cuando escuchó su nombre.

-Me preguntaba, John, porque te puedo llamar John, ¿no?-intervino el DJ nuevamente.-Me preguntaba  si os apetecía veniros conmigo a…

-Déjalo, chaval…-le cortó Paul.-Mucho me temo que John ahora está un poco indispuesto y no sabe ni lo que quiere… Pero tranquilo, iremos.

El chico le dirigió una mirada contrariada que no obtuvo respuesta por parte de ninguno de los allí presentes. No obstante, pronto pareció reaccionar e, ignorando aquel episodio, se apresuró a fijar una hora para pasar a recogerlos por la noche después de la cena.

-Bueno, ya se ha ido el pesado de turno…-masculló Paul cuando el chico salió por la puerta.-Y pensar que esta noche lo tendremos que aguantar…

-Puede ser divertido…-dijo Ringo intentando quitarle hierro al asunto.

De repente, la puerta se volvió a abrir y todos se giraron para ver quién era, esperando, en su fuero interno y sin demasiadas ganas, encontrarse de nuevo al DJ del hotel. No obstante, la que acababa de aparecer por la puerta no era otra que Christine, que traía una cara de agobio impresionante.

-Hola, chicos.-saludó.

-Hola, enana.-la saludó Paul mientras se ponía en pie.-Tenemos plan para esta noche… Visita por la ciudad…

-¿Qué?-se extrañó la chica.

-Como lo oyes.-le respondió Mary.-El DJ del club del hotel nos saca de paseo.

-Pues menuda mierda.-masculló la chica con franqueza.

-Para mierda la que lleva encima tu novio, hermanita…-le dijo Paul con sorna antes de salir de allí seguido por Penny.-Nos vemos en la cena.

Chris se quedó mirando a John con los ojos como platos.

-¿John?

El chico levantó la mirada levemente cuando escuchó la voz de la chica y esbozó una sonrisilla boba.

-Hola, pequeña…-masculló finalmente.

-¿Pero qué coño…?-empezó a peguntar la chica.

-Estoy de viaje.-contestó él con sinceridad.

Chris le dedicó una mirada de odio antes de decir nada.

-Tú eres gilipollas.-le dijo.-Anda, levanta de ahí y larguémonos a la habitación.

Casi a rastras, Chris consiguió sacar a John de allí ante las risas de Ringo, Mary, George y Gwen.

-Ya tardaba en no colocarse con ácido en la gira…-rió George cuando se quedaron solos.

-Este tipo no tiene remedio… Pobre de vuestra amiga…-añadió Ringo medio en serio medio en broma.

-¿Pobres? Dad gracias a que ahora cuando suban a la habitación no se coloque ella también…-le replicó Mary, cosa que hizo que los demás estallaran en una sonora carcajada.

-Bueno, chicos…Y aprovechando que estamos en el bar del hotel… ¿Por qué no nos tomamos algo?-propuso Gwen de repente mientras miraba hacia la barra.

-Joder, Georgie, que chica más lista que te has buscado…-rió Ringo.

-¿Verdad? Mi Gwen sabe muchísimo más de lo que os imagináis…

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Gwen entreabrió los ojos cuando escuchó el odioso ruido del teléfono a su lado. No obstante, George se le adelantó en responder.

-¿Sí?-preguntó él todavía con la voz pastosa a causa del sueño.-¿Ya?... Pensé que ese tifón duraría más…No, sí ya…Vale, vale… Nos levantamos inmediatamente…

-¿Hora de levantarse?-le preguntó Gwen mientras se desperezaba a su lado.

-Sí…-contestó George esbozando una mueca de fastidio.-Pillamos el avión en dos horas.

-Joder…-se quejó Gwen.-¿Qué hora es?

-Las diez de la mañana.

Gwen soltó un bufido de fastidio. La noche anterior habían regresado al hotel a las cinco pasadas, por lo que habrían dormido como mucho unas cuatro horas. Y, si a esa falta de horas de sueño, le sumabas la inmensa resaca que tenían todos, aquello era mortal. Y es que, la noche anterior había sido un completo desastre. Todos habían llegado en unas condiciones deplorables a su cita con el DJ del hotel: Mary, Ringo, George y ella estaban absolutamente borrachos por la cantidad de cócteles que se habían tomado desde esa misma tarde sin ningún descanso; John, obviamente, continuaba en pleno viaje de LSD, mientras que Christine parecía haberse querido solidarizar con él fumándose todas las reservas de marihuana de su novio antes de bajar; y, por otra parte, Paul y Penny estaban igual de colocados, o peor, que Chris, por lo que se reían de cada cosa que el sufrido disc jockey  hacía o decía. No obstante, pese a estar todos en otro planeta, no podían negar que se lo habían pasado bastante bien, sin importarles ni nada ni nadie y haciendo lo que les apetecía en cada momento, por muy inverosímil que pareciera.

-Que desfase el de anoche, ¿no?-dijo la chica mientras colocaba su cabeza sobre el pecho de George.

El chico soltó una risita entre dientes, posiblemente al recordar todas las barbaridades que habían hecho hacía tan sólo unas horas.

-Ya lo puedes decir…-dijo al fin.-Y creo que llevamos ese desfase pintado en la cara, ¿no crees, Gwen?

-Uh, no me lo recuerdes… Debo de tener una cara de muerta que ni te imaginas…-masculló ella hundiendo la cara sobre el pecho de George para evitar que él la viera.

-Tú hasta con cara de muerta estás guapa…-bromeó él a la vez que le acariciaba el pelo.

-No mientas, George Harrison. Para estar medio presentable debo permanecer en cama al menos unas cuantas horas más…

-Ya…-murmuró George.-Pues aún falta bastante para que pillemos el vuelo…

-Buena idea, George.-convino ella.-Creo que podemos permanecer aquí en la camita calentitos al menos un rato más…

-Y no durmiendo, precisamente.

Cuando escuchó estas últimas palabras, Gwen levantó la vista con una sonrisa juguetona. No obstante, apenas le dio tiempo a ver a George pues, casi en el acto, el chico se lanzó hacia su boca para darle uno de los besos más apasionados que la chica había recibido nunca.

-Te quiero, George, te quiero…-consiguió decir cuando se separaron justo antes de que él se volviera a echar sobre ella.

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Llegar a Japón no había sido, ni muchísimo menos, tan placentero como llegar a Alemania. Era como si, de repente, todo se hubiera puesto del revés desde que dejaran Europa, como si todo estuviese conspirando contra ellos para que las cosas salieran mal. En definitiva, era todo tan exasperante que Brian, por primera vez desde que llevaba a los chicos, estaba empezando a sentirse completamente sobrepasado por las circunstancias.

Intentar ocultar a los chicos que habían recibido serias amenazas por parte de grupos ultraconservadores japoneses porque iban a realizar sus conciertos en el Budokan Hall, cosa que se consideraba poco menos que un sacrilegio, había sido una tontería pues se habían enterado casi enseguida. Y como para no enterarse… Las fuertes medidas de seguridad que había en torno a ellos estaban siendo tan extremas que incluso a veces parecían surrealistas: sólo se les permitía salir del hotel para acudir a sus compromisos y el control hacia las propias fans estaba siendo de lo más exagerado, incluso en los propios conciertos que habían dado hasta el momento, donde había más policías que fans.

No obstante, toda aquella locura tenía su punto positivo: en cuanto a organización y sonido, los conciertos de Japón estaban siendo de los mejores que habían hecho los chicos hasta el momento. Por lo menos, no todo eran penas…

-Brian, me acaban de traer la lista de los periodistas acreditados para la rueda de prensa…

La voz de Christine le pilló por sorpresa, tanto que no pudo evitar dar un pequeño salto en su silla. La miró de arriba a abajo: la chica sonreía amablemente a la vez que le tendía un par de folios repletos de nombres. Era increíble la de sentimientos encontrados que le provocaba aquella chiquilla… Aquella mezcla de eficiencia y desvergüenza le inquietaba bastante, aunque, para ser sinceros, debía de reconocer que de no haber estado con John Lennon, Christine le hubiera caído hasta bien…

-Gracias.-le dijo mientras agarraba las lista y empezaba a inspeccionarla.-Por cierto… ¿Has pedido que nos traduzcan las noticias de los chicos que han aparecido en los periódicos locales?

-Sí.-contestó la chica.-Me han dicho que las tendrán en poco menos de media hora… He dejado dicho que te los traigan aquí nada más lo tengan hecho.

-Perfecto.-le respondió él sin ni siquiera levantar la vista del papel.

-Brian…

-¿Qué pasa?

-Nada, me preguntaba si…

Ahora sí que Brian levantó la vista y la miró con cara de pocos amigos. A saber qué era lo que iba a pedirle… Y fuera lo que fuera, si él se negaba a dárselo seguramente acabaría teniéndola con John, que la protegía como si le fuera la vida en ello. Cómo odiaba eso…

-Tú dirás.-la animó él a continuar.

-Bueno, en realidad me han dicho las chicas que te lo pregunte… Querían saber si hay alguna posibilidad de que ellas puedan salir del hotel en algún momento…

Cuando escuchó esto, Brian no pudo menos que soltar una risita.

-¿Bromeas?-preguntó con sarcasmo.-¿Cómo van a salir de aquí con el jaleo que tenemos montado ahí afuera? Estamos amenazados, por si no lo sabíais…

-Ya, pero…

-No seáis crías, Christine.-le cortó Brian de malas maneras.-No podéis salir y punto. Aclárales que nadie les dijo que venirse de gira iba a ser como venirse de vacaciones…

-Descuida.-le contestó ella sin poder reprimir una mirada de odio.-¿Quieres algo más?

-Que vayas y que les dejes claro ese pequeño detalle a tus amigas.

Christine no contestó nada, simplemente se limitó a darse media vuelta y a volver a salir de su habitación tal y como había entrado, con la diferencia de que en esos momentos no lucía ya ninguna sonrisa en su rostro. Brian bufó: algo le decía que a partir de ese momento no sólo tendría que lidiar con una jefa de prensa presuntuosa y enchufada sino también con otras tres “protegidas” hartas de estar encerradas sin hacer absolutamente nada.

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-¿Qué te ha dicho?

Mary sonrió al ver la impaciencia con la que Gwen se había lanzado a preguntarle a Chris nada más había entrado de nuevo en la habitación de George, donde se habían reunido.

-Pues que nada…-les contestó ella con cara de pocos amigos.-Que hay amenaza y que nadie puede salir del hotel.

-Joder…-se quejó Penny.

Gwen, por su parte, lanzó un inmenso bufido de fastidio y se dejó caer de nuevo pesadamente sobre la cama. A Mary, sin embargo, aquello no le causó la más mínima reacción: sabía de antemano que Brian iba a decirles que no y por eso no se había llegado a hacer ilusiones en ningún momento.

-Menudo aburrimiento de Japón…-masculló Gwen mirando hacia el techo enfurruñada.

-Y tanto…-convino Chris a la vez que se sentaba en uno de los sillones de la habitación.

-Tú al menos tienes algo que hacer con tu trabajo…-le dijo Penny.-Nosotras aquí estamos, sin hacer nada…

-No creas… Yo hasta mañana cuando hagan el siguiente concierto ya no tengo nada más que hacer…-le respondió Chris.-Así que creo que las cuatro estamos más o menos igual.

-Y para colmo, ellos están tan ocupados que apenas los vemos…-volvió a decir Gwen con un deje de fastidio en su tono de voz.

-Ellos también están hasta las narices de todo esto.-intervino Mary.-Pese a que técnicamente los conciertos les están saliendo bien, no se los están disfrutando para nada…

-Sí, tienes razón.-dijo Chris.-Están muy agobiados con todo. Y yo no sé vosotras si lo habéis notado, pero por lo menos John está de un mal genio impresionante…

-Es que tu John es un poco… ¿cómo decirlo? ¿Idiota?-bromeó Penny.

-¡Oh, venga, Penny! Mira el día en que te lo digo, pero sé que John y tú estáis condenados a entenderos…-rió Chris.

-No creo que me entienda jamás con ése…-masculló Penny de mala gana.-Pero volviendo a lo que estabas diciendo… Sí, Paul también está de un insoportable que no veas.

-Pues agárrate a Rich…-dijo Mary recordando de repente que a Ringo todo le estaba sentando mal desde que habían aterrizado en Japón.

-Y George tampoco se queda corto…

-¿Sabéis que es lo que nos hace falta a todos, tanto a ellos como a nosotras?-preguntó Chris de repente.-Una buena sesión de risas como las que nos pegábamos en Inglaterra…

-Y tanto…-dijo Mary.-Pero ahora a ver quien es capaz de arrancarnos a todos unas carcajadas, con nosotras aquí encerradas y ellos con unos nervios encima que ni se aguantan…

-Bueno… Eso es fácil…-dijo Penny de repente sonriendo pícaramente.-Que nosotras estemos aquí encerradas no significa que no podamos hacer nada, ¿no?

-¿A qué te refieres con eso?-quiso saber Gwen.

-A que igual les podríamos gastar una pequeña broma…-contestó Penny.-Así nos entretenemos y nos reímos, todo a la vez.

-¿Broma? El problema es si la broma no les hace gracia…-dijo Mary preocupada pero intrigada a la vez.

-Bueno, supongo que también les dará risa…-dijo Penny.-Y si no, ya se desenfadarán. De todas maneras ya están de mal humor de por sí, ¿no?

-Pues sí.-contestó Christine.-¿Y cuál es esa broma, Penny?

-Bien… Vamos a ver que os parece esto que se me ha ocurrido…

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Chris miró a John. Dormía, de eso no cabía duda, y a juzgar por los leves ronquiditos que soltaba, lo estaba haciendo muy plácidamente. La chica no pudo menos que esbozar una sonrisilla malévola. Sí, sabía que aquello que iban a hacer les iba a cabrear mucho, pero la idea de Penny le parecía tan extremadamente divertida que no se podía negar a ello. Además, aquello iba a ser la pequeña venganza de las chicas hacia ellos por sus contestaciones y sus desplantes desde que estaban en Japón. Estaba bien que estuvieran de mal humor, pero ellas no tenían ninguna culpa de nada de lo que les estaba pasando.

Con cuidado de no despertarlo, Chris se levantó de la cama y se dirigió directamente hacia la maleta que contenía la ropa de John. Ni siquiera la había deshecho, simplemente se había limitado a colgar en el armario lo que se podía arrugar y lo demás aún permanecía dentro del inmenso maletón. Desabrochó la cremallera intentando hacer el menor ruido posible y enseguida divisó su objetivo. Sólo con el simple hecho de ver allí los calzoncillos de John, Chris no pudo evitar que se le escapar una risita entre dientes.

Sin pensárselo dos veces, la chica agarró el montón de calzoncillos y se dirigió a la ventana de la habitación silenciosa como una gata. Miró hacia abajo antes de abrir la ventana. Perfecto, no había absolutamente nadie por la calle a aquellas horas de la madrugada, así que era imposible que nadie la pillara haciendo lo que iba a hacer. Abrió la ventana con cuidado y una ráfaga de viento fresco de la noche irrumpió en la habitación, cosa que hizo que John, desnudo como estaba, se retorciera en la cama, molesto. Maldiciendo para sus adentros y rezando para que no se despertara y la viera con toda su ropa interior cara a la ventana, Christine esperó unos segundos inmóvil, mirándolo. No obstante, el chico pareció acostumbrarse a ese aire fresco y se limitó a darse media vuelta en la cama y a continuar con su monótona sesión de ronquiditos. Con un suspiro de alivio, Chris se giró de nuevo hacia la enorme ventana y sonrió.

-Johnny, Johnny… Os vais a enterar…-susurró.

Y, dicho esto, empezó a colocar uno detrás de otro todos los calzoncillos de John en la cornisa de la ventana…

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Los gritos de las fans, histéricos e insistentes, despertaron a Ringo de repente. Abrió los ojos confundido y frunció el ceño. ¿Qué estaba pasando para que las fans gritaran tanto a esas horas de la mañana? Soltando un bufido de resignación por no poder volver a conciliar el sueño, Ringo giró la cabeza buscando a Mary. No obstante, su sorpresa fue aún mayor cuando vio que la chica no estaba a su lado y que, al parecer, no había ni rastro de ella en toda la habitación.

Miró el reloj de la mesita de noche. Sólo eran las ocho y media… Era muy  raro que la chica se hubiera levantado ya teniendo en cuenta las horas a las que se habían dormido la noche anterior. Pero bueno, quién sabía…

Se levantó de la cama de mala gana, con los gritos de las fans aún atronando en la calle, aunque tampoco le dio más importancia a eso. No obstante, cuando Ringo se puso en pie dispuesto a agarrar su ropa y vestirse, lo vio: allí, a través de la cortina entreabierta, vio un par de calzoncillos suyos colocados en la cornisa de la ventana con un par de piedrecitas encima para, seguramente, evitar que se volaran con el viento.

Casi de un salto, Ringo se colocó ante el armario y empezó a rebuscar entre su ropa para comprobar que, efectivamente, allí no tenía ninguno de sus calzoncillos. Se quedó mirando la ventana maldiciendo a Mary para sus adentros… Claro, por eso no estaba en la habitación… La muy cobarde había huido antes de que él pudiera ver aquella broma de mal gusto.

-Esto no tiene ni puta gracia, Mary Hall, no la tiene…-refunfuñó enfadado a la vez que se ponía unos pantalones y se dirigía hacia la ventana.

Dispuesto a recoger lo que era suyo, Ringo corrió las cortinas y abrió la ventana sin ni siquiera pensárselo. Nada más lo hizo, otro grito atronador por parte de las fans se elevó desde la calle. Empezó a recoger sus calzoncillos intentando no morirse de la vergüenza allí mismo: jamás, y mira que habían tenido, había vivido una situación tan extremadamente surrealista.

-Yo las mato… ¡Las mato!-oyó como gritaba Paul desde la ventana de al lado.

Ringo lo miró. Sí, al parecer a Paul también le habían hecho exactamente lo mismo y también a John, que en aquellos momentos se apresuraba a entrar nuevamente en su habitación maldiciendo en voz alta con un montón de calzoncillos en las manos, y a George, que tenía la cara tan roja como un tomate.

El grito de las fans se volvió más intenso cuando Paul y George se escondieron casi a la vez de nuevo en sus habitaciones. Ringo miró hacia abajo nervioso: ahora era él el centro de todas las miradas… Se apresuró a recoger los calzoncillos lo más rápido que pudo mientras las fans lo llamaban y le gritaban cosas desde la calle y se volvió a meter sofocado en la habitación, con la respiración agitada.

-Te voy a matar, maldita…-juró mientras se sentaba en la cama de nuevo.

Y cuando lo hizo, allí los vio: en la cornisa de la ventana aún descansaban unos de sus calzoncillos. Al parecer, había tenido tanta prisa por volverse a meter dentro de su habitación que los había dejado allí olvidados… Pero no, Ringo ya lo había pasado lo suficientemente mal como para volver a asomarse en esos momentos a por ellos. Ya los recogería más tarde, quizás por la noche… O quizás, lo mejor sería que los recogiera la graciosilla que los había puesto allí.

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-¡¿Se puede saber por qué habéis hecho eso?!-rugió Brian mientras se acercaba nervioso hacia la mesa en donde estaban desayunando las chicas.

Todas, Mary la primera, esbozaron una sonrisilla inocente.

-¿Hacer el qué?-tuvo el descaro de preguntar Penny.

-¡Los calzoncillos!-gritó Brian.-¿Qué pasa? ¿Qué después de lo del Budokan aún queréis que demos más que hablar?

-Tranquilo, Brian… No es para tanto… Ha sido sólo una broma sin importancia…-dijo Gwen intentando calmar los ánimos.

-Sí, tiene razón.-añadió Christine con una sonrisilla burlona.-Podría haber sido peor: habríamos podido poner los calzoncillos sucios en la cornisa en lugar de los limpios…

Las otras chicas no pudieron menos que soltar una carcajada divertidas ante la ocurrencia de Chris.

-Cállate, Christine McCartney, que contento me tienes…-les espetó Brian.-¿Vosotras habéis visto la locura que se ha armado entre las fans sólo por vuestra gracieta infantil?

-Por supuesto que lo hemos visto…-le contestó Mary divertida.-Mira, desde aquí se ve perfectamente todo lo que está pasando en la calle…

Brian bufó y, justo en aquellos momentos, los cuatro chicos entraron en el comedor del hotel con unas caras de enfado impresionantes. Las chicas se los quedaron mirando, esperando a que de un momento a otro cualquiera de los cuatro les dijera algo, pero no fue así. Simplemente se limitaron a pasar sin ni siquiera mirarlas y a sentarse en la mesa de al lado.

-Madre mía, que cabreo que llevan encima…-masculló Gwen mirándolos de reojo.

-Ya se les pasará, tranquila…-intentó tranquilizarla Chris.

Los chicos pidieron su desayuno y permanecieron en un silencio sepulcral en la mesa de al lado, sin decir absolutamente nada mientras las chicas los miraban algo preocupadas. Quizás sí que se habían pasado un poco con la bromita… Pero, justo en el momento en el que Mary ya estaba a punto de levantarse y de ir a hablar con Ringo, que era el que parecía más enfadado de los cuatro, vieron por la ventana como algo caía hacia la calle, proveniente de las plantas superiores del hotel

-¡Oh, no!-exclamó Ringo de repente.-¡Eso que acaba de caer eran mis calzoncillos!

Aún no había acabado de pronunciar esas palabras, el rugido de las fans en la calle volvió a atronar e, inmediatamente, una marabunta de adolescentes histéricas se lanzó a correr hacia el lugar en donde habían caído los calzoncillos de Ringo intentando hacerse con “el trofeo”. Y entonces, todos los que estaban allí en el comedor rompieron a reír como locos, incluidos Brian y el propio Ringo.

-Joder… Eran mis favoritos…-se quejó Ringo entre risas.

-Pues ve y pide que te los devuelvan…-le sugirió George mientras se limpiaba las lágrimas que habían empezado a rodar por sus mejillas de tanto reír.

-Mejor que vaya tu novia a pedirlos…-bromeó Paul.

-Que por cierto… hablando de novias…-dijo John de repente esbozando una sonrisilla.-¿No son un poco cabronas estas chicas?

-Cállate, Johnny…-rió Chris.-Si en el fondo te ha hecho gracia y…

Chris no pudo acabar la frase ya que John le lanzó un trozo de galleta que impactó directamente en su cabeza.

-¡Serás cabrón!-gritó la chica fingiendo enfadarse, aunque sin poder reprimir la risa.-¿Quieres la guerra? ¿Eso quieres?

John soltó una risita a la vez que le lanzaba el otro trozo de galleta que le quedaba en la mano.

-Creo que sí que quieres la guerra, Lennon…-masculló arrancando un trozo de su tostada untada con mantequilla.-¡Toma proyectil!

El trozo de pan cayó directamente en toda la camisa de John, ensuciándola por completo, aunque eso a él pareció no importarle ya que se limitó a continuar riendo como un niño pequeño y a continuar lanzando trozos de galletas hacia la mesa de las chicas, ahora ya sin un objetivo fijo. Inmediatamente, los otros tres se unieron a John y a las chicas no les quedó más remedio que responder a los ataques, tirándoles todo lo que tenían a mano, por mucho que ensuciase.

Y así, entre risas, se inicio una verdadera batalla campal entre las dos mesas mientras los disciplinados camareros japoneses los miraban estupefactos sin saber qué hacer y Brian reía tanto que hasta le caían las lágrimas por las mejillas.

Sí, definitivamente el objetivo de echarse unas risas a causa de la broma, se había conseguido con creces.

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Por fin habían acabado los últimos conciertos en Japón. Paul tenía la sensación de que jamás había deseado tanto que una ronda de conciertos como aquella que habían hacho terminara. Pero así era. Tocar bajo la presión de las amenazas y las inmensas medidas de seguridad no había sido nada divertido y, si a eso se le sumaba que ni siquiera les habían dejado salir del hotel ni para hacer compras, aún era peor. De hecho, para poder hacerse con unos cuantos recuerdos, habían tenido que traerles cosas al hotel para que las pudieran comprar, cosas por las cuales habían pagado unos precios exorbitados… No obstante, aquello les daba igual… Por fin estaban de nuevo dentro del avión dispuestos a salir de allí y a volar hacia otro lugar…

Ojalá Filipinas fuera diferente…



Hola chic@s! Qué hay? Pues yo aquí, ya de vacaciones (o mejor dicho, en el paro, jajaja) aunque medio feliz por el triunfo de España en la Eurocopa... Aunque bueno, la alegría es a medias... Por qué? Pues porque mientras, mi tierra está sufriendo el peor de los incendios que jamás se ha vivido desde el 91... 50.000 hectáreas  se han quemado como si nada... No os imagináis la rabia que me da eso... Es de una impotencia y un agobio... Menos mal que al parecer ya los tienen medio estabilizados y que, por lo menos, el fuego que se había quedado a 5 kilómetros de la central nuclear de Cofrentes lo han controlado... En fin, para que después nos digan que invertir en Medio Ambiente es una tontería... :(
Bueno, no os caliento más la cabeza con mis cosas y voy ya despidiéndome, no sin antes agradecer un montón a tod@s los que leéis esto y que, además, encima comentáis. No sabéis lo contenta que me pone eso, en serio! :D
Un beso y a pasarlo bien! Muak!