jueves, 16 de agosto de 2012

Capítulo 56: Fin de ciclo


Paul se sentía tremendamente mal. Había pasado el día como un alma en pena: apenas había hablado con nadie, no era capaz de entender lo que los demás le decían y ni siquiera había comido absolutamente nada en lo que llevaba de día. En definitiva, había actuado como un autómata, como un simple muñeco de trapo al que los demás se encargaban de guiar hacia aquí o hacia allá y al que le decían lo que debía hacer en cada momento. Y es que, si por él hubiera sido, se habría quedado todo el día encerrado en su habitación, tumbado sobre la cama y mirando hacia el techo con la mirada perdida, pensando en lo que había pasado la noche anterior. Más que nunca, Paul McCartney se sentía como un completo idiota; un completo idiota que lo tenía todo y lo había tirado todo por la borda de manera voluntaria, por su estupidez. ¿Por qué lo había hecho? ¿Por qué se había liado con Peggy estando su novia prácticamente delante? Ni él mismo lo sabía. Quizás había sido por su gusto excesivo por las mujeres; quizás porque se sentía dolido con Penny y aquello había supuesto una especie de venganza inconsciente. Fuera como fuera, lo cierto era que había metido la pata hasta el fondo y que tenía la sensación de que a partir de ese momento nada podría volver a ser igual que antes. La había perdido. Había perdido a la chica por la que había empezado a sentir algo muchísimo más serio que por las demás. Y lo peor era que sabía que seguramente ya no había vuelta atrás.

-Paul… Paul… ¡Paul!

El grito de John a su lado en el coche hizo que levantara repentinamente la cabeza después de dar un leve salto de sorpresa.

-¿Qué?-preguntó mirándolo extrañado.

-Hemos llegado.-se limitó a decirle John dedicándole una mirada severa y preocupada a la vez.

Paul lanzó una mirada furtiva a través de la ventanilla del coche. Sí, efectivamente acababan de entrar en la mansión en la que se estaban alojando en Beverly Hills, una mansión que desde la noche anterior le traía unos recuerdos terribles.

-¿Creéis que ha venido?-preguntó con un hilillo de voz sin dirigirse a nadie en concreto.

Un incómodo silencio se hizo en el coche durante unos segundos. Paul se volvió nuevamente hacia sus amigos. Todos tenían la cabeza gacha y ninguno parecía tener la intención de contestar.

-Bajemos, chicos.-dijo Ringo de repente.-Tengo ganas de dejarme caer sobre el sofá.

-Sí.-añadió George.-Además, tengo un hambre terrible.

Paul lanzó un suspiro disimulado al ver el cambio de tema repentino que habían hecho sus amigos. Era evidente que ellos, al igual que él mismo en su fuero interno, pensaban que Penny no iba a regresar.

Bajaron del coche todavía sumidos en la conversación banal que había iniciado George sobre la comida, aunque Paul no prestaba atención a nada de lo que estaban diciendo. Simplemente los estaba escuchando parlotear, pero sus palabras no tenían ningún sentido para sus oídos: tenía demasiado trabajo autocompadeciéndose a sí mismo en esos momentos.

Entraron en el interior de la casa sin  más y, automáticamente, se dirigieron hacia el salón desde donde se podían escuchar las voces de las chicas. Y entonces, de repente, el sonido de aquella voz hizo que Paul despertara inmediatamente de su ensoñación. Miró a sus amigos con los ojos abiertos como platos, pero éstos continuaban hablando tranquilamente entre ellos: parecía que ninguno de ellos se hubiera percatado de la voz de Penny. ¿Quizás estaba llegando a obsesionarse tanto con ella que se lo había imaginado? No, estaba seguro de que aquello había sido completamente real, así que, sin pensárselo dos veces, se adelantó a los demás con dos grandes zancadas y abrió la puerta del salón que, extrañamente, permanecía cerrada. Miró hacia adentro expectante y no pudo evitar esbozar una enorme sonrisa cuando la vio allí, sentada entre Mary y Gwen en uno de los sofás. Todas las chicas, incluida ella, le dedicaron una mirada de odio cuando vieron que era él, pero aquello a Paul no le importó lo más mínimo: en esos momentos, lo único que le importaba era saber que ella estaba allí de nuevo, que no se había ido. Y si ella no se había ido, significaba que aún tenía alguna oportunidad de recuperarla y que quizás no estuviera todo perdido.

-¡Penny!-exclamó con alegría.-¡Has vuelto!

Ninguna de las chicas dijo nada, ni muchísimo menos ella. Paul frunció el ceño.

-¿Cómo estás?-quiso saber suavemente sin saber muy bien por qué lo había preguntado. Era evidente que no estaba bien, pero en aquellos momentos era lo único que se le había ocurrido decir.

-¿Que cómo está?-preguntó de repente Chris de manera agresiva mientras se levantaba de la silla en donde estaba sentada y se dirigía hacia él con paso decidido.-Estupendamente después de saber que eres un cerdo, si te parece.

Paul le dedicó una intensa mirada de odio a su hermana antes de contestar. De no ser porque sabía que en esos momentos John estaba a su lado, le habría soltado una bofetada de buena gana.

-Esto no va contigo, Christine.-le contestó al fin secamente.-Apártate de ahí, le he preguntado a Penny.

-Es que resulta que ella no quiere hablar contigo.-le cortó su hermana.-Y personalmente creo que hace muy bien.

-Que te quites de delante te he dicho.-le espetó Paul con agresividad a la vez que observaba de reojo como John se ponía tenso. Después, relajando el tono al entender lo que podría pasar si no lo hacía, añadió:-Eso debería de decirlo ella, ¿no crees?

Inmediatamente, todos los que estaban allí posaron sus ojos en Penny, quien respiró profundamente antes de contestar.

-Chris tiene razón, Paul.-dijo al fin con una frialdad que lo hizo estremecer.-No quiero hablar contigo. Ni ahora ni nunca.

-Pero… ¿por qué?-preguntó él a la desesperada, suplicante.

-Pues porque no creo que tú y yo tengamos nada de qué hablar nunca más en nuestra vida.-respondió ella con franqueza.

-Y entonces… ¿por qué has vuelto?

La brusquedad con la que Paul le había preguntado aquello provocó que todos le dedicaran una mirada extrañados haciendo que él se arrepintiera en el acto de haberlo dicho.

-He venido porque quería recoger mis cosas para largarme de nuevo a Londres lo antes posible.-contestó Penny con determinación.

-Pero la hemos convencido de que se quede con nosotros hasta el final de la gira.-continuó Christine, que aún estaba delante de él en una posición desafiante.-Al fin y al cabo sólo quedan un par de días y es el único medio viable con el que ella puede volver a Londres.

-Pero esto no significa nada.-añadió Penny.-No pienso volver contigo. Es más, ni siquiera pienso dirigirte la palabra y cuanto menos te vea estos días, muchísimo mejor.

-Pero Penny…-masculló él.-Podríamos hablar y…

-Olvídalo, McCartney.-le cortó ella.-Y que te quede muy claro: esto que estoy diciéndote ahora va a ser lo último que te diga en toda mi vida.

Y, dicho esto, Penny se puso de repente en pie y se dirigió hacia la salida del salón con paso firme y con la cabeza bien alta. Paul se quedó mirándola boquiabierto y sin palabras mientras ella pasaba por su lado y salía de allí sin ni siquiera mirarle. Y entonces, todas las dudas y todas las esperanzas que había albergado hasta ese momento, se le desmoronaron como un castillo de naipes. Sí. Definitivamente, había perdido a Penny.

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Faltaban menos de dos horas para que los chicos salieran hacia el lugar del concierto y, como siempre, Brian les había dado permiso para descansar un poco. Contento porque aquello le suponía estar un tiempo con su novia a solas antes del concierto, George subió las escaleras de la casa en dirección a su habitación, donde seguramente estaría Gwen dibujando, leyendo, escuchando la radio o haciendo cualquiera de las cosas que solía hacer cuando se quedaba sola.

No obstante, cuando abrió la puerta de la habitación, se dio cuenta de que la chica no estaba haciendo ninguna de esas cosas. Y es que Gwen no estaba haciendo nada, absolutamente nada. Simplemente permanecía tumbada sobre la cama, con la mirada perdida en el techo y con expresión meditabunda.

-Ey, Gwen…-dijo George suavemente cerrando la puerta tras de sí.-¿Ocurre algo?

La chica giró la cara hacia él y le dedicó un a media sonrisa a la vez que negaba con la cabeza. Pero pese a aquel gesto, George sabía perfectamente que a la chica sí que le ocurría algo. De este modo, dispuesto a sonsacarle todo cuanto pudiera, George se dirigió hacia la cama y se sentó a su lado.

-¿En serio que no te ocurre nada?-preguntó mientras le acariciaba el pelo. Sabía que a ella eso le encantaba y que era la mejor manera de desarmarla y de llevarla hacia donde él quería.

-Bueno…-masculló ella al cabo de unos segundos de silencio.-En realidad estaba pensando…

-¿Pensando? ¿En qué?

-En lo de Paul y Penny.-contestó finalmente a la vez que lanzaba un profundo suspiro.-A nosotros eso no nos va a pasar nunca, ¿verdad?

George se volvió hacia ella y clavó su mirada en la suya.

-¿Y por qué nos iba a pasar eso?-preguntó al fin, severo.-Yo jamás te haría algo así. Estamos juntos, ¿no? Y te quiero. No se me ocurriría nunca liarme con la primera que se me ponga por delante…

-Pero es que Paul también parecía muy enamorado y…

-Gwen.-le cortó George.-Mírame a los ojos y dime si me crees capaz de una cosa así.

La chica calló y obedeció. Después, negó con la cabeza dos veces, de manera contundente.

-Perdóname…-dijo la chica al cabo de un rato.-No quiero que pienses que dudo de ti.

-Es que no tienes por qué hacerlo.-le cortó él.-Te quiero, Gwendolyn Delilah Montrose, y lo último que deseo en este mundo es hacerte daño.

La chica esbozó una sonrisa a la vez que se incorporaba de la cama para darle un suave beso en los labios a George al que él respondió con insistencia. Después, se separó de ella y la miró a los ojos. Aquella niña lo tenía embaucado por completo y no mentía cuando le decía que él jamás le haría una cosa así. Jamás.

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John estaba solo en la habitación, aburrido y enfadado no sabía muy bien por qué. Sí, bueno, quizás su enfado se debiera a que Chris en aquellos momentos no estaba allí con él sino que estaba redactando unas cuantas notas de prensa para los medios de Los Angeles. Quizás, además, era un poco de envidia hacia George y Ringo, quienes seguramente estarían aprovechando aquellas dos horas de descanso junto con sus novias. O quizás sería fruto del ambiente enrarecido que había en aquellos momentos en la casa a raíz de lo que había pasado con Paul. Paul… Pobre diablo. Una vez más, sus calentones a destiempo le habían jugado una mala pasada, justo el problema que habían tenido siempre los dos. Lennon y McCartney. Dos malditos viciosos que se perdían por cualquier falda, aunque en aquellos momentos parecía que él estuviera mucho más calmado. Y es que, pese a que aún continuaba mirando a las chicas más guapas que se le ponían por delante, desde que estaba con Christine jamás se le había cruzado por la cabeza la idea de acostarse con ninguna de ellas, algo completamente nuevo para él, quien siempre había sido de la idea de que un hombre necesitaba a más de una mujer. Quizás aquella era una de las consecuencias que tenía el estar completamente enamorado de una persona como lo estaba él en esos momentos.

De manera autómata, John miró hacia el reloj que descansaba sobre la mesita de noche y de repente, se le ocurrió algo que podía hacer: llamar a su tía Mimi. Aún no había hablado con ella esa semana y, a juzgar por las horas que eran allí, en Inglaterra ya sería de día y Mimi seguramente estaría a punto de desayunar. En definitiva, era la hora ideal, así que descolgó el teléfono y pidió línea con el exterior para, a continuación, marcar el teléfono de el teléfono de su tía.

-¿Sí?-preguntó la mujer al otro lado de la línea casi en el acto.

John sonrió antes de contestarle nada. Aunque Mimi fuera como fuera, la quería, y mucho, y pese a que siempre se estuviera quejando de todo lo que hacía o decía, sabía que lo único que quería era lo mejor para él.

-Hola, Mimi.-contestó-Soy John.

-Por supuesto que eres John.-le replicó ella, aunque sin poder disimular la alegría que había tenido al escucharlo.-No creas que no te reconozco la voz.

-¿Cómo estás?-le preguntó él.

-Bien. Disfrutando del verano. La verdad es que aquí en esta época del año se está muy bien.

-¿Ves? Sabía que al final Sandbanks te acabaría gustando.-rió él.-Con lo que te quejaste el año pasado para dejar Mendips…

-Es que Mendips siempre será mi casa, John Lennon.

-Una casa en la que te era imposible vivir ya…

-Por culpa tuya y de tus fans.

John soltó una risita divertido. Mimi jamás cambiaría.

-Por mi culpa también tienes esa casa cerca del mar, no lo olvides.-le replicó con una sonrisa.

-Bueno, la verdad es que esa idea tuya del grupo no fue tan mala al fin y al cabo…-le contestó la mujer.-Por cierto, ¿cuándo regresáis de esa gira?

-En un par de días.-contestó.-Esto ya se acaba. Por fin.

-Supongo que ya estarás cansado, ¿no?

-Sí, y no sabes cuándo…

-Además…-le interrumpió Mimi.-Tengo entendido que esta vez las cosas no os han ido tan bien por Estados Unidos como las otras veces, ¿me equivoco?

John enmudeció. Por supuesto que era consciente de que Mimi conocía todas sus polémicas por Estados Unidos, pero hasta ese momento, la mujer había obviado comentar nada sobre todo eso.

-No, no te equivocas.-contestó él secamente.

-¿A quién se le ocurre decir eso sobre Jesucristo?-preguntó su tía con cierto tono de reproche en su voz.-A ti, por supuesto…

-Mimi…-se quejó John.-No empieces ahora con eso. Ese tema ya está más que olvidado.

-Por supuesto que está olvidado.-le cortó ella.-Ahora todo el mundo habla sobre otra cosa…  John… No te voy a preguntar si es cierto todo eso que dicen sobre ti y tu nueva novia o no porque sé que seguramente no me gustará la respuesta, pero…

John lanzó un suspiro. Perfecto. Ahora Mimi sabía que él y Chris estaban juntos desde antes de que él se divorciara: la pobre Christine empezaba con muy mal pie con su tía.

-Mimi…-masculló él, que había decidido en sólo cuestión de milésimas de segundo aclarar lo máximo posible con su tía.-Sabes de sobra que Cyn y yo no estábamos bien y que…

-Nunca estuvisteis bien.-sentenció Mimi con sequedad.-Pero eso no significa que…

-La quiero.-le cortó él.-Y ella me quiere. Y eso no va a cambiar por mucho que diga todo el mundo. Deberán aceptarlo sí o sí, no les queda más remedio.

-No te pongas a la defensiva conmigo, John Winston Lennon.-le riñó su tía.-Puede que os queráis y todo eso que tú dices, pero eso no justifica lo demás.

-Si sigues así, te colgaré, aviso.-le amenazó él empezando a enfadarse.

-No hará falta que cuelgues porque no voy a seguir con nada de eso.-le contestó la mujer.-De todas maneras, lo hecho, hecho está. Eso sí, quiero conocerla.

-Ya la conoces.-le dijo él secamente.

-Sólo vino una vez a casa con su hermano cuando tenía… ¿cuánto? ¿Once años? ¿Doce? No seas ridículo, quiero conocerla “de verdad”. Ya te lo dije antes de que os marcharais y tú me prometiste que vendrías a verme con ella cuando acabarais la gira, ¿o es que ya no te acuerdas de eso?

John lanzó un bufido de fastidio antes de contestar.

-Está bien…-masculló finalmente.-Iremos a visitarte unos días cuando volvamos.

-Así me gusta.

-Prométeme que la tratarás bien, Mimi.-le dijo él casi suplicante.-Es importante para mí.

-¿Por quién me has tomado? Soy una buena anfitriona y sé comportarme con la gente, John.

-Ya nos conocemos… Yo sólo te lo recalco por si acaso.

-No es necesario que recalques nada.-le contestó.-No creo que la chica tenga ninguna queja sobre mí cuando vengáis.

-Eso espero.-masculló él en tono amenazante.-En fin, Mimi, creo que tengo que dejarte ya… Dentro de nada nos tenemos que arreglar para el concierto de esta noche.

-De acuerdo.-contestó la mujer.-Que os vaya bien y que tengáis un buen viaje de vuelta. Por cierto, llama cuando estéis en Londres y dime cuando venís a Sandbanks, ¿de acuerdo?

-Perfecto.-contestó él.-Adiós, Mimi.

-Adiós.

John colgó él teléfono con un suspiro y con la sensación de que Mimi ya había empezado a odiar a Christine antes de ni siquiera haber cruzado con ella un par de palabras. No obstante, confiaba en que su tía le diera una oportunidad, una oportunidad que sin duda ella se merecía.

No hacía ni diez segundos que había colgado, cuando la puerta de la habitación se abrió de repente y apareció Chris. John la miró y esbozó una sonrisa, intentando disimular a toda costa su preocupación.

-Hola, guapo.-lo saludó ella dirigiéndose hacia él.-¿Has descansado mucho?

-Bueno…-masculló él a la vez que le daba un beso.-¿Y tú? ¿Has trabajado mucho?

-Bah, eran unas simples notas de prensa facilitas.-comentó ella despreocupada y, después, mirándolo, añadió:-Oye… ¿Qué te pasa? Tienes mala cara y… ahí en el cuello tienes las rojeces esas que te salen cuando estás nervioso…

John suspiró a la vez que, efectivamente, notaba por primera vez el picor en el cuello. Odiaba aquello: siempre que tenía algún tipo de tensión, le salían aquellas pequeñas irritaciones en la piel y Chris, obviamente, ya sabía de sobras que cuando le salían era porque algo le preocupaba y le ponía de los nervios.

-Nada…-contestó.-Simplemente es que acabo de hablar con Mimi.

Chris le clavó la mirada, inquisitiva, como analizando si le estaba o no mintiendo.

-¿Y qué te ha dicho?-preguntó finalmente.

-Insiste en que vayamos a verla después de la gira.

-Eso ya lo sabíamos…-masculló la chica.-Pero creo que hay algo más que no me quieres decir…

John la miró, sopesando si debía decírselo o no. No obstante, la mirada expectante de Chris le hizo convencerse de que lo mejor era ser sincero con ella si no quería que empezara a crearse sus propias películas en su mente.

-Le han llegado todos los rumores que ha lanzado la prensa sobre lo nuestro.-dijo John.-Y sabe que estábamos juntos desde antes del divorcio…

La chica enmudeció. John la observó. Se había puesto blanca de repente y su expresión denotaba un inmenso pánico.

-Pero tranquila…-añadió arrepintiéndose en el acto por habérselo dicho.-Todo saldrá bien, ya verás.

-Supongo que tienes razón.-contestó ella al cabo de unos segundos esbozando una media sonrisa.

-Por supuesto que la tengo.-sonrió John acercándose a ella y abrazándola fuertemente.-Y ahora… ¿Por qué no nos echamos una pequeña siesta que nos relaje a los dos? Aún nos queda un poco de tiempo antes de arreglarse para el concierto.

Chris le lanzó una mirada pícara antes de darle un beso.

-¿Siesta? Creo que me gusta la idea, Johnny… Y mucho.

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El concierto de Los Angeles había ido bastante bien, aunque aquello ya no les servía para nada. La decisión de abandonar los conciertos por siempre estaba prácticamente tomada y ya nada lo podría cambiar. De hecho, todos, ellos, las chicas, Brian y el resto del equipo, eran plenamente conscientes de que el concierto de esa misma noche en San Francisco era el último que iban a dar. Nadie, excepto ellos, sabía aquello. Sería curioso: ninguno de los asistentes sería consciente hasta más tarde que iban a ver la última actuación de The Beatles en directo.

A Ringo, aquello no dejaba de resultarle paradójico. Y es que, pese a que él mismo lo estaba deseando, tenía la sensación de que estaba ante el fin de uno de los ciclos más intensos de su vida. En poco tiempo, su época de conciertos, de dar tumbos por el mundo iba a acabar y, además, iba a dejar en pocos meses de ser aquel soltero cabeza loca para pasar a ser un hombre casado con la persona a la que más quería en el mundo, Mary. Quizás hasta se plantearan tener hijos en un tiempo. Sonrió sólo con la idea de verse como padre… Era una idea que jamás le había llamado la atención y que ahora empezaba a atraerle… No obstante, aún era demasiado pronto para aquello.

-¡Ritchie!

El grito que acababa de dar Mary al entrar en el comedor del hotel lo sacó de repente de sus pensamientos.

-¿Qué pasa?-preguntó él mirándola curioso.

La chica se acercó hacia él con cara de agobio a la vez que blandía una revista en la mano. Detrás suyo, Gwen y Chris parecían estar pasándoselo en grande a juzgar por las expresiones de diversión que tenían.

-¡Mira esto!-exclamó poniendo la revista en la mesa, justo delante de él.

-Al parecer a los periodistas les ha gustado el anillo que le has regalado a Mary, Ringo.-rió Chris por detrás.

-Cállate, McCartney.-le amenazó Mary aunque sin ningún efecto, pues la chica continuó riendo.-O yo también me reiré cuando aparezca algo de John y tú.

Ringo miró hacia la página que le estaba mostrando Mary y no pudo evitar soltar él también una risita. Allí, con letras bien grandes, había un inmenso titular que se hacía eco del anillo que se le había visto a la novia de Ringo Starr. ¿Boda a la vista? Era lo que se preguntaban.

-¿Pero tú de qué te ríes ahora?-preguntó Mary al ver su reacción.

-De lo pronto que se han dado cuenta…-rió él.

-Pues a mí no me hace gracia, Starkey.-le riñó ella enfurruñada.-Ahora todas tus fans me querrán matar.

-No creo que nadie te quiera matar.-le contestó él aún entre carcajadas.-Pero creo que debes ir olvidándote de tener una boda tranquila…

-Nadie va a destrozar el día de mi boda, que te quede claro.-contestó ella en tono amenazante mientras se sentaba a su lado y provocando la risa tanto de él como de Chris y Gwen.

-Ya me encargaré yo de eso, princesa.-dijo él sonriente.-Tranquila.

-Como jefa de prensa del grupo me ofrezco para confirmar la fecha y el lugar de la boda a todos los medios de comunicación nada más lo sepáis.-bromeó Christine con la evidente intención de hacer enfadar a Mary.

-Si haces eso, Christine McCartney, puedes ir despidiéndote de tu vida.-le amenazó Mary.-Eso es información altamente confidencial.

-Oh…-fingió decepcionarse Chris.-Con lo divertido que hubiera sido una boda llena de fans histéricas en el exterior…

-Tienes razón.-siguió la broma Gwen.-Hubiera sido una boda muy animada.

-¿Por qué no os vais a tomar por saco las dos, graciosillas?

Las dos chicas soltaron una carcajada al unísono y, después de hacer un par de bromas más sobre un supuesto día de la boda repleto de fans, salieron del comedor dejando a Mary y a Ringo solos.

-Es en serio, Ritchie, no me hace gracia la idea de que se hayan enterado tan pronto…-susurró Mary de manera sombría.

Ringo le dedicó una mirada tierna y sonrió. Le encantaba cuando se ponía así de pensativa.

-No pasa nada…-intentó tranquilizarla.-Ya buscaremos una fecha y un lugar para tener una boda tranquila, si eso es lo que quieres.

-Sólo espero que no se enteren de eso. No quiero que estropeen ese día.

-Nadie va a estropear nada.-le sonrió él.-Estoy seguro de que va a ser el día más bonito de nuestras vidas.

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Unos golpes en la puerta hicieron que Penny parara de repente de escribir en su cuaderno, donde ya estaba a punto de culminar su historia. Lo cierto era que el hecho de pasarse tantas horas encerrada en su habitación para evitar cruzarse con Paul desde la famosa fiesta, había tenido un lado positivo: casi había acabado con aquella historia que había empezado poco antes de conocer “al innombrable”, como había comenzado a llamarle para sí misma.

-¿Quién es?-preguntó de mala gana.

-Nosotras.

Penny sonrió y se puso en pie dispuesta a abrir. Las chicas, de nuevo. No tenía queja de ellas. Lo cierto es que se estaban portando genial con ella. Se preocupaban por su estado y no dejaban que pasara más de dos horas seguidas sola en su habitación. Cuando no iba a visitarla una, iban las otras, y cuando no, las tres juntas, como al parecer habían hecho aquella vez. Al principio, aquella especie de sobreprotección le había molestado un poco: sólo tenía ganas de aislarse y de estar sola. No obstante, después se había percatado de que aquellas conversaciones, aquellos ratos de compañía, le hacían mucho más bien que mal. Y es que, mientras estaba charlando con ellas, apenas era capaz de acordarse de él, y aquello, precisamente, era la cosa que más deseaba en aquellos momentos.

-Hola.-le saludaron las tres casi al unísono cuando abrió la puerta.

-Pasad.-les invitó ella.

Las chicas entraron y se sentaron sobre su cama deshecha.

-¿Qué hay?-empezó a preguntar Mary.

-Estaba escribiendo.-contestó sentándose de nuevo en la silla que había frente al escritorio de la habitación.

-¿Tu novela?-se interesó Gwen.

-No creo que se le pueda llamar novela…-contestó ella con una risita.-Simplemente es una historia.

-Una historia con la extensión de una novela.-le cortó Chris sonriente.-Gwen tiene razón: aunque no quieras reconocerlo, lo que tú has escrito es una novela.

-Venga ya…-rió ella ante la determinación de su amiga.

De repente, cuando giró la cabeza para mirarlas, vio la hora en el reloj que colgaba de la pared y se quedó mirándolas extrañadas. Era muy tarde para que ellas estuvieran allí teniendo en cuenta que en menos de una hora y media iba a empezar el último concierto de la gira.

-Por cierto…-empezó a decir intrigada.-¿No vais a ir al concierto?

Las chicas permanecieron en silencio durante unos segundos.

-En realidad nos preguntábamos si querrías venirte con nosotras.-dijo Mary rompiendo el silencio.

-Ya sabes… Es el último concierto que van a dar y…-añadió Gwen.

-Más que nada es porque tardaremos en llegar, más que en el de Los Angeles…-continuó Chris.-Los chicos tienen previstas varias entrevistas después del concierto y la cosa se alargará bastante…

-Incluso cenaremos allí.-añadió Mary.-Hemos pensado que igual no te apetecía estarte aquí sola tanto tiempo… No sé…

-Y no tienes que ver al gilipollas de ese hermano mío si no quieres.-se apresuró a decir Chris antes de que Penny pudiera abrir la boca para contestar.

La chica sonrió al ver la buena voluntad de sus tres amigas, pero negó con la cabeza ante la propuesta. Simplemente, no podía aceptarlo. Lo último que le apetecía en aquellos instantes era ir a un concierto de The Beatles, a un concierto en el que medio estadio estaría gritando el nombre de Paul, a un concierto en el que, por mucho que Chris se empeñara en negarlo, tarde o temprano se acabaría cruzando con él.

-¿Puedo preguntar el por qué?-quiso saber Chris cuando vio su negativa.

-Puedes, pero creo que ya sabes la respuesta.-le contestó Penny sonriendo.-Así que es una tontería preguntarlo, ¿no crees?

-Pero…-empezó a protestar Gwen, que se había quedado verdaderamente chafada con la respuesta de Penny.

-No hay peros que valgan.-le cortó ella.-Y ahora, largaos de aquí rápido, no vaya a ser que ya os estén esperando y que se retrase el concierto por vuestra culpa.

Las chicas sólo se limitaron a soltar unas leves protestas de resignación, pero no insistieron más. Era evidente que también entendían a la perfección su posición, así que se levantaron de donde estaban y, después de despedirse, salieron nuevamente de la habitación.

Penny se quedó mirándolas mientras se dirigían al ascensor y suspiró. Lo único que le dolía verdaderamente de que todo con Paul hubiera terminado, era el hecho de saber a ciencia cierta que tarde o temprano acabaría distanciándose de ellas irremediablemente.

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-Chris…

-¿Qué es lo que quieres ahora?

-Oye… Tampoco es para que me muerdas, ¿vale, enana?-le dijo Paul medio ofendido por la contestación airada que le acababa de lanzar su hermana.-Sólo quería saber si tienes la cámara de vídeo a mano.

-¿Y para qué quieres tú la cámara de vídeo?-preguntó la chica mirándolo con escepticismo.

Paul soltó un bufido de resignación.

-A veces creo que eres tonta…-masculló él enfadado.

-Cuida tu boquita, Macca.-intervino John, que estaba sentado en el autobús que les llevaba al estadio al lado de Chris.

-No te metas en esto, joder.-le espetó él y, después, mirando de nuevo a su hermana, añadió:-Se supone que éste va a ser nuestro último concierto, ¿no?

-Se supone.-le respondió ella de mala gana.

-Me haría ilusión que lo grabaras.-continuó él.-Claro, si te sale de las narices, porque últimamente estás de un borde conmigo…

-Ya…-masculló la chica.

-¿Vas a hacerlo o no?-insistió él.

-Lo pensaré.-se limitó a contestar ella.

Paul lanzó un bufido molesto, pero no le dijo nada más. Simplemente, se limitó a volver a su asiento en el autobús con la convicción de que, por mucho que se hiciera la remolona, Christine acabaría obedeciendo y grabando el concierto. No obstante, no podía dejar de sentirse muy molesto con ella. Y es que, desde lo de Penny, su hermana pequeña, a la que siempre había defendido y apoyado en todo, le había dado la espalda por completo. De acuerdo, sabía que con lo de Penny él no tenía razón, pero no esperaba ni muchísimo menos que su propia hermana le declarara la guerra por aquel motivo. Más bien había esperado que intentara consolarlo, que lo apoyara al ver que él también lo estaba pasando mal…  Pero, al parecer, se había equivocado de plano.

**********************************

Pese a que odiaba hacer aquello, Christine había grabado todo el concierto, sin perderse ni un solo detalle, con la cámara que ellos solían llevar consigo en las giras. Al principio había sopesado la posibilidad de pasar de la proposición de Paul, pero después había entendido que en el fondo su hermano tenía razón. Al fin y al cabo, era un detalle bonito el tener grabado el que sabían que iba a ser su último concierto. Era, más o menos, como tener registrado el fin de ciclo de The Beatles y aquella idea tampoco le desagradaba, aunque aquello hubiera supuesto el haber tenido que sacrificar el ver bien el concierto por estar pendiente de la cámara.

Estaba siendo diferente, aunque nadie del público se percatara de ello. Habían cantado con un sentimiento especial y, cuando había acabado el concierto, habían sacado sus cámaras y habían empezado a hacer fotos al escenario como locos. Nadie, absolutamente nadie, podía imaginarse que hacían eso porque era la última vez que iban a subirse a un escenario.

-¡Enhorabuena, chicos!-exclamó Brian cuando entraron de nuevo entre bastidores.

-Habéis estado geniales.-dijo Gwen, que se había echado de repente a los brazos de George nada más lo había visto aparecer.

-Gracias.-contestó él.-Como para no estarlo… ¡El último! Se acabó, ya no voy a ser un Beatle nunca más.

El comentario de George hizo que todos los que estaban allí sonrieran, algunos más abiertamente que otros. Y es que sabían que los cuatro chicos, quizás Paul un poco menos, compartían el sentimiento de George.

-Enana…

La voz de Paul hizo que Chris se volviera para mirar a su hermano, que estaba todavía sudoroso y con el bajo colgando, a su lado, mirándola.

-Sí, sí…-respondió ella adivinando en el acto qué era lo que quería saber.-Lo he grabado.

-Gracias.-le contestó él esbozando una sonrisilla mientras miraba como ella le enseñaba la cámara de video que aún tenía en la mano.-Voy dentro a cambiarme.

Paul desapareció de allí casi en el acto y, antes de que se diera cuenta, Chris ya tenía a John pegado a su lado, sonriente como nunca.

-Me siento genial al saber que no voy a tener que soportar esta mierda nunca más.-le dijo al oído.

La chica sólo  pudo volverse hacia él para darle un beso en los labios.

-Se acabaron los agobios, Johnny.-le dijo.

-Lo sé.-sonrió él.-Lo sé… Ahora sólo nos queda disfrutar. ¡Libertad!

************************************

El viaje de vuelta se le estaba haciendo insoportable. Aquello, a ojos de Paul, estaba rozando ya la paranoia. Y es que, en su obsesión por “proteger” a Penny, las chicas estaban haciendo una especie de turnos para compartir asiento con ella y evitar que se quedara sola en ningún momento. Además, para colmo, Penny parecía empeñada en hacer cumplir su palabra y no hablarle nunca más, ni siquiera para saludarle. Había tanta hostilidad entre los dos que ni siquiera se veía capaz de aguantar todo el viaje de vuelta a Inglaterra de esa manera, aunque supiera a ciencia cierta que no le quedaba otro remedio.

Debido a aquellos extraños turnos que hacían las chicas para estar con Penny, iba cambiando de compañero de asiento a cada rato. Al principio, cuando Gwen se había sentado con ella, había estado George con él, a quien había sustituido Ringo cuando Mary había ido a sentarse al lado de Penny. Y ahora, tenía a John a su lado, quien se había dormido como un tronco nada más llegar allí, con lo cual no tenía más remedio que estar en silencio, intentando a toda costa evitar pensar en ella y en lo gilipollas que había sido al haberla dejado ir de esa manera.

Irremediablemente, acabó pensando en el grupo. ¿Qué iban a hacer ahora sin giras? Definitivamente, debía ser algo muy rompedor e innovador para que la cosa funcionara bien, para que el público entendiera que habían dejado de tocar en directo para hacer algo mucho más bueno, mucho más original, algo que nunca jamás habían visto ni oído… Y entonces, una luz se encendió en su mente…  ¿Por qué no? Aunque a priori la idea pudiera parecer algo absurda, estaba seguro de que podía salir bien…

Sí. Debería hablar con los chicos nada más llegaran a Londres y exponerles la idea. Si aquello llegaba a llevarse a cabo, sería, simple y llanamente, la cosa más original que habrían hecho en toda su carrera.

*************************************

Mary se acercó al asiento en donde estaban Chris y Penny. Había llegado su turno y, además, quería hablar con Penny seriamente sobre algo que acababa de comentar con Rich.

-Hola chicas.-saludó.

-Hola.-le devolvieron ellas el saludo.

-Mi turno, Chris.-se limitó a decir Mary con una sonrisa en los labios.

-Eso, eso…-le dijo Penny en broma.-Vete con el idiota de tu John, que ya lo estarás echando de menos…

-Por mucho que lo eche de menos, no sé yo si ahora podrá volver con su John.-rió Mary al ver la cara que había puesto Chris con la broma de Penny.

-¿Y eso?

-Lo tienes durmiendo como un bebé al lado de…-Mary no acabó de decir la frase, sabía que a Penny hasta le molestaba escuchar el nombre de Paul.-A juzgar por los ronquidos que da cuando he pasado por su lado, te va a ser muy difícil despertarlo.

-Joder, este chico…-sonrió Chris.-Lo dejo sólo un momento y se duerme como una marmota… Es de lo que no hay. Si quieres puedo quedarme yo aquí un rato más, hasta que se despierte la Bella Durmiente.

-No, no hace falta.-le dijo Mary.-Ve y siéntate con Ringo.

-¿Y qué hago yo con Ringo?

-Como si no lo conocieras…-rió Mary.-Yo que sé. Ve y hazle una entrevista o cuéntale chistes, haz lo que quieras…

Chris soltó una risita mientras se ponía en pie de su asiento.

-Vale, vale.-rió.-Si lo que querías era echarme de aquí, haberlo dicho claramente, Hall. Voy a ver qué hago con tu prometido. Que conste que me has dado carta blanca para hacer lo que me dé la gana… Después no quiero quejas.

Mary rió y Penny y ella se despidieron de Chris, quien, efectivamente, se encaminó hacia el asiento que había quedado libre al lado de Ringo.

-Bien…-dijo Mary sentándose.-Aquí estoy yo de nuevo.

-Me siento ridícula con todo esto de los turnos.-masculló Penny.-No sé… Tengo la sensación de que os estoy molestando a todas…  Y a ellos también.

-No seas boba…-le respondió ella quitándole importancia.-A ninguna de nosotras le molesta estar aquí contigo. Y apuesto a que a ellos tampoco les importa estar un rato sin nosotras… Así respiran un poco y no nos aborrecen, ¿no?

-Supongo…-sonrió Penny.

Mary le dedicó una sonrisa.

-Penny…-preguntó al cabo de unos segundos.-¿Puedo preguntarte algo?

-Claro.

-¿Ya sabes adónde vas a ir cuándo vuelvas a Londres?-preguntó.-Quiero decir… Que vives con… él… y supongo que eso no va a seguir así, ¿no?

-Por supuesto que no va a seguir así.-contestó Penny con determinación.-Lo primero que haré cuando regrese es ir a recoger a mi perra y mis cosas y después no pienso volver a pisar esa maldita casa en toda mi vida.

-Entiendo… ¿y adónde irás?

Penny se encogió de hombros.

-Ni idea.-contestó.-Ya me las apañaré. Prefiero vivir debajo de un puente a vivir con él.

Mary calló durante unos segundos y la miró mientras pensaba en cómo iba a proponerle lo que quería. Lo cierto era que temía la negativa de Penny si no era capaz de expresarse con las palabras adecuadas.

-Verás…-empezó a decir.-Cuando llegue a casa yo también voy a recoger mis cosas… ¿Sabes? Me voy a vivir con Ringo.

-Me alegro.-contestó Penny secamente.-Os deseo lo mejor.

-Gracias.-respondió ella.-Supongo que sabes que hasta este momento he estado viviendo en un piso que tiene Ritchie cerca de Oxford Street, ¿no?

-Sí. En Montagu Square, creo, ¿me equivoco?

-Exactamente, en Montagu Square. Es un buen sitio y el piso está genial.-continuó Mary.-Me va a dar mucha pena dejarlo.

-Ya, me imagino, pero seguro que te acostumbras a vivir en su casa pronto.

-Eso espero.-sonrió Mary.-Pero… Hay algo más.

-¿El qué?

-He estado hablando ahora con Rich… Sobre ti y tu situación.

Mary hizo una pausa al ver que Penny le estaba lanzando una mirada asesina. Era obvio que aquello no le había hecho ni pizca de gracia.

-No es nada malo…-se apresuró a decir.-Sólo es que me preguntaba si te apetecería quedarte a vivir en Montagu Square… A fin de cuentas el piso se queda libre y… No sé, a todos nos puede venir bien.

-Mary, no sé si…-empezó a decir Penny con escepticismo.

-Mira, piénsalo.-le interrumpió ella con una sonrisa.-Analízalo. No es mala idea.

-Yo no puedo pagaros el alquiler de ese piso.-contestó Penny de manera sombría.-No trabajo, ¿recuerdas?

-Oh, venga, no seas ridícula, ¿en serio crees que te cobraríamos si…?

-Quiero que me cobréis.-le cortó Penny.-Si me quedo allí quiero pagar el alquiler. No quiero vivir allí por caridad, Mary, entiéndeme.

Mary lanzó un suspiro. Claro que la entendía. A ella tampoco le gustaría la idea si estuviera en la situación de Penny.

-No lo hacemos por caridad.-insistió de todas maneras.-Lo hacemos porque eres nuestra amiga. Sólo prométeme que lo pensarás.

Por primera vez en la conversación, Penny esbozó una sonrisa.

-De acuerdo, Mary.-contestó finalmente.-Pero que conste que si mi respuesta es que sí, os pagaré un alquiler nada más encuentre un trabajo, ¿vale?

-Si es eso lo que quieres…

-Es lo que quiero.-sonrió Penny.-Y muchas gracias, en serio. Nadie jamás había hecho algo así por mí.



Holaaaa! Qué hay? Pues aquí estoy yo de nuevo, rápidamente, actualizando a toda prisa antes de que me quiten el portátil que me he agenciado para pasar este capi a limpio y actualizar el fic… Bffff, ahora entiendo lo mal que se vive sin ordenadores ni mierdas de esas… Con lo enganchada que estaba yo! Jajaja. En fin… Bien, sé que ha sido un capi extremadamente largo para lo poco que ha pasado, pero no me salía de otra manera, así que espero que, pese a todos los pesares, os haya gustado.
Otra cosa antes de despedirme. A todas… Siento el no poder estar comentando en vuestros fics, aunque desde aquí quiero que sepáis que os estoy leyendo desde el móvil y que prometo comentar tan pronto como me sea posible… Creo que me será imposible hacerlo hasta que no vuelva a tener ordenador, porque pillar éste desde el que estoy es más difícil que pillar al Hombre de las Nieves en Punta Cana tomando el sol… Jajajaja. Ahora en serio, es que siempre está ocupado y no hay manera… :S
Y bueno, yo ya me despido hasta no sé cuando porque mi ordenador continúa en muerte cerebral y estoy a la espera de su muerte definitiva… Así que hasta que no ocurra el milagro y se cure o se muera definitivamente y me compre otro, así estoy yo…
Muchas gracias por leer y besotes!

viernes, 10 de agosto de 2012

Capítulo 55: Besos


Aquello era fantástico. Estar allí, en aquella mansión de Beverly Hills, sin otra cosa más urgente que hacer que tomar el sol frente a la piscina y disfrutar de sus dos días libres junto con los demás, era uno de los mejores regalos que le podían haber hecho a Mary para celebrar que sí, que iba a casarse con Ringo. Al principio, cuando les habían dicho a los demás lo de la boda, nadie les había creído y, además, se lo habían tomado a risa. No obstante, cuando habían entendido que la cosa iba completamente en serio, la alegría se había apoderado de sus amigos. Felicitaciones, bromas… Lo cierto era que todos parecían encantados con la inminente boda para la cual aún no tenían fecha ni nada planeado. Incluso su madre parecía haberse sumado de manera voluntaria a aquella alegría generalizada. En un primer momento, Mary había temido muchísimo la reacción de la mujer, que ya se había enfadado muchísimo con ella cuando antes de la gira le había dicho que a partir de septiembre tenía la intención de irse a vivir con su novio. No obstante, cuando le dijo por teléfono lo de la boda, la madre de Mary había parecido tomarse la noticia hasta con cierto alivio e incluso se había mostrado entusiasmada con la idea de que su hija fuera a casarse en breve. Y aquello, sin duda, hacía sentir a Mary inmensamente bien.

-¿Sabéis que estaría de puta madre en estos momentos?-preguntó de repente Chris desde su tumbona rompiendo el plácido silencio en el que habían estado envueltas con su brusquedad habitual.

-Sorpréndeme, McCartney.-le contestó Mary esbozando una media sonrisa.

-Una fiesta.-contestó su amiga con contundencia.-Una fiesta de escándalo para aprovechar estos dos días de vacaciones y celebrar que tú te casas. ¿Qué os parece?

-A mí una fantástica idea.-respondió Gwen dándose la vuelta para que el sol le tomara en la espalda.-Sería fantástico. Una fiesta aquí, en esta casa… Lo pasaríamos bien.

-Tonterías.-cortó Penny de repente mientras se incorporaba levemente de su tumbona y miraba a las otras tres con cara de pocos amigos.-¿Una fiesta? ¿Y quién se supone que va a venir? ¿Nosotros ocho, Brian, Mal y Neil? Anda ya… Si nos estamos viendo las caras toda la puñetera gira…

-No seas así, Penny.-le dijo Chris sin perder la sonrisa.-Los chicos conocen aquí a un montón de personas que a su vez podrían invitar a un montón de amigos suyos. Seguro que esto se llena de gente nueva e interesante sin ni siquiera esforzarse lo más mínimo. Además, nos podría venir bien para conocer a las amistades que los tíos estos con los que estamos tienen por aquí California, ¿no?

-Chris tiene razón.-añadió Mary, a la que la idea le estaba gustando de verdad.-Puede que sea la oportunidad perfecta para conocer a toda esa gente de la que hablan tanto…

-Y te olvidas de que tenemos que celebrar también la noticia de que te casas…-dijo Gwen sonriendo.

-Da igual todo eso.-masculló Penny de mala gana.-Yo, de todas maneras, no tengo el cuerpo para fiestas.

-¿Aún sigues enfadada con Paul?-quiso saber Gwen, curiosa.

-Creo que eso es obvio, ¿no?-contestó Penny.-Me estropeó con sus malditos celos lo que hubiera podido ser uno de los encuentros más importantes de toda mi vida, el encuentro con Bob Dylan, mi ídolo, nada más ni nada menos.

-Bueno, pues si es así, razón de más para celebrar una fiesta.-sonrió Chris.-Así aprovechas, te entretienes un rato y te olvidas del imbécil de mi hermano por unas horas…

-Sí, claro…

-Siempre es bueno divertirse, Penny.-añadió Mary.-¿Qué? ¿Cuándo hacemos esa fiesta?

-Sólo tenemos dos días libres y hoy es todo demasiado precipitado.-contestó Chris.-Así que creo que no nos queda otra que hacerla mañana…

-O sea, que les decimos a los chicos que inviten a la gente que quieran para mañana por la noche, ¿no? Y tendremos que comprar cosas y…

-Haced lo que queráis.-les interrumpió Penny poniéndose en pie de repente y empezando a caminar en dirección a la casa.-Yo me voy adentro a escuchar un poco de música.

Gwen, Chris y ella se quedaron observándola en silencio mientras se alejaba de allí.

-Creo que se ha enfadado…-dijo Gwen cuando la chica entró en el interior de la casa.

-No, no creo.-contestó Chris.-Sólo es que está cabreada por culpa del idiota de mi hermano, pero continúo creyendo que esta fiesta le vendrá de perlas para despejarse.

-Y yo también.-añadió Mary.-Ya verás como es la que más se divierte mañana.

-Eso ya no lo sé.-respondió Gwen sonriendo.-¡Porque yo también estoy dispuesta a pasarlo genial!

-¡Así se habla, Montrose!-río Chris.-¡Preparad el cuerpo porque mañana por la noche tendremos el mayor fiestón que se ha organizado en California en mucho tiempo!

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-Venga, gusano, joder...-se quejó Christine mientras se dejaba caer pesadamente sobre el sofá al lado de John.-No seas amargado, hazme el favor...

-No soy amargado.-le contestó él con contundencia.-Simplemente he dicho que no me apetece lo de la fiesta ahora. Si a expresar mi opinión le llamas ser amargado...

-Pero todos quieren...-insistió la chica poniendo su mejor cara de niña inocente.-¿En serio que no te apetece?

-Déjalo, pequeña...-intervino John esbozando una sonrisilla malévola.-Si Don Amargado no quiere fiestas, que se encierre en su habitación mientras nosotros lo pasamos bien. Al fin y al cabo, a todos nos parece bien la idea menos a él.

-Bueno...y a Penny.-soltó de repente Gwen de manera inocente haciendo que George no pudiera reprimir una risita por lo bajo al ver la sinceridad de su novia.

-Pero Penny no está aquí.-contestó Chris divertida.-Así que sintiéndolo mucho, su voto no cuenta.

-Y aunque contara continuaríamos siendo más los que queremos esa fiesta.-añadió John.

-Gracias por pasar de mis opiniones, cabrones.-le replicó Paul dedicándole una mirada de odio a su hermana y a John-Y de las de Penny.

-Olvidas que estamos en una democracia, Macca.-respondió John sin perder la sonrisa.-La mayoría gana.

-Cuando discutáis vosotros ya me encargaré yo de organizar fiestecillas, a ver si os hace mucha gracia.-masculló Paul poniéndose en pie.

-Christie y yo no discutimos nunca, Paul.-rió John.

-¿Tengo que reírme con el chiste?-le replicó en tono sarcástico.-Anda, organizad fiestas. Yo, como soy un amargado, mejor me largo a la piscina, no vaya a ser que os joda vuestros espectaculares planes.

-Pero no te enfades, gusano.-rió Chris.

Paul se limitó a soltar un gruñido ininteligible por toda respuesta y salió de allí sin más ante las miradas divertidas de todos los allí presentes.

-Vaya...-dijo Mary cuando Paul se hubo ido de allí.-Penny está exactamente igual que él... Ya se podrían perdonar, ya...

-Sí, ya es hora o nos acabarán por contagiar a todos su mala leche.-añadió Chris soltando un suspiro.

-De todos modos, me juego la mano a que Paul no se encierra en su habitación mañana a la hora de la fiesta.-rió George.

-Y a que es el que mayor borrachera o colocón o lo que sea pilla de todos los presentes.-añadió Ringo con diversión.

-Y seguramente Penny también haga lo mismo.-recalcó Gwen divertida.

-Sea como sea...-añadió John.-Creo que es hora de despegar el culo de la silla y de empezar a llamar a la gente. ¡Tenemos una celebración pendiente!

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Penny estaba tumbada al sol intentando relajarse. No obstante, aquello se le antojaba imposible en aquellos momentos. Y es que, acababan de traer a la casa las bebidas y la comida para la famosa fiesta que se iba a celebrar esa noche y a la que al parecer iba a asistir un montón de gente.

Cerró los ojos mientras soltaba un bufido de fastidio, como si con aquel gesto pudiera mitigar todo el jaleo que había a pocos metros de distancia de ella. Pero no. Así, con los ojos cerrados, aún parecía que el ruido fuera mayor, así que los volvió a abrir y miró en dirección a la casa. John y Chris acababan de salir al jardín con un par de cajas, acompañados de Neil, que parloteaba sin parar algo que desde allí ella no era capaz de entender mientras los otros dos reían sin parar como dos niños pequeños. En el interior de la casa, también parecía que hubiera actividad. De hecho, desde allí podía ver a Gwen, ajetreada con las bebidas, en el salón.

Penny se incorporó levemente de su tumbona. ¿Qué debía hacer en aquellos momentos? En el fondo, todos tenían razón cuando decían que aquella fiesta le iba a venir bien para despejarse y, además, el hecho de que Paul estuviera también molesto con aquello, también influía. ¿Por qué no? Podría divertirse, desconectar y pasar un rato agradable sin necesidad de verle la cara de enfado a Paul. Así que, sin pensárselo dos veces, se puso en pie de un salto y empezó a caminar decidida en dirección a la casa.

-¿Te ayudo en algo?-dijo cuando entró en el salón.

Gwen, que estaba en aquellos momentos sacando un par de botellas de Martini de las cajas, levantó la vista sin poder evitar sonreír cuando reconoció la voz de Penny.

-Me alegro de verte aquí.-contestó.

-¡Vaya!-gritó Chris, que en aquellos momentos acababa de entrar allí también, casi detrás de ella.-¡Ha llegado la hija pródiga!

-Ya me había hartado de oír el jaleo que estáis montando con todo esto desde el jardín.-contestó Penny articulando una mueca.-Y al entender que no me podría librar de esta maldita fiesta vuestra me he dicho eso de que “si no puedes contra el enemigo, únete a él”.

-No te quejes tanto, mujer...-rió Chris.-En realidad te mueres de ganas por que venga ya esta noche y pasarlo como nunca.

-No digas sandeces, Christine.-le cortó Penny.-Vamos a ver... ¿os ayudo en algo o vuelvo a tumbarme al sol?

Tanto Gwen como Chris soltaron una risita ante la contestación airada de su amiga.

-Si quieres puedes ayudarme con estas botellas de aquí.-le dijo Gwen finalmente señalando hacia las cajas que hasta hacía pocos minutos había estado manoseando.

-O si lo prefieres puedes venirte con John y conmigo a arreglar cosas en el jardín.-le dijo Chris sonriendo malévolamente.

Penny le dedicó una mirada de odio. Sabía que su amiga se lo estaba diciendo a propósito para picarla, pero aún así no podía dejar de sentirse molesta por el tonillo irónico de Chris. Definitivamente, se le estaban pegando demasiadas cosas de Lennon y aquello no le gustaba en absoluto...

-Mejor me quedo con Gwen, gracias.-le contestó usando el mismo tono sarcástico que acababa de emplear ella.

Por toda respuesta, Chris se limitó a sacarle la lengua en una mueca burlona mientras agarraba unas tijeras que había sobre la mesa y volvía a salir del salón en dirección al jardín.

-¿Tanta gente va a venir hoy a la fiesta?-preguntó Penny al cabo de unos minutos de silencio entre Gwen y ella.

-Sí.-contestó la chica entusiasmada.-Eso dicen los chicos. Creo que vienen los de Los Byrds, los Beach Boys, actores, actrices, artistas...

-O sea, que ni cabremos aquí dentro.-contestó Penny esbozando una sonrisilla.

-Bah, seguro que sí.-contestó Gwen sin perder el entusiasmo.-Lo mejor será que nos divertiremos como nunca y que conoceremos a un montón de gente interesante, ¿no es fantástico?

-Sí...-masculló Penny mientras colocaba otra botella en el sitio.-Fantástico...

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Hacía poco menos de una hora que la casa había empezado a llenarse de gente y Christine no se podía creer nada de aquello. Vale, estaba acostumbrada dentro de lo que cabía a codearse con gente conocida, con gente famosa, pero aquello superaba todas sus expectativas. En aquellos momentos estaba empezando a considerar que Gwen había tenido motivos para emocionarse tanto. Y es que allí estaba reunida la flor y nata del panorama cultural de Estados Unidos, sobre todo compuesto por actores y músicos.

Pese a que en un principio se había sentido incomodísima entre toda aquella gente y se había limitado a ir pegada a John mientras él la presentaba, pronto se le habían pasado las vergüenzas y había empezado a sentirse como pez en el agua. Al fin y al cabo, toda aquella gente no era tan diferente a ellos y compartían muchísimas más cosas de las que parecía.

Después de darle una última calada a su cigarrillo y pisar la colilla con el tacón de su zapato, la chica comprobó que se le había acabado el ron que hacía un rato le había traído John.

-Voy a por una copa.-les dijo a John y a Peter Fonda, con los que había estado hasta aquel momento.-¿Os apetece algo?

-No.-contestó Peter sonriente.-Creo que dentro de un rato pasaré a...

Chris sonrió junto con John al entender a lo que se refería: el LSD, con el que quizás todos acabaran colocados aquella noche.

-¿Y tú?-le preguntó a John.

-No hace falta.-le sonrió él.-Ahora iré yo allí a por algo.

Chris le devolvió la sonrisa y se encaminó hacia la barra, sorteando a la cantidad de gente que había allí. Cuando por fin consiguió llegar, ella misma agarró un vaso limpio y se sirvió otro ron con cola muy cargado. Le dio un sorbo y sonrió. Estaba muy fuerte, pero buenísimo. A aquel paso iba a acabar la noche borracha perdida...

Miró a su alrededor, inspeccionándolo todo bien. John seguía con Peter; Gwen estaba con George hablando con Bruce, de los Beach Boys; y Mary y Ringo apenas podían distinguirse entre la marabunta de gente que se apelotonaba a su alrededor para seguramente felicitarles por lo de la boda. Todos parecían estar encantados con aquello, así que Chris decidió volver con John y Peter, aunque supiera a ciencia cierta que largarse con ellos suponía ir a ponerse de LSD hasta las cejas, una cosa que había dejado de importarle hacía mucho tiempo. Lo cierto era que incluso le resultaba hasta agradable: jamás había tenido un mal viaje y todas sus experiencias con ácido, aunque no habían sido muchas, habían sido alucinantes... ¿Qué había de malo en ello?

Estaba a punto de llegar adonde estaban ellos cuando la vio. Allí, a pocos metros de ella y sentada en uno de los sillones que habían sacado al jardín, con cara de pocos amigos y más sola que la una, estaba Penny. Chris le lanzó una mirada furtiva. Parecía aburrida y tremendamente molesta con todo aquello. Después, volvió a mirar al frente, a John y a Peter. Los dos parecían inmersos en su conversación y parecían estar de lo más entretenidos, así que quizás lo mejor sería ir a rescatar a Penny de su aburrimiento. De todas maneras, a ella también le apetecía cambiar un poco de aires.

**********************************************************

-Hola. ¿Estás en una fiesta o en un velatorio?

Penny levantó la cabeza cuando reconoció la voz de Chris y esbozó una media sonrisa.

-Ésta es la fiesta más aburrida en la que he estado en toda mi vida.-contestó.

Chris soltó una risita y se sentó a su lado.

-¡Qué va!-dijo.-En realidad está genial. Lo que pasa es que tú no estás demasiado motivada por lo que veo... ¿Te apetece que fumemos un poco?

Penny le dedicó una mirada suspicaz antes de contestar.

-No tengo hierba aquí.-contestó entendiendo a la perfección que su amiga no se estaba refiriendo a fumar tabaco.

-Yo sí.-le respondió Chris sonriente mientras se sacaba de su bolso una bolsita con unos cuantos porros ya liados.

-Joder, tía, qué nivel...-rió Penny mientras agarraba el porro que Chris le estaba tendiendo.-¡Liados y todo!

-Por supuesto que sí.-sonrió Chris.-Son de las reservas de los chicos. De esos que meten en las cajetillas de tabaco como si fueran cigarrillos normales.

-¿Hacen eso?-preguntó Penny extrañada. Lo cierto era que le chocaba aquella noticia. Paul ni siquiera se lo había comentado.

-Claro.-le contestó Chris dándole fuego.-Mal y Neil se pasan liando porros no sé cuántos días antes de cada gira y metiéndolos en cajetillas de tabaco para que puedan pasar por los controles de los aeropuertos sin problemas.

-Y yo que pensaba que los liaba Paul...-masculló ella mientras intentaba reprimir una mueca de fastidio. Hasta ese momento había pensado que les proporcionaban la hierba en cada uno de los lugares a los que iban y no que la llevaban con ellos de viaje desde el primer día.

-¿Qué te pasa?-le preguntó Chris, quien evidentemente se había percatado de la cara que había puesto.

Penny no contestó, simplemente se limitó a negar con la cabeza para indicarle a Chris que no pasaba nada. Pero sí que pasaba. Vale, aquello era una tontería... Pero... ¿cuántos detalles más de la vida de Paul aún no conocía? ¿Qué otras cosas le había estado ocultando hasta ese momento?

-Está buena esta hierba, ¿eh?-comentó Chris en un evidente intento por sacarla de sus pensamientos.

Penny la miró y sonrió. No quería, ni muchísimo menos, hacerla sentir incómoda. Es más, lo único que pretendía en aquellos momentos era disfrutar de la fiesta y la única manera con la que podía conseguir eso era olvidándose por completo de Paul y no pensar nada más en él en todo lo que quedaba de noche.

-Buenísima.-respondió.-Tan buena que creo que nos tendremos que fumar todo lo que llevas en esa bolsa...

Chris soltó una risotada.

-Pues vamos a ello, Penelope, vamos a ello.

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Después de la enésima copa de ron y del tercer porro de la noche, Christine ya lo veía todo un poco turbio y tenía una de sus típicas borracheras en las que le daba por decir tonterías y reírse. No obstante, pese al colocón, aún controlaba bastante lo que decía y lo que hacía y, sobre todo, lo que hacían los demás.

-Mira a esa furcia de allí.-masculló Penny mientras señalaba con la cabeza a una chica de unos treinta y pocos años que estaba a pocos metros de ellas y que en aquellos momentos tonteaba por lo menos con tres tíos a la vez.-Se cree que por ir vestida con ropa de diseñador todos los tíos se la van a querer tirar...

-No sé si todos, pero esos tres con los que está hablando, sí.-rió Chris.-Joder, con tres... Qué agobio... ¿Te imaginas?

-¡No seas asquerosa!-rió Penny.-Con uno ya está bien.

Pero Chris no le contestó a su amiga. En aquellos momentos, su mirada se había desviado hacia la improvisada barra, en la que el hasta el momento desaparecido Paul y John, estaban hablando demasiado animadamente con una chica rubia y, para qué negarlo, muy, muy guapa. Justo en aquellos momentos, la rubia se acercó un poco más a John y, pese a que él no hizo el menor ademán por acercarse a ella, Chris sintió como una oleada irracional de celos se apoderaba de ella. Aquella chica era demasiado bonita, mucho más que ella y, para colmo, del tipo que le gustaban a John.

-Para furcia la que hay en la barra con NUESTROS novios.-dijo de repente poniéndose en pie.-Vamos.

Penny le dedicó una mirada contrariada antes de mirar hacia donde estaban Paul, John y la chica rubia.

-No voy a ir a ningún sitio, Chris.-contestó al cabo de unos instantes con parsimonia.

Chris la miró, como si no hubiera escuchado bien la respuesta.

-¿Cómo dices?

-Pues que no voy a ir allí a montar una escenita de celos.-le replicó.-Ellos ya son lo suficientemente mayores y responsables, creo yo. Además, no voy a hacer lo mismo que hizo tu hermano conmigo en el encuentro con Bob. Paso de comportarme como una imbécil.

-Tú haz lo que quieras.-masculló Chris  seriamente.-Pero yo me voy con John, no a montar una escenita de celos, sino a estar con MI novio.

-Lo que tú digas...-rió Penny.

Dejándose allí a su amiga, Chris se giró y se dirigió hacia la barra con una sonrisilla falsa pintada en los labios.

-Hola, monstruo.-saludó a John mientras lo abrazaba por detrás y le daba un beso en la espalda.

-Hola, pequeña.-le devolvió el saludo John a la vez que se giraba hacia ella y le dedicaba una mirada divertida.-¿Y esos ojitos tan rojos? ¿Alguien ha estado fumando sin mí?

Chris sólo soltó una risita y se pegó más a él mientras le dedicaba una mirada asesina a la rubia y a Paul.

-Mira, Christie...-le dijo John.-Te presento a Peggy Lipton. Es actriz, ¿sabes?

-Hola Peggy.-la saludó la chica sin poder disimular su hostilidad.-Yo soy Chris.

-Sí, había oído hablar de ti.-le contestó Peggy.-Encantada.

-Lo mismo digo.

Las dos quedaron así, en silencio, mirándose durante unos segundos, hasta que Peggy definitivamente le apartó la mirada y se volvió para decirle algo a Paul.

-Pensé que estarías con Peter.-le susurró Chris a John casi al oído aprovechando el despiste de la rubia.

-He estado a punto... Pero no quería ponerme de ácido sin ti. Además, en ese momento he visto a Paul solo por ahí.-le contestó él.-¿Dónde estabas?

-Con Penny. Y la verdad es que te he echado de menos...-dijo con una sonrisa juguetona pintada en la cara.-¿Por qué no me acompañas arriba un momento?

John sonrió.

-¿Y por qué te tengo que acompañar arriba si puede saberse?-preguntó él devolviéndole la mirada traviesa.

-Digamos que me duelen los pies.

-Quizás podríamos continuar la fiesta arriba. No es necesario que lleves esos horrorosos tacones si no quieres.-le sonrió John antes de darle un suave beso en los labios.

-¿Es que no te gustan mis zapatos?-le preguntó ella divertida.

-A decir verdad no me gusta nada de lo que llevas puesto encima.-le susurró John al oído.-Creo que te lo tendré que quitar.

La chica soltó una risita excitada antes de que él le diera un leve mordisco en la oreja y la agarrara de la mano para largarse de allí sin ni siquiera despedirse de Paul ni de Peggy. Lo cierto era que su estrategia para quitarle a la rubia de encima había funcionado a la perfección. Y tanto que había funcionado...

**********************************************************

Penny se recostó en su sillón a la vez que le daba el último sorbo a su vaso de gintonic. Eran ya más de las cinco de la madrugada y todos los invitados a la fiesta ya se habían ido. Sólo quedaba ella, allí, en el jardín, colocada y muy borracha y sin ganas de subir de nuevo a su habitación para encontrarse con un Paul que ya estaría allí y con el que todavía seguía enfadada.

Una ráfaga de viento fresco de la madrugada le vino de repente y Penny sintió como un leve escalofrío le recorría el cuerpo. No tenía ninguna chaqueta ni nada con lo que cubrirse e iba demasiado fresca como para quedarse en el jardín. De mala gana, la chica se puso en pie y encaminó sus pasos hacia el interior de la casa, dispuesta a quedarse en uno de los sillones del salón mientras se le pasaba la borrachera y veía amanecer desde la ventana. Con mucho cuidado, abrió la puerta que daba acceso del jardín al salón y entró sin hacer casi ruido. No obstante, cuando abrió se dio cuenta de que no estaba sola. Allí, tumbados sobre uno de los sofás, estaban George y Gwen comiéndose a besos, como si la vida les fuera en ello. Penny les dedicó una mirada furibunda: con aquellos dos allí a punto de hacerse el amor le era imposible quedarse en el salón. Salió de allí sin que ni George ni Gwen se percataran ni siquiera de que había entrado y se encaminó hacia las escaleras, maldiciendo para sus adentros porque no le quedaba otra que meterse en su habitación, la última cosa que le apetecía en el mundo.

Y entonces, cuando estaba a punto de subir el primer peldaño, lo escuchó. Allí, no muy lejos de ella, había una pareja evidentemente haciendo lo mismo que estaban haciendo George y Gwen en el salón. Seguramente, pensó, serían Ringo y Mary, que habían sido de los últimos en retirarse de la fiesta. Hubiera podido continuar escaleras arriba sin ningún problema y dejar a la pareja feliz con su sesión de besos. No obstante, quizás por el exceso de marihuana y alcohol, una curiosidad morbosa se adueñó de ella y no pudo evitar volver la cabeza en la dirección desde la que provenían los besos. Lo primero de lo que se percató cuando vio la cabellera rubia de la chica era de que no eran Ringo y Mary tal y como había creído en un primer momento. Seguramente serían dos de los invitados a la fiesta, pero... ¿quiénes? Desde allí sólo la podía ver a ella y a su melena. Él, por su parte, quedaba oculto entre las penumbras de la estancia y era imposible adivinar su identidad.

Sin poder evitarlo, Penny avanzó un par de pasos, silenciosa, hacia allí. Y entonces, cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, lo vio. No. Él no era ningún invitado a la fiesta. Él era uno de los anfitriones de la fiesta y era, ni más ni menos, que Paul, que en aquellos momentos besaba con una pasión inusitada a la rubia que había estado charlando con él en la barra horas antes. Los dos, tanto él como ella, tenían los ojos cerrados, sumidos en aquel intenso beso que parecía no tener fin, mientras él la agarraba de la cintura con una dulzura que Penny jamás le había conocido.

Sintiendo como la sangre se le helaba en las venas, incapaz de reaccionar o de decir nada, Penny se quedó mirando aquella horrible escena durante unos segundos que le parecieron siglos. No paraban. Continuaban besándose sin cesar, delante de ella. Y entonces, como si de repente alguien le hubiera dado un enorme bofetón para que reaccionara, Penny se giró y se encaminó igual de silenciosa como había llegado hacia las escaleras mientras intentaba a toda costa no estallar en un mar de lágrimas allí mismo.

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Paul estaba inmerso en aquel beso interminable cuando de repente unos pasos por las escaleras, le llamaron la atención. El chico abrió los ojos y miró hacia allí mientras interrumpía su beso con Peggy de una manera casi brusca. Y entonces la vio. Allí, subiendo las escaleras, estaba Penny.

Casi en el acto, Paul tomó conciencia de lo que acababa de hacer: se había liado con una tía estando su novia en la misma casa. Maldiciendo para sus adentros y rezando para que Penny no le hubiera visto, Paul apartó suavemente a Peggy de él.

-¿Qué pasa?-rezongó la chica mientras besuqueaba su cuello.

-Lo siento, muñeca.-le dijo él esbozando una media sonrisa en un vano intento por disimular su preocupación.-Pero creo que debemos de dejarlo aquí.

Peggy se lo quedó mirando contrariada a la vez que Paul se separaba definitivamente de ella.

-¿He hecho algo...?-empezó a preguntar la chica.

-No, tranquila.-le contestó él.-No es cosa tuya. Olvida esto, ¿quieres? Creo que será mejor que te vayas a casa.

-Entiendo.-contestó ella secamente mirándolo de arriba a abajo.-¿Acaso no soy lo suficientemente buena para ti?

-Vete a casa, Peggy, en serio.-le contestó Paul en tono suplicante mientras se alejaba de allí.

Sin importarle que Peggy saliera o no de la casa, Paul subió las escaleras sintiendo como el corazón le latía a mil por hora. ¿Qué debía hacer? A fin de cuentas no estaba seguro de que Penny le hubiera visto, así que lo mejor sería subir y hacer como si nada, aunque después de aquel susto, aquello le resultara extremadamente complicado.

Llegó ante su habitación. Estaba cerrada. Con la mano temblorosa, acarició el pomo de la puerta levemente antes de abrirlo. Otra vez las dudas le asaltaron. Quizás Penny sí que le había visto. Quizás debería entrar pidiendo disculpas directamente, mostrándose completamente arrepentido por lo que había hecho. Pero no. Si no les había visto lo único que haría sería empeorar las cosas, así que lo mejor sería ceñirse a su plan inicial.

Abrió la puerta sin pensárselo más veces y asomó tímidamente la cabeza en la habitación para encontrarse con la dura mirada de Penny, que estaba sentada sobre la cama con cara de estar realmente enfadada.

-Buenas noches.-saludó él entrando en la habitación y cerrando la puerta tras de sí.-Pensé que ya dormías.

-Eso es evidente.-le espetó ella secamente.

Paul tragó saliva antes de continuar.

-¿Por qué es evidente?-preguntó él esbozando una sonrisa inocente.

Penny le dedicó una mirada de odio antes de contestar.

-Porque supongo que si hubieras supuesto que estaba despierta no hubieras estado dándote el lote con esa rubia en el pasillo, ¿o quizás sí?

Paul se quedó mirándola, sintiendo como la sangre se le helaba en las venas. Sí, Penny les había visto. Había metido la pata hasta el fondo.

-Penny... Yo no...-empezó a tartamudear él.

-¡No te atrevas a negármelo, maldito hijo de puta!-gritó ella de repente, furiosa y poniéndose en pie de un salto.-¡Te he visto! ¡Os he visto!

-Joder, Penny... Mira...-balbuceó él.-No es lo que parece, yo no... Peggy yo no...

-¡¿Qué?! –gritó ella completamente fuera de sí.-¡¿Cómo que no es lo que parece, cabronazo de mierda?! ¡Sólo faltaba que te la follaras ahí mismo!

-Penny, Penny...-le dijo él acercándose unos pasos a ellas en un vano intento por tranquilizarla.-Creo que estás sacando las cosas de quicio y...

-¡No estoy sacando las cosas de quicio!-le gritó ella sin poder ya contener las lágrimas por un segundo más.-¡Sé lo que he visto! ¡Lo sé, joder!

-Pero sólo escúchame, por favor...

Casi en un acto reflejo, Penny alargó su mano hacia la mesita de noche de la habitación y agarró con fuerza el teléfono, tanto que arranco los cables que lo conectaban a la pared.

-¡Cállate, bastardo mentiroso!-gritó histérica mientras le lanzaba el teléfono con furia.

Paul esquivó el teléfono, que iba directo a su cabeza, en el último momento, provocando que el aparato se estrellara contra la pared de la habitación con un inmenso estruendo.

-Pero...-masculló él contrariado mirándola, como si no la conociera.-¿Estás loca? ¡Podrías haberme matado!

-¡Y ojalá lo hubiera hecho!-le gritó ella pasando por su lado y saliendo de la habitación furiosa.

-¡¿Adónde te crees que vas?!-le gritó Paul saliendo detrás de ella.

-¡Lo más lejos posible de ti!-le contestó Penny bajando por las escaleras.

Paul se quedó mirando como un idiota como Penny bajaba las escaleras y salía de la casa cerrando tras de ella con un fuerte portazo. Aún no podía creerse lo que acababa de pasar. Aún no podía creerse que lo acabara de tirar todo por la borda de esa manera.

-Paul...

La voz de su hermana por detrás hizo que se volviera. Allí, detrás de él, estaba no sólo ella sino también John, Mary, Ringo, Brian, Mal y Neil. Evidentemente los habían despertado a todos. Aquello era, simple y llanamente, bochornoso.

-¿Qué ha pasado?-preguntó Chris acercándose hacia él con expresión preocupada.

-La he cagado...-susurró él con un hilillo de voz.

-¿Qué...?

-Me ha visto besando a otra.

-¡¿QUÉ?!-gritó su hermana.

Paul levantó la mirada y se encontró con una Christine que la miraba con cara de odio.

-¡No ha significado nada!-exclamó él a la desesperada.-¡Por favor, ve a buscarla y dile que vuelva, que deje que le explique que...!

-¿Que le expliques el qué, gilipollas?-le cortó su hermana con dureza.-Sí, la has cagado y bien cagada. No esperes que ahora yo vaya a recoger la mierda que has dejado. Si se ha ido tiene sus razones.

-Chris...

-Vete a tomar por saco, Paul.-le cortó su hermana dándose media vuelta y alejándose de él.

Paul les dedicó una mirada suplicante a los demás. Mary lo miraba con dureza y los demás simplemente parecían sorprendidos e incrédulos. Era obvio que jamás se esperaban que lo pillaran tan así a la ligera.

Y allí, viendo como lo miraban, Paul se sintió, por primera vez en toda su vida, como la escoria humana más grande que había sobre la faz de la tierra.

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Después de caminar durante horas sin rumbo fijo por las calles de Beverly Hills, cuando el sol de la mañana ya estaba bien alto y todo empezaba a llenarse de gente, Penny se encaminó de nuevo hacia la casa con una decisión tomada. Aún no sabía cómo, pero se iría de allí en el primer vuelo que saliera hacia Londres. No quería seguir estando ni un segundo más con Paul, el simple hecho de visualizarlo en su mente ya le resultaba molesto, así que aquello, sin lugar a dudas, era lo mejor que podía hacer.

Cuando llegó a la puerta de la casa, miró su reloj de pulsera. Eran más de las doce del mediodía y sabía que ellos ya estarían haciendo sus pruebas de sonido para el concierto de esa noche, por lo que no tenía peligro de cruzarse con él. Lo único que la asustaba un poco eran las chicas,  aunque también cabía la posibilidad de que ellas se hubieran ido con ellos.

Entró en casa sin hacer ruido y se quedó plantada en medio del hall, escuchando, intentando adivinar si había alguien o no allí.

-¿Penny?

La voz de Mary por detrás la sobresaltó.

-Hola...-saludó ella tímidamente.-No sabía que estabais en casa.

-Ellos han salido a la prueba de sonido.-le contestó la chica.-Nosotras estamos aquí.

-¿Todas?-preguntó Penny, intentando evitar preguntar directamente si estaba Chris en casa. Y es que, de todas ellas, la que más le asustaba era Christine. Al fin y al cabo, era la hermana de Paul y estaba claro de qué parte iba a estar.

-Todas.-contestó Mary extrañada ante aquella pregunta.

Penny esbozó una sonrisa amarga antes de contestar.

-De todas maneras, no os molestaré mucho.-dijo al fin.-Sólo vengo a recoger mis cosas antes de irme.

-¿A recoger tus cosas?-preguntó de repente Christine, que acababa de salir por la puerta del salón junto con Gwen y la miraba con dureza.

Penny asintió con determinación.

-Sí, eso he dicho.-le contestó apretando fuertemente la mandíbula.

-¿Y por qué, si puede saberse?-quiso saber Chris.

-Porque me largo de aquí.-contestó ella.-Supongo que ya sabréis lo de anoche, ¿no? Vuelvo a Londres en el primer vuelo que pueda pillar.

-Claro que sabemos lo de anoche.-le contestó Gwen mirándola con los ojos tristes.-Entonces... ¿vas a irte?

-Por supuesto. Supongo que ya no tengo nada que hacer aquí.

Un incómodo silencio se hizo entre las cuatro durante unos segundos.

-Perdona que sea así de dura pero...-dijo Chris de repente.-¿Con qué dinero vas a comprar ese billete? ¿Y adónde te vas a ir a vivir cuando llegues a Londres?

-Eso es cosa mía.-respondió ella, que tampoco tenía muy claro cómo iba a apañárselas.

-Si quieres, quizás nosotras te podríamos prestar algo para el viaje y...-empezó a decir Mary.

-No.-le cortó Chris haciendo que todas se la quedaran mirando interrogantes.-No porque no tienes por qué irte de aquí, Penny.

-Yo no puedo estar con tu hermano ni un segundo más, Christine, entiéndelo.-le contestó ella.-Lo siento.

-¿Y quién te dice a ti que tengas que estar con él?-preguntó la chica.-Nos tienes a nosotras, ¿no? No es necesario que estés con el gilipollas de mi hermano ni un solo momento.

Penny la miró incrédula. Apenas podía creerse que Chris le estuviera dando la razón a ella y no a Paul. Aún así, su argumento continuaba sin convencerla. Ni siquiera sabía si sería capaz de poder respirar el mismo aire que él.

-No puedo, chicas.

-Lo que no puedes es marcharte ahora.-le cortó Chris.-Piensa. No tienes dinero. La única de aquí que te podría prestar dinero para el avión sin pedírselo a ellos soy yo y Brian aún no me ha pagado ni un penique. Cuando llegues a Londres no vas a tener donde meterte...

-Eso es cierto.-intervino Gwen.-Si te quedas tendremos tiempo de pensar algo.

-Y además, todas estamos de tu parte.-dijo Mary.-Te prometo que no te vamos a dejar sola.

-Ni un solo minuto.-añadió Chris con contundencia.-Y si Paul te molesta, sólo dímelo a mí.

Penny no pudo evitar esbozar una sonrisa a la vez que las miraba. Y en ese instante, como si de repente alguien les hubiera dicho que debían hacerlo, Gwen, Mary y Chris, se acercaron y se fundieron con ella en un fuerte abrazo.

-Gracias, chicas, muchas gracias...-masculló Penny sin poder evitar que unas lágrimas se le escaparan.

Y es que, pese a lo mal que lo estaba pasando en aquellos momentos, por primera vez en toda su vida, Penelope Rogers podía afirmar que tenía a tres amigas de verdad.


Hola chicas! Qué hay? En primer lugar, pues pedir perdón por el retraso. Sí, he estado por Londres unos días y no he escrito nada (por cierto, está chulísima con eso de las olimpiadas) pero quería actualizar nada más llegar. El problema? Una catástrofe informática se ha ceñido sobre mí... Sí, chicas, mi ordenador portátil ha muerto. Estaba de repente mirando el correo tan feliz y se apagó sin más para que después no pudiera volver a arrancar. Están echándole un vistazo a ver si se puede arreglar o no, pero no sé... La cuestión es que como estoy de vacaciones y no estoy en mi casa normal no tengo ordenador de mesa y sólo que puedo escribir a ratos furtivos con el de mi hermana, que siempre lo está usando, por otra parte... :(   Espero que esté pronto solucionado y arreglado, pero por si acaso aviso que si me retraso publicando, es por esto...
En fin, espero que lo paséis genial!
PD: Rezad por mi ordenador, hijas mías, jajaja.