miércoles, 14 de noviembre de 2012

Capítulo 66: La boda


Cuando Chris abrió los ojos y vio la hora que era en el reloj despertador que descansaba sobre la mesita de noche, se le quitó todo el sueño de repente. Casi de un salto, se volvió hacia John, que dormía como un tronco a su lado mientras soltaba ligeros ronquiditos con la boca semiabierta, y empezó a zarandearlo con brusquedad para despertarlo.

-¡Johnny, Johnny... JOHN!-casi gritó ella.

No obstante, la única respuesta que obtuvo de él fue una retahíla de cosas ininteligibles a la vez que se volvía de espaldas a ella con la clara intención de seguir durmiendo. Chris soltó un bufido molesta. En ocasiones como aquella, odiaba que a John le costara tantísimo levantarse por las mañanas.

-¡Despierta, joder! ¡Es tardísimo!

Nada.

-¡John Winston Lennon!

Con tan sólo escuchar aquello, John se volvió de nuevo hacia ella y entreabrió los ojos.

-No se te ocurra volver a llamarme así.-masculló él de mala gana.

Christine soltó una risita divertida ante el inexplicable odio que John le tenía a su segundo nombre.

-Arriba, Winston.-bromeó mientras le sacaba la lengua divertida.

-Christine McCartney, no te lo volveré a repetir más: no-me-llames-Winston.

La chica levantó las manos en un gesto de inocencia y, a continuación, se acercó hacia él para plantarle un suave beso en los labios. Sin duda, aquella era la mejor manera de que a John se le pasara aquel pequeño cabreo por lo de su segundo nombre.

-¿Y a qué viene tanta prisa?-preguntó él sonriendo cuando ella se separó.

-Tenemos una boda, ¿te acuerdas?-replicó ella con ironía.-Dos de nuestros dos mejores amigos se casan.

-¿Boda? ¿Qué boda?-bromeó John.-No recuerdo que nadie haya mencionado nada acerca de una... Ni siquiera Ringo o Mary...

Chris soltó una carcajada. John tenía razón. Lo cierto es que aquellas dos últimas semanas habían sido caóticas y tanto a uno como al otro les había tocado aguantar a dos novios casamenteros al borde de un ataque de nervios.

-Venga, levanta. Nos tenemos que arreglar aún y como lleguemos tarde nos matan.

-¿Y no nos podemos quedar un ratito más aquí los dos?-preguntó John poniendo cara de niño bueno.

-Mejor dejemos ese ratito para la noche, monstruo.-respondió ella a la vez que se ponía en pie.-Porque como no lleguemos a casa de Ringo a la hora exacta, tu amigo te castra. Y entonces sí que no podremos tener jamás ratitos como ése...

John lanzó una sonora risotada y se levantó de la cama también. Christine, por su parte, ya había empezado a vestirse.

-Podrías ir así...-dijo John pícaramente cuando la vio en ropa interior.

-Y tú podrías afeitarte ese bigote.-replicó en broma.

John se llevó la mano a la cara y se pasó los dedos por el bigote que desde hacía poco había empezado a lucir, tanto él como el resto del grupo.

-En realidad sé que te encanta, pequeña.-sonrió.-Así que no disimules y admite que te pone.

Ella soltó una risita sin más. En realidad John tenía razón. Le gustaba como le quedaba aunque constantemente se estuviera quejando por el mero placer de fastidiarlo.

-Vístete de una vez y déjate de cuentos.-contestó al cabo de unos segundos.

Encogiéndose de hombros, John se dirigió hacia el armario con deliberada lentitud. Ella sonrió mientras lo miraba. Sabía que estaba yendo a cámara lenta sólo para hacerla rabiar, así que decidió no darle el gusto y no meterle prisa. A fin de cuentas, por muy lento que fuera, ella iba a tardar más que él mientras se arreglaba el pelo y se maquillaba. Ya le llegaría a él el turno de despacientarse mientras esperaba a que ella saliera del baño...

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Mary estaba que se subía por las paredes. Jamás había pensado que aquel día llegaría tan pronto y tenía la sensación de que se había dejado un montón de cosas importantes por hacer y por prever. Por eso, mientras su madre se apresuraba a enfundarla dentro de su traje de novia acompañada por sus amigas de Liverpool no pudo evitar ponerse a llorar como una niña pequeña.

-Oh, cariño, ¿qué te pasa?-preguntó su madre cuando se percató de que su hija estaba lanzando sollozos ahogados.

-No... lo... sé.-intentó decir ella mientras hipaba a causa de los lloros.

-Seguro que son los nervios.-afirmó su amiga Lily.

-Es que... No sé...-lloriqueó ella de nuevo.

-Claro que sí, es el agobio.-sonrió Cam a la vez que su gemela, Bridget, asentía con la cabeza.

-Tú sólo relájate y verás como todo sale genial.-añadió Rachel.

-Tus amigas tienen razón.-convino su madre, acomodándole el pelo.-Y venga, no llores, es el día de tu boda y debes estar radiante.

-No lo haré.

Justo en ese momento, la puerta de la habitación se abrió provocando que todas las que estaban allí dieran un pequeño brinco sobresaltadas. Mary intentó esbozar una media sonrisa al ver que eran Chris y Gwen que al parecer acababan de llegar a Sunny Heights, pero no lo consiguió.

-¡Hola!-saludaron las dos casi al unísono.

No obstante, cuando sus dos amigas se percataron de que estaba llorando, borraron de sus caras aquella expresión risueña con la que acababan de entrar, confusas.

-¡Mary!-exclamó Gwen.

-¿Pero qué te...?

Christine no pudo acabar de formular la pregunta porque alguien le interrumpió desde fuera.

-¿Puedo ver a la novia? ¿Puedo? ¿Puedo?

A Mary no le costó para nada reconocer la voz de John al otro lado de la puerta, aunque en aquellos momentos estuviera fingiendo ser un niño ansioso.

-Fuera de aquí.-se limitó a decir Chris secamente.

-Tu Christie manda mucho, ¿no?-dijo también desde fuera la voz de George.

Y antes incluso de que Gwen o la propia Chris pudieran replicarles algo, los dos asomaron la cabeza por la puerta con cara de no haber roto nunca un plato.

-¿Pero se puede saber qué es lo que hacéis?-casi gritó Chris cuando los vio, a la vez que empujaba a John hacia afuera.

-¡Estáis como una cabra!-dijo Gwen.-Imaginaos que se hubiera estado cambiando o algo por el estilo.

-Oh, mejor.-contestó John esbozando una sonrisilla pícara que le valió un sonoro manotazo de Chris en su brazo.

Mary no pudo evitar dejar escapar una risita pese a que aún seguía llorando. Además, tampoco se le escapó que todas sus amigas habían enmudecido de repente cuando dos de los otros Beatles a los que no conocían habían irrumpido en la habitación como si aquello fuera lo más normal del mundo. Era una reacción completamente normal. Parecía mentira, pero aún se acordaba de la impresión que se llevó ella misma cuando los vio en persona por primera vez y comprobó que eran tipos de carne y hueso, completamente normales.

-Tranquilas, chicas, no pasa nada. Nosotros no somos el novio y por tanto nada nos impide que veamos a la novia antes de la ceremonia.-dijo George con una sonrisilla y, después, volviéndose hacia Mary, añadió:-Por cierto, estás guapís... ¿Qué te pasa? ¿Estás llorando?

-Seguro que es por veros a vosotros dos aquí, pedazo de...-dijo Gwen medio en serio medio en broma uniéndose a los empujones que Chris estaba dando para sacarlos de allí.

-Oh, Mary, querida... Sé que Rich es un poco feo y todo eso, pero tampoco es para que te pongas a llorar.-añadió John poniendo una de sus muecas.-Siempre puedes ponerle una bolsa en la cabeza, así que no te entristezcas, chica.

Aquello definitivamente hizo que Mary olvidara sus vacilaciones y soltara una carcajada. Y es que lo que estaba sucediendo allí en la habitación era digno de un cuadro: su madre y sus amigas se habían quedado como estatuas de sal mirando a George y a John, mientras que Chris y Gwen luchaban por sacar casi a rastras a los dos chicos.

-Lloraría de tristeza si me casara contigo, Lennon.-bromeó al fin limpiándose las lágrimas de su rostro con la palma de la mano.-Y ahora, vosotros dos, fuera. Aquí sólo se deja pasar a chicas.

-¿Nos echas?-fingió escandalizarse George.

-Sí.-contestó ella riendo.-Os echo.

-Pues vaya... En fin, John, larguémonos, que molestamos.

John le respondió encogiéndose de hombros y los dos salieron de allí sin más ante las carcajadas de Mary, que había pasado de llorar a reírse en cuestión de segundos. Cosas de la histeria, seguro.

-Qué dos...-murmuró Chris cuando los chicos cerraron las puertas tras de sí.

-Déjalos.-contestó Mary.-He de reconocer que sus payasadas me han venido bien.

-De payasos son un rato largo.-sonrió Gwen quien después, mirándola, añadió:-¡Oh, de verdad que estás guapísima!

-Sin duda ese vestido estaba hecho para ti.-añadió Chris.-Por cierto, hola a todas.

Las demás contestaron con un hola generalizado hacia las dos recién llegadas.

-Chicas, ellas son Chris y Gwen. Mamá, tú ya las conoces. Y ellas son Lily, Bridget, Cam y Rachel.-las presentó Mary.-Y ahora, si no os importa, por favor... ¡ayudadme a acabarme de arreglar!

************************************

Ringo volvió a mirarse en el espejo una vez más y se volvió a acomodar la corbata por enésima vez desde que se la había puesto.

-Joder, qué pesado, Starkey...-se quejó George, que estaba sentado junto con John encima de la cama mientras miraban como su amigo se acicalaba.-De tanto moverla, al fina vas a deshacer el puñetero nudo.

-Cállate, Hari.-le mandó callar él sin dejar de mirarse al espejo.-¿Creéis que mi bigote está bien así o debería recortármelo un poco?

-Si yo estuviera en tu lugar, me recortaría la cabeza y me pondría otra más bonita.-bromeó John.

-Muy gracioso, Lennon.-masculló Ringo.-Habló el más guapo del lugar.

-¿Acaso lo dudabas?

Ringo puso los ojos en blanco exasperado. John nunca iba a cambiar, ni siquiera a sabiendas de que él estaba al borde de un ataque a causa de los nervios del momento.

Justo en ese momento, unos golpes en la puerta, insistentes, les interrumpieron. Ringo miró hacia allí y soltó un bufido. Seguramente sería su madre, que iría a comprobar si todo estaba correcto o si necesitaba ayuda. No obstante, su sorpresa fue mayúscula cuando se encontró allí plantado al hijo pequeño de su prima, un chavalín de unos siete años del que apenas podía recordar su nombre.

-Hola, tío Richard.-dijo el niño.-Me han dado esto para ti.

El niño le tendió un papelito doblado minuciosamente.

-¿Quién te lo ha dado?

-Mary.

-Ah, gracias.-masculló él mirando el papelito con intriga mientras el niño se alejaba de allí dando alegres brinquitos.

-¿Qué es?-quiso saber George.

-Una nota. De Mary.

-Ah...

Desplegó la nota con manos temblorosas, haciendo un monumental esfuerzo por no romper el papel, y una vez la tuvo delante, leyó aquellas líneas.


"Ringo:
Lo siento mucho, pero no puedo hacerlo. Me he dado cuenta de que no te quiero, no eres el tipo de hombre que busco en mi vida. Espero que algún día puedas perdonarme.
Sinceramente, Mary."

-¿Pero qué...?-empezó a balbucear él.

Sólo cuando John y George empezaron a reírse detrás de él a carcajada limpia, fue plenamente consciente de que había caído en una broma de mal gusto gastada por aquellos dos tipos a los que llamaba "amigos".

-¡Malditos cabrones hijos de puta!-exclamó sin saber muy bien si enfadarse con ellos o reírse al saber que aquello sólo era una broma.-¿Quién de los dos ha tenido la genial idea?

-Digamos que la cosa ha sido de autoría compartida...-contestó George aún haciendo esfuerzos por contener la risa.

-Y tu primito también ha colaborado con nosotros...-añadió John.-Dale a un chaval un par de libras y mentiría hasta a su propia madre.

-Iros a la mierda. No ha tenido gracia.

-A juzgar por tu sonrisita, mientes.-le replicó John.

-Te juro que no estoy mintiendo. Os debo una putada y de las gordas.-sentenció él mientras arrugaba el papel dentro de su mano.-Por cierto... ¿Y Paul?

-¿Paul? Estará arreglándose.-contestó George encogiéndose de hombros.-Ése necesita más tiempo que tu novia para estar a punto.

Ringo soltó una risita y volvió a dirigirse hacia el espejo.

-Como llegue tarde, lo mato.-comentó de manera casual mientras, una vez más, volvía a acomodarse la corbata.-Ya podéis ir pensando en otro bajista que le sustituya...

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Después de sortear los flashes de las cámaras de los fotógrafos que se arremonilaban alrededor de la propiedad de Ringo y de hacerse el sordo deliberadamente cuando un par de periodistas le preguntaron dónde estaba su novia, Paul entró por fin en Sunny Heights. Aparcó su Aston Martin entre la multitud de coches que ya había allí y bajó del vehículo con una sonrisilla triunfal. No tenía ni idea de por qué, pero se sentía extremadamente bien consigo mismo. Después, se recolocó la chaqueta del traje y miró de nuevo su reloj de pulsera. Llegaba tremendamente pero le daba igual. Además, cuando vio el Rolls de John y el coche de George, se autoconvenció de que Ringo no se lo tendría en cuenta. A fin de cuentas, ya estaba con aquellos dos.

Después de encenderse un cigarrillo, Paul empezó a caminar por el sendero que conducía hasta el interior de la casa, mirándolo todo con atención. La verdad era que se habían esmerado muchísimo a la hora de decorar aquello: no había estridencias, pero se notaba que allí iba a acontecer un acto muy especial. Debería felicitar a Mary por aquello cuando tuviera ocasión.

De camino hacia la casa, Paul se cruzó con varios conocidos a los que saludó con una sonrisa amable. Otros, seguramente familiares y amigos de Mary que no lo habían en su vida, se lo quedaban mirando con curiosidad, aunque eso a él, de tan acostumbrado como lo estaba ya, no le importaba en absoluto. Y entonces, cuando ya había llegado al porche de la casa, la vio. Lo primero que le llamó la atención de aquella chica fue el asombroso parecido con alguien que había compartido su vida durante bastante tiempo. Pelirroja y con cara de niña buena, aunque considerablemente más bajita, parecía una copia de su ex, Jane. Lo segundo que le hizo gracia fue su cara de enfado cada vez que prendía su encendedor para darle fuego al cigarrillo que tenía en la boca y no conseguía que funcionara.

-Mierda de trasto...-masculló la chica entre dientes, más para sí misma que para nadie.-Otra vez te has quedado sin gas...

Paul sonrió a la vez que sacaba del bolsillo de su chaqueta su encendedor.

-Si quieres yo puedo darte fuego.-dijo.

La chica se volvió hacia él sorprendida, aunque aún se sorprendió más cuando pareció reconocerle. Paul simplemente se limitó a sonreír y a mostrarle su mechero.

-Gracias.-dijo la chica con voz débil.

-Pues de nada.-respondió él a la vez que le daba fuego.-Por cierto, soy Paul.

La chica dio una profunda calada a su cigarrillo antes de contestar.

-Mentiría si dijera que no lo sabía ya.-sonrió después de expulsar el humo.-Encantada. Yo soy Cam, soy amiga de Mary.

-¿Eres de Liverpool también?

-Sí, del barrio de Kensington, como ella. Mi hermana y yo somos amigas suyas de toda la vida.

-¿Tienes hermanas?

-Sí, una gemela.-contestó ella sonriendo.

-Y encima repetida...-bromeó Paul.

La chica soltó una risita que evidenciaba su nerviosismo y estaba a punto de contestar algo cuando George abrió la puerta de la casa y salió de allí.

-¡Oh, Paul, mierda!-exclamó cuando lo vio.-¿Dónde te habías metido? ¡Estamos esperándote desde hace más de una hora!

-Vale, vale, ahora subo...-respondió él de mala gana. Después, volviéndose hacia Cam, añadió:-Bueno, nos veremos más tarde.

-Supongo. Creo que vamos a la misma boda.

Paul le rió la broma y se dio media vuelta para dirigirse adonde estaba George, que lo esperaba impaciente.

-Joder, tío...-le dijo George cuando entraron adentro.-Todos esperando arriba y tú ahí ligando con una de las amigas de Mary. No cambiarás nunca, ¿verdad?

-¿Y para qué tengo que cambiar?-preguntó él divertido.-Al fin y al cabo, esto es una boda y ya se sabe que a las bodas se viene para ligar, ¿no?

-Me alegra ver que nuestro Paul de siempre está de vuelta.-rió George.-Y ahora, subamos rápido antes de que Ringo decida hacer llamar a un verdugo para que te decapite aquí mismo.


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Quince. Quince. Sólo quince. Quince eran los minutos que faltaban para que empezara la ceremonia y Mary ya no podía más. Sentía que el corazón iba a salirle por la boca de un momento a otro. De hecho, podría jurar y perjurar que nunca antes en toda su vida había estado tan nerviosa. 

-Y ahora una foto con la madre.-dijo el fotógrafo.

Su voz le parecía casi irreal y distorsionada, aunque Mary aún pudo conseguir apañárselas para preguntar dónde debían hacerse esa foto y posar junto con su madre.

-Perfecto.-asintió el hombre cuando les hubo tomado unas cuantas.-¿Y qué tal una última foto con las amigas?

-De acuerdo.

Todas las chicas se arremolinaron alrededor de Mary, incluidas Gwen y Chris, que habían hecho muy buenas migas con sus amigas de toda la vida. No obstante, justo antes de que el fotógrafo empezara a tomar las fotos, Mary se percató de algo.

-¡Un segundo, falta Cam!-exclamó.

-Ah, sí.-contestó su hermana Bridget.-Había bajado a fumarse un cigarrillo antes de la ceremonia.

-¿Y qué hacemos? No podemos hacernos las fotos sin ella.-casi exclamó Mary, a la que aquel pequeño detalle la había puesto aún más nerviosa de lo que estaba.

-Tranquila. Yo bajaré a buscarla si quieres.

Pero apenas su hermana había acabado de pronunciar aquella frase, la puerta de la habitación se abrió y entró una arrebolada Cam.

-Estaba a punto de bajar a buscarte.-le espetó Bridget, aunque sin ningún tipo de resentemiento en su tono de voz.-Anda, ven. Vamos a hacernos una foto con Mary.

La chica balbuceó unas palabras de disculpa y se dirigió hacia donde estaban las demás. Mary la miró. Pese a que estaba más allá que aquí, se percató de que estaba tremendamente roja y respiraba agitadamente.

-¿Qué te pasa?-le preguntó en un susurro cuando se colocó a su lado.-Parece que la que vaya a casarse seas tú y no yo.

-Es que...-le contestó ella, también entre susurros.-He conocido a alguien.

-¿A alguien?

-Sí, a... Paul McCartney.

Mary sonrió al imaginarse el impacto que acabaría de causar el galán nato de Paul en una chica que toda su adolescencia lo había tenido como el paradigma de la belleza masculina. Pero no sólo ella pareció el pensar lo mismo. Una risita ahogada, apenas imperceptible, sonó por detrás de ella y Mary se volvió para ver a Chris, que estaba haciendo monumentales esfuerzos por no estallar en carcajadas allí mismo.

-Bien, chicas.-les interrumpió el fotógrafo.-¿Ya estáis todas?

-Sí.-respondió Mary sonriente.

-Pues venga, a por la última foto antes de salir de aquí.

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-¡Deja ya de darme órdenes, Brian!-exclamó Ringo, que más que enfurecido, histérico.-¡Es el día de mi boda y hago lo que quiero!

-Te recuerdo que me elegiste padrino para tu boda precisamente para eso, Richard.-le contestó su manager con parsimonia.-Se supone que un best-man tiene como misión encargarse de que el novio esté en su sitio a la hora acordada y de que todo salga bien.

-Sí, lo sé, lo sé...-masculló Ringo de mala gana.-Por eso te elegí a ti en lugar de a ninguno de estos tres cabras locas que tienes ahí detrás. Si me tengo que fiar de ellos...

-Oh, Ritchie, me ofendes.-fingió llorar John.-¿Acaso dudas de nuestra enorme responsabilidad?

-Sí, Lennon. En especial de la tuya.

-Tranquilo, John...- dijo Paul divertido.-No pasa nada. Es mejor que vayas ya asumiendo que el papel de responsable del grupo me tocó a mí y no a ti.

-Sí, claro.-replicó Ringo con ironía.-Habló el que ha llegado hora y media tarde. Tu responsabilidad me abruma, McCartney.

-¿Por qué nos llamas por el apellido?

-Tú te callas, Harrison.-le cortó él.-Brian, ¿tienes los anillos?

-Sí, Rich...-respondió en tono cansado.-Están aquí, en mi bolsillo. Ya te lo he dicho antes.

-¿Seguro? Vuélvetelo a mirar, a ver.

Brian lanzó un suspiró exasperado y sacó los anillos de su bolsillo.

-¿Los ves? Aquí están, sanos y salvos.

-Vale, perfecto. Ahora vuélvelos a guardar bien, no vaya a ser que se te caigan y...

-Que sí, ahora los guardo...

-¿Y la corbata? ¿La tengo bien?-preguntó de nuevo con nerviosismo mientras se la volvía a ajustar.

-¡Joder, Starkey!-exclamó George intentando contenerse la risa.-¡Estoy de ti y de la corbata hasta los cojones! ¡Como te la vuelvas a tocar una vez más, te la quito y te la quemo! Palabra.

-Intenta hacer eso y después de eso deberás enseñarte a tocar la guitarra con los pies.

-¿Con los pies? ¿Por qué?

-Porque te cortaré las manos con un cuchillo de carnicero.

Los allí presentes soltaron una carcajada, pero Ringo, sin embargo, permaneció con su misma expresión grave. Estaba hablando completamente en serio.

-Oye, Rich... Te veo tenso...-rió John.-¿Y si te fumas un buen porro antes de bajar ahí abajo? Tengo una hierba alucinante. Eso te tranquilizaría.

-¡John!-le gritó Brian.-¡Ni se te ocurra colocar al novio antes de la boda!

Aquello hizo que Ringo se relajara un poco y soltara una risotada sólo con imaginarse el cuadro de él diciendo el "sí, quiero" completamente puesto de marihuana.

-Si hago eso, John, consigo un nuevo récord mundial.-bromeó.-Mi novia me pide el divorcio incluso antes de que acabe la ceremonia.

La risa generalizada ante aquella broma hizo que la tensión en el ambiente disminuyera un poco.

-Bueno, chicos.-dijo Brian de repente después de mirar su reloj.-Creo que deberías ir bajando y pillando asiento.

-Sí, supongo.-contestó George.-Seguro que las chicas ya han acabado.

George, Paul y John se pusieron en pie y, después de desearle buena suerte a Ringo, salieron de allí.

-Y bien, Rich...-sonrió Brian.-¿Preparado?

-No.-contestó él soltando una risita nerviosa.-Estoy que me muero. Es curioso. Mira que he estado en actos públicos y... esta sensación no es equiparable a nada.

-Es normal, supongo.

-Y si no es normal, me importa una mierda.Yo estoy así y punto.-rió Ringo nuevamente.

-Tranquilízate. Todo saldrá a la perfección.-dijo Brian esbozando una sonrisilla tranquilizadora y dándole unos golpecitos amistosos en el hombro.-Y ahora, bajemos. Creo que tenemos una boda a la que asistir.

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Los cinco llegaron justo a tiempo para ubicarse ante sus asientos antes de que Ringo apareciera por por el pasillo que había entre los asientos acompañado por Brian.

-Casi llegáis.-masculló Neil divertido cuando los vio.

-Estábamos vistiendo novios.-bromeó George mientras se sentaba a su lado.-¿Has visto que guapo que lo hemos dejado? Si no hubiera sido por nosotros habría bajado en pijama.

-Sí, seguro...-rió Neil.-¿Y vosotras también habéis estado vistiendo a la novia?

-Sí.-contestó Chris con una sonrisa.-Otra que habría bajado en pijama si no fuera por nosotras.

-¿Y cómo va?-quiso saber Lily, que estaba junto con su marido Mal al lado de Neil.

Pero aquella pregunta no necesitó ser respondida porque justo en aquellos momentos el Canon en Re Mayor de Pachelbel empezó a sonar. Todos los que estaban allí, no demasiados, pues sólo habían acordado invitar a la familia y a los amigos más cercanos, se levantaron y volvieron su mirada hacia una radiante Mary, que avanzaba con una sonrisa tímida en los labios hacia ellos. Chris sonrió cuando vio a su amiga así. Cómo iba, le había preguntado Lily hacía unos instantes. Su respuesta estaba ante sus narices: iba perfecta.

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Cuando Ringo escuchó las primeras notas del piano empezaron a sonar se volvió hacia atrás y miró. No pudo evitar abrir los ojos como platos cuando la vio. Y de repente, todo se desvaneció a su alrededor. Sólo estaba ella, allí frente a él, mucho más guapa de lo que la había visto jamás, perfecta.

-Guapa.-fue lo único que alcanzó a decir cuando ella llegó a su lado.

Por toda respuesta, ella esbozó una leve sonrisa a la vez que él hacía un monumental esfuerzo por no pasar del juez que tenían allí delante para casarlos y besarla en aquel preciso instante. Un carraspeo, leve pero lo bastante significativo, de Brian, hizo que Ringo pusiera de nuevo los pies en el suelo y se volviera hacia el juez que iba a oficiar la ceremonia. Eso sí, no sin antes dedicarle a la que por muy poco tiempo más sería su novia, la sonrisa más dulce que jamás había dedicado a nadie.

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Si minutos antes había estado hecha un manojo de nervios, en aquel preciso instante, Mary podía asegurar que estaba completamente tranquila y segura de lo que estaba haciendo. Y es que el mero hecho de mirar a Ringo a sus ojos, de perderse en su inmensidad azul, había sido como una especie de bálsamo que la había relajado y hecho ver que todo saldría bien.

Y allí estaban ellos, ante aquel juez que parloteaba sobre las bondades del matrimonio, sobre la que ahora en adelante sería su nueva vida en común, mientras daban el gran paso. Y entonces, por fin, el juez formuló la pregunta más importante que jamás había escuchado.

-Richard, ¿quieres recibir a Mary como esposa?

Antes de contestar, Ringo le dedicó una mirada furtiva y una media sonrisa, más dulce imposible.

-Sí, quiero.

-Y tú, Mary, ¿quieres recibir a Richard como esposo?

Mary aclaró su garganta antes de contestar. Sólo dos palabras. Dos palabras que de ahora en adelante cambiarían su vida.

-Sí.-respondió, mirando a Ringo a los ojos.-Sí, quiero.

-Entonces podéis compartir los anillos.

Brian sacó de su bolsillo las alianzas que con tanto esmero habían elegido unos meses antes. Fue Ringo el que agarró primero su mano.

-Mary, me entrego a ti este día, para compartir mi vida contigo.-empezó a decir con la voz temblorosa mientras le deslizaba el anillo por el dedo.-Puedes confiar en mi amor, porque es real. Prometo serte un esposo fiel y compartir y apoyarte en tus esperanzas, sueños y metas. Mi voto estará contigo para siempre. Cuando caigas, te levantaré, cuando llores te confortaré, cuando rías compartiré contigo tu gozo. Todo lo que soy y todo lo que tengo es tuyo desde este momento hasta la eternidad.

Después, ella tomó su mano. Sonrió al comprobar que ese día no llevaba ninguno de sus anillos. Después, mirándolo a los ojos mientras empezaba a colocarle su alianza,  serena como muy pocas veces lo había estado por toda su vida, empezó a decir:

-Richard, me entrego a ti este día, para compartir mi vida contigo. Puedes confiar en mi amor, porque es real. Prometo serte una esposa fiel y compartir y apoyarte en tus esperanzas, sueños y metas. Mi voto estará contigo para siempre. Cuando caigas, te levantaré, cuando llores te confortaré, cuando rías compartiré contigo tu gozo. Todo lo que soy y todo lo que tengo es tuyo desde este momento hasta la eternidad.

-Pues por el poder que se me otorga, yo os declaro unidos en matrimonio.-dijo el juez con voz potente.-Puedes besar a la novia.

Y entonces, su Ritchie, como ella lo llamaba, se acercó hacia ella y la besó. Podría no ser el beso más apasionado que le había dado, podría no ser el más dulce, pero, sin lugar a dudas, aquel era el beso más importante que nunca antes se habían dado.

-Te quiero, princesa.-susurró él mirándola a los ojos, sin apenas separar su rostro del suyo.-Te amo con toda mi alma.

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-George, ¿quieres dejar de arrasar todos los platos que te ponen delante en cuestión de segundos?-preguntó Gwen mirando a su novio divertida.

-Es que tengo hambre.-contestó él haciendo un tremendo esfuerzo por vocalizar bien ya que tenía la boca llena de gambas.-Y está todo buenísimo. ¿Creéis que si sobra algo me lo podrán poner para cenar en casa?

-Estamos comiendo sin parar desde hace unas dos horas y... ¿tú ya estás pensando en la cena?-preguntó Paul, que jamás iba a dejar de extrañarse 

-Pues claro. Habrá que cenar, ¿no?

-Gwen, Gwen... Ve con cuidado que éste cualquier día se te come a ti.

-Eso lo hago prácticamente todos los días.-sonrió George pícaramente, mientras le daba un buen trago a su copa de vino.

-Por favor, Harrison, guárdate para ti los detalles de tu intimidad...-le dijo Chris fingiendo poner cara de asco.

-Es algo natural, pequeña McCartney, o Lennon, o lo que seas.-le siguió George.-¿O es que acaso tu John no...?

-Pues me la como cuan...

Pero John no pudo acabar la frase porque Chris le puso la mano en la boca, impidiéndoselo.

-¡Guarro, me has llenado la mano de babas y restos de comida!-rió ella cuando le retiró la mano de la boca.-¡Puaj, un trozo de langostino! Con el asco que me dan a mí...

-¿Por qué?-preguntó George mientras se metía otro en la boca.-¡Si están buenísimos!

-Desde que un gilipollas hermano mío me dijo que eran las cucarachas del mar, les pillé un poco de grima...-contestó ella mirando directamente a Paul, quien soltó una sonora carcajada cuando lo escuchó.

-Fue una vil estrategia para poder comerme los tuyos.-rió.

-Pues ojalá te sienten mal, te pille una salmonela, te mueras y revientes, listo.

-Oh, amor de hermanos...-rió John mientras agarraba una botella.-Limad asperezas bebiendo un poco de ron.

-¡Si aún estamos en la comida!-dijo Gwen.-¿No será mejor que sigamos con el vino y la cerveza y después nos pasemos a todo lo demás?

-Mmmm... Pues a mí me apetece ya pasarme a las emociones fuertes.Venga, Johnny, ponme de eso.-le contestó Chris poniendo una sonrisilla de niña mala a la vez que John empezaba a servirle ron en un vaso.- ¿Ya? ¡No seas tacaño, hombre, echa más! Sino cuando lo mezcle con cola va a parecer agua del grifo.

-Mi pequeña alcohólica...-rió él.-Si te emborrachas, no respondo de todos los abusos que pueda cometer hacia tu persona...

-Tonto...

John le contestó algo que ninguno de los demás pudo entender y se sirvió a su vez una generosa ración de ron en su vaso.

-¿Quién quiere más de esto?-preguntó después blandiendo la botella.

-Yo me apunto.-se apresuró a contestar George que aún tenía la boca llena.

-Y yo.-añadió Paul.

Por su parte, Neil y Mal, incluso su esposa, se apresuraron a poner delante de él sus vasos.

-Vais a dejar la botella limpia, borrachuzos de mierda.-rió John mientras servía ron a todos.-¿Y tú, Gwen? ¿No te animas?

La chica pareció dudar durante unos segundos, pero casi inmediatamente esbozó una sonrisa y puso su vaso junto a los demás.

-Se supone que esto es una celebración, ¿no? ¡Pues a emborracharnos!

*****************************

Todos estaban considerablemente, por no decir muy, borrachos cuando acabaron de servir la comida, los postres y la tarta. Las corbatas de John y de George ya hacia mucho que habían dejado de ejercer como tales: la de John estaba atada en su cabeza y la de George había hecho las veces de trapo cuando a él no se le había ocurrido otra cosa mejor que limpiar el ron con cola que había derramado Paul de su vaso con ella. Y todos, absolutamente todos, estaban riendo como tontos a la más mínima tontería que decían o hacían.

Fue entonces cuando, de repente, en una de las mesas cercanas, Cam, la gemela pelirroja amiga de Mary, se levantó y golpeó su copa con un tenedor.

-Oh, joder, qué buena que está...-murmuró Paul mientras la miraba sin perderle el ojo.-Miradla, miradla.

-Tú no mires o te arranco los ojos, Lennon.-dijo Chris mientras agarraba a su novio por el brazo fuertemente.

-Oh, venga, de mirar no se muere nadie...Pues sí que...

-Oh, ése Fred, el amigo de Mary, también está para...

-¡Christine! Si se te ocurre mirarlo una vez más te los arrancaré yo a ti.

La chica soltó una risita divertida y le plantó un sonoro beso en la mejilla. Entonces, Cam, empezó a hablar.

-Aún recuerdo cuando éramos pequeñas y soñábamos todas con este día...

Justo cuando empezó su discurso, Neil explotó en un repentino ataque de risa por lo bajo. Todos los que estaban en la mesa, excepto Paul que estaba demasiado ocupado mirando a Cam, se quedaron mirándolo como si se hubiera vuelto loco de repente.

-¿Qué pasa?-preguntó Gwen intentando que no se le enredara la lengua.

-Pues que... Pues que...-rió Neil antes de agarrar aire.-Que ahora todos esperarán que los siguientes en darles un discursillo a los novios seáis cualquiera de vosotros. ¡Y miraros!

Nada más decir aquello, todos empezaron a reír también como Neil. Afortunadamente, todos los demás invitados a la boda, estaban demasiado absortos en el bonito discurso de Cam como para prestarles atención.

-¿Y ahora qué hacemos?-preguntó Christine después de agarrar aire.-Porque yo estoy demasiado mal como para decir algo con sentido.

-Tranquila, ya se nos ocurrirá algo.-dijo Gwen mientras se limpiaba las lágrimas de la risa con la sufrida corbata de seda de George que hasta hacía unos momentos había servido de paño para evitar que el vino se derramara al suelo.

-Y es por eso por lo que todos tus amigos nos alegramos tanto de que hayas cumplido tu sueño junto con una persona que parece que esté hecha para ti.-concluyó Cam.-Estoy segura de que seréis muy felices. Os lo merecéis.

El ruido de los aplausos puso broche final a aquel discurso de Cam, que se sentó ruborizada por aquel clamor de nuevo en su silla mientras les daba las gracias a todos. Y justo cuando el aplauso concluyó, George agarró su copa de vino y se puso de pie.

-Oh, mierda, ¿qué va a hacer el loco éste?-preguntó Gwen horrorizada.

George simplemente se dedicó a lanzarle un guiño y a golpear con un tenedor su copa, con tanta fuerza que a todos los de allí les extrañó que no la rompiera. Mary, que aún estaba llorosa por la emoción del discurso de Cam, y Ringo, que les lanzó una mirada significativa al adivinar que todos estaban borrachos como cubas, lo miraron, así como todos los asistentes a la boda.

-Rich, Mary, amigos y familiares.-dijo mientras miraba a todos e intentaba disimular en su voz el alcohol que llevaba ya dentro.-Es mi deber informaros de que... Paul quiere decir unas palabras.

Después, con aire triunfal, como de quien acaba de hacer algo de lo que se siente plenamente orgulloso, se volvió a sentar mientras Paul le lanzaba una mirada asesina, pálido.

-Esta me la pagas, Harrison, me la pagas.-masculló entre dientes antes de ponerse en pie, dubitativo. Después, carraspeó para aclarar su voz y empezó a decir:-Bueno... Bien... Ringo y Mary. Os habéis casado. Nuestra más sentida enhorabuena.

Paul iba a sentarse nuevamente pero, obviamente, la gente, y los novios los primeros, esperaban que dijera algo más... profundo. ¿Pero cómo puñetas iba a decir algo profundo si apenas podía recordar la dirección de su casa?

-Bien...-continuó diciendo.-Recuerdo cuando nos conocimos. Ringo estaba... estaba tocando, creo. Y Mary... fue en el coche, sí. Lo recuerdo bien. Lo hicimos en el coche.

Si en aquellos momentos a Paul le hubieran salido escamas y antenas verdes, la gente no lo habría mirado con más incredulidad con la que lo estaban haciendo. Por su parte, tanto Mary como Ringo, parecían estar a punto de estallar en carcajadas allí mismo.

De repente, un sonoro "¡maldito aficionado!" se escuchó por toda la estancia. Paul se volvió y miró a John, que se acababa de poner en pie, fingiendo estar serio por completo, pero con la corbata todavía atada a la cabeza, sin chaqueta, y la camisa abierta casi hasta el pecho por fuera. Chris, por su parte, apenas podía contener las lágrimas de la risa por ver a su novio con un aspecto tan cómico y Mary y Ringo no pudieron contenerse más y arrancaron también en una risotada.

-Ringo, Mary.-empezó a decir con falsa solemnidad.-No hace falta que diga como nos conocimos. Vosotros lo sabéis, nosotros lo sabemos y no hace falta que ellos lo sepan. Lo importante es que os habéis casado. Y casarse implica muchas obligaciones como hacer uso del matrimonio. Starkey, mantenla satisfecha o se divorciará de ti. Hall, aunque a partir de ahora Starkey, siento que te llevaras al más feúcho, pero es el más... Bueno, eso ya lo sabrás, supongo. Y ojalá tengáis muchos intentos de hijos.

A excepción por las risas de los de la mesa y las de los propios Ringo y Mary, que estaban a punto del colapso, toda la sala permaneció en silencio hasta que, de pronto, todos se unieron a las risas. Quizá incluso los demás creían que había estado previamente planificado.

-¡Y enhorabuena por la comida!-exclamó George de repente, haciendo que la carcajada general aumentara aún más, si cabía, el volumen.

**********************************

-¡Guapaaaaaa!-el grito que le lanzaron Chris y Gwen hizo que Mary se volviera hacia ellas y corriera conforme pudiera para abrazarse a las dos, que por poco cayeron ante el apretón.

-Ni os pregunto cómo lo estáis pasando porque ya veo que bien.-rió ella.-Incluso demasiado bien. ¿Habéis dejado alguna botella llena para que yo pueda emborracharme ahora que ya no tengo nada importante que hacer más que pasarlo bien?

-Lo dudo.-rió Gwen.

-Y yo también.-añadió Chris.-Por cierto, enhorabuena, señora Starkey. Has sentado la cabeza.

-¡Eso ni lo sueñes, McCartney! Continúo igual de descerebrada después de decir el "sí, quiero".

-¡Vaya, vaya, la novia!-exclamó John por detrás de ellas.-¿Te ha gustado nuestro discurso?

-Estáis como una cabra.-rió ella.-Pero lo que me he podido reír no tiene precio.

-Estás guapísima.-añadió Paul por detrás de ella.

-Oh, contigo quería yo hablar, James Paul McCartney. Tendrás que ir hasta donde está mi madre para explicarle qué es eso que has dicho de "que lo hicimos en el coche".

Paul soltó una sonora risotada antes de que George también se abalanzara sobre ella para decirle lo guapa que iba y recordarle, de nuevo, lo bueno que había estado todo. Estaba tan entretenida riéndose a más no poder que apenas se dio cuenta de que Ringo se acababa de poner detrás de ella.

-¡Ey, un poco de respeto que ahora es una mujer casada!-exclamó por detrás.-¡Harrison, que corra el aire!

-Uy, el matrimonio lo ha vuelto posesivo...-bromeó él dando un paso hacia atrás y alejándose de Mary.

-Y tanto... ¿Qué? ¿Disfrutando arruinando los discursillos de mi boda, cabronazos?-bromeó ante las risas generalizadas de todos.-Lennon, te agradezco tus deseos respecto a lo de hacer uso del matrimonio y... ¿Paul? ¿Dónde está Paul? Quería asesinarlo por hacerlo con mi novia y ahora esposa en el coche y ahora no lo veo...

-¿Mi hermano?-dijo Chris mirando hacia el fondo de la sala.-Mi hermano creo que está muy interesado en conocer a las amistades de Mary y por eso se ha ido.

Ringo miró hacia donde lo estaba haciendo Chris y efectivamente comprobó que Paul ya estaba hablando con las gemelas Cam y Bridget.

-Vaya... Éste no pierde el tiempo, ¿eh?-rió finalmente.-Pero bueno, nosotros no deberíamos hacerlo tampoco así que... ¿vamos a bailar un poco con los demás o esperamos a que nos salgan raíces de estar aquí plantados?

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Paul esbozó una de sus mejores sonrisas de seductor cuando miró a las gemelas.

-Así que tú eres Cam y tú eres Bridget...-dijo señalando primero a una y después a otra, haciéndolo mal adrede. Lo cierto era que las distinguía perfectamente, había rasgos que las diferenciaban si te fijabas un poco.

-No, no, no...-rió Cam.-A ver, no te enteras. Yo soy Cam, ella es Bridget.

-Yo tengo los ojos un poco más oscuros que mi hermana.-añadió Bridget.-Y soy un pelín más alta.

-Mmmmm... De todas maneras las dos sois encantadoras.-sonrió él haciendo que las dos hermanas se sonrojaran.-¿Os apetece tomar algo?

Cuando formuló la pregunta, Cam dibujó una amplia sonrisa en su cara. Bridget, por su parte, que parecía mucho más tímida, se las ingenió para balbucear una excusa y desaparecer de allí aprovechando que su amigo Fred estaba cerca. Paul sonrió para sus adentros. Estaba exactamente con quien quería estar.

-Pues parece que nos hemos quedado solos.-dijo en tono seductor.

-Sí, eso parece.

-¿Sabes? Aparte de tomar algo me apetece despejarme un poco...-añadió esbozando una sonrisilla pícara a sabiendas que quizá estaba yendo demasiado rápido.

No obstante, la mirada que le lanzó Cam le envalentonó. Era obvio que ella también estaba deseando quedarse a solas por completo con él.

-Oye...-dijo la chica de repente.-¿Tú no tenías novia?

-Eso ya pasó a la historia, ya hace meses que no estoy con ella. ¿Y tú no tendrás novio, verdad?

-¿Novio? ¿Qué es eso?-bromeó Cam.

Y entonces Paul la agarró de la mano sin ningún tipo de reparo y la condujo a través de la concurrida estancia hacia los jardines de Sunny Heights. Definitivamente, aquello tenía toda la pinta de convertirse en una gran noche.

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Los últimos de la fiesta, para variar, eran ellos. Ya era casi la una de la madrugada y los demás ya hacía un buen rato que se habían ido: las amigas y familiares de Mary y Ringo que habían llegado desde Liverpool a sus respectivos hoteles y los demás, a sus casas. Así que sólo quedaban John, Chris, George, Gwen, Neil y ellos dos, bailando como si estuvieran locos, bebiendo como cosacos y fumando tabaco y marihuana en cantidades industriales. Paul, por su parte, ya hacía mucho que había desaparecido junto con Cam. De hecho, ni su coche estaba ya en el aparcamiento, por lo que supusieron que se habrían ido a su casa a "terminar la celebración" en privado.


-Jamás pensé que este vestido fuera tan tremendamente incómodo.-dijo Mary mientras se dejaba caer sobre uno de los sillones que allí había.-No veo el momento de quitármelo y ponerme cómoda.

-Hall, digo Starkey...-rió Chris.-Eso es una manera muy poco sutil de echarnos de aquí.

-¡Oh, no! ¡No es eso!-se apresuró a contestar ella poniéndose roja como un tomate.-¡Quedaos si...!

-No, no nos quedamos.-le contestó su amiga sacándole la lengua.-Yo por lo menos ya estoy muerta. Llevamos aquí desde las diez de la mañana y...

-Sí, mejor que vayamos a casa, ¿verdad, pequeña?-dijo John a la vez que la abrazaba por la espalda.-Un poquito de soledad tampoco nos vendría mal...

-Johnny...

-Y nosotros también nos vamos.-se apresuró a decir Gwen mirando a George de manera significativa, quien también asintió.

-Por supuesto.-añadió Neil.-Ya va siendo hora de que dejemos a esta parejita de recién casados estar. Ha sido una boda estupenda, de verdad.

Después de que todos se despidieran de ellos, Ringo y Mary se quedaron, por fin, a solas.

-Y ahora... ¿qué es lo que se supone que debemos hacer?-preguntó Ringo con voz ronca mientras se pegaba a ella.

-No sé, Ritchie... Tú eres el experto...

-¿Y si hacemos una pequeña excursión hasta nuestra habitación?

Y de repente, casi sin ser consciente de cómo habían llegado hasta allí, Mary se encontró tumbada en la cama junto a él, tan juntos, tan embriagados el uno del otro, que ni siquiera eran capaces de saber dónde acababa su propio cuerpo y empezaba el cuerpo del otro.

No podía haber mejor inicio para aquella nueva etapa de su vida. No cabía duda que ninguno de los dos había mentido cuando había dicho aquel "todo lo que soy y todo lo que tengo es tuyo desde este momento hasta la eternidad". Porque en aquellos momentos no parecía haber en el mundo ninguna cosa más segura que el amor que sentían el uno por el otro.




Hola, mis reinas! Pues aquí llego yo después de otro de mis retrasos. No espero que se convierta en costumbre, la verdad... :/ Bueno, bueno, hemos tenido bodorrio. Pero una boda de estas que... Ay, María! Que se nos ha casado con su Ringo! :') jajaja. Espero que hayáis pasado un rato divertido leyendo; yo, por lo menos, me he reído bastante escribiéndolo. Además que me ha tocado empaparme de todas las cosas esas de bodas (y eso tiene mérito para una persona a la que no le gusta todo esto, eh? XD ). Busqué musicas, votos (sí, los votos no los he escrito yo, yo no soy tan poética, hijas mías, sino que son unos que encontré para ceremonias civiles que me gustaron) y me empapé de las típicas costumbres de una boda inglesa, aunque me haya saltado a la torera eso de las Damas de Honor (lo siento, pero es que con eso no puedo, me supera). Por si alguien tiene curiosidad, el Canon de Pachelbel es éste: 




A que ahora sí? Es que es música de boda, jajaja. Pero bueno, en mi imaginación la boda sonó un arreglito para piano que también podéis encontrar en el Youtube...

Y nada más por mi parte, más que agradecer muy sinceramente a la gente que lee y a la gente que me comenta: Citla, Jane Allen (bienvenida! me halaga muchísimo que te hayas enganchado a esto estando ya tan avanzado y que encima te guste!), a Viridiana y a María, que este capi, pues bueno, casi que va íntegro para ella.

Besotes!

PD: Por cierto, puse música en el blog, os habréis dado cuenta ya. Si molesta, me lo decís y se quita. Ni siquiera son mis canciones favoritas, pero son algunas de las que más o menos "inspiran" esto que escribo. Y ahora sí, saludos! ;)



viernes, 2 de noviembre de 2012

Capítulo 65: De negativas y periódicos


Penny salió de la estación del metro y miró con desagrado aquel barrio. Todo ofrecía un aspecto de dejadez inmenso y a juzgar por el estado de las fachadas, parecía que muchas de las casas que estaba viendo amenazaran con derrumbarse de un momento a otro. Y no sólo eran los edificios, también la gente ofrecía un aspecto deplorable. La chica dudó por unos instantes en si volver a meterse en el metro y dejar plantado al casero con el que había quedado dentro de un cuarto de hora. No obstante, desechó la idea de su mente enseguida: aquella habitación era una de las pocas que había encontrado en todo Londres ajustada a su presupuesto. Si dejaba escapar aquello, ¿dónde iba a vivir entonces? Y de una cosa estaba segura: no iba a volver arrastrándose ante sus padres para que volvieran a mantenerla y pagarle un alquiler en un buen barrio. Aquello sería demasiado humillante y prefería mil veces estar viviendo en un sitio como aquél a hacer eso. Así pues, Penny empezó a caminar en dirección a la cafetería en la que se había citado. El casero le había dado instrucciones precisas sobre cómo llegar allí desde la parada del metro, así que, por suerte, no necesitaría pararse a preguntar a nadie de los que por allí pululaban.

Las casas de aquel barrio, Leyton, se sucedían unas tras otras igual de grises que el ánimo de Penny en aquellos instantes. Después de caminar aproximadamente unos diez minutos que se le hicieron eternos, no le costó demasiado divisar desde donde estaba la famosa cafetería donde había quedado. En la entrada, un par de niños de no más de cinco años, jugaban al balón. El más grande chutaba y el más pequeño hacía de portero, intentando detener conforme podía los disparos del otro.

-¡Gol!-gritó de repente el mayor.

-Eso es fuera, no vale, hijoputa.-replicó enfadado el más pequeño.

-¡Que te follen, cerdo!-le espetó el otro.-Lo que pasa es que eres una mierda de portero.

Penny estaba sorprendida mirándolos. Le chocaba que dos críos que no levantaban ni dos palmos del suelo estuvieran hablándose de aquella manera. No es que ella fuera la más fina del mundo, pero nunca en su vida había visto una cosa así. De repente, la puerta del bar se abrió y una mujer que no debía de ser mucho más que ella pero que estaba infinitamente más demacrada salió de allí y se quedó mirando a los dos chiquillos con mala cara.

-¡Os estoy oyendo desde dentro!-gritó.-¿Qué os he dicho de esa sucia bocaza?

-Cállate, puta cerda.-le contestó el más pequeño antes de echar a correr calle abajo seguido por el más mayor.

-¡Cuando os agarre vais a ver!¡De la paliza que os voy a dar se os van a quitar las ganas de decir esas cosas! –gritó la mujer mirándolos, con el puño en alto. Después, como si de repente hubiera reparado en la presencia de Penny allí delante de ella, se volvió hacia la chica y preguntó de malos modos:-¿Y tú qué quieres?

-Me había citado aquí con alguien.-respondió ella airada ante las formas de la mujer.

-¿No serás tú la que está esperando mi marido? ¿La que busca habitación?

-¿Su marido es el señor Pearson?-preguntó ella extrañada.

-Sí.-se limitó a asentir la mujer.-Llegas pronto, pero entra.

Aún sorprendida por haber descubierto la identidad de la mujer, Penny la siguió hacia adentro. El interior de aquella cafetería, si es que se le podía considerar así a aquel antro de mala muerte, estaba en perfecta armonía con el exterior. Todo parecía gris y sucio y, comparado con aquello, el pub en donde ella estaba trabajando era un local digno de la realeza.

-¡Ralph!-gritó la mujer nada más entraron.-¡Ha venido la de la habitación, sal!

Inmediatamente, del interior de lo que debía de ser el almacén salió un hombre de una cincuentena de años y de aspecto desagradable. A Penny le chocó la diferencia de edad que aparentemente había entre él y la que supuestamente era su esposa.

-Diles a tus sucios hijos que como me llamen puta o cerda una vez más les doy la paliza de su vida, ¿entendido?.-le espetó la mujer nada más lo vio aparecer.

-También son hijos tuyos.-respondió él con tranquilidad antes de posar su mirada en Penny, que estaba tratando de asimilar el hecho de que dos chiquillos que no levantaban ni dos palmos del suelo fueran capaces de hablarle de la manera en que lo habían hecho a su madre.-¿Eres Penny... ehm…? Disculpa, no me acuerdo de tu apellido.

-Rogers. Penny Rogers.-contestó ella con sequedad sin ni siquiera tenderle la mano a aquel hombre que parecía tener incluso más mugre encima que el propio local.

-Yo soy Ralph Pearson, aunque eso ya lo sabes.-se presentó él.-Ven, vamos a sentarnos.

Penny le siguió hacia una de las mesas que había allí cerca y tomó asiento frente a él.

-Me dijiste que estabas interesada en la habitación que tengo en alquiler, ¿no es así?-empezó a decir el hombre.

-Así es. Esperaba que me comentara cómo es y todo eso.

-¿Que cómo es?-preguntó él largando una carcajada.-Pues con ese precio a la semana, hija, no esperes grandes lujos. Una cama, un armario y una mesita de noche. Había una lámpara para la mesita, pero el cabrón que se acaba de largar la rompió. Si quieres otra, deberás comprártela tú y, si no, pues te apañas con la bombilla del techo.

La chica le dedicó una mirada de desprecio. Si él se percató de ello, no hizo el menor caso ya que  continuó hablando como si tal cosa.

-Está en esa casa de ahí enfrente.-dijo señalando por la ventana hacia una casa que ofrecía el mismo aspecto que todas las demás.-Actualmente hay cinco personas, contigo serían seis. Baño, cocina y comedor son compartidos, como te dije.

-Entiendo.

-¿Quieres verlo?

-Mejor.-contestó Penny de mala gana.

-De acuerdo, vamos allá.-dijo el tal Ralph poniéndose de pie.-¡Edna! ¡Nos vamos!

La mujer, que estaba en el interior del local, soltó un grito de aprobación y, a continuación, los dos salieron de allí sin más. Cruzaron la calle mientras el hombre parloteaba sin cesar sobre que el barrio de Leyton no era tan malo como muchos querían hacer creer a la gente, aunque a Penny le costaba creerle viendo el panorama que tenía ante sus narices.

Cuando llegaron ante la puerta de la casa, Ralph llamó al timbre. No tardó demasiado en abrir una chica de mirada triste que mascaba chicle sin parar.

-Ah, hola, Ralph.-dijo de mala gana cuando los vio allí plantados ante la puerta.

-Vengo a enseñarle a esta chica la habitación que ha quedado libre.-aclaró Ralph.

-Vale, pasad.-dijo la chica antes de entrar de nuevo adentro y de perderse en el interior de una habitación.

El interior de la casa era más o menos acorde a lo que había visto hasta el momento. La pintura de las paredes estaba descorchada y se podían apreciar severos restos de humedad por doquier. Por lo demás, tampoco estaba tan mal. Estaba bastante limpio, que era lo importante, y aunque todo pareciera un poco decadente, no era tan horroroso como Penny había imaginado.

-Eso de ahí es el comedor.-dijo Ralph señalando hacia una puerta abierta que dejaba entrever una estancia con muebles viejos.-Y al lado está la cocina. El tema de la limpieza y todo eso ya queda entre los inquilinos de la casa.

-Entiendo.

-Y la habitación que queda libre está arriba, en la primera planta. Es una de las más amplias, aviso.

Subieron las estrechas escaleras que conducían a la planta superior y, a continuación, Ralph introdujo una llave en la cerradura de la puerta que quedaba justo enfrente de ellos.

-Instalé cerraduras en cada una de las habitaciones.-explicó él en un vago intento por alardear de su generosidad.-Ya sabes… Lo normal. Por aquí pasa mucha gente y a veces desaparecían cosas. Me harté de oír quejas de los inquilinos y puse esto. Así me cubro las espaldas.

Dicho esto, Ralph abrió la puerta de la habitación. Aquello era tal y como Ralph había descrito. La habitación era bastante amplia y los únicos muebles con los que contaba eran la propia cama, un armario y una mesita de noche. En el techo, una triste bombilla colgada de su propio cable iluminaba las paredes descorchadas.

-Como ya te he dicho, no es la gran cosa, pero es amplio.-dijo él.-Y estás cerca del metro, que también es una cosa a tener en cuenta.

La chica miró una vez más hacia allí, considerando sus opciones. Lo cierto es que aquel barrio le repugnaba, como también lo hacía la idea de tener que compartir casa con Dios sabía quién. Pero, no obstante, no tenía demasiadas alternativas. Era lo único que había encontrado en Londres a un precio bastante asequible y que, pese a no estar cerca del centro, no estaba a más de una hora como otros lugares que ya había visto.

-¿Y bien? ¿Qué te parece?

-Supongo que me tendré que conformar…-masculló ella de mala gana.-El precio es el que acordamos por teléfono, ¿no?

-Exacto. Y recuerda: los gastos van aparte, corren de vuestra cuenta.-contestó Ralph.

-Se acuerda de que tengo un perro, ¿no?-preguntó la chica.

-Sí, descuida. Permito animales, siempre y cuando no molesten a los demás inquilinos.-contestó él.-Mientras el perro permanezca en tu habitación, no hay problema.

Penny bufó pensando en Bonnie. Era una perra grande y estar allí encerrada entre cuatro paredes la mayor parte del día por muy amplia que fuera la habitación, iba a suponer poco menos que una tortura para ella. No obstante, no le quedaba otra que acostumbrarse. De todas maneras, ella intentaría sacarla a pasear lo más posible para que se sintiera mejor.

-Entonces, ¿hay trato o no hay trato?-insistió el hombre.

-Sí, lo hay.-contestó la chica de mala gana.

-Perfecto, ¿cuándo te instalarás?

-El lunes a primera hora.-contestó Penny echándole un vistazo a todo aquello por última vez antes de irse con cara de asco.

-Me alegro.-respondió Ralph mostrando una sonrisa repleta de dientes ennegrecidos por el tabaco.-Bienvenida a Leyton, Penny.

*************************************

Chris acabó de liar el porro que tenía entre manos a toda prisa, le prendió fuego y se lo puso en la boca a Mary.

-¿Qué haces?-preguntó su amiga extrañada ante aquella reacción.

-¿Que qué hago?¿Pero tú has visto lo alterada que estás?-preguntó ella con una sonrisilla burlona en los labios.-Fúmate esto que te hace buena falta, a ver si te tranquilizas.

Gwen soltó una risita ahogada mientras contemplaba aquella escena. Mary, por su parte, se quitó el porro de la boca y se lo volvió a dar a Christine.

-Yo no estoy alterada, McCartney.-le dijo.-Así que no me hace falta.

-Sí, claro… No estás alterada…-rió Chris antes de darle una calada al porro.-Por cierto, gracias por devolvérmelo. Esta hierba última que nos han dado está de puta madre.

-Oye, Chris, no seas avariciosa.-dijo Gwen de repente.-Has hecho metido marihuana como para hacer un par de porros. No irás a fumarte eso tú sola, ¿verdad?

-Menuda eres, Gwen…-sonrió Chris pasándoselo.-Y muchos que creen que eres una santa inmaculada. Mira, si la tranquilidad en persona de Mary no quiere, nos lo fumaremos entre tú y yo.

-Joder, como eres.-repuso Mary divertida.-¿En serio no me vas a dar ni un poquito?

-Tú misma lo acabas de rechazar, Hall.-le replicó Chris mientras Gwen ya exhalaba el humo.

-Bah, dejaros de tonterías.-dijo Gwen de repente pasándole el porro a Mary.-Toma, chica, fuma y riámonos un rato.

Mary alargó la mano y agarró el porro. Después, le dio una calada y miró a sus amigas entrecerrando los ojos.

-Quizá sí que esté algo alterada con todo esto de la boda.-dijo al cabo de unos segundos.-Es un mogollón. Y falta poco más de un mes para ese día… Sólo de pensarlo me pongo mala.

-Pero si ya lo tienes todo apunto…-dijo Gwen en tono tranquilizador.-Mira, tienes todo lo del banquete claro, los invitados, el vestido… ¡Todo! No es necesario que te agobies.

-No agobiarme, eso ya es más difícil.-sonrió Mary mientras Chris le agarraba el porro.-Jamás pensé que casarse fuera tan complicado…

Chris la miró fijamente. Su rostro indicaba, además de agobio, cierta preocupación. Había algo más que preocupaba a Mary aparte de la boda, algo que les estaba ocultando.

-Oye.-dijo al fin sin apartar la mirada de sus ojos, decidida.-Lo tuyo no son sólo nervios por la boda, ¿me equivoco?

Su amiga la miró primero a ella y después a Gwen, sonrió amargamente y lanzó un suspiro.

-¿Tanto se nota?-preguntó al fin.

-¿Qué ocurre, Mary?-quiso saber Gwen, preocupada.-¿Algo con Ringo?

-No, no es eso.-masculló la chica.-No es nada sobre mí, ni sobre Ritchie. Es que… Bueno…

-¿Qué?-insistió Chris, que ya estaba empezando a impacientarse.

-Pues que…-empezó a decir Mary, dudosa.-Bueno, que el otro día discutí con Penny.

-¿Con Penny? ¿Qué pasó?-preguntó Gwen sorprendida.

-No lo sé… Lo único que sé es que me llamó para decirme que no iba a venir a la boda. Y después, no sé cómo, se puso a decirme que no la debería haber invitado, que le parecía una falta de respeto o algo así teniendo en cuenta por lo que ella estaba pasando…

-¿En serio?-casi exclamó Chris, que la miraba con los ojos abiertos como platos.

-Sí. Y después, sin más, me dijo que quería alejarse de nosotros y que quería dejar el piso de Montagu Square.

-¿Y se va de allí?-preguntó Gwen.

-Sí. De hecho esta mañana me ha dicho que ya tenía otro sitio donde vivir, que el lunes ya deja el piso…

-Joder, qué flipada…-masculló Chris mientras le daba otra calada al porro antes de dárselo a Gwen nuevamente.-No, si al final John va a tener razón y todo…

-No sé…-intervino Gwen.-Está dolida con todo. Quizá deberíamos intentar hablar con ella…

-Yo después de lo que tuve, no sé si sería lo más correcto, la verdad.-contestó Mary.

-Y yo sinceramente, paso.

Gwen se quedó mirándola extrañada y Chris no pudo menos que soltar una risita tonta, en parte por culpa de la marihuana y en parte porque ni ella misma se explicaba por qué había dicho aquello con tanta contundencia.

-No creo que yo precisamente sea la más adecuada para hablar con ella.-aclaró al cabo de unos segundos.-Recordad quién es mi hermano. Y si le tiene tanta manía es caso de que me eche de donde quiera que esté a patadas.

-Bueno, pero eso no tiene nada que ver…-intentó argumentar Gwen.-Somos sus amigas y…

-La última vez que la vimos… No sé.-contestó ella.-No me dio la sensación de que se alegrara de verme. Insisto: no creo que le siente bien que vaya hasta donde está para fumar la pipa de la paz cuando ni siquiera ha habido guerra.

-Pues yo creo que sí que iré.-replicó Gwen convencida.-Iré a verla donde trabaja y hablaré con ella.

-Pues buena suerte.-dijo Mary sin poder ocultar una nota de escepticismo en su voz.

-Y si eso, depende de como veas el terreno, ya iré yo…-añadió Chris medio en serio y medio en broma.-Y ahora, Hall, suelta ese porro y no te adueñes de él, que ya llevas más de cinco caladas.

-Uy, vale…-rió su amiga junto con Gwen.-No te hacía yo tan posesiva…

-Con estas cosas no se juegan.-le contestó Christine divertida sacándole la lengua.-Ale, pásamelo, acaparadora. Y eso que no querías…

Y casi como si alguien les hubiera ordenado que acabaran con la seriedad del momento, las tres amigas continuaron fumando y riendo, olvidándose por unos instantes de todos sus problemas.

***************************************

Gwen agarró aire antes de entrar en el pub. Aún recordaba la llamada que horas antes le había hecho a Christine y la sorpresa de su amiga al ver que lo de ir a buscar a Penny a su trabajo no iba en broma. No obstante, la chica no había tenido ningún inconveniente en decirle el lugar en donde Penny trabajaba (al parecer lo sabía gracias a su hermano) y se había limitado a desearle buena suerte antes de colgar. Y en aquellos momentos, allí estaba ella, a punto de abrir la puerta del pub e intentar entablar una conversación con la que hasta el momento había sido su amiga.

Lo primero de lo que se percató al entrar fue de la música de Bob Dylan. Sonrió. Aquello, sin duda, era obra de Penny. Después, miró hacia el interior del local, hacia la barra. No le costó distinguirla allí, mientras ordenaba botellas en uno de los estantes ante la ausencia de clientes, cosa que seguramente se debía a las horas tan tempranas que eran. Sonriendo más para sí misma que para nadie, Gwen se encaminó con paso firme hacia donde estaba Penny.

-Hola.-saludó a la vez que se sentaba en uno de los taburetes que había ante la barra.

Penny se volvió hacia ella, sorprendida quizá porque ni siquiera la había escuchado entrar. Cuando la reconoció, se quedó mirándola, aún más atónita que antes.

-Gwen…-masculló.-¿Qué haces aquí?

-Venir a verte.-le respondió ella risueña.

-Estoy trabajando.-le contestó Penny secamente.

Gwen sonrió todavía más. Estaba advertida por Mary de que aquello tal vez no iba a ser fácil, pero ella no iba a rendirse tan fácilmente. Al fin y al cabo ella no tenía ningún problema con Penny.

-Lo sé.-dijo.-Pero bueno, ahora no tienes clientes, ¿verdad?

-Pero podría tenerlos.-le replicó Penny con hostilidad.-Por cierto… ¿Cómo sabías que trabajaba aquí?

-Chris me lo dijo.-respondió Gwen de manera espontánea.

-¿Chris? Supongo que su hermano le habrá ido con el cuento…-dijo Penny entre dientes.

Gwen la miró un poco sorprendida, pero aun así decidió seguir en su empeño.

-Bueno, no sé, la cuestión era que lo sabía.-sonrió al cabo de unos segundos.-¿Cómo estás?

La mirada que le dedicó Penny hizo que a Gwen se le helara la sangre en las venas. Sabía que acababa de meter la pata, aunque no sabía qué había hecho mal exactamente.

-¿Cómo estoy?-repitió Penny al cabo de unos segundos, indignada.-¿Por qué coño siempre me preguntáis lo mismo cuando conocéis la respuesta?

-Bueno, yo no quería…-intentó disculparse Gwen.

-Sí, ya. Por supuesto que tú no querías.-dijo Penny cruzándose de brazos, molesta.-¿Quién te manda, Gwen?

-¿Qué?-se extrañó ella, que no entendía para nada a qué venía aquella pregunta.

-Que quién te manda.-insistió Penny.-¿Te manda George por parte de Paul? ¿O quizá es Mary que aún sigue molesta por lo de su boda? O puede que Chris para después contárselo enseguida a su hermano o a John… ¿Qué es lo que quieren saber? ¿Dónde vivo ahora? ¿Qué es de mi vida?

-Penny, mira, te aseguro que te estás equivocando… Yo no…-balbuceó Gwen sin salir de su asombro.-No me manda nadie. Sólo he venido porque estaba preocupada por ti y quería hablar conmigo, nada más.

-Pues no hace falta que te preocupes tanto.-le espetó Penny.-Si quisiera vuestra ayuda os la pediría, pero por ahora ni la necesito ni la quiero. Así que si no quieres nada más, te agradecería que me dejaras trabajar en paz.

Gwen le dedicó una mirada suplicante. Estuvo a punto de replicarle, de insistirle, pero en el último momento decidió dar marcha atrás. Estaba claro que Penny quería alejarse de ellos, que su visita no había sido grata en absoluto, así que lo mejor sería irse de allí y, como decía, dejarla trabajar en paz.

-De acuerdo.-dijo al fin sin poder evitar la decepción en su voz.-Me voy si eso es lo que quieres. Que te vaya bien, Penny.

-Gracias.-le respondió ella.

Gwen le lanzó una última mirada y se puso en pie. Después, con pasos rápidos, volvió a dirigirse hacia la puerta del local y salió de allí. Suspiró apesadumbrada. Definitivamente, el ir hasta allí no había sido en absoluto una buena idea.

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Parecía increíble que el tiempo pasara tan rápido. Y es que, casi sin darse cuenta, ya estaban haciendo planes para Navidad. Lo cierto era que los planes de John y ella no eran nada del otro mundo. Simplemente se limitarían a pasar juntos los festivos en los que John no iría al estudio, ciñéndose siempre a las fechas en las que Julian iba a estar con ellos y hacerle por lo menos una visita rápida a Mimi en Sandbanks. A Chris aquel plan no le molestaba en absoluto aunque, para qué negarlo, todo aquello la ponía tremendamente nostálgica. Por muy bien que estuviera al lado de John, aquellas iban a ser las primeras Navidades que pasaría sin ver a su familia y sin tan siquiera ir a Liverpool. Además, aquellas fechas le traían muy malos recuerdos. Aún recordaba con una claridad meridiana todo lo ocurrido las Navidades pasadas, cuando su padre, después de enterarse de que John y ella estaban juntos, la había echado de casa y había dejado de hablarle, una cosa que, por el momento no llevaba camino de solucionarse para nada.

Todavía con todas esas ideas rondándole por la cabeza, Christine se apartó de la ventana y se sentó en el sofá al lado de John, que leía el periódico ensimismado, como hacía siempre.

-¿Has visto lo que dice este maldito cabrón?

Chris miró a John sonriente. Le hacía gracia que pese a que pareciera enormemente concentrado, se hubiera percatado de que ella se había vuelto a sentar a su lado.

-¿Qué pasa?-preguntó mirando hacia la columna de opinión que John estaba señalando.

-Léelo tú misma.-le contestó él tendiéndole el periódico.

Chris agarró el diario temiendo encontrarse allí cualquier artículo poniendo a parir a John o al resto de los chicos. No obstante, cuando empezó a leer enseguida se dio cuenta de lo equivocada que estaba. Allí, ni más ni menos, había un artículo de opinión que hablaba sobre la Guerra del Vietnam. No le costó para nada ver enseguida por qué John había calificado al autor de aquello como “maldito cabrón”: aquel impresentable que se autoproclamaba un experto en relaciones internacionales estaba haciendo una defensa acérrima del intervencionismo estadounidense en el conflicto.

-Joder…-masculló sorprendida por lo que estaba leyendo.-¿Cómo se puede atrever a decir eso?

-Eso mismo digo yo. Seguro que es un estómago agradecido del sistema y se siente con la obligación de lamerle el culo a los Estados Unidos.

-Lo que más me sorprende es que un periódico com The Guardian publique esta mierda.-dijo Chris mirando hacia el periódico aún con cara de asombro.-Me parece flipante, la verdad.

-Porque Brian me mataría, porque si no contestaba a la mierda esa.-añadió John sin poder evitar sonar indignado.

Chris se quedó mirándolo durante unos instantes a la vez que una idea, fugaz pero potente, le cruzaba por la mente.

-¿A qué viene esa sonrisilla de niña mala?-preguntó John divertido mientras la miraba.

-A que…-empezó a decir ella.-Que quizá tú no puedas contestar a eso, pero nadie me impide que lo haga yo.

Nada más oír aquello, John esbozó una media sonrisa, satisfecho.

-Es una idea genial.-sonrió.-Venga, pequeña, desempolva los dotes de chica de prensa que adquiriste este verano y ponte a redactar ya una contestación que le tape la boca al gilipollas éste.

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Gwen estaba en la galería desde hacía un buen rato, colocando los objetos que debían exponerse en menos de dos semanas, cuando Yoko llegó.

-Hola.-le saludó ella escuetamente.

Yoko, como de costumbre, no le devolvió el saludo y simplemente se limitó a examinar lo que había estado haciendo Gwen en su ausencia.

-Esta escalera debería estar un poco más al centro.-dijo.

Gwen asintió a la vez que Yoko la recolocaba en el que según ella era el lugar adecuado y siguió con su tarea.

-¿Sabes?-preguntó Yoko de repente, rompiendo el silencio.-El otro día estuve en la librería y me quedé asombrada con lo que vi allí.

-¿Con qué?-preguntó Gwen intrigada.

-Con un par de libros que encontré.-respondió Yoko.-De tu amigo, John Lennon. No sabía que hubiera escrito nada.

Gwen se la quedó mirando durante unos instantes. Aquello no le hacía demasiada gracia. Desde que había empezado a colaborar con ella en esa exposición, la japonesa, siempre que podía, le sacaba el nombre de John en algún lugar. A veces evocando su primer encuentro en e Indica, a veces diciendo que había coincidido con él en otras exposiciones, otras diciendo que le parecía un tipo extraño. Y ahora, le salía con lo de los libros. Sin quererlo, se acordó de Christine. Al principio la había tomado por un poco paranoica cuando dijo que Yoko no le gustaba pero en aquellos momentos estaba empezando a considerar que quizá su amiga tuviera razón al desconfiar de ella.

-Ah, sí.-dijo al fin con desgana cuando vio que Yoko le lanzaba una mirada interrogativa por su tardanza a la hora de contestar.-Ha escrito dos.

-Sí, y el caso es que me parecieron muy interesantes.-continuó ella.-Parece inteligente.

-Sí. Están bien.-masculló Gwen secamente.

-Y tanto.-dijo Yoko.-Bueno. De todas maneras acuérdate de recordarle que venga a la inauguración de la exposición. Ya le enviaré yo una invitación, pero insístele. Me gustaría verlo.

Gwen no pudo reprimir una mueca de fastidio cuando escuchó aquello último. Seguramente, Yoko fue consciente de ello, pero no dijo nada al respecto. Ella, por su parte, continuó de nuevo haciendo lo que estaba haciendo con la cabeza puesta en otra parte. Al parecer, el interés de Yoko por John era bastante serio y, aquello, suponía un peligro evidente para su amiga. Además, estaba todo lo demás. Gwen no se sentía a gusto allí; la personalidad de Yoko era demasiado adusta como para que pudiera estarlo. En realidad, en un primer momento había pensado que trabajar como colaboradora sería diferente. Y es que estaba la mayor parte del tiempo sola, limitándose a poner cosas en los sitios que Yoko le indicaba y sin que ella ni siquiera le contara acerca del significado de la obra, o de los happenings que pretendía hacer con aquellos objetos. Podría decirse que, con todo, aquello le había decepcionado bastante.

Y fue entonces cuando Gwen tomó una determinación: debía dejar aquello ya. No le llenaba para nada y además, estaba aquella insana obsesión que Yoko había adquirido con John y, obviamente, Gwen se negaba a ser un puente de acercamiento entre los dos. Ya tenía la sensación de que se había excedido a la hora de darle la dirección de su casa y en esos momentos no le apetecía que la utilizaran aún más. Porque así era precisamente como se sentía: utilizada a más no poder.

-Oye, Yoko.-dijo de repente, casi sin pensarlo.-Debo hablar contigo.

La japonesa se volvió hacia ella dudosa, sin saber muy bien a qué venía aquella interrupción.

-No voy a poder seguir colaborando contigo.-continuó Gwen al ver que Yoko no pensaba decir nada, lanzando la noticia directa,a bocajarro.

-¿Y por qué?

-He estado haciendo un esfuerzo extra para venir aquí, pero no puedo rendir en todo.-contestó.-Espero que no te moleste.

-No. Claro que no.-dijo Yoko, aunque era evidente que a juzgar por su sonrisa estaba mintiendo.-No creí que aguantaras tanto.

Gwen hizo caso omiso a aquel comentario que evidentemente había lanzado para herirle y esbozó una sonrisilla inocente. Después, sin más, se dirigió hacia la percha que había al lado de la puerta y, a la vez que agarraba su chaqueta y su bolso, dijo:

-Ha sido un placer trabajar contigo, Yoko. George y yo intentaremos venir a la inauguración. Nos veremos ese día.

Y después, sin más, salió de allí luciendo una inmensa sonrisa en los labios.

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John corrió a descolgar el teléfono que sonaba insistente en el comedor.

-¿Sí?

-Hola John, soy Brian.

-¡Hola Eppie! ¿Qué? ¿Ya llamas para darnos trabajo?

-En realidad no te buscaba a ti…-le respondió el hombre en tono sombrío.-Más bien buscaba a Christine.

-¿A Christie?-se extrañó John.-¿Y para qué si puede saberse?

Brian soltó un suspiro antes de contestar, cosa que aún hizo que John se intrigara aún más.

-Vale, John, veamos.-dijo Brian finalmente.-The Guardian, en la edición de ayer. Publicaron la respuesta que tu novia había enviado a uno de los columnistas habituales del diario.

-Ah, sí…-rió John.-No me digas que vas a meterle un sermón… Si es para eso, no te la paso.

-Pues no le metí el sermón ayer cuando salió publicado porque no me he enterado hasta hoy.-le contestó Brian.-Pero creo que después de lo que acaba de ocurrir, más que meterle un sermón debería de darle la enhorabuena.

-Oye, Eppie…-masculló John contrariado.-No tengo ni puta idea de lo que estás diciendo, así que haz el favor de explicarme las cosas.

-Verás John, acabo de recibir una llamada del director del periódico preguntando por ella.-le aclaró Brian.-Al parecer desde que apareció su respuesta publicada tienen la redacción colapsada de cartas que dan su apoyo a Chris.  Encima, como firmó con su nombre real, la gente la ha identificado enseguida como tu pareja y la hermana de Paul, por lo que aún ha generado más expectación si cabe.

John soltó una risotada divertido a más no poder con lo que Brian le estaba contando. Además, para que negarlo, sentía hasta cierto orgullo por aquel hecho. La gente apoyaba sus ideas y aquello era bueno, más que bueno, genial.

-Si es que mi chica es muy locuaz cuando quiere.-bromeó.

-Espera, aún hay más.-le interrumpió Brian.-Para lo que realmente me ha llamado el director es para que me pusiera en contacto con ella y le diera un recado de su parte.

-¿Y qué es lo que quiere?

-Agárrate bien.-respondió Brian divertido.-Lo que quiere es ofrecerle un puesto como columnista habitual en el periódico.

-¿Qué?-casi exclamó John, que aún no había asimilado aquella noticia del todo.

-Como lo oyes.-rió Brian.-Al parecer esta vez sus jueguecitos le han dado buenos resultados. Venga, llámala y se lo digo.

-Un segundo.-respondió John dejando el auricular del teléfono sobre la mesa.-Ahora te la traigo.

John salió casi corriendo del comedor y se encaminó hacia su habitación, donde minutos antes se había dejado a Chris revolviendo el armario en busca de una chaqueta que no era capaz de encontrar por ningún sitio.

-Pequeña, te buscan al teléfono.-dijo luciendo una enorme sonrisa a la vez que se asomaba por la puerta.

-¿Quién es?-preguntó ella con cara de pocos amigos a la vez que seguía con su ardua tarea de sacar ropa del armario y amontonarla encima de la cama.

-Brian.-sonrió él.-Creo que tiene buenas noticias.

La chica paró momentáneamente con lo que estaba haciendo y se giró para mirarlo, extrañada.

-¿Buenas noticias? ¿Qué es?

-Algo relacionado con lo que ayer te publicaron en The Guardian.

-¿Sobre eso? ¿Pero qué…?

-No seas impaciente, ve al teléfono y verás.-sonrió él divertido por aquel juego de marear la perdiz ante ella.

La chica, intrigada, salió de la habitación y se fue al comedor. John la siguió de cerca, con las manos en los bolsillos y sonriendo. Cuando ella entró en el comedor, él se apoyó sobre e marco de la puerta y se encendió un cigarrillo, a la espera de ver la reacción de Chris cuando Brian le dijera aquello que le acababa de decir a él.

-Hola Brian.-saludó ella.-John me ha dicho… Ah… Sí, sí, claro que sí… ¿Qué? ¿Te ha llamado?... ¿Qué cómo?... ¿En serio?... ¡Joder!... ¡Pues claro que sí!

Cuando Christine colgó el teléfono, John no pudo reprimir una carcajada. Y es que, la cara de la chica era épica, digna de un cuadro.

-Enhorabuena, columnista.-sonrió John.

-¡Johnny!-exclamó ella loca de alegría a la vez que se abalanzaba sobre él y le daba un abrazo.-¡Me ofrecen un puesto!

-Sí, lo sé, lo sé…-rió él antes de plantarle un beso en los labios sin poder dejar de sonreír ni un solo segundo.

-¡Es genial!-exclamó ella riendo.-¡Jamás pensé que…!

-Pero así ha sido.-sonrió él.-Parece que estás de suerte. ¿Qué te ha dicho?

-Que si me interesa me presente esta tarde en la redacción.-contestó ella luciendo una enorme sonrisa en la cara.-Y que me dirán ya todo lo que tengo que hacer para empezar cuanto antes.

-¡Genial!-exclamó él contento.-Me alegro mucho por ti. Te lo mereces.

Y antes incluso de que a ella le diera tiempo tan siquiera a contestar, John selló sus labios con un intenso beso.  Y es que, noticias como aquella, merecían ser celebradas por todo lo alto.




Bueno chicas! Aquí yo después de mil años! LO SIENTO, LO SIENTO, LO SIENTO! Llevo dos semanas sin actualizar (en realidad un poco más) y la verdad es que no tengo excusa ninguna. Simplemente es que estaba como muy vaga, no tenía ganas de ponerme a escribir. Y si a eso le unes que he estado en plan lector devoralibros que enganchan, pues os podéis imaginar… Lo único que me sabe mal es que después de la espera, os haya dado este capi tan flojillo. Pero bueno, era necesario ponerlo y dentro de la mierdecilla que es, espero que no os haya desagradado del todo. Infinitas gracias de nuevo a mis “comentaristas” (me mola esta palabra, jejeje) de siempre (mi Mary particular, la Citla de mi vida, Viridiana y mi Anónimo del alma)  y a tod@s los que estáis ahí leyendo por placer esta cosa ;)
Y bueno, después de la espera, creo que os debo una primicia sobre el otro capi… Chicas, chicos, niños y niñas: id preparando vuestras mejores galas porque nos vamos de boda, jajaja.

Muchas gracias por estar ahí y cientos de besos! Muaaaaaaak!