miércoles, 21 de septiembre de 2011

Capítulo 9: Miedos


Paul estaba  muy enfadado, extremadamente irritado. Lo que acababa de escuchar de boca de John le había dejado de piedra, aunque a decir verdad tampoco se había sorprendido del todo. Y es que, desde hacía días, la actitud de su amigo ya le había hecho sospechar algunas cosas.

Observó como el coche de John emprendía el camino que llevaba hacia la carretera principal. Notó que George lo tenía agarrado del brazo todavía y se zafó de él con un gesto brusco. Después de esto, le dirigió una mirada severa a su hermana, que todavía permanecía allí plantada mirándolo con los ojos muy abiertos y blanca como la cera.

-Entra dentro.-le ordenó secamente.

Para su sorpresa, Christine bajó la cabeza y se dirigió hacia la puerta, dócil como nunca en su vida lo había sido. La chica pasó por su lado sin mirarles ni a George ni a él y entró en la casa. Paul la siguió. Tenía que hablar con ella muy seriamente.

*******

Mary entró en la cocina con la intención de buscar algo de hielo. No quedaba ya en el salón y no soportaba la bebida caliente. Estaba mirando en el interior del congelador cuando oyó como alguien entraba en la cocina.

-Así que estás aquí...

Mary se giró sorprendida. A la última persona de toda la fiesta que esperaba ver allí en esos momentos era a Mel, que todavía permanecía cerca de la puerta de la cocina y la miraba con una sonrisilla falsa.

-Sí.-respondió ella mientras ponía unos cuantos cubitos de hielo en una cubitera.-Aquí estoy. Pero ya me voy, tranquila.

-No tan rápido.

Mary se quedó de piedra. ¿Acaso “la groupie de mierda” le estaba dando órdenes?

-Mira, yo no sé cómo te las has apañado, bonita.-continuó Mel en tono despectivo antes de que ella pudiera responder.-Pero te advierto por tu bien... Será mucho mejor que te alejes de él...

-¿De quién se supone que me tengo que alejar?-le replicó Mary en tono desafiante. Si la pija rubia aquella pensaba que iba a amilanarla con una vulgar amenaza, la llevaba clara.

-No te hagas la tonta, sabes muy bien de quién hablo.-respondió Mel.- ¿Sabes? Los chicos como él no están hechos para estar con chiquillas como tú...

La rabia de Mary iba creciendo por segundos... ¿Qué se había creído aquella cretina teñida?

-Y para estar con gente como tú supongo que sí, ¿no?-le dijo ella finalmente.-No me hagas reír...

-Mira, yo sólo te advierto...-el tono de Mel ya no era tan brusco como el de hacía unos segundos, pero continuaba igual de amenazante.-Al fin y al cabo tú no eres más un juego para él... Alguien con quién entretenerse mientras está en Liverpool... Créeme: cuando te haya llevado a la cama perderá todo su interés en ti...

Y dicho esto, Mel dio media vuelta y salió de la cocina antes de que Mary ni siquiera pudiera articular ni una palabra de respuesta.

********

John giró con un gesto brusco y paró el Mini en el arcén de la carretera. Sabía que si no paraba, con todo lo que estaba pasando en esos momentos por su mente, acabaría matándose con el coche antes de llegar a Liverpool.

Bajó y dio una patada a la rueda, rabioso. ¿Por qué Paul había tenido que enterarse? La primera reacción que había tenido su amigo no había sido nada buena... De hecho, si George no lo hubiera detenido, estaba seguro de que se hubiera tirado encima de él para golpearle.

-¡Mierda! ¡Joder!-gritó a la nada.

¿Por qué tenía que ser ella? ¡Era la hermana de Paul! Pero le daba igual quién fuera... Y es que no se la podía sacar de la cabeza. Sentía algo muy fuerte hacia esa chica y era inútil ignorarlo...

Intentó calmarse y poner en orden sus ideas. Con un suspiro, apoyó su espalda sobre el tronco de un árbol y se dejó caer al suelo pesadamente. Estuvo unos segundos así, intentando en vano dejar la mente en blanco y, después, hurgó entre los bolsillos de su pantalón en busca de su pitillera. La abrió y comprobó casi con alivio que todavía tenía allí un par de porros que se había liado el día anterior. Sacó uno y le prendió fuego. Necesitaba tranquilizarse y aquello le ayudaría.

Dándole una profunda calada a su porro volvió a pensar en lo que había pasado el día anterior, sobre todo en la reacción de Chris... Y es que ella, en un primer momento, le había respondido a aquel beso como nunca nadie lo había hecho antes y eso, estaba seguro, significaba algo.

Después, casi inmediatamente, le vino a la mente la imagen de Paul mirándole con odio y se estremeció. Habían discutido los dos cientos de veces, pero jamás, nunca antes, había visto a Paul mirarle de esa manera. Debería hablar con él. No quería perder a su amigo... pero tampoco estaba dispuesto a renunciar a Christine.

*******

Chris cerró la puerta de la habitación que le habían asignado tras de sí. Era plenamente consciente de que Paul la seguía a escasos metros de distancia y cuando él hacía eso sólo significaba que quería hablar con ella. Aun así, la chica decidió cerrar como si la simple madera de la puerta la pudiera aislar del mundo. Se sentía tan mal por todo... Y ahora, lo último que le apetecía en este mundo era tener que soportar a un Paul fuera de sus casillas. Sólo quería estar sola y pensar.

Pero sus deseos no se cumplieron. No habían transcurrido ni veinte segundos desde que había cerrado la puerta cuando su hermano irrumpió en la habitación.

-¿No te han dicho nunca que se llama antes de entrar?-refunfuñó ella de cara a la ventana. Estaba de espaldas a su hermano y sentía su mirada clavada en la nuca.

-¿Se puede saber qué está pasando?-preguntó él ignorándola. Estaba agitado y había levantado la voz más de la cuenta.

Christine suspiró.

-Tengo entendido que ya lo has oído.-dijo al fin intentando en vano disimular como le temblaba la voz.

-Pero tú... pero tú...-empezó a decir Paul nervioso.-¡Gírate y mírame, joder!

Christine sintió de nuevo unas ganas tremendas de echarse a llorar. Jamás había soportado que Paul le gritara y eso, unido a todo el lío que tenía en aquellos momentos, hacía que la situación la superase. Haciendo acopio de todas sus fuerzas se giró y miró a Paul. Pocas veces en su vida lo había visto así de enfadado con ella.

-¿Es que te has vuelto loca?-preguntó él casi a gritos.

-¡Yo no he hecho nada, joder!-le cortó ella con un grito al borde de un ataque de histeria. En esos momentos Paul la estaba culpando de algo que jamás había buscado y eso la indignaba.

-¿Qué no has hecho nada?-gritó Paul-¡Besaste a John!

-¡Yo no le besé! ¡Él me besó a mí!-le contestó ella notando como sus ojos se llenaban de lágrimas de pura rabia.

-¡Oh, lo que faltaba!-replicó Paul cuando la vio.-¡Ahora ponte a llorar si te parece! ¡Joder!

Christine no contestó, simplemente se limitó a apretar fuertemente la mandíbula intentando controlarse para no saltar encima de Paul y darle una bofetada.

-¡Da igual quién besara a quién!-continuó Paul completamente fuera de sí.-¡No te creas que no me he dado cuenta! ¡Lleváis toda la puta semana tonteando!

-¡Yo no he tonteado con nadie, gilipollas!

-¡A mí no me insultes!-le cortó Paul nervioso-¡No se te ocurra llamarme gilipollas sólo porque te digo la verdad! ¿Qué pasa? ¿Que no te gusta oírla? ¡Pues es cierto, joder! ¡Y por si no lo sabes John está casado! ¡Y tiene un hijo! ¿Qué clase de persona eres, eh?

Christine miró a su hermano sorprendida cuando escuchó aquella última frase. Jamás hubiera esperado que Paul fuera así de injusto con ella. Y encima la acusaba de... Eso era demasiado para ella. El chico se quedó mirándola también y entonces pareció tomar consciencia de lo que había dicho.

-Mierda...-dijo ahora sin gritar.-Joder... No quería decir eso, Christie... ¡Joder!

-No querías pero lo has dicho.-le cortó ella intentando controlar el temblor de su voz.-¿Y sabes qué significa eso? Que lo piensas. Crees que soy una puta por algo que no he hecho, ¿es eso?

-No tergiverses las cosas...-contestó él.-Yo no he dicho eso. Ni tampoco lo pienso, ni de lejos... Sólo quiero hacerte ver que John...

-Llévame a casa.-le cortó ella secamente. No estaba dispuesta a aguantar un segundo más entre aquellas cuatro paredes y menos con su hermano allí dentro. Sólo quería estar sola, echarse en su cama y llorar si hacía falta hasta quedarse dormida.

Paul soltó un suspiro antes de contestar.

-No puedo conducir ahora, Chris...

La chica le miró. Sí, Paul parecía bastante borracho en esos momentos como para llevarla a casa en coche. Borracho y enfadado, una combinación letal. Decidió no insistir y, pasando por su lado sin ni siquiera mirarle, se dejó caer boca abajo sobre la cama de la habitación y se puso a llorar como una niña.

Se mantuvo así durante unos minutos, quizás segundos, que se le hicieron interminables hasta que notó como Paul se sentaba a su lado en la cama.

-Oye...-le dijo el chico casi en un susurro.-Escucha... No llores, venga...

Christine no le hizo caso, más que nada porque en aquellos momentos se sentía incapaz de parar. Notó como Paul le acariciaba suavemente el pelo.

-Mira, yo... Yo no quería decir eso, no con esa intención...-continuó él.-No quiero que pienses eso tampoco... ¿Sabes? El matrimonio de John hace ya tiempo que está acabado...-cogió aire antes de continuar.-Venga, Christie, deja de llorar y mírame...

La chica ahogó un sollozo en la almohada y giró la cara lentamente.

-Tienes un aspecto terrible.-le dijo Paul con una sonrisa mientras la ayudaba a incorporarse sobre la cama.

Christine esbozó una sonrisa. Sabía que Paul tenía razón: se notaba los ojos y los labios hinchados.

-Tú tampoco creas que estás mucho mejor...-bromeó ella mientras se secaba las lágrimas con la palma de la mano.

-¿Bromeas? Yo siempre estoy guapo...-dijo al fin sin perder la sonrisa.

Christine soltó una risita entre dientes.

-Ven aquí, tonta...-le dijo Paul al cabo de unos segundos mientras la abrazaba.-Ahora cuéntame qué es lo que pasó en realidad...

Christine dudó unos instantes. No sabía muy bien si debía contárselo a Paul o no. Al fin y al cabo hasta hacía sólo unos minutos había estado hecho una furia por ese motivo.

-Prometo no comportarme como un energúmeno.

Christine levantó la vista y lo miró con una sonrisa. Una vez más, había adivinado lo que estaba pensando.

********

-¡Joder, George!-dijo Ringo acercándose hacia él.-¿Dónde os habéis metido todo el mundo? A Mary la estoy buscando por todos los sitios y a John y a Paul parece que se los haya tragado la tierra... Oye... ¿A qué viene esa cara?

George era consciente de que no podía ocultar su gesto taciturno, cosa muy poco habitual en él, y, obviamente, Ringo se había dado cuenta de eso.

-Oye, Rich...-le dijo fijando su vista en el whisky que llevaba su amigo en la mano.-¿Por qué no me pones uno de esos, nos sentamos en aquel sofá del fondo y te explico una cosa?

Ringo levantó una ceja extrañado.

-Mejor te tomas éste que llevo yo aquí y me explicas eso que me tienes que explicar aquí mismo.-le contestó poniéndole su vaso en la mano.

-Pues si no te quieres sentar...-dijo George dando un largo sorbo al whisky de Ringo.-Mejor salgamos fuera, no quiero que nadie se entere de lo que te voy a contar.

********

Paul cerró la puerta de la habitación de su hermana suavemente tras de sí. Finalmente, después de que le contara brevemente lo ocurrido el día anterior y de estar charlando un rato, la chica se había quedado dormida. Él había permanecido allí un buen rato, sentado en el borde de la cama con la cabeza apoyada en las manos, pensativo.

Pese a que había conseguido serenarse, su indignación contra John no había disminuido lo más mínimo. Conocía demasiado bien a su amigo y sabía que si algo se le metía entre ceja y ceja no cesaba en su empeño hasta conseguirlo. No obstante, esa vez no iba a permitir que fuera así. Se trataba de su hermana y no iba a dejar que jugara con ella como lo hacía con las otras chicas. Si le hacía daño tendría que vérselas con él y le daba igual todo.

Iba sumido en estos pensamientos, dispuesto a bajar de nuevo al salón con el resto de la gente, cuando la vio allí, sentada en uno de los peldaños de la escalera, sola, en silencio y con la mirada perdida.

-¿Mary?-preguntó Paul acercándose.

La chica volvió su rostro y le miró, esbozando una leve sonrisa. No obstante, se notaba a la legua que la cosa no iba bien.

-Hola Paul.-saludó ella con voz débil.

-¿Te pasa algo?

Mary negó con la cabeza.

-No creo que me puedas ayudar...-murmuró al fin.

-Una noche de mierda, supongo.-sentenció Paul mirándola fijamente.-La mía también lo ha sido, si te sirve de consuelo. No sabes los problemas que te quitas de encima al ser hija única...

Mary volvió a girarse y le dedicó una mirada extrañada.

-¿Problemas con Chris?-inquirió.

-Bueno, podríamos decir que sí...-respondió él encogiéndose de hombros.-Pero creo que el problema principal no radica en ella...

-Creo que sé de qué me hablas... –murmuró Mary mirándole fijamente.

-¿Sabes lo de John?-preguntó él extrañado.

Mary asintió. Paul lanzó un suspiro. Obvio, las chicas solían contarse todo entre ellas.

-Pues bueno...-dijo finalmente volviendo a fijarse en la mirada triste de la chica.-Ahora tú ya sabes el motivo de mi noche de mierda... ¿Puedo saber cuál es el tuyo?

Mary sonrió amargamente antes de responder.

-Eres un cotilla...

-Lo sé. Me lo dicen a todas horas.-bromeó Paul sentándose a su lado y sacando la cajetilla de tabaco de su bolsillo.-¿Fumas?

-No, gracias.-respondió la chica.

-Pues yo si me permites sí voy a hacerlo... Necesito fumar, cosas de las noches asquerosas.-rió.-En serio, si te puedo ayudar en algo, dímelo.

Mary permaneció callada durante unos segundos. Paul le dio un par de caladas a su cigarrillo antes de hacer ademán de levantarse. Al parecer la chica estaba mejor sola...

-Paul...-dijo ella de repente cuando vio que él estaba a punto de levantarse.-Me gustaría preguntarte una cosa...

-Por supuesto, lo que tú quieras...-respondió mirándola.

-Verás...-empezó Mary. Evidentemente se le estaba haciendo bastante duro hablar con él.-¿Tú crees que Ringo...?

La chica bajó la mirada antes de acabar la frase. Paul permaneció unos segundos en silencio, pero al ver que Mary no iba a decir nada más, decidió hablar él.

-¿Qué ha pasado? ¿Has discutido con él?

Mary negó con la cabeza.

-¿Y entonces a qué viene esa cara?-se extrañó Paul.-Si lo que quieres preguntar es lo que yo me imagino... Mira, sólo te digo que nunca antes había visto a Ringo así con nadie...

La chica levantó le miró de nuevo.

-He hablado con Mel y...

-¿Con esa zorra?-le cortó Paul poniendo cara de asco.- Ahora entiendo porqué estás así... Seguro que te ha dicho un montón de tonterías.

-Pero puede que no sean tonterías...-murmuró la chica con voz débil.-Hace tan poco que nos conocemos...

-No sé lo que te ha dicho ésa sobre Ringo...-respondió Paul después de darle una calada a su cigarrillo.-Pero no le hagas ni puto caso, ¿me oyes? A ésa lo único que le pasa es que está rabiosa porque has llegado tú y Rich te ha presentado como su novia oficial...

Mary volvió a bajar la mirada y permaneció así, pensativa, durante unos segundos.

-Supongo que es eso...-dijo ella al fin.-¿Pero por qué se pone así? ¿Acaso ella y Rich..?

-¿Pero qué dices?-respondió Paul antes de que ella pudiera acabar de formular la pregunta.-No, por supuesto que no. Si te ha dicho lo contrario es mentira, te lo aseguro.

-No, no me ha dicho nada de eso...-continuó Mary.-Era cosa mía y simplemente quería saberlo.

-Pues ahora ya lo sabes.-sentenció Paul poniéndose de pie.-¿Te apetece bajar un rato? Supongo que debes tener a nuestro Ringo en ascuas a punto de organizar una batida para buscarte...

Mary soltó una risita ahogada mientras se levantaba también. Todavía hacía cara de no estar para muchas fiestas pero al menos se la veía más animada. Paul empezó a bajar los peldaños de las escaleras, seguido por Mary, y se le escapó una sonrisilla amarga en cuando lo pensó. Sólo había tres chicas en la casa y una estaba loca, otra durmiendo después de pasarse media noche llorando como una niña y la tercera estaba hecha un mar de dudas por algo que una desconocida le había dicho... Definitivamente, la situación no era como para ponerse a tirar cohetes.

*******

-Joder...-murmuró Ringo entrando de nuevo en la casa detrás de George.-Todavía no me lo puedo creer... Lo va a matar...

-Y lo peor es que tú y yo estamos en medio.-dijo George seriamente.

Pero Ringo no contestó. En esos momentos estaba mirando a Mary, que bajaba por las escaleras detrás de un Paul que parecía menos irritado de lo que creía.

-¡Mary!-exclamó.-¡Te he buscado por todas partes!

La chica bajó las escaleras con una sonrisa que a Ringo le resultó sospechosamente fingida. ¿Qué le pasaba? Había bajado junto con Paul, así que podría ser algo relacionado con lo que le acababa de contar George acerca de Christine y John.

-Bueno, yo voy dentro con los demás.-dijo Paul lanzándoles una mirada que lo decía todo. El hecho de verles entrar en la casa a los dos solos hacía muy evidente que George se lo había contado a Ringo ya.-¿Vienes, George?

Ringo levantó una ceja, extrañado. Era bastante raro que Paul le hiciera la invitación sólo a George. Miró preocupado a su amigo. Quizás a Paul no le había sentado muy bien que le contara lo que habían visto hacía un rato.

-Sí, claro.-contestó George con una sonrisa forzada. Al parecer él también se temía lo mismo que Ringo.

Ringo se quedó allí junto con Mary, viendo como Paul y George entraban en el salón. Una vez los perdió de vista, se giró hacia ella y le dio un fugaz beso en los labios que pilló a Mary por sorpresa.

-¿Ocurre algo?-preguntó extrañado a la vez que la agarraba por la cintura. El rostro de la chica lo decía todo. Algo no iba bien.

-No...-musitó ella con una media sonrisa y abrazándose a él.

Ringo soltó un suspiro y le dio un beso en el pelo. Si no quería hablar no iba a presionarla. Seguramente tarde o temprano acabaría enterándose de lo que le pasaba a su novia.

*********

John se dejó caer pesadamente sobre el sillón de su casa. Habían pasado horas desde que había llegado a Liverpool. No obstante, había alargado el momento de volver a casa lo máximo posible. Esta vez no hubo ni bares, ni alcohol, ni compañía. Simplemente se había limitado a sentarse en el muelle, solitario por las noches, y mirar el río Mersey durante horas, mientras fumaba un cigarrillo tras otro y aguantaba estoicamente el frío húmedo de la ciudad por la noche.

Acababa de cerrar los ojos cuando unos pasos en la escalera le sacaron de su ensimismamiento.

-Hola.

John abrió los ojos y vio allí a Cyn, apoyada sobre el marco de la puerta del salón, mirándole fijamente. A juzgar por su expresión, esta vez venía en son de paz.

-Hola.-le respondió él con voz débil.-Siento haberte molestado.

-Estaba despierta de antes, tranquilo.-su esposa se acercó hacia él y se sentó en una silla cercana.-A juzgar por tu cara, veo que hoy la fiesta no ha sido muy animada.

John sonrió. Le gustaba cuando Cyn y él hablaban como simples amigos. Y eso, pensó con amargura, era precisamente lo que eran: sólo un par de amigos y a veces ni eso.

-No, no lo ha sido.-respondió con una sonrisa amarga.

Le dolía pensar en lo que había pasado y más con su mujer al lado. Había tenido cientos de aventuras y jamás se había inmutado ni lo más mínimo delante de Cyn. No obstante, esa vez era completamente diferente y no sabía por qué, más cuando todavía no había pasado nada aparte de un simple beso.

-Oye, John...-murmuró ella al cabo de unos segundos fijando la vista en el suelo.-He estado pensando mucho y... Creo que deberíamos hacer algo con lo nuestro. No estamos bien, ya lo sabes.

John se quedó mirándola fijamente. Él también creía que debían hacer algo con su matrimonio, pero ese algo no era lo mismo a lo que se estaba refiriendo Cynthia en aquellos instantes.

-No creo que haya mucho más que podamos hacer.-contestó él en voz baja.- Esto hace ya tiempo que no...

-¿Qué no qué?-preguntó ella mirándole a los ojos.-¿Qué no funciona? Lo sé, John, lo sé... Pero yo no estoy dispuesta a tirarlo todo por la borda... ¿Qué pasa con Julian, eh?

John soltó un suspiro antes de contestar.

-¿Y crees que Jules será muy feliz si nos ve discutir a todas horas, Cyn?

-Justamente es eso lo que quiero evitar...-dijo ella en tono suplicante.-No quiero estar así, John.

-Yo tampoco disfruto con esto.-le replicó él inclinándose hacia delante.-Pero lo intentamos, Cyn, y no podemos evitarlo. Somos... no sé. Somos demasiado diferentes...

Cynthia soltó un suspiró y se levantó de la silla.

-Me voy a dormir.-dijo ella con una sonrisa amarga.-Porque tengo la impresión de que con esta conversación no vamos a llegar a ningún lado.

*******

Aún quedaba gente por el salón, ahora ya sin música. Entre ellos estaban Paul, extremadamente taciturno, y George, que no osaba a dejarse solo a su amigo por si las moscas. No obstante, la mayoría de gente ya había ido retirándose a sus habitaciones y Mary y Ringo eran de esos.

Buscaron la habitación en la que supuestamente les había dejado Mal las cosas cuando habían llegado y entraron. Era una inmensa estancia con una cama acorde con las proporciones del lugar. A Mary le hubiera parecido una habitación preciosa si hubiera ido sola. El hecho de ver aquella única cama enorme, con un Ringo excesivamente cariñoso agarrándola de la mano le hizo entrar un pánico irracional. Y es que, en su cabeza, empezaron a resonar de nuevo las palabras de Mel: “cuando te haya llevado a la cama perderá todo su interés en ti.”

-¿Entramos? ¿O nos vamos a quedar aquí en la puerta toda la noche?-le preguntó Ringo divertido mientras entraba delante de ella y le tiraba de la mano para que le siguiera.

Mary tragó saliva y dibujó una sonrisita fingida en su cara a la vez que entraba. Ringo, al parecer, no se dio cuenta de su expresión y la empujó hacia él. Casi en el mismo movimiento, cerró la puerta de la habitación con la punta del pie y le dio un beso que la chica notó mucho más apasionado e intenso de lo habitual. Mary cerró los ojos e intentó dejarse llevar por el momento mientras Ringo la conducía hacia la cama, sin parar ni un solo momento de besarla. Y entonces Mary, pese a todo, volvió a sentir aquella horrible sensación de hacía unos segundos y paró de besarle.

-¿Qué pasa?-preguntó él con voz ronca a escasos centímetros de su boca.

Mary se apretó fuerte a él, intentando con ese gesto acabar con aquel miedo, pero no pudo. Ringo pareció leerle el pensamiento y permaneció quieto, abrazándola mientras le acariciaba suavemente la espalda.

-Oye, cariño...-dijo al cabo de unos segundos en un susurro.-No tenemos porqué hacer nada si tú no estás segura...

Mary levantó la mirada y se encontró con sus ojos azules.

-Pero tú sí que quieres...-balbuceó al cabo de unos instantes sin saber muy bien porqué decía eso.

Ringo soltó una risita entre dientes.

-Eso es evidente.-respondió él divertido.

Mary se puso roja cuando lo notó. Estaban muy pegados el uno al otro y aunque, parecía mentira, hasta ese momento ni siquiera se había dado cuenta. Ringo la miró y volvió a soltar una risita.

-Aunque en estos momentos parezca que no...-continuó él con una sonrisa.-Puedo esperar tanto como quieras.

El chico le dio un beso, ahora mucho más dulce y calmado que los de hacía unos segundos, antes de separarse de ella.

-¿Dormimos un poco?-preguntó él mientras se tumbaba en la cama.-Estoy molido.

Mary sonrió y se tumbó también a su lado.

-Buenas noches, princesa.-susurró él mientras la abrazaba.

Mary le respondió con un beso y cerró los ojos.

Y en ese instante, allí, abrazada a él y tranquila, sintió como todos los miedos de hacía unos instantes se evaporaban como si nada. Lo quería. Lo quería con todas sus fuerzas y no le importaba en absoluto ni lo que dijera ni pensara nadie.



Hola! Cómo estáis? Yo cabreada conmigo misma por el poco sentido común que tengo... Y es que de aquí a menos de cinco horas me tengo que levantar y aquí me tenéis, publicando el número 9, jajajaja. En fin, primero, creo que os debo una minidisculpa por tardar así en actualizar, pero tengo coartada. Ya sabéis que los inicios de curso... Pues eso, que cuesta un pelín de arrancar y he andado como bastante liada. Y si a eso le unes el bloqueo que me he pegado con este capítulo hasta ayer por la tarde... Sabía qué pasaría pero no como plasmarlo... Un rollazo, vamos.
Y una cosita a mi Mary particular, que te he metido la frase estrella de mi peli favorita, "La vida es bella" . Eso sí, que Ringo ha cambiado el "Buenos días, princesa" por el "Buenas noches", jajajaja. No sé, yo me lo veo así de dulzón a nuestro Ringus.
En fin, que espero que os haya gustado y, como siempre, gracias por leer y por decirme esas cosas tan rebonitas que me decís. :)
Saludos y hasta pronto! 

jueves, 15 de septiembre de 2011

Capítulo 8: La "acampada"

Era sábado por la mañana y Christine aporreaba, más que tocaba, el piano del comedor con rabia.

-¿Qué te pasa, hija?

La chica levantó la cabeza y se encontró con la mirada extrañada de su padre, que en esos momentos estaba apoyado en la puerta.

-Nada.-contestó ella decidida.

-Ese nada no me convence...-murmuró el hombre.

Jim se acercó a ella y se sentó también al piano, a su lado.

-No me pasa nada, papá.-dijo ella acariciando ahora las teclas sin que ni siquiera llegaran a sonar.-Es en serio.

El hombre rió y empezó a tocar distraído unas notas antes de hablar.

-Yo creo que sí te pasa algo. No creas que no me he dado cuenta de lo rara que estás. Y tu hermano Paul para qué hablar... ¿Os habéis peleado?

-No, papá.-contestó ella paciente aunque las preguntas de su padre estaban empezando a ponerla de los nervios. Obviamente no iba a contarle absolutamente nada de lo que había pasado el día anterior. Por no saber, Jim ni siquiera sabía que era su hermano el que había acabado llevándola a la universidad a media mañana.-No me pasa nada con Paul...

En esos momentos, Mike entró en el salón. Christine le lanzó una mirada suplicante para que le librase de su padre, pero el chico ni siquiera se dio cuenta y se dejó caer pesadamente en el sofá.

-Mike...-rió ella intentando evadir la situación.-Un día de estos vas a romper el sofá.

-Pues compraré otro.-respondió él encogiéndose de hombros y abriendo su libro. Era obvio que no iba a entablar ninguna conversación.

Christine se volvió a girar cara al piano y puso atención en la melodía que estaba tocando su padre. La había escuchado cientos de veces desde que era una niña... Instintivamente se puso a tocar ella también. Su padre le dedicó una sonrisa y continuaron tocando así, en silencio, hasta que acabó la canción. Nada más tocar las notas finales, Jim se echó la mano al bolsillo y sacó un cigarrillo de su pitillera.

-Mira, hija.-le dijo al fin encendiéndose el cigarrillo a la vez que se ponía de pie.-Yo ya sé que no soy mamá y que siendo una chica no te sientas cómoda hablando de tus cosas con un viejo como yo... Pero quiero que sepas que puedes contar conmigo y que siempre me vas a tener ahí.

Por toda respuesta, Christine le dedicó una sonrisa a su padre, que acto seguido, salió del comedor. La chica estuvo unos segundos mirando las teclas del piano y finalmente se decidió a salir al jardín, necesitaba aire fresco.

-Estoy fuera, Mike.

Su hermano le soltó un gruñido que pretendía ser un sí sin ni siquiera levantar la vista del libro que estaba leyendo. Christine sonrió al verlo tan concentrado y salió de allí. Se sentó en las escaleras del porche y perdió su vista en el horizonte, pensativa. Estaba hecha un lío. Lo del día anterior le había roto todos los esquemas por completo. Siempre había visto a John como si de un hermano mayor revoltoso se tratara. Había estado presente en su vida desde que no era más que una niña de diez años, siempre yendo y viniendo de su casa. Al principio había sido el chico loco, la mala compañía que durante esos primeros años había sido motivo de innumerables discusiones entre Paul y su padre. Después, cuando Jim asimiló que no iba a poder romper el lazo que había creado la música entre Paul y John, se convirtió casi en uno más de la familia. Y ahora... ¿ahora qué? ¿Quién era John para ella? No lo sabía, era todo demasiado confuso. En aquellos momentos hubiera deseado odiarle con todas sus fuerzas, pero tampoco podía hacerlo por más que se empeñara. Y es que, más que con John, estaba enfadada con ella misma por no ser capaz de aclararse. Volvió a pensar una vez más en aquel beso y de como se había dejado llevar al principio... No era capaz de reconocerse a sí misma.

-Hola.

La voz de Paul la sacó de sus pensamientos. Chris se volvió hacia él y a duras penas pudo contener una mueca de fastidio. No le apetecía hablar con nadie, menos con Paul, que la conocía tan bien que en ocasiones parecía que le leyera el pensamiento.

-¿Puedo sentarme?-preguntó él, aunque cuando acabó de formular la pregunta ya se había sentado a su lado.-Me acaba de llamar Ringo.

-Ah.

-Esta noche salimos...-continuó él haciendo caso omiso a su indiferencia.

-Bien.

-Vente.-dijo él mirándola fijamente.-Mary también vendrá.

-No me apetece mucho, la verdad...-contestó ella tragando saliva. No se esperaba que su hermano le dijera eso.-Además, creo que quedaré con Alan y Rose...

-¿No dijiste que Alan y Rose se iban a pasar este fin de semana a Blackpool?-inquirió Paul extrañado.

Christine maldijo para sus adentros, a Paul por tener tanta memoria y a ella misma por contárselo casi todo.

-Con lo rarita que estás, te hará bien salir con nosotros...-continuó Paul al ver que Christine no contestaba.

-Yo no estoy rara... –masculló ella.-Tú sí que estás raro... Hasta papá lo ha notado.

-¿Quieres que te diga una cosa?-le dijo él sonriendo.-Estás tonta... ¿no te das cuenta de que lo único que estoy es preocupado porque desde lo de ayer estás en otro planeta?

Christine calló. Si Paul creía que iba a contarle lo que en realidad le pasaba, se equivocaba de pleno.

-Y que sepas que no me creo ni una palabra de lo que me contaste...-añadió el chico, ahora serio.-Mira, si te ocurrió algo grave, deberías...

-Tonto...-le interrumpió ella con una sonrisa. Le hizo gracia verle en plan hermano protector.-No me pasó nada grave, te lo hubiera dicho.

-¿Seguro?

-¿Por qué nunca me crees a la primera?-le preguntó le preguntó ella entre irritada y divertida.

-Será porque nunca me dices la verdad a la primera...-rió Paul y, después, sin perder la sonrisa, añadió:-Venga, vente esta noche.

-Ya te he dicho que no sé si me apetece...-murmuró ella.

-Hazlo por mí.-insistió Paul.-Seguramente algún gracioso tendrá la genial idea de traer a Mel y necesito de mi hermana para que me la espante...

Christine rió ante aquello. La verdad es que sí que le apetecía ir, lo pasaba bien con ellos y si iba Mary todavía iba a estar mejor, además de que le sabía mal dejarla a ella de única chica con Mel. Sólo la presencia segura de John la echaba hacia atrás. No tenía ganas de verle después de lo del día anterior...

-Me lo pensaré.-fue al final su respuesta.

Paul sonrió de oreja a oreja y la ayudó a levantarse.

-O sea, que sí que vendrás.-dijo él divertido.

-Te he dicho que lo pensaré.

*********

Mary rebuscó entre sus discos, todavía no había decidido cuál ponerse y la verdad es que no tenía idea de qué le apetecía escuchar en realidad, así que optó por que la suerte decidiera. Cerró los ojos y pasó los dedos por encima de los discos, contó hasta diez y paró. Sacó el disco que estaba tocando y se le escapó una sonrisa divertida. A Hard Day’s Night. Era uno de sus favoritos aunque se le antojaba muy extraño, ahora que los conocía, ver a los chicos allí en la carátula del disco.  Miró la última fila de fotos, la que pertenecía a Ringo, y amplió su sonrisa. Siempre le había caído simpático aquel chico, bastante más que los demás, y ahora... Sin pensarlo dos veces, sacó el disco, lo puso en su tocadiscos y se dejó caer en la cama a la vez que sonaban los primeros compases de A Hard Day’s Night. Se le hizo raro escucharlos como antes, aunque le provocaba una sensación agradable...

-¡Mary!-gritó su madre desde abajo.

La chica se levantó de su cama dando un bufido de fastidio por aquella interrupción.

-¡¿Qué?!-preguntó asomando su cabeza por la puerta de la habitación.

-¡Te llaman por teléfono!-dijo la mujer.-¡Tu amiga Christine!

Mary bajó las escaleras rápido y agarró el auricular.

-Hola, Chris. ¿Cómo estás?-preguntó con toda la intención.

-Bien, Mary, bien... Mejor y decidida a pasar de todo.-le respondió ella.

Mary se alegró. Al menos hoy el tono de voz de Christie no era el del día anterior, parecía mucho más animada.

-No me habías dicho que hoy salías con los chicos...-continuó Christine jovialmente.

-Ah, no...-respondió Mary.-Quería pedirte que me acompañaras pero... Después de lo que me contaste ayer... No me atreví.

-Hiciste bien... Te hubiera dado un tajante no por respuesta...-dijo.-Pero bueno... Creo que he cambiado de opinión...

-¿Vienes?-dijo ella sorprendida pero contenta a la vez.

-No me queda otra.-rió Christine.-Paul está pesado y tendré que hacer que calle...

-¿Pero viene...?

-Supongo que sí...-le cortó ella. Aunque intentó disimularlo, Mary notó enseguida que se había puesto seria de repente -Seguro. Pero bueno... No sé... No puedo huir de él toda la vida, ¿sabes? Al fin y al cabo cuando está en Liverpool se pasea por mi casa como si fuera suya... Además, seréis mucha gente y será fácil evitarle...

Mary no estaba segura de que Christine estuviera tan decidida como aparentaba.

-¿Estás segura?-preguntó ella.

-Completamente.-respondió ella.-Nos vemos donde quiera que nos lleven esta noche, ¿vale?

**********

Cynthia se apoyó en el marco de la puerta del baño y se quedó allí, en silencio, viendo como John acababa de arreglarse.

-Vas a salir supongo...-dijo al fin no sin cierto tono de reproche.

John la miró a través del espejo y lanzó un suspiró antes de contestar.

-Supones bien.

-¿Con quién?-inquirió ella mirándolo duramente.

-Los de siempre.-contestó él secamente. No le apetecía dar ninguna explicación, aunque mucho se temía que aquella conversación acabaría alargándose más de la cuenta.

-¿Y los de siempre son más importantes que tu propio hijo, John?

John respiró hondo... Aquello estaba yendo por mal camino y él notaba como estaba perdiendo los nervios.

-¿Pero qué dices?-preguntó al fin girándose bruscamente. No quería hacerlo, pero notaba como estaba levantando la voz más de la cuenta.-¿Insinúas que Julian no me importa?

-Sólo digo lo que veo.-contestó ella sin perder la calma, aunque con un tono tan cortante como un cuchillo afilado.

-¡Joder, Cyn!-gritó dando un fuerte golpe contra la pared.-¡Déjame respirar!

-¿Respirar?-ella ahora también subió la voz.-Dime... ¿cuántos meses completos al año pasas con nosotros, eh? ¿Tres? ¿No respiras lo suficiente los otros nueve meses?

-¡No me jodas Cyn! –exclamó él-¿No lo notas? ¡Me ahogo!

Cyn apretó fuertemente la mandíbula. John supo que estaba conteniéndose las lágrimas.

-Cuando alguien se ahoga dentro de una relación es porque no está cómodo...-murmuró al fin ella clavando la mirada en el suelo.

John intentó calmarse antes de contestar... Al fin y al cabo odiaba ver a Cyn llorar por su culpa y sabía que si no se controlaba acabaría así. No obstante, no quería mentirle. No una vez más.

-Dime...-dijo al fin acercándose a ella bajando la voz.-Mírame a los ojos y dime si tú estás cómoda con todo esto...

Cyntia levantó la vista y le miró.

-Pero yo...-dijo finalmente con un hilo de voz.-Te quiero.

John lanzó un suspiro. Esas dos últimas palabras le habían dolido mucho... Él no podía decir lo mismo.

-No se puede querer a alguien que te hace daño, Cyn.-sentenció al fin volviéndose a poner cara al espejo.-Piénsalo.

********

-¿Qué?-exclamó Christine mirando a Paul sorprendida.-¿Tú te has vuelto loco?

-No, no estoy loco, enana...-dijo Paul sin moverse de la puerta de la habitación de Christine.-Sólo te digo lo que me acaban de decir... Así que píllate un pijama y ropa para mañana...

-Sí, tú vives muy feliz...-le contestó ella todavía sorprendida por la noticia.-¿Te crees que papá va a dejarme ir a una fiesta en una casa de campo y quedarme a dormir allí?

-Vamos a ver, hermanita...-dijo él entrando en la habitación y cerrando la puerta tras de sí con una sonrisilla pícara en los labios.-Voy a tener que explicarte dos cosas... La primera es que no es una fiesta, sino una inocente acampada. Y la segunda es que tu hermano mayor te acompaña y te cuida...

-Eres peor de lo que me imaginaba, gusano.-rió ella.

-Ni te lo imaginas...-bromeó él abriendo la puerta y empezando a salir.-Y tranquila que yo me encargo de convencer a papá.

Christine miró como Paul se alejaba de allí mientras silbaba alegremente y después soltó un respingo de fastidio. ¿Por qué tenía que haberse dejado convencer para ir con ellos esa noche? Perfecto, ahora no sólo iba a estar esquivando a Lennon durante unas horas sino durante toda una noche y un día enteros...

******

Mary bajó del coche y se quedó pasmada viendo aquella inmensa casa. Ringo le había asegurado que iban a la granja que uno de los amigos de Mal les había dejado para aquel fin de semana. No obstante, aquello en absoluto parecía una granja.

-Es bonita, ¿eh?-dijo él a su lado.-Yo también me quedé así la primera vez que vine... Parece que no, pero este Mal tiene unos muy buenos contactos...

-Es alucinante...-dijo ella, ahora fijando la vista en un pequeño lago artificial que había al lado de la casa y por el que nadaban tranquilamente un par de cisnes blancos.

-Y lo mejor de todo es que aquí es imposible molestar a los vecinos si organizas una fiesta...-bromeó Ringo rodeándole los hombros con el brazo.-¿Entramos? Por la cantidad de coches que veo por aquí, ya deben estar casi todos...

Mary y Ringo entraron en la casa y se dirigieron al salón, desde donde salía un escándalo terrible.

-¡Ya están aquí!-dijo George nada más los vio entrar por la puerta con una sonrisa.-¿Qué hay, pareja?

Todos los de la habitación los saludaron. A Mary no le costó localizar a Christine, que estaba sentada en un sofá junto con su hermano, y que nada más la vio se levantó y se acercó hacia ella.

-¡Hola!-saludó con una sonrisa.-¿Y cuál es tu excusa para estar aquí, Mary?

La chica rió.

-Hasta mañana estoy contigo, de acampada con unos amigos.-contestó ella divertida.-La excusa es obra de Ringo.

-Pues mi excusa creo que es exactamente la misma. Yo no sé qué cuento le ha contado Paul a mi padre, pero cuando nos hemos despedido de él, el hombre parecía más contento de esto que de que saliéramos a los pubs de fiesta...

-Bah, no os quejéis.-dijo Ringo encogiéndose de hombros.-Técnicamente no habéis contado ninguna mentira en casa...

-¡Starkey!-exclamó un chico desde la otra punta de la habitación.-¡Cuánto tiempo, desgraciado!

Ringo sonrió y le levantó la mano a modo de saludo.

-Voy a ver a Eric...-les dijo a las chicas y, después de darle un beso a Mary, añadió.-Enseguida vuelvo.

Mary le dedicó una sonrisa y esperó a que se alejara unos pasos para hablar.

-¿No ha venido?-preguntó.

-No por ahora.-contestó Chris borrando casi automáticamente la sonrisa de su cara.-Pero seguro que lo hace... Todavía faltan algunos y he oído por ahí que seguramente vendría con Pete...

-Entiendo...-murmuró Mary.-Tranquila, cuando venga no pienso dejarte sola... Ya verás como no se acerca...

Christine soltó una risita y le dio un pequeño toque en la espalda.

-Sí, claro...-dijo divertida.-Eso podrías hacer... Me pones entre Ringo y tú toda la noche...  Seguro que él está encantado...

-No seas tonta...

-No, no seas tonta tú.-le dijo Christine con una sonrisa.-Ya me las apañaré yo solita en mi huída... Venga, vamos, ¿te apetece jugar a cartas o algo?

*********

-Estás haciendo trampas.-sentenció Christine mirando fijamente a su hermano. Siempre las hacía y aunque la mayoría de gente ni siquiera se daba cuenta de ello, ella sí. Eran demasiados años jugando juntos como para que la engañara a esas alturas.

-¡Eso es imposible!-dijo Ivan mirando a Paul.-Yo estoy a su lado y...

-Saca la carta.-le ordenó Chris con una sonrisilla pícara.

Paul intentó contener la risa pero no pudo, estallando finalmente en una enorme carcajada.

-¡Eres un tramposo!-exclamó Ivan mirándolo sorprendido.

Chris y Mary también se unieron a las risas de Paul cuando vieron la indignación de Ivan.

-Hola chicos.-les interrumpió alguien por detrás.-¿Qué hay?

Christine tragó saliva y respiró hondo. Conocía demasiado bien la voz de John.

-¡Hola!-saludaron Paul y Ivan casi al unísono.

Mary, por su parte, le dedicó una sonrisa, pero Christine no fue capaz de articular ninguna palabra ni ningún gesto, simplemente fijó su vista en las cartas que tenía en la mano. Creía que sería más sencillo disimular, pero con él allí, justo detrás de ella, la cosa se le hacía muy difícil.

-¡Venga John, siéntate aquí con nosotros y verás una partida épica!-le animó Ivan.

-No, gracias, Ivan...-murmuró John.-Acabo de llegar, así que voy a saludar a los demás. Después nos vemos...

Christine suspiró aliviada. Por lo menos se sentía más tranquila al pensar que John también quería evitarla. Se mantuvo así, mirando su mano de cartas, hasta que supo que John se había ido de allí.

-Chris...

La voz de Paul hizo que la chica levantara la vista. Su hermano estaba inclinado hacia ella y mirándola fijamente, con cierta cara de preocupación.

-¿Estás bien?-le preguntó el chico cuando ella lo miró.

Christine esbozó una sonrisa y miró a Mary de reojo, que también estaba intentando disimular su expresión a toda costa.

-Por supuesto, Paul... ¿Por qué no iba a estarlo?-dijo intentando parecer lo más convincente posible.

Él arrugó el entrecejo y volvió a sentarse bien dando un fuerte suspiro. Chris tragó saliva. Paul había notado algo, estaba segura, y si se llegaba a enterar de todo... No quería ni pararse a imaginar las consecuencias.

******

Ya habían acabado de cenar hacía un rato y en el salón estaban casi todos de pie, andando de aquí para allá mientras charlaban, bebían y bailaban. Mary estaba junto a Ringo y otros amigos, riendo con sus historias y sus bromas.

-¡Mirad quién ha venido!-exclamó en Eric Griffiths de repente mirando hacia la puerta del salón.

Todos se giraron hacia aquella dirección. En aquellos momentos, Neil Aspinall estaba entrando en el salón con una sonriente Mel a su lado. Mary reprimió una mueca de disgusto cuando vio que se acercaba hacia ellos. En realidad, aquella chica no le había hecho nada, pero aun así no le caía nada bien. Quizás, pensó, se le había pegado algo de la animadversión que Christie sentía hacia ella.

-¡Hola chicos!-dijo Mel en un tono que a Mary le resultó asquerosamente falso.

Los que estaban allí le devolvieron el saludo, la mayoría sin demasiado entusiasmo.

-¡Oh, Ritchie!-exclamó ella de repente acercándose hacia él y tomándole el vaso que tenía en las manos.-¿Qué bebes? ¿No es lo que me gusta a mí tanto?

Mary le dedicó una mirada asesina. Aquella tía le estaba dando mucha rabia y no, no se le había pegado nada de Chris, simplemente la tal Melanie era odiosa.

-¿Y qué es lo que tanto te gusta?-preguntó Ringo en tono inocente.

-Tú ya lo sabes...

Mary tuvo que contenerse para no hacer ninguna tontería. A la muy... sólo le faltaba ronronear y tirarse al cuello de Ringo...

-No, no lo sé.-sonrió él.-¿Me devuelves el vaso?

Mel puso cara de niña malcriada y le devolvió el vaso a Ringo. Después miró a los allí presentes y paró su mirada en Mary.

-Ritchie... No conozco a esta chica...-dijo al fin.

Decidido, esa misma noche idearía un plan junto con Christine para cargarse a aquella imbécil.

-Oh...-contestó él en tono despreocupado.-No os he presentado. Mary, ésta es Mel, una de las conocidas de los chicos y mía...

-Yo pensaba que era más que una simple conocida...-murmuró ella con la misma cara de repelente de hacía unos instantes.

-Y Mel, ésta es Mary...-le cortó Ringo ignorándola por completo.-Mi novia.

Estaba mal reconocerlo, pero en aquellos momentos Mary sintió una inmensa oleada de satisfacción al ver la cara que se le quedó a Mel.

-¿Tu novia?-preguntó ésta todavía con cara de sorpresa.

-Sí, su novia...-se apresuró a contestar Mary.-Encantada.

Mel le dedicó una sonrisa falsa acompañada de una mirada de odio. Entonces, Mary comprendió que la tal Mel iba a dar más guerra de la que en un principio había imaginado.

********

Christine estaba apoyada en la barandilla del porche de la casa fumándose un cigarrillo, sola y pensativa. Había estado escabulléndose de John toda la noche. Al contrario de lo que había imaginado en un primer momento, Lennon no estaba intentando evitarla lo más mínimo. Es más, parecía que en ocasiones apareciera por detrás de ella adrede. A cada minuto que pasaba, Christine se arrepentía más de haber accedido ir a aquella fiesta...

-¿Chris?

El sobresalto que le provocó escuchar aquella voz casi le hizo atragantarse con el humo del cigarrillo.

-Lennon.-intentó decir en tono despectivo. No obstante, sólo se le escapó un hilillo de voz y aquello no sonó como había pretendido.

-¿Podemos hablar?-preguntó él.

-No hay nada de qué hablar.-contestó ella tajante sin ni siquiera volver la vista hacia él.

-Sí que lo hay.-la voz de John sonó más firme que la de ella.

Christine no contestó y continuó fumando con la mirada perdida. Al menos si le ignoraba igual se daba por vencido... No obstante, se sorprendió al ver que John, lejos de irse se puso a su lado y se encendió también un cigarrillo.

-No entiendo por qué has estado evitándome toda la noche...-murmuró él al cabo de unos instantes, después de darle una larga calada a su cigarro.

Christine lo miró de reojo confusa y se encontró con su mirada. Apartó la vista enseguida. Le resultaba sumamente incómodo mirarle a los ojos.

-Quizás sea porque no esté cómoda contigo después de lo de ayer...-respondió al fin con cierta nota de sarcasmo.

John lanzó un suspiro antes de contestar.

-Pues de eso precisamente quería hablar...

-¿Vas a disculparte?-preguntó ella empezando a impacientarse.-Porque si no es así es mejor que te largues.

-No.-respondió tajante él.-No voy a disculparme. Ni tampoco voy a largarme.

Christine soltó un respingo de fastidio.

-Mírame...-le pidió él.- Por favor...

La chica sintió como el estómago le daba un vuelco. No se sentía capaz de aguantarle la mirada pero aun así se giró hacia él.

-Créeme...-continuó John. Christine se fijó en él. Su expresión denotaba una seriedad que no era para nada habitual en él..-No sé... No sé lo que me pasa contigo...

Y ella tampoco sabía lo que le pasaba con él. Y es que teniéndolo allí, al lado, todo era demasiado complicado. Sólo tenía la certeza de que ya nada volvería a ser como antes con John.

Le sostuvo la mirada durante unos segundos que se le hicieron eternos e hizo acopio de todas sus fuerzas para empezar a hablar:

-No te pasa nada conmigo... Sólo estás confuso con todo esto y...

-¡No!-le cortó él.-No estoy confuso. Sé muy bien qué es lo que siento...

-No tienes ni idea...-masculló ella volviendo a apartar la mirada. No soportaba aquellos ojos clavándose en los suyos con aquella... ¿sinceridad?

-Creo que la que está confundida con todo esto eres tú, Christine. Sólo tú.-respiró hondo. Christine no dijo nada y se limitó a clavar su vista en el suelo. John esperó unos segundos antes de continuar:-Mira... quizás sí deba disculparme por el beso de ayer... Supongo que no fue lo mejor que pude haber hecho pero actué de acuerdo con lo que siento... Sólo espero que tú también actúes en consecuencia...

Christine notó como se le empañaba la mirada sin explicarse muy bien aquellas repentinas ganas de echarse a llorar. Iba a pedirle a John que la dejara en paz cuando alguien habló por ella.

-Lárgate de aquí, Lennon.

Chris tuvo la desagradable sensación de que el corazón había parado de latirle. Miró a John, que se había puesto blanco de repente y después lo miró a él. Paul, apoyado en la puerta de la casa, les miraba con expresión furibunda. George, a su lado, estaba con los ojos abiertos, sorprendido.

-¡Que te largues he dicho!-gritó Paul tirando y apagando con rabia su cigarrillo con la suela del zapato.

John se giró y miró a su amigo durante unos instantes. Paul hizo ademán de lanzarse contra él pero George le agarró del brazo, conteniéndole.

-Es mejor que te vayas, John-dijo finalmente George en tono suplicante.

John asintió, se volvió hacia Christine y, después de dedicarle una mirada triste, bajó las escaleras del porche y se marchó de allí.


Hola guapas! Qué hay? Yo por fin he podido acabar de escribir y colgar este capi... La verdad es que he tenido una semana que lo he flipado en colores... Y es que por fin me han asignado instituto para trabajar este curso...El sitio está lejitos, pero bueno, la verdad es que, pese a los ajetreos de los primeros días, me mola... Cada aula tiene más equipación que una suite del hotel Hilton, hay pocos alumnos por clase y se ven buena gente y los compañeros molan. Lo más gracioso es que tengo a más ingleses que en el Reino Unido... Si veis las listas de mis clases, aquello da una risa que pa' que... Ya me habían dicho que por la zona aquella el idioma de Shakespeare era el rey, pero no me imaginaba yo hasta qué punto...
Bueno, chicas, que espero que os haya gustado esto y nada, que intentaré colgar lo próximo prontito! Gracias a todas las que estais ahí, leyendo, siguiendo y, en especial, comentando, porque de verdad que haceis que, lejos de cansarme de esto, cada vez tenga más ganas de continuar.
Saludos!