domingo, 11 de marzo de 2012

Capítulo 34: Universidad y tensión

El odioso ruido del despertador a su lado hizo que Mary abriera los ojos de repente. Había pasado una noche genial y por eso justamente le fastidiaba tantísimo tener que levantarse tan temprano.

-Mmmm… ¿qué hora es?-masculló Ringo a su lado con voz pastosa, mientras se removía en su lado de la cama.

-Es pronto, sólo son las siete.-sonrió la chica antes de dejarse besar por él.-Duerme un rato más.

-No voy a dormirme un rato más, te acompaño a la universidad.-respondió él aún medio dormido a la vez que negaba con la cabeza.

Aquella cara de niño enfurruñado que acababa de poner Ringo arrancó una risita divertida de Mary.

-No seas cabezota, Ritchie.-insistió ella incorporándose.-Aprovecha tú que puedes y duerme. De todas maneras, yo voy a ir a la universidad con Chris.

-¿Con Chris?-se extrañó él y, mientras observaba como ella empezaba a vestirse, añadió.-Por Dios, que bonita eres…

Mary soltó otra risita.

-Tú tampoco estás nada mal…Y sí, con Chris. Quiere ir a ver si le han concedido el traslado de expediente o qué. Tenía que salir hoy, así que…

-¿Y tú crees que ella va a ir a estas horas? Te dejará plantada, ya lo verás. Es demasiado pronto y ayer en la cena ya viste que ella, John y George bebieron y fumaron un poco más de la cuenta.

-También nosotros y ya nos hemos levantado.-le replicó ella volviéndose hacia él resuelta y con una sonrisa.-Ahora duérmete, Starkey. O te duermes o llamo a un anestesista, elige.

-Y después dices que el cabezota soy yo…-rió él.

-Es que lo eres.-bromeó la chica mientras se acababa de abrochar el último botón de su blusa.-Descansa, bobo.

Mary se puso los zapatos y salió de la habitación, cerrándola detrás de ella con la intención de que aquello convenciera a Ringo para que se quedara durmiendo. Y por lo visto lo consiguió. Se tomó un café rápido, se arregló y, antes de pillar el abrigo y salir por la puerta de casa, se volvió a asomar a la habitación lentamente. Ringo dormía de nuevo a pierna suelta ocupando ahora todo lo ancho de la cama. Viendo aquello, Mary apenas pudo reprimir una risita antes de volver a cerrar de nuevo la puerta y salir de casa.

Apenas puso un pie en la calle, oyó un breve bocinazo. La chica se giró hacia allí y distinguió pronto el Mini de John a unos pocos metros. No obstante, pronto algo llamó poderosamente su atención: no había ni rastro de Lennon por ninguna parte y la que estaba sentada en el lado del conductor era, ni más ni menos, que Christine.

-¡Buenos días!-la saludó la chica cuando entró en el coche.- Parece que a una que sé yo se le han pegado las sábanas, ¿no?

-Buenos días…-saludó Mary aún extrañadísima por ver a Chris al volante.-¿Y tú desde cuánto conduces?

-Desde hace veinte minutos que he salido de casa.-bromeó Chris con una risita malévola que se volvió en una sonora carcajada cuando vio la cara de pánico que había puesto Mary.

-Vale, ya, parad con la bromita.-bufó Mary mirando hacia la parte de atrás del coche e inspeccionando los asientos. Estaba segura de que estaban tomándole el pelo y que de un momento a otro John iba a saltarle y a darle un susto de muerte.-Lennon, sal de donde estés.

-No creo que John pueda escucharte desde su casa…-contestó Chris sonriente poniendo en marcha el motor.-Y no te asustes, está todo en regla. En realidad tengo carnet de conducir desde el verano pasado, lo que pasa es que no me dejaban pillar el coche.

-Nunca dejarás de sorprenderme, McCartney.-masculló Mary mirándola, que aún no las tenía todas consigo.-Y John te deja pillarlo, por lo que veo.

-Sí, bueno, al menos eso me dijo anoche antes de acostarnos.-respondió Christine encogiéndose de hombros mientras se ponía en marcha.

-¡Pero anoche estaba borrachísimo!-rió Mary.-¡Eso no cuenta!

Christine soltó una risita antes de contestar.

-Ése es su problema.-le respondió resuelta.-Además, esta mañana he intentado despertarlo para preguntárselo de nuevo, pero…

-No me digas que te lo has pensado bien y que al final no lo has hecho por si cambiaba de opinión…

-Muy graciosa, Hall.-dijo Chris sacándole la lengua.-Sí que lo he despertado, pero no reacciona. Hasta almohadazos le he dado y lo único que he obtenido de él han sido un par de ronquidos.

-¡Por favor, qué pareja!-contestó Mary riendo mientras se imaginaba la escena.

-Además, peor que conduce él no lo hago yo.-añadió Chris con una sonrisita burlona.-Así que no creo que haya ningún problema.

Mary y Chris rieron con aquella ocurrencia casi al mismo tiempo y, así, entre bromas y algún que otro comentario más serio sobre lo que les esperaba en la universidad, llegaron al Birkbek College, una institución dependiente de la Universidad de Londres que se encargaba de las carreras de lenguas y humanidades, entre ellas, Historia.

Pese a estar en pleno centro de Londres, a Chris no le costó para nada encontrar un buen sitio donde aparcar el Mini cerca del edificio principal. Parecía que las bromas entre las dos hubieran ocurrido hacía siglos en lugar de minutos. En esos momentos, tanto Chris como ella lucían un semblante tan serio que cualquiera hubiera pensado que les ocurría algo malo. Y es que los nervios se habían adueñado tanto de una como de otra: Mary porque aquel iba a ser su primer día de clase como becaria en un sitio completamente nuevo y Chris porque en cuestión de pocos minutos sabría si podría o no continuar el curso allí o si bien debía dar directamente primero por perdido y matricularse para septiembre cosa que, obviamente, no le hacía nada de gracia.

-Bueno, Mary, que haya suerte en tu primer día de clase.-se despidió Chris cuando llegaron a la puerta del edificio.

-La suerte has de tenerla tú, pero gracias de todas formas.-contestó Mary esbozando una sonrisa tranquilizadora.-Acabaré al mediodía. Llámame y dime cómo has quedado.

-Tenlo por seguro. Hasta la tarde, pues.-contestó Chris empezando a caminar ya hacia la secretaría.-¡Y pórtate bien en clase, Hall!


********************************

John abrió los ojos lentamente cuando los rayos del sol empezaron a filtrarse de una manera demasiado molesta a través de la ventana. Habían llegado demasiado tarde y con demasiadas ganas el uno del otro, y si a eso se le unía que los dos iban bastante borrachos, era normal que se les hubiera olvidado correr las cortinas. Lo primero que hizo fue comprobar que ella ya no estaba. Se habría ido temprano. Al parecer, finalmente había conseguido levantarse a tiempo aunque él hubiera opinado lo contrario la noche anterior. De hecho, ya se había encargado de no dejarla dormir hasta bien entrada la madrugada haciéndola morir de risa para que no lo consiguiera. Sonrió al pensar en aquello. Momentos como aquel eran los que le hacían disfrutar de la vida. Y con Christine a su lado aquellos momentos se multiplicaban de una manera vertiginosa.

Se incorporó de la cama conforme pudo y miró el reloj despertador. Las nueve. Asquerosamente pronto si tenía en cuenta que se había dormido cerca de las cinco, pero la maldita luz ya lo había despertado y era inútil intentar volver a dormirse. De pronto, una notita escrita con la inconfundible letra de ella colocada bajo el despertador llamó su atención. Alargó la mano y la cogió, sonriente. A saber qué le había puesto.

“Buenos días, monstruo. Si estás leyendo esto es porque aún no he llegado a casa y te has despertado muy pronto. Normalmente no me alegro del mal ajeno, pero jódete, cariño. Aún te pasa poco por no dejarme dormir en toda la noche, ja, ja, ja. Por cierto, te he pillado el Mini. He intentado despertarte para decírtelo (por si no te acordabas) pero estabas tan tronco que no has abierto ni un ojo.
Te quiero, guapo. Tu peque.”

-Yo también te quiero, loca.-murmuró John esbozando una sonrisa divertida y soñadora a la vez.

Dejó la nota pensando en ella, en cómo le habría ido en la universidad. Ojalá le hubieran concedido aquel maldito cambio de expediente. Aunque no lo hablaban demasiado pues ella siempre intentaba evitar el tema, sabía que aquello le preocupaba mucho. En realidad, detrás de su fachada de chica rebelde, le fastidiaba mucho perderse un año de carrera. Para él, que siempre había dejado todo aquello en el último puesto de su lista de prioridades, aquello era casi incomprensible. Christine iba a continuar siendo una chica con una inteligencia brillante tuviera o no un título universitario que lo acreditara. Pero en el fondo la entendía. Chris era independiente y aquello era, precisamente, una de las cosas que más le gustaba y a la vez más le ponía de los nervios de ella.

Mientras pensaba en todo aquello, se puso unos calzoncillos y las gafas y salió de la habitación con la intención de prepararse un café de los fuertes que le despertara del todo. Justo se había acabado de poner el café en la taza cuando oyó el ruido de la puerta al abrirse. Sin pensárselo dos veces, dejó la taza humeante sobre la mesa de la cocina y salió apresurado hacia el pasillo. Sabía que era ella y quería saber si finalmente había conseguido lo que quería o no.

Se quedó durante unos segundos mirándola con los ojos muy abiertos y el mundo se le cayó a los pies. Chris estaba muy seria, demasiado.

-¿Ya lo sabes? ¿Qué te han dicho?-se apresuró a preguntar él temiéndose lo peor.

La chica le dedicó una mirada glacial mientras se quitaba el abrigo y se acercaba a él en silencio.

-¿Qué?-insistió él empezando a impacientarse de verdad.

Chris bufó antes de contestar.

-John…-empezó a decir en voz baja.-Me temo que tengo una mala noticia…

-Oh, mierda…-masculló John abrazándola.-Pero tú tranquila, pequeña, no te agobies por eso…

-Es preciso agobiarse…-le replicó la chica apartándose de él levemente.

John iba a responderle algo cuando de repente ella esbozó una sonrisilla burlona.

-Es preciso agobiarse con el horario de mierda que me ha tocado.-continuó ella soltando una inmensa carcajada.-Entro a clase todos los días a las ocho. Así que nada de fiestas locas por las noches de domingo a jueves, Lennon.

-¡Maldita embrolladora!-exclamó John riendo también mientras la levantaba por la cintura.-¡Me engañas como quieres!

-¿No decías que no sabía mentir? ¡Trágate tus palabras, Johnny!

-Sabía que te lo darían.-murmuró John mientras la volvía a poner en el suelo y le daba un intenso beso.-Felicidades, peque… ¿Lo celebramos?

Christine soltó una risita entre dientes mientras John empezaba a besarle apasionadamente el cuello.

-¿Tú no te cansas nunca?-preguntó la chica divertida.

-Yo no tengo la culpa de que me pongas tanto…-susurró él mirándola con una mirada traviesa.-Y si encima te empeñas en darme motivos de celebración…

La chica sólo pudo soltar una pequeña risita y dejarse besar de nuevo por él. Ahora sí que podía afirmar con toda seguridad que el día no podía empezar de una manera mejor.

*****************************

George llegó justo a tiempo para responder al teléfono. Le extrañaba que no le hubieran colgado antes: aún estaba durmiendo plácidamente cuando el teléfono sonó y, aunque se había levantado a toda prisa, había tardado bastante en llegar a descolgar.

-¿Sí?-respondió aún sin demasiada voz. Se notaba a la legua que lo habían pillado durmiendo.

-¿George? Soy Amy.-dijo la secretaria de Brian al otro lado de la línea.-Siento haberte despertado, pensé que ya…

-Tranquila, Amy, no pasa nada.-se apresuró a decir George olvidando de repente que lo habían despertado. Una llamada de Amy sólo podía significar nuevas noticias sobre el asunto de Gwen.-¿Alguna novedad?

-Alguna que otra, George. Para eso te llamaba precisamente.

-Pues cuenta.-le cortó él impaciente por escuchar aquello.

-La mayoría de escuelas de arte de prestigio de la ciudad no admiten alumnos a estas alturas del curso.-empezó a decir Amy.-No obstante, he conseguido algo… En Camden hay una que se prestaría a acoger a Gwen si pasa una entrevista y hace una pequeña demostración de su talento. Yo no entiendo mucho de esto, pero al parecer tiene bastante prestigio en todo esto…

-¿Qué? ¡Eso es perfecto!-exclamó George loco de la alegría. Quizás toda aquella locura al final llevara a buen puerto y podría llevarse a Gwen a Londres.

-Relájate.-le interrumpió la secretaria.-Aún debe pasar esa entrevista.

-Lo sé, lo sé… Pero… ¡continúa siendo perfecto!-el chico apenas podía reprimir su emoción. Y sí, sabía que aún no había pasado aquella entrevista, es más, era plenamente consciente de que Gwen aún estaba en Liverpool y que iba a ser muy complicado convencer a sus padres para que la dejaran marchar. Pero aquello, en ese preciso instante, le daba absolutamente igual.-¿Y para cuándo sería esa entrevista?

-Esperaba que me lo preguntaras… Me han comentado que debería ser cuanto antes. Ya sabes que el curso ya está bastante avanzado y que cuanto más tiempo se deje pasar…

-Entiendo, entiendo.-respondió George.-Ahora me queda a mí hacer mi parte del trabajo.

-Eso parece… Buena suerte, George.

-Gracias Amy.-dijo George antes de colgar.-Gracias por todo lo que has hecho por mí.

***********************

Mary había llegado a casa con una extraña mezcla de incomodidad y satisfacción. La mañana había ido a la perfección. Por una parte, era consciente de que aquel sitio estaba hecho para ella, incluso podía afirmar que en lo que a las clases se refería y por lo poco que había tenido hasta ese momento, le gustaba mucho más la dinámica de las de allí que la de Liverpool. No obstante, no podía dejar de sentirse algo fuera de lugar. Y es que, a esas alturas y pese a que los compañeros parecían bastante agradables y ya había entablado conversación con algunos, los grupos de gente ya estaban formados por completo. Pero bueno, aquello, según suponía, sólo sería cuestión de tiempo y de adaptarse. Además, si a Chris le concedían el traslado ya serían dos… Pero bueno, todo aquello eran suposiciones y no podía contar con ella. Podían no concederle aquel cambio de expediente o incluso, en el caso de que sí se lo hubieran concedido, podía haberle tocado otro turno distinto al de ella.

Aquellos pensamientos la hicieron acordarse repentinamente de su amiga. ¿Lo habría conseguido? Le intrigaba bastante aquello pero aún no sabía nada de ella. Miró el reloj. Las dos de la tarde. Ringo hacía poco más de media hora que se había marchado y ella, pese a que hubiera pasado la mañana con John, como seguramente habría hecho, ya debería estar en Cavendish Avenue. Así que, sin pensárselo dos veces, descolgó el auricular del teléfono y marcó el número de casa de Paul. Estaba demasiado impaciente por saber qué había pasado como para esperar a que fuera Chris la que le llamara.

-¿Sí?-contestó su amiga al otro lado del aparato.

-¿Te lo han dado?-preguntó Mary a bocajarro.

Christine soltó una risita al otro lado.

-Por lo menos “hola, soy Mary”, ¿no?-rió la chica.-De no ser porque te he conocido la voz, hubiera jurado que eras una fan loca de Paul queriendo enterarse de Dios sabe qué…

-Pues eso, hola.-le cortó ella.-Y ahora déjate de cuentos y contéstame.

-Primero cuéntame qué tal tu primer día de clase.-dijo Chris al otro lado evidentemente divertida por estar haciéndola esperar de manera deliberada.

-No me jodas, Christie. Sólo di “sí” o “no” y después te cuento.-bufó ella.

-Pues… ¡tachán! Sí, me lo han concedido.-contestó su amiga feliz.-Mañana será mi primer día de clase. ¿Crees que debo traerle una manzana al profe o no?

-¡Pero qué tonta eres!-rió Mary aliviada y divertida a la vez.-Me alegro un montón por ti, de verdad. ¿Y qué turno te ha tocado?

-Siguiente sorpresa… ¡turno de mañana, compi! Hay que ver… No me voy a librar de ti ni cambiando de universidad…-bromeó Chris.

-Soy tu maldición particular, que lo sepas. Estás predestinada a ser mi compañera eterna…-le siguió ella la broma.

-No vayas asustándome desde el primer momento…-rió Chris.-Y ahora, te toca, ¿qué tal tu día?

-Mi día genial. Los profesores parecen buenos y la gente por ahora me ha caído bien, así que… La única imbécil ha sido una de la secretaría que me ha atendido cuando he ido a enseñar el papel que me exime de pagar las tasas de la matrícula por el tema de la beca… Pero por lo demás todo bien.

Christine tardó unos segundos en contestar, algo que no era muy habitual en ella, y Mary se extrañó bastante de eso. ¿Acaso había dicho algo fuera de lugar?

-Perfecto, tía.-contestó ella al fin, aunque en un tono de voz bastante menos jovial que el de antes.-Nos vemos mañana, ¿no?

-¿Te pasa algo?-quiso saber Mary antes de contestar. No iba a colgar antes de saber a qué venía aquel repentino cambio de humor.

-¿A mí? ¡Qué va! No me pasa nada, mujer…

-No me lo creo, Chris, dímelo.

-No me pasa nada, Mary, de verdad.

-Insisto.

Chris soltó un bufido antes de contestar.

-Está bien…-dijo al fin con resignación.-No tengo tanto dinero como para pagar la matrícula.

-Pero…-empezó a decir Mary. Le extrañaba que la hermana de uno de los tipos más ricos de Gran Bretaña le estuviera hablando de problemas de dinero. Y, además, también tenía a John.

-Ni peros ni nada, Mary.-le cortó su amiga.-Sé lo que vas a decir. Que se lo diga a Paul o a John. Y voy a serte clara: Paul aún no sabe nada pero John ya me lo ha dicho esta mañana, que lo que necesite lo pida, lo que pasa…

-¿Qué es lo que pasa?-preguntó Mary impaciente al ver que su amiga había hecho una pausa en lo que estaba diciendo.

-Lo que pasa es que no me da la gana ser la mantenida de nadie.-contestó Chris al fin dando un fuerte suspiro.-Paul es mi hermano y sé que está ahí para lo que necesite. Pero bastante hace ya con dejarme vivir con él de gratis y mantenerme. Y John… No quiero que él tenga nada que ver con esto. No es mi padre ni nada por el estilo y no tiene la obligación de pagarme los estudios. Estoy con él porque le amo, no porque quiera su dinero.

-Pero Chris… Estoy segura de que John no piensa eso…

-Yo también sé que no lo piensa, pero yo quiero ser independiente. No quiero deberle nada a nadie. Tampoco a John por mucho que lo quiera.-respondió la chica tajante.-Aunque a él no le entre en la cabeza eso…

-¿Y qué vas a hacer entonces?-quiso saber Mary.

-Pues lo que hace todo el mundo: buscarme un trabajo en algún sitio.-contestó Christine y, después, añadió con un deje de amargura en su voz:-Si hubieras visto como se ha puesto John cuando se lo he dicho…

-Oh, no… Habéis discutido otra vez.-sentenció Mary temiéndose lo peor. Siempre estaban igual.

-No del todo.-respondió Chris.-Está perplejo, nada más. No entiende cómo no quiero que me pague la matrícula. Ha intentado convencerme por todos los medios. Aparte de hacer alarde de su poderío económico, incluso ha intentado jugar sucio diciéndome que si me pongo a trabajar, entre eso y los estudios, no nos vamos a ver casi… Pero bueno, tampoco se ha puesto hecho una furia, simplemente se ha quedado algo chafado, pero ya se le pasará.

-¿Sabes? Creo que en el fondo os entiendo a los dos…-masculló Mary al cabo de unos segundos.-Yo tampoco querría que Ringo me pagara nada, pero también sé cómo se sentiría él… Es un tema complicado, al fin y al cabo.

-Y tanto que lo es... Pero es mi decisión y la tendrán que respetar, así que…-contestó Christine.-En fin, nos vemos mañana a las ocho en la puerta de la universidad, ¿no?

-Claro que sí.-dijo Mary en tono afable.-Hasta mañana, Chris. Y agarra fuerzas para tu primer día de clase.

-Por supuesto. Que tiemble la Universidad de Londres… ¡Han llegado dos liverpudlians!


***************************

Christine colgó el teléfono después de despedirse de Mary y se dejó caer en el sofá, dispuesta a leer un rato y a olvidarse por un momento del tema del precio de la matrícula.

Acababa de abrir la novela que se estaba leyendo cuando de repente sonó el timbre de casa. La chica soltó un bufido de fastidio. Sólo con que hubieran llamado un cuarto de hora antes hubiera abierto la mujer que se encargaba de cuidarle la casa a Paul, pero en aquellos momentos acababa de irse y, por tanto, ella estaba sola en casa y no le quedaba otra que abrir. Lo peor era que seguramente sería alguna de las fans de Paul que se arremolinaban en la puerta muchas veces y a las que ya tenía fichadas, aunque más fichada la tenían ellas a Chris, por cierto.

Cerró el libro y se levantó con deliberada lentitud. Con un poco de suerte, cuando hubiera llegado a la puerta la pesada de turno se habría cansado de esperar y habría desaparecido.

Llegó a la puerta prácticamente arrastrando los pies y abrió sin más.

-Vaya, hola Chris.

Chris sintió como la sangre se le helaba en las venas y como lo que había comido hacía poco más de una hora se le removía en el estómago hasta el punto de casi sentir arcadas. Y es que allí, delante de sus narices, estaba, nada más ni nada menos que Cynthia Lennon.

*****************************

Paul se miró en el espejo. Se acababa de levantar hacía escasos minutos y estaba sobrio aunque con una resaca de antología, como ya iba siendo habitual. Estaba hecho una piltrafa, hasta él mismo lo veía. Sucio, con el pelo demasiado largo y descuidado y con barba. Sí, su hermana tenía toda la razón cuando le había dicho que lo único que iba a hacer en Escocia sería autodestruirse.

Todavía sentía demasiado dolor por la muerte de Alice como para estar como siempre, pero ya había asimilado su pérdida. Ella ya no estaba y por mucho que él se martirizara con la idea, no iba a regresar. Como máximo, lo único que iba a conseguir era arruinar por completo su vida y hacer sufrir sin motivo a las personas que quería. Además, sabía que a la propia Alice no le hubiera gustado para nada verlo así, solo y al borde del coma etílico casi todos los días. De hecho, estaba seguro de que si ella hubiera estado allí se hubiera horrorizado sólo con mirarle.

Y entonces, Paul tomó una determinación: volvería a Londres y pasaría página. Por ella, por Alice, estaba dispuesto a rehacer su vida.

****************************

-Hola, Cyn.-saludó Chris con un hilillo de voz aún paralizada en el portal de casa.

-¿Puedo pasar?-preguntó Cynthia mirándola a los ojos.

Chris dudó durante unas milésimas de segundo pero después reaccionó. La situación era incómoda, pero no podía negarle aquello a la todavía esposa de John.

-Claro, pasa. Lo siento.-dijo haciéndose a un lado.

Cynthia pasó y Christine cerró la puerta. Quedaron las dos cara a cara, sin hablar.

-Vayamos al salón, estaremos más cómodas.-dijo finalmente Chris rompiendo aquel incómodo silencio, no sin antes hacer un esfuerzo colosal para evitar que le temblara la voz.

-No creo que haga falta, Christine.-respondió Cynthia mirándola a los ojos.-No te robaré mucho tiempo, seré rápida.

Chris no pudo evitar apartar la vista. La mirada de Cyn, simplemente, la estaba quemando. No podía evitar sentirse como una furcia delante de la esposa legítima de John.

-Sé lo que pasa entre tú y John.-sentenció Cynthia de manera contundente al ver que ella no iba a decir nada.-Y sé que lleváis meses juntos, desde que estuvimos en Liverpool, ¿me equivoco?

Christine agarró aire.

-No. No te equivocas.-respondió al fin mirándola de nuevo.-Yo… Sé que esto suena fatal, pero te juro que siento todo esto, de verdad…

-Más lo siento yo.-le cortó Cynthia.-No sé cómo te las has apañado para que John…

-Yo no he hecho nada para provocar todo esto, las cosas han venido así y…

Chris no pudo acabar de pronunciar la frase. Cynthia estaba a punto de echarse a llorar allí mismo y ella no sabía ni qué decir ni qué hacer ante aquella situación.

-¿Sabes? También lo siento mucho por ti.-dijo Cyn al cabo de unos segundos dejando a Christine perpleja.-Eres muy jovencita y John va a acabar arrastrándote con él en su caída. Porque no es quien parece… Es una persona demasiado complicada para que alguien de apenas dieciocho años lo aguante. Entiendo que te hayas quedado prendada del espectacular John Lennon, es normal, pero…

-No me he quedado prendada del espectacular John Lennon, Cynthia.-le cortó Chris con dureza empezando a olvidar todo su sentimiento de culpabilidad. Ahora sólo sentía rabia porque Cyn hubiera tenido la osadía de ir hasta allí para hablarle mal de la persona a la que más quería en el mundo.-Me he enamorado de John, a secas. Le conozco desde que él tenía diecisiete años… Bueno, corrijo, aún le faltaban unas semanas para cumplirlos. Así que creo que de lo último que me he quedado prendada es del Beatle, le conozco demasiado para eso.

La mirada de desprecio que le dedicó Cynthia hizo que inmediatamente Chris se arrepintiera de haberlo dicho. No sabía ni porque había hecho alarde de que lo conocía antes que ella, pero sabía que con aquello le había hecho mucho daño.

-No he venido hasta aquí para amenazarte ni para montarte un numerito, Chris.-dijo Cyn al cabo de unos instantes en un tono de voz más calmado.-Simplemente creí que deberías saberlo… Además de que quería mirar a la cara a la persona que… bueno, es igual. Quería mirarte a la cara y recordarte que John tiene un hijo.

-Lo sé. Sé que Julian está ahí, gracias por recordármelo.-masculló Christine sin poder evitar poner una nota de sarcasmo en sus palabras. Le dolía que Cyn pensara que iba a alejar a John de Julian. Jamás sería capaz de hacer una cosa así.

-De nada.-le replicó Cyn ácidamente también.-En fin, he de irme. Supongo que nos veremos de nuevo.

-Supongo.

Chris abrió de nuevo la puerta y esperó a que Cynthia saliera incluso del jardín para volverla a cerrar. Después sin poderlo remediar, se sentó en el suelo y, apoyando la espalda en la pared del recibidor, empezó a llorar desesperadamente. ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado? ¿Por qué?



¿Qué hay, chicas? En primer lugar, perdón por el retraso, pero entre trabajo y falta de inspiración para ponerme a escribir (creo que ha sido más esto último que otra cosa), pues eso... Pero como nada es eterno, aquí vuelvo yo con otro capi, jejeje, Reconozco que no es lo mejor que he escrito en mi vida, pero en fin, menos da una piedra XD
Saludos a todas y gracias por leer y por comentar! Os quiero mucho! Muaks!

viernes, 2 de marzo de 2012

Capítulo 33: Londres, Soledad y Divorcio

No hacía ni un par de minutos desde que se había metido la tableta de LSD que le había dado John en la boca y todo había empezado a cambiar a su alrededor. Primero sintió como las extremidades se le dormían ligeramente y después tuvo aquella sensación de estar flotando. No iba a negarlo: había tenido mucho miedo al principio, cuando notó todo aquello y, sobre todo, cuando notó como todo lo que había a su alrededor cambiaba repentinamente de color, convirtiéndose automáticamente en cuerpos brillantes y de colores chillones que empezaban a adquirir formas extrañas, formas maravillosas. Pero entonces, cuando estaba a punto del ataque de histeria, su voz la había tranquilizado. No sabía cómo lo hacía, pero John tenía ese inmenso poder sobre ella: con tan solo articular un par de palabras era capaz de dominar sus emociones, incluso era capaz de dominar sus miedos y darle una extraña y a la vez confortable sensación de seguridad.

Ni siquiera entendió lo que le dijo, pero aquello bastó para que todo lo que al principio la había asustado ahora tomara otra dimensión. Simplemente todo se volvió… bonito.

-John…-susurró ella volviéndose hacia él.

El chico le dedicó una sonrisa y una suave caricia en la cara. Chris lo miró. Estaba extraordinariamente guapo, incluso más de lo que lo estaba normalmente. El LSD y el amor que sentía hacia él hacía que lo viera poco menos que como al ser más perfecto sobre la faz de la tierra.

-Eres preciosa…-dijo él al fin mirándola fijamente.

Chris sonrió al entender que él estaba sufriendo unos efectos similares a los de ella con aquella tableta de LSD.

-Míralo todo ahora, pequeña…-continuó John casi en un susurro.-¿A qué es todo maravilloso? Fíjate en las gotas de lluvia contra el cristal… Como se dividen, como bajan en una multitud de colores…

La chica se volvió hacia la ventana tal y como le indicaba John aunque sin zafarse ni un segundo de su abrazo. Tenía razón. La simple lluvia vista desde aquella nueva perspectiva dejaba de ser algo gris y monótono para pasar a convertirse en todo un verdadero espectáculo de colores, formas y sonidos.

-Es alucinante… La lluvia es… preciosa.

-Cuando la ves así, tan bonita, tan pura, no entiendes por qué razón la gente se esconde cuando llueve…-sentenció John de repente, contrariado.

Por primera vez desde que se había tomado la tableta, ella osó a moverse y a soltarse del abrazo protector de John. Él se la quedó mirando con una sonrisa soñadora mientras Chris se ponía en pie lentamente y se dirigía a la ventana.

-Míralos…-dijo mirando por la ventana a los viandantes apresurados que pasaban por la calle.-Corren como si la lluvia les quemara. Se quejan si llueve, se quejan si hace sol... No saben apreciar la belleza del momento.

La chica sintió como John se le acercaba y se pegaba detrás de ella, mientras la abrazaba de nuevo.

-No como nosotros.-le susurró al oído.-Tú y yo siempre sabremos apreciarla, sobre todo si estamos juntos.

-Aunque la tierra se hunda bajo nuestros pies, todo será bonito si tú estás aquí.-dijo ella de repente volviéndose y mirándolo a los ojos.

John sonrió. Una sonrisa tan dulce que hizo que aún se viera más perfecto de lo que estaba, con una mirada tan tierna y a la vez pícara que hizo que ella perdiera el control por completo y se lanzara sobre él para darle el beso más intenso que en su vida había dado.

Debía reconocerlo, besarle en aquellas condiciones era, simple y llanamente, mágico.

********************************

Gwen se levantó de la cama sobresaltada, como siempre le ocurría últimamente. Si hubiera sabido que iba a tener de nuevo aquella pesadilla recurrente en la que se le aparecía el cuerpo de Alice sin vida sobre el asfalto, no le habría hecho caso a su madre y no se habría acostado un rato después de comer, por muy poco que hubiese dormido aquella noche.

Bajó las escaleras como una autómata y entró en el comedor, aún con la respiración agitada y el corazón latiéndole más deprisa de lo normal, sin poder quitarse aquella imagen de la mente. Necesitaba hablar con alguien, aunque fuera con Josh, para despejarse y apartar todos aquellos pensamientos horribles de su cabeza. No obstante, se encontró con una desagradable sorpresa: estaba sola en casa. Una nota sobre la mesita del teléfono con la letra inconfundible de su madre le advertía que no iban a volver hasta la hora de la cena, que habían ido a visitar a una de sus tías y que les había sabido mal despertarla por una vez que la veían durmiendo tan a gusto.

La chica lanzó un bufido de fastidio mientras arrugaba la nota con su mano. “A gusto”, decía su madre. Si supiera como de  “a gusto” había dormido con aquella terrible pesadilla una vez más…

Gwen se dejó caer pesadamente sobre el sofá, culpándolos a todos por haberla dejado allí sola entre aquellas cuatro paredes aunque en realidad supiera que no lo habían hecho con mala intención. Pero aquello, en esos momentos, no le importaba lo más mínimo. Sólo importaba que necesitaba desahogarse con alguien y que, una vez más, su familia no estaba allí para ello. No obstante, de repente, una lucecilla se encendió en su mente. Llamaría a George. Sí, él era la persona que mejor la entendía en el mundo y el único que sabía que siempre iba a estar ahí para escucharla y ayudarla si le hacía falta. Así pues, sin pensárselo dos veces, Gwen alargó el brazo, descolgó el teléfono y marcó aquel número que ya se sabía perfectamente de memoria.

-¿Sí?-contestó George al otro lado de la línea al cabo de unos segundos.

-Hola.-saludó ella sin poder evitar articular una sonrisa. En aquellos momentos ya casi había olvidado su pesadilla por completo. Ahora sólo estaban George y ella.

-¡Gwen!-exclamó el chico con alegría.-¿Cómo estás? Iba a llamarte esta noche, como siempre…

-Ahora es mejor.-le contestó ella.-Me han dejado sola en casa y no tengo a ningún espía pendiente de lo que nos decimos…

-Bien. Así podré decirte lo mucho que te quiero y lo muchísimo que pienso en aquella noche un millón de veces sin que nadie nos escuche…-susurró George en tono seductor.

Gwen no pudo evitar volver a sonreír al recordar aquella noche a la que se estaba refiriendo George. Sólo habían estado juntos, del todo, una vez, aquella, y no hacía mucho, por cierto. Lo recordaba todo a la perfección: su miedo, el verse desnudos por primera vez, lo cariñoso que estuvo él en todo momento… Había sido maravilloso y en el fondo le dolía muchísimo que aquella noche no se hubiera vuelto a repetir.

-Yo también te echo de menos…-respondió ella al fin.

-Pronto iré a verte de nuevo, cariño.-dijo George.-Y entonces podremos estar juntos de nuevo y…

Aún no había acabado él de pronunciar aquella frase cuando a Gwen le vino a la mente la última vez que se habían visto. Había sido el día del funeral de Alice y eso, a la chica, le provocó un repentino e inexplicable sentimiento de culpa. ¿Cómo podía estar ella allí tan tranquila planeando un encuentro con su novio cuando una de sus mejores amigas estaba en el cementerio?

-¿Gwen?

La voz de George, un tanto asustada, al otro lado de la línea interrumpió de repente todos aquellos pensamientos.

-¿Qué?-preguntó ella secamente, molesta por aquella interrupción.

-¿Estás bien?-se apresuró a preguntar el chico.

Gwen calló. Odiaba mentirle y si le decía que todo estaba bien lo estaría haciendo. No obstante, si le confesaba abiertamente cómo se sentía, preocuparía muchísimo a George y ya empezaba a conocerlo lo suficiente como para saber que era incluso capaz de abandonarlo todo y plantarse en Liverpool en cuestión de horas para estar con ella. Y eso a Gwen, en realidad, tampoco le hacía mucha gracia. Lo cierto era que no quería suponer ni una carga ni un problema añadido a la ya de por sí ajetreada vida de George.

-Cariño…-continuó él al ver que la chica no iba a contestarle.-Me tienes muy preocupado, de verdad. Dime qué te ocurre.

La chica bufó. Al final iba a tener que claudicar ante él y confesárselo todo a no ser que lo quisiera preocupar aún más de lo que estaba.

-Es todo, George, es todo…-dijo ella finalmente casi en un susurro, con toda la sinceridad del mundo.

-¿Cómo que todo?

-Pues eso, ¡todo! Lo de Alice, el instituto, mis padres que aunque no lo pretendan me agobian muchísimo y encima el hecho de que…-Gwen se detuvo justo a punto de acabar la frase. No sabía si debía o no pronunciar aquellas últimas palabras.

-¿Y qué, Gwen? ¿Qué más?-quiso saber George empezando a ponerse nervioso.

-Pues el hecho de que…-la chica pilló aire antes de acabar.-… de que tú no estés aquí, de que estés en Londres y casi ni nos veamos.

Un silencio abismal se hizo al otro lado de la línea, tanto que Gwen temió que George se hubiera enfadado al escuchar aquello último y le hubiera colgado.

-A decir verdad yo también me siento igual.-contestó George de repente, con seriedad.- Es horrible ver que estás mal y que yo no pueda estar a tu lado para darte un abrazo y decirte que todo va a salir bien.

-Odio esto, George.-soltó ella de repente con decisión.-Odio este sitio que me trae recuerdos dolorosos, odio mi instituto, odio a los lerdos de mis compañeros, odio que mis padres no me entiendan y traten de sobreprotegerme como  si fuera una niña de cinco años. Necesito salir de aquí ya  o voy a volverme loca.

-Tranquila, Gwen, te sacaré de ahí, eso tenlo por seguro.

*****************************

Las cosas no iban demasiado bien en Campbeltown. La granja era estupenda y el entorno, perfecto,  tal y como él lo había imaginado. Tenía unos inmensos terrenos alrededor por donde poder pasear durante horas y, además, el interior de la vivienda estaba bastante bien y respondía a la perfección a sus necesidades. No obstante, la vida de ermitaño a Paul no le estaba haciendo demasiado bien. De hecho, lo único que hacía era, tal y como le había dicho Chris, comerse la cabeza y hundirse aún más en la miseria y en la depresión más absoluta. Había creído que el estar allí solo le habría ayudado a encontrarse a sí mismo, a reencontrar esa paz interior que había perdido de repente, pero se había equivocado de plano.

Ni siquiera había salido a dar ni un solo paseo en los días que se había pasado allí. Sólo se había limitado a encerrarse en la casa o a sentarse en las escaleras del porche por las mañanas y empezar a beber y a fumar marihuana como si se acabara el mundo. De hecho, hubiera probado de buen grado alguna otra sustancia más fuerte de no haber estado aislado en medio de la nada. Pero claro, conseguir heroína o LSD en medio de los campos de Escocia era bastante complicado y tampoco le apetecía empezar a mover hilos para conseguirlo. Por ahora, el alcohol y la marihuana que consumía en cantidades ingentes estaban siendo suficientes.

Se pasaba el día borracho, vaciando una botella tras otra sin importarle ni el contenido ni las mezclas, tan borracho que ni siquiera se preocupaba por ducharse o afeitarse y, a veces, ni de comer en todo el día. La única hora del día en la que intentaba estar más o menos sobrio era al atardecer, cuando sabía que su hermana lo llamaría para hacerle aquel control rutinario que parecía más un interrogatorio en un cuartel de la policía que una conversación entre hermanos. “¿Cómo estás?”, “¿Qué has hecho hoy?”, “¿Qué has comido?”, ¿”A qué hora te has levantado?”, eran preguntas que se repetían día tras día y a las que él casi siempre respondía con mentiras. Le sabía mal mentirle a Chris, pero no le gustaba para nada aquella faceta de madre preocupada y controladora que había adquirido su hermana pequeña y sabía que si le decía que no había comido nada en todo el día o que se había levantado a las cuatro de la tarde después de pasarse toda la madrugada borracho y colocado, sólo era cuestión de horas que la chica se plantara allí y se lo llevara de vuelta a Londres sin miramientos. Y lo cierto es que aquello no le apetecía para nada. Y es que, pese a que no todo estaba yendo tal y como esperaba en Campbeltown, lo último que quería Paul era volver a Londres y retomar su vida como si nada hubiera pasado. No, para eso no estaba preparado todavía.

El odioso ruido del teléfono a su lado interrumpió todos aquellos pensamientos y Paul se levantó malhumorado para responder. Aún le dio tiempo a mirar el reloj que colgaba sobre la chimenea. Las cinco y media. Christine.

-Hola enana.-saludó directamente nada más descolgó con la voz pastosa.

-¿Cómo sabías que era yo?-preguntó la chica al otro lado del teléfono, extrañada.

-¿Y quién me va a llamar a mí a estas horas? Además, tú eres la única que no respeta mi orden de “no me molestéis”.-contestó Paul en tono cansado.

-Eres un idiota.-le cortó ella, aunque en realidad no lo había dicho enfadada para nada.-Pero te vas a quedar con las ganas de que te haga caso. De mí no te libras tan fácilmente. Y bien, dime… ¿cómo…?

-A la pregunta de cómo estoy, estoy bien. Me he levantado a las nueve y media de la mañana, he desayunado, me he largado a dar un largo paseo, he vuelto a casa, he comido y me he pasado la tarde leyendo y viendo la tele. ¿Quieres que te diga también qué he comido y qué película he visto o no hace falta?

-Estás imposible, de verdad.-le contestó la chica molesta.-Encima que me preocupo por ti y que…

-Preocúpate por John, yo estoy bien.-le cortó él con sorna.

-Deja estar a John, él no pinta nada aquí.

-Mira como le defiende…-rió Paul relajándose un poco. Había conseguido picarla y no podía negar que aquello siempre lo ponía de mejor humor.-¿Y tú cómo estás? ¿Se porta bien contigo ese engendro que tengo de amigo?

-¿Le digo lo de “engendro” cuando vuelva de la cocina?-rió la chica.

-¡Ah! ¿Que encima, y aparte de quitarme a mi hermana, se ha adueñado de mi casa?-dijo Paul divertido.-Lo voy a matar, díselo de mi parte.

-No se ha adueñado de la casa de nadie, malpensado.-contestó Chris risueña.-En realidad llamaba también para contártelo… Estoy en su casa.

Paul se quedó boquiabierto. No podía creer lo que Chris le estaba diciendo. Porque si estaba en casa de John… ¿y Cynthia y Julian? ¿Los había echado? Conociendo a Lennon, aquello no le extrañaba lo más mínimo. Lo peor era que su hermana hubiera aceptado tal cosa.

-¿Cómo?-exclamó más que preguntó.

Chris volvió a reír.

-Tranquilo, loco, no pienses barbaridades, que nos conocemos…-contestó la chica al fin.-John ya no vive en Kenwood. Se ha trasladado esta misma semana a un piso que tenía Brian aquí en el centro mientras se aclara todo lo del divorcio…

-¿Ya ha salido lo del divorcio?-se extrañó Paul. Creía que todo aquello tardaría bastante más tiempo.

-Sí.-confirmó la chica.-De hecho, la semana que viene están citados en el juzgado y….

-¿Y qué?

-Que si tienes una tele por ahí, la veas esta noche.-continuó Chris.-Brian acaba de llamarle hace un cuarto de hora y le ha dicho que se ha filtrado a la prensa lo de la demanda de divorcio.

-¡Oh, mierda!-se le escapó a Paul.

-¿Por qué?-preguntó la chica.-Tarde o temprano tenía que salir a la luz y casi mejor que sea ahora y no que los pillen la semana que viene en los juzgados con todo el jaleo.

-¿Que por qué?-exclamó Paul- Ahora es cuando a ti te toca no dejarte ver con él por nada del mundo. ¿Sabes cómo se cebarían contigo? Te acusarían de romper un matrimonio y de…

-Macca, cierra tu sucia bocaza, cabrón.-le cortó de repente la voz de John al otro lado de la línea.-Y no te alteres tanto, hombre, no es para tanto.

John soltó una pequeña carcajada mientras Paul se recuperaba del susto que se había llevado al oír a John en lugar de a Chris.

-Lennon, sabes que tengo razón.-le dijo al cabo de unos segundos en tono cortante.-Guárdate tus numeritos para la intimidad porque de puertas para afuera no os tienen que ver juntos para nada.

-¿Y crees que no sé ya eso?-preguntó John como si la cosa no fuera con él.-Tranquilo, colega, a mi pequeña la cuido yo. Y nadie se va a enterar de nada hasta que sea el momento. De quien más me preocupo en este mundo es por ella, así que no tienes motivos para calentarte la cabeza, tío.

-Eso espero, John.-bufó Paul.

-Bien, chaval, te la paso de nuevo, que creo que aún tiene que controlar si has ido hoy a cagar o no…-rió John.

Paul no pudo evitar soltar una risita cuando escuchó aquello y a continuación un sonoro “imbécil” por parte de Chris, quien seguramente le habría dado una colleja a John a juzgar por el gritito que acababa de dar su amigo.

-Estoy rodeada de idiotas.-masculló la chica divertida cuando se puso de nuevo.

-Pero en el fondo a ti te gusta eso…-le contestó Paul.

-Bueno, en realidad un poco sí.-rió ella.-Y ahora, vamos a ponernos serios. ¿Has ido hoy a cagar o no?

-Y después me llamas idiota a mí…-rió Paul.-Se te está pegando el “humor Lennon”, hermanita, pronto te vas a volver insoportable del todo.

La chica le rió la broma y los dos continuaron hablando un rato más, ahora ya más calmados. Sólo cuando ella le preguntó a bocajarro cuando pensaba regresar a Londres, Paul se las ingenió para cortar la conversación, despedirse de ella apresuradamente y colgar el teléfono antes de que a Chris le diese tiempo a replicarle nada. No obstante, cuando colgó se sintió extrañamente más calmado. El saber que por lo menos a John y a su hermana las cosas parecían estar yéndoles bastante bien era un gran alivio para él.

Y, después de esto, Paul encendió la televisión y se dejó caer en el sofá, dispuesto a ver cómo se hacía oficial una cosa que él ya sabía desde hacía meses y olvidándose, curiosamente, de pillar el vaso de vodka que se había dejado en la cocina antes de la llamada.

****************************

El tren se detuvo en la estación de Victoria con una fuerte sacudida y Mary, que se había quedado dormida durante el largo viaje que la había traído desde la estación de Lime Street hasta Londres, abrió los ojos de repente. La chica se quedó mirando la gran estación que se erigía en pleno centro de aquella gran ciudad que, le daba vergüenza admitir, no había pisado nunca todavía.

Agarró su equipaje y se las apañó como pudo con las dos maletas y la bolsa colgando en bandolera que llevaba para bajar del tren. Ahora sólo tenía que encintrar un taxi y darle la dirección de la que sería su casa durante los próximos meses.

-¿Es usted la señorita Hall?

Mary se giró sobresaltada cuando escuchó a una voz masculina hablarle detrás de ella. No esperaba a nadie. De hecho, le había insistido muchísimo a Ringo en que no fuera a recogerla a la estación pues si lo reconocían, podría montarse un escándalo bastante importante, un escándalo que Mary no tenía ganas de protagonizar nada más poner el pie en Londres.

-Sí, señor.-contestó la chica tímidamente fijando su mirada en aquel hombre de aspecto afable y vestido de chófer que le hablaba.

-Soy Les Anthony.-se presentó el hombre con una sonrisa.-El señor Starkey me ha enviado a recogerla.

Mary le dedicó otra mirada extrañada. Si aquel hombre era el famoso Les, era el chófer de John y no de Ringo.

-Es un favor personal del señor Lennon a su amigo.-se apresuró a aclarar el hombre con tanta rapidez que a Mary le dio la impresión de que le había leído la mente.-Permítame que le ayude con su equipaje…

Mary dejó que Les cargara con sus maletas y le siguió hacia el exterior de la estación, donde un enorme Rolls Royce negro estaba aparcado. El hombre cargó el equipaje en el maletero rápidamente y se apresuró a abrirle la puerta a la chica.

-¡Bienvenida a Londres, princesa!

A Mary apenas le dio tiempo a sentarse en el asiento antes de que un muy sonriente Ringo se abalanzara sobre ella y empezara a cubrirle la cara de besos.

-Hola…-susurró ella cuando él se separó unos segundos de ella.

-Te he echado tremendamente de menos.-le dijo Ringo.

Mary le dedicó una tierna sonrisa. Ella también lo había echado de menos, muchísimo, y estaba realmente contenta por encontrarse allí, en una ciudad que se le antojaba espectacular y con él.

-Y ahora…-dijo Ringo dedicándole una intensa mirada.-¿Preparada para ver tu nueva casa?

**********************************

-¿Y no hay ninguna manera de que admitan a alguien a estas alturas del curso?-preguntó George exasperado agarrando el teléfono con fuerza.

-En esa escuela de Arte, no.-contestó la secretaria de Brian pacientemente.

-¿Pero has hablado de que podría hacer una buena donación y toda esa mierda?

-He utilizado todos los argumentos posibles, George, y me han dicho que no. La normativa del Saint Paul es muy estricta al respecto. Los grupos se cierran en septiembre y no se admite a nadie más.-le explicó la chica.

-Joder…-murmuró George más para sí mismo que otra cosa.-Necesito tener la seguridad de que si Gwen viene aquí podrá acabar el curso sin problemas… Y además, saber que lo hará en una de las mejores escuelas de arte de todo el país, a ver si por ahí conseguimos convencer a sus padres.

-Lo sé, lo sé… Y te aseguro que continuaré buscando.-respondió la secretaria en tono tranquilizador.-Quedan aún decenas de Escuelas de Arte importantes en Londres, ya lo sabes… Seguro que puedo conseguirte el compromiso de que la admitirán en alguna.

-Gracias, Amy, de verdad, gracias.-contestó George antes de colgar y de dejarse caer sobre la silla, pensativo.

No estaba muy seguro de si estaba actuando bien o no al remover cielo y tierra intentando aquello, pero aun así se sentía bien al hacer aquello, mucho mejor que días antes, cuando había permanecido de brazos cruzados mientras sabía que su Gwen estaba pasándolo fatal en Liverpool y que la única manera de que fuera feliz era trayéndola allí con él. Tampoco sabía si los padres de Gwen acabarían odiándolo por ello, como tampoco sabía si la propia chica se enfadaría cuando se enterara de que estaba haciendo todo aquello sin ni siquiera consultárselo. No obstante, George estaba completamente decidido a llegar hasta el final, costara lo que costara y pesase a quien pesase.

************************************

Mary estaba literalmente sin habla mientras Ringo le enseñaba el piso. Jamás había visto tanto lujo junto. Parecía una de esas casas modelo, de las que salían en las revistas.

-¿Y esta cocina?-preguntó la chica divertida mirando hacia la ultramoderna encimera.-Esto parece una nave especial… Creo que no sabré ni utilizarla.

Ringo soltó una carcajada.

-De eso no te preocupes, boba.-contestó acercándose a ella.-El tipo que la ha instalado me lo explicó a mí todo, así que ya te enseñaré yo a ti. Ahora sígueme porque queda lo mejor de lo mejor…

-¿Y qué es eso si puede saberse?-preguntó la chica.

Ringo le sonrió mientras la agarraba firmemente de la mano y la conducía hacia la última estancia que quedaba por ver.

-Aquí lo tienes.-anunció él abriendo la puerta y haciéndose a un lado para que pudiera verlo todo bien.-Tu dormitorio.

Si todo lo anterior ya la había dejado boquiabierta, aquello fue lo máximo. Allí, ante ella, tenía una enorme habitación, decorada delicadamente de una manera tan exquisita y acertada que ni ella misma en persona se la hubiera decorado tan a su gusto. Y en el centro, una enorme cama, mucho más grande que cualquier cama de matrimonio que hubiera visto antes.

-Es perfecto.-sentenció ella mirándolo todo con los ojos muy abiertos.

Ringo la abrazó fuertemente y le dio un intenso beso.

-Creo que este dormitorio se merece una inauguración como Dios manda.-dijo separándose unos milímetros de ella sonriendo de manera pícara.

Por toda respuesta, Mary le devolvió aquel beso mientras le rodeaba el cuello con los brazos. Sí, era cierto. Aquel dormitorio merecía ser estrenado por todo lo alto.

***********************************

-¡Mary!-exclamó Chris nada más abrió la puerta su amiga mientras se le abrazaba como una loca.-¡Te he echado de menos!

-¡Joder, Chris! ¡Yo también te he echado de menos!

John y George miraron la escena divertidos aún desde el portal de casa.

-¿Dispuesta a que te destrocemos la casa, Hall?-preguntó John cuando las chicas se separaron.

Mary le dedicó una sonrisa.

-No creo que con cinco cenando podamos hacer grandes destrozos.-sonrió la chica finalmente.-Por cierto, chicos, hola.

-Hola, señora Starkey.-contestó George con sorna, haciendo que a Mary se le escapara un bufido de fastidio, aunque divertido a la vez.

Después de saludarse como era debido y de que Mary y Ringo les enseñaran cómo había quedado el piso después de la reforma total que le habían hecho, se sentaron en la mesa y empezaron a cenar mientras charlaban animadamente, sobre todo de la noticia del día que Mary, por las horas a las que había llegado, desconocía todavía: el comunicado oficial emitido por Brian Epstein confirmando que, por falta de afinidad en la pareja, John y Cynthia Lennon habían decidido divorciarse de manera amistosa y pactada. Todo aquello era una enorme mentira pero, al fin y al cabo, era necesaria para acallar posibles rumores acerca de las causas reales de todo aquello.

-Bien, chicos, decidme que queréis beber.-quiso saber Ringo cuando acabaron de cenar mientras se ponía en pie y empezaba a hurgar en el mueble bar que había en el comedor.

-Saca todo lo que tengas que las mezclas ya las hago yo.-rió John.

-Iré a por hielo y vasos limpios.-dijo Mary con una sonrisa levantándose también.

-Te ayudo.-dijo Chris.

John miró de reojo a las dos chicas mientras salían del comedor.

-Tíos, esto es fabuloso.-soltó de repente en voz baja al cabo de unos segundos, como si se hubiera esperado deliberadamente para asegurarse de que ellas ya estaban en la cocina.

-¿El qué?-se extrañó George a su lado.

-¿El qué? ¡Lo que tengo con Chris!-contestó John.

-Parece ser que se nos ha enamorado el chico…-rió Ringo poniendo una botella de ron añejo sobre la mesa.

-Por supuesto que me he enamorado.-sentenció John.-Pero no es eso, joder. Es que es perfecta. Me entiende como nadie y me acepta como soy. Mirad, ayer le dije que me colocaba de LSD muchas veces, ¿vale? ¿Y sabéis lo que hizo?

-¿Darte una hostia?-rió George.

-Vete a la mierda, Harrison.-le cortó John divertido.-Lo probamos juntos. Todo fue genial, incluso se me ocurrieron un montón de ideas para un nuevo tema… El mejor viaje de mi vida, os lo aseguro.

-¡Joder! ¡Si Paul se entera de que su hermana ha probado el LSD antes que él la mata a ella y a ti por habérselo dado!-exclamó Ringo en una sonora carcajada.

-Pues ya ves…-le dio la razón George.-Es más valiente ella que su hermano mayor.

-Bah, ya conocéis a Paul.-dijo Ringo.-A veces se acojona por nada. Ni que el LSD fuera tan malo… Yo las veces que me he puesto jamás he tenido un mal viaje…

Justo cuando acabó de decir aquello, las dos chicas volvieron a entrar de nuevo en el comedor con el hielo y con los vasos. Ringo se llevó un buen susto por aquello pues, por escasos segundos, Mary no había aparecido en el preciso instante en el que él estaba admitiendo que consumía ácido. No obstante, las chicas no dieron señal alguna de haberse enterado de nada y se sentaron otra vez con ellos.

La velada acabó tal y como había empezado, aunque, a diferencia de al principio de la noche, George, John y Chris se fueron bastante borrachos y algo colocados por los porros que había traído John “para celebrar que Mary ya estaba en la capi”.

No hacía ni cinco minutos que se habían ido cuando Ringo no pudo resistirse más y se acercó a Mary, dispuesto a darle un enorme beso. Estaba guapísima. No obstante, y pese a que se dejó abrazar, Mary no le respondió como era habitual en ella. Ringo se separó unos milímetros de ella y la miró.

-¿Qué pasa, princesa?-preguntó en un susurro.-Pareces…

-Disgustada.-sentenció la chica de repente.-Parezco disgustada porque lo estoy.

Ringo frunció el ceño. No sabía qué había podido pasar en el transcurso de la noche que hubiera podido molestar a Mary. Quizás era a causa de alguna de las barbaridades de John, que cuando bebía, había que reconocerlo, se ponía bastante insoportable. Aun así, aquella noche no se había portado como un energúmeno. Simplemente, le había dado por decir obscenidades y reírse como un bobo de todo.

-¿Y eso?-quiso saber el chico, confundido.

Mary se zafó de su abrazo y se sentó sobre la cama y fijó su vista en el suelo.

-No sabía que consumieras LSD.-soltó al fin dando un fuerte suspiro.

Ringo sintió como empalidecía de repente.

-Os he escuchado antes.-continuó la chica.

-Oh, Mary, preciosa…-masculló Ringo apresurándose a sentarse a su lado.-No quería que…

-¿Que me enterara?-le cortó ella mirándole a los ojos.-¿Hasta cuánto tiempo hubieras estado ocultándomelo?

-No, no, no… No es eso… Simplemente no quería que te enteraras así. Querría habértelo dicho yo, eso es todo.

La chica volvió a fijar la vista en el suelo.

-No estamos hablando de cuatro porros… El ácido puede ser peligroso...-murmuró la chica.

-Mary…

-No quiero que te conviertas en un yonki, Ritchie.

Ringo la miró durante unos segundos. Parecía más preocupada por él que enfadada y eso le enterneció.

-Princesa, mírame.-le dijo poniéndole el dedo en la barbilla y obligándola a levantar la cabeza.-Mírame y dime si te parezco un yonki.

La chica pareció quedarse confusa ante aquella petición y no contestó absolutamente nada.

-El ácido no es como la heroína u otras cosas así.-continuó él.-Lo único que hace es abrirte la mente hacia una nueva dimensión.

-Pero…

-Mira, tampoco creas que lo consumimos así como así.-le cortó él.- Un viaje con LSD te dura unas doce horas y por tanto son cosas que se hacen muy a la larga, cuando quieres desconectar de todo y ver como un mundo nuevo se abre ante ti…

-Lo único que quiero es que no te hagas daño a ti mismo.-sentenció la chica mirándolo a los ojos.

-Y no me hago ningún daño, te lo aseguro…-le contestó él sonriendo tiernamente.

La chica le devolvió la sonrisa. Al parecer la había dejado medio convencida y aquello le gustó. Una vez más, Mary hacía gala de una comprensión tan absoluta que era capaz de sorprenderlo. Ringo se inclinó sobre ella y volvió a besarla y, ahora sí, Mary le devolvió aquel beso que poco a poco fue ganando en intensidad, tanta que los dos acabaron pronto tumbados sobre aquella cama sin ser capaces de parar, dispuestos a aprovechar todo el tiempo que habían estado separados y que a los dos se les había hecho interminable.


Chicas! Tardó pero llegó! Al fin puedo sentarme tranquilamente a actualizar. Sé que la espera igual no ha valido la pena, pero en fin, este capi era un mal necesario. Prometo solemnemente que el próximo será mejor, jajaja. Bien, de hecho lo único que me gusta es el título del capi, emulando la leyenda urbana de Johnny en la que se dice que las siglas de cierta cancioncilla suya (que a mí me chifla, por cierto) hacían referencia a la famosa sustancia que los chavales estos se metían de cuando en cuando. Obviamente, yo tengo muchísima menos gracia que él haciendo esas cosas y se ha quedado bastante chungo, pero como madre de este título le tengo cariño aunque sea feo, jajajaja. 
Muchísimos besos a todas porque os quiero montones! ;)