martes, 1 de enero de 2013

Capítulo 70: Promesas incumplidas

La redacción bullía de actividad a aquella hora de la mañana. Teléfonos sonando, el clac-clac de las máquinas de escribir, gente que corría de aquí para allá apresurada... Parecía un verdadero espectáculo de locos, pero ella, lejos de mirarlo asustada, se sentía extrañamente motivada con aquel trajín. Era su primer día de trabajo como redactora y Anthony, el director, ya le había asignado un escritorio donde trabajar y la había presentado ante sus compañeros, aunque a muchos de ellos ya los conocía de antes de sus múltiples idas y venidas a la redacción.

El primer trabajo de Christine no parecía demasiado simple a primera vista. Tenía ante sus narices la transcripción completa y traducida de la rueda de prensa que aquella misma mañana había dado el Primer Ministro francés y debía redactar la noticia pertinente. Después de leerse unas cuantas noticias similares a las que debía hacer para tener algunos ejemplos a seguir, la chica agarró aire, cargó de papel su máquina de escribir y empezó a teclear. A decir verdad, no era tan difícil como parecía: una vez leída la rueda de prensa y encontrado el titular, lo demás era coser y cantar.

Estaba así, absorta en su trabajo, cuando de repente una voz a su lado la sacó de aquel momento de concentración.

-Siento interrumpirte, pero deberías dejar un espacio al lado de la noticia para poder colocar la foto.

La chica levantó la cabeza algo desconcertada y miró al culpable de aquella interrupción. Un chico rubio con cara de no haber roto nunca un plato y que apenas tendría un par de años más que ella, la miraba atento luciendo una sonrisa que se le antojó tranquilizadora.

-¿Perdona?-preguntó Chris perpleja todavía.

-Sí, mira. Aquí en el margen derecho debes dejar un espacio para que los de maquetación puedan poner la foto correspondiente.-contestó el chico acercándose hacia ella y señalando hacia su folio.

-Ah, vale. Gracias, no tenía ni idea.-respondió ella.-Es mi primer día y ando algo perdida.

-Tranquila, es normal.-sonrió el chaval.-Tú debes de ser la famosa Christine McCartney, ¿verdad?

-Así es, encantada.

-Yo soy Jordan-se presentó tendiéndole la mano.-Encantado, "chica Beatle".

Pese a que en situaciones normales Chris le hubiera roto las piernas a aquel que le llamara "chica Beatle", el tono con el que el tal Jordan lo dijo le hizo bastante gracia, así que esbozo una pequeña sonrisa.

-¿También eres redactor?-quiso saber ella.

-No, qué va. Eso de escribir os lo dejo a los intelectuales. Yo soy fotógrafo.

-Ah, vaya...

-Sí. Solía trabajar con el viejo Blake antes de que se jubilara. Ya sabe. le acompañaba al lugar de la noticia, a las entrevistas... y sacaba las fotos.-continuó Jordan.-Y ahora, mucho me temo que tendrás que soportarme tú: siento decirte que soy "tu fotógrafo".

-Y yo siento decirte que a partir de ahora vas a trabajar con una novata a la que tendrás que enseñarle todo de esta rara profesión.-le siguió la broma ella.-Así que nos soportaremos mutuamente.

-Me parece un trato justo.-rió Jordan.-Y ahora, ya sabes. Si quieres que te ayude en cualquier cosa, sólo has de decírmelo.

-No dudes que lo haré.-le respondió ella.

-Así me gusta.-dijo el chico guiñándole un ojo.

Jordan se despidió de ella y se fue de allí, con un paso entre decidido y chulesco, una manera de caminar que, a ojos de Christine, era muy parecida a la de John. Aquello le hizo dibujar una sonrisa. El día en que dejara de comparar a John con todos a los que conocía, ese día, ni ella se reconocería a sí misma.

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Chris salió de la redacción agotada pero a la vez increíblemente satisfecha. Pese a ser su primer día, había trabajado muy duro y, a juzgar por lo que había dicho Anthony, no lo había hecho mal del todo. Además, se sentía extremadamente a gusto con sus compañeros de trabajo. De hecho, era alucinante el cambio de actitud hacia ella que había notado de la universidad al trabajo: en clase todo eran miradas y cuchicheos; allí, por el contrario, todos la trataban con una normalidad pasmosa pese a que sabían de sobra quién era. Quizá era porque estaban más acostumbrados a los famosos o quizá porque no tenían tiempo a pararse a chismorrear sobre la "chica Beatle", como la había llamado Jordan, quien, por cierto, había sido el único que había mencionado su relación con los chicos en todo el día.

El paseo que dio hasta llegar adonde había aparcado el coche aquella mañana le vino bien para despejarse. Después, subió al sufrido Mini de John que ella maltrataba más que cuidaba y se incorporó al tráfico londinense. Pese a que era hora punta e iba al centro, no tardó demasiado en llegar a casa. Sonrió aliviada mientras aparcaba en el garaje y, después, subió por fin a casa, deseando echarse en el sofá y contarle a John todas las novedades del nuevo trabajo como si fuera una niña entusiasmada después de su primer día de colegio.

Apenas había abierto la puerta de casa, Chris se percató de que John no estaba solo. Se quedó quieta durante unos segundos, intentando reconocer la voz que conversaba con John y, casi al instante, esbozó una enorme sonrisa antes de entrar rápidamente en el comedor.

-¡Hola, chicos!-exclamó risueña cuando entró.

John y Paul se volvieron hacia ella y le sonrieron.

-¡Pequeña!-dijo John poniéndose en pie en el acto y dirigiéndose hacia ella para darle un beso en los labios.-¿Qué tal tu primer día?

-Agotador pero genial.-contestó ella con total seguridad.

-Me alegro.

-¿Y tú qué haces aquí, gusano?-preguntó la chica divertida mirando hacia su hermano mayor.

-¿Es que no puedo venir a ver a mi hermana y preocuparme por su nuevo trabajo de chica responsable?-preguntó fingiendo picarse.

-Eso de chica responsable mejor vamos a dejarlo estar...-rió ella.-Y tranquilo, tú puedes venir aquí siempre que quieras...

-...y siempre que no abuse de mi whisky.-bromeó John.-Había invitado a Paul a cenar, Christie. He pensado que te haría ilusión.

-¡Eso es fabuloso!-exclamó ella alegre.-Pues bueno, chicos, si es así será mejor que nos pongamos manos a la obra y preparemos algo para cenar.

Para sorpresa de Chris, que estaba acostumbrada a que aquellos dos no le ayudaran de manera eficaz en la cocina, tuvieron la cena a punto en poco tiempo. Quizá hubiera sido porque ella no había parado de parlotear sobre su trabajo, pero lo cierto era que los minutos allí dentro se le habían pasado volando. Así pues, pronto se encontraron sentados ante la mesa del comedor dispuestos a empezar a cenar.

-¿Y los compañeros qué tal?-preguntó John mientras se servía una ración que parecía no tener fin de puré de patata.-No nos has dicho nada de la gente.

-Ah, genial también-respondió ella resuelta.-A la mayoría ya los conocía de antes, pero aún así he conocido a gente nueva... Ah, ¿y sabéis qué? Tengo un fotógrafo.

-¿Un fotógrafo?-se extrañó Paul.-Pensé que ibas a trabajar de redactora, no como modelo...

-Cállate, idiota.-rió Chris.-No es eso, me refiero a un fotógrafo que trabajará conmigo. Ya sabéis, un tipo que me acompañará cuando vaya a hacer reportajes y cosas de esas... Se llama Jordan.

-Pobre hombre, la que le ha caído encima...-bormeó Paul.-Trabajar con la enana ésta... De locos, ¿no crees, John?

-Seguro que se jubila a los dos meses por puro agotamiento.-le siguió la broma a la vez que le sacaba la lengua a su novia en un gesto burlón.

-Siento informaros, humoristas aficionados de poca monta, que a Jordan le quedan muchos años por jubilarse.-contestó ella sin perder la sonrisa.-Así que si se harta de mí, se tendrá que aguantar o esperar a que me despidan.

-¿Qué cuantos años tiene?-quiso saber John, que había borrado casi de inmediato la sonrisa de su cara.

-Ni idea, ¿crees que voy preguntando la edad de la gente por ahí, Johnny?-dijo ella empezando a intuir que aquella conversación podía no acabar demasiado bien si no la cortaba. Otra vez John, John y sus celos casi enfermizos.

-¿Es como nosotros?-preguntó Paul curioso.-De mayor, digo.

-Un par de años más que yo a lo sumo...-contestó Chris mirando a John de reojo.

-¿Tan joven?

-Sí.

-Creo que ese puto Jordan ya empieza a caerme mal sin tan siquiera conocerlo...-masculló John de repente haciendo que Chris se volviera hacia él para dedicarle una mirada suplicante.

Él, simplemente dibujó una sonrisilla en su cara, pero Chris supo enseguida que por dentro, pese a aquel gesto, estaba empezando a cabrearse de verdad.

-John...-le dijo ella.-Es sólo un fotógrafo y ya.

-Lo sé, pero me cae mal.-continuó él sin borrar aquella sonrisa tan indescriptible de su cara.-De hecho creo que ya debería estar partiéndole las piernas en lugar de estar aquí...

Chris le lanzó una mirada severa y ya iba  a contestarle cuando, de repente, Paul intervino en aquella incómoda conversación.

-Te recomiendo no hacer eso, Lennon, o la bestia de mi hermana decidirá tomar justa venganza rompiéndoles las piernas a todas las fans que se agolpan en el estudio a esperarnos... Y adiós a nuestra reputación de niños buenos por culpa de la enana asesina ésta.

John soltó una sonora risotada.

-Creo que tienes razón...-dijo al fin acercándose a ella y dándole un beso en la mejilla.-Mi niña es un poco bruta y es capaz de todo, ¿verdad?

-No lo dudes.-sonrió ella dejándose hacer.-Y más con esa horda de tías que desean follarse a alguien que es de mi propiedad.

-¿Ves?-rió el chico.-Una salvaje. Por eso la quiero tanto... Pero ya sabes que no tienes por qué preocuparte.

-Yo no sé si tengo que preocuparme o no, pero tú, seguro que no.

-Lo sé.-sonrió John dándole otro beso, esta vez muy cerca de la comisura de los labios.-Te quiero mucho.

-Yo a ti también, aunque a veces te asfixiaría con la almohada.-bromeó ella revolviéndole el pelo mientras él reía sin parar.

-Y respecto a las fans, no te preocupes, Christie.-dijo él cuando acabó de reír.-Ya se encarga tu hermano de no dejar a ni una libre.

-¿Qué?-rió ella volviéndose hacia su hermano.-¿Es que ahora te tiras a las fans?

-A más de una me he...-empezó a contestar Paul entre risas pero, al ver la cara de asco que ponía su hermana, se apresuró a añadir:-Pero John es un exagerado... Las apple scruffs están todas intactas... No las he tocado.

-Todavía.-rió John.

-De todas maneras...-continuó Paul intentando aguantarse la risa por lo que acababa de decir John.-Digamos que  el comentario de John se refería a que ahora estoy disfrutando de mi soltería...

-Me imagino...-respondió la chica.-No me quiero ni imaginar la de tías que habrán pasado por tu casa desde que yo no estoy allí.

-Pues no llevo la cuenta, pero...

-¡Joder, gusano!-le cortó Chris divertida.-Era una manera de hablar, no quiero que me des cifras ni mucho menos detalles.

-Tú te lo pierdes... La verdad es que es bastante interesante...

-Y extenso.-volvió a reír John.

-Bueno, bueno, bueno.-les cortó ella.-Ya está bien, joder. Eres mi hermano mayor, Paul, y por si no lo sabías esos detalles sobre tu vida sexual como que me dan un poco de asco... ¿Acaso te cuento yo los míos?

-¡No!-exclamó Paul poniendo ahora él cara de asco.-¡Ni se te ocurra! No quiero ni imaginarme lo que el energúmeno éste hace contigo y...

-Cosas maravillosas, Macca...

-¡Vale, vale, vale! ¡Ya está! Cambiemos de tema porque no me apetece vomitar esta magnífica cena.

-Así me gusta, hermanito.-sonrió ella.- Y ahora, come y calla. O por lo menos, no hables de eso.

Y así siguieron, comiendo, charlando y riendo hasta bien entrada la noche. Sin duda, fue una cena magnífica.

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No hacía ni media hora que Ringo había salido hacia el estudio cuando el teléfono de casa empezó a sonar con insistencia. Con un bufido de fastidio pues se acababa de sentar en el sofá con la intención de leer un poco, Mary se levantó de su cómodo asiento y se dirigió hacia el teléfono, arrastrando los pies y con cara de pocos amigos.

-¿Sí?-preguntó cuando descolgó, de mala gana.

-¿Casa de los Starkey?-preguntó una voz femenina al otro lado de la línea.

Mary levantó una ceja, extrañada ante aquella pregunta. ¿Quién puñetas llamaba y preguntaba si hablaba con "casa de los Starkey"? Nadie que conociera, de eso estaba segura.

-Sí.-masculló finalmente.-Aquí es. ¿Puedo ayudarle?

-¿Podría hablar con la señora Mary Starkey o con su marido?

-Está hablando con ella.

-Ah, perfecto.-contestó la mujer.-Verá, Mary, llamo de la clínica del Doctor Thompson. Acabamos de recibir los resultados de unos análisis que se hizo la semana pasada.

Mary calló. Había esperado aquel momento con ansias, pero ahora que la habían llamado, un temor irracional se había apoderado de ella. Y es que, pese a que se encontraba bastante mejor, aún no estaba del todo bien y aquello la preocupaba. En realidad, la preocupaba mucho, muchísimo. Y lo peor de todo, sin lugar a dudas, era aquel extraño presentimiento de que algo no iba bien.

-¿Sigue ahí, señora Starkey?

-Sí, sí.-se apresuró a contestar ella saliendo de repente de sus propios pensamientos.-Por supuesto que sigo aquí. ¿Cuándo...?

-El Doctor Thompson dice que esta misma tarde siempre y cuando le venga bien.

Mary suspiró.

-¿A qué hora entonces?

-¿A las cinco?

-Perfecto.-contestó ella.-Allí estaré pues. A las cinco.

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Mary bajó del taxi que la había traído desde Sunny Heights hasta la clínica y bufó mientras miraba el edificio. Estaba mortalmente nerviosa y más, estando ella sola. Y es que, después de haberse debatido entre si debía llamar a Richard al estudio y pedirle que le acompañara, al final había decidido que prefería estar sola y afrontar el buen o mal resultado de aquel análisis ella misma. Si todo salía bien, no había necesidad de hacerle pasar a él por aquel trago de ir a la consulta; y si no... Bueno, si no ya se las apañaría ella para contárselo en el momento que creyera más oportuno.

Casi sin darse cuenta, se encontró a sí misma dentro de la consulta, plantada delante del mostrador de la enfermera, seguramente la misma que la había llamado unas horas antes. La mujer, que la reconoció casi en el acto, le dijo con una sonrisa que esperara en las sillas de la sala de espera hasta que el doctor acabara con el paciente al que estaba atendiendo. Ella, con una sonrisilla forzada, se lo agradeció y la obedeció.

Estaba por ponerse a ojear unas revistas de medicina que parecían tremendamente aburridas para matar el tiempo cuando, de repente, escuchó el ruido de la puerta de la consulta. Instintivamente se puso rígida en su silla y dirigió su mirada hacia allí. Un hombre de unos cuarenta y pocos y bien vestido se despidió del doctor Thompson, quien no tardó en localizarla a ella, allí sentada.

-¡Mary!-la saludó cuando el anterior paciente se alejó.-Me alegro de verte. Pasa.

Con gesto sombrío, la chica se puso en pie y siguió al doctor hacia el interior de la consulta.

-¿Has venido sola?-preguntó extrañado el médico cuando se hubieron sentado ante el escritorio.

-Sí.-respondió Mary.-Richard está en el estudio y no creí oportuno molestarle por unos simples resultados...

-En realidad no son unos simples resultados.-le cortó el doctor con educación.-¿Cómo te encuentras?

-Mejor.-respondió ella.

-¿Han desaparecido las molestias por completo?

-Bueno... En realidad no. Aún sufro de vómitos, pero... El malestar no es tan fuerte.

-Lo suponía. ¿Sangras todavía?

-No, el período se me fue hace unos días.

Nada más decir aquello, el doctor esbozó una sonrisa que a Mary le resultó chocante y agarró el sobre que tenía sobre la mesa. La chica lo miró. Aquello seguramente contenía los temidos resultados.

-Tengo aquí los resultados del análisis del otro día.-dijo el doctor sacando unos cuantos folios del sobre.

-¿Y qué tal ha ido?-preguntó ella sin poder evitar lanzarle una mirada angustiada.

-Bien, bien... No hay anemia ni ninguna cosa que nos deba preocupar, así que tranquila.-contestó el hombre.-Pero... Sí que hay algo más.

-¿Algo... más?

-Sí, algo más.-sonrió él.-Mary, me alegra decirte que estás de enhorabuena.

La chica se lo quedó mirando con los ojos muy abiertos, intentando asimilar aquellas palabras que acababa de escuchar, unas palabras que se le antojaban prácticamente imposibles.

-¿Q... Q... Qué?-balbuceó ella confundida como muy pocas veces lo había estado en toda su vida.-¿Cómo que estoy de enhorabuena?

-Estás embarazada, Mary.-le contestó el doctor Thompson sonriendo.-Los análisis no dejan lugar a dudas. Eso sí, estás todavía de muy poco, apenas pasas de un mes.

-Pero...-le interrumpió ella que aún no salía de su asombro.-Pero si he tenido el período hace poco y...

-No, no. Ahí nos equivocamos. Creías que tenías el período, pero en realidad el sangrado no se debía a eso aunque te coincidiera con la fecha en la que te tocaba.

-¿Y a qué se debía entonces?-preguntó entre asustada y sorprendida.-¿Acaso tengo riesgo de aborto o...?

-No, tranquila.-respondió el médico.-No tienes riesgo de nada. De hecho, ese sangrado es más común de lo que creemos en las embarazadas en su primer mes. Nosotros lo conocemos como "sangrado de implantación". A veces, cuando el embrión se instala en el útero y entra en contacto con algún vaso sanguíneo del endometrio, se produce este sangrado. Es un sangrado muy similar al de la menstruación y es normal que muchas mujeres crean que están menstruando si encima coincide con los días en los que les tocaba el período.

-O sea, que estoy embarazada.-casi susurró ella.

-Sí.-le confirmó el doctor.-Estás felizmente embarazada. Enhorabuena, Mary.

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Nada más escuchó la puerta de la casa abrirse, Gwen dejó sus pinturas y salió a recibir a George, que acababa de llegar del estudio.

-¡Menuda sorpresa!-exclamó él cuando la vio aparecer por allí.-Pensaba que estarías durmiendo, son más de las dos de la madrugada y...

-Me apetecía esperarte levantada.-respondió ella dándole un beso en los labios.-Y he aprovechado para pintar algo...

-¿En serio?-respondió el chico.-¿Puedo verlo?

-Por supuesto que sí.-sonrió Gwen agarrándolo de la mano y conduciéndolo hacia la habitación que desde hacía poco se había convertido en su improvisado estudio.

-A ver qué ha hecho la artista de la casa...-dijo George cuando entraron en el estudio y miraba el lienzo, sobre el cual Gwen había pintado una extraña pero a la vez hermosa composición a base de azules.-Vaya... ¡es una pasada!

-¿De verdad te gusta?-preguntó la chica entusiasmada.

-Por supuesto que sí.-contestó George sin perderle de vista el lienzo.-¿Es para clase?

-Sí, en realidad sí.

-Pues te van a poner la nota más alta.

-No seas exagerado...

-No lo soy.-sonrió él volviéndose hacia ella y agarrándola repentinamente por la cintura.-Como tampoco exagero cuando afirmo que eres la chica más hermosa que hay en este mundo, como tampoco exagero cuando te digo que te quiero más que a nada en este mundo.

Gwen se quedó mirándolo, entre sorprendida ante aquella repentina confesión y agradecida por escuchar aquello, perdiéndose en aquel par de ojos misteriosos que tanto la cautivaban. Sí, ella también le quería con locura y así sentía que sería siempre.

-Te amo, Gwen.

Y entonces, antes de que a ella le diera tiempo a contestar, George posó sus labios sobre los suyos y le dio un beso extremadamente dulce pero a la vez apasionado. Al parecer, aquella noche iba a alargarse mucho más de la cuenta...


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Tres días. Tres puñeteros días hacía que Mary sabía lo de su embarazo. Tres días en los que no le había dicho absolutamente a nadie nada acerca de todo aquello. Y cuando decía a nadie, era a nadie. Ni siquiera Ringo, que sí que había empezado a notarla algo rara, sabía nada del embarazo. ¿Por qué hacía aquello? Ni siquiera ella misma era capaz de responder a esa pregunta. Posiblemente todo era por miedo. Sí, miedo. Miedo a lo que podían pensar los demás, miedo a que Richard no se tomara a bien el ser padre tan pronto... Y vale, su parte racional sabía que todo aquello eran tonterías, pero no podía evitar caer en aquellas paranoias.  A lo mejor era porque ella misma no sabía aún como tomarse aquella noticia. Y es que pronto su vida iba a cambiar de arriba a abajo, un cambio que ella no había previsto para nada y que la asustaba muchísimo.

Iba a ser madre. Madre. Jamás aquella palabra había tenido aquella magnitud para ella. Pero así era. Iba a serlo y, por mucho que no se sintiera preparada, el destino así lo había dispuesto. Y tarde o temprano tendría que contárselo a Richard.

Mary soltó un suspiro exasperada mientras pensaba en todo aquello y negó con la cabeza para sí misma a la vez acariciaba a Tiger. No. Aún no había llegado el momento de decírselo a él. Primero, ella misma debía de empezar a asimilar aquella noticia...


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Chris salió de la redacción junto con Jordan. Aquella tarde había hecho su primera entrevista. Se había estrenado con un personajillo de poca monta que acababa de fundar un partido político raro, pero la verdad era que estaba satisfecha con lo que había hecho. El único problema de todo aquello era que se les había hecho tremendamente tarde. El hombrecillo en cuestión se había presentado una hora después de lo acordado y habían tenido que trabajar a contrarreloj. Hacer la entrevista, volver a la redacción, redactarla y presentarla justo a tiempo para que pudiera publicarse para el día siguiente había supuesto un verdadero trabajo de locos, pero al final, lo habían conseguido.

-Creo que cuando llegue a casa ni ceno...-dijo la chica cuando llegaron a la altura de su coche.-Directamente me voy a la cama. Necesito dormir...

-Tendrás que ir acostumbrándote, chica Beatle. Ése es el trabajo de un periodista.

-No me llames "chica Beatle" si no quieres que te mate, ¿vale?-le respondió ella dedicándole una mirada suspicaz. Pese a que Jordan le caía muy bien, odiaba la manía que había pillado por llamarla así.-Y ya sé que es el trabajo de un periodista, listo.

-Vale, vale...-rió su compañero.-Tampoco hace falta que te pongas así... ¿Podrás disculparme, chic... Christine?

Chris no pudo evitar que se le escapara una risita con aquello.

-Me lo pensaré.-bromeó a la vez que entraba en su coche.-Nos vemos mañana, Jordan.

-Si no nos quedamos durmiendo en casa.

-Es una idea muy tentadora... Adiós.

Y dicho esto, la chica metió la llave en el contacto y arrancó. No obstante, el ruido del motor se apagó manera inmediata. Volvió a intentarlo, pero volvió a pasar lo mismo. Aquel maldito trasto no iba.

-Mierda...

De repente, unos golpecitos en la ventana, la hicieron volverse. Jordan la miraba curioso.

-El trasto éste no arranca.-le dijo ella abriendo de nuevo la puerta.-No sé qué coño le pasa.

-No llames trasto a esta joya.-le contestó él fingiendo escandalizarse.-Si quieres ver un trasto, échale un vistazo a mi coche. A ver... ¿me dejas?

Chris asintió y bajó del coche para que Jordan pudiera sentarse delante del volante. El chico intentó arrancar varias veces como ella antes había hecho pero, de nuevo, todos los intentos fueron en vano.

-No va, ¿no?-preguntó ella intentando reprimirse las ganas de pegarle una patada al coche.

-Tiene toda la pinta de ser la batería...-dijo Jordan saliendo del coche.

-Pues vaya gracia...-masculló ella enfadada.

-Oye...-empezó a decir el chico.-Si quieres te puedo acercar a casa, es tarde y...

Chris se lo quedó mirando durante unos segundos, sopesando la respuesta.

-Mejor pillaré un taxi, seguro que no te viene de paso. Pero gracias de todas maneras.

-En serio, no me cuesta nada.-insistió el chico.-Vives en el centro, ¿verdad?

-Sí.

-He quedado a cenar con unos amigos en Carnaby Street, o sea que me da igual pasar y dejarte en casa...

La chica soltó un suspiro. Al parecer Jordan no aceptaba un no por respuesta y la verdad era que a ella no le vendría nada mal que la acercaran a casa. Estaba cansadísima y lo último que le apetecía en el mundo era ponerse a buscar un taxi a aquellas horas o, peor aún, pillar el metro donde se arriesgaba a que la reconocieran en el acto.

-Está bien, a casa pues.-claudicó al fin.-Te debo una, Jordan.

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John miró el reloj nuevamente y soltó un bufido de resignación, nervioso. Era muy, muy tarde, y Chris todavía no había llegado a casa. Además, para colmo, ni siquiera había llamado por teléfono para avisar que tardaría. Intentó calmarse a sí mismo pensando en que aquel retraso se debería a cualquier banalidad y no a algo malo y, además, se recordó a sí mismo que la chica no habría llamado para avisar porque en teoría él a esas horas debería de estar en el estudio y no en casa.

Apartando casi con brusquedad a Mimi de encima de él se puso en pie y se dirigió hacia la ventana nuevamente. La gata soltó un maullido a modo de queja a la vez que él entreabría la cortina y miraba hacia la calle, preocupado. Se encendió un cigarrillo y se apoyó contra la pared, sin perder detalle de los coches que iban y venían, esperando a que de un momento a otro apareciera su Mini. Abajo, en la calle, un par de fans  cansinas a las que ya conocía de sobras porque lo seguían a todas partes, lo reconocieron en el instante y le saludaron con la mano. Él ni siquiera se molestó en devolverles el gesto. No estaba para tonterías en esos momentos...

Estaba a punto de apartarse de la ventana y de volver al sofá cuando, de repente, un Renault blanco se detuvo justo delante de la puerta de acceso a la finca. No hubiera hecho caso de aquello de no ser porque las dos fans de antes saludaron esta vez hacia el interior del vehículo. John, extrañado, dirigió su vista hacia el coche. Un chico de pelo rizado, bastante bien parecido, salió de la parte del conductor y corrió a abrir la puerta del copiloto. De allí dentro, ni más ni menos, salió Christine, que reía sin parar a la vez que el chico del pelo rizado parloteaba también entre risas.

Y entonces, John perdió la razón por completo.

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-Juro no volver a catalogar el Mini de John de trasto en toda mi vida.-rió Chris mirando el Renault de Jordan.-Al menos allí la puerta del copiloto se puede abrir desde dentro.

-¿Te había dicho que esto sí que era una chatarra o no?-preguntó Jordan divertido a la vez que le daba una patada a la puerta.

-Eso le falta, que encima le des golpes...-bromeó ella.-En fin, Jordan, muchas gracias por traerme.

-De nada.-respondió el chico.-Aunque visto el estado de la tartana esta que yo tengo es muy probable que algún día me tengas que acercar tú a mi casa también.

-Pues lo haré.-sonrió ella.-De todos modos, te debo una.

-Mañana me invitas a desayunar y ya estamos en paz.

-Tienes la cara muy dura, ¿eh?-rió Chris.

-No lo sabes tú bien... ¡Hasta mañana!

-¡Hasta mañana!

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John se sentó en el sofá intentando reprimir la rabia que sentía dentro de sí. Rabia, indignación, traición y... celos. Celos y más celos. Sabía que aquel momento llegaría, lo había sabido desde un primer momento. Al parecer, Christine se había cansado de tenerlo sólo a él. Posiblemente quisiera experimentar con otros hombres, posiblemente había dejado de quererlo. Aquella posibilidad lo carcomía por dentro. Él la quería, la sentía como suya y no estaba dispuesto a que nadie más la tocara. Aquello lo enfurecía, lo volvía loco, le hacía perder los estribos.

De repente escuchó la puerta abrirse. Miró hacia la puerta del salón, furioso, pero no se movió. Esperaría a que ella fuera allí, mejor.

-¡John!-exclamó ella sorprendida cuando entró allí y lo vio, sentado.-¡Estás aquí, qué sorpresa!

-Supongo que así ha sido.-respondió él, sombrío.-Una verdadera sorpresa para ti, ¿verdad?

-Pues sí.-le contestó Chris, mirándolo con el ceño fruncido.-Te hacía en el estudio.

-Hemos acabado pronto.

-Entiendo.-dijo la chica a la vez que se acercaba hacia él.-Me alegro de verte.

Christine se inclinó hacia él con la evidente intención de darle un beso, pero él se apartó con brusquedad. Ella se quedó mirándolo, contrariada.

-Ni se te ocurra hacer eso.-dijo él empezando a notar como la sangre le empezaba a arder en las venas.-Ni se te ocurra darme un puto beso o hacer como si no hubiera pasado nada.

-¿Pero qué...?-susurró ella.

-¡¿Qué?!-casi gritó él poniéndose en pie casi de un salto.-¿Aún tienes la cara tan dura como para preguntarme eso?

-¡John!-exclamó ella exasperada.-¿Qué te pasa?

-¡Te he visto!-gritó él acercándose a ella mientras respiraba agitadamente.-¡Te he visto saliendo del puto coche de ese subnormal!

-John...-susurró ella empalideciendo de repente.-Era Jordan, no pasa nada. El coche no me arrancaba, se ha quedado sin batería y él me ha...

-¡Mierda! ¡No me sueltes excusas joder! ¡No cuando os he visto!

-Pero yo no...

-¡¿Tú no qué?! ¡¿Qué?! ¡Os he visto con vuestras risitas! ¡He visto como te abría la jodida puerta! ¿Qué pasa? ¿Ahora te gustan las mariconadas esas? ¿Te ponen cachonda?

-¿Pero qué mierdas me estás contando?-exclamó ella.-¡No te montes películas! ¡Sólo es un compañero de trabajo que me ha acompañado a casa!

-¡Sí, por supuesto! ¡Un compañero que te deja en casa después de que te lo hayas follado! ¿Me equivoco?

Christine iba a contestarle algo pero, cuando escuchó esas últimas palabras, cerró la boca de nuevo de repente.

-¿Cómo has dicho?-siseó ella mirándolo con furia.

-Lo que has oído.-le respondió él, que aún estaba más furioso que ella.-Te acuestas con ese Jordan, ¿verdad?

-¡NO!-exclamó ella exasperada a la vez que los ojos se le inundaban en lágrimas.-¡No, no y NO!

Después, la chica arrancó en un llanto desesperado. John la miró, seguía muy enfadado y las lágrimas sin consuelo de la chica no le conmovían para nada. Él aún se sentía mucho más herido que ella, muchísimo más, y lo único que quería era escapar de allí, estar solo durante unas horas y pensar, pensar muchísimo. Así que, sin más, se dio la vuelta y se largó de casa. Todavía escuchó los sollozos de Christine cuando cerró la puerta pero no, aquello no le importaba.

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Agarrar el coche en sus condiciones no era lo más recomendable, pero estaba demasiado enfadado con todo como para ponerse a pensar. Salió de Londres en dirección al norte y condujo por carreteras solitarias a una velocidad pasmosa, pisando el acelerador de su Ferrari a fondo, sin preocuparse por nada más que correr y alejarse de todo y de todos lo máximo posible.

Paró en medio de la nada, en un páramo solitario, y apagó el motor. Después, se desmoronó por completo, apoyó la cabeza contra el volante y empezó a llorar.

Se sentía mal, fatal. Y dudaba... Dudaba de ella, dudaba de la persona que más quería en el mundo aunque sabía en lo más profundo de su ser que no le mentía, que no le engañaba. Pero el miedo... El miedo a que algún día se cansara de él y lo dejara, ese miedo seguía ahí, presente, como un fantasma amenazante que se ocultaba entre las sombras. ¿Por qué se había comportado así con ella? ¿Por qué no podía evitar tener aquellos sentimientos que lo devoraban por dentro, poco a poco y sin descanso? ¿Por qué parecía que estuviera predestinado a hacer daño a aquellos a los que quería? Ojalá tuviera una respuesta, pero John no lo sabía. No sabía qué era lo que le pasaba, cuál era su maldito problema y quizá por eso no podía evitarlo.

-¡Mierda, mierda, mierda! ¡Joder!-gritó antes de dar un fuerte golpe en la guantera del coche.

De repente, la guantera se abrió. John la miró: había roto el cierre con el maldito golpe. Pero, no obstante, lejos de fijarse en aquello, su mirada se posó sobre una pequeña bolsa de tela, una bolsa de la que casi se había olvidado por completo. Alargó su mano, la agarró y la abrió. Miró hacia su interior y dudó unos segundos en si debía hacerlo o no. No obstante, sus dudas pronto se disiparon: en aquellos instantes la jodida realidad era demasiado dura como para poderla soportar así, sin más.

Y entonces, sacó de ella una tableta de LSD y se la metió en la boca. Lo necesitaba. Lo necesitaba más que al aire que respiraba. Sin lugar a dudas, el ácido era la única compañía que necesitaba en aquellos momentos.

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Ni siquiera fue consciente de que ya había amanecido. Se había pasado toda la puñetera noche llorando, tumbada sobre la cama, sin saber si desear que John regresara a casa de una vez o que no apareciera en muchas horas. ¿Cómo había podido acusarla de eso? Aquello era absurdo, ni tan siquiera se le había pasado por la mente el ser infiel a John con nadie, y ahora él la estaba culpando de hacer la última cosa que habría hecho en el mundo. John sabía que lo quería, debía de saberlo. Se lo intentaba demostrar a todas horas, se desvivía por él... Y aun así aquellos malditos celos continuaban dominándolo.

De pronto, escuchó la puerta abrirse. Se puso tensa. John había regresado a casa. Lo escuchó caminar por el pasillo y, de repente, la puerta de la habitación se abrió. Chris, que vio inútil el hacerse la dormida, se volvió hacia él y lo miró a los ojos. Y entonces, enseguida lo comprendió: John estaba colocado de LSD por completo. Ni siquiera se dijeron nada mientras ella contenía de nuevo las ganas de echarse a llorar como una niña a la vez que él se desnudaba y se metía en la cama a su lado.

-Siento lo de antes.-susurró él cuando apagó la luz.

Pero Chris no pudo contestar. Su voz, mecánica y monótona, que dejaba en evidencia su estado, la hizo desmoronarse y empezó a llorar nuevamente en silencio. Él ni siquiera se dio cuenta, estaría demasiado concentrado en los efectos del LSD como para prestarle atención.

John había incumplido nuevamente sus promesas. Y es que, una vez más, los malditos celos y el maldito ácido se habian vuelto a adueñar de él. Chris tenía la sensación de que John había dejado de ser John una vez más.




Chicas! Qué hay??? Aquí llego con el primer capi del año y, como no, os quiero desear a todas un Feliz 2013 lleno de música y de buenos momentos. Que este año se lleve todos y cada uno de los problemas que borran vuestra sonrisa y a pasarlo bien! :)

Y por cierto, muchas gracias por vuestros comentarios. Os adoro a todas, y para mí es muy importante ver que seguís leyendo esto! :D Por cierto, Paul ha aparecido de nuevo, por lo que decíais algunas. La otra cuestión que algunas me habéis planteado, ya la responderé más adelante en un momento un poco más "serio", por así decirlo, jeje.

Espero que más o menos os haya gustado este capi. Si no, quejas, amenazas y demás, en el apartado de "Publicar comentario", jajaja.

Un abrazo!

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Capítulo 69: Trabajo, descanso y reacciones

Apenas eran las ocho y media de la mañana y Chris ya estaba llamando, como todos los martes, a la puerta del despacho del director del periódico.

-Adelante.-se escuchó desde dentro.

Christine abrió la puerta con cuidado y entró.

-Buenos días.-saludó obligándose a sí misma a esbozar una sonrisa pese a que era lo último que le apetecía hacer en aquel momento.

-¡Christine!-exclamó el director al verla.-¡Qué sorpresa verte por aquí tan pronto!

-Sí, lo sé.-respondió ella tomando asiento en una de las sillas que había ante el escritorio.-Hoy he madrugado y he venido antes.

-Es raro que una estrella  madrugue, ¿no crees?-comentó el hombre con cierto tonillo de burla.

-Yo no soy ninguna estrella, Anthony.-le replicó molesta.

-Pero vives con ella.

La chica dejó escapar un suspiro exasperada. Le molestaba, y mucho, que pensaran que John y ella eran una especie de pack indivisible, una misma persona. Chris estaba obsesionada con mantener su independencia, su personalidad propia y, pese a que muchas veces ella misma se sintiera tan unida a John que le costaba definir dónde empezaba él y dónde empezaba ella, no le gustaba que los demás los metieran en el mismo saco. Y aún le gustaba menos que alguien hiciera eso cuando apenas se había hablado con John desde el fin de semana, desde después del "incidente" con el LSD. Estaba todavía demasiado dolida con él para que pudiera pasar por alto esos comentarios.

-Sea como sea.-dijo en tono glacial mientras sacaba de su carpeta un folio escrito a máquina.-Aquí te traigo el artículo para mañana. 

Anthony agarró el papel que la chica le tendía y se lo llevó ante sus ojos.

-¿De qué se trata?-preguntó mientras empezaba a leer ya.-Tiene un título bastante raro...

-A decir verdad, es una columna bastante rara.-respondió.-A diferencia de lo que he venido haciendo hasta este momento, habla de cosas más... no sé... humanas.

-¿Humanas?

-No hablo de política ni me meto con las intervenciones belicistas que se están haciendo o con leyes que se están promulgando.-aclaró.-Hablo de la hipocresía humana, tanto a nivel personal como a nivel de instituciones.

-No pinta mal...-masculló Anthony, quien ya había empezado a leerlo mientras ella hablaba.

La chica no dijo nada, simplemente se limitó a esperar a que Anthony acabara en silencio de leer su artículo mientras lo miraba, esperando ansiosa su veredicto. Era la primera vez que escribía algo así, tan diferente, y la verdad era que temía que se lo tiraran a la cara en lugar de publicarlo.

-Esto es...-empezó a decir el hombre mientras levantaba la vista y la miraba con una expresión indescriptible.-Esto es... ¡Fabuloso!

La chica soltó un suspiro aliviada y se obligó a sí misma a dibujar una sonrisa agradecida en la cara a la vez que Anthony repetía una y otra vez lo mucho que le había gustado.

-Bien, pues si te parece bien, yo por mí...-dijo la chica cuando el hombre dejó por fin la hoja del artículo sobre su escritorio.

-No tan rápido, Christine.-le dijo de repente Anthony cuando ella hizo ademán de levantarse de la silla e irse de allí.

-¿Ocurre algo?-se extrañó ella. Normalmente, sus visitas al despacho del director acababan cuando él se leía su artículo de opinión para el día siguiente y le daba el visto bueno, por eso aquella reacción le pareció rara.

-La verdad es que sí, ocurre algo y te lo quería comentar.

Chris volvió a sentarse bien y lo escrutó con la mirada antes de contestar. A juzgar por la sonrisilla que lucía en la cara, no podía ser nada malo, aunque nunca se sabía.

-Pues tú dirás.-le animó ella al fin.

-Verás, Christine...-empezó a decir él.-Pese a que tu juventud juega en tu contra en este oficio, pocas veces me he topado con alguien capaz de expresar como tú lo haces las ideas que tienes. Como sabes, tus columnas, las pocas que tienes a la semana, son un éxito, de hecho se venden más periódicos los días que se publica y...

-No te equivoques, Anthony. Mucha gente lee mi columna por ser quién soy. Creen que The Beatles hablan por mi boca o algo así.-bromeó ella, aunque en el fondo sentía que eso era completamente cierto.

-Bueno, quizá.-rió Anthony.-En el fondo lo de las ventas me da igual, lo que me importa es que me gusta como trabajas. Se te da bien, realmente bien... Y verás... Ha surgido algo en el periódico. No sé si lo sabrás, pero Blake, uno de los redactores, se jubila.

-Algo había oído por ahí...-contestó contrariada. No sabía adónde quería ir a llegar Anthony, aunque tenía un aleve sospecha.

-Sí, hace ya tiempo que viene comentándolo. Lo cierto es que tiene muchas ganas, cualquiera diría que no lo tratamos bien-y, dicho esto, largó una inmensa carcajada como si aquello que hubiera dicho fuera lo más gracioso del mundo.-La cuestión es que queda una vacante libre, en redacción, y antes de contratar a alguien nuevo, había pensado en ofrecerte el puesto a ti. Creo que das el perfil.

-Pero...-balbuceó ella sorprendida.-¿Me estás ofreciendo...?

-Te estoy ofreciendo un puesto fijo en el diario. De colaboradora eventual como estás haciendo ahora, pasarías a formar parte de la plantilla.-continuó él.-Trabajo toda la semana, con dos días libres, los que tú eligieras, y cubriendo temas de actualidad social, política o de lo que surja.

-Pero hay un inconveniente, Anthony.-replicó ella con un hilo de voz.-Yo no soy periodista. Empecé a estudiar Historia y ahora ni siquiera estoy yendo a clase en la Universidad...

-No seas ridícula, Christine.-rió él.-¿Cuántas personas con la carrera universitaria de periodismo crees que hay en esta redacción? ¡Tres! Tres de todos los que somos, imagínate. Ni siquiera yo estudié eso...

-¿No?

-Hice Derecho.-aclaró él.-Pronto aprenderás que el hecho de que alguien tenga madera de periodista no tiene nada que ver con sus estudios. Redacta bien, exprésate bien y busca la noticia, simplemente eso. Y creo que tú sabrías hacer todo eso, ¿no?

-Pero...

-Es el tercer pero que te oigo pronunciar desde que hemos empezado esta conversación.-contestó él.-Mira, aún tienes tiempo para pensarlo. Blake no se irá hasta dentro de mes y medio por lo menos, así que tienes tiempo para considerarlo. Consúltalo con quien quieras, piensa bien los pros y los contras y dame una respuesta cuando la tengas, sin prisas.

-¿Y...?-balbuceó Chris.-¿Y si la respuesta es que no?

-Obviamente me gustaría que la respuesta no fuera ésa, pero si lo es, respetaré tu decisión.-contestó Anthony sonriendo.-Si no decidieras aceptar cubrir el puesto de Blake, continuarías con tus columnas de opinión como hasta ahora, sin ningún problema.

-De acuerdo.-contestó Chris.-Lo pensaré.

-Nos vemos pasado mañana, ¿de acuerdo?

-De acuerdo. Adiós Anthony. Y gracias por la confianza prestada.

-De nada. Y adiós.

***************************************

El hecho de que ella no estuviera cuando se había despertado, le incomodó muchísimo. Seguramente habría salido hacia la redacción, pero no había forma de saberlo a ciencia cierta. Rompiendo su costumbre, Chris no había dejado ni una mísera nota diciéndole que se iba, nada, algo que ponía en evidencia que aún estaba muy, muy enfadada con él. Para qué negarlo, él también estaba enfadado consigo mismo. Odiaba haberle dicho todo aquello porque sabía que la forma en que lo había hecho la había herido, pese a que continuara pensando que había algo de razón en sus palabras. No obstante, no podía soportar verla así, tan fría y tan distante, sin apenas dirigirle la palabra, desde que él había vuelto a casa el sábado ya casi al mediodía. Y se sentía profundamente mal por ello...

Estaba reflexionando en todo ello mientras se bebía su primer té del día cuando tomó una firme determinación. Cuando volviera, intentaría hablar con ella. Mejor dicho, no intentaría hablar con ella, hablaría con ella. A fin de cuentas, si ella era una cabezota tozuda, él lo era mucho más y no iba a permitir que aquella tensión entre los dos durara ni un segundo más.

Después, sin dejar de pensar en aquello, agarró uno de los periódicos del día, que la asistenta había traído religiosamente como cada mañana, y lo abrió con la mera intención de despejar un poco su cabeza y dejar de sentirse por unos momentos como un completo idiota. Se saltó las primeras páginas: no tenía ganas de calentarse la cabeza leyendo noticias políticas o de grandes desgracias, y se detuvo justamente antes de la sección de deportes, en la sección que Chris llamaba "Tonterías varias para llenar las hojas" y que a él tanto le gustaban por la cantidad de gilipolleces surrealistas que a veces se publicaban allí. Entonces, lo vio. Una pequeña noticia, en una esquina, pero que enseguida le llamó la atención: "La Junta del Puerto de Westport, en Irlanda, decide vender isla de su propiedad para paliar su déficit".

Y casi sin quererlo, una idea se le iluminó en la cabeza haciendo que John, por primera vez desde que se había levantado esa mañana, dibujara una sonrisa en sus labios.

********************************************

Ringo miró a Mary preocupado mientras la pobre salía disparada de la cama al cuarto de baño. Llevaba unos días en los que estaba fatal. Apenas tenía ganas de comer y los vómitos se habían hecho tan frecuentes que la pobre había perdido bastante peso. Afortunadamente, él esos días no había tenido que ir al estudio (tampoco lo hubiera hecho aunque hubiera sesión de trabajo estando Mary como estaba, la verdad) y había podido estar con ella, que, pese a sus reticencias a que la cuidara, en el fondo sabía que le estaba profundamente agradecida.

Al cabo de unos minutos, la chica volvió a entrar en la habitación. Estaba mortalmente pálida y Ringo no pudo menos que saltar de la cama para acudir a su encuentro: en aquellos momentos se veía tan frágil que  parecía que fuera a caer en el suelo de un momento a otro.

-No hace falta que me agarres.-se quejó ella con voz débil.-No me encuentro mal, sólo...

-No digas tonterías, Mary.-le cortó él mientras la ayudaba a entrar de nuevo en la cama.-¿Tú te has visto? Esto no me gusta... Lo que no sé es por qué te he hecho caso y aún no he llamado al médico.

-Oh, Ritchie... No te preocupes, sólo es que he comido demasiado y mírame... Debería aprender a controlarme un poco... Además, se me ha juntado todo, estoy en mis días y... Cuanto menos te descuides, estaré bien, ya lo verás.

-Me da igual lo que digas.-sentenció él rotundamente.- Es el cuarto día que estás así y no mejoras. Voy a llamar al doctor, te pongas como te pongas.

Dicho esto, Ringo descolgó el teléfono que había en la mesita de noche y empezó a marcar los primeros números.

-Ritchie, no...

Pero él no le hizo el menor caso y acabó de marcar el número. Casi en el acto, la voz de una mujer mayor le respondió al otro lado del teléfono. Sólo hizo falta que dijera su nombre para que la mujer se apresurara a pasarle directamente con el doctor. Después de explicarle brevemente lo que pasaba, el médico acordó en ir a su casa nada más acabara terminara con un par de pacientes con los que ya tenía cita concertada.

-Supongo que ahora estarás contento.-masculló ella cuando colgó.

Él se volvió a mirarla y no pudo evitar soltar una risita por lo bajo cuando la vio de brazos cruzados sobre la cama con cara de enfurruñada. En aquellos momentos parecía una niña enfadada a la que no le habían dejado salirse con la suya y aquello le hizo muchísima gracia.

-Sí, lo estoy.-contestó acercándose a ella y dándole un beso en la mejilla.- Princesa, debes cuidarte. Cuando uno está enfermo debe ver al médico y...

-Tonterías, Richard. Yo no estoy enferma.

-Ah, sí, tienes razón.-bromeó él.-Esos vómitos y ese malestar son de lo más saludables...

-No te pongas en plan graciosillo...

Ringo soltó otra risita aunque seguía estando muy preocupado.

-El doctor vendrá en menos de una hora.-dijo dando por zanjada la discusión.-Voy abajo a comer algo. Y tú, princesa, no te muevas de aquí. Te subiré una infusión después.

Y dicho esto le dio otro beso a la chica y salió de la habitación sin ni siquiera darle tiempo a soltar ni una queja por lo que acababa de decirle.

*********************************************

Chris abrió la puerta de casa todavía preguntándose si debía de aceptar o no el puesto que Anthony le acababa de ofrecer. Había venido todo el camino de regreso pensando en los pros y los contras y aquello, lejos de decidirla, la había confundido aún más. Y es que, la balanza de cosas a favor y cosas en contra estaba asquerosamente equiparada.

-Buenos días, pequeña.

La voz de John la sacó de repente de su ensimismamiento. Levantó su cabeza y lo miró: había salido al pasillo nada más la había escuchado y lucía una sonrisa de niño bueno impresionante. No obstante, ella le dedicó una mirada fría como el hielo. No porque la mirara con cara de no haber roto un plato en su vida y la llamara de nuevo "pequeña" iba a olvidarse tan así como así de lo que había pasado hacía unos días.

-Hola.-se limitó a contestar sin más antes de cerrar la puerta.

Después, sin decirle nada más pasó por su lado y entró en el estudio para dejar la carpeta y los trastos que traía consigo.

-¿Vienes del periódico?

Otra vez John. La chica no pudo evitar soltar un bufido al entender que la había seguido hasta allí.

-Sí.-contestó volviéndose hacia él, que ahora descansaba apoyado sobre el marco de la puerta.

-Ahm. Muy pronto, ¿no?

-He madrugado.- dijo secamente antes de volver a darle la espalda y ponerse a toquetear las cosas que había por encima del escritorio. Lo cierto era que no tenía nada que guardar, pero el fingir que estaba ordenando los papeles que allí tenía la hacía parecer ocupada y así, de aquella manera, quizá John desistía y se largaba de allí.

No obstante, Christine se equivocó de plano. Casi cuando ya empezaba a pensar que John se iría de un momento a otro, el chico entró en el estudio y sin darle ni siquiera tiempo a reaccionar, la abrazó por la espalda. Ella notó como la tensión se apoderaba de ella a la vez que él apoyaba la barbilla en su hombro mientras lanzaba un largo suspiro. No obstante no dijo ni hizo nada.

-No soporto que estemos así.-susurró él después de mantenerse unos segundos en aquella posición.-Te quiero con locura y... Joder, lo siento. Lo siento mucho.

-A mí tampoco me gusta esta situación.-respondió ella con sinceridad.-Pero... Te pasaste. Me dolió mucho lo que me dijiste.

-No volverá a ocurrir, te lo prometo. Nunca te volveré a hablar así.

La chica se zafó de su abrazo con suavidad y se dio la vuelta, de tal modo que quedó cara a cara con él. Lo escrutó: parecía sincero y arrepentido.

-Te pido disculpas.-insistió él clavando sus ojos en ella.

Y entonces, ella se desarmó de nuevo por completo y se abrazó a él con fuerza. No sabía cómo se las apañaba, pero era imposible no creerle teniendo en cuenta como la miraba.

-No me vuelvas a tratar así en tu vida, ¿me oyes?-alcanzó a decir todavía con la cara pegada a su pecho, sintiendo como las lágrimas, contenidas de tantos días de tensión en los que se había negado a derramar ni una sola en su presencia, se agolpaban en sus ojos.

-Nunca. Te lo juro.-susurró él a la vez que la estrechaba entre sus brazos y le daba un beso en el pelo.-Y te prometo que dejaré de lado el ácido... En realidad no es tan maravilloso como parece...

Chris se separó de él levemente y lo miró con los ojos empañados aunque sonriente y sorprendida con aquella promesa. Él le devolvió la sonrisa y le limpió las pocas lágrimas que ya habían empezado a asomar por su cara con los pulgares. Después, le dio un dulce beso en los labios que a ella le supo a gloria para a continuación abrazarla de nuevo y hundir su cabeza en su cuello, tranquilo.

Y cuando ella ya había olvidado sus problemas, que las cosas por fin se habían solucionado, un pensamiento cruzó su mente. El trabajo, el maldito puesto de redactora que le habían propuesto hacía unas horas. Notó como se estremecía al pensar en lo que debería hacer, decírselo a John, y, por unos momentos, incluso llegó a temer una reacción colérica por su parte. De hecho, uno de los contras a la hora de aceptar el puesto era precisamente la actitud que él pudiera adoptar hacia aquel tema. Y es que, pese a que él tuviera más que asumido que ella quería hacer una vida independiente, no sabía muy bien como tomaría el hecho de que tuviera que ponerse a trabajar a jornada completa... ¿Y qué debía hacer en esos momentos? ¿Decírselo y arriesgarse a estropear aquella frágil reconciliación o sin embargo callar y esperar? ¿Pero cuándo se lo diría? Respondió a todas estas preguntas en cuestión de segundos y, casi sin pensarlo, puso la mano sobre el pecho de John y lo separó levemente.

-¿Ocurre algo?-preguntó él contrariado, que obviamente no esperaba aquello.

Chris lo miró durante unos segundos, agarró aire y, por fin, se lanzó a hablar:

-John, he de contarte algo.

La expresión preocupada, contrariada y sorprendida, incluso podría decirse que con un atisbo de furia, de John hizo que Chris se acelerara a la hora de aclarar el tema. Era evidente que él en aquellos momentos no estaba pensando nada bueno. Y no quería ni imaginarse qué cosas estaban pasando por su mente en aquellos instantes.

-El director del periódico me ha dicho que queda una vacante en redacción libre dentro de poco y me ha ofrecido el puesto.

John largó una sonora carcajada que la desconcertó.

-¿Eso era lo qué tenías que decirme?-preguntó cuando paró de reír.-¿Y qué le has contestado?

-Nada.-contestó ella intentando adivinar si aquella sonrisa en la cara de su novio se debía a que realmente le gustaba la idea o a que simplemente estaba aliviado por no haber escuchado ninguna de las posibles barbaridades que con total seguridad había imaginado.

-¿Nada?

-Sí, me ha dado unos días para contestar... De todas maneras el puesto quedaría vacante dentro de un mes largo y... Tengo tiempo para pensarlo.

-A juzgar por tu carita, creo que ya lo tienes más que pensado.

-Pues no.-respondió ella.

John soltó otra risita.

-No me mientas.-le susurró acercándose a su oído.

-Te juro que aún no he...

-Vas a aceptarlo, ¿verdad?-sentenció él esbozando una sonrisilla.

-John, aún no lo he pensado, ya te lo he dicho.

Sin ni siquiera contestar, él se dejó caer sobre uno de los dos sillones que había en el estudio, todavía con aquella sonrisilla pintada en la cara.

-Dime una cosa, pequeña...-dijo al fin poniendo las piernas encima del reposabrazos.-¿A ti te apetece hacerlo?

-Pues...-dudó ella pensando por primera vez en serio, sin tener en cuenta la posible mala reacción de John, que era evidente que no se iba a enfadar por ello.-No sé... Supongo que... Sí. Me gusta en realidad.

-Y se te da bien.-concluyó él.-Deberías decir que sí.

-¿Tú crees?-preguntó ella sin poder ocultar su felicidad.

-Sí.-sonrió John.-Si quieres hacerlo, acepta.

Por toda respuesta, la chica se acercó y le soltó un sonoro beso en la mejilla.

-Por cierto... Supongo que antes de tener el nuevo trabajo tendrás tiempo para una escapadita un fin de semana...-dijo él de repente.

-¿Qué? ¿Una escapada? ¿Adónde quieres que vayamos?

-Sólo quiero veamos algo, pequeña.-contestó él.-Y de paso nos pasamos un par de días solos sin obligaciones de ningún tipo, ¿qué te parece?

-¿Pero adónde vamos?

-Eso ya lo verás.-sonrió John.-Será una sorpresa.

**************************************

-¿Y dices que los vómitos los tienes desde hace tan sólo unos días?-quiso saber el médico, que estaba inspeccionando a Mary mientras él observaba la escena desde el sillón que había en la habitación.

-Sí.-contestó la chica.

-Pero no hay dolor abdominal.

-No.-negó Mary.-Bueno... El dolor típico del período y todo eso.

-Entiendo...-masculló el doctor.-Voy a inspeccionarte las pupilas, ¿de acuerdo?

Mary asintió con la cabeza a la vez que el médico agarraba una pequeña linterna y la encaraba a sus ojos directamente.

-Voy a hacerte un análisis de sangre, Mary.-concluyó el doctor cuando acabó su inspección.

-¿Un análisis?-preguntó Ringo extrañado. Era la primera vez que había abierto la boca desde que el médico había llegado y no pudo ocultar el tono de preocupación en sus palabras.

-Sí, creo que sería lo más apropiado. Ya que estamos, hacemos el análisis y así tenemos el reconocimiento completo.-respondió el hombre antes de volverse de nuevo hacia la chica.-Y ahora, Mary, ¿te importaría que te extrajera ahora la sangre para los análisis?

-Qué remedio...-respondió la chica medio en serio y medio en broma.

El doctor soltó una risita por lo bajo mientras preparaba la aguja. No tardó demasiado en extraer la sangre necesaria, en terminar el reconocimiento y recetarle unas pastillas contra los vómitos. Después, recogió sus cosas y salió de la habitación acompañado por Ringo, dejándose tras de sí a una Mary que parecía mucho más mareada después de haber visto la sangre.

-¿Tiene idea de lo qué puede ocurrirle?-preguntó Ringo nada más cerraron la puerta de la habitación.-No ha dado un diagnóstico y...

-Por eso precisamente voy a mandar ese análisis.-respondió el médico.-Con lo que ahora he visto, mucho me temo que no puedo dar un diagnóstico claro.

-¿Pero tiene idea de qué puede ser? Seguro que algo se imagina...

-Bueno...-masculló el doctor.-En realidad estoy barajando seriamente la posibilidad de que tenga anemia.

-¿Anemia?-repitió él con un hilo de voz.-¿Es grave?

-Depende. Pero no debes preocuparte, Richard, en la mayoría de casos es una simple carencia superficial de hierro que se soluciona pronto.... De todas maneras, debemos esperar a los resultados del análisis.

-Dese prisa en tenerlos pues.

-Descuida.-contestó el doctor.-Nada más los tenga os llamaré.

-Gracias por todo.

-Es mi trabajo, no tienes por qué agradecer nada. Tranquilo, Richard. Y cuídala, eso sí. Nos vemos pronto.

-Sí...-contestó él mientras el doctor ya empezaba a caminar hacia su coche.-Adiós.

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Lo único que le había podido sacar a John en limpio de aquella misteriosa escapada de fin de semana que le había prometido antes de irse, era que tenían billetes de avión para Dublín. No obstante, parecía que la capital irlandesa no era el destino final ni muchísimo menos, así que todo continuaba siendo un misterio para Christine incluso cuando ya estaban metidos dentro de un coche de alquiler, con John al volante, mientras salían de la ciudad.

-¿Me puedes decir ahora adónde vamos?-preguntó ella, que se estaba muriendo de curiosidad.

-Vamos al norte.

-Oh, Johnny, eso ya lo veo...

-Pues entonces ya lo sabes.-rió él.-Unas cuantas horas soportando mi conducción temeraria y ya verás adónde te llevo.

-Dijiste que querías que viera algo...

-¿Eso dije?

-¡John!-le riñó ella a la vez que él empezaba a reírse con ganas.-No te rías, sabes que me matan estas intrigas.

-Lo que pasa es que eres una impaciente, pequeña...

Chris soltó un bufido consternada. Sabía que no iba a decirle nada más. Sólo había alguien que le superara a ella en cabezota y ése, sin lugar a dudas, era John. Así que si había dicho que no iba a decirle nada hasta que llegaran, no se lo diría, así de simple.

Afortunadamente, el viaje transcurrió sin sobresaltos. Pronto, aunque pareciera imposible, John le hizo olvidar su intriga con su conversación y sus cosas y, un poco después de que pararan a repostar en una gasolinera regentada por un irlandés tosco que pareció no reconocerles, John anunció que estaban a punto de llegar.

-¿Dónde estamos?-preguntó Christine mientras miraba la bahía por la ventanilla. Aquello realmente era precioso: verde y con el mar de fondo, parecía sacado de un cuento.

-Estamos en la Bahía de Clew.-aclaró John.-Y ahora mismo vamos a entrar en un pueblo que se llama Westport...

-¿Vamos a quedarnos en ese pueblo?-quiso saber ella.

-No.-sonrió John.-He quedado aquí con alguien que sí que nos va a llevar al sitio donde vamos a quedarnos.

A Chris ni siquiera le dio tiempo a contestar antes de que John detuviera el coche delante de lo que parecían ser los edificios del pequeño puerto pesquero del pueblo.

-No me digas que vamos a pasar un magnífico fin de semana pescando bacalaos...-bromeó ella mientras bajaban del coche.

-Oh, no me digas que no te gusta la idea...-le siguió él la corriente.

Apenas habían puesto un pie en la calle, un tipo pelirrojo y con barba que debía aproximarse a los cincuenta corrió hacia ellos.

-Señor Lennon, señorita.-se presentó cuando estuvo delante.-Por fin nos conocemos. Soy Gerrald Crowley. Les estaba esperando, espero que hayan tenido un buen viaje.

-Encantado.-contestó John.-Usted es el que se encargó de tratar con mi abogado, ¿verdad?

-Exactamente, el mismo. Fue un placer hacer negocios con él, bueno, con usted.

-Ah, yo paso de los negocios...

Chris no podía dejar de mirarlos a los dos sorprendida. ¿De qué estaban hablando? ¿Negocios? ¿Abogado? ¿Y quién era aquel tipo que les estaba esperando?

-Tengo la lancha que me encargó aquí mismo, al lado de la mía propia.-dijo el tal Gerrald señalando hacia el puerto.-Tengo entendido que usted sabe manejar una, ¿verdad?

-Más o menos. No tiene mucho misterio.-sonrió John.

-Perfecto. Si no tienen inconveniente, les acompañaré hasta la isla. Está cerca y no tiene pérdida, aunque ya que es la primera vez que van será mejor que me sigan.

-Me parece bien.-contestó John a la vez que sacaba la maleta que habían traído consigo del maletero del coche.

John, Gerrald y la confundida Chris se dirigieron hasta el muelle y subieron en sendas lanchas que estaban amarradas en el puerto.

-¿De qué va todo esto? ¿Y quién es ese tipo?

-Ese tipo es el dueño de la inmobiliaria de Westport.-respondió John mientras arrancaba la lancha y empezaba a seguir a Gerrald, que iba delante con la suya.

-Un segundo... Espera a que me aclare...-dijo ella levantando la voz para que él la pudiera escuchar por encima del ruido del motor.-¿Has comprado una casa en una isla?

-No exactamente.-respondió casi gritando John mientras sonreía pícaramente.

-¿Entonces?

John fingió descaradamente no haberla escuchado y continuó conduciendo tranquilamente detrás de Gerrald. Ya iba a protestar por aquel secretismo cuando las dos lanchas se detuvieron delante de una isla, al parecer, completamente deshabitada.

-¡Ya hemos llegado!-exclamó Gerrald desde la otra lancha.-¡Bienvenidos a Dorinish!

-Y en respuesta a tu pregunta de antes...-susurró John acercándose a Chris.-No he comprado una casa en una isla. He comprado la isla, que es distinto.

-¿Qué?-casi exclamó ella.

-1700 libras.-sonrió él.-Una verdadera ganga para lo que de ahora en adelante será un refugio para los dos cuando tengamos ganas de evadirnos del mundo.

-Estás completamente loco...

-Lo sé. Y sé que a ti te gusta que lo esté, pequeña....-susurró él antes de darle un beso en los labios.-Y ahora, bajemos. Creo que tenemos una isla que explorar.

**************************************

George se sentía un poco mal por ir a esa fiesta sin Gwen. No obstante, ella le había insistido tanto en que no podía ir por culpa del examen teórico que tenía ese mismo lunes que a él no le había quedado más remedio que acudir sólo. Además, era una de esas citas ineludibles a las que tenías que ir sí o sí, una de esas fiestas a las que Brian no le hubiera perdonado nunca que faltase por la afrenta que aquello hubiera supuesto. Otra cosa en contra de aquella maldita fiesta era la ausencia de los demás chicos, que a saber qué andarían haciendo... No obstante, se autoconsoló intentando pensar en que allí se encontraría a un montón de amigos y conocidos con los que por lo menos intentaría pasar un buen rato.

No se equivocó. Apenas pudo sortear los flashes de las cámaras que se agolpaban en la entrada y entró adentro, se encontró con un sonriente Eric Clapton que enseguida se lo llevó a la barra. Estuvieron así, charlando y bebiendo durante largo rato, entre ellos y entre los otros muchos que había por allí, la "gente guapa" de Londres, disfrutando, sin más. Y justo cuando ya estaba empezando a notar como los whiskys que se había tomado le estaban subiendo a la cabeza, escuchó aquella voz, aquella voz que ya empezaba a conocer bien, demasiado bien...

-¡George! ¿Eres tú?

El chico se dio la vuelta lentamente y la miró con los ojos entrecerrados, mientras le daba una profunda calada a su cigarrillo.

-Hola Charlotte.-contestó sin más.-No esperaba verte por aquí.

-Yo tampoco a ti. Al no ver a ninguno de los otros tres...

-No han venido.

-¿Y tu novia?

-¿Gwen? En casa.-respondió.-¿Y tú? ¿Has venido sola?

-En realidad he venido con mi agente... Quería que conociera a algunas personas del mundo de la moda y me ha pedido que le acompañara. Pero ya hace un buen rato que ha desaparecido... Como tu amigo.

Al escuchar aquella última frase, George se dio la vuelta y comprobó que, efectivamente, Eric se había ido de su lado. No obstante, no le costó localizarle un poco más allá charlando con una chica despampanante, modelo, seguramente.

-En estas fiestas muchos acaban desapareciendo, no es nada raro.-comentó en tono casual.

No se dio cuenta del significado de su comentario hasta que vio como lo miraba la rubia. Vale, estaba borracho, pero era capaz de discernir aquel tipo de cosas. Fue entonces cuando sintió como el corazón le daba un vuelco. Gwen, con la que tantas discusiones había tenido últimamente por aquello, había estado siempre en lo cierto: esa Charlotte iba a por él de una manera más que descarada y él había estado completamente ciego hasta el momento.

-Pues si todos desaparecen...-masculló Charlotte sonriendo de manera sugerente.

George la miró durante unos segundos, fijamente y, después, apuró el vaso de whisky que tenía en la mano de un solo trago. Después, se aclaró la garganta, agarró aire y dijo:

-¿Por qué no me acompañas al jardín, Charlotte?

La chica se quedó mirándolo, sorprendida pero satisfecha a la vez mientras George se ponía en pie y empezaba a caminar, sin ni siquiera esperarla hacia el jardín.

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Chris y John entraron en la pequeña cabaña que se había erigido como su improvisado hogar en aquellos dos días que iban a pasar en Dorinish, su isla. Aunque la casucha era minúscula, era tremendamente acogedora, sobre todo con el fuego crepitando en la chimenea como lo estaba haciendo en aquellos momentos. No obstante, John tenía idea de construir algo más "resistente" allí nada más tuviera oportunidad. Una especie de casa de veraneo en la que ellos dos pudieran pasar sus periodos de descanso sin cientos de ojos curiosos posados en ellos.

-Esto es precioso, John...-dijo Chris casi en un susurro mientras miraba por la ventana.-Precioso.

Él se acercó a ella y rodeó su cintura con sus brazos. Después, apoyó la cabeza contra el hombro de la chica, sonriente y feliz como ya hacía tiempo que no lo estaba. Efectivamente, aquello era precioso, sobre todo en aquellos momentos. Afuera empezaba a anochecer y una suave llovizna que apenas rozaba los cristales caía sobre la inmensidad de pasto verde y mar que se extendía ante sus ojos.

-Es precioso y ahora es nuestro...-susurró él.

Nada más escuchar aquello, la chica se giró suavemente hasta quedar cara a cara con él. Lo miró durante unos segundos y, después, sin decir nada, lo besó. John le respondió con ganas y pegó aún más su cuerpo contra el suyo mientras ella respondía con un leve suspiro que a él le sonó a gloria. Con cuidado pero con determinación, la agarró por la espalda y la condujo, sin dejar de besarla, hacia la desvencijada alfombra que había delante del fuego. Ella se separó de él unos segundos y lo miró. Era evidente que sabía lo que iba a ocurrir, pero más evidente era que ella lo estaba deseando tanto como él. Con cara de niña mala, pasó su mano por debajo de su jersey, sobre su piel desnuda. Sólo con notar el tacto cálido de su mano sobre su pecho, sólo con imaginarse qué era lo que iba a ocurrir a continuación, John empezó a perder la cabeza. Era paradójico que estando con ella desde hacía casi año y medio, aquella chiquilla continuara haciéndole perder el control con tan solo un pequeño gesto como aquel. Ansioso, se quitó el jersey de un tirón e hizo lo mismo con el de ella. Chris soltó una risita excitada antes de que él hundiera de nuevo su cabeza en su cuello. Y entonces, cuando sintió la mano de ella desabrochándole el botón de su pantalón vaquero, John perdió la cabeza por completo. Acabó de desnudarla casi con brusquedad y, después, los dos cayeron rodando sobre la alfombra. No quedó ni una parte de su cuerpo por besar y acariciar, ni del uno ni del otro, antes de que ella definitivamente se hartara de la única prenda que en esos momentos se interponía entre los dos y le quitara los calzoncillos a John casi con la misma brusquedad con la que él la había acabado de desnudar minutos antes. Él no pudo menos que soltar un gemido ahogado al sentir su erección contra la piel de ella, que le agarró por el cabello y atrajo su cabeza hacia la suya para darle un apasionado beso a la vez que le rodeaba la cintura con las piernas. Y entonces, John, sin dejar de besarla, entró, por fin, dentro de ella para hacerle el amor como tantas veces se lo había hecho; una cosa de la que nunca, nunca, nunca en su vida se cansaría. Estar unidos, los dos, de una manera tan perfecta en la que no se sabía a ciencia cierta donde empezaba el cuerpo del uno y acababa el del otro, haciendo físico el amor que sentían, era, sin duda, la mejor sensación del mundo.

*************************************

George se sentó en una de las sillas que había en aquel inmenso jardín y miró a su alrededor. Estaba a rebosar. Casi podría decirse que había más gente allí que adentro.

-Hace una buena noche, ¿no crees?-dijo de repente Charlotte.

El chico se volvió y la miró. Había estado tan metido en sus propios pensamientos que apenas se había dado cuenta de que Charlotte se había sentado a su lado. Suspiró. Sin duda, había llegado el momento. El momento de poner los puntos sobre las íes y dejarlo todo muy pero que muy claro.

-Verás Charlotte...-empezó a decir.-No quiero que me malinterpretes. Si te he hecho salir aquí conmigo es porque quiero que hablemos.

-¿Hablar?-preguntó ella. La cara de la chica reflejaba una inmensa sorpresa. De no haber estado él metido en esa situación de pleno, se habría reído de buena gana con aquello: al parecer a Charlotte el príncipe azul le acababa de salir rana.

-Sí, hablar.-contestó él con contundencia.-Creo que todo esto está... tomando caminos que no deseo tomar.

-No entiendo lo que quieres, decir, George.-se apresuró a decir ella.

-Sí que lo sabes.-le cortó él con severidad.-Siempre estás por donde yo estoy,: cuando salgo a dar un simple paseo por ahí, cuando voy al estudio, cuando acudo a alguna fiesta... Mira, podría creer en las casualidades si esto sólo hubiera pasado una, dos o a lo sumo tres veces, pero obviamente, eso no es así.

-¿Qué estás queriendo insinuar?-casi gritó ella.

-No insinúo nada, sólo digo lo que hay.-respondió él con serenidad.-Y no me gusta nada todo esto, si te digo la verdad.

-Oye, George... Yo no...

-No, óyeme tú a mí.-le interrumpió él poniéndose en pie de repente.-Estoy con Gwen y la quiero, la quiero muchísimo. Te equivocas de plano si crees que voy a arruinarlo todo por un...

-¿Por un qué?-preguntó ella desafiante al ver que él se había interrumpido bruscamente.

A George sólo le faltó un poco para contestarle a la pregunta con un claro "por un putón como tú", pero se contuvo en el último momento.

-Mira, Charlotte.-le dijo finalmente.-No quiero volver a verte, ¿vale? No quiero que te vuelvas a cruzar en mi camino. Y si alguna vez nos cruzamos por casualidad haz como si no me hubieras visto, ¿entendido?

Charlotte se quedó mirándolo boquiabierta, sin saber qué decir ni qué hacer, aunque eso a George no le importaba lo más mínimo. Así que, sin ni siquiera esperarse a que ella reaccionara ante aquello, se dio media vuelta y volvió a la fiesta sintiendo como se había quitado un enorme peso de encima, un enorme peso del que él ni siquiera había sido consciente hasta esa misma noche pero que por poco lo había hundido en un pozo en el que nunca hubiera deseado caer.



Holaaaaaaa!!!!!! Aquí yo después de mil años como ya viene siendo costumbre... Espero haber compensado con este capi largo, largo. Espero que estéis bien y, si no nos "vemos" antes de la semana que viene, aprovecho para desearos una feliz Navidad a tod@s. Sobre el Año Nuevo no diré nada pues espero publicar antes de que llegue el 2013, así que... Esa felicitación, a la próxima.

En fin, nenas, gracias por leer y por comentar (Debbie -éste era para ti, lo sabes ;) -, "mi María" -jajajaja, recuerda lo de las dos preguntas-, Jane Allen -que adoro tus comentarios, de verdad que sí-, Ingrid -por fin sé tu nombre: ahora puedo darte las gracias personalizadas :D -, y Citla -de vuelta después de exámenes, holaaaa!-). Y ya sabéis, esto sin vosotras que leéis, no sería nada.

Besos y HAPPY XMAS! :D












miércoles, 5 de diciembre de 2012

Capítulo 68: Próxima parada, problemas

Habían pasado un par de meses desde sus malas experiencias con el LSD y, hasta el momento, Christine se había negado a probarlo de nuevo. No iba  anegar que aquello había sido una tarea bastante difícil, sobre todo teniendo en cuenta que John le había estado insistiendo para que lo hiciera, en especial las primeras semanas después de lo sucedido. No obstante, a partir del momento en el que ella había manifestado su firme decisión de no volverlo a probar de una manera muy clara, él no había había dicho nada más. Simplemente, cuando le apetecía, se limitaba a colocarse sin más evitando a toda costa preguntarle a ella si quería unirse al viaje. Y aquello, a ojos de Chris, aún era peor que su insistencia para que le diera una nueva oportunidad al ácido. Peor porque después le tocaba aguantar a un John de viaje durante once o doce horas. No era que él se pusiera insoportable cuando estaba ido, nada más lejos de la realidad. Lo que ocurría era que cuando se ponía con ácido, John estaba completamente ausente, tanto que incluso a veces parecía un mueble más de la casa. Al parecer, aquello era de lo más normal cuando estabas bajo los efectos del LSD, pero Christine no había sido consciente de ello hasta que lo había dejado y había empezado a ver aquellos viajes desde la barrera, sin ser partícipe de ellos. Le sorprendía entender que ella también había estado entrando en aquel estado cada vez que se colocaba y visto desde su nueva perspectiva, aquello no era en absoluto divertido. Y así estaba ella ahora, teniendo que soportar continuos periodos de doce horas de apatía total por parte de la persona a la que más quería en el mundo. Doce horas en las que en ocasiones ella no veía otro remedio que fumarse un porro tras otro para combatir aquella tediosa espera. Doce horas en las que John no era John sino sólo un mero reflejo de sí mismo.

Aquella tarde, pese a todo, no había habido viajes de ningún tipo. De hecho, ni siquiera se habían liado ni un porro. Quizá esa era la razón por la que Chris se sintiese extrañamente relajada: hacía unos días que John ni siquiera había nombrado el LSD y parecía no tener intención de hacerlo, al menos, por el momento. Aquello podía deberse a que había estado demasiado ocupado pensando en unos arreglos para una de sus canciones y a que ella, además, lo había estado manteniendo bastante entretenido haciéndolo plenamente partícipe de las controvertidas columnas que tenía pendientes para esa semana, columnas que, por cierto, parecían ir de ruedas en el periódico y que tenían satisfecho al director como al que más. 

-Dunbar nos ha invitado a cenar esta noche.-dijo John de repente entrando en el comedor, donde ella estaba acabando de redactar su columna para el viernes.

-Perfecto.-sonrió ella levantando la mirada.-¿Dónde vamos esta vez?

-A su casa.

-¿A su casa?-preguntó Chris extrañada.-Pues que raro... Desde que no está con Marianne no ha invitado a nadie allí.

-Lo sé.-sonrió él sentándose en la silla que estaba a su lado.-Ya habrá asumido que su querida mujercita está con el tío Jagger.

Chris soltó una risita cuando escuchó aquella expresión y asintió con la cabeza. John tenía razón.

-¿Y sabes a qué se debe el honor de la cena?-quiso saber.

-Pues...-sonrió él.-Creo que nos quiere presentar a alguien.

-¿Una chica?-preguntó ella sonriendo de oreja a oreja. 

-Supongo.-contestó él divertido a la vez que se encogía de hombros.-Parece que nuestro Johnny ha decidido salir del cascarón.

-Sí.-sonrió Chris.-Esta noche veremos.

-Por supuesto que sí.-respondió John y, después, a la vez que acercaba un poco más su silla a la suya, preguntó:-¿Es el artículo para mañana?

Chris asintió con la cabeza.

-¿Puedo leerlo?-preguntó John.

-Por supuesto. Todo tuyo.-contestó ella tendiéndole el papel donde había estado escribiendo.

-Espero que hayas dado toda la caña que dije que dieras, pequeña.

-Toda la que me dijiste y más aún.-rió ella.-No me subestimes, Johnny. Ya sabes que no se me caen los anillos a la hora de atacar a nadie...

**********************************

Gwen le dedicó una mirada de desdén a la rubia que se acababa de acercar a ellos dos. Por desgracia, ya conocía de sobras su nombre, Charlotte, Charlotte Martin. Francesa, guapa, modelo y mucho se temía que obsesionada por George. Si no obsesionada, por lo menos interesada en él muchísimo. Ya estaba empezando a hartarse de sus apariciones fortuitas por todos los lados. Primero, habían sido fiestas puntuales, después se las había apañado para encontrarse con George a la entrada o a la salida de éste a los estudios (y eso lo sabía muy bien porque era él mismo el que se lo había contado) y ahora ya se les aparecía hasta cuando estaban de compras. Aquello, simple y llanamente, clamaba al cielo, y lo peor es que Gwen tenía una inmensa sensación de impotencia encima. ¡Y ella que había llegado a creer que después de lo de Alemania no la volvería a ver nunca más!

-¡Hola!-exclamó Charlotte cuando estuvo lo suficientemente cerca de ellos dos.-¡No esperaba veros por aquí! ¿Qué tal?

-Hola, Charlotte.-respondió George.-Pues aquí estamos. Gwen quería comprarse unas cosas y...

-Oh, perfecto.-le cortó la rubia casi de inmediato nada más escuchó el nombre de Gwen. Aquello, a ella, no se le pasó por alto.

-Nos tenemos que ir. Tenemos un poco de prisa, ¿verdad George?-intervino Gwen haciendo un colosal esfuerzo por disimular su expresión de desagrado.

-Sí...-dijo él, aunque, a decir verdad, no sonó demasiado convencido.-Vayámonos o se nos hará tarde.

-Muy bien.-sonrió Charlotte.-Pues nos vemos en otra ocasión, ¿de acuerdo?

-De acuerdo.

Casi antes de que George acabara de pronunciar aquellas palabras, Gwen lo agarró del brazo y lo apartó de allí.

-¿Por qué siempre se nos tiene que cruzar la tía ésta?-preguntó casi en un susurro cuando estuvieron lo suficientemente lejos de ella.

-Oh, Gwen...-contestó él quitándole importancia.-Sólo son coincidencias, no pasa nada.

-Dudo que sean coincidencias...

-Y yo creo que estás un poco paranoica, ¿no crees?

La chica se paró en seco allí mismo, sorprendida por las palabras de George. Pensaba que la comprendería, pero al parecer, no era así.

-¿Qué te pasa?-preguntó George extrañado al ver que se había detenido.

Gwen le lanzó una mirada asesina mientras se debatía en su fuero interno entre si debía responderle o no.

-Vámonos a casa.-se limitó a decir.

-¿Qué?

-Que nos vayamos a casa.

-¿Pero no querías comprar aquello que...?

-Se me han ido las ganas de comprar nada, George.-respondió ella apretando la mandíbula fuertemente.-Así que mejor que nos vayamos de aquí.

-¿Pero qué te...?

-Mejor no acabes de pronunciar esa pregunta.-le cortó.-Porque mucho me temo que no te va a gustar la respuesta.

Antes incluso de que a él le diera tiempo a decirle nada más, la chica se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la salida de la tienda. Sabía que él la seguía muy de cerca, como también sabía que en aquellos momentos se estaría preguntando qué narices le pasaba aunque lo supiera en realidad hasta mejor que ella misma. Por eso mismo se sentía tan molesta. George no era tonto y sabía que Charlotte no le hacía gracia. Entonces... ¿por qué insistía en continuar tratándola de una manera tan... amigable?

**********************************

Cuando Dunbar le presentó a la persona que quería que Chris y él conocieran, John no pudo evitar soltar una risotada. Tampoco Chris, que lanzó una pequeña risita por lo bajo a la vez que le lanzaba una mirada burlona a su amigo. Y es que ambos esperaban que les presentara a una chica y no a aquel tipo que los miraba con interés.

-¿Es tu nueva novia, Dunbar?-bromeó John.-Creí que te gustaban un poco más femeninas...

-Cállate Lennon.-le cortó volteando los ojos.-Es Alexis Mardas. ¿Te acuerdas de la exposición de Luces Cinéticas? ¿De la Nothing Box?

John borró inmediatamente su sonrisa burlona de la cara y se quedó mirando a aquel tipo rubio que tenía ante él.

-Él es el autor.-le aclaró Durban.

-Vaya...-murmuró él a la vez que le tendía la mano a aquel tipo que se le antojaba incluso algo extraño.-Parece que estoy hablando con uno de esos inventores locos que hay por ahí, ¿no? Yo soy John.

-No hace falta que te presentes, todo el mundo te conoce.-le contestó el tal Alexis a la vez que le estrechaba la mano.-El famoso John Lennon, más famoso que Jesucristo, ¿me equivoco?

John soltó una risita divertido por aquella alusión a su polémica de ese mismo verano.

-No me recuerdes eso, por favor.-sonrió.-Por cierto, te presento a Christine, mi novia.

-Otra que tampoco necesita presentación.-continuó Alexis con la broma.-Encantado.

-Lo mismo digo.-sonrió ella.

-Y dime, inventor chiflado...-intervino John.-Aparte de juegos de luces y cajas con las que he de reconocer que me entretengo bastante, ¿haces algo más?

-Digamos que tengo algunos proyectos en mente...

-¿En serio? ¿Cómo cuáles? ¿Más luces?

-Mucho más que luces, John, mucho más que luces...-contestó éste misteriosamente.

-Bien, gente...-les cortó Dunbar de repente.-¿Por qué no pasamos al comedor y seguimos con esta charla mientras cenamos?

-Me parece perfecto, vamos.

********************************

-¿No te parece un poco raro ese tipo que hemos conocido hoy?-preguntó Chris, que estaba recostada sobre el pecho desnudo de John en la cama.

-Sí.-contestó él a la vez que le pasaba la mano por el pelo.-Pero he de reconocer que algunas de sus ideas me han sorprendido.

-Bueno, lo del teléfono que identifica las llamadas y todo eso no estaba mal.-respondió la chica esbozando una sonrisilla.-Con lo de la casa flotante ha patinado bien a gusto, creo yo.

John soltó una risita entre dientes antes de contestar.

-Según él era "técnicamente posible".

-Creo que ese tipo tiene más aspiraciones a mago que a otra cosa.

-Posiblemente.-contestó él.-Pero imagínate que consigue llevar a cabo algunas de las cosas de las que habla... Sería... Sería, no sé, Magic Alex.

-Magic Alex...-dijo ella divertida levantando la cabeza y mirándolo a los ojos.-¿Ya empezamos con tu afición a poner apodos a todo aquel que se cruza en tu camino?

-Más o menos....-rió él.-Anda, peque, no te quedes mirándome así y dame un beso.

-¿Es una orden?-preguntó la chica levantando una ceja y esbozando una sonrisa burlona.

-Una orden, sí.-contestó él sacándole la lengua, justo antes de que ella se acercara a su cara y le diera un beso tan largo como tierno.

La chica se separó unos centímetros de él y le dedicó una mirada penetrante.

-Te quiero, monstruo.-sonrió pasándole la mano por el pelo y revolviéndoselo todo.

-Y yo a ti. ¿Y sabes? Siempre lo haré.

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Hacía cerca de media hora que Ringo había salido de casa, aunque eso a ella no le importaba lo más mínimo. Ya se había acostumbrado a sus horarios intempestivos cuando estaban metidos en el estudio de grabación. Ellos, como casi todos los artistas, preferían trabajar hasta bien entrada la noche, aunque aquel día Ringo le había prometido que no llegarían tarde. No obstante, aquel día tenía ganas de compañía. No le apetecía cenar sola un viernes por la noche, así que descolgó el teléfono y marcó el número de casa de John y Chris. Su amiga respondió casi al instante.

-¿Sí?

-Hola, Chris.-respondió ella.-¿Qué tal?

-¡Hola Mary! Pues mira, justo me estaba cambiando de ropa para ir a recoger a Julian...

-¿Vas tú?-se extrañó ella.

-Sí.-contestó su amiga.-John está en el estudio y voy yo a recogerlo a la salida de la guardería.

-Ah, entiendo.-respondió Mary.-Pues yo te quería proponer una cosa, pero claro, si estás con el niño...

-¿Qué cosa?-preguntó Chris curiosa.

-Que te vinieras a cenar a casa.-respondió.-Ya que no tenemos compañía masculina ni una ni otra.

-Yo sí que tengo compañía masculina, Hall, digo, Starkey...

Mary soltó una carcajada con aquella miniconfusión de su amiga. Aquello era una cosa de lo más habitual desde que se había casado en enero.

-Bueno, pero no es ésa la compañía masculina a la que me refiero, ya me entiendes...-respondió ella divertida.-¿Qué te parece la idea?

-La idea me parece perfecta.-contestó su amiga.-Pero mejor que hagamos una cosa... ¿Por qué no te vienes tú aquí a cenar? Hace frío por las noches todavía y sacar a Julian, no sé... Además, que si le entra sueño lo acuesto en su cama y ya está.

-Pues vale.-respondió ella.-¿Traigo algo?

-Ni se te ocurra. Aquí no traigas nada que hay comida de sobra.

-Te debo una cena, Chris.

-Quizá dos.-bromeó ella.-Ven cuando quieras. Yo ahora voy a por Julian y después ya no salgo de casa.

Mary se despidió de ella rápidamente y colgó el teléfono; Chris tenía prisa por ir a por el niño y no era plan de hacerla esperar mucho más. Después, subió a su habitación a cambiarse los viejos pantalones vaqueros raídos que llevaba y llamó a un taxi para que fuera a buscarla. Bufó. Viviendo en donde vivían debería ir planteándose el sacarse el carnet de conducir para las ocasiones en las que Ringo no estuviera en casa. El único inconveniente era que los coches la aterraban...

************************************

John se sentía inmensamente cansado. No había sido uno de los días más duros de trabajo ni de lejos, pero no podía evitarlo. Habían hecho ya varias tomas de la canción y ninguna había convencido a Paul hasta el momento. Y obvio, si aquellas tomas de Getting Better no convencían a Paul, que era el autor de la canción, no había tema.

-Creo que necesito una anfeta...-le susurró entre dientes a George cuando acabaron de grabar por enésima vez las guitarras.-Estoy agotado...

Su amigo simplemente se limitó a asentir. Era algo habitual entre ellos, sobre todo durante aquellas sesiones maratonianas de grabación. Sin decir nada más ni esperarse a que su amigo le diera una respuesta, John se puso a rebuscar entre los bolsillos de su pantalón hasta que encontró entre el mogollón de tabletas y pastillas la que a él le pareció que era. Sonrió para sí mismo. Allí dentro tenía de todo y todo ilegal. Sin ni siquiera pensárselo dos veces, John se echó la tableta a la boca sin ni siquiera mirarla y se la tragó sin más, sin agua, sin nada. Después, agarró de nuevo su guitarra, se la colgó y esperó a que George Martin diera de nuevo la orden de empezar a tocar mientras Paul le daba a Ringo algunas indicaciones sobre la batería.

Ahora sólo faltaba esperar a que la anfeta hiciera su efecto y adiós cansancio.

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Sólo cuando empezó todo a cobrar una forma distinta a su alredor, John se dio cuenta de que algo no iba bien. Aquello no era normal, no. No lo era: una anfeta no le hacía tener alucinaciones, jamás lo había hecho y jamás lo haría, de ello estaba seguro. Entonces, ¿qué mierdas estaba sucediendo?

-John... John...

John se volvió para mirar a quien lo estaba llamando. Comprobó que era Ringo y se asustó. Ni siquiera le había reconocido su voz, que le había sonado tan distorsionada que parecía que fuera de otra persona.

-¿Qué te pasa?-insistió Ringo.

John entrecerró los ojos y lo miró bien. Se fijó en los ojos de su amigo y vio como de su azul intenso habitual estaban empezando a adoptar diversas tonalidades. Primero, a un violeta casi imperceptible que después derivó hacia el verde. Fue entonces cuando se cayó en la cuenta de lo que podía haber pasado... No. La pastilla que se había tomado no era una anfeta; lo que se acababa de tragar era una tableta de LSD.

-Mierda...-murmuró.-La he cagado.

-¿Qué?

-Era ácido...-murmuró él abriendo los ojos como platos, asustados.-Era puto ácido.

-¿Ácido? ¿Te has metido LSD?-preguntó George entre susurros acercándose hasta ellos. Al parecer, había estado lo suficientemente cerca como para haberlos escuchado.

A John ni siquiera le dio tiempo a contestar ya que justo en el momento en el que iba a abrir la boca, George Martin se acercó hacia el corrillo que los tres tenían montado ansioso.

-Vamos a ver, chicos. ¿No me habéis escuchado? Hagamos otra tom...-pero justo en ese momento se interrumpió a sí mismo y se quedó mirando a John entre curioso y asustado a la vez.-¿Ocurre algo, John? ¿Te encuentras bien?

John agarró aire profundamente antes de contestar e hizo un monumental esfuerzo por parecer lo más normal posible. George Martin no sabía nada de sus viajes con ácido y no le apetecía de que se enterara en esos momentos.

-Estoy un poco... indispuesto.-contestó finalmente.

-Se ha mareado.-le salió Ringo al paso, intentando evitar que John hablara más de lo que fuera necesario.

-Sí, debe de ser la calefacción.-se metió George.-Está muy alta aquí adentro y hace un calor asfixiante.

-¿Qué pasa?-preguntó Paul de repente acercándose por detrás.

-John no se encuentra muy bien.-contestó Ringo lanzándole una mirada significativa a su amigo.

-Creo que deberías salir afuera a tomar un poco el aire...-le sugirió George Martin volviéndolo a mirar.

John sólo pudo asentir vagamente.

-No.-dijo Paul de repente.-Afuera está todo lleno de fans. No creo que sea una buena idea...

-Sí, bueno...-asintió George Martin.-Tienes razón. ¿Qué te parece si vamos a la azotea y te despejas un poco?

-Sí.-contestó John antes de ponerse en pie.-Iré yo solo, ahora bajo.

-Mejor te acompaño yo...-le dijo George Martin.

John soltó un suspiro exasperado. No tenía ganas de ponerse a discutir ya que si intentaba mantener una conversación normal con él, acabaría dándose cuenta enseguida de que lo suyo no era un simple mareo. De ese modo, asintió y le hizo a George una seña para que saliera con él del estudio. Ahora sólo tenía que estar quieto y callado el máximo tiempo posible y todo acabaría pasando sin ningún problema.

************************************

-¡Joder, idiota!-exclamó Paul mirándolo cuando salieron al pasillo.-¿Cómo se te ha ocurrido meterte ácido en plena sesión?

John, que aún estaba en pleno viaje, le lanzó una mirada distante antes de contestar.

-No lo he hecho queriendo. Quería meterme una anfeta y me he equivocado de tableta.

-Eso te pasa por tener más mierda en los bolsillos que cualquier camello de un barrio chungo.-bufó él.-Que sepas que Martin se ha dado cuenta de que te pasaba algo raro.

John soltó una risita y se pasó la mano ansioso por el bigote.

-Normal, ¿no?-rió.-Creo que es la primera vez que no he hecho ni dicho nada en una sesión...

Paul relajó su expresión al escuchar aquellas palabras y le dedicó una sonrisa. La verdad era que pese a que aquello no había estado nada bien, el hecho de que John después de haber bajado de la azotea hubiera decidido sentarse en una silla y a no hacer absolutamente nada más que mirar en todo lo que les quedaba de sesión, era algo bastante gracioso. A saber lo que habría pasado por la mente de su amigo mientras estaba completamente colocado y los veía a trabajar allí a los demás.

-Bueno, Paul...-dijo John antes de salir a la calle, donde aún había algunas fans esperándolos.-Siento haberte jodido una sesión de tu canción...

-No te preocupes.

-Mañana nos vemos, ¿vale? Si no importa acompañarme hasta el coche... Más que nada por si alguna fan me para, así hablas tú...

-¿No viene Les a recogerte a la puerta como siempre?-se extrañó él.

-No, hoy tiene el día libre.-respondió John con la voz pastosa.-He venido yo con mi coche.

Nada más escuchar aquello, Paul agarró por el brazo a su amigo y lo detuvo en seco.

-¿Qué pasa?-preguntó John mirándolo sorprendido.

-¿Que qué pasa?-dijo él.-¿Tú sabes como estás? ¡Estás colocado hasta las cejas! ¡Tú no estás para pillar ningún coche!

-Oh, venga, Paul...

-¿Quieres matarte o qué? Olvídalo. Te vienes a mi casa. Mañana cuando se te pase la mierda que llevas encima ya vuelves.

-Pero...-se quejó él.-Está Chris en casa y Julian y...

-Y encima colocado con el niño...-le cortó Paul.-Mi hermana te matará si te ve aparecer así. Ni se te ocurra.

-Me va a matar si no vuelvo a casa esta noche.

-Tranquilo.-le contestó él esbozando una sonrisa tranquilizadora.-Nadie va a matar a nadie. A la enana ya me la apaño yo mañana y se le pasa todo el enfado que pueda tener... Vamos a casa, venga.

**************************************

Chris y Mary estaban charlando de lo más animadas cuando el teléfono sonó. Chris miró molesta hacia el aparato. Aquello no le hizo demasiada gracia: hacia ya un rato que habían conseguido dormir a Julian, que había dicho que no se iba a dormir hasta que John no llegara a casa. Era obvio que como a ella como a Mary les había costado horrores acostarle y mucho más conseguir que se durmiera finalmente.

Apresurada, la chica se lanzó a contestar al teléfono antes de que continuara sonando y despertara al niño.

-¿Sí?

-Chris, soy Paul.

-¿Paul?-se extrañó ella sintiendo como la sangre se le helaba en las venas. ¿Por qué llamaba su hermano a aquellas horas? ¿Acaso le había pasado algo a John?-¿Ha pasado algo?

-No, no...-se apresuró a contestar su hermano.-Tranquila, no ha pasado nada. Sólo quería avisarte de que John no irá a dormir hoy a casa. Se queda conmigo.

-¿Qué?-casi gritó ella.-¿Y se puede saber por qué es esto?

-Chris, de verdad, mañana te lo explicamos con calma y...

-Paul... ¿no le estarás cubriendo, verdad?-le cortó ella intentando evitar que los malos pensamientos y la desconfianza se apoderaran de ella.

-¿Cubrir de qué? Enana, te juro que...

-Ni enana ni leches.-le espetó ella.-¿Está él ahí?

-Sí...

-Pues pásamelo. No me explico por qué coño él no puede decirme esto en persona.

-Christine...

-Que me lo pases he dicho.

La chica oyó unos ruiditos al otro lado de la línea y, a continuación, unos susurros entre los cuales no le costó para nada distinguir ni la voz de su hermano ni la de John.

-Christie, hola.-dijo John de repente.

Ella tardó unos segundos en contestar mientras analizaba el tono de su voz. Pastoso, ido. No parecía John. Un tono que, por desgracia, ya le resultaba mucho más habitual de lo que quisiera.

-John...-susurró ella.-¿Estás bien?

-Sí, tranquila. Sólo es que estoy de viaje.

-Ya me había dado cuenta...-contestó de mala gana.-¿Y qué coño haces puesto? Te recuerdo que...

-No empieces tú también a sermonearme, ¿de acuerdo?-se quejó él interrumpiéndola.-Mira, Christie, no estoy en condiciones de pillar ahora el coche, así que me quedaré en casa de Paul y...

-Y una mierda. Ahora voy a por ti.

-Julian está en casa. No te lo puedes dejar solo.

-Sí. Julian está en casa, John.-le dijo ella con toda la intención del mundo.-Pero también está Mary. Supongo que no le importará quedarse con él un rato mientras voy hacia allí.

Y sin ni siquiera esperarse a que John le dijera nada, Chris colgó el teléfono furiosa.

-Tengo un novio gilipollas.-le dijo a Mary, que la miraba extrañada.-Voy a por él a casa de Paul. ¿Te importaría quedarte aquí un rato mientras voy y vengo? Ya sabes, Julian está durmiendo y por si se despierta y...

-Tranquila. Vete. Yo te espero aquí.-le contestó su amiga dedicándole una sonrisa tranquilizadora.

-Gracias, de verdad. Te debo una, Mary.

-Quizá dos.-le contestó ella guiñándole el ojo.-Anda, vete.

-Te juro que no tardaré nada.

-Tarda lo que sea necesario.

Chris intentó dedicarle una sonrisa, pero no pudo. Su cara sólo dibujó una mueca más bien triste antes de salir del comedor en busca de su chaqueta y las llaves del Mini. Tenía la sensación de que aquella noche iba a acabar mal, muy mal.

**********************************

Paul abrió la puerta y la miró contrariado. A Christine no le bastaron más de dos segundos para entender que su hermano también estaba colocado con ácido.

-¡Maldita sea!-fue lo primero que dijo mientras entraba en la casa hecha una furia y cerraba la puerta tras de sí.-¿Pero qué mierdas os pasa a vosotros dos?

-¿Qué haces aquí, Chris?-preguntó Paul con total parsimonia.

-Le he dicho a John que vendría a por él, ¿acaso no te lo ha dicho?

-Sí, bueno, pero pensamos que no...

-¿Que no vendría? Sois más tontos de lo que me imaginaba. ¿Dónde está él?

-En el salón.

Chris se dirigió con paso decidido hacia allí y abrió la puerta. John estaba tumbado sobre uno de los sofás, mirando hacia el techo absorto.

-John.-le llamó.

-Hola.-le saludó él volviéndose hacia ella.-¿Qué haces aquí?

-Te he dicho que vendría.-se limitó a decir Christine secamente.-Venga, John. Vámonos a casa.

John se la quedó mirando durante unos instantes.

-No.-contestó al fin endureciendo su expresión.-Yo no me voy.

-¿Qué?-preguntó ella, incrédula.

-Que no me voy.-respondió él.-Paul se ha puesto de ácido también cuando hemos venido aquí. No pienso dejarle solo.

-Paul que se las apañe como pueda y si no quiere estar solo que llame a quien le dé la gana.-le replicó ella.-Tú te vienes.

-¿Por qué tú lo digas?-preguntó él irónicamente.

-Porque yo lo digo y porque es tu obligación, ¿sabes?-le respondió ella cortante.-Tienes un hijo en casa que ha estado toda la puta semana esperando verte y ahora... ¿Ahora qué? Su padre prefiere ponerse con sus amigotes antes que estar con él.

-¡Joder!-gritó él de repente poniéndose en pie casi de un salto. Aquel movimiento tan brusco sorprendió a Chris, acostumbrada como estaba a ver al John apático y ausente mientras estaba bajo los efectos del ácido.-¿Pero a ti qué coño te pasa? ¿Dónde está la Chris que conozco? ¿Quién mierdas eres, eh? ¿Una jodida vieja amargada?

-A mí no me pasa nada.-respondió ella intentando controlar su furia, aunque aquello se le estaba haciendo realmente difícil.-Es a ti a quien le pasa algo.

-Claro que te pasa.-continuó John acercándose hacia ella, desafiante.-Y te diré lo que es. Te jode. Te jode y mucho que yo pueda continuar poniéndome con ácido y tú no, ¿verdad? Pero joder, yo no tengo la puta culpa de tus últimos malos viajes ni de que seas una cobarde que no se atreve a volver a probarlo ni una vez más.

-¡Lo que me jode, John, es verte a ti así como estás!-le gritó ella, que había explotado definitivamente.-¿Acaso te has visto? ¡Mierda, mírate!

-Claro que te jode.-continuó John.-Claro que te jode y mucho. ¿Cómo te puedes atrever a recriminarme nada si hasta hace dos días tú estabas igual que yo? Y ahora que no puedes colocarte, quieres adoptar el papel de chica responsable  y juegas a ser la madre de Julian. Espera que te recuerde algo: tú no eres su madre, ¿vale? No lo eres. Y el papel de responsable te queda demasiado grande.

Aquellas palabras golpearon a Chris muchísimo más fuerte que si le hubieran dado un puñetazo. No podía creer que John estuviera siendo tan cruel con ella. Quizá en el fondo tuviera algo de razón, pero aquello no lo legitimaba para tratarla de aquella manera. Y ella, que jamás había permitido que nadie la tratara así, sintió de repente como perdía el control definitivamente. Ni siquiera se paró a pensar una respuesta. Ni siquiera fue capaz de articular ni una palabra. Simplemente, Christine levantó su mano y le dio una sonora bofetada a John. Una bofetada que resonó por todo el salón.

-¿Qué mierdas ha hecho?-preguntó John con un hilillo de voz mientras se pasaba la mano por la cala.

-Imbécil.-casi le escupió ella.

Y se dio media vuelta y salió de allí con paso decidido dejándose a un perplejo y colocado John detrás de ella.

-Chris, ¿te vas?

La chica levantó la cabeza y se encontró con su hermano plantado en medio del pasillo, que la miraba interrogativo. Otro al que también le estaban dando ganas de pegar una bofetada.

-Sí. Me largo. Aquí yo no tengo nada más que hacer.

-¿Y John?

-John se queda.-le contestó ella secamente.-Cuando le pase esa mierda que lleva encima ya volverá a casa. Si le da la gana, claro.

Sin esperarse a que Paul le dijera nada, Chris salió de la casa y se metió en el coche lo más rápido que pudo. Después, apoyó la cabeza contra el volante y empezó a sollozar. No sabía por qué pero tenía la sensación de que todo se estaba yendo a la mierda. ¿Qué era lo que les estaba pasando? ¿Qué?



Llegué yo nuevamente y con retraso para variar! Jajajaja. Bien, pues nada, capi nuevo y todo eso. Espero que os haya gustado, por cierto, aunque la verdad es que es un poco deprimente porque entre lo de Gwen y lo de John y Chris... Pero bueno, es lo que hay. No es que me vaya a montar el dramón del siglo porque la verdad no me gusta mucho eso, pero bueno, todos estos problemas son cosas que pasan... :S
Por cierto, que antes de que me venga algún purista a decirme que lo que he puesto es una vil mentira, que vale, que sí. Que sé que a Magic Alex John lo conoció antes y todo eso, pero como no lo había nombrado hasta ahora, pues me ha parecido que debía "presentarlo en sociedad" en este momento. Lo que sí que es verdad es la  confusión de la anfeta de John, que acabó por meterse LSD y el pobre se pegó un susto de narices, parece ser, jajajaja. Pero bueno, aún así, esto es un fic y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia :P
Y en fin, que lo de siempre. Que infinitas gracias por leer y por comentar a mi María (refan de tus postdatas, jajaja), a Patricia González (no sabéis lo que me alegra ver que os estáis poniendo a leer esto tanto tiempo después de que empiece y la verdad, espero no defraudarte ;) ), a Jane Allen (como dices, lo de George y Gwen iba "demasiado bien"... Ya veremos como evoluciona la Charlotte esta o si le tenemos que romper las piernas o algo) y a mi anónimo de mi vida (jajaja, ya viste que Chris al final eso del ácido no le ha convencido...). Y bueno, desde aquí un saludito especial a Citla, que no sé si leerá esto porque anda reagobiada con los estudios. Bueno, si lo lees antes, lo de siempre "Tú puedes!!!!" y si me lees después de acabar todo "Bien, eres libre!!! Has visto como todo se supera?" Jajajaja.
Besos a tod@s perlas! Muaaaaaaak!