lunes, 15 de abril de 2013

Capítulo 84: No puedo vivir sin ti


Christine se detuvo en seco cuando reconoció el Ferrari de John aparcado en la puerta de la redacción. Por unos instantes, incluso creyó que el corazón había dejado de latirle por la sorpresa  para, a continuación, acelerársele el pulso de una manera salvaje, vertiginosa. Sonrió abiertamente, feliz. Era una tontería fingir que no se alegraba de verlo allí, fingir que no había fantaseado desde su último encuentro con verlo otra vez y aclarar, de una vez por todas, las cosas entre ellos dos. Así pues, nerviosa como pocas veces en su vida lo había estado, se acercó hacia el coche. Por unos momentos, aquella situación le recordó a sus primeros encuentros en Liverpool, cuando John aparecía por Heswall con su coche sin previo aviso, sólo con la intención de verla o hablar con ella. Aquella asociación de ideas aún hizo que el corazón se le acelerara todavía más.

Apenas había llegado ante el coche, la ventanilla del copiloto se agachó. Efectivamente, un sonriente John la miraba con una pizca de esperanza y ternura en su expresión. Chris se acercó hacia él.

-¿Qué haces aquí?

Lejos de tomárselo a mal, John ensanchó aún más su sonrisa y se encogió de hombros.

-Tenía ganas de verte.-se limitó a contestar.-Y, además, te dije que después de lo de Nueva York volveríamos a encontrarnos. Puedo acercarte a casa o a dónde te apetezca… Si quieres, claro.

La duda volvió a apoderarse de Chris por unas milésimas de segundo. No obstante, el hecho de tenerlo a él allí delante hizo que pronto su parte emocional venciera a la racional.

-Vale.-contestó finalmente.-Llévame a casa pues.

John no pudo evitar esbozar una sonrisilla triunfal a la vez que ella abría la puerta del copiloto y se sentaba a su lado en el coche.

-Bueno… hola.-dijo John casi en un susurro cuando ella cerró la puerta.

Chris lo miró. Hasta aquel momento no se había dado cuenta de que John estaba bastante más nervioso de lo que a simple vista aparentaba. Quizá alguien que no lo conociera tan bien no se hubiera percatado de ello, pero a Chris aquellos detalles no se le escapaban. Le dedicó una sonrisa serena, pese a que ella estaba igual o peor que él.

-Hola, John. Hola de nuevo.-contestó ella.

John simplemente se limitó a devolverle la sonrisa y arrancó el coche sin decir nada más. A Chris, el verle así tan tímido y cortado con ella, le sorprendió bastante aunque, a la vez, hizo que la invadiera la ternura. Se notaba a la legua que estaba aterrorizado, que tenía miedo de meter la pata de nuevo pero que, a la vez, se moría de ganas por decirle un montón de cosas que no se atrevía a pronunciar en voz alta por temor a avasallarla. La chica reprimió un repentino impulso de pasarle la mano por el pelo en un gesto tranquilizador en el último momento y apoyó la cabeza contra el cristal de la ventanilla, pensativa. A decir verdad, a ella también la aterrorizaba dar un paso en falso en aquellos momentos. Y es que la situación era tan extraña para ellos en aquellos instantes…

-¿Cómo te va en el periódico?

La pregunta de John hizo que Chris saliera de sus pensamientos casi de repente. Apenas se había dado cuenta de que llevaban un buen rato en silencio y no se había parado a pensar que aquello podría haberle resultado muy incómodo a John, quien hasta el momento sólo había estado conduciendo sin decir nada mientras de cuando en cuando le lanzaba miradas furtivas, de reojo.

-Muy bien.-contestó ella volviéndose a sentar recta y mirándolo.-La verdad es que me gusta. Jamás pensé que acabaría trabajando en esto, pero estoy muy contenta con lo que hago.

-Se te da francamente bien.-dijo John.-Me gusta como escribes. De hecho, eres la que más me gusta de tu periódico.

Chris sintió como los colores se le subían a la cara de manera repentina. Era una tontería, pero aquel halago de John le había pillado por sorpresa. Además, para qué mentir, Christine jamás había encajado nada bien las alabanzas de ningún tipo; la dejaban descolocada, sin saber qué decir o qué hacer.

-Todavía tengo mucho que aprender.-respondió apartando la mirada.-Aún cometo muchos errores y sigo siendo de las redactoras más flojas…

-No.-la rotunda negación de John hizo que Chris volviera a mirarlo, sorprendida.-Tú eres de las mejores.

-John…

-Créeme.-sonrió John lanzándole una mirada de reojo sin perder de vista la calzada.-Sé de lo que hablo. Te leo todos los días.

-¿De veras?-preguntó casi con un hilillo de voz. John sólo asintió con la cabeza mientras seguía conduciendo.-Gracias.

-No me des las gracias. Sólo te digo como es tu trabajo.-respondió él dulcemente.-¿Giro por esta calle o he dar la vuelta por la otra?

-Gira por ésta.-respondió ella aún un poco descolocada.-Y después, la segunda calle a la derecha.

-Es un poco difícil de acordarse. Cualquiera te encuentra.-comentó John divertido a la vez que giraba.-Te escondiste bien de mí, ¿eh?

A Chris no se le escapó el tono amargo con el que el chico pronunció aquellas últimas palabras.

-John…-empezó a decir ella, molesta. Aquel comentario, aunque cierto, no le había hecho ni la más mínima gracia.

-Lo siento.-se apresuró a decir él antes que a ella le diera tiempo a añadir nada más a la vez que una nota de culpabilidad cruzaba por su rostro.

-No pasa nada.-le contestó ella más relajada. Las cosas hasta ese momento habían ido más o menos bien y no le apetecía que por aquella tontería se echara a perder todo.-Por cierto, es esta calle.

El chico se mantuvo en silencio mientras giraba por donde le había indicado Chris.  Nada más hacerlo, su finca se hizo visible. A John no le hicieron falta más indicaciones ya que, nada más la vio, aparcó casi delante de la puerta. Al parecer, recordaba perfectamente qué finca era pese a que todas eran muy iguales.

-En fin, ya hemos llegado.-dijo él de repente volviéndose hacia ella.

Chris le sostuvo la mirada. Estaba muy nerviosa y no sabía qué era lo que debía hacer a continuación. De hecho, ni siquiera sabía qué era lo que iba a pasar en esos momentos. John pareció darse cuenta de su estado y esbozó una media sonrisa.

-Pese a que el paseo haya sido corto, me alegro de haber estado un rato contigo.-dijo rompiendo el incómodo silencio que se había hecho entre los dos.

Aquellas palabras la hicieron reaccionar casi de repente. Ya habían llegado y John se iría si ella no hacía nada al respecto. Y pese a que en aquellos instantes ella estaba hecha un mar de dudas, una cosa sí tenía clara: no quería que él se fuera tan pronto.

-John… -empezó a decir ella, casi con la voz temblorosa.-Sé que… Bueno… me preguntaba si… En fin… A lo mejor te apetece subir un rato y tomarte algo.

La cara de John pasó de la estupefacción a la alegría en cuestión de segundos.

-Claro que me apetece.-contestó dedicándole una sonrisa cálida.-De hecho, es lo que más me apetece en este mundo.

Chris balbuceó unas palabras sin sentido a modo de agradecimiento que hicieron que John aún ensanchara más su sonrisa y salieron del coche. La chica agradeció la bocanada de aire fresco que le golpeó en la cara nada más puso el pie en la calle. Miró a un lado y a otro antes de que John se pusiera a su lado y comprobó que no había nadie lo suficientemente cerca como para reconocerlos. En aquellos momentos agradecía de veras haber elegido un lugar tranquilo donde vivir, lejos del tumulto de otras partes de la ciudad.

-Es ese portal de ahí.-dijo señalando hacia la puerta de su finca cuando vio que John estaba a su lado. Sabía que era un comentario de lo más tonto, pero no se le ocurría qué más decir.

-Lo sé.-contestó el chico.-Te tengo controlada, Christie.

El guiño que le dedicó John cuando dijo aquello último hizo que la chica soltara una risita por lo bajo. Sintiéndose más relajada, empezaron a caminar hacia la finca y entraron en ella. Después, subieron al ascensor, en silencio.

-¿Qué tal Nueva York?-preguntó ella después de apretar el botón.

-Bien, bien… Aunque no tan bien como a tu hermano, me parece.

Otra vez, aquel comentario, hizo que Chris volviera a reír. Poco a poco estar al lado de John de nuevo estaba dejando de parecerle incómodo. Era increíble la capacidad que tenía el chico para relajarla con sus comentarios y sus cosas hasta en las situaciones más tensas.

-¿Qué te pasa? ¿Es que acaso tú también querías una novia americana?

Chris se arrepintió casi en el acto de haber hecho aquella broma de manera espontánea, que había dicho sin casi darse cuenta. No obstante, John pareció no tomárselo a mal y lanzó una carcajada, divertido. Por su parte, ella bajó la mirada avergonzada, sintiendo como se ponía roja como un tomate, y maldiciéndose a sí misma por ser una bocazas.

-No.-contestó John cuando paró de reír.-Sabes de sobra que mi debilidad son las chicas scouser

Afortunadamente, en aquel preciso instante, el ascensor se detuvo dando un golpe seco.

-Ya hemos llegado.-se limitó a decir ella mientras abría la puerta del ascensor dando las gracias por aquella interrupción. Aún se notaba como le ardía la cara, así que salió de allí con la cabeza aún gacha.

John la siguió, divertido.

-Vale. Me sé ya el nombre de la calle.-comentó mientras ella se sacaba las llaves del bolso.-Y ya sé que vives en el segundo, puerta D. Ahora sí que te tengo controlada del todo.

-No seas bobo, Lennon.-sonrió ella a la vez que abría el piso.-Pasa.

John entró en el piso esbozando una sonrisilla que a ella se le antojó pícara y ella le siguió. Cerró la puerta tras ellos y agarró aire antes de girarse de nuevo hacia John. No era tonta y era plenamente consciente de lo que seguramente iba a suceder y aquello la ponía eufórica y nerviosa a la vez. No obstante, no iba a dejar que se le notara nada. Aún tenían muchas cosas de las que hablar.

-Vaya, no está mal esto.-comentó John.

Ahora sí, Chris se volvió hacia él. Sonrió al verle ensimismado mientras toqueteaba una de las figuritas que había en el mueble del recibidor.

-No es grande, pero está bastante bien, ya te lo dije.

-Sí, me gusta.-sonrió él.

-Bueno…-dijo ella mientras colgaba su chaqueta y el bolso en la percha de detrás de la puerta.-Dime, ¿qué te apetece? ¿Té? ¿Café? ¿Una cerveza? ¿Whisky?

-Lo que tomes tú me irá bien.-contestó John con una educación que a Chris le resultó extremadamente graciosa. Él, el caradura de Lennon, haciéndoselas pasar por un caballero cortés.

-John, a estas alturas creo que nos conocemos lo suficiente como para que no tengas reparos en pedirme lo que te apetezca.-bromeó ella.

-Vale, vale, está bien.-rió él.-Una cerveza estaría genial.

-Así me gusta. Yo creo que también me tomaré una.-sonrió ella.-Ven, entra al comedor y siéntate en el sofá si quieres. Yo iré a la cocina a por un par de botellines.

Condujo a John hasta el pequeño comedor y fue a por las cervezas. Regresó rápidamente, ansiosa, con las bebidas en la mano y se encontró a John sentado en el sofá mientras fumaba, con la mirada perdida y pensativo.

-Aquí tienes esto.-dijo ella acercándose hacia él y tendiéndole uno de los botellines.

John reaccionó enseguida y le dedicó una media sonrisa a la vez que agarraba la cerveza.

-Gracias.-respondió y, a continuación, sacando del bolsillo de su pantalón vaquero la cajetilla de cigarrillos, añadió:-¿Quieres?

-La verdad es que sí.-contestó ella con sinceridad. En aquellos momentos necesitaba fumar más que nunca.

Agarró un cigarrillo y John le dio fuego. Le dio una primera calada larga todavía de pie para intentar relajarse y, después, incluso algo temerosa, se sentó al lado del chico en el sofá. Los dos se mantuvieron en silencio durante unos instantes, absortos en sus propios pensamientos, mientras fumaban y de cuando en cuando le daban algún que otro sorbo a sus botellines de cerveza, que descansaban sobre la mesita de delante del sofá.

-Es curioso que teniendo tantas cosas que decirnos estemos aquí los dos, sin pronunciar ni una palabra.-dijo de repente John rompiendo el silencio. Chris se giró hacia él. John la miraba, con una sonrisa dulce en los labios aunque, de repente, mudó esa sonrisa por una expresión amarga:-Lo siento mucho, Christie. Lo siento mucho. Todo. No sabes las veces que me he maldecido por hacerte daño y…

-John.-le interrumpió ella. Le dolía, y mucho, verlo así. Parecía que se estuviera torturando a sí mismo y eso no lo soportaba. Aunque le hubiera hecho todo el daño del mundo, no hubiera sido capaz de soportar aquella visión suya.-Lo sé. De verdad que lo sé. Y…

Se interrumpió a sí misma antes de acabar de pronunciar aquella frase. No tenía ni idea de cómo reflejar todo lo que estaba sintiendo con palabras.

-¿Y?-preguntó él acercándose un poco más hacia ella. Chris lo miró a los ojos. Estaban tan sólo a unos pocos centímetros el uno del otro.

La chica agarró aire antes de continuar.

-Y que yo también lo siento, Johnny.-dijo al fin casi en murmullo inaudible.-Siento no haber dado señales de vida, siento haberme negado a hablar contigo en redondo. Tú no te merecías eso tampoco y…

Volvió a interrumpirse, con la voz rota. Todos los sentimientos que había estado almacenando durante tanto tiempo estaban ahora saliendo a la luz. De repente estaba recordando toda la rabia, toda la soledad, la tristeza y la frustración que había sentido en aquellos últimos meses y aquello hizo que se viniera abajo. Los ojos se le inundaron en lágrimas casi sin que ella fuera consciente de ello. Entonces, antes de que ella pudiera reaccionar, John se acercó aún más y la atrajo hacia sí, fundiéndose con ella en un fuerte abrazo. Y entonces Chris no pudo más y empezó a llorar, ahora de verdad, con la cara apretada contra el pecho de John. Hacía mucho tiempo, demasiado, que anhelaba su contacto.

-Ey, ey, ey…-susurró John mientras le acariciaba el pelo con delicadeza.-No llores, pequeña, no llores…

John la obligó a separarse un poco de él y le limpió las lágrimas con los pulgares. Sonrió. Aquel simple gesto le valió a Chris para tranquilizarse en el acto.

-Te amo, pequeña.-murmuró él sin dejar de acariciarle el pelo.-Te quiero más que a nada.

Chris se quedó mirándolo durante unos segundos que se le hicieron interminables hasta que él, de repente, se acercó más hacia ella y posó sus labios en los suyos con una delicadeza pasmosa. Ella le respondió con ganas sintiendo como una oleada de calidez y de bienestar la invadía. Se besaron al principio dulcemente, saboreándose el uno al otro y dejando que sus lenguas se entrelazaran nuevamente, sin prisas. Después, poco a poco, aquel beso fue cobrando en intensidad a la vez que los dos se pegaban más el uno al otro.  Aquello era fantástico. Y daba igual todo: el tiempo que habían pasado separados, sus diferencias, sus problemas anteriores. Daba igual porque lo único que importaba en aquellos momentos era que los dos volvían a estar juntos y que seguían queriéndose como el primer día.

Se separaron levemente para tomar aire y se miraron el uno al otro dulcemente.

-Yo también te quiero, John.-susurró ella.-Siempre lo he hecho.

John volvió a inclinarse sobre ella y le dio otro beso, largo y cálido como el de antes. Inmediatamente, los dos volvieron a reiniciar aquella sesión de besos y caricias y, casi sin darse cuenta, se encontraron encaminándose hacia la habitación de la chica. Cayeron los dos sobre la cama sin parar de besarse ni un solo momento mientras se desnudaban el uno al otro a tientas, deseosos después de haber pasado tantos meses separados, sin tenerse.

-No sabes cuántas veces he soñado con hacer esto de nuevo.-le susurró John al oído cuando los dos estuvieron completamente desnudos, él encima de ella.

Por toda respuesta, ella hundió su mano en el pelo del chico y acercó su cabeza hacia ella, para besarle de nuevo a la vez que le rodeaba las caderas con una de sus piernas. John lanzó un suspiro de placer cuando Chris hizo aquello y entonces, por fin, después de tanto tiempo, entró dentro de ella haciendo que Chris sintiera como el mundo se paraba a su alrededor.

Hicieron el amor poco a poco, con lentitud y suavidad, notando como sus cuerpos encajaban a la perfección en una armonía pasmosa, como si hubieran estado diseñados de antemano el uno para el otro. Christine se dejó llevar, perdiendo la noción de todo lo que les rodeaba hasta que finalmente una oleada de placer inmensa le sacudía todo el cuerpo, estremeciéndose por completo entre los brazos de John. Él sonrió complacido y al cabo de unos segundos también soltó un gemido de placer, embriagado por el éxtasis, y paró de moverse a la vez que hundía la cabeza en el cuello de la chica con la respiración agitada. Chris lo pegó contra ella aún con más fuerza. Aquel momento era perfecto y no quería que se acabara nunca.

John levantó la cabeza y se quedó mirándola durante unos segundos, con ternura. Aquella mirada, que decía tantísimas cosas sin necesidad de pronunciarlas en voz alta, la derritió en el acto.

-Johnny...

-¿Qué te pasa, pequeña?-preguntó él antes de darle un breve beso en los labios.

-Prométeme una cosa…-susurró ella mirándolo a los ojos.-Prométeme que jamás, nunca en tu vida, dejarás que me vaya de tu lado de nuevo.

John le dedicó una sonrisa y le pasó la mano por la cara, en una caricia de lo más dulce.

-Te lo prometo, pequeña.-le contestó.-Y también te prometo que nunca más volveré a darte motivos para que quieras irte. ¿Me oyes? Nunca.

Los dos volvieron a fundirse en un beso dulce e intenso a la vez, interminable. Después, John se apartó de encima de ella y la acercó hacia él, abrazándola, en silencio.

Chris se quedó dormida así, pegada a John. Por primera vez desde hacía muchos meses, se dormía sin unas ganas tremendas de ponerse a llorar. En esos momentos sólo había motivos para la alegría. Sus vidas, tanto la de ella como la de él, volvían a tener sentido nuevamente.

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John abrió los ojos lentamente y miró a su lado. Chris, sentada en la cama, hablaba por teléfono casi en susurros para intentar no despertarle y sonrió al entender que aquel era el motivo por el que seguramente se había despertado. No le importó. Sólo con verla ahí, a su lado de nuevo, radiante y suya, le bastaba para ser el hombre más feliz sobre la faz de la tierra. No hizo el más mínimo movimiento y siguió mirándola, embelesado, mientras hablaba en susurros.

-Exacto, Anne, dile a Anthony que no puedo ir hoy a trabajar… Tengo una fiebre terrible y… No, no, hoy no tenía entrevistas concertadas ni ruedas de prensa ni nada por el estilo, sólo tenía que redactar… Vale, sí, está bien… Sí, tranquila, me cuidaré… Muchas gracias, hasta mañana.

Nada más colgó el teléfono, John le pasó las manos por la cintura. Ella se giró hacia él, sonriente.

-Así que estás enferma…-le puso una mano en la frente y fingió ponerse serio.-Sí, sí… Una fiebre terrible. Supongo que no me quedará más remedio que cuidarte muy bien, ¿no?

Ella soltó una risita a la vez que se acostaba de nuevo a su lado, quedando los dos cara a cara.

-Siento haberte despertado, Johnny.-susurró la chica.

-No importa, es más, me encanta que lo hayas hecho. ¿Sabes? Quiero que me despiertes todos los días de mi vida.-sonrió él antes de darle un beso en los labios.-Buenos días, pequeña.

-Buenos días, guapo.

Christine se recostó contra el pecho de John a la vez que él le acariciaba el pelo distraído.

-John…-le llamó ella al cabo de unos minutos así, en silencio.

-¿Qué?

-¿Me puedes explicar por qué mierdas nos hemos pasado casi ocho meses separados?

Aquella pregunta, de tan espontánea y sincera como la había pronunciado, hizo que John prorrumpiera en una sonora risotada.

-No te rías, Lennon.-le dijo ella dándole un golpe cariñoso en el pecho.-Hablo en serio.

John paró de reír y le pasó una mano por la cara, acariciándola suavemente. Después, medio en serio medio en broma, añadió:

-¿No te has parado a pensar que a lo mejor somos un poco tontos?

La chica volvió a reír y le dio un beso fugaz en los labios.

-¿Sólo un poco?-preguntó.-Yo creo que bastante.

John iba a devolverle el beso de antes cuando, de repente, la chica se levantó de la cama casi de un salto. Él se quedó mirándola, extrañado pero divertido a la vez. Adoraba aquella espontaneidad; era una de las cosas que más le enamoraban de ella.

-¿Adónde crees que vas ahora, Christie?

-A preparar la bañera.-le contestó sonriendo de una manera tan pícara que a John no le quedaron dudas de sus segundas intenciones.-¿O es que a ti no te apetece un baño?

-A mí en estos momentos me apetecen muchas cosas, preciosa.-le contestó él guiñándole un ojo.

La chica le dio otro beso risueña y pasó por su lado de la cama en dirección al baño, dejándolo a él allí, recostado y mirando en la dirección en la que ella había salido con una sonrisa soñadora pintada en la cara. Escuchó el grifo de la bañera al abrirse y volvió a acostarse de nuevo en la cama, mirando al techo y pensando en que, de nuevo, la suerte volvía a sonreírle.

De pronto, el ruido del teléfono a su lado le sacó de su ensoñación. Miró al aparato, que sonaba insistente en la mesita de noche, con enojo por haberle sacado de aquel momento tan perfecto y volvió a incorporarse rápidamente.

-¡John!-escuchó como la chica lo llamaba desde el baño.-¿Te importa responder?

-¿Yo?-preguntó él extrañado.

-Tranquilo, no será nadie comprometido.-le contestó ella.-Seguramente será Mary, tenía que llamarme antes de que me fuera al trabajo para decirme como habían quedado ella y Gwen. Dile que ya la llamaré yo luego.

-¿Quieres que me ponga yo en serio?-preguntó él divertido.

-John, por favor, va a colgar…

Sin decir nada más y esbozando una sonrisilla burlona imaginándose lo que iba a suceder, John descolgó el teléfono.

-¿Sí?-respondió poniendo una voz extremadamente grave, para evitar que lo reconociera.

-Eh… Perdón, lo siento, creo que me he equivocado.-escuchó como decía al otro lado de la línea la voz de Mary. Chris tenía razón, era ella.

-¿A quién busca, señora Starkey?-preguntó con la misma voz grave intentando a toda costa aguantarse la risa.

-¿Qué?-preguntó Mary sorprendida al otro lado de la línea.-¿Pero…?

-Mary, hija, son las ocho de la mañana.-le interrumpió John ya con su voz, riendo.-¿Es que no duermes o crees que desde Sunny Heights al centro de Londres hay diferencia horaria?

-¿Pero quién eres?-preguntó la chica aún más descolocada que antes.

-El día que me reconozcas la voz por teléfono te voy a dar un premio o algo así.-rió él.-Soy yo, John.

-¿John?-repitió Mary confundida, cosa que divirtió a John aún más si cabía.-¿Eres John… John?

-Soy John, John. El mismo. A su servicio, señora Starkey.-rió él.-Por cierto, Chris no podía ponerse, dice que ya te llamará luego.

-¿Pero tú…? ¿Qué haces ahí?-preguntó ella haciendo caso omiso a lo que le acababa de decir de Chris.

John soltó otra risita, divertido con la situación.

-Ser feliz, Mary.-contestó al fin con total sinceridad.-Eso es lo que hago aquí: ser muy, muy feliz.

La chica tardó a responder unos segundos todavía. Al parecer, aún estaba asimilando la información que John le acababa de dar.

-Me alegro mucho, John.-contestó al fin.- Y te lo digo de verdad, mucho.

-Gracias.-contestó John complacido.-Bueno, Mary, tengo que colgar. Ya te llamará ella, ¿vale?

-No hay problema, no hay ninguna prisa.-le respondió Mary.-Adiós, John.

-Adiós, Mary.

John colgó el teléfono sonriente y se puso en pie. Fue al baño mientras tarareaba una cancioncilla que acababa de salir de su mente, sin pies ni cabeza.

-Creo que tu amiga se ha quedado un poco flipada.-rió John mientras abrazaba a Chris por la espalda y le daba un beso en la mejilla, dulce y largo.

Ella se volvió hacia él.

-Y tanto que lo estará.-rió ella.-Además, te estaba escuchando desde aquí, te has pasado un montón con ella, caradura.

-¿Yo? ¿Pasarme? Qué va…-contestó él poniendo cara de niño bueno, cosa que hizo que Chris volviera a soltar una carcajada divertida.-Y ahora, peque, veamos a ver si esa bañera está a punto o no…

Y casi sin que se dieran cuenta de ello, se encontraron dentro de aquel cálido baño mientras, de nuevo, volvían a iniciar una sesión de besos interminable a la vez jugueteaban el uno con el otro, amándose. John sonrió sintiéndose vivo de nuevo. Aquel estaba siendo, sin lugar a dudas, uno de los mejores momentos de toda su vida.

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-¿A qué viene esa cara?

Mary se giró hacia Ringo, que acababa de entrar en la cocina con cara de sueño. Ella acababa de colgar el teléfono y aún debía de notársele en la cara la sorpresa que se había llevado al enterarse de esa manera tan inesperada que sus dos amigos estaban juntos de nuevo, algo en lo que ella, conforme habían ido pasando los meses, había dejado de creer.

-Acabo de llamar a Chris.-le dijo a su marido a la vez que dibujaba una sonrisa en su cara.-¿Y a que no sabes quién me ha respondido en lugar de ella?

Ringo negó con la cabeza a la vez que soltaba un enorme bostezo.

-John.

El chico interrumpió su bostezo en el acto y abrió mucho los ojos, sorprendido. Mary rió al entender que seguramente esa cara, o incluso peor, se le había quedado a ella cuando se había dado cuenta de que era con John con quien estaba hablando.

-¿Qué? ¿John? ¿Y qué hacía allí?

-¿A las ocho de la mañana y contento como unas pascuas?-preguntó ella.-No creo que haga falta ser Sherlock Holmes para llegar a la conclusión acertada.

Ringo esbozó una enorme sonrisa.

-Bueno…-contestó al cabo de unos instantes.-La verdad es que me alegro por ellos dos. Ya estaban en un plan imposible. Lo mejor es que hayan vuelto.

-Yo también creo lo mismo.-afirmó Mary acercándose hacia él.

-Además, ya vengo echando en falta un compañero de juegos para nuestro Vladis. A lo mejor estos dos con todo eso de la alegría por el reencuentro se animan y…

-¡Ritchie!-le interrumpió Mary entre risas dándole una palmadita en el pecho.-¡Déjalos! ¡Acaban de volver, pobres!

-Yo sólo decía que…

-Tú sólo decías…-rió ella antes de darle un sonoro beso en la mejilla.-Anda, Richard, ayúdame a prepararle el biberón a ése que según tú ya necesita compañero de juegos.

-Como digas, princesa.-le dijo él guiñándole un ojo.-Pero sigo pensando lo mismo… Y si nadie más no se anima a darle amiguitos a Vlad, a lo mejor tú y yo deberíamos…

-No tienes remedio.-le interrumpió ella divertida a la vez que se dirigía hacia el armario donde guardaba la leche para Vladis.

-Ni quiero tenerlo, princesa.-susurró Ringo.-Ni quiero tenerlo…

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Pese a que ni siquiera habían puesto un pie en la calle, el día había sido fantástico. Tampoco les había hecho falta eso, a decir verdad. Habían tenido demasiadas cosas de las que hablar y habían estado demasiado ocupados intentando recuperar el tiempo perdido como para que John y ella tuvieran tiempo a nada más.

Y después de habérselo contado todo, de haberse sincerado de verdad el uno con el otro, allí estaban los dos, sentados, muy juntos, en el sofá del piso de Chris mientras conversaban en voz baja sobre el nuevo disco de los chicos. Estaban tan bien los dos que era como si jamás hubieran dejado de estar juntos ni un solo segundo.

De repente, el sonido del timbre hizo que pararan de hablar casi en el acto. John le dedicó una mirada interrogativa a Chris. Ella, por su parte, se limitó a encogerse de hombros. No tenía ni idea de quién podía ser.  Lo cierto era que no esperaba a nadie y mucho menos a esas horas, ya casi noche cerrada.

-Iré a ver quién es.-dijo ella poniéndose en pie.

-No tardes, peque.-sonrió John.

Ella le dedicó una sonrisita tierna y salió del comedor. El timbre volvió a sonar en ese momento y Christine bufó de fastidio. Ya podía ser algo realmente importante como para interrumpir su día de aislamiento con John.

-Ya va…

Abrió la puerta sin preguntar ni siquiera quién era de tantas ganas como tenía de acabar cuanto antes con todo aquello y sintió como la sangre se le helaba en las venas cuando vio allí, plantado en la puerta de su casa, a su hermano sonriendo de oreja a oreja.

-¿Paul?-preguntó ella sin poder ocultar su sorpresa.

-Cualquiera diría que no te alegras de verme, enana.-le contestó el chico.-Pasaba por aquí y me he dicho “¿Por qué no le haces una visitilla a tu hermana?” y aquí me tienes.

-Ya…-masculló Chris contrariada. La verdad era que no sabía cómo debía actuar en aquellos momentos. John estaba dentro y no estaba muy segura de que a Paul le hiciera demasiada gracia enterarse de que los dos volvían a estar juntos así tan de repente.

-¿No me vas a dejar pasar siquiera?

Sin que a ella le diera tiempo a reaccionar, Paul pasó por su lado y se metió dentro de casa. La chica corrió detrás de él mientras se encaminaba hacia el comedor, decidido.

-Paul, verás…-balbuceó ella torpemente.-Es que… En estos momentos no estoy s…

Pero Chris ni siquiera pudo acabar de pronunciar la palabra “sola” antes de que Paul se metiera en el comedor. El chico paró en seco, estupefacto.

-¿Pero tú qué haces aquí?-casi exclamó Paul cuando vio a John allí sentado en el sofá tranquilamente.

Antes de contestar, John le lanzó una mirada contrariado a Chris, que negó con la cabeza intentando así decirle que no había podido hacer nada por evitar que entrara adentro. No obstante, el chico pronto recobró la compostura y esbozó una sonrisilla.

-Pues estoy aquí sentado en el sofá mientras fumo, ¿no lo ves?-contestó cargado de sarcasmo, cosa que a Chris no le auguró nada bueno.

Paul le dedicó una mirada furibunda y, a continuación, se giró para mirar a su hermana.

-¿Qué significa esto?

Chris soltó un suspiro, resignada. Bueno, los habían pillado y era una tontería mentir, así que lo mejor sería sincerarse con Paul.

-John está conmigo.-contestó sin más.

-Ya veo que está aquí contigo.-le contestó Paul-Me refiero a por qué está él aquí.

-No lo entiendes, Paul. John está conmigo.-respondió ella intentando mantener la calma y remarcando deliberadamente la última palabra.

A Paul sólo le faltó abrir la boca por la sorpresa. Se quedó mirándola fijamente durante unos segundos y, después, miró a John, que continuaba mirando la escena con expresión seria desde el sofá.

-No puede ser…-masculló Paul dirigiéndose de nuevo hacia Chris.-¿Me estás diciendo que otra vez has vuelto…?

-Conmigo, colega.-le interrumpió John.-Ha vuelto conmigo.

-Christine… ¿pero tú eres consciente de todo?-le preguntó Paul haciendo caso omiso a lo que John acababa de decir.-¿Acaso no te acuerdas de lo mal que lo has pasado? Sabes que…

-Paul, vale.-le cortó ella con acritud.-Sé muy bien por lo que he pasado y también sé muy bien lo que quiero ahora, así que no creo que haya nada más que decir al respecto.

-Esto es increíble…-dijo Paul a la vez que soltaba una risita amarga.-¿Vas a tropezar dos veces con la misma piedra?

Chris se lo quedó mirando con rabia. John se levantó también del sofá, podría decirse que desafiante.

-Y tres, cuatro, cinco y todas las veces que hagan falta, Paul.-contestó casi escupiendo las palabras.-Es mi decisión, Paul. Y por una vez podrías alegrarte por mí porque por fin voy a volver a ser feliz.

-¡A ser feliz! ¡Ésta sí que es buena!-exclamó Paul antes de volverse hacia John.-Y tú, tío, ya te lo dije una vez y te lo vuelvo a repetir: como le vuelvas a hacer daño, te mato, ¿me oyes? Te mato y… ¡joder! ¡Me largo de aquí!

Y, antes de que John o ella tuvieran tiempo a decir nada más, Paul salió de allí a toda prisa, hecho una furia. No tardaron nada en escuchar un fuerte portazo; Paul se había ido. Chris inspiró profundamente intentando relajarse y se giró hacia John, que todavía permanecía plantado donde se había quedado, mirando hacia la puerta con rabia, con la mandíbula apretada.

-No le hagas caso, Johnny.-susurró ella abrazándose a él para tranquilizarle. Pese a que ella también estuviera muy mal por lo que acababa de ocurrir, temía más la reacción de John que otra cosa.-Ya sabes cómo es… Jamás le hizo gracia lo nuestro. Cuando empezamos también se puso igual y ya ves que al final acabó cediendo. Se le pasará, te lo digo yo.

A modo de respuesta, John la apretó todavía más contra él y le dio un beso en el pelo.

-Y si no se le pasa, peor para él.-murmuró al fin. Chris levantó la cabeza y sonrió. Sabía que estaba haciendo un monumental esfuerzo por no estallar allí mismo y aquello, pese a todo, le hizo gracia. Era muy tierno ver que se estaba conteniendo por ella. John le devolvió la sonrisa antes de añadir:-¿Y tú cómo estás?

-Bien, monstruo, bien…-contestó ella volviendo a apoyar la cabeza contra su pecho.-Si yo de mi hermano como que paso bastante…

John soltó una risita con el comentario, pero no contestó nada. Los dos permanecieron de ese modo, quietos y abrazados durante unos minutos, en silencio. Se sentían bien así, la verdad.

-Christie, pequeña…-susurró John de repente.

Ella levantó la cabeza y lo miró a los ojos, interrogativa.

-¿Qué pasa?

-Que…-empezó a decir él.-Verás, he estado pensando que…

John se interrumpió a sí mismo y apartó la mirada nervioso.

-¿El qué?

El chico volvió a fijar la vista en ella y sonrió.

-Es sólo una idea… Entenderé si aún no…

-John, venga, habla, no tengo todo el día.-le interrumpió ella nerviosa, aunque con un deje de diversión en la voz.

-Pues que... ¿te apetecería volver a casa conmigo, pequeña?-preguntó al fin.

Chris se quedó mirándolo estupefacta. John le estaba pidiendo que volvieran a vivir juntos. Tal vez podría parecer precipitado, pero para ella era la idea más fabulosa del mundo. Lo quería y quería volver a estar a su lado la mayoría del tiempo posible.

-¡Johnny!-exclamó ilusionada.-¡Sí!

John dibujó una amplia sonrisa en su cara y, a continuación, le dio un intenso beso en los labios. Los dos se dejaron llevar por aquel beso. Si aún les quedaba algún resto de enfado por lo de Paul, en esos momentos se acababa de evaporar como si nada. Eran felices. Y en aquellos momentos no había nada más importante que eso.




 Holaaaaaa!!! Pues sí, aquí estoy yo con esto de nuevo. Veis? Reconciliación! Si es que esto al final se veía venir, eh? jajaja. 

En fin, guapas, me paso por aquí rapidito porque es bastante tarde ya. Sólo agradeceros, como siempre vuestra lectura y vuestros comentarios (María e Ingrid, siempre incombustibles, gracias!) y bueno, aclararos, que ahora ya sí que sí entramos en la recta final del fic. Nueva etapa y cinco capis nada más. Chan chan chan... Se aproxima el desenlace... :P (aunque al ritmo al que escribo igual tarda en llegar XDDD )

Un beso, guapas! Y espero que os haya gustado! :D

miércoles, 10 de abril de 2013

Capítulo 83: Linda


Era paradójico. Llevaba semanas enteras planeando lo de aquella maldita rueda de prensa en la que sólo había creído él y, en aquellos momentos, mientras los periodistas les acribillaban a preguntas, le estaba dejando llevar las riendas de las respuestas a John, quien de cuando en cuando soltaba algún que otro comentario irónico muy en su línea que dejaba completamente descolocado al pobre periodista que había formulado la pregunta. Lo cierto era que no sabía si estaba haciendo bien o mal, pero en aquellos momentos le daba bastante igual si su amigo hablaba más de la cuenta o no; él sólo se limitaba de cuando en cuando a contestar a alguna pregunta y a hacer algún que otro comentario banal sobre el asunto de Apple, nada más. Y es que en aquellos momentos Paul estaba más pendiente de otra cosa que de la rueda de prensa en la que tanto había insistido.

Había visto a Linda nada más había hecho su aparición con John en la sala, antes incluso de tomar asiento, allí, con su cámara en la mano, a pocos metros de él, preciosa y sonriente. Pese a que sabía que la chica era americana, Paul no esperaba para nada verla allí en la rueda de prensa. Y, pese a que hacían un año que no se habían visto y que apenas se acordaba de ella, Paul sintió como el corazón le daba un vuelco cuando sus ojos se encontraron. Fue una sensación brutal, que le sacudió por dentro, fuerte, muy fuerte e incontrolable, una sensación que nunca había tenido antes pese a que hubiera tenido montones de relaciones antes.

Así pues, Paul estaba más pendiente de Linda que de las preguntas que lanzaban los periodistas, más pendiente de pensar cómo iba a ingeniárselas para hablar con ella a solas después de aquello que de la propia rueda de prensa. Por eso, cuando se puso punto final a todo aquel circo, Paul se puso en pie casi de un salto, contento pero a la vez temeroso por si sus planes fracasaban y la no volvía a ver.

Pasaron entre una marabunta de periodistas que insistían preguntándoles cosas aunque ya no tuvieran turno de palabra. Paul lanzó una mirada furtiva hacia el sitio en donde ella había estado sentada hasta esos momentos y sintió como la decepción lo invadía cuando no la vio allí. A saber dónde estaría…

-¡Paul!

Pese a que en aquellos momentos quizá había decenas de personas llamándole, Paul reconoció aquella voz enseguida: era ella, de eso no le cabía ninguna duda. Se volvió hacia donde provenía aquella voz y no pudo evitar esbozar una sonrisa de oreja a oreja cuando vio a Linda intentando abrirse paso entre los periodistas que se interponían entre los dos.

-¡Toma!-gritó ella alargando su brazo hacia él.

Paul miró su mano. En ella tenía un papelito escrupulosamente doblado. Volvió a mirar a Linda, perplejo, dudando en si debía agarrar aquello o no. Ella, simplemente, se limitó a asentir con la cabeza a la vez que esbozaba una inmensa sonrisa. Y entonces, sin pensárselo dos veces, Paul le agarró el papelito justo en el momento en el que otro fotógrafo se ponía delante de la chica sin ningún miramiento y la hacía retroceder de nuevo.

-Salgamos de aquí cuanto antes, Macca.-le dijo John detrás de él en voz baja para que sólo le pudiera escuchar él a la vez que le daba un leve empujoncito para animarlo a caminar.

Paul miró una vez más hacia la multitud intentando ver de nuevo a Linda en vano. Bufó molesto, se volvió hacia John y asintió con la cabeza. Sí. Sería mucho mejor irse cuanto antes.  Allí ya no tenían absolutamente nada qué hacer.

*******************************

John no pudo evitar soltar una carcajada cuando vio por encima del hombro de su amigo el contenido del papelito que le había dado esa fotógrafa.

-¿Y tú de qué mierdas te ríes?-preguntó Paul molesto escondiendo repentinamente el papelito cuando se dio cuenta de que John lo estaba espiando.

-Veo que continúas desatando pasiones entre las nenas, Paulie, siguen dándote sus números de teléfono para que las llames y les hagas hijos.-rió él.-Y tranquilo, hombre, no hace falta que te escondas el papel, no te la voy a levantar, si es eso lo que te preocupa.

-Vete a tomar por culo, Lennon.-le espetó Paul.-¿Es que siempre tienes que meterte en todo?

John se limitó a encogerse de hombros a la vez que se sacaba una bolsita con un par de porros ya liados del bolsillo de su pantalón.

-Me divierte meterme contigo, ya lo sabes.-bromeó.-Anda, fúmate uno de estos y verás como te tranquilizas un poco.

Paul esbozó una sonrisa por la broma mientras agarraba el porro que le tendía John. Hubo unos segundos de silencio mientras John sacaba su encendedor y le prendía fuego a su porro.

-Por cierto…-murmuró con el porro en la boca a la vez que le daba fuego a Paul.-Esa chica, la que te ha dado el papelito…

-Joder, tío, ¿te has dado cuenta de eso?

John soltó una risita divertido.

-Digamos que muy disimulado no lo ha hecho.-contestó antes de darle una profunda calada a su porro.-Sea como sea, el caso es que la chica esa me suena mucho…

Paul se quedó mirando a John durante unos instantes. Aprovechó aquellos momentos para fumar también, distendido.

-Debería sonarte.-dijo al fin antes de exhalar el humo de su porro.-Es Linda Eastman, la fotógrafa. Vino a la presentación del disco y estuve hablando con ella un rato.

-¿A la presentación?-preguntó John levantando una ceja extrañado.-De eso hace ya un año justo…

-Sí, exactamente un año. Pero… Supongo que eso da igual en estos momentos.

John soltó una sonora carcajada cuando escuchó las palabras de Paul.

-O sea que, traduciendo, esa chica te gusta, ¿verdad?-concluyó John cuando acabó de reír.

Paul sólo pudo esbozar una sonrisilla soñadora a la vez que asentía con la cabeza. En aquellos momentos le parecía una estupidez negarle a John lo que era más que evidente.

-Pues… ¿sabes una cosa?-continuó John.-Yo creo que también le gustas, así que… Casi que mejor que me acabo este porro yo solito en mi habitación y te dejo tranquilito para que hagas una llamada importante.

Y, sin decir nada más, John le dedicó un guiño y salió de su habitación mientras silbaba una melodía improvisada.

*********************************

-¡Georgie!

A George apenas le dio tiempo a ver nada más antes de que Gwen se abalanzara sobre él y se colgara de su cuello para, a continuación, darle un intenso beso en los labios, dulce y alegre, como ella.

-Ey, hola, bonita. ¿A qué viene esta efusividad?-rió el chico cuando ella separó sus labios de los suyos.

-Adivina.-dijo ella juguetona.

George apoyó su dedo en la barbilla, fingiendo ponerse pensativo.

-Mmmmm… Déjame adivinar… ¿Te han propuesto hacer alguna exposición?

-No, no.-contestó Gwen divertida.-Nada más lejos de la realidad. Prueba otra vez.

-Soy muy malo con las adivinanzas, Gwen…

-Venga, bobo, prueba de nuevo.-insistió ella risueña.

-No sé… Veamos…-murmuró George haciéndose un poco el remolón.-¿Una súper nota en un examen de la universidad?

-¡No he hecho exámenes aún, bobo!-rió Gwen.

George soltó un bufido exasperado. Cuando le había dicho que odiaba aquellos jueguecitos lo había dicho completamente en serio.

-Ni idea.-dijo finalmente mientras se obligaba a sí mismo a forzar una sonrisa.-Dímelo tú.

-Hay que ver lo poco que te gusta pensar, ¿eh?-bromeó la chica.-Vale, va, te lo diré… Hemos recibido una carta digamos que bastante especial.

George frunció el ceño y la miró sin comprender a qué se estaba refiriendo su novia.

-¿Cómo que una carta? ¿De quién?

La risita que soltó la chica lo dejó aún más descolocado. Le intrigaba el hecho de que Gwen estuviera actuando como si debiera conocer la respuesta sí o sí y él, por su parte, no tuviera ni idea de lo que le estaba hablando.

-¡Pues de quién va a ser!-le respondió Gwen finalmente.-A ver, George, ¿de quién estábamos esperando una respuesta?

No hizo falta que Gwen le dijera nada más pues, inmediatamente, una lucecita se encendió en su mente. No pudo evitar soltar una sonora risotada al darse cuenta de lo obvia que era la respuesta y lo que le había costado adivinarla. Aquella carta debía de ser del Maharishi, sin duda alguna. Era, de hecho, el único correo importante que estaban esperando Gwen y ella.

-¿Es suya?

No hizo falta ni siquiera que aclarara nada más pues la chica asintió con la cabeza un par de veces, efusiva.

-¿Y qué…?-empezó a preguntar él.

Gwen volvió a sonreír de oreja a oreja. No hacía falta ser muy listo para saber que a respuesta había sido positiva.

-Sin rencores.-contestó ella.-Entiende que nos desilusionáramos al principio y se alegra mucho de que sigamos fieles a los principios de la meditación.

-¿De veras?

-¡Sí! ¿A que es fantástico?

Por toda respuesta, George se dejó llevar y le dio un beso a la chica. Aquella era una buena noticia, de las mejores. Y es que, pese a que quizás jamás volvieran a ser los discípulos del Maharishi que habían sido antes, por lo menos se sentía con muchos menos remordimientos por haberse ido de la India como se habían ido. Se sentía, por así decirlo, mucho más liberado y aquello le hacía sentirse mucho más feliz.

*********************************

¿Por qué no decirlo? Estaba realmente nervioso, caminando de un lado a otro de la habitación, como un gato encerrado. Lo peor de todo era que no podía hacer nada por evitarlo. Desde que la había llamado nada más John se había ido de allí y, lo que era más importante, desde que ella había accedido a ir a verle, Paul se había puesto hecho un manojo de nervios. Quizás el hecho de saber lo que iba a pasar entre los dos casi con total seguridad hacía que esa ansiedad que sentía dentro aún fuera mayor.

Por eso, cuando el teléfono de la habitación sonó Paul casi dio un salto de pura sorpresa. Casi corriendo, pues se encontraba en la otra punta de la habitación, se dirigió hacia el teléfono y descolgó.

-¿Sí?-contestó.

-Buenas tardes, señor, le llamo de la recepción del hotel.-le respondió al otro lado un hombre con voz grave. A Paul no se le escapó el detalle de que hubiera evitado decir su apellido en voz alta.-Disculpe las molestias, pero aquí hay una señorita que quiere subir a verle. Asegura que tiene usted sabe de quién se trata. Se llama Linda Eastman, señor.

Sólo el hecho de oír su nombre, hizo que a Paul le diera un vuelco el corazón.

-Sí, por supuesto que sé de quién se trata.-dijo Paul en tono cortante.-Dígale que suba, por favor.

Ni siquiera esperó a que el recepcionista le contestara, simplemente colgó sin más. Después, corrió al espejo más cercano casi en un acto instintivo y soltó una sonora carcajada cuando se sorprendió a sí mismo colocándose bien uno de los mechones de su pelo. Parecía un adolescente hormonado a punto de recibir la visita de la chica que le gustaba. Sonrió. En realidad, la única diferencia que tenía con un adolescente hormonado en aquellos momentos era la edad.

Apenas le dio tiempo a hacer nada más antes de que sonaran unos leves golpecitos en la puerta. Miró hacia allí a la vez que sentía como el corazón se le aceleraba por momentos. Parecía mentira, pero ni ante el más multitudinario de los conciertos que había hecho hasta entonces se había encontrado así.  Otros dos golpecitos insistentes lo sacaron de su ensoñación. Entonces, tragó saliva, dibujó en su cara una de sus mejores sonrisas y abrió la puerta.

Allí estaba ella, bonita como nadie, sonriente y mirándolo de manera penetrante, tanto que Paul tuvo la sensación de que era capaz de ver incluso dentro de él. Él le devolvió la sonrisa, sincero.

-Me alegro de que hayas venido.-dijo con voz suave.-Pasa.

Paul se hizo a un lado para que Linda pasara y, a continuación, cerró la puerta detrás de ellos.

-Yo también me alegro de que me hayas invitado.-le contestó ella volviéndose hacia él, casi en un susurro.

-Llevo un año queriendo hacerlo.

Los dos quedaron cara a cara, mirándose, escrutándose el uno al otro. Era perfecta. Había pensado eso mismo antes de muchas otras mujeres pero ahora era consciente por primera vez en su vida de lo equivocado que había estado. Podría parecer precipitado, loco, pero Paul quería a esa chica. La quería a su lado y la quería ya. Por eso, casi sin darse cuenta de lo que estaba haciendo y sin decirse nada más, Paul se lanzó a besarla, apasionadamente, con ganas, como si jamás en su vida hubiera besado a nadie antes. Ella le respondió con la misma intensidad y rodeó sus brazos alrededor de su cuello.

-Y llevo toda una vida queriendo hacer esto…-susurró Paul cuando sus bocas se separaron apenas unos milímetros.

Por toda respuesta, Linda a dedicarle una amplia sonrisa y a hundirle la mano en el pelo antes de volver a pegar sus labios contra los suyos. Sin pararse de besar ni un solo instante, los dos se dirigieron a tientas hacia la cama y se dejaron caer sobre ella, acariciándose y sintiéndose el uno al otro.

-Creo que te quiero, Paul McCartney.-murmuró Linda de repente, nada más se dejaron caer sobre la cama.-Y creo que te quiero mucho.

-Yo no sólo lo creo, Linda Eastman.-le contestó él con una sonrisa juguetona.-Yo simplemente te quiero.

Y nada más decir esto, Paul volvió a pegar sus labios a los de la chica y empezó, ahora sí, a desabrocharle los botones de su blusa a tientas, con delicadeza. Sonrió para sus adentros al pensar en lo caprichoso que era el destino habiéndolos unido de nuevo a los dos.

Sí, definitivamente, ir a Nueva York había sido la mejor idea que había tenido en toda su vida.

***********************************

-¡Martha, loca, no me saltes así encima o me vas a matar, que eres más grande que yo!-exclamó Chris entre risas intentando quitarse de encima a la perra, que saltaba a su alrededor contenta por verla.

A duras penas consiguió entrar en casa de su hermano y cerrar la puerta tras ellas mientras Martha aún saltaba y lanzaba pequeños ladridos emocionada.

-¿Qué te pasa, bonita?-le preguntó Chris mientras le acariciaba la cabeza.-¿Te has cansado de estar sin tu dueño todo el finde?

La respuesta de Martha fue un enorme lametazo en toda la cara que hizo reír a la chica a carcajada limpia. Después, le dio otra caricia en la cabeza y se puso de pie nuevamente para dirigirse a la cocina. Paul no tardaría en llegar de Estados Unidos y ella había quedado en verse con él allí, en su casa, por petición de su propio hermano. La verdad era que en un principio le había sorprendido aquella propuesta. Paul jamás había tenido prisa por aquellos reencuentros y muchísimo menos si sus estancias fuera habían sido tan sólo de un par de días. No obstante, después de pensarlo bastante, Chris llegó a la conclusión de que seguramente Paul quería verla por algún motivo. No tenía ni idea de qué era, pero estaba segura de que, o bien quería mostrarle algo, o bien quería decirle algo importante.

Después de comprobar que el ama de llaves de Paul había dejado ya una cena para dos hecha y de ver que ya no tenía nada que hacer excepto esperar a su hermano, entró en el comedor y encendió la tele casi de manera autómata antes de dejarse caer en el sofá. Miró con apatía los anuncios que estaban pasando en aquellos momentos mientras acariciaba a Martha, que se había acostado a su lado en el sofá. Ya estaba a punto de ponerse en pie de nuevo y apagar el televisor cuando, de repente,  empezó uno de los avances informativos que daban de cuando en cuando noticias de última hora. Inmediatamente, nada más oír la sintonía, fijó toda su atención en el televisor: si era una noticia de última hora que ella debía de tratar a la mañana siguiente, más le valía estar todo lo mejor informada posible. Pero, no, se equivocó por completo. Aquella noticia no la debería tratar al día siguiente porque no correspondía a su sección, aunque a decir verdad, le interesaba tanto o más que las otras. Y es que el presentador estaba anunciando a bombo y platillo la llegada a Londres de John Lennon y Paul McCartney después de su exitosa rueda de prensa en Nueva York para anunciar su nuevo proyecto. Pasaron unas imágenes recién grabadas de su hermano y John. Inconscientemente sonrió cuando vio a este último y, después, borrando la sonrisa de su cara lanzó un fuerte suspiro. Cerró los ojos y apoyó la cabeza en el respaldo del sofá, pensativa. Allí, precisamente allí donde estaba sentada en esos momentos, había vivido también un montón de momentos felices con él…

Apenas fue consciente de que se había dormido hasta que no sintió como alguien la zarandeaba levemente. La chica abrió los ojos sobresaltada y se encontró con un sonriente Paul que la miraba divertido.

-Enana, enana…-dijo.-Quedo contigo con la intención de que me des un recibimiento como es debido y te encuentro durmiendo en el sofá como una marmota.

-¡Paul!-exclamó la chica sonriendo también.-¡Ya has llegado!

-Ahora mismo he entrado en casa.-le contestó él.-¿Cómo estás?

-Yo genial después de esta minisiesta que me he pegado.-bromeó ella.-¿Y tú? ¿Cómo te ha ido por Nueva York?

Paul esbozó una inmensa sonrisa pícara que hizo que Chris lo mirara extrañada. Lo conocía demasiado y sabía que algo ocultaba, aunque tenía la sensación de que no iba a guardar el secreto por mucho tiempo.

-¿Qué?-insistió ella un tanto mosqueada.-¿Y esa sonrisa? ¿Has encontrado oro o algo así?

-Pues… Quizás haya encontrado algo mucho mejor que el oro, hermanita.-contestó él sentándose a su lado.

La chica levantó las cejas y se quedó mirándolo, interrogativa.

-No me jodas que hay una…-empezó a decir ella escéptica.-¿Chica?

-A veces me asustas.-rió Paul.-¿Acaso has enviado a un espía detrás de mí?

Chris soltó una carcajada ante la repentina revelación de su hermano.

-Vaya, o sea, que hay una chica.-dijo con una sonrisilla burlona.-Paul McCartney, el tío más enamoradizo del mundo mundial, vuelve a hacer de las suyas.

-Te aseguro que esto no es sólo un capricho de tío enamoradizo.-contestó Paul guiñándole un ojo.

-Deberías pagarme cada vez que te oigo decir eso, Paulie.-rió ella revolviéndole el pelo, divertida.-Creo que a estas alturas ya sería más rica que tú.

-Cállate, boba.-le replicó Paul molesto.-Esta vez hablo en serio, te lo juro.

-Vale, vale, no te enfades ahora.-le respondió ella.-Venga, va, cuéntame cosas… ¿Quién? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué?

Esa vez fue Paul el que soltó una risotada ante la avalancha de preguntas de su hermana.

-No te voy a responder ni a la mitad de las preguntas, enana.-le replicó.-Sólo te voy a decir que tú la conoces, que esto va mucho más allá a un simple “me gusta”  y que creo que va para largo.

-Un momento, un momento…-le interrumpió ella contrariada.-¿Has dicho que yo la  conozco?

-Bueno…-masculló Paul.-Conocer, conocer, no la conoces, pero sabes quién es.

-Que me ahorquen ahora mismo si me he enterado de algo…

-Quiero decir que jamás has hablado con ella, creo, pero que sí que la has visto…-aclaró Paul.-Es… A ver, ¿te acuerdas de esa fotógrafa que estaba hablando conmigo en la presentación del Sgt. Pepper hace un año?

-Como para acordarme…-dijo la chica contrariada.-Te aseguro que el año pasado ocurrieron demasiadas cosas en mi vida para que mi mente retenga ese tipo de detalles, Paul.

Paul le dedicó una sonrisa amarga.

-Bueno, de todos modos estoy seguro de que sabrás bien quien es cuando la veas de nuevo…-le aclaró.-Se llama Linda, Linda Eastman. Y creo, hermanita, que me he enamorado como un tonto de ella.

******************************************

-Decidme una buena razón por la que me hayáis hecho levantarme antes del mediodía.-dijo Ringo mirándolos a todos.-Vladis nos ha dado una nochecita genial y como no se os ocurra un buen motivo por el que yo deba estar aquí y no durmiendo como un tronco, os juro que cometo un triple asesinato.

Paul, John y George soltaron una sonora carcajada cuando escucharon aquello. No obstante, Ringo se mantuvo imperturbable.

-¿Acaso no quieres saber cómo nos fue la rueda de prensa de Nueva York?-preguntó Paul divertido.

-Me lo contasteis por teléfono.

-Pero no te contamos los detalles…

-He vivido sin los detalles un par de días, supongo que hubiera sido capaz de aguantar hasta la tarde.-masculló Ringo ante la mirada burlona de los demás.

-¿Ni siquiera los detalles de cómo Paul aprovechó el viaje?

La pregunta de John pilló a todos por sorpresa. Tal vez Ringo no le hubiera prestado más atención a aquello a no ser por la mirada asesina que le lanzó Paul a John. Aquello, inmediatamente, hizo que su enfado por aquella repentina reunión con los chicos para hablar de la rueda de prensa y del disco que iban a empezar en unos días, se transformara enseguida en mera curiosidad.

-Lennon, como jamás me cansaré de decirte, eres un bocazas.-casi le espetó Paul antes de volverse hacia los demás y añadir:-Vale, sí, ha habido alguien en este viaje... Ya os la presentaré, cuadrilla de cotillas.

-Pero si nosotros no hemos dicho nada aún…-dijo George divertido.

-Pero lo estáis pensando.-le cortó Paul.-Pero no nos hemos juntado para hablar de mi nueva chica, sino para…

-Ah, que ya es su chica…-rió George lanzándole una mirada significativa a Ringo antes de que los dos estallaran en una carcajada a la que pronto se les unió John.

-Vale, ya.-trató de pararlos Paul.-¿Vamos a hablar del disco o qué?

Sus tres amigos hicieron un esfuerzo colosal para parar de reír a carcajada limpia y, por fin, asintieron con la cabeza.

-Vale, va… -cedió George por fin.-Pero que conste que queremos saber quién es esa chica tuya.

-Hay que ver cómo sois…-refunfuñó Paul.-En fin, empecemos… ¿Ya habéis pensado en los temas que podríamos incluir en el disco?

-Los míos ya los sabéis.-dijo John distraído a la vez que miraba por la ventana.

Ringo tragó saliva antes de hablar. Aquel era el momento y la verdad es que temía un poco a un nuevo desplante por parte de Paul y John.

-A mí me gustaría que grabáramos Don’t Pass Me By y la incluyéramos.-soltó de repente.

Miró a los demás. George, a su lado, le sonreía cómplice, mientras que John y Paul lo miraban estupefactos. Era evidente que no se esperaban una cosa así.

-¿Esa no es la que nos presentaste hace ya unos años?-preguntó John.

-Sí, esa misma.-le contestó Ringo.-La misma canción que me rechazasteis sin ni siquiera acabarla de escuchar.

Lejos de enfadarse, John soltó una risotada ante aquella contestación.

-Por mí, perfecto, incluyámosla.-dijo cuando hubo recuperado el aliento.-Me acuerdo aún de ella y tiene potencial.

-¿Y tú Paul? ¿Qué crees?-preguntó Ringo aliviado por haber pasado el obstáculo de John. No obstante, era consciente de que lo peor estaba por llegar: Paul.

-No sé…-masculló Paul son saber qué decir.-No me acuerdo muy bien, y creo que si entonces ya lo rechazamos es porque…

-Vamos, Paul… -le cortó George de repente.-Hacemos música muy distinta a cuando rechazamos ese tema. Creo que ahora, haciéndole las adaptaciones que le hagan falta, podría caber perfectamente en el disco que queremos hacer.

-Y además, nuestro pequeño Ringo quiere perder la virginidad en esto de presentar canciones compuestas por él.-bromeó John irónico.

Paul se quedó mirándolos a todos durante unos segundos, pensando la respuesta. Por último, fijó su mirada en Ringo, quien se la mantuvo podría decirse que incluso desafiante. Sabía que a Paul le faltaba nada para decir que no, pero no iba a dejarse convencer tan fácilmente esta vez.

-Está bien.-dijo al fin Paul suspirando.-Incluiremos esa canción en el disco.

Ringo le dedicó una mirada incrédula y, después, no pudo evitar sonreír de oreja a oreja. Lo había conseguido. Por primera vez iba a incluir uno de sus temas en un disco, encima en uno de los más ambiciosos de su carrera. Quizá aquello fuera el primer paso para que se le valorara un poco más dentro del grupo y aquello le ponía muy, muy feliz.

**********************************

Pese a que aún arrastraba el cansancio del viaje, John estaba convencido de que aquel iba a ser uno de los días más felices de su vida. La reunión con los chicos había sido genial, tenía de nuevo una ilusión bárbara por iniciar un nuevo proyecto y, lo que era más importante, se había decidido aquella misma tarde a dar un paso muy importante. Por eso estaba allí en esos momentos, aparcado justo ante la puerta de la redacción del periódico en el que Christine trabajaba, esperando dentro de su coche a que la chica saliera de trabajar.

El encuentro que habían tenido antes de que él se marchara a Nueva York unos días antes le había dejado muchas esperanzas al respecto. Ella le había dejado entrever que tenía de nuevo las puertas abiertas y él no iba a desaprovechar aquella oportunidad.  Aquellos meses que habían pasado separados lo único que habían hecho eran convencerle aún más de que la amaba con todas sus fuerzas y de que lo único que deseaba en este mundo era volver a estar a su lado.

Estaba sumido en esos pensamientos cuando, de repente, la puerta del edificio se abrió y apareció ella. John se quedó mirándola, ensimismado, sintiendo como por unos instantes, el mundo se detenía a su alrededor.

Chris, por su parte, no tardó en ver el coche y paró de caminar en seco, visiblemente sorprendida. Por unos segundos, John temió que se fuera de allí y se escapara de nuevo pero, entonces, la chica le dedicó una cálida sonrisa y se dirigió hacia el vehículo, contenta.

John sonrió. Posiblemente tuviera razón y aquel se convirtiera en uno de los días más felices de su vida.



Hola gente!!!! Qué hay?? Pues yo aquí vengo de nuevo, a dejar este capi que bueno… Prometo que el siguiente será mejor, o por lo menos, eso intentaré, jajaja.

Bueno, como siempre muchas gracias a todos por estar ahí leyendo y comentando. Gracias a mi María, a Zíngara y a mis anónimos (anónimos que hablan inglés o español, me da igual porque todos sois geniales y merecéis que os quiera muuuuchoooooo). Siento no tener mucho tiempo para pararme comentario por comentario, pero sólo aclarar que sí, que respecto a lo que alguien me preguntaba sobre la foto del final, que sí, que es Strawberry Field en el Liverpool de mis amores. Lo que pone está escrito en catalán, mi lengua materna, y es un “Gràcies per la vostra música” (o sea, un Gracias por vuestra música aunque no haga falta mucha traducción). En Abbey Road también he estado y he estampado mis firmas por aquel muro repleto de escritos aunque aquí en el blog no está la foto, jejeje.

Y en fin… Muchas thanks a todos y a todas y buenas noches, que aquí es muyyyy tarde y me voy a dormir ya! Besotes!

lunes, 1 de abril de 2013

Capítulo 82: Un paseo por el parque

Gwen se dejó caer pesadamente sobre el sofá del salón a la vez que soltaba un bufido. Llevaba unos días, prácticamente desde que habían regresado de la India, con un humor de perros, dándole vueltas y más vueltas a una misma cosa: cómo habían dejado al Maharishi y la manera en que se habían ido. Lo cierto era que que se sentía enormemente culpable por aquello, culpa que que iba en aumento a cada día que pasaba. Aquello la ponía irascible, contestona y apática. Pero ella no era la única que estaba así pues George también estaba igual, aunque a Gwen no le quedaba muy claro si el mal humor de su novio se debía a su salida de Rishikesh o bien al tema de la rueda de prensa que John y Paul iban a dar en Nueva York sobre Apple, cosa que tampoco le había sentado demasiado bien. Fuera como fuera, la verdad era que tanto uno como otro llevaban unos cuantos días en los que sólo les faltaba morder.

-Buenos días.

El saludo de George hizo que Gwen mirara hacia la puerta del salón. Efectivamente, el chico acababa de aparecer por allí, aún con el pijama puesto y el pelo revuelto.

-Buenos días.-le devolvió ella el saludo.-¿Ya te has levantado?

George asintió con la cabeza, todavía soñoliento.

-¿Hay algo para desayunar?-quiso saber.

Aquella pregunta hizo que Gwen esbozara una sonrisa. George, como siempre, pensando en la comida.

-No he preparado nada.-negó ella.-Pero ya sabes, la cocina está llena de comida.

-Pillaré unas galletas o algo...-dijo George desapareciendo nuevamente por la puerta.

Gwen volvió a apoyar su espalda en el respaldo del sofá y cerró los ojos, intentando dejar su mente en blanco. Justo cuando estaba a punto de quedarse dormida, escuchó como George entraba de nuevo en el salón. La chica abrió los ojos y lo miró. Tenia un paquete de galletas en la mano y comía despreocupado.

-¿Quieres una?-le ofreció el chico cuando vio que abría los ojos.-Están buenísimas.

-No, gracias.-respondió ella con una sonrisa.-Yo ya he desayunado.

-Como quieras, aunque tú te lo pierdes...-contestó George encogiéndose de hombros antes de sentarse a su lado en el sofá.

-George...-se quejó ella.-Vas a ponerlo todo perdido de migas... ¿Es preciso atiborrarte de galletas en el sofá?

El chico le dedicó una mirada extrañada antes de contestar nada.

-¿Y a ti desde cuando te importan esas cosas?-preguntó al fin.-Vamos, Gwen, son migajas. Después se limpian y ya está.

-No las tendríamos que limpiar si tú comieras en la mesa como hacen las personas normales.-le replicó ella enfurruñada.

-Es que yo no soy normal.

Lejos de hacerle gracia aquel comentario, Gwen le dedicó una mirada severa a su novio. George, por su parte, abrió los ojos un poco más y se quedó mirándola.

-Oye, cariño...-masculló al fin mientras mordisqueaba otra galleta.-¿Qué te pasa? Estos días...

La pregunta hubiera incluso parecido seria si George no la hubiera formulado con la boca llena. Aquella escena cómica hizo que Gwen olvidara de repente su enfado y soltara una risita, divertida.

-Tú tampoco estás de un humor excelente precisamente.-dijo al cabo de unos segundos sin borrar la sonrisa de su cara.

George simplemente se limitó a encogerse de hombros antes prácticamente de engullirse otra galleta.

-Lo mío es una mezcla de todo...-masculló al fin.-Pero a ti... ¿qué te pasa?

La chica lanzó un suspiro antes de contestarle. Debería contárselo todo: sus culpas, sus preocupaciones. Al fin y al cabo, George y ella tenían una confianza total y estaba segura de que contárselo la liberaría aunque sólo fuera un poco.

-Es que...-dudó.-A veces pienso en cómo nos fuimos de la India y...

-Entiendo.-le cortó George.-¿Sabes? A mí me pasa lo mismo. A veces pienso si no la cagamos. A fin de cuentas nosotros no sabemos a ciencia cierta si lo que decía la tal Rosalyn esa era cierto o no, por muy convencidos de ello que estuvieran John y Alex.

-Creo sinceramente que nos precipitamos en todo.-suspiró Gwen.-Nosotros ya estábamos un poco cansados y John, ya ves, tenía unas ganas locas de volverse. Sólo usamos esa mínima excusa para irnos de allí como unos... cobardes.

George calló durante unos segundos y bajó la vista.

-Supongo que tienes razón.-convino al fin.-Ni siquiera le dimos el beneficio de la duda, lo dimos todo por cierto y ya está.

-Me siento bastante mal por ello.-continuó Gwen.-Lo que hicimos no estuvo bien y...

-¿Y qué?-preguntó George al ver que la chica se había interrumpido a sí misma.

-Pues que en realidad yo continúo creyendo en todo eso de la meditación.-suspiró la chica.-El error fue nuestro por pensar que daría solución enseguida a todos nuestros problemas. No tuvimos paciencia.

-Ni tampoco entendimos nada.-continuó George.-Tienes razón, la verdad.

-¿Sabes lo que me gustaría hacer?-preguntó Gwen de repente mirando a George.

-¿Qué?

-Disculparme con el Maharishi.-contestó ella.-Creo que hasta que no lo haga no me sentiré en paz conmigo misma. Lo hicimos mal y creo que le debemos esa disculpa.

George se quedó mirándola en silencio durante unos instantes, pensando en lo que la chica acababa de decirle. De repente, una sonrisa iluminó su cara.

-¿Sabes? De nuevo estás en lo cierto.-dijo risueño.-Deberíamos mandarle una nota o algo. Así por lo menos no nos sentiríamos tan mal.

-¿Lo dices en serio?-preguntó Gwen quien por unos segundos había pensado que George no iba a estar de acuerdo.

-Pues claro que lo digo en serio.-contestó el chico poniéndose en pie casi de un salto.-Voy a por papel y boli. Eso sí, la nota la escribes tú, que a mí esas cosas no se me dan demasiado bien.

Gwen le dedicó una última mirada agradecida a George antes de que saliera del salón. Por cosas como aquella era por lo que lo quería tantísimo. Era, en definitiva, como si fueran almas gemelas.

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-Julian, deja de fastidiar así a Martha o al fina acabará mordiéndote…-dijo John en tono cansado mirando a su hijo, que se acababa de tirar por enésima vez encima de la perra de una manera nada delicada.

-Déjalo, hombre.-intervino Paul.-Ya sabes que Martha no mordería a nadie ni aunque le arrancaran la piel a tiras.

-La piel no sé…. Pero pelos a lo mejor sí que le arrancan unos cuantos.-sonrió John volviéndose de nuevo hacia su amigo.-Por cierto… Siento haber venido con Jules… Ya sabes, me tocaba y… no me podía escapar esta vez…

-¿Pero qué estás diciendo?-le cortó Paul mirándolo con los ojos muy abiertos.-Ya sabes que me encanta estar con el niño.

-No, sí ya lo sé… Yo lo decía porque no podemos hablar tranquilos. Estamos más pendientes de él que de otra cosa.

-Tonterías.-dijo Paul haciendo un gesto con la mano.-No te preocupes por eso. Ya sabes que ya lo tenemos todo cerrado y concertado. En realidad, de lo único de lo que tenemos que hablar es de a qué hora quedamos mañana para ir al aeropuerto. No hace falta ni que nos preocupemos por prepararnos la rueda de prensa. A fin de cuentas, tendremos bastantes horas de vuelo por delante para hacerlo, ¿no crees?

-¿Me estás diciendo que me has hecho venir a toda prisa aquí a tu casa para solamente quedar a una hora mañana?-preguntó John mirándolo sorprendido.-Paul, colega, te informo de que ya se han inventado los teléfonos…

Paul soltó una risita entre dientes cuando vio a su amigo así de indignado.

-Bueno, si te sirve de consuelo pensaba ya en preparar las preguntas y todo eso, pero bueno, después he pensado que para eso aún hay mucho tiempo.-contestó al fin encogiéndose de hombros.-Así que bueno, ya que estamos aquí aprovechemos para tomarnos una cerveza entre amigos. No hay que desaprovechar oportunidades de éstas, ¿no te parece?

-Si tú lo dices…-masculló John antes de darle un trago a su botellín de cerveza, como si las palabras de Paul le hubieran recordado que tenía uno entre manos. Después, en tono más pensativo, añadió:-¿Sabes? Cuando pienso en el viaje a Estados Unidos de mañana sólo siento una pereza inmensa… A veces pienso que Ringo y George tenían razón y no hacía falta ir hasta allí para esto.

-Venga, no seas así, John.-dijo Paul con determinación.-Sólo van a ser un par de días y seguro que acabamos pasándolo genial.

-Te veo convencido, ¿eh?-contestó John soltando una risita.-Pero bueno, esperemos que, como tú dices, no sea tan malo. Brindemos por un viaje más o menos pasable.

-No, Lennon, te equivocas.-repuso Paul.-Brindemos por un viaje genial.

-Pues eso, por un viaje genial.

Los dos amigos alzaron sus cervezas en el aire y, a continuación, dieron un largo sorbo.  Después, Paul esbozó una sonrisa. Pese a que John no estuviera para nada convencido de ello, él, no sabía por qué, tenía la sensación de que aquel iba a ser un gran viaje, un viaje que jamás olvidaría.

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Después de despedirse escuetamente de aquel taxista tan pesado, Christine salió del taxi y respiró profundamente, sintiendo como el aire fresco de mayo le inundaba los pulmones. Por fin se había librado de aquel cotilla. Siempre ocurría igual: o le tocaba un taxista mudo que le hacía pasar el viaje sumida en un incómodo silencio o bien te tocaba el curioso de turno que la reconocía en el acto y empezaba a acribillarla a preguntas cargadas de segundas intenciones. De no ser porque el transporte público ofrecía un panorama incluso peor que aquel, de buen grado hubiera ido en metro hasta casa de Paul. La chica suspiró. Quizá fuera hora de ir planteándose el comprarse un coche propio para poder desplazarse sin ese tipo de problemas….

Sumida en sus propios pensamientos, empezó a caminar en dirección a Cavendish Avenue. Le había dicho al taxista que parara unas cuantas calles más arriba porque le apetecía estirar las piernas. Además, hacía un día demasiado bonito como para pasar directamente del coche a casa de su hermano sin ni siquiera aprovechar para darse un paseo. Caminaba con paso firme, rápido, pero disfrutando del mero hecho de hacerlo. Aquel día se sentía feliz sin tener ni siquiera un motivo para ello. Quizá por eso había decidido hacerle una visita sorpresa a Paul. Dado su estado de ánimo, no le apetecía estarse sola en casa todo el día, teniendo en cuenta que ni Gwen ni Mary habían podido quedar. Además, aquella visita le serviría para desearle un buen viaje a Estados Unidos.

Estaba a punto de torcer la esquina de Cavendish Avenue, cuando, de repente, vio a un niño correr en dirección a ella, a toda velocidad.

-¡Chris!

La chica no tardó ni un segundo en reconocer a un sonriente Julian que se dirigía hacia ella con los brazos abiertos y una sonrisa pintada en la cara. Ni siquiera le dio tiempo a asimilar lo que eso significaba antes de que el chiquillo se abrazara a ella, efusivo. No obstante, aún le dio tiempo a distinguir a John detrás del niño, sorprendido evidentemente por aquel repentino encuentro que él tampoco esperaba.

-¡Hola, campeón!-saludó ella levantando a Julian en brazos y dándole un beso en la mejilla. En aquellos momentos estaba haciendo un verdadero esfuerzo por aparentar normalidad. Julian estaba allí y eso significaba que no podía darse media vuelta e irse sin más.-Vaya… Pesas mucho. Has crecido, ¿eh?

-Seré más alto que nadie, más alto que todos vosotros.-dijo el niño contento. Después, se quedó mirándola durante unos segundos y añadió:-¿Dónde has estado, Chris?

La chica se lo quedó mirando atónita, sin saber qué contestar a aquello. La expresión de Julian denotaba una inmensa curiosidad.

-Supongo que yo también debería preguntar lo mismo que Jules. Hola.

La voz de John a su lado hizo que a Chris le diera un vuelco el corazón. Levantó la vista del niño que aún tenía en brazos y se encontró con sus ojos. John sonreía, tranquilo. Parecía sereno, incluso feliz. Parecía simplemente John y no un mero reflejo de sí mismo.

-Hola, John.-saludó ella.

Sin saber por qué, Chris se encontró devolviéndole la sonrisa. Los dos se quedaron así, en silencio durante unos segundos. No un silencio incómodo como ella habría podido imaginar. Simplemente, no hacía falta decir nada.

-Venimos de ver al tío Paul.-dijo de repente Julian.

-¿De veras?-preguntó Chris apartando la mirada de John y volviendo a mirar al niño.-¿Y qué cuenta el tío Paul?

-No sé, cosas.- contestó Jules encogiéndose de hombros. Aquella respuesta hizo que tanto John como ella soltaran una risita divertidos.

-Siempre ha hablado mucho.-dijo Chris sonriente.-Y ahora, campeón, te voy a soltar ya, que pesas más que yo.

Julian no se quejó para nada cuando la chica lo dejó en el suelo de nuevo.

-¿Sabes? Ahora papá me va a llevar al parque.

-Eso está muy bien.-sonrió Chris antes de dedicarle una mirada de soslayo a John, que no perdía ojo de nada.

-Jugaremos al fútbol.-aseguró Julian contento como si aquello fuera la aventura más grande del mundo. Después, se giró hacia su padre y preguntó:-¿Se puede venir Chris con nosotros, papá?

Aquella simple pregunta hizo que Chris palideciera de repente. Sin saber qué hacer, se giró hacia John para ver su reacción. Él también parecía un poco contrariado, pero, sin embargo, se limitó a encogerse de hombros.

-No sé, Jules…-murmuró él al fin.-Claro que puede venirse, pero a lo mejor tiene cosas qué hacer.

-Sí, iba a ver a Paul yo también, pequeño.-se apresuró a decir ella pasándole la mano por el pelo al niño.-Así que…

-Por favor…-rogó Julian mirándola.-Ven.

Christine dudó por unos momentos. La verdad era que tenía muchas ganas de ver al niño y de estar con él un rato, pero aquello suponía estar también con John. No iba a negar que una parte de ella deseaba con todas sus fuerzas estar con él, pero su parte racional se empeñaba en recordarle que, si aceptaba, iba a vivir una de las situaciones más incómodas de su vida sin necesidad alguna.

-Por favor, Chris…-volvió a repetir Julian dedicándole una mirada suplicante.

-Sí ,eso, por favor. Vente con nosotros.

La chica se volvió sorprendida hacia John nada más le escuchó pronunciar aquellas palabras. Su sonrisa la desarmó en cuestión de milésimas de segundo. De pronto, era como si hubieran vuelto atrás en el tiempo y estuvieran en aquella calle de Heswall en plena noche, mirándose el uno al otro como si jamás se hubieran visto antes, segundos antes de darse aquel beso que marcaría un antes y un después en sus vidas. De pronto era como si John se hubiera convertido de nuevo en aquel chico al que ella jamás había podido negarle nada, aquel chico del que se había enamorado cuando tan sólo era una niña.

-Está bien.-se sorprendió diciendo de repente.-Iré con vosotros.

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Ringo entró en el comedor silbando alegre. Automáticamente, Mary, se giró hacia él y le miró, divertida.

-¿Se puede saber a qué viene esa repentina felicidad?-preguntó mientras él se acercaba hacia ella.

-Viene a que te quiero, princesa.-contestó Ringo antes de darle un beso en los labios.-Viene a que tengo a la mujer y al hijo más guapos del mundo y viene a que ya llega el buen tiempo.

Mary soltó una risita ante aquella avalancha de razones que Ringo le acababa de dar. No obstante, ella sabía que si bien aquellos eran motivos de felicidad, su alegría seguramente se debiera  a otra cosa más directa.

-¿Y por casualidad, señor Starkey, esa felicidad tuya no tendrá nada que ver con la llamada que te acaba de hacer tu gran amigo George hace un momento?

Ringo se puso serio de repente y se quedó mirándola con los ojos muy abiertos durante unos segundos. Mary tragó saliva arrepentida; a lo mejor había metido la pata con aquella pregunta. Pero, justo en el momento en el que ella ya estaba empezando a preocuparse de verdad, Ringo la agarró por la cintura y la levantó en el aire, como si fuera una hoja de papel, a la vez que prorrumpía en una sonora carcajada.

-Princesa, princesa, hay que ver cómo me conoces…-rió antes de estamparle un sonoro beso en los labios y dejarla de nuevo en el suelo.-Creo que ya es hora de que me empiece a asustar por esto. No voy a poder ocultarte nada. Me pillas siempre.

-Espero que nunca haga falta que me ocultes nada, Starkey.-bromeó ella fingiendo amenazarle. Aún sentía un montón de mariposas revoloteándole en el estómago desde que Ringo la había levantado en brazos de repente. Aquellas cosas jamás dejarían de sorprenderle y, a la vez, hacerla feliz.

-Ya sabes que yo no guardo secretos con mi princesita bonita.-le contestó él haciéndose el ñoño, cosa que hizo reír a Mary.-Y sí, la verdad es que sí. George me ha propuesto una cosa que… digamos que me gusta mucho.

-Uhhhh…-dijo ella fingiendo cara de asco.-Espero que no sea una proposición indecente.

-No, tranquila, no te asustes.-rió Ringo.-Creo que por ahora sigo prefiriendo a mi Mary que a George… Ya sabes… Cuando se deja bigote pincha y no es muy agradable darle besos…

-Idiota…-rió la chica dándole un manotazo en el brazo.

-Bueno, ahora en serio.-continuó Ringo.-Me ha propuesto que presente una canción mía para el nuevo disco.  Ya sabes que hay mucho material y que queremos intentar hacer un doble disco…

-Sí, eso lo sé.-sonrió ella.-¿Y a qué te refieres con eso de incluir una canción tuya? ¿A una canción compuesta por… ti?

-Premio para la señorita.-contestó Ringo haciendo una graciosa reverencia ante ella.-Si hay dos discos, habrá dos canciones que yo cante. Lo he hablado con George y dice que cree que puede ser el momento de intentar meter algo mío… ¿A que es fenomenal?

-¡Y tanto!-contestó Mary contagiándose de la emoción del chico.-Pero… ¿Tienes algo a punto?

-Princesa, lo tengo a punto desde el 63.

-¿Cómo dices?-preguntó ella contrariada.

Ringo esbozó una sonrisilla alegre antes de contestarle.

-Hace cinco años compuse una canción, la presenté a los chicos, pero la descartaron.-explicó.-No encajaba mucho con lo que estábamos grabando por aquel entonces, dijeron.

-Entiendo…

-Pero ahora… Quizá se adapte más a lo que hacemos y tenga cabida.-continuó él.-Sólo hace falta pulirla un poco más y hacerle algunos arreglillos y ya está. ¡Canción!

-¡Eso es genial!-exclamó Mary abrazándose a él contenta. No obstante, al cabo de unos segundos, levantó su cabeza del pecho del chico y le dedicó una mirada con el ceño fruncido antes de añadir:-Pero… Estoy muy enfadada contigo, Richard Starkey. Mucho.

Ringo se la quedó mirando contrariado, sin saber a qué venía todo eso.

-¿Qué…?

-¿Qué qué?-repitió ella.-Pues que… ¿Has tenido una canción compuesta por ti durante todo este tiempo y ni siquiera has sido capaz de enseñármela?

Los dos soltaron una inmensa risotada casi al mismo tiempo, él aliviado, ella por la broma que le acababa de colar.

-Tienes razón, no tengo perdón. Soy un mal marido, un mal padre, un mal todo.-contestó Ringo fingiendo hacer un puchero.-Pero… Creo que eso tiene solución, ¿verdad, princesa?

-Supongo que sí…

-Venga, vamos arriba.-sonrió Ringo agarrándola de la mano y conduciéndola hacia afuera del comedor.-Aprovechemos que Vladis duerme para enseñarte esa canción y…

-¡Ritchie!-le cortó ella divertida.-¿No tienes remedio?

-No.-contestó él sonriente.-Ni quiero tenerlo tampoco.

Y riendo, los dos se perdieron escaleras arriba.

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El breve paseo que habían dado desde donde se habían encontrado hasta Regent’s Park se le había hecho muy corto a John. Y es que, pese a que Chris se hubiera mostrado algo distante con él todavía y su conversación mientras prácticamente corrían detrás de Julian había estado plagada de meros formalismos, a John, el simple hecho de tenerla al lado, tranquila, después de tantos meses, le bastaba para sentirse bien.

Después,  cuando por fin encontraron un lugar bastante solitario del parque lejos de miradas indiscretas y empezaron a jugar con Julian, las cosas se relajaron aún más. Ella, al igual que él, parecía haber decidido olvidarlo todo y limitarse a disfrutar de aquel momento sin más.

No obstante, cuando Julian había descubierto un parque infantil con columpios y toboganes y los había dejado a los dos solos sentados en la hierba por primera vez desde que se habían visto, las cosas volvieron a tensarse un poco entre los dos. Un incómodo silencio se hizo entre los dos; no el silencio propio de los que no tienen nada que decirse, sino el silencio de los que tienen demasiadas cosas que decirse pero no saben por dónde empezar. John le dedicó una mirada de reojo a Christine. La chica parecía estar distraída mientras arrancaba pedacitos de césped delante suyo. No obstante, John sabía que por su mente debería estar pasando un torrente de pensamientos.

-Te envié una carta.

Sólo cuando Chris se volvió hacia él y lo miró con los ojos muy abiertos, John fue consciente de que acababa de pronunciar aquellas palabras en voz alta. Tragó saliva. Quizá aquel no hubiera sido el comentario más acertado en aquellos momentos, pero lo había dicho ya y no había vuelta atrás. Al cabo de unos segundos, ella le apartó la mirada, desconcertada y volvió a concentrarse en la hierba.

-Lo sé.-contestó con un hilillo de voz.-Gwen me la mandó.

-Se lo pedí yo. Espero que no te supusiera ningún problema con ella…

-No, tranquilo.-se apresuró a contestar la chica.-Ningún problema.

Otro silencio. John fijó la vista en Julian, fingiendo que le hacía caso mientras se tiraba por el tobogán. No obstante, estaba demasiado metido en otras cosas como para ser capaz de dedicarle algo más que una mera sonrisa forzada al niño.

-Quise contestarte.-dijo ella de repente sin levantar la vista del suelo. Ahora fue John el que la miró sorprendido: parecía estar abrumada por la culpa.-Pero… No pude. Lo siento.

-No pasa nada.-mintió John. En realidad sí que pasaba, lo había pasado tremendamente mal por aquel silencio de ella, pero en aquellos momentos no quería recriminarle nada. Sólo verla así, le sirvió para entender que ella lo había estado pasando tan mal como él.

-Mientes fatal.-contestó Chris dedicándole una sonrisa amarga.-Y después me dices a mí… Sé que no contestarte fue lo peor que pude haberte hecho. Así que, adelante, tienes mi permiso para decirme lo que quieras.

John lanzó una risita entre dientes.

-No.-negó él.-Eso ya no importa. Ahora limitémonos a vivir el presente y ya está.

Chris se quedó mirándolo durante unos instantes. Después, sonrió.

-Te veo…

La chica se interrumpió de repente y volvió a bajar la vista, avergonzada. Era evidente que no habría querido decir eso jamás pero, como a él anteriormente, el subconsciente le había jugado una mala pasada.

-¿Cómo me ves?-insistió él pese a todo.

Chris volvió a levantar la vista para mirarlo a los ojos.

-Te veo… no sé… -dudó.-Cambiado. Más…

-¿Más…?

-Maduro.

John soltó una risita divertido que pareció desconcertar a la chica.

-Supongo que por fin he crecido.-contestó al fin.-Con veintisiete años ya iba siendo hora de hacerlo, ¿no crees?

Chris rió con él. Pese a que lo había dicho en tono de broma, aquellas palabras escondían una gran verdad. Lo cierto era que él también se sentía más maduro y se alegraba de que ella también lo hubiera notado.

-John…-empezó a decir ella de repente.

-¿Qué?

-En aquella carta…-suspiró.-Dijiste que… Bueno, que ya no te metías nada.

-Es verdad.-contestó él poniéndose serio de repente y mirándola a los ojos.-Bueno… te mentiría si te dijera que ya no fumo porros ni me meto una anfeta de cuando en cuando, pero ácido, cocaína y demás mierdas de esas… Te aseguro que no.

-Yo también te mentiría si dijera que no fumo hierba.-sonrió Chris evidentemente aliviada por la respuesta que le acababa de dar.-Me alegra ver que sí, que definitivamente has crecido.

-Debí de hacerlo mucho antes.-contestó él, sombrío. Iba a añadir un “antes de haberte perdido”, pero se calló en el último momento.

-Bueno.-le cortó ella en tono tranquilizador.-Como tú has dicho antes, eso ya no importa. Limitémonos a disfrutar del presente.

John le dedicó una mirada sorprendido, intentando asimilar el sentido real que tenían aquellas palabras que la chica acababa de pronunciar. ¿Eran imaginaciones suyas o ella le estaba abriendo las puertas de nuevo?

Aún no le había dado tiempo a reaccionar cuando un trueno resonó en el cielo. Chris desvió la mirada y compuso un gesto de fastidio a la vez que miraba como unos inmensos nubarrones negros se acercaban.

-Vaya… Con el buen día que hacía hoy…-masculló la chica poniéndose en pie casi de un salto.-No tardará nada en ponerse a llover, ya lo verás. Casi que será mejor que volvamos a casa si no queremos acabar calados hasta los huesos, ¿no crees?

-Sí, tienes razón. Maldito tiempo…-dijo John también poniéndose en pie, molesto por aquello.-¡Jules, ven! ¡Va a llover! ¡Nos volvemos a casa!

El niño bajó del columpio en donde estaba a regañadientes y se acercó hacia ellos.

-¿Ya? ¡Qué rollo!-se quejó el niño cuando se puso a su altura.

Tanto Chris como él soltaron una risita divertidos al ver el fastidio con el que el niño acababa de decir aquello.

-Tienes razón, hijo.-le contestó John pasándole la mano por el pelo.-Es un rollo esto de tener que volver a casa justo ahora.

Nada más acabó de decir eso, le lanzó una mirada de soslayo a Chris. La chica no hizo señal alguna de haber pillado la indirecta, pero, aun así, John sabía que seguro que lo había hecho. La conocía demasiado bien como para pensar otra cosa.

Sin decir nada más, recogieron sus cosas de la hierba y salieron del parque. Llegaron adonde John tenía el coche y metieron a Julian en la parte trasera justo en el momento en el que una fina llovizna empezó a caer sobre ellos.

-Bueno, lo he pasado muy bien. Nos…

A John el tono que empezó a emplear Christine le sonó escandalosamente a despedida. Por eso, se apresuró a hablar antes de que ella ni siquiera pudiera terminar de articular la frase.

-Te acerco a casa.-dijo con determinación. Chris se quedó mirándolo, un poco sorprendida ante aquel ofrecimiento.-Si… si quieres, claro.

-Bueno…-dudó la chica.

-A lo mejor aún no te apetece que sepa dónde vives…-se atrevió a bromear John. Sabía que estaba tocando terreno delicado, pero si ella aceptaba bien aquella broma, sería una muy buena señal.

La chica rió ante el comentario, cosa que hizo que John se relajara de inmediato.

-No sé, a lo mejor me lo pienso…-bromeó.

-Venga, Christie…-dijo él en tono suplicante.

-Está bien.-cedió ella al fin.-De todos modos está empezando a llover y si no te importa…

-¿Cómo va importarme, tonta?-preguntó John incluso algo indignado por la pregunta. Hacía meses que deseaba que ocurriera una cosa así y ella aún preguntaba que si le importaba.-Venga, sube. Te llevo.

Los dos subieron al coche y se pusieron en marcha. John no pudo evitar sentir una extraña sensación en la boca del estómago cuando ella le dio con total naturalidad su dirección, algo que todo el mundo había estado tratando de ocultarle durante muchísimo tiempo a toda costa, algo que ella misma se hubiera negado a decirle tan sólo unos meses antes. Era evidente que algo muy importante había cambiado. Y había cambiado para bien.

Pese a que el viaje en coche duró poco más de media hora, a ninguno se le hizo pesado, ni siquiera a Julian, que había estado parloteando sin cesar ante la más mínima oportunidad, haciendo que Chris soltara de cuando en cuando una carcajada o algún comentario gracioso que hacía reír al niño y, para qué negarlo, también al padre. De este modo, casi sin darse cuenta, llegaron ante el edificio donde la chica vivía. Nada más detuvo el coche, John se quedó mirándolo, curioso. Allí era donde se había escondido tanto tiempo…

-Sé que no es tan lujoso como el edificio donde viven algunos.-dijo la chica cuando lo vio mirando la finca de aquella manera.-Pero se vive bien.

John se giró hacia ella y la miró. Sonrió cuando vio la expresión burlona que tenía ella.

-Yo no he dicho nada.-dijo suavemente.-Parece acogedor incluso.

-Lo es.-respondió ella.-Bueno, gracias por traerme. Con la que ha empezado a caer, es de agradecer.

-No hay de qué.

La chica le dedicó una última sonrisa e hizo ademán de abrir la puerta.

-Christie…-le dijo él de repente poniéndole una mano en el hombro. Ella se volvió sorprendida ante aquel repentino contacto. Pese a que habían estado juntos un buen rato, era la primera vez que se tocaban. John le dedicó una mirada tierna.-Ha sido una de las tardes más bonitas que he pasado en muchos meses, de verdad.

-Para mí también ha sido…

Chris no acabó ni siquiera de pronunciar la frase. Se interrumpió a sí misma y le dedicó a John una sonrisa tierna. Él la miró, ensimismado, fijándose primero en sus ojos y, después, en sus labios. Conocía perfectamente su sabor, conocía perfectamente todo de ellos, pero, sin embargo, se moría de ganas por volverlos a besar como si nunca antes lo hubiera hecho. Sin separar la mirada de ella ni un solo momento, se acercó un poco más. Quizá había llegado el momento de…

-¡Papá, Chris!

La vocecilla de Julian detrás de ellos hizo que Christine se apartara de él repentinamente y se volviera para mirar al niño como si no hubiera pasado nada. John soltó un respingo de fastidio. Había estado tan cerca…

-¿Qué pasa, Jules?-quiso saber la chica.

-Ese gatito, se está mojando…-contestó él niño señalando por la ventanilla. Efectivamente, allí había un gatito, pequeño y de color canela, corriendo por la acera, mojado por la lluvia a más no poder.

-Pobrecito…-dijo Chris mirando hacia el animalillo.-Pero ya verás como enseguida encuentra un sitio donde esconderse.

-¿Seguro?

-Te lo prometo. Los gatos son listos.-respondió Chris alargando su brazo y acariciando la mejilla de Julian.-Lo he pasado muy bien esta tarde, campeón. Y ya juegas genial al fútbol.

-Lo sé.-respondió el niño como si ella acabara de decir una obviedad.

Christine soltó una risita entre dientes ante la determinación de Julian y se volvió de nuevo hacia John.

-Bueno, ahora sí.-le dijo.-Tengo que irme.

-Como quieras.-contestó él todavía de mala gana por aquella repentina interrupción.-Oye… ¿Crees que cuando vuelva de Estados Unidos…?

-Tal vez.-respondió ella dedicándole una sonrisa esperanzadora.-Adiós, John. Adiós, Julian.

-¡Adiós, Chris!-respondió Julian risueño mientras ella abría la puerta del coche y salía afuera.

John se quedó mirándola con una sonrisa soñadora pintada en la cara. No hacía falta ser muy listo para entender que estaba más cerca de conseguir lo que quería de lo que jamás se hubiera podido imaginar. Y, pese a que aquel día no había podido ser, esa evidencia le hacía sentir muy, muy feliz. Por primera vez desde hacía mucho tiempo, John empezaba a sentirse seguro de sí mismo.

-Hasta pronto, pequeña…-susurró mientras veía como ella se metía dentro de su edificio.-Hasta pronto.




Holaaaaa! Bien! Y aquí vuelvo yo justo después de Pascua. ¿Cómo se han pasado estos días de vacaciones? Espero que mejor que bien, por supuesto que sí.

En fin, este capi, pese a que lo tenía pensado de hace muuuuchoooo, pues digamos que me ha costado de escribir horrores... Espero que no se note demasiado, jejeje. Y bueno, que, como siempre, gracias, chicas, por leer y sobre todo por molestaros en comentar, refeliz que me ponéis. :D

Y por mí, nada más! Nos vemos en el capi 83! 

Besotes! :D