miércoles, 3 de octubre de 2012

Capítulo 62: Cruce de caminos

Pese a que la temperatura era mortalmente baja, hacía un día estupendo. El sol brillaba radiante y todo el mundo parecía haber querido aprovechar el día para  salir a dar una vuelta, incluidas Gwen y Chris, que se habían negado a volver a casa tan pronto después de clases con el buen tiempo que hacía. Mary, por el contrario, había salido en dirección a Sunny Heights apresurada y, pese a que Gwen y ella le habían insistido en que se quedara para dar ese paseo, en el fondo la entendía: todo el tema de la boda la traía de cabeza y, entre eso y los estudios, apenas tenía tiempo a nada. Los chicos, por su parte, debían estar a esas horas reunidos en Abbey Road para seguramente concretar cosas sobre el nuevo trabajo. Aquello hacía, tal vez, que las chicas estuvieran alargando al máximo el momento por volver a casa y disfrutando como nunca del concurrido Hyde Park.

-Creí que ya no ibas a volver jamás a clase con las pocas ganas que tenías...-bromeó Gwen de repente.

Chris soltó una risita. Lo cierto era que su amiga tenía razón. Tenía muy pocas ganas de empezar de nuevo con la rutina y la universidad no le había parecido ni la mitad de interesante que antes. En realidad, aquello ya había perdido todo su encanto para ella.

-Bueno...La obligación es la obligación.-se limitó a decir después de darle una calada a su cigarrillo.-No es que me emocione la idea, pero aquí estoy de nuevo.

-¿No te gusta?

-No sé...-contestó ella meditabunda.-La Historia continúa gustándome, es más, me apasiona. Pero las clases... Quizá sea el ambiente, ya sabes... Mary ya está acostumbrada, pero yo aún no me hago a la idea de ser el nuevo mono de feria de la facultad. Me jode que por dónde yo pase la gente calle y murmure para sí que soy la novia de John Lennon y para algunos, la amante que rompió su matrimonio...

-Ya... Te entiendo...

-Y después están las clases...-continuó.-No me gusta como lo enfocan... La mayoría de profesores se limitan a narrar hechos e irse a casa cuando acaba el día y eso me exaspera.... ¡Con la cantidad de cosas en las que te hace reflexionar la Historia y la cantidad de conclusiones que puedes sacar! Y éstos lo ignoran por completo... Mira, más o menos me está ocurriendo lo contrario que a ti: a ti la universidad te ha abierto a un mundo nuevo y a mí sólo me ha decepcionado...

-Supongo que eso va todo con los profesores, ¿no?

-Sí, supongo.Y también supongo que tú tuviste la suerte de tener a unos profesores que no ignoran las cosas que a ti te gustan, ¿me equivoco?

-Para nada.-respondió Gwen.-La verdad es que no me puedo quejar en absoluto.

-Suerte la tuya...-rió Chris a la vez que echaba el humo de su cigarrillo hacia adelante.-Oye Gwen... ¿En serio te gusta todo eso?

La chica volvió la vista hacia ella y la miró interrogante. Chris, al comprender que la había dejado completamente fuera de juego con aquella pregunta, soltó una risita antes de aclararle:

-Me refiero a lo del arte conceptual y todo eso...

-Claro, por supuesto que me gusta.-respondió Gwen convencida.-¿Por qué lo dices?

-Porque... la verdad, me cuesta entender que te pueda gustar.

-Eso es sólo porque aún no estás acostumbrada.-respondió su amiga sonriente.-Cuando aprendes a mirarlo y a entender su verdadero significado, te aseguro que es fascinante. Por ejemplo, fíjate en la exposición de Yoko Ono, en aquella manzana... Oye, Chris, ¿qué te pasa?

Sólo cuando Gwen interrumpió lo que estaba diciendo para preguntarle aquello, Chris se dio cuenta de que se había puesto mortalmente seria. Miró a Gwen, que la estaba observando con preocupación, e intentó esbozar una sonrisilla tranquilizadora.

-Nada, no me pasa nada, tranquila.-dijo.

-No te lo crees ni tú.-masculló Gwen aún observándola.-Si hubieras visto la cara que has puesto, no dirías eso. Anda, a mí puedes contármelo.

-Ya... Bueno...-empezó a decir ella, indecisa ante lo que iba  a decir.-Es que en realidad no me pasa nada, sólo que...

-¿Qué?

-No sé...-dudó ella antes de darle otra calada nerviosa a su cigarrillo.-Es esa Yoko... No me gusta.

-Bueno, sí, es algo rarilla, pero...

-Eso mismo dijo John.-le interrumpió ella.-Pero no, no me refiero a eso. Es decir, que a mí que sea rara o no me da igual, ¿sabes? Hay algo más... Simplemente, esa mujer me da mala espina.

Gwen calló durante unos instantes, como analizando la respuesta que le iba a dar.

-¿Y por qué te da mala espina? ¿Dijo o hizo algo que...?

-No... Bueno, sí... ¡Bah, no sé!-contestó Chris exasperada porque no era capaz de expresar con palabras aquella marabunta de sensaciones que tenía adentro.-¿No te ha pasado nunca que alguien te cae mal, muy mal, desde el primer momento en que le ves sin ni siquiera conocerle?

-No.

La sinceridad con la que Gwen había dicho aquello no pudo menos que arrancarle una carcajada a Chris, que pos unos instantes, olvidó todo aquello.

-Es que tú eres demasiado buena persona.-rió ella finalmente echando la colilla del cigarrillo en el camino y aplastándola con el pie.

-Bueno... Tampoco soy tan buena como parezco.-le siguió Gwen la broma. No obstante, de repente, añadió:-Oye... ¿ésa de allí no es Penny?

Chris se dio la vuelta para mirar hacia donde lo estaba haciendo Gwen. Entrecerrando los ojos para ver mejor, pues la chica en cuestión estaba a bastante distancia, comprobó que su amiga tenía razón y que sí, que efectivamente era Penny la que estaba allí.

-Sí, creo que sí...-dijo.-Va con la perra.

-¿Vamos a saludarla o qué?-instó Gwen con entusiasmo.-Hace siglos que no la veo.

-Ni yo.-contestó Chris.-No la veo desde que se fue de casa de Paul, así que imagínate. Vamos, sí.

No les costó mucho llegar hasta donde estaba su amiga sentada en aquel banco mientras leía un grueso libro con Bonnie tumbada a sus pies, tranquila.

-¡Penny!-la llamó Gwen cuando estuvieron lo suficientemente cerca.

La chica levantó la vista de su libro sobresaltada por el grito que Gwen acababa de lanzar y las miró. A Chris no se le escapó que una expresión sombría se cruzó por su rostro antes de que esbozara una sonrisa.

-Hola.-las saludó.-No esperaba veros por aquí...

-Ni nosotras.-contestó Chris divertida.

-Hablo en serio.-añadió Penny.-A ti aún te hacía en España vagueando con tu novio.

-Pues ya ves que he vuelto.-le respondió ella sonriente pero algo molesta por el tono con el que Penny acababa de pronunciar las dos últimas palabras que había dicho.-Mi novio y yo ya estamos en Londres de nuevo.

-Sí, volvieron hace un par de semanas solamente.-intervino Gwen, quien seguramente se había percatado de la tensión momentánea entre las dos y había decidido cortar haciendo aquel comentario.-¿Y tú cómo estás, Penny? 

La chica las miró, bastante seria, antes de contestar, descolocando por completo a Gwen y a Chris, quienes obviamente no podían entender aquella mirada.

-Bien.-masculló al fin secamente, aunque era evidente que no lo estaba.

-¿Seguro?-insistió Gwen preocupada.

Penny soltó un intenso bufido de fastidio antes de decir nada.

-¿Por qué preguntas cuándo sabes la respuesta, Gwen?-inquirió Penny de manera brusca.

-Yo... No...-tartamudeó la chica.

-Bueno, pues si no estás bien, sólo dilo.-intervino Christine molesta por la contestación que había recibido Gwen. Al contrario que ella, no se iba a dejar avasallar por nadie.-Tampoco hace falta que respondas así, digo yo.

-Ni tú tampoco te pongas así.-le replicó Penny.-Simplemente me molesta que todos insistáis en preguntarme cómo estoy cuando todos sabéis que no estoy bien, que me han jodido la vida.

-¡Oh, perdona por interesarnos por ti!-dijo Chris en tono sarcástico sin apartarle la mirada.-Claro que lo sabemos. Y precisamente por eso te preguntamos.

-Ya.-masculló Penny.-Pues ya sabéis que no me gusta que me pregunten obviedades. Y ahora, si me disculpáis, he de irme. Tengo que irme a trabajar.

-Pero...-intentó protestar Gwen.

-Pero nada, llego tarde.-le cortó Penny a la vez que cerraba el libro con fuerza y se levantaba del banco en donde había estado sentada hasta ese momento.-Que os vaya bien. Gwen, dale recuerdos a George de mi parte. Chris, tú no hace falta que se los des ni al imbécil de Lennon ni al cabronazo de tu hermano.

Y sin ni siquiera esperarse a que le respondieran nada, Penny agarró la correa de Bonnie y se alejó de allí con paso decidido, dejándose a una Gwen y a una Chris casi sin palabras por lo que acababa de ocurrir.

-¿Y a ésta qué mosca le ha picado?-preguntó Gwen cuando pudo reaccionar al cabo de unos instantes.

-Ni lo sé ni me importa.-respondió Chris con contundencia, sintiendo una extraña mezcla de indignación y rabia dentro de ella.-Entiendo que esté dolida con mi hermano, pero los demás no debemos nada. Ya se apañará.

-Sí, bueno...-masculló Gwen aunque sin estar demasiado convencida.-En fin... Se está haciendo tarde. Será mejor que volvamos a casa.

-Tienes razón. Vamos, te acerco con el coche.

***************************

George acabó de escuchar las palabras de Paul con interés y apoyó su espalda contra el respaldo de la silla, pensando en lo que su amigo acababa de decir. Ringo y John también hicieron lo mismo, pensativos.

-¿Cómo coño se ta ha ocurrido todo eso?-quiso saber John, que con aquella pregunta rompió aquel repentino instante de silencio.

-En realidad se me ocurrió en el vuelo de regreso de la última gira.-contestó Paul esbozando una sonrisa.-Y he acabado de concretar la idea ya aquí en Londres, sobre todo después de escribir la canción que os he enseñado. ¿Qué me decís?

-Hacer una especie de alter ego de nosotros mismos en una supuesta Banda de los Corazones Solitarios... La gente pensará que nos hemos vuelto completamente locos...-contestó John con una sonrisilla.-¡Me gusta!

Aquella afirmación hizo que el resto, incluido George que hasta ese momento había estado absorto en sus divagaciones, soltaran una risotada casi al unísono.

-¿George? ¿Rich?-preguntó Paul mirándoles.

-A mí también me parece una idea original y divertida.-contestó Ringo mientras se encendía el enésimo cigarrillo de la mañana.

-Supongo que podríamos hacer algo con eso que dices...-dijo George finalmente mirando a Paul.-Pero... Espero que se me permita meter en esa nueva idea un tema en el que estoy trabajando, aunque no encaje del todo dentro de la atmósfera general que quieres para el disco.

Cuando acabó de decir eso, Paul le dedicó una mirada que a George se le antojó severa pero, no obstante, enseguida se apresuró en sustituir su expresión por una sonrisa afable.

-Habrá que escuchar ese tema entonces...-dijo su amigo.

-Sí, ya os lo presentaré cuando le dé los últimos toques.

-Pues perfecto, chicos.-intervino John.-Entonces se acepta la idea, ¿no? ¿Algo más que añadir?

-Por mí nada más.-contestó Paul.

-Pues entonces larguémonos a casa.-dijo Ringo poniéndose en pie.-No sé vosotros, pero yo tengo a una novia agobiada esperándome para que le diga dónde puñetas van a sentarse unos tíos míos en el banquete de la boda.

-Sentadlos en el suelo, Starkey.-bromeó John.

-Eso mismo le contesté yo, pero no le hizo ni pizca de gracia.-rió Ringo.-No entiende que da igual dónde se sienten... Quizás deberías intentar explicárselo tú, Lennon.

-Ni de coña, tío. De convencer a tu novia te encargas tú solito. Yo de lo único que me tengo que preocupar respecto a tu boda es de ir allí ese día, comer como un cerdo y emborracharme y colocarme a tu salud hasta que no  pueda ni siquiera caminar. Lo demás, es cosa tuya.

-La verdad es que no sé qué haría sin amigos como tú...-bromeó Ringo.-En fin, chicos, me voy a casa.

Después de despedirse, Ringo salió de allí y cerró nuevamente la puerta tras de sí.

-Oye George...-masculló Paul de repente haciendo que él se sobresaltara. No esperaba aquello.-¿En qué consiste exactamente ese nuevo trabajo del que hablas?

George meditó la respuesta unos instantes. Lo cierto era que en aquellos momentos en los que estaba allí solo junto con Paul y John, temía que le rechazaran la idea sin más, como otras veces habían hecho. Aquello, sólo con pensarlo, le ponía de los nervios.

-Tiene toques de música hindú.-contestó finalmente.-Ya sabéis que estoy perfeccionando el sitar y me parece algo muy interesante... De hecho, ya metimos cosas así en los discos anteriores y funcionó.

-Sí.-dijo John.-Quedó bien.

-Fue bueno.-convino Paul.-Pero el caso es si podría encajar aquí...

-Claro que se puede encajar.-contestó él algo airado ya que se temía que de un momento a otro le dieran la negativa.

-Y si no se puede encajar, lo haremos encajar.-intervino John poniéndose en pie.-Supongo que aquí cada uno vendrá con sus canciones hechas con su estilo propio y todo eso... Así que se lo queremos meter, se meterá, no hay más.

George le dedicó una mirada significativa, entre confusa y agradecida.

-Sí, tenéis razón.-dijo Paul finalmente también levantándose de su silla.-Por supuesto que se puede poner. Además, seguro que gusta. En fin... ¿nos vamos a casa o qué?

-Vamos.-contestó George sonriente.-Me muero de hambre...

-Menuda novedad...-rió John.-El pequeño Hari tiene hambre...

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La llamada del dichoso sastre la había puesto de los nervios. Lo cierto era que no se esperaba que la llamara tan pronto por la lista de espera que le habían dicho que tenía... Aunque, pensándolo bien, tampoco era tan pronto. Un traje de novia requería tiempo para hacerse y ya estaban a mediados de noviembre.

No obstante, pensaba que cuando le llamara no le daría la cita para esa misma tarde. Había creído que le daría tiempo incluso a llamar a su madre para que viniera desde Liverpool y la ayudara a escoger, pero se había equivocado de lleno. ¿Qué hacer ahora? Obviamente no iba a ir sola a elegir algo tan importante como su vestido de novia y, por supuesto, no iba a permitir que Ringo le acompañara, cosa que ya había propuesto él medio en serio medio en broma y que había obtenido por toda respuesta un cojinazo directo a la cara del chico.

Así pues, había decidido llamar a sus amigas. Acababa de colgar de hablar con Gwen, que había aceptado de muy buena gana y, en esos instantes, se disponía a llamar a Chris. Después de equivocarse y marcar los primeros números de Cavendish Avenue, Mary cayó en la cuenta de que su amiga ya no vivía allí y colgó de nuevo para, ahora sí, marcar el número del piso de John, que, por cierto, aún no sabía de memoria.

-¿Sí?-contestó Chris al otro lado de la línea.

-Hola, Chris, soy Mary. ¿Qué tal?

-Aquí estaba, soportando las bromitas de cierto individuo que tengo aquí al lado y pensando en si ahogarlo con una almohada o tirarlo por la ventana.-rió su amiga.

-Vivís en una planta baja, Chris... No te recomiendo lo de tirarlo por la ventana, sobreviviría.-le siguió la broma Mary.

-En eso tienes razón. Mejor lo de la almohada. ¿Qué tal?

-Bien.-contestó ella.-Pero quería pedirte un favor.

-Pues pide, pide.-contestó Chris divertida.-Pedir es gratis. Dime en qué puedo ayudarte.

-Necesito que hagas el trabajo de Epigrafía por mí.-bromeó Mary.-Ya sabes que yo con esto de la boda no tengo tiempo y...

-¿Qué coño..?

Mary soltó una sonora carcajada que evidenció que le estaba tomando el pelo.

-¡Qué cabrona que eres!-rió Chris también.-Me lo había creído, ¿sabes?

-Ya lo veo, ya... Te has quedado a punto del infarto.-le respondió ella divertida.-Pero eso sí, te voy a pedir un favor igual, aunque no es ése. Verás... ¿te importaría acompañarme esta tarde al sastre?

-¿Al sastre? ¿A qué?

-Digo yo que no me voy a casar con ropa de andar por casa, ¿no?

-¿Vamos a por lo de tu traje de novia? ¿En serio?-preguntó Chris emocionada.

-Claro que vamos por eso, boba.

-¡Joder, qué bien! ¿A qué hora quedamos?

-¿A eso de las cuatro va bien? No me gustaría llegar tarde.

-Perfecto.

-Bueno, Chris, entonces quedamos así, ¿no? Voy a ver si llamo a Penny, por si quiere venir y...

-¿Penny?-preguntó Chris de repente.

-Sí, ¿qué pasa?

-Nada...-contestó Chris.-Pero no creo que le haga mucha gracia la idea... Gwen y yo nos la encontramos ayer...Y no veas las contestaciones que nos dio sólo porque le preguntamos qué tal estaba...

-¿En serio?

-Y tan en serio...-respondió su amiga.

Mary calló durante unos instantes, unos instantes en los que alcanzó escuchar la voz de John por detrás murmurar un "os dije que esa tía era una borde" al otro lado de la línea.

-O sea...-dijo al fin.-Que si le digo de quedar para ver cosas de mi traje de boda como que no...

-Tú verás.-dijo Chris.-Yo sólo te digo lo que hay, para que no te lleves sorpresas. Aunque de todas maneras, con lo que le ha pasado, creo que lo último que le apetecerá es ir a ver cosas relacionadas con bodas y cosas así.

-Sí, creo que tienes razón...-convino ella, que no había caído hasta ese momento en aquel detalle. En realidad, Penny no era la persona más indicada para acompañarla esa tarde. Al fin y al cabo, la ruptura con Paul era aún bastante reciente.-Bueno, mejor será que quedemos con ella para otras cosas.

-Sí, mejor.

-Bien, pues entonces vamos nosotras... Por cierto, que conste que quiero buenos consejos estilísticos.

-Tranquila, intentaré dártelos para que no parezcas un esperpento el día de tu boda.-bromeó Chris.

-¡Oye!-rió Mary.-¿Acaso dudas de mi buen gusto?

-Joder, tía...-contestó Chris divertida.-Casi me dejas sorda del grito que has dado... Hasta John te ha oído. Por supuesto que no dudo de tu buen gusto...

-¡Yo sí!-escuchó como exclamaba John por detrás.-¡Si tuvieras buen gusto no estarías con Ringo!

-Dile a tu querido Johnny de mi parte que se vaya a tomar por culo.-rió Mary.

-No le hagas caso... En realidad está celoso. Te quería para él y como no pudo ser se tuvo que quedar conmigo.-bromeó Chris.-En fin... Nos vemos a las cuatro, ¿no?

-Sí, a las cuatro.-contestó Mary.

-Adiós, novia.

-Adiós.

Y después de despedirse, Mary colgó y se puso repentinamente nerviosa al entender que por fin eso de la boda ya iba completamente en serio... Ya sólo le faltaba esperar a que llegara el ansiado mes de enero...

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John debía de reconocer que cuando Chris le había dicho que iba a irse toda la tarde con Mary para eso del traje de novia, no le había gustado. En realidad, aunque no tuviera nada planeado, pensaba pasarse toda la tarde con ella, aprovechando que ninguno de los dos tenía nada que hacer. Incluso había pensado en organizar un viaje con LSD, ambientando la casa y todo eso... Desde que habían regresado de España no había tomado y tenía unas ganas locas de probar de nuevo el ácido. Y habría querido hacerlo de nuevo con ella al lado. No obstante, pese a que no le había sentado bien ese cambio repentino de planes, John no había dicho nada. Simplemente se había limitado a mostrarse un poco más serio de lo habitual y a despedirse de ella cuando la chica salió de casa a la hora acordada.

Y allí estaba él, tirado en el sofá, con la única compañía de sus gatos y sin ganas de hacer absolutamente nada, ni tan siquiera de agarrar la guitarra y rasgar unas cuantas notas. Bueno, en realidad sí que tenía ganas de hacer algo, pero la idea de hacerlo allí solo no le atraía demasiado. Y es que aún no se le habían ido las ganas de ponerse con ácido, para nada.

-A la mierda.-se dijo para sí mismo a la vez que se ponía en pie casi de un salto.-Me colocaré yo solo.

Y dicho esto se encaminó hacia su habitación. Abrió el primer cajón de su mesita de noche y sonrió. Aquello parecía un pequeño arsenal de estupefacientes. Sólo había allí tabaco, marihuana, anfetas de varios tipos y tabletas y botellitas con LSD. Si había alguien que aún creyera que los miembros de The Beatles eran unos santos, sólo tenía que abrir aquel cajón para convencerse de que eran precisamente todo lo contrario.

Sin pensárselo dos veces, extrajo de allí dentro una tableta de ácido y se la metió en la boca. Se lo tragó en el acto, sonriente sólo con pensar que a partir de ese momento no habría ningún rodaje de película ni ningún concierto en público que le impidiera consumir LSD tantas veces como le diera la gana. Después, volvió hacia el sofá y se dejó caer allí de nuevo, siendo consciente que de un momento a otro empezaría a notar los primeros efectos. Y entonces, justo cuando las extremidades estaban empezando a adormecérsele y las pupilas se le estaban empezando a dilatar, sonó el teléfono.

Al principio, pensó en no contestar, pero aquel sonido era tan molesto... Además, parecía que sonara infinitamente más fuerte de lo que lo debía estar haciendo en realidad, casi con un rugido monstruoso que se le metía dentro del cerebro. Sí, al parecer el ácido empezaba a surtir efecto...

Casi en un acto reflejo, descolgó el teléfono y masculló un casi inaudible "¿sí?".

-¿John? Soy yo, Paul.

La voz de su amigo se le antojó muy, muy, lejana.

-¿Y qué quieres?

-Que me acompañéis mi hermana y tú a ver una exposición de Claes Oldenburg...

-¿De quién?-preguntó John, no porque no supiera quién era aquel hombre, sino porque más bien no había llegado a discernir su nombre.

-De Oldenburg, John... Ya sabes, el escultor pop.

-Ah, ya... No creo.

-¿No crees?

-No... Chris se ha ido con Mary y yo...

-¿Tú qué?

-Yo me acabo de meter ácido.

-Joder, John...-masculló Paul.-¿Te has colocado con ácido tú solo en casa?

-Sí. ¿Hay algún problema con eso?

-Pensé que era... peligroso hacerlo solo, por eso de los malos viajes y...

-Que te den por culo.-le cortó él.-Si tengo algún mal viaje, me las arreglaré yo solo.

-No.-le cortó Paul.-No te vas a arreglar tú solo porque ahora mismo paso por ti.

-¿Vas a arrastrarme a ese sitio?-rió John.-Dentro de nada estaré en pleno viaje, te aviso.

-Me da igual.-le contestó Paul.-Ahí solo no estás bien. Y en la exposición tú solo limítate a volar y estate quietecito y con la boca cerrada y nadie se dará cuenta de que estás puesto. Voy a colgar. Dentro de media hora estoy ahí. Y más te vale abrirme la puerta.

Y dicho esto, Paul colgó el teléfono dejándose a John perplejo con el auricular en la mano. Cuando reaccionó, John soltó una risa histérica. Iba a meterse en un acto público completamente colocado. Aquello no tenía desperdicio.

**************************************

-¿Qué os parece, chicas?-preguntó Mary mientras miraban las telas que tenían delante.

-Son preciosas...-dijo Gwen mirándolas.

-Todas son de seda pura.-dijo el hombre que las estaba atendiendo.

-Con ese precio sólo faltaba que fueran de algodón.-bromeó Christine haciendo que el hombre esbozara una mueca de fastidio.-Sí, son preciosas.

-A mí me gusta ésta de aquí...-continuó Mary señalando una tela de un blanco roto, quizá la más bonita de todas las que allí había.

-Y a mí.-dijeron Gwen y Chris casi al unísono, cosa que les hizo reír a todas.

-Es una excelente elección.-comentó el sastre.-Y con el estilo de traje que nos ha dicho que quiere, le irá de maravilla.

-¿Usted cree?-preguntó ella emocionada, aunque aún no era capaz de visualizar su vestido.

-Por supuesto que sí.-contestó el hombre con vehemencia.-Si quiere, puedo hacerle un diseño de su traje para que vea como quedaría.

-Eso sería fantástico.-contestó Mary ilusionada.

-Perfecto. Si me disculpan, iré a por papel y lápiz para tomar notas detalladas de cómo lo quiere...

Dicho esto, el hombre se metió en un pequeño despacho que comunicaba al resto del local y las dejó allí solas.

-No te quejarás, Hall.-bromeó Christine.-Pareces la princesa, diseñándote trajes y todo...

-Por supuesto que sí.-le siguió ella.

-Muy bien, señoritas.-dijo de repente el sastre volviendo a aparecer en la estancia.-Veamos... ¿Cómo va a ser ese vestido?

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John se sentía realmente idiota allí metido en medio de toda aquella comida hecha con gomaespuma. Estaba muy colocado. El ácido había surtido efecto y pese a que no estaba teniendo un viaje muy potente y era consciente de todo, las malas sensaciones se abarrotaban en su interior, multiplicándose por diez a causa del LSD. No entendía qué puñetas estaba haciendo en aquella estúpida exposición, ni tampoco por qué se había dejado arrastrar por Paul hasta ese lugar. Además, tenía la sensación de que era el blanco de todas las miradas y aquello no le gustaba en absoluto.

-Menuda gilipollez.-gruñó cuando Paul, que había ido a hablar con alguien que no recordaba, se acercó de nuevo hacia él.

-Cállate, John...-le riñó su amigo.-Claes está ahí mismo. Te puede oír.

-Que me oiga.-volvió a gruñir él enfadado.-¿Hamburguesas de gomaespuma? Es una idiotez.

-Venga, joder.-susurró Paul.-Deja de dar la nota. Ya la estás dando lo suficiente con las pintas con las que has venido como para que ahora te pongas a decir sandeces.

-¿Tienes algún problema con mis pintas?

-Yo no soy el que está hecho unos zorros, Lennon, así que no tengo ningún problema.

Por toda respuesta, John soltó otro gruñido incomprensible y miró a su alrededor. No le costó divisar a algunos conocidos, aunque ninguno le caía bien en realidad, ni tampoco a Oldenburg quien, tal y como había dicho Paul, estaba a escasos metros de ellos hablando con una mujer. Y entonces, fue cuando la reconoció. Aquella mujer, la que estaba hablando con Claes Oldenburg, era, sin lugar a dudas, Yoko Ono, la artista conceptual de la que habían visto una exposición un par de semanas antes. No hacía falta ni estar muy lúcido ni ser muy sagaz para reconocerla. Al fin y al cabo, no había demasiados más japoneses en Londres que pudieran estar allí que ella. Se quedó mirándola durante unos segundos, escrutándola con la mirada. Era extraña, y aún lo parecía más bajo los efectos del ácido. Casi como si hubiera adivinado su presencia allí, Yoko desvió la mirada hacia él y lo miró. John, sin embargo, no le apartó la mirada. No estaba para gilipolleces esa tarde y él no había sido nunca del tipo de gente que apartaban la vista para disimular.

-¿Qué pasa?

La pregunta de Paul pilló a John por sorpresa. Ahora sí, John apartó la mirada de la mujer y se volvió hacia su amigo, que lo miraba interrogante.

-Ésa de ahí.-le aclaró él señalando con la cabeza hacia el lugar en donde estaban Claes y Yoko.-La japonesa que está hablando con Oldenburg.

-Sí, la veo, ¿qué pasa con ella?

-Es Yoko Ono, la tía que montó la exposición esa en el Indica, la que fuimos a ver Gwen, Chris y yo hace un par de semanas.

-Ah, ya... Lo recuerdo. ¿La de la manzana?

-Sí, esa misma.

-Interesante...-masculló Paul.-Voy a saludarla...

Sin ni siquiera esperarse a que John pudiera protestar nada, Paul se alejó de allí con paso decidido y se plantó delante de Yoko para, inmediatamente empezar a hablar con ella. John los miró, sin moverse de su rincón. Ella, al principio, lo recibió seria, como había hecho con ellos en la galería. No obstante, al poco rato, dibujó una sonrisa en su cara y continuó hablando con Paul. Jodido McCartney... Era capaz de caer bien hasta a aquella tipa rara... Se mantuvo así, mirando como charlaban durante un par de minutos más y, entonces, una oleada de rabia inexplicable se apoderó de él. Sin pensárselo dos veces, abandonó el rincón en el que había estado toda la tarde y se acercó hacia donde estaban su amigo y la japonesa.

-Ah, hola, John.-le saludó Paul cuando lo vio.-Le estaba diciendo a Yoko que el otro día estuvisteis en su exposición y que...

-Oye.-le cortó él, mirándolos a los dos gravemente.-Ahora tenemos que marcharnos.

Y dicho esto, apartó a Paul de donde estaba Yoko y lo guió hacia la salida de la galería.

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-¡¿Pero a ti qué coño te pasa?!-exclamó Paul cuando entraron en el coche.-¡¿A qué ha venido eso?!

Miró a John, que se había sentado en el asiento del copiloto y parecía ido completamente.

-No lo sé.-contestó al fin en voz baja.-No me sentía a gusto ahí adentro.

-¿Pero por qué has hecho eso?-inquirió de nuevo Paul, aún enfadado.-Me has hecho quedar como un gilipollas al lado de esa Yoko.

John soltó  un suspiro y lo miró. Tenía los ojos vidriosos y la expresión ausente.

-No quería seguir ahí con... ella.

-¿Ella? ¿Te refieres a Yoko Ono?

John asintió y, a continuación, volvió a fijar la mirada al frente, hundiéndose en el asiento del coche.

-¿Qué ocurre con ella? -preguntó Paul empezando a temerse lo peor, una aventura o cualquier historia por el estilo.-Mira, John... te recuerdo que Chris es mi...

-No, no, no.-se apresuró a cortarle su amigo, todavía con voz débil.-No es nada de lo que piensas. Sólo  que ésa me incomoda. No sé... Siento como...

-¿Qué?

-Me pone de los nervios cuando está cerca. Me altera.-susurró.-Y no quería estar ahí ni un segundo más, simplemente. Sólo quiero volver a casa, Paul.

Antes de contestar nada, Paul lo miró, escrutándole. Pese a lo colocado que iba, John parecía estar hablando completamente en serio.

-Está bien.-dijo al fin soltando un suspiro.-Te llevaré a casa. Será lo mejor.

John asintió y Paul puso en marcha el coche. No cruzaron ni una sola palabra en todo el viaje, simplemente cada uno iba absorto en sus propios pensamientos: John seguramente disfrutando de su viaje (y no sólo el que estaban teniendo en coche) y Paul pensativo. Quizás fuera el efecto del ácido, pero lo cierto era que jamás había visto a su amigo tan asustado (sí, ésa era la palabra exacta) por nadie. ¿Qué estaba ocurriendo? Ni él mismo lo sabía, pero aquello no le daba ninguna buena impresión.

Paul entró directamente en los garajes de la finca de John. Aún no era demasiado tarde y un grupito de fans permanecía en la puerta de la casa y, teniendo en cuenta el estado de su amigo, lo mejor sería no dejarle pasar por delante de ellas como si tal cosa.

-Hemos llegado, tío.-le dijo cuando paró.

John simplemente se limitó a asentir y a salir del coche sin decir ni una palabra. Paul salió también. Aunque no le hubiera invitado a subir, iba a hacerlo igual. Simplemente, se quedaría más tranquilo si lo dejaba dentro de casa.

Subieron de nuevo sin decirse nada el uno al otro. Después de rebuscar un buen rato entre sus bolsillos, John consiguió encontrar sus llaves y abrir la puerta de casa.

-Gracias tío.-le dijo entonces a Paul antes de entrar.

Pero antes de que Paul pudiera decirle un simple "de nada", la voz de Chris desde el interior los interrumpió.

-¡Johnny!-llamó la chica asomándose por la puerta del salón.-¿Dónde...?

Nada más los vio, la chica borró la sonrisa que tenía dibujada en la cara. Paul la miró con gravedad. Era evidente que se había dado cuenta del estado de John.

-Me lo he llevado a una exposición, Christie.-contestó Paul.-Aquí lo tienes.

-Y por lo visto también habéis estado poniéndoos con ácido, ¿no?-dijo la chica acercándose a ellos.

-Yo me he puesto antes de que Paul pasara a recogerme, pequeña.-contestó John.

-¿Te has tomado LSD estando tú solo?-se escandalizó ella.-¿Y si te hubiera dado un mal viaje?

-No creo que éste sea el mejor que ha tenido en su vida.-intervino Paul.

-Oh, Johnny, joder...-suspiró ella, evidentemente nerviosa..-Vamos, entra en casa y siéntate. Paul... ¿te apetece entrar y tomarte algo?

-No, gracias.-contestó él sonriendo.-Será mejor que me vaya a casa. Tú encárgate de John. Estaba un poco paranoico, así que...

-Vale, como quieras.-dijo Chris.-Gracias, Paul. Te debo una.

-No me debes nada, hermanita.-sonrió él.-Buenas noches.

-Buenas noches.

Chris cerró nuevamente la puerta con suavidad y Paul empezó a caminar de nuevo en dirección al ascensor mientras pensaba en el colocón de John y en cómo su hermana lo había recibido. Sin duda, Chris debería empezar a tener muchísima paciencia si quería seguir viviendo con él...



Hola mis niñas! Bueno, pues aquí yo de nuevo, antes de lo habitual incluso. Nada, un ataque de inspiración y la motivación de tener que escribir hoy porque los próximos días los tengo bastante ajetreados (y bien feliz que estoy por ello, que es por cosas buenas, jejeje).  Y bueno, quería comentaros un par de cositas sobre el tema Yoko y todo eso... Más o menos (sólo por ahora) me estoy basando en lo que ocurrió de verdad (su primer encuentro en la galería y el segundo encuentro en la exposición de Oldenburg), pero bueno, pronto empezaré a hacer adaptaciones, jaja. Y otra cosa, para que no me vengan los puristas a reñirme :P : la idea del Sgt Pepper's surgió mientras Paul volvía, no de la gira, sino de unas minivacaciones que tuvo en Estados Unidos después de todo eso, por lo que tengo entendido. Pero bueno, esto es un fic y Paul aquí se ha quedado en Londres desde que han vuelto y sin vacaciones, jejejeje.

En fin, espero que os haya gustado y todo eso y, como siempre, pues muchas gracias a las lectoras y en especial a las comentaristas. Ya sabéis que me alegráis el día cuando veo que comentáis. 

Espero que todo os vaya genial y disfrutad al máximo! Besos!







sábado, 29 de septiembre de 2012

Capítulo 61: No me gusta

Había pasado cientos de veces por delante de aquel sitio y jamás le había prestado la menor atención hasta ese momento, hasta que se había enterado de que ella trabajaba allí. Y precisamente allí estaba él, plantado ante la puerta y dudando en si debía abrirla o no. Necesitaba hacerlo, entrar allí y hablar con Penny, por lo menos para disculparse por lo que le había dicho aquella noche, cuando la había visto, para disculparse por todo lo que le había hecho. Se sentía tan profundamente arrepentido... No obstante, otra parte de él le decía que se largara de allí cuanto antes, que volviera a casa y que la dejara estar, que era una locura entrar allí  y más a cara descubierta, como iba en esos instantes.

De repente, la puerta del pub se abrió de manera brusca. Sobresaltado por aquello, Paul se hizo a un lado para dejar salir a un tipo con la cara roja como un tomate y que apestaba a cerveza. Después de casi arrollar a Paul, el tipo empezó a caminar acera arriba intentando burdamente no hacer eses dejándose la puerta abierta tras él. Cuando se dio cuenta de eso último, Paul dedicó una mirada dubitativa hacia el interior del local y entonces decidió entrar sin ni siquiera pararse a pensárselo. Qué demonios... Si se lo pensaba un segundo más, no iba a entrar, así que nada mejor que actuar de manera impulsiva y amochar con las consecuencias.

Lo primero que le llamó la atención fue el intenso olor a cerveza rancia del local, el mismo precisamente que despedía el tipo que segundos antes acababa de franquear la puerta borracho como una cuba.  Lo siguiente, fue la oscuridad. Allí dentro todo estaba muchísimo más oscuro que la mayoría de sitios que solía frecuentar. Pese a que una lámpara de proporciones bastante considerables colgaba del techo, sólo parecía tener puestas un par de bombillas, con lo que la mayoría de la estancia quedaba entre penumbras. Pero aun así, Paul no tardó en divisarla detrás de la barra. La miró durante unos instantes, inspeccionándola. Estaba sirviendo un whisky de los baratos a un hombre casi tan borracho como el que acababa de salir.

-Oye, tío, cierra la puerta, que entra el frío.

La voz ronca de aquel hombre sacó a Paul de su ensimismamiento. Se volvió hacia él y esbozó una sonrisilla a modo de disculpa. El hombre, que estaba sentado en una mesa junto con otros dos, le dedicó una mirada de indiferencia.

-Lo siento, no me había dado cuenta.-dijo él mientras cerraba.

-Perdona un momento...-masculló uno de los que estaban junto aquel tipo.-Tu cara me suena... ¿No eres uno de esos...?

-¿Y eso qué más da?-dijo él evadiendo dar una respuesta.

Sin esperarse ni siquiera a que le contestaran, Paul se dirigió hacia la barra con paso decidido. Tragó saliva antes de sentarse en uno de los taburetes que había allí a la vez que rogaba para sus adentros que todo saliera bien. Y entonces, ella se volvió hacia él. Sin saber muy bien cómo actuar ante la cara de sorpresa de Penny, Paul se limitó a sonreír y a agitar su mano a modo de saludo, cosa que hizo que la chica cambiara inmediatamente su expresión: ahora, en lugar de parecer sorprendida, tenía cara de asco.

-¿Qué haces aquí?-le preguntó bruscamente cuando se acercó hacia él.

-Me apetecía tomar algo.

-No me vengas con estupideces, McCartney.-le replicó ella bajando la voz.-Éste es mi trabajo. No vengas a fastidiarla. Vete de aquí.

-¿Me estás echando del local?-preguntó él fingiendo escandalizarse.

-Pues mira... sí.

Paul iba a replicarle una respuesta cuando, de repente, un hombre con unas pintas casi tan mugrientas como el resto del local, se acercó hacia ellos por detrás de la chica.

-¡Penny!-exclamó el hombre. La chica se volvió hacia él, sin ni siquiera molestarse en borrar la expresión de fastidio que tenía en aquellos momentos.-¡No sabía que él estuviera por aquí! Anda, sírvele lo que quiera. Invita la casa.

Paul no pudo contener una mueca triunfal mientras ella mascullaba por lo bajo un "de acuerdo" muy poco convincente, pero que dejó a su supuesto jefe satisfecho.

-¿Contento?-le espetó ella cuando el hombre se fue de allí para atender a otro cliente que acababa de situarse frente a la barra.

-Mucho.-sonrió él.-¿Qué tienes de whisky?

-Para ti, escocés de garrafa. No pienso abrir una botella de bourbon sólo porque al señorito le venga en gana.

-Seguro que tu jefe...

-Si le dices algo, te arrepentirás toda tu vida.

-Da igual.-sonrió él empleando un tono conciliador.-Dejemos lo del whisky para otro día. Ahora mejor que me pongas una cerveza.

Penny se limitó a asentir con la cabeza e ir directamente hacia los grifos de cerveza de mala gana. Después, cuando hubo llenado el vaso, volvió de nuevo hacia donde él estaba.

-Aquí tienes.-le dijo poniéndole la cerveza sobre la barra tan bruscamente que el vaso amenazó con volcar.-Lástima que no te haya caído encima... ¿Por qué coño estás aquí?

Paul, indiferente a los modales de ella, sonrió.

-Ya te he dicho que me apetecía tomar algo. Aunque bueno, para qué negarlo... He pensado que esto podía ser la oportunidad perfecta para que me escuches.

-Sabes de sobra que no quiero escuchar nada que me puedas decir.-casi escupió ella.-Así que más vale que te bebas esa cerveza en cuanto antes y te largues de aquí echando leches.

-¿Y qué me vas a hacer si no lo hago?-preguntó él en tono desafiante.-¿Vas a echarme tú? Te recuerdo que a tu jefe no le haría demasiada gracia que lo hicieras... Y tampoco puedes negarte a atenderme, así que...

La chica soltó un bufido de fastidio.

-Que te jodan, cabrón.

-Lo siento, Penny.-dijo él repentinamente serio.-Sé que estás en una situación muy incómoda, pero entiende que quiera hablar contigo. Y esta es la única manera de conseguirlo... Sólo te pido que me escuches, no te robaré mucho tiempo, y después te juro que no te volveré a molestar más si me lo pides. ¿Qué dices a eso?

Por toda respuesta, la chica se cruzó de brazos en un gesto impaciente y le dedicó una mirada severa. Paul  le aguantó la mirada durante unos segundos y, después, al ver que no pensaba contestar, decidió seguir con su monólogo. Al menos, la chica no había dado media vuelta y se había largado, por lo cual, al menos, estaba dispuesta a escucharlo aunque sólo fuera por acabar con aquella situación cuanto antes.

-Creo que te debo una disculpa.-dijo al fin sin dejar de mirarla.-Cuando te vi la otra noche te dije cosas que... Quizás iba algo colocado, pero eso no justifica nada.

-¿Eso es todo?

-No.-contestó con rotundidad.-No lo es. No sólo por lo del otro día... Creo que te debo una disculpa por todo. Sé que te he hecho mucho daño y entiendo que no quieras saber nada de mí. Lo entiendo perfectamente, pero... que me aspen si no me arrepiento de ello... Daría cualquier cosa por retroceder en el tiempo y poder corregir aquello que hice... Ni yo mismo sé en qué coño estaba pensando.

Paul hizo una pausa y escrutó a la chica. Permanecía igual que antes, con los brazos cruzados y sin la menor expresión en su rostro de haber escuchado una palabra. Era como si estuviera mirando a una estatua de piedra.

-Métete tus putas disculpas por donde te quepan, imbécil.-le espetó al fin sin moverse ni un milímetro.-¿Es esa toda la mierda que me tenías que decir? Porque si ya no quieres nada más, te agradecería que te largaras de aquí y que dejaras de hacerme perder el tiempo. Estoy trabajando, ya lo ves.

Aquellas palabras le cayeron a Paul encima como un cubo de agua fría ya no por las palabras en sí sino por cómo se lo había dicho. Y es que había tanto desprecio y tanto odio en su tono de voz que... Nunca jamás nadie le había hablado así, nunca se había sentido tan mal... Sí, quizás Penny tuviera razón y lo mejor era que se largara de allí y que la dejara en paz.

-Está bien.-murmuró.-Dime qué te debo de la cerveza...

-Nada. Ya has oído al jefe. Invita la casa.

-Ya... Gracias, pues. Nos vemos, ¿vale?

-Espero que no, McCartney.-le respondió ella.-Espero que no.

********************************************

Chris volvió a marcar el número de teléfono de casa de Paul por tercera vez en lo que llevaba de tarde.

-¿No contesta ahora tampoco?-preguntó John a su lado.

-No.-contestó ella negando con la cabeza y haciendo ademán de colgar el teléfono.

Pero justo en ese momento, la voz pastosa de su hermano al otro lado de la línea la detuvo.

-¿Sí?

-¡Paul!-dijo ella a modo de saludo.-Pensé que no estabas. Iba a colgar ya.

-No me jodas que eras tú la del teléfono...

-Y no me jodas que estabas en casa y no respondías.-le replicó ella empezando a enfadarse.-Ya te vale, gusano. ¿Y si hubiera sido alguna cosa importante?

-Bah, nunca hay nada importante, enana.-le contestó Paul en un tono que a Chris hasta le sonó despectivo.-¿Qué vas a contarme? ¿Lo mucho que quieres a Lennon y lo bien que te lo pasas en esa súper casa española? Pues menuda novedad...

Apretando el auricular con rabia, la chica respiró un par de veces profundamente antes de contestar. Su hermano se estaba comportando como un auténtico idiota, aunque a ella no le apetecía enfrentarse a él abiertamente.

-No me busques que me encuentras, Paul.-se limitó a advertirle ella haciendo a su vez que John, a su lado, le lanzara una mirada interrogante.-Sólo quería decirte que mañana volvemos a Londres.

-¿Ya?

-Sí. ¿Te molesta?

-No, no...-se apresuró a decir él, rebajando el tono mordaz en su voz.-Simplemente es que pensé que ibáis a estar más tiempo por allí.

-El rodaje ha terminado y el casero no nos amplía el alquiler por más tiempo.-se limitó a contestar ella.-Y bueno... Aquí también empieza a hacer frío ya, así que mejor que nos volvamos.

-¿Y cuándo llegáis?

-No sé... Supongo que ya por la noche. Les vendrá a recogernos al aeropuerto. Volvió a Inglaterra hace unos días y John ya ha quedado con él.

-Vale, pues nos vemos mañana entonces...

-Sí, nos vemos mañana.

Chris iba a colgar cuando miró de nuevo a John.

-¿Cuando piensas decírselo?-le susurró.

La chica suspiró. John tenía razón y aunque no le apeteciera ver la reacción de su hermano, sería mejor que se lo dijera cuanto antes.

-Oye, Paul...-empezó a decir nuevamente.-Antes de que cuelgues, me gustaría decirte otra cosa...

-¿Qué cosa?

-Pues...-dudó ella.-Que bueno, que mañana John y yo pasaremos la noche en casa...

-Joder, parecéis siameses... Pero bueno, ningún problema. Como si fuera la primera vez que pasa la noche aquí...

-No, no es sólo eso, Paul...

-¿Y entonces?

-Verás... Al día siguiente...

-¿Qué?

-Está bien.-dijo ella agarrando aire profundamente.-John y yo nos vamos a vivir a juntos, Paul. Al día siguiente recogeré mis cosas y me trasladaré a su casa.

-¡¿Qué?!-exclamó Paul.-¿Cómo que a vivir con él?

-Joder, no es tan raro... Llevamos un año juntos y a los dos nos apetece.-contestó ella.-Al fin y al cabo ya de por sí me paso casi todas las noches durmiendo allí. ¿Qué problema hay en que me mude definitivamente?

Su hermano soltó un bufido de fastidio al otro lado de la línea.

-Bueno...-dijo finalmente.-Supongo que no es tan raro al fin y al cabo... Quizás incluso me extrañe que no lo hayas hecho antes... Haz lo que quieras, Christie. Ahora bien, recuerda que para lo que quieras, aquí tienes casa, ¿vale?

-Lo sé...-sonrió ella olvidando casi de manera repentina su enfado con Paul.-Tranquilo, lo sé. ¿Y tú? ¿Qué tal todo por allí?

-Un poco jodido, pero...

-¿Jodido? ¿Qué te pasa?

-Bueno... No creo que te apetezca escuchar las quejas del idiota de tu hermano mayor...

-No seas bobo... Tengo tiempo y ganas de escucharte, así que suelta lo que tengas que soltar.

-Bien...-la voz de Paul sonó aliviada al otro lado de la línea.-Verás... Es por Penny.

Y entonces Paul empezó a contarle lo que le había pasado el día anterior con ella. Y vale, podía parecer la historia más deprimente del mundo, pero el escucharla, el volver a compadecerse de su hermano aunque sólo fuera un poco, la hizo sentirse profundamente bien cuando colgó. Y es que, por unos breves instantes, las cosas entre los dos hermanos habían vuelto a ser exactamente igual que antes...

*********************************

Lo cierto era que esas breves minivacaciones en España junto con John y Chris les habían sentado estupendamente tanto a Ringo como a ella. Habían desconectado y lo habían pasado bien... ¿Qué más podían pedir?

Pero allí estaban otra vez, de vuelta a la cruda realidad, en Londres y de nuevo preocupándose por los detalles de la boda. Mary jamás había pensado que casarse de una manera más o menos normal costara tanto de organizar: comida, lugar donde celebrarse, decoración... Si no fuera porque ella misma se había encaprichado en montárselo ella sola, de buen grado hubiera aceptado la proposición de Ringo de contratar a alguien que le organizara todo. Pero no, ahora no podía dar vuelta atrás en su decisión. Después de lo que le había dado la lata a su novio con el "quiero encargarme yo de todo", aceptar la ayuda de un profesional sería como darle la razón al chico y lo último que quería escuchar de su boca era un autosuficiente "te lo dije".

Lo peor de organizar, sin lugar a dudas, era lo que estaba haciendo ella en aquellos momentos: las temidas listas de invitados. Era una cosa realmente exasperante. Primero, pensar en quién iba a ir, cosa mucho más complicada de lo que parecía ya que siempre te quedaban dudas sobre si habías invitado a todos los que debías invitar o, por el contrario, si te habías pasado en el número de gente. Vale, iba a ser una boda bastante íntima y sólo iban a invitar a la familia y a los amigos más cercanos, pero aun así aquello era horroso... Y después, por si fuera poco, una vez tenías la lista de invitados cerrada, debías apañártelas para distribuirlos de una manera más o menos correcta por las mesas a la hora del banquete.

-Te he traído té.

Mary levantó la vista y le dedicó una inmensa sonrisa a Ringo, que justo en esos momentos acababa de entrar en el salón con dos humeantes tazas de té en las manos. El chico se acercó hacia ella, le puso la taza de té delante y se sentó en la silla que quedaba libre a su lado.

-¿Organizando las mesas?-preguntó mirando hacia el montón de papeles con nombres que tenía Mary delante de ella.-¿No crees que es aún demasiado pronto para eso?

-¿Pronto?-repitió ella mirándolo como si se hubiera vuelto loco.-Ritchie... Estamos en noviembre y nos casamos en enero...

-Oh, venga... ¡Si acabamos de empezar noviembre!

-¿Y qué te parece?

-Que es pronto.-bromeó él sacándole la lengua.

-Cállate, tonto.-rió ella lanzándole un lápiz que tenía a mano.

Ringo esquivó el lápiz también entre risas.

-¿Sabes?-dijo volviendo a mirarla con una sonrisa burlona.-Deberías dejarme a mí encargarme de eso de las mesas... Acabaría en menos de cinco minutos.

-Sí, claro... Tenemos aquí al superdotado Richard Starkey.

-Lo de superdotado no lo dudes...-dijo Ringo esbozando una sonrisilla pícara y guiñándole un ojo. Mary sólo pudo soltar una carcajada con la broma.-Pero te lo digo de verdad... Mira, lo que yo haría es dejarlo libre. Y que cada uno se siente donde le salga de las narices, o donde pueda.

La chica volvió a soltar una risotada. Ringo era tan gracioso a veces...

-Va, boba...-añadió él.-Te echo una mano si quieres... ¿Qué mesa estás organizando ahora?

-La de mis amigos.-respondió ella acercándole la hoja que tenía delante.- Es un poco lío... O se me queda una mesa enorme o los tengo que partir entre dos y no sé qué hacer...

-A ver eso...-masculló Ringo empezando a leer los nombres.-Son bastantes pero... ¡Oye!

La exclamación de Ringo pilló a la chica por sorpresa. Mary lo miró inquisitivamente.

-¿Qué pasa?

-Fred...-respondió él señalando hacia aquel nombre.-Fred es tu amigo Fred, ¿no? Me refiero a tu mejor amigo Fred, ¿cierto?

-Por supuesto que es ése Fred.-contestó la chica aun contrariada.-¿Qué pasa con él?

-Pasa que está solo, Mary. Creo que te has olvidado de invitar a su novia.

Nada más oír aquello, Mary frunció el ceño automáticamente.

-No.-respondió al fin cruzándose de brazos.-No se me ha olvidado invitarla. Es que, simplemente, no la he invitado.

-¿Cómo...? ¡Pero si es su novia!

-Ya te dije en Liverpool que me daba igual que fuera su novia. Odio a esa Samantha y no voy a invitarla a mi boda, es así de sencillo.

-Mary... Eso sería como si alguien me invitara a mí y no a ti... Por muy amigo mío que fuera, si hiciera eso, me sentaría muy mal.

-No creo que a Fred le extrañe.-contestó ella tozuda, aunque sabía que en el fondo Ringo tenía toda la razón del mundo.-De hecho, él más que nadie sabe de todas las putadas que me ha hecho su amada novia toda la vida.

-Pero... Aún así... Mira, deberías incluirla en la invitación... Más que nada para que te evites disgustos...-le replicó él en tono conciliador.

-Demasiado tarde, Rich.-respondió Mary.-Su invitación ya está mandada por correo, así que ya no hay vuelta atrás...

**********************************

Pese a que tampoco hacía tanto que no los veía, George había echado tremendamente de menos momentos como el que estaban teniendo en esos momentos. John y Chris habían organizado una cena en su casa, a la que la chica se acababa de mudar el día antes, y pese a que ya eran altas horas de la noche, allí seguían todos bastante borrachos y colocados, aunque pasándolo en grande.

-¡Cómo se nota que nuestra Gwen ya es una universitaria hecha y derecha!-bromeó Chris de repente.-¡Hay que ver como se fuma los porros que le pasamos!

-Aún me queda mucho por llegar a tu nivel...-le siguió Gwen la broma.

-Oye, por cierto...-dijo Mary de repente mirando a Chris con una sonrisilla.-Ahora que hablas de la universidad... Te recuerdo que ya estás en Londres y que aún no has pisado clase...

-Oh, ya sabes...-sonrió su amiga.-Estaba ocupada cambiándome de casa...

-Sí, claro... Un gran esfuerzo el traerte dos míseras maletas de ropa... Porque que yo recuerde ya lo tenías casi todo aquí desde antes del verano.-intervino Paul con cierto tono de reproche.-Muy pocas ganas de ir a la universidad que tienes tú, hermanita...

-Pocas sería tener algo...-rió Chris.-Eso de las ganas de ir a la universidad, dejémoslo a las nuevas alumnas ilusionadas, como Gwen.

-Bueno... La verdad es que sí que me ilusiona.-dijo Gwen.-Es alucinante... Lo que más me gusta es que en esta facultad ni siquiera se deja de lado el anti-arte.

-¿Anti-arte?-se extrañó John mirándola.-¿Dadá y mierdas de esas?

-No son mierdas, Lennon. Y sí, bueno... El dadaísmo y Duchamp también están incluidos dentro del anti-arte... Pero hay mucho más...

-Por supuesto que hay mucho más.-dijo de repente John Dunbar, que también había acudido a la cena junto con su mujer.-¿En serio no has oído hablar de todo lo que se está haciendo en estos momentos, Lennon? ¿El Accionismo Vienés? ¿El movimiento Fluxus?

-Yo no soy el que tiene una jodida galería de arte, Dunbar.-le respondió él casi con brusquedad a la vez que le daba una buena calada a su porro.

-Pues no sabes lo que te pierdes.-sonrió Dunbar.

-Tiene razón.-convino Gwen entusiasmada.-Y mira, John... Si quieres conocer de qué va la cosa, John está organizando en la galería una exposición de una artista del movimiento Fluxus.

-¿En serio, Dunbar?

-Completamente.-dijo.-La inauguramos pasado mañana.

-Vaya... Quizás Christie y yo nos pasemos por allí...-masculló John mirando a su novia.-¿Qué te parece, pequeña? ¿Te apetece ver qué coño es eso del anti-arte?

-Pues no estaría mal.-sonrió la chica.-Cuando queráis...

-No, no, no...-se apresuró a decir John Dunbar..-No voy a permitir que vengáis a la exposición un día normal... Nada más os vieran entrar, aquello se llenaría de fans y lo estropearían todo.

-¿Cómo?-preguntó John algo molesto.-Cuantos más fueran a visitar esa mierda, mejor para ti, ¿no?

-Te equivocas, Lennon. No es una exposición de arte convencional, no sé si me entiendes... Habrá happenings y todas esas cosas y queremos que los que vayan a visitarla estén realmente implicados e interesados en el tema. Una horda de fans curiosas que sólo quieren verte lo estropearía todo, acabaría con la esencia de lo que hay allí.

-Pues menuda mierda...-rió John.

-No te burles, Lennon.-le reprochó Gwen con seriedad.-John tiene razón con eso de las fans.

-Pero si tienes curiosidad por saber de qué va...-continuó Dunbar.-Quizás podría hacer una excepción y enseñarte la exposición antes de que la inauguren...

-¿En serio?

-Claro. Como te he dicho, la inauguramos pasado mañana, así que mañana por la tarde ya estará todo a punto.¿Tenéis algo qué hacer o paso por vosotros?

John se volvió hacia Chris y la miró.

-¿Algo qué hacer mañana por la tarde, Christie?

-Por lo pronto ir a ver una exposición rara.-rió ella.-Por lo menos será curioso.

-Pues perfecto.-dijo John mirando de nuevo a Durban otra vez.-Mañana iremos a ver la mierda esa que vas a exponer.

-No es mierda...-le reprochó Gwen cansada.-Por cierto... ¿me puedo apuntar yo también a lo de mañana? Cuando fui no tenía nada montado y me gustaría ver qué es lo que ha hecho al final...

-Claro que sí, Gwen.-sonrió Dunbar.-¿Y George se apunta?

-Ni de coña.-rió él.-A mí eso del anti-arte no me va... Mejor, dejémosle esas cosas a Gwen...

-¿Alguien más?

No hubo respuesta.

-Está bien. Pues entonces... ¿Qué os parece si mañana paso por aquí a eso de las cinco y os recojo a los tres?

-Vale.-contestó John con un tonillo de burla.-Quiero puntualidad inglesa, Durban. No quiero perder más tiempo del necesario viendo cosas extrañas...

*****************************************

De no ser porque ya habían quedado con John Dunbar y Gwen, de buen grado Chris se hubiera quedado en casa. Lo cierto era que le daba una pereza enorme ir a una galería de arte a ver algo extraño, más un día en el que hacía tanto frío como aquel. Pero bueno, habían dado su palabra y, además, John parecía tener bastante curiosidad en ver todo aquello. Siempre le había gustado el arte y se sentía muy atraído por las nuevas tendencias, así que no era de extrañar.

-¿Adónde vas con traje?-rió ella cuando vio que se ponía la americana de uno de los trajes con los que habían estado de gira ese mismo verano.

-¿Qué pasa?-sonrió él.-Tú también te has puesto muy elegante...

Chris se miró el vestido que se acababa de poner y soltó una risita.

-Si a esto le llamas elegante...

-Por supuesto que lo es.-sonrió John.-Además, vamos a una galería de arte... Se supone que allí la gente va elegante y todo eso. Y bueno... Algún uso le tendré que dar a la enorme cantidad de trajes que tengo por aquí ahora que ya no vamos a hacer más giras...

-Bueno, en eso tienes razón.-rió ella.

Los dos acabaron de vestirse y, al poco, llegaron Gwen y Dunbar casi al mismo tiempo, sólo con un par de minutos escasos de separación. Cuando salieron a la calle para subir al coche de Durban, aquello de ir a la galería Indica a Chris ya no le hacía tanta pereza. Es más, en esos momentos la curiosidad de John se le había contagiado y estaba expectante por ver qué puñetas iban a ver. No obstante, la espera no se hizo muy larga ya que poco menos de media hora después ya estaban ante las puertas del Indica.

-Lo primero, intentad no molestar demasiado a Yoko, ¿de acuerdo?-les advirtió antes de abrir la puerta.-No le hacen demasiada gracia estas visitas inesperadas, ya me entendéis.

-Una artista rarilla, ¿no?-comentó John en tono de burla.

-Sólo procurad no pasaros... ¿vale? Yo os haré de guía en la exposición, así que evitad molestarla lo máximo posible.

-Entendido...-rió John.

Dunar abrió la puerta y entraron adentro. Lo que vio allí a Chris le dejó de piedra. Jamás había estado en un lugar con aquel tipo de arte. Claro, si a aquello se le podía considerar arte... Sintiéndose como una completa ignorante, la chica miró a sus acompañantes. Gwen y Dunbar parecían entusiasmado ante todo aquella colección de objetos raros. Sin embargo, John tenía la misma cara de estupefacción que ella. Aquello la hizo sentir un poco mejor. Por lo menos, ella no era la única que no acababa de entender qué hacía aquello exponiéndose en una supuesta galería de arte...

-Vamos, os enseñaré la exposición.

Mientras Dunbar los guiaba hacia las supuestas obras de arte, a Chris no se le escapó la presencia de aquella mujer al otro lado de la sala, que no les quitaba el ojo de encima. Se trataba de la tal Yoko Ono, de aquello no cabía duda. Recordando lo que les había dicho Dunbar instantes antes, la chica le dedicó una de sus mejores sonrisas de amabilidad para disculpar su presencia allí. No obstane, lo único que obtuvo como respuesta fue una mirada glacial, penetrante y hostil, que hizo que a la chica se le helara la sangre en las venas. Jamás había visto mirar a nadie así. Era como, si de repente, aquella mujer que no conocía de nada le hubiera declarado la guerra. Después, de repente, Yoko le apartó la mirada y dirigió su vista hacia los demás, mejor dicho, dirigió su vista hacia John. Chris la analizó, primero algo confundida hasta que, al fin, vio aquella mueca demasiado parecida a una sonrisa en su rostro. Sin saber exactamente por qué, una oleada de celos y rabia la invadió e, inmediatamente, se apresuró por ponerse nuevamente al lado de John.

-Joder... ¿en serio?-estaba diciendo John en aquellos momentos mientras miraba con curiosidad una manzana común que tenía una etiqueta con el precio de 200 libras colgando.-¿Qué vale esta manzana? ¿200 libras? ¿Y entonces qué vale esa caja con clavos torcidos que hay ahí?

-Oh, John... No entiendes nada...-masculló Gwen a su lado.-Es una crítica a la sociedad, ¿no lo ves? ¿Serías capaz de pagar 200 libras por esta manzana que sabes que es común sólo porque te digan que vale eso? He ahí la reflexión.

-Te veo ágil, señorita Montrose.-bromeó John.-¿Qué opina mi pequeña sobre las manzanas de 200 libras?

-Opino que la metería de buen grado dentro de esa enorme bolsa de basura que hay ahí al lado y lo tiraría al contenedor.-se burló ella.

Gwen soltó un bufido exasperada y siguió los pasos de Durban, que ya se había  puesto justo delante de la inmensa bolsa negra a la que Chris se había referido segundos antes. Cuando se acercaron, vio que la bolsa tenía un cartel que rezaba "Con un miembro del público dentro".

-¿Qué...?-empezó a preguntar John mirando aquello.

-Se supone que es para un happening.-explicó Gwen.-¿Me equivoco?

-Efectivamente. Es para un happening.-corroboró Durban.-Aunque no sé exactamente en qué consiste... Si me permitís un momento...

Durban se dio media vuelta y, ante la mirada atónita de los tres, se dirigió hacia donde estaba la tal Yoko Ono. Los dos cruzaron unas palabras que no pudieron escuchar y, a continuación, se acercaron de nuevo hasta donde estaban ellos, John luciendo una sonrisa triunfal por haberla convencido de ir y ella con la misma mirada asesina con la que minutos antes había taladrado a Chris.

-Os presento a Yoko Ono.-dijo Durban cuando llegaron allí. Después, dirigiéndose hacia la japonesa, añadió:-A Gwen ya la conoces, estuvo aquí el otro día. Y ellos son John y Christine.

La mujer no dijo nada, sólo se limitó a asentir con la cabeza. Un silencio incómodo se hizo entre los cinco.

-Estaban diciendo que va a hacerse una especie de happening o algo así con esta bolsa, ¿no?-preguntó John al cabo de unos segundos.

Yoko lo miró, como analizándole. Sonrió.

-Pero la función de hoy no es ésa.-se limitó a decir a la vez que señalaba un cartel que había en pegado en la pared.-La función de hoy es ésta.

Inmediatamente, todos se volvieron hacia donde señalaba, incluida la propia Chris, que hasta ese momento había permanecido absorta, analizando a aquella misteriosa mujer que, sin saber por qué razón, la incomodaba como nunca antes nadie lo había hecho. Como todos, la chica se quedó profundamente sorprendida cuando leyó el "Respira" que allí había escrito. El único que se atrevió a soltar una risita burlona fue John.

-¿Qué respire?-se atrevió a preguntar volviéndose hacia Yoko sin perder su expresión sarcástica.-¿Así?

Y entonces, exhaló el aire profundamente, en un gesto extremadamente exagerado. Agradeciendo que John hubiera decidido actuar en plan Lennon ante aquella supuesta artista, Chris soltó una risita diverida. No obstante, su sorpresa fue mayúscula cuando Yoko también rió con aquello. Inmediatamente, Chris enmudeció de repente.

-Sí, así.-afirmo Yoko aún sonriente.-Parece que lo has entendido.

No obstante, John ni siquiera contestó. Simplemente, se limitó a avanzar unos pasos más y a situarse delante de un panel blanco en el que decía "Clava un clavo".

-¿Puedo clavar un clavo?-preguntó él sin ni siquiera volverse para mirar a los demás.

-No.-respondió Yoko secamente.

Chris se quedó mirándola. Había vuelto a perder la sonrisa y volvía a estar tan seria como antes.

-Venga...-masculló Durban a su lado.-Déjale clavar uno. Ya sabes...

El tono con el que Durban dijo aquello último, no le hizo la más mínima gracia a Christine. Era como una especie de "venga, déjale, es millonario y excéntrico, igual te lo compra".

-Está bien.-claudicó finalmente la japonesa después de pensárselo durante unos segundos.-Te dejaré clavar un clavo si me das cinco chelines.

-Vale.-rió John volviéndose hacia ella.-Te daré cinco chelines imaginarios y tú me dejas clavar un clavo imaginario.

Yoko le aguantó la mirada y volvió a perder esa expresión asesina de su cara para volver a esbozar aquella media sonrisa que a Chris tanto la incomodaba. La miró. Se había cruzado con cientos de fans que miraban a John de una manera mucho más agresiva, comiéndoselo con los ojos, pero aquello era completamente distinto. No sabía describirlo, pero de una cosa estaba segura: aquello no le gustaba en absoluto.

John, sin embargo, pareció ignorar aquello y volvió a darse la vuelta y a continuar con su inspección particular de la sala. Después de pasar por delante de otras obras, se detuvo delante de una escalera de mano blanca que llevaba a un catalejo colgado en el techo y, sin ni siquiera pedir permiso, se encaramó encima de la escalera y miró por la mirilla. A continuación sin más, volvió a bajar de allí.

-Casi me mato haciendo equilibrios ahí arriba para ver un jodido "Sí".-masculló cuando bajó.-¿Esto es todo  lo que hay en esta exposición?

Tanto Durban como Yoko parecieron contrariarse con aquella pregunta.

-Sí, creo que ya lo habéis visto todo.-contestó Durban finalmente.

-Pues muy bien.-contestó John.-Si es así, volvamos a casa.

Sin más, John volvió a ponerse al lado de Christine y, después de agarrarla de la mano, empezaron a caminar hacia la salida de la galería. Cuando salieron, la chica no pudo reprimir un suspiro de puro alivio. Por lo menos, ya no tendría que soportar más a esa extraña mujer...

**********************************************

-¿Te ha gustado la exposición esa a la que hemos ido?

La pregunta de John pilló a Chris, que en aquellos momentos estaba entretenida jugando con los gatos de casa, por sorpresa. La chica se volvió hacia él y antes de contestar y sonrió.

-La verdad es que no.-contestó con sinceridad.-Quizás ahora entienda porque le llaman anti-arte a eso... ¿Y a ti te ha gustado?

-No creo...-masculló John encogiéndose de hombros desde el sofá.-Aunque he de reconocer que hace falta imaginación y valor para exponer todo eso en una galería de arte...

-Y quizás también haga falta bastante cara dura...-añadió ella algo picada.

John soltó una risotada divertido.

-Supongo que eso también.-rió.-Pero bueno... Es lo que se hace ahora, ¿no?

-Sí, eso parece...-masculló ella de mala gana volviéndose de nuevo hacia los gatos.-Oye, Babaghi, no me arañes...

-Christie...

-¿Qué quieres ahora?-preguntó ella.

-No te creas que no me doy cuenta... Soy miope, pero no tanto... ¿Qué te pasa?

La chica se volvió hacia él y lo miró.

-¿A mí?

-Sí, a ti.

Christine suspiró.

-Nada...-dijo al fin.-Es que simplemente no me ha gustado esa exposición ni... ella.

-¿Te refieres a Yoko?

-Sí, ésa misma.-contestó ella torciendo el gesto.-No sé... Me ha incomodado muchísimo...

-Sí, es rara.-masculló John.-Pero eso no debe hacer que tú...

-Es que no era sólo lo rara que era, Johnny...-le interrumpió ella.-Había algo más que...

-Anda, no seas boba...-sonrió John levantándose del sofá y sentándose en el suelo a su lado.-Lo único que había allí eran atentados contra el arte.

Chris sonrió con la broma.

-De eso había un rato largo...-convino.-Y te digo una cosa... Si se te ocurre comprarle algo, te lo hago tragar.

-Tranquila, pequeña...-rió John.-Yo jamás voy a comprar ninguna mierda de ésas... Nunca.



Holaaaa! Aquí yo nuevamente! Se conocieron... ¬¬ jajajaja. Espero que no os haya desagradado del todo el capi éste y bueno, que muchas gracias por estar ahí, en especial a las comentaristas. Viridiana, bienvenida al fic, jajaja. Y Citla, gracias por publicitar mi fic... Recuérdame que te envíe el cheque que acordamos por hacerme publicidad... :P
Besitos!!!!

sábado, 22 de septiembre de 2012

Capítulo 60: Cuestión de trabajo


-¡Johnny, Johnny, Johnny!

Los gritos alborozados y a la vez alegres de su novia despertaron a John de repente. Primero abrió un ojo, después abrió otro. Su miopía le impedía ver mucho más allá de dónde él estaba, pero sin embargo, pudo ver a una jovial Chris a su lado, poco menos que dando saltos en la cama.

-¿Qué haces?-masculló él en un murmullo casi incomprensible. Estaba más dormido que despierto y aún le costaba vocalizar bien.

-¡Despierta, monstruo!

-Bffff…-bufó él a la vez que escondía su cabeza debajo de la almohada.-Déjame un rato más… Hoy no hay rodaje, no quiero madrugar…

-No, no te dejo un rato más.-rió ella quitándole la almohada de encima.-Además, son las doce ya… Y ayer no hubo fiestón como para quedarte durmiendo hasta las cinco de la tarde.

-Pequeña…-intentó protestar él.-Déjame dormir. Sólo un poquito.

-Te he dicho que no, levanta.-le contestó ella ahora estampándole el cojín que le había quitado segundos antes en toda la espalda.-Tenemos visita, Lennon. No te queda otra.

-¿Visita?-preguntó él dándose la vuelta, ahora ya más despierto.

Chris asintió con la cabeza sonriendo de oreja a oreja.

-¿Y quién ha venido a vernos?-preguntó él sarcástico.-¿Papá Noel?

-Idiota…-rió ella.-¿En serio que no has oído ni siquiera el timbre cuando han llamado?

-¿Qué timbre?-preguntó él confuso.

Christine soltó una sonora carcajada, como si la pregunta que le acabara de hacer fuera de lo más graciosa.

-A ti cuando duermes te podrían tirar una bomba al lado y ni te enterarías.-sonrió revolviéndole el pelo cariñosamente antes de darle un beso en los labios.-Ale, levanta, guapo. Te espero en el salón, con la visita.

-Pues vale…

Chris salió de la habitación  de nuevo y cerró la puerta tras ella casi a la vez que John se sentaba en el borde de la cama, un poco fuera de lugar. ¿Visita? ¿Un sábado por la mañana? Bueno, tal vez fuera algún amigo de la película, pero lo dudaba, sinceramente. Si quedaban, era siempre por la tarde o para salir a cenar, nunca por las mañanas. Era normal al fin y al cabo… Toda la semana levantándose demasiado temprano hacía que los días libres se pasaran las mañanas durmiendo como marmotas, más él, que toda la vida había sido un ave nocturna y aquel horario le mataba.

Buscó a tientas sus gafas en la mesita de noche, se las puso y se puso en pie, todavía con una pereza increíble. Sin ni siquiera preocuparse por ponerse algo más que los calzoncillos y la camiseta interior que llevaba, salió de la habitación en parte curioso por descubrir quién era la "visita" inesperada.

-¡Pero Lennon! ¡Qué pintas!

-¡Joder!-exclamó él contento, despertándose del todo de repente ante la sorpresa de ver a Ringo y a Mary allí, sentados en el sofá del salón.-¡Rich, hijo de puta! ¿Qué coño hacéis aquí?

-Venir a ver lo bien que te quedan esos calzoncillos que llevas, cabronazo...-rió Ringo.

John soltó una sonora risotada ante la broma de su amigo.

-Por cierto, hola, Mary.-sonrió después.-Siento no haberte saludado antes. Me he emocionado al ver a Starkey aquí, pero más creo que se ha emocionado él cuando me ha visto en ropa interior, ¿verdad?

La contestación de Ringo se tradujo en un cojinazo que le dio de pleno en toda la cara y un sonoro "cabrón" al que John sólo pudo responder con más risas.

-Ahora en serio...-dijo cuando dejó de reír a la vez que se sentaba en la silla que quedaba libre al lado de Chris.-¿A qué debemos este honor?

-Bueno, creo que está claro, ¿no?-contestó Ringo esbozando una media sonrisa.-A que queremos que nos invites por tu cumpleaños, no creas que me he olvidado de que es la semana que viene... ¿Qué creías? ¿Que este año te ibas a librar de invitarme a beber hasta que no pudiera con mi alma?

-Mierda...-bromeó John.-Tú lo que sea por emborracharte gratis, ¿no? Aunque sea venirte a España sólo para eso.

-Exactamente, Señor Lennon.-le contestó su amigo en tono de fingida solemnidad.

John soltó una carcajada.

-Ahora bien, aparte de la bebida gratis y todo eso, creo que deberías darle las gracias a ésa que tienes ahí al lado.-añadió Ringo señalando a Christine con un movimiento de cabeza.-Ella nos invitó y nos dijo cómo encontrar la cueva esta en la que vivís.

-¿De verdad? Esta chica piensa... -dijo John mirando a Chris con una inmensa sonrisa.

-Yo pienso siempre, Lennon.-le replicó ella alegremente a la vez que le daba un golpe amistoso en el brazo.-Además, que Ringo tiene razón. No está bien que este año te salgas de rositas por tu cumpleaños y te ahorres el tener que invitar a tus amigos, ¿no?

-¡Pequeña conspiradora!

-Pues la conspiradora te ordena que vayas y que te vistas, Gripweed.-dijo Chris.-Porque digo yo que tendremos que llevar a la gente esta a ver algo y no tenerlos encerrados aquí todo el día, ¿no?

-De acuerdo, de acuerdo, iré a cambiarme, a sus órdenes.-rió John

-Madre mía, Lennon...-bromeó Ringo.-Ésta hace contigo lo que quiere...

-Es que normalmente lo que me quiere hacer son cosas que me gustan, Starkey. Y mucho.-le siguió él el juego a la vez que esbozaba una sonrisilla pícara que hizo enrojecer a su novia como un tomate por las segundas intenciones que tenía la frase.-Bueno, chicos, lo dicho. Voy a ponerme algo de ropa. Ahora nos vemos.

**********************************

-¿Me permitís un momento?-preguntó Chris de repente cuando no hacía ni dos minutos que John había salido del comedor.-Yo también iré a ponerme unos zapatos para salir a dar una vuelta, voy descalza.

Ringo y Mary asintieron amigablemente mientras ella se ponía en pie y salía del salón. Si bien sí que iba descalza, lo cierto era que en realidad quería aprovechar para decirle a John algo en lo que acababa de caer. Entró en la habitación rápido y cerró nuevamente la puerta tras ella. John, que en aquellos momentos se estaba poniendo un par de pantalones vaqueros, la miró con una sonrisilla juguetona.

-¡Vaya! ¿Y esas prisas? ¿Acaso quieres hacerme algo o qué?

-Cállate, tonto.-le contestó ella divertida ante la broma.

-¿No? Es una lástima... ¿Sabes? Me vendría bien que me la...

-¡Ni lo sueñes, Lennon!-le cortó ella lanzándole lo primero que pilló por delante, que resultó ser la parte de arriba de su pijama.-¡Eres un cerdo!

-¿Y desde cuándo te importa a ti eso, pequeña?-le replicó él entre risas mientras se quitaba la camiseta que ella le acababa de tirar de la cabeza.-Oh, venga... será rapidito...

-Contigo es imposible...-rió Chris.-Anda, escúchame, bobo.

-Peque...-susurró John acercándose a ella peligrosamente y empezando a besuquear su cuello con insistencia.

-John, para.-dijo la chica haciendo un esfuerzo casi monumental por ponerle una mano en el pecho y separarlo de ella unos centímetros.-Ahora no, lo sabes.

-De acuerdo, de acuerdo...-contestó él con cara de no haber roto nunca un plato.-Venga, te escucho.

-Vale...-empezó a decir ella.-Mira... Es sobre Ringo y Mary.

-¿Qué pasa con ellos?

-Nada.-respondió.-Simplemente es que no me había dado cuenta de lo pequeño que era este apartamento hasta que han venido ellos esta mañana. En un primer momento pensé que cabríamos todos aquí pero... joder... ¿has visto ahora? ¡Somos sólo cuatro y apenas cabíamos en el salón!

-¿Y qué problema hay con eso?-preguntó John encogiéndose de hombros.-Si esto se queda pequeño, nos buscamos otro sitio más grande para los cuatro.

-¿En serio?

-No, en broma.-rió él.-Ale, ya tenemos trabajo para el lunes cuando acabe de rodar... ¡A buscar un sitio para alquilar!

-Gracias, Johnny.-sonrió Christine acercándose hacia él para darle un beso en los labios.-Te quiero mucho.

-Yo también te quiero mucho, boba.-susurró él en su oído.- Pero yo sigo igual que antes.. Esto no baja y este beso no ayuda mucho... ¿Te importaría agradecérmelo de una manera un poco más...?

-¡Imbécil!-exclamó ella sin poder reprimir una carcajada a la vez que se separaba de él casi de un salto y le daba un golpe en el brazo bastante fuerte.

-¡Eso ha dolido!-dijo él, aunque era evidente que no era cierto a juzgar por sus risas.-Recuerda que me debes una.

-Una paliza, eso es lo que te debo.

-Si me vas a dar una paliza, prefiero que sea en la cama.-bromeó él.

-Anda, monstruo salido...-le dijo ella.-Ponte una camiseta, que nos vamos.

-¿Y en serio crees que yo puedo salir a la calle así?-preguntó él señalando hacia sus pantalones.

-Ése es tu problema, Lennon.-rió Chris al comprobar que John no mentía.-No haberte puesto tonto tan pronto... Además, hoy hace fresco, te vendrá bien para bajarte el... ánimo.

-No creas que mi ánimo se baja tan fácilmente...

Chris negó con la cabeza y esperó a que se pusiera la camiseta que tenía sobre la cama. Sonrió. Pese a que era un bestia, para ella era el chico más encantador del mundo. Después de que él acabara de vestirse y de que ella se pusiera unos zapatos, salieron de la habitación.

-¡Venga, perezosos!-les gritó John a Ringo y Mary asomando la cabeza por la puerta del salón.-¡Dejad de hacer guarradas en mi sofá y salgamos por ahí!

-¡Guarradas habréis hecho vosotros!-le replicó Mary.-No creas que no nos hemos dado cuenta de todo el tiempo que habéis tardado...

-No, Hall, no hemos hecho nada.-le contestó él mirando a Chris pícaramente.-Eso díselo a tu amiga, que no me ha dejado...

-Joder, Lennon, no tienes remedio...-rió Ringo poniéndose en pie, junto con Mary.-Bueno, ¿nos vamos ya o esperamos a que se haga de noche?

*********************************************

Penny soltó un resoplido de fastidio. Aquello de trabajar en aquel pub era bastante más duro de lo que había pensado en un primer momento. No obstante, lo peor ya había pasado y, por fortuna, nadie se había pasado con ella, aunque fuera sábado por la noche. Eran ya casi las doce, hora de cerrar, y casi todos los clientes se habían marchado a sus casas, la mayoría borrachos como cubas. Sólo quedaban ella, el dueño y un par de tipos maduros que ni siquiera se molestaban en hablar más que a la hora de pedirle otro whisky.

Apenas las manecillas del sucio reloj que colgaba en la pared marcaron las doce en punto de la noche, Albert, el dueño, se apresuró en echar de una manera muy poco amigable a aquellos dos del local.

-Los viejos Malcolm y Gabriel.-dijo cuando cerró la puerta del bar y echó la llave para evitar que entrara nadie más.-Siempre acaban cerrándome el pub. Creo que necesitan más el whisky que respirar... Supongo que en los días que llevas aquí ya habrás empezado a conocerlos... Se pasan aquí todas las noches de la semana.

-Sí, son casi parte del mobiliario.

-No tienen a nadie más, es normal al fin y al cabo.-contestó el hombre.-Y para mí, mejor. Me importa una mierda su salud, ¿sabes? A mí lo que me interesa es que me dan ganancias.

Aprovechando que estaba limpiando la barra y que aquello no supondría un desplante, Penny agachó la cabeza, reprimiendo una mueca de puro asco. Su jefe era una persona repugnante, así de claro, pero necesitaba el trabajo y, mientras le pagara, no le quedaba otro remedio que soportarlo a él y a sus comentarios.

-Has hecho un buen trabajo, ¿sabes?-continuó diciendo Albert a la vez que se acercaba hasta la barra.

-Gracias.

-No me las des, simplemente me limito a decir lo que he visto hasta ahora. Si te soy sincero, cuando te vi aparecer por aquí pidiendo el trabajo pensé que no durarías más de una semana, pero veo que me equivoqué... Jamás pensé que la necesidad de dinero haciera que una chica como tú acabara trabajando en un lugar como éste como si la vida le fuese en ello.

-Es que más o menos la vida sí me va en ello.-le respondió ella usando el mismo tono sarcástico que él había empleado a la hora de decir la última frase.-Necesito comer todos los días...

-Pues yo pensaba que precisamente tú no tendrías problemas a la hora de comer...

Extrañada ante aquellas palabras, la chica levantó la cabeza para mirarlo fijamente, sin saber para nada qué estaba queriendo decir con aquello.

-¿Cómo?

-Pues lo que oyes...-se limitó a contestar el hombre a la vez que dibujaba en su cara una mueca burlona.-Que pensaba que a la novia del Beatle ése no le hacían falta trabajos de camarera en un pub para poder sobrevivir.

Aquello le cayó a Penny encima como un cubo de agua fría. Había pensado que su jefe no sabía nada de todo aquello...

-No creas... Yo no soy de esos que miran las revistas, ni muchísimo menos me importan esos cuatro mamarrachos aunque todo el mundo crea que son héroes nacionales.-añadió Albert al ver que ella se había quedado muda.-Pero bueno, has de saber que estás en un sitio público y que los clientes no son todos como yo... Muchos ven la tele y... ¿Sabes cómo me quedé cuando hace un par de días un tipo me preguntó que qué hacía la novia de Paul McCartney aquí de camarera? Al principio pensé que había bebido demasiado, pero cuando comprobé que tenía razón... ¡casi me muero de la risa!

-Perdona por no habértelo dicho, pero es que...-masculló ella avergonzada.-Me habían rechazado en muchos trabajos precisamente por eso...

-Y no dudes que yo también te hubiera rechazado si lo hubiera sabido.-le respondió su jefe riendo.-Pero bueno, ya llevabas unos días aquí, no se te daba mal y parece que tú atraes a la clientela... Desde que se corrió la voz entre los parroquianos, tengo esto mucho más lleno que antes de que tú trabajaras aquí. ¡Fíjate por donde me hecho hasta crecer el negocio!

Penny no contestó, simplemente se limitó a agachar la cabeza avergonzada y a continuar con su tarea de limpiar la barra.

-Pero escucha una cosa...-continuó Albert con su monólogo.-Sí, vale, sé que tú eres la novia del McCartney ése y todo eso... Pero no deja de chocarme que estés trabajando aquí. Pensaba que a los tipos como él no les importaba mantener a sus novias o lo que quiera que seáis o, por lo menos, que les molesta que sus chicas se tengan que poner a trabajar en un sitio tan... vulgar.

-Puede que tengas razón.-contestó ella al cabo de unos segundos, después de lanzar un intenso suspiro.-Supongo que le hubiera molestado que trabajara aquí.

-¿Cómo que le hubiera molestado?

-Pues eso, lo que has oído.-respondió Penny.-Pero no tengo ni idea de lo que piensa respecto a esto porque ya no estamos juntos.

-¿Y cómo es que todo el mundo da por hecho que seguís siendo pareja?-se extrañó Albert.

-No hemos dicho nada a los medios al respecto.-masculló ella.-Y sinceramente, yo, por mi parte, paso de decir nada. Él es el famoso y él es quien debe de lidiar con los medios, si quiere decirlo que lo diga.

-Pues cuanto más tarde en decirlo, muchísimo mejor.-le contestó Albert decidido, cosa que hizo que Penny le lanzara una mirada interrogante.-Sí, muchísimo mejor. Ya sabes... Te acabo de decir que desde que se ha corrido la voz de que la novia de ése está aquí trabajando, esto lo tengo mucho más lleno que antes. Me conviene que sigas siendo la novia de McCartney. Así que mejor será que no le comentes a nadie que ya no seguís juntos, ¿de acuerdo? Y si después él lo quiere decir... No sé, ya inventaremos algo, pero por lo pronto, tú calladita. Ese cuento de que ya no estás con él será un secreto entre tú y yo, ¿entendido?

Aquello no podía ser cierto. Aquel tipo era mucho más despreciable de lo que parecía. No obstante, pese a que tuviera ganas de gritarle y de mandarle a paseo, Penny no pudo decirle nada.

-Así me gusta.-dijo el hombre, que al parecer había entendido el silencio de Penny como una respuesta positiva.-Y por buena chica, puedes largarte a casa. Ya terminaré yo todo esto.

-Está bien.-dijo ella con un hilillo de voz mientras dejaba la bayeta con la que hasta ese momento había estado limpiando.-Hasta mañana.

-Hasta mañana.

Después de quitarse el delantal de trabajo y de recoger su chaqueta, la chica salió de allí sin mediar ni una palabra más con su jefe. Aún iba pensando en todo lo que le acababa de decir. Quizás o la sugerencia de su jefe de no decir nada sobre que ya no estaba con Paul, no era tan despreciable como le había parecido en un primer momento. Sabía que estaba mal, sí, pero al fin y al cabo eso le vendría bien al negocio... Además, cuanto más contento estuviera Alfred con ella, menos posibilidades tenía de que no la despidieran. Aquello, simple y llanamente, era pragmatismo, y si tanto su jefe como ella podían salir beneficiados con eso, mejor.

Iba tan sumida en sus pensamientos, de camino hacia la parada nocturna del autobús, cuando, de repente, el rugido de un motor que se acercaba por la calle, la sobresaltó tanto que tuvo que levantar la cabeza. Ni siquiera le dio tiempo a distinguir el par de faros encendidos que se acercaban hacia ella antes de que el coche se detuviera al lado de ella con un frenazo en seco, haciendo chirriar las ruedas sobre el asfalto. Y entonces, justo en el momento en el que la ventana comenzó a bajarse, Penny lo reconoció: aquel era el coche de Paul.

-¿Penny?

La chica le dedicó una mirada confusa, sin saber ni qué hacer ni qué decir. Paul la miraba, igual de sorprendido, con los ojos muy abiertos y con una expresión un tanto preocupada.

-¿Qué haces aquí?-insistió al ver que ella no iba a contestar.

La chica agarró aire, intentando recuperarse de la sorpresa lo más rápido que podía.

-Vengo de trabajar.-le contestó finalmente en un arrebato de sinceridad.

-¿De trabajar?

Penny no pudo evitar ponerse furiosa. Por la cara que había puesto Paul y por el tono en el que había pronunciado la pregunta, parecía más bien que Penny le acabara de confesar que era extraterrestre.

-Sí, de trabajar.-le contestó airada.-Algunos lo hacemos, ¿sabes?

-Yo también trabajo, por si no lo sabías.-le contestó él igual de molesto.

-Si a eso le llamas trabajar...-le replicó ella en tono despectivo.

Paul bufó, pero, no obstante, no quiso entrar en discusiones y cambió radicalmente el rumbo de la conversación.

-¿Dónde trabajas?-quiso saber.

-No te importa.

-Trabajas en mi barrio, por lo que veo. Así que sí que me importa.-contestó él igual de picado, y, después, en tono deliberadamente hiriente, añadió:-Más que nada para evitar ir a ese sitio.

-No creo que tú, Don Perfecto, vayas a esos sitios.-le replicó ella, dolida por lo que le acababa de decir.

-¿Y tú qué sabes? ¿Por qué no me lo quieres decir? ¿Es que es secreto de sumario o algo por el estilo?

-No, no es secreto de sumario. Y ya que tanto interés tienes, trabajo en ese pub de ahí la esquina.

-Oh, vaya...-le respondió él sonriendo con malicia.-Tenías razón. No entraría ahí por nada del mundo.

-Y si lo hicieras te echaría a patadas.

-No creo que haga falta, Penelope.-le respondió él.-Adiós.

Penny le dedicó una última mirada de odio antes de que él acelerara de nuevo y desapareciera calle abajo. Y entonces, se alegró. Se alegró infinitamente por no estar con aquel imbécil que se las daba de grande.

************************************

Paul entró el coche en el patio de su casa, aún dándole vueltas a su encuentro con Penny. ¿Cómo había podido ser tan idiota? ¿Por qué le había dicho lo que le acababa de decir y por qué la había tratado así? Quizás había sido por orgullo propio, porque era la primera vez que le había insistido tanto a alguien por una reconciliación y aun así se lo había negado, porque había insultado a su trabajo... Lo cierto era que no lo sabía demasiado bien, pero una cosa tenía muy clara: le debía una disculpa. Y es que, pese a que ya no estuvieran juntos y no hubiera ni la más remota posibilidad de que lo volvieran a estar, Paul se negaba en redondo a quedar aún peor de lo que ya había quedado con ella por su actitud. Y ahora ya sabía donde podía localizarla para darle aquella disculpa sin que, al contrario de lo que había ocurrido aquella vez que se había plantado en Montagu Square, pudiera negarse, por lo menos, a atenderlo y a escucharle.

************************************

-Es perfecto.-dijo John emocionado.-Voy a alquilar esto ya.

-¿Estás seguro? ¿No crees que es muy grande para los cuatro solos?-preguntó Chris a su lado casi en un susurro, aunque no había por qué. El agente inmobiliario que les estaba enseñando la casa no tenía ni idea de inglés y como mucho, el único que hubiera podido entender lo que acababa de decir era el intérprete, un almeriense simpático que trabajaba de traductor para el equipo de rodaje y que pese a que chapurreaba un inglés con un fuerte acento, se hacía entender a la perfección.

-No me importa. Es genial, Christie...-contestó John.-¿O es que no te gusta?

-Claro que me gusta. Pero es enorme...

-Mejor así, ya lo verás. Tú es porque no estás acostumbrada a vivir en sitios así, pero cuando te acostumbres me darás la razón. Además, tiene unas vistas espectaculares... Desde aquí se ve toda la bahía.-concluyó John sonriente y, después, volviéndose hacia Mary y Ringo que estaban unos pocos pasos por detrás de él, preguntó:-¿Os gusta a vosotros?

-Como para no gustarme.-respondió Ringo.-Porque no voy a venir aquí habitualmente, que si no te juro que yo mismo la compraba.

-Habló el gran propietario de Reino Unido...-bromeó Mary a su lado haciendo que su novio también soltara una carcajada.-Ahora en serio, me gusta mucho esto a mí también. Está muy bien y el jardín con piscina es fabuloso.

-Pues no se hable más.-dijo John sonriente.-La alquilo y punto.

Dicho esto, John llamó a Antonio, el intérprete, que se acercó hacia ellos sonriente.

-Dile al propietario que voy a alquilar la casa.-dijo John hablando muy muy rápido y con un marcado acento scouser.

Chris le dedicó una mirada entre divertida y reprobatoria. John no hablaba nunca así y simplemente lo había hecho para que el pobre Antonio, que se había quedado mirándole perplejo como si John le hubiera hablado en chino, no le entendiera.

-¿Cómo?-preguntó el hombre contrariado.

-Que alquilo la casa.-contestó él ahora ya hablando normal y luciendo una sonrisilla burlona.-Que no se pase con el precio, que soy rico y extranjero, pero no gilipollas.

Lejos de enfadarse por la pequeña jugarreta que le acababa de gastar John, Antonio le devolvió la sonrisa y asintió para después dirigirse hacia donde estaba el agente y empezar con él una acalorada conversación. No hacía falta saber demasiado español para entender que estaban discutiendo sobre el precio.

-Bueno, supongo que ahora tendremos que ir al apartamento y recoger las cosas.-dijo Chris sonriente mientras aquellos dos parloteaban sin parar.

-¡Por supuesto que sí!-exclamó John entusiasmado.-¡Mañana mismo nos venimos aquí!

*************************************

La cena estaba siendo realmente agradable aunque tuviera que reconocer que cuando George le había dicho que estaban invitados a cenar en casa de John Dunbar, no había podido dejar de sentirse incómoda. Y es que Gwen aún había congeniado con muy pocos amigos de George fuera del ámbito Beatle y el hecho de conocer a gente nueva y presentarse delante de ellos como la novia de Harrison siempre le resultaba un poco traumático.

Pero aquella cena de traumático estaba teniendo bien poco. John y su mujer eran encantadores y, además, parecían tener muchas cosas en común. con ella, sobre todo, su gusto por el arte de vanguardia, del que Gwen aprendía más y más cada día.

-Y dices que estáis recibiendo clases de sitar y de yoga en casa...-comentó John dándole una profunda calada a su cigarrillo.

-Sí, así es.-contestó George cuando acabó de masticar un panecillo que había prácticamente devorado en tan solo unos segundos.-Es fantástico. Estoy mejorando mucho, ¿sabes? Y con el yoga Gwen y yo hemos encontrado una vía de escape fabulosa para cuando estamos nerviosos...

-Y por lo menos a mí me viene genial.-añadió Gwen sonriente.-Siempre estoy acelerada.

Todos los allí presentes no pudieron evitar soltar una risa ante su ataque de sinceridad.

-¿Y cómo ha sido eso de que recibáis esas clases en casa?-preguntó Marianne, la esposa de John.

-Bueno, me costó convencer a Ravi Shankar para que aceptara, pero al final lo hizo...-respondió George.

-El dinero siempre es un buen aliado para convencer a la gente...-rió John por lo bajo.

-Y te aseguro que en la mayoría de los casos es un arma muy eficaz.-le siguió la broma George.-Pero es que no podíamos ir a la India ahora. Bueno, yo sí, pero Gwen no... Ya sabéis, acaba de empezar Bellas Artes y a mí no me apetecía irme sin ella.

-Y a mí tampoco me apetecía dejar las clases.-añadió ella.-Es lo primero que estudio que me gusta realmente.

-Es una carrera preciosa...-asintió Marianne.-Hubiera sido una lástima que te fueras si te gusta tanto.

-¿Y cómo está el ambiente por la facultad?-quiso saber John de repente.-¿Ya han dejado paso a las nuevas generaciones o todavía sigue dominada por un montón de profesores-dinosaurios?

La chica no pudo evitar soltar una risita con la pregunta de John antes de contestar.

-Sí, en realidad sí.-dijo al fin.-Aún quedan algunos de esos dinosaurios dando Historia del Arte y cosas así, pero la mayoría son profesores jóvenes y abiertos a las vanguardias. Y eso me encanta.

-A mí también.-asintió John.-Creo que estamos viviendo un momento muy importante en el tema del arte y que debemos prestar atención a lo que se está haciendo en nuestros días, aunque muchos lo desprecien... ¿Sabes? Hace poco dieron aquí en Londres un simposio interesantísimo sobre la destrucción del arte.

-¿Fuiste?-preguntó Gwen interesada.

-No, no pude ir... Una lástima, la verdad, porque estuvo fabuloso, según me han dicho... Marianne y yo no estábamos en Londres por esos días y nos lo perdimos.

-Pues sí que es una lástima...

-Vinieron artistas contemporáneos de todo el mundo.-continuó John.

-Hubiera sido fabuloso estar...

-Ya lo creo. Pero no lo doy todo por perdido, ¿sabes?

Tanto Gwen como George le dedicaron una mirada extrañada, sin entender bien lo que John quería decir. Marianne, por su parte, le dedicó una sonrisa. Era evidente que ella sí que sabía por dónde iban los tiros.

-No lo da todo por perdido porque está negociando con uno de esos artistas una exposición en la galería.-aclaró Marianne.-Esta misma semana se enteró de que estaba viviendo aquí y enseguida se puso en contacto para proponérselo.

-Y no os imagináis lo difícil de convencer que es...-rió John.-No sé si es por mí, por su situación personal o porque la galería Indica no le inspira demasiada confianza, pero lo cierto es que no me lo está poniendo nada fácil. No obstante, algo me dice que al final sí que va a aceptar...

-¿Me estás diciendo que vais a exponer en la galería la obra de un artista que ha participado en el simposio?

-Aún no lo sé, pero creo que sí....-sonrió Marianne.-Sería interesante tener una exposición de alguien del grupo Fluxus en la galería...

-¿Del Fluxus?-casi gritó Gwen, entusiasmada.

-Sí, representante del Fluxus.-respondió John.-Y si me dice que sí y si te hace ilusión, Gwen... Yo mismo me las apañaré para que puedas conocerle...

-¡Eso sería fantástico!

-Ya lo creo que lo sería...-sonrió John.-Pero primero, recemos para que acepte hacer esa exposición...

*************************************

John abrió los ojos lentamente sintiendo como un intenso dolor le perforaba la sien. Chris dormía a su lado, tranquila y abrazada a él. Aquella visión le hizo olvidar por unos instantes la inmensa resaca que tenía. Y es que en aquellos momentos sólo podía pensar en que la noche anterior había celebrado uno de los mejores cumpleaños de su vida junto con Ringo, Mary, los compañeros de reparto y ella y en cómo la quería... Parecía imposible que el loco de John Lennon fuera capaz de amar a alguien tantísimo, de tener esas inmensas ganas de estar con ella a cada rato y de querer cuidarla por encima de todas las cosas.

-Buenos días, vejestorio...-susurró ella de repente, sin haber abierto ni siquiera los ojos.

-Buenos días, pequeña.-le contestó él dándole un beso en el pelo.-¿Qué tal?

-Creo que me voy a morir de la resaca... Sólo con pensar con que me tengo que levantar...

La chica soltó un resoplido molesta y ocultó el rostro contra el pecho de John, como si así pudiera evitar que llegara el momento de levantarse. Él soltó una risita entre dientes, divertido ante aquella reacción.

-¿Y a ti quién te ha dicho que hoy nos tenemos que levantar?-le preguntó mientras le acariciaba el pelo.-Porque si tan pocas ganas tienes, por mí, pequeña, nos quedamos aquí en la cama todo el día, los dos.

Chris levantó la cabeza y le dedicó una mirada traviesa.

-Es una idea fabulosa...-sonrió dedicándole una sonrisa igual de juguetona que su mirada.-Y además, creo que estaba exagerando respecto a lo de mi resaca... Mira por dónde, ya me encuentro bastante bien...

Y sin que a él le diera tiempo a decir nada más, Chris bajó de nuevo la cabeza y empezó a cubrirle todo el pecho de besos. Sí, a él también se le había pasado la resaca de repente.

*******************************************

Gwen apenas podía contener su alegría mientras se apresuraba a cambiarse a toda prisa. Hacía poco menos de un cuarto de hora que John Dunbar la había llamado y le había preguntado si le apetecía conocer a alguien. Gwen, entusiasmada porque ya sabía de qué alguien se trataba, le había contestado con un  emocionado y John se había limitado a reír y a decirle que en veinte minutos pasaría a por ella.

Apenas había acabado de ponerse los zapatos, el timbre de la casa sonó y Gwen se apresuró a salir corriendo a abrir, ante las risas de George, que estaba practicando con su sitar en el comedor.

-¿Tú no vienes?-le preguntó a su novio cuando lo escuchó reírse.

-No, ve tú. Yo estoy practicando con esto.-le contestó él sonriente a la vez que señalaba el instrumento con la cabeza.

Gwen asintió y salió corriendo fuera de la casa, donde John Dunbar ya la estaba esperando con el coche en marcha.

-¡Gracias John!-exclamó ella cuando se metió en el interior del coche.

-De nada.-rió él a la vez que se ponían en marcha.

-Oye... ¿me podrías decir al menos el nombre del artista?-preguntó ella, curiosa.

-No.-rió él.-Ya lo sabrás cuando lleguemos.

-Por favor...-suplicó ella.

-No insistas.-contestó John divertido.-Dentro de poco lo sabrás.

Sintiéndose quizás un poco decepcionada, Gwen decidió no insistir más en lo que le quedaba de viaje, así que se limitó a seguirle el juego a John y a conversar con él sobre cosas banales hasta que, por fin, llegaron enfrente de la galería Indica. Bajaron del coche, ella nerviosa como pocas veces en su vida lo había estado, y John abrió con su juego de llaves las puertas de la galería, que estaba cerrada.

-¿Preparada?-preguntó a la vez que abría la puerta.

Gwen asintió con la cabeza a la vez que entraban y entonces la vio. Allí, casi en el centro de la galería y frente a una mesa, estaba sentada una mujer baja, delgada, morena y de rasgos marcadamente orientales que parecía tremendamente concentrada delante de una hoja de papel en blanco.

-Hola.-saludó John.

La mujer levantó la cabeza y los miró, seria, como si hubieran cometido un inmenso delito al desconcentrarla   de repente. Gwen no pudo evitar sentirse intimidada ante aquella mirada, pero aún así, su curiosidad era tal que no le hizo mucho caso a aquello. Al parecer, John tampoco tuvo en cuenta la expresión de la mujer y empezó a caminar decidido hacia ella. Gwen decidió seguirle.

-Quería presentarte a alguien.-dijo John cuando se pusieron frente a ella.-Es amiga mía, estudiante de Bellas Artes y profundamente interesada en lo que estáis haciendo.

-¿Te interesa de verdad o sólo es curiosidad morbosa?-preguntó la mujer esbozando lo que parecía ser un pequeño amago de sonrisa.

-Por supuesto que le interesa de verdad.-se apresuró a responder John por ella.-En fin... Te presento a Gwen Montrose.

-Encantada.-titubeó Gwen aún impresionada por lo que le estaba pasando.

-Igualmente.

-Y Gwen...-continuó John.-Te presento a una de las máximas representantes del movimiento Fluxus, Yoko Ono.




Qué os creías? Que no iba a salir la Yoko? jajajaja. Bueno, pues sí ha salido y saldrá más, así que... :S En fin que espero que os haya gustado el capi y perdón por el retraso. He andado toda la semana haciendo un cursillo (bastante interesante, por cierto) y apenas he tenido tiempo para sentarme a escribir, así que... Pero bueno, ya estoy aquí! :)
Muchas gracias por leer y por comentar y disfrutad del fin de semana! Besos!!!!