miércoles, 10 de abril de 2013

Capítulo 83: Linda


Era paradójico. Llevaba semanas enteras planeando lo de aquella maldita rueda de prensa en la que sólo había creído él y, en aquellos momentos, mientras los periodistas les acribillaban a preguntas, le estaba dejando llevar las riendas de las respuestas a John, quien de cuando en cuando soltaba algún que otro comentario irónico muy en su línea que dejaba completamente descolocado al pobre periodista que había formulado la pregunta. Lo cierto era que no sabía si estaba haciendo bien o mal, pero en aquellos momentos le daba bastante igual si su amigo hablaba más de la cuenta o no; él sólo se limitaba de cuando en cuando a contestar a alguna pregunta y a hacer algún que otro comentario banal sobre el asunto de Apple, nada más. Y es que en aquellos momentos Paul estaba más pendiente de otra cosa que de la rueda de prensa en la que tanto había insistido.

Había visto a Linda nada más había hecho su aparición con John en la sala, antes incluso de tomar asiento, allí, con su cámara en la mano, a pocos metros de él, preciosa y sonriente. Pese a que sabía que la chica era americana, Paul no esperaba para nada verla allí en la rueda de prensa. Y, pese a que hacían un año que no se habían visto y que apenas se acordaba de ella, Paul sintió como el corazón le daba un vuelco cuando sus ojos se encontraron. Fue una sensación brutal, que le sacudió por dentro, fuerte, muy fuerte e incontrolable, una sensación que nunca había tenido antes pese a que hubiera tenido montones de relaciones antes.

Así pues, Paul estaba más pendiente de Linda que de las preguntas que lanzaban los periodistas, más pendiente de pensar cómo iba a ingeniárselas para hablar con ella a solas después de aquello que de la propia rueda de prensa. Por eso, cuando se puso punto final a todo aquel circo, Paul se puso en pie casi de un salto, contento pero a la vez temeroso por si sus planes fracasaban y la no volvía a ver.

Pasaron entre una marabunta de periodistas que insistían preguntándoles cosas aunque ya no tuvieran turno de palabra. Paul lanzó una mirada furtiva hacia el sitio en donde ella había estado sentada hasta esos momentos y sintió como la decepción lo invadía cuando no la vio allí. A saber dónde estaría…

-¡Paul!

Pese a que en aquellos momentos quizá había decenas de personas llamándole, Paul reconoció aquella voz enseguida: era ella, de eso no le cabía ninguna duda. Se volvió hacia donde provenía aquella voz y no pudo evitar esbozar una sonrisa de oreja a oreja cuando vio a Linda intentando abrirse paso entre los periodistas que se interponían entre los dos.

-¡Toma!-gritó ella alargando su brazo hacia él.

Paul miró su mano. En ella tenía un papelito escrupulosamente doblado. Volvió a mirar a Linda, perplejo, dudando en si debía agarrar aquello o no. Ella, simplemente, se limitó a asentir con la cabeza a la vez que esbozaba una inmensa sonrisa. Y entonces, sin pensárselo dos veces, Paul le agarró el papelito justo en el momento en el que otro fotógrafo se ponía delante de la chica sin ningún miramiento y la hacía retroceder de nuevo.

-Salgamos de aquí cuanto antes, Macca.-le dijo John detrás de él en voz baja para que sólo le pudiera escuchar él a la vez que le daba un leve empujoncito para animarlo a caminar.

Paul miró una vez más hacia la multitud intentando ver de nuevo a Linda en vano. Bufó molesto, se volvió hacia John y asintió con la cabeza. Sí. Sería mucho mejor irse cuanto antes.  Allí ya no tenían absolutamente nada qué hacer.

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John no pudo evitar soltar una carcajada cuando vio por encima del hombro de su amigo el contenido del papelito que le había dado esa fotógrafa.

-¿Y tú de qué mierdas te ríes?-preguntó Paul molesto escondiendo repentinamente el papelito cuando se dio cuenta de que John lo estaba espiando.

-Veo que continúas desatando pasiones entre las nenas, Paulie, siguen dándote sus números de teléfono para que las llames y les hagas hijos.-rió él.-Y tranquilo, hombre, no hace falta que te escondas el papel, no te la voy a levantar, si es eso lo que te preocupa.

-Vete a tomar por culo, Lennon.-le espetó Paul.-¿Es que siempre tienes que meterte en todo?

John se limitó a encogerse de hombros a la vez que se sacaba una bolsita con un par de porros ya liados del bolsillo de su pantalón.

-Me divierte meterme contigo, ya lo sabes.-bromeó.-Anda, fúmate uno de estos y verás como te tranquilizas un poco.

Paul esbozó una sonrisa por la broma mientras agarraba el porro que le tendía John. Hubo unos segundos de silencio mientras John sacaba su encendedor y le prendía fuego a su porro.

-Por cierto…-murmuró con el porro en la boca a la vez que le daba fuego a Paul.-Esa chica, la que te ha dado el papelito…

-Joder, tío, ¿te has dado cuenta de eso?

John soltó una risita divertido.

-Digamos que muy disimulado no lo ha hecho.-contestó antes de darle una profunda calada a su porro.-Sea como sea, el caso es que la chica esa me suena mucho…

Paul se quedó mirando a John durante unos instantes. Aprovechó aquellos momentos para fumar también, distendido.

-Debería sonarte.-dijo al fin antes de exhalar el humo de su porro.-Es Linda Eastman, la fotógrafa. Vino a la presentación del disco y estuve hablando con ella un rato.

-¿A la presentación?-preguntó John levantando una ceja extrañado.-De eso hace ya un año justo…

-Sí, exactamente un año. Pero… Supongo que eso da igual en estos momentos.

John soltó una sonora carcajada cuando escuchó las palabras de Paul.

-O sea que, traduciendo, esa chica te gusta, ¿verdad?-concluyó John cuando acabó de reír.

Paul sólo pudo esbozar una sonrisilla soñadora a la vez que asentía con la cabeza. En aquellos momentos le parecía una estupidez negarle a John lo que era más que evidente.

-Pues… ¿sabes una cosa?-continuó John.-Yo creo que también le gustas, así que… Casi que mejor que me acabo este porro yo solito en mi habitación y te dejo tranquilito para que hagas una llamada importante.

Y, sin decir nada más, John le dedicó un guiño y salió de su habitación mientras silbaba una melodía improvisada.

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-¡Georgie!

A George apenas le dio tiempo a ver nada más antes de que Gwen se abalanzara sobre él y se colgara de su cuello para, a continuación, darle un intenso beso en los labios, dulce y alegre, como ella.

-Ey, hola, bonita. ¿A qué viene esta efusividad?-rió el chico cuando ella separó sus labios de los suyos.

-Adivina.-dijo ella juguetona.

George apoyó su dedo en la barbilla, fingiendo ponerse pensativo.

-Mmmmm… Déjame adivinar… ¿Te han propuesto hacer alguna exposición?

-No, no.-contestó Gwen divertida.-Nada más lejos de la realidad. Prueba otra vez.

-Soy muy malo con las adivinanzas, Gwen…

-Venga, bobo, prueba de nuevo.-insistió ella risueña.

-No sé… Veamos…-murmuró George haciéndose un poco el remolón.-¿Una súper nota en un examen de la universidad?

-¡No he hecho exámenes aún, bobo!-rió Gwen.

George soltó un bufido exasperado. Cuando le había dicho que odiaba aquellos jueguecitos lo había dicho completamente en serio.

-Ni idea.-dijo finalmente mientras se obligaba a sí mismo a forzar una sonrisa.-Dímelo tú.

-Hay que ver lo poco que te gusta pensar, ¿eh?-bromeó la chica.-Vale, va, te lo diré… Hemos recibido una carta digamos que bastante especial.

George frunció el ceño y la miró sin comprender a qué se estaba refiriendo su novia.

-¿Cómo que una carta? ¿De quién?

La risita que soltó la chica lo dejó aún más descolocado. Le intrigaba el hecho de que Gwen estuviera actuando como si debiera conocer la respuesta sí o sí y él, por su parte, no tuviera ni idea de lo que le estaba hablando.

-¡Pues de quién va a ser!-le respondió Gwen finalmente.-A ver, George, ¿de quién estábamos esperando una respuesta?

No hizo falta que Gwen le dijera nada más pues, inmediatamente, una lucecita se encendió en su mente. No pudo evitar soltar una sonora risotada al darse cuenta de lo obvia que era la respuesta y lo que le había costado adivinarla. Aquella carta debía de ser del Maharishi, sin duda alguna. Era, de hecho, el único correo importante que estaban esperando Gwen y ella.

-¿Es suya?

No hizo falta ni siquiera que aclarara nada más pues la chica asintió con la cabeza un par de veces, efusiva.

-¿Y qué…?-empezó a preguntar él.

Gwen volvió a sonreír de oreja a oreja. No hacía falta ser muy listo para saber que a respuesta había sido positiva.

-Sin rencores.-contestó ella.-Entiende que nos desilusionáramos al principio y se alegra mucho de que sigamos fieles a los principios de la meditación.

-¿De veras?

-¡Sí! ¿A que es fantástico?

Por toda respuesta, George se dejó llevar y le dio un beso a la chica. Aquella era una buena noticia, de las mejores. Y es que, pese a que quizás jamás volvieran a ser los discípulos del Maharishi que habían sido antes, por lo menos se sentía con muchos menos remordimientos por haberse ido de la India como se habían ido. Se sentía, por así decirlo, mucho más liberado y aquello le hacía sentirse mucho más feliz.

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¿Por qué no decirlo? Estaba realmente nervioso, caminando de un lado a otro de la habitación, como un gato encerrado. Lo peor de todo era que no podía hacer nada por evitarlo. Desde que la había llamado nada más John se había ido de allí y, lo que era más importante, desde que ella había accedido a ir a verle, Paul se había puesto hecho un manojo de nervios. Quizás el hecho de saber lo que iba a pasar entre los dos casi con total seguridad hacía que esa ansiedad que sentía dentro aún fuera mayor.

Por eso, cuando el teléfono de la habitación sonó Paul casi dio un salto de pura sorpresa. Casi corriendo, pues se encontraba en la otra punta de la habitación, se dirigió hacia el teléfono y descolgó.

-¿Sí?-contestó.

-Buenas tardes, señor, le llamo de la recepción del hotel.-le respondió al otro lado un hombre con voz grave. A Paul no se le escapó el detalle de que hubiera evitado decir su apellido en voz alta.-Disculpe las molestias, pero aquí hay una señorita que quiere subir a verle. Asegura que tiene usted sabe de quién se trata. Se llama Linda Eastman, señor.

Sólo el hecho de oír su nombre, hizo que a Paul le diera un vuelco el corazón.

-Sí, por supuesto que sé de quién se trata.-dijo Paul en tono cortante.-Dígale que suba, por favor.

Ni siquiera esperó a que el recepcionista le contestara, simplemente colgó sin más. Después, corrió al espejo más cercano casi en un acto instintivo y soltó una sonora carcajada cuando se sorprendió a sí mismo colocándose bien uno de los mechones de su pelo. Parecía un adolescente hormonado a punto de recibir la visita de la chica que le gustaba. Sonrió. En realidad, la única diferencia que tenía con un adolescente hormonado en aquellos momentos era la edad.

Apenas le dio tiempo a hacer nada más antes de que sonaran unos leves golpecitos en la puerta. Miró hacia allí a la vez que sentía como el corazón se le aceleraba por momentos. Parecía mentira, pero ni ante el más multitudinario de los conciertos que había hecho hasta entonces se había encontrado así.  Otros dos golpecitos insistentes lo sacaron de su ensoñación. Entonces, tragó saliva, dibujó en su cara una de sus mejores sonrisas y abrió la puerta.

Allí estaba ella, bonita como nadie, sonriente y mirándolo de manera penetrante, tanto que Paul tuvo la sensación de que era capaz de ver incluso dentro de él. Él le devolvió la sonrisa, sincero.

-Me alegro de que hayas venido.-dijo con voz suave.-Pasa.

Paul se hizo a un lado para que Linda pasara y, a continuación, cerró la puerta detrás de ellos.

-Yo también me alegro de que me hayas invitado.-le contestó ella volviéndose hacia él, casi en un susurro.

-Llevo un año queriendo hacerlo.

Los dos quedaron cara a cara, mirándose, escrutándose el uno al otro. Era perfecta. Había pensado eso mismo antes de muchas otras mujeres pero ahora era consciente por primera vez en su vida de lo equivocado que había estado. Podría parecer precipitado, loco, pero Paul quería a esa chica. La quería a su lado y la quería ya. Por eso, casi sin darse cuenta de lo que estaba haciendo y sin decirse nada más, Paul se lanzó a besarla, apasionadamente, con ganas, como si jamás en su vida hubiera besado a nadie antes. Ella le respondió con la misma intensidad y rodeó sus brazos alrededor de su cuello.

-Y llevo toda una vida queriendo hacer esto…-susurró Paul cuando sus bocas se separaron apenas unos milímetros.

Por toda respuesta, Linda a dedicarle una amplia sonrisa y a hundirle la mano en el pelo antes de volver a pegar sus labios contra los suyos. Sin pararse de besar ni un solo instante, los dos se dirigieron a tientas hacia la cama y se dejaron caer sobre ella, acariciándose y sintiéndose el uno al otro.

-Creo que te quiero, Paul McCartney.-murmuró Linda de repente, nada más se dejaron caer sobre la cama.-Y creo que te quiero mucho.

-Yo no sólo lo creo, Linda Eastman.-le contestó él con una sonrisa juguetona.-Yo simplemente te quiero.

Y nada más decir esto, Paul volvió a pegar sus labios a los de la chica y empezó, ahora sí, a desabrocharle los botones de su blusa a tientas, con delicadeza. Sonrió para sus adentros al pensar en lo caprichoso que era el destino habiéndolos unido de nuevo a los dos.

Sí, definitivamente, ir a Nueva York había sido la mejor idea que había tenido en toda su vida.

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-¡Martha, loca, no me saltes así encima o me vas a matar, que eres más grande que yo!-exclamó Chris entre risas intentando quitarse de encima a la perra, que saltaba a su alrededor contenta por verla.

A duras penas consiguió entrar en casa de su hermano y cerrar la puerta tras ellas mientras Martha aún saltaba y lanzaba pequeños ladridos emocionada.

-¿Qué te pasa, bonita?-le preguntó Chris mientras le acariciaba la cabeza.-¿Te has cansado de estar sin tu dueño todo el finde?

La respuesta de Martha fue un enorme lametazo en toda la cara que hizo reír a la chica a carcajada limpia. Después, le dio otra caricia en la cabeza y se puso de pie nuevamente para dirigirse a la cocina. Paul no tardaría en llegar de Estados Unidos y ella había quedado en verse con él allí, en su casa, por petición de su propio hermano. La verdad era que en un principio le había sorprendido aquella propuesta. Paul jamás había tenido prisa por aquellos reencuentros y muchísimo menos si sus estancias fuera habían sido tan sólo de un par de días. No obstante, después de pensarlo bastante, Chris llegó a la conclusión de que seguramente Paul quería verla por algún motivo. No tenía ni idea de qué era, pero estaba segura de que, o bien quería mostrarle algo, o bien quería decirle algo importante.

Después de comprobar que el ama de llaves de Paul había dejado ya una cena para dos hecha y de ver que ya no tenía nada que hacer excepto esperar a su hermano, entró en el comedor y encendió la tele casi de manera autómata antes de dejarse caer en el sofá. Miró con apatía los anuncios que estaban pasando en aquellos momentos mientras acariciaba a Martha, que se había acostado a su lado en el sofá. Ya estaba a punto de ponerse en pie de nuevo y apagar el televisor cuando, de repente,  empezó uno de los avances informativos que daban de cuando en cuando noticias de última hora. Inmediatamente, nada más oír la sintonía, fijó toda su atención en el televisor: si era una noticia de última hora que ella debía de tratar a la mañana siguiente, más le valía estar todo lo mejor informada posible. Pero, no, se equivocó por completo. Aquella noticia no la debería tratar al día siguiente porque no correspondía a su sección, aunque a decir verdad, le interesaba tanto o más que las otras. Y es que el presentador estaba anunciando a bombo y platillo la llegada a Londres de John Lennon y Paul McCartney después de su exitosa rueda de prensa en Nueva York para anunciar su nuevo proyecto. Pasaron unas imágenes recién grabadas de su hermano y John. Inconscientemente sonrió cuando vio a este último y, después, borrando la sonrisa de su cara lanzó un fuerte suspiro. Cerró los ojos y apoyó la cabeza en el respaldo del sofá, pensativa. Allí, precisamente allí donde estaba sentada en esos momentos, había vivido también un montón de momentos felices con él…

Apenas fue consciente de que se había dormido hasta que no sintió como alguien la zarandeaba levemente. La chica abrió los ojos sobresaltada y se encontró con un sonriente Paul que la miraba divertido.

-Enana, enana…-dijo.-Quedo contigo con la intención de que me des un recibimiento como es debido y te encuentro durmiendo en el sofá como una marmota.

-¡Paul!-exclamó la chica sonriendo también.-¡Ya has llegado!

-Ahora mismo he entrado en casa.-le contestó él.-¿Cómo estás?

-Yo genial después de esta minisiesta que me he pegado.-bromeó ella.-¿Y tú? ¿Cómo te ha ido por Nueva York?

Paul esbozó una inmensa sonrisa pícara que hizo que Chris lo mirara extrañada. Lo conocía demasiado y sabía que algo ocultaba, aunque tenía la sensación de que no iba a guardar el secreto por mucho tiempo.

-¿Qué?-insistió ella un tanto mosqueada.-¿Y esa sonrisa? ¿Has encontrado oro o algo así?

-Pues… Quizás haya encontrado algo mucho mejor que el oro, hermanita.-contestó él sentándose a su lado.

La chica levantó las cejas y se quedó mirándolo, interrogativa.

-No me jodas que hay una…-empezó a decir ella escéptica.-¿Chica?

-A veces me asustas.-rió Paul.-¿Acaso has enviado a un espía detrás de mí?

Chris soltó una carcajada ante la repentina revelación de su hermano.

-Vaya, o sea, que hay una chica.-dijo con una sonrisilla burlona.-Paul McCartney, el tío más enamoradizo del mundo mundial, vuelve a hacer de las suyas.

-Te aseguro que esto no es sólo un capricho de tío enamoradizo.-contestó Paul guiñándole un ojo.

-Deberías pagarme cada vez que te oigo decir eso, Paulie.-rió ella revolviéndole el pelo, divertida.-Creo que a estas alturas ya sería más rica que tú.

-Cállate, boba.-le replicó Paul molesto.-Esta vez hablo en serio, te lo juro.

-Vale, vale, no te enfades ahora.-le respondió ella.-Venga, va, cuéntame cosas… ¿Quién? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué?

Esa vez fue Paul el que soltó una risotada ante la avalancha de preguntas de su hermana.

-No te voy a responder ni a la mitad de las preguntas, enana.-le replicó.-Sólo te voy a decir que tú la conoces, que esto va mucho más allá a un simple “me gusta”  y que creo que va para largo.

-Un momento, un momento…-le interrumpió ella contrariada.-¿Has dicho que yo la  conozco?

-Bueno…-masculló Paul.-Conocer, conocer, no la conoces, pero sabes quién es.

-Que me ahorquen ahora mismo si me he enterado de algo…

-Quiero decir que jamás has hablado con ella, creo, pero que sí que la has visto…-aclaró Paul.-Es… A ver, ¿te acuerdas de esa fotógrafa que estaba hablando conmigo en la presentación del Sgt. Pepper hace un año?

-Como para acordarme…-dijo la chica contrariada.-Te aseguro que el año pasado ocurrieron demasiadas cosas en mi vida para que mi mente retenga ese tipo de detalles, Paul.

Paul le dedicó una sonrisa amarga.

-Bueno, de todos modos estoy seguro de que sabrás bien quien es cuando la veas de nuevo…-le aclaró.-Se llama Linda, Linda Eastman. Y creo, hermanita, que me he enamorado como un tonto de ella.

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-Decidme una buena razón por la que me hayáis hecho levantarme antes del mediodía.-dijo Ringo mirándolos a todos.-Vladis nos ha dado una nochecita genial y como no se os ocurra un buen motivo por el que yo deba estar aquí y no durmiendo como un tronco, os juro que cometo un triple asesinato.

Paul, John y George soltaron una sonora carcajada cuando escucharon aquello. No obstante, Ringo se mantuvo imperturbable.

-¿Acaso no quieres saber cómo nos fue la rueda de prensa de Nueva York?-preguntó Paul divertido.

-Me lo contasteis por teléfono.

-Pero no te contamos los detalles…

-He vivido sin los detalles un par de días, supongo que hubiera sido capaz de aguantar hasta la tarde.-masculló Ringo ante la mirada burlona de los demás.

-¿Ni siquiera los detalles de cómo Paul aprovechó el viaje?

La pregunta de John pilló a todos por sorpresa. Tal vez Ringo no le hubiera prestado más atención a aquello a no ser por la mirada asesina que le lanzó Paul a John. Aquello, inmediatamente, hizo que su enfado por aquella repentina reunión con los chicos para hablar de la rueda de prensa y del disco que iban a empezar en unos días, se transformara enseguida en mera curiosidad.

-Lennon, como jamás me cansaré de decirte, eres un bocazas.-casi le espetó Paul antes de volverse hacia los demás y añadir:-Vale, sí, ha habido alguien en este viaje... Ya os la presentaré, cuadrilla de cotillas.

-Pero si nosotros no hemos dicho nada aún…-dijo George divertido.

-Pero lo estáis pensando.-le cortó Paul.-Pero no nos hemos juntado para hablar de mi nueva chica, sino para…

-Ah, que ya es su chica…-rió George lanzándole una mirada significativa a Ringo antes de que los dos estallaran en una carcajada a la que pronto se les unió John.

-Vale, ya.-trató de pararlos Paul.-¿Vamos a hablar del disco o qué?

Sus tres amigos hicieron un esfuerzo colosal para parar de reír a carcajada limpia y, por fin, asintieron con la cabeza.

-Vale, va… -cedió George por fin.-Pero que conste que queremos saber quién es esa chica tuya.

-Hay que ver cómo sois…-refunfuñó Paul.-En fin, empecemos… ¿Ya habéis pensado en los temas que podríamos incluir en el disco?

-Los míos ya los sabéis.-dijo John distraído a la vez que miraba por la ventana.

Ringo tragó saliva antes de hablar. Aquel era el momento y la verdad es que temía un poco a un nuevo desplante por parte de Paul y John.

-A mí me gustaría que grabáramos Don’t Pass Me By y la incluyéramos.-soltó de repente.

Miró a los demás. George, a su lado, le sonreía cómplice, mientras que John y Paul lo miraban estupefactos. Era evidente que no se esperaban una cosa así.

-¿Esa no es la que nos presentaste hace ya unos años?-preguntó John.

-Sí, esa misma.-le contestó Ringo.-La misma canción que me rechazasteis sin ni siquiera acabarla de escuchar.

Lejos de enfadarse, John soltó una risotada ante aquella contestación.

-Por mí, perfecto, incluyámosla.-dijo cuando hubo recuperado el aliento.-Me acuerdo aún de ella y tiene potencial.

-¿Y tú Paul? ¿Qué crees?-preguntó Ringo aliviado por haber pasado el obstáculo de John. No obstante, era consciente de que lo peor estaba por llegar: Paul.

-No sé…-masculló Paul son saber qué decir.-No me acuerdo muy bien, y creo que si entonces ya lo rechazamos es porque…

-Vamos, Paul… -le cortó George de repente.-Hacemos música muy distinta a cuando rechazamos ese tema. Creo que ahora, haciéndole las adaptaciones que le hagan falta, podría caber perfectamente en el disco que queremos hacer.

-Y además, nuestro pequeño Ringo quiere perder la virginidad en esto de presentar canciones compuestas por él.-bromeó John irónico.

Paul se quedó mirándolos a todos durante unos segundos, pensando la respuesta. Por último, fijó su mirada en Ringo, quien se la mantuvo podría decirse que incluso desafiante. Sabía que a Paul le faltaba nada para decir que no, pero no iba a dejarse convencer tan fácilmente esta vez.

-Está bien.-dijo al fin Paul suspirando.-Incluiremos esa canción en el disco.

Ringo le dedicó una mirada incrédula y, después, no pudo evitar sonreír de oreja a oreja. Lo había conseguido. Por primera vez iba a incluir uno de sus temas en un disco, encima en uno de los más ambiciosos de su carrera. Quizá aquello fuera el primer paso para que se le valorara un poco más dentro del grupo y aquello le ponía muy, muy feliz.

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Pese a que aún arrastraba el cansancio del viaje, John estaba convencido de que aquel iba a ser uno de los días más felices de su vida. La reunión con los chicos había sido genial, tenía de nuevo una ilusión bárbara por iniciar un nuevo proyecto y, lo que era más importante, se había decidido aquella misma tarde a dar un paso muy importante. Por eso estaba allí en esos momentos, aparcado justo ante la puerta de la redacción del periódico en el que Christine trabajaba, esperando dentro de su coche a que la chica saliera de trabajar.

El encuentro que habían tenido antes de que él se marchara a Nueva York unos días antes le había dejado muchas esperanzas al respecto. Ella le había dejado entrever que tenía de nuevo las puertas abiertas y él no iba a desaprovechar aquella oportunidad.  Aquellos meses que habían pasado separados lo único que habían hecho eran convencerle aún más de que la amaba con todas sus fuerzas y de que lo único que deseaba en este mundo era volver a estar a su lado.

Estaba sumido en esos pensamientos cuando, de repente, la puerta del edificio se abrió y apareció ella. John se quedó mirándola, ensimismado, sintiendo como por unos instantes, el mundo se detenía a su alrededor.

Chris, por su parte, no tardó en ver el coche y paró de caminar en seco, visiblemente sorprendida. Por unos segundos, John temió que se fuera de allí y se escapara de nuevo pero, entonces, la chica le dedicó una cálida sonrisa y se dirigió hacia el vehículo, contenta.

John sonrió. Posiblemente tuviera razón y aquel se convirtiera en uno de los días más felices de su vida.



Hola gente!!!! Qué hay?? Pues yo aquí vengo de nuevo, a dejar este capi que bueno… Prometo que el siguiente será mejor, o por lo menos, eso intentaré, jajaja.

Bueno, como siempre muchas gracias a todos por estar ahí leyendo y comentando. Gracias a mi María, a Zíngara y a mis anónimos (anónimos que hablan inglés o español, me da igual porque todos sois geniales y merecéis que os quiera muuuuchoooooo). Siento no tener mucho tiempo para pararme comentario por comentario, pero sólo aclarar que sí, que respecto a lo que alguien me preguntaba sobre la foto del final, que sí, que es Strawberry Field en el Liverpool de mis amores. Lo que pone está escrito en catalán, mi lengua materna, y es un “Gràcies per la vostra música” (o sea, un Gracias por vuestra música aunque no haga falta mucha traducción). En Abbey Road también he estado y he estampado mis firmas por aquel muro repleto de escritos aunque aquí en el blog no está la foto, jejeje.

Y en fin… Muchas thanks a todos y a todas y buenas noches, que aquí es muyyyy tarde y me voy a dormir ya! Besotes!

lunes, 1 de abril de 2013

Capítulo 82: Un paseo por el parque

Gwen se dejó caer pesadamente sobre el sofá del salón a la vez que soltaba un bufido. Llevaba unos días, prácticamente desde que habían regresado de la India, con un humor de perros, dándole vueltas y más vueltas a una misma cosa: cómo habían dejado al Maharishi y la manera en que se habían ido. Lo cierto era que que se sentía enormemente culpable por aquello, culpa que que iba en aumento a cada día que pasaba. Aquello la ponía irascible, contestona y apática. Pero ella no era la única que estaba así pues George también estaba igual, aunque a Gwen no le quedaba muy claro si el mal humor de su novio se debía a su salida de Rishikesh o bien al tema de la rueda de prensa que John y Paul iban a dar en Nueva York sobre Apple, cosa que tampoco le había sentado demasiado bien. Fuera como fuera, la verdad era que tanto uno como otro llevaban unos cuantos días en los que sólo les faltaba morder.

-Buenos días.

El saludo de George hizo que Gwen mirara hacia la puerta del salón. Efectivamente, el chico acababa de aparecer por allí, aún con el pijama puesto y el pelo revuelto.

-Buenos días.-le devolvió ella el saludo.-¿Ya te has levantado?

George asintió con la cabeza, todavía soñoliento.

-¿Hay algo para desayunar?-quiso saber.

Aquella pregunta hizo que Gwen esbozara una sonrisa. George, como siempre, pensando en la comida.

-No he preparado nada.-negó ella.-Pero ya sabes, la cocina está llena de comida.

-Pillaré unas galletas o algo...-dijo George desapareciendo nuevamente por la puerta.

Gwen volvió a apoyar su espalda en el respaldo del sofá y cerró los ojos, intentando dejar su mente en blanco. Justo cuando estaba a punto de quedarse dormida, escuchó como George entraba de nuevo en el salón. La chica abrió los ojos y lo miró. Tenia un paquete de galletas en la mano y comía despreocupado.

-¿Quieres una?-le ofreció el chico cuando vio que abría los ojos.-Están buenísimas.

-No, gracias.-respondió ella con una sonrisa.-Yo ya he desayunado.

-Como quieras, aunque tú te lo pierdes...-contestó George encogiéndose de hombros antes de sentarse a su lado en el sofá.

-George...-se quejó ella.-Vas a ponerlo todo perdido de migas... ¿Es preciso atiborrarte de galletas en el sofá?

El chico le dedicó una mirada extrañada antes de contestar nada.

-¿Y a ti desde cuando te importan esas cosas?-preguntó al fin.-Vamos, Gwen, son migajas. Después se limpian y ya está.

-No las tendríamos que limpiar si tú comieras en la mesa como hacen las personas normales.-le replicó ella enfurruñada.

-Es que yo no soy normal.

Lejos de hacerle gracia aquel comentario, Gwen le dedicó una mirada severa a su novio. George, por su parte, abrió los ojos un poco más y se quedó mirándola.

-Oye, cariño...-masculló al fin mientras mordisqueaba otra galleta.-¿Qué te pasa? Estos días...

La pregunta hubiera incluso parecido seria si George no la hubiera formulado con la boca llena. Aquella escena cómica hizo que Gwen olvidara de repente su enfado y soltara una risita, divertida.

-Tú tampoco estás de un humor excelente precisamente.-dijo al cabo de unos segundos sin borrar la sonrisa de su cara.

George simplemente se limitó a encogerse de hombros antes prácticamente de engullirse otra galleta.

-Lo mío es una mezcla de todo...-masculló al fin.-Pero a ti... ¿qué te pasa?

La chica lanzó un suspiro antes de contestarle. Debería contárselo todo: sus culpas, sus preocupaciones. Al fin y al cabo, George y ella tenían una confianza total y estaba segura de que contárselo la liberaría aunque sólo fuera un poco.

-Es que...-dudó.-A veces pienso en cómo nos fuimos de la India y...

-Entiendo.-le cortó George.-¿Sabes? A mí me pasa lo mismo. A veces pienso si no la cagamos. A fin de cuentas nosotros no sabemos a ciencia cierta si lo que decía la tal Rosalyn esa era cierto o no, por muy convencidos de ello que estuvieran John y Alex.

-Creo sinceramente que nos precipitamos en todo.-suspiró Gwen.-Nosotros ya estábamos un poco cansados y John, ya ves, tenía unas ganas locas de volverse. Sólo usamos esa mínima excusa para irnos de allí como unos... cobardes.

George calló durante unos segundos y bajó la vista.

-Supongo que tienes razón.-convino al fin.-Ni siquiera le dimos el beneficio de la duda, lo dimos todo por cierto y ya está.

-Me siento bastante mal por ello.-continuó Gwen.-Lo que hicimos no estuvo bien y...

-¿Y qué?-preguntó George al ver que la chica se había interrumpido a sí misma.

-Pues que en realidad yo continúo creyendo en todo eso de la meditación.-suspiró la chica.-El error fue nuestro por pensar que daría solución enseguida a todos nuestros problemas. No tuvimos paciencia.

-Ni tampoco entendimos nada.-continuó George.-Tienes razón, la verdad.

-¿Sabes lo que me gustaría hacer?-preguntó Gwen de repente mirando a George.

-¿Qué?

-Disculparme con el Maharishi.-contestó ella.-Creo que hasta que no lo haga no me sentiré en paz conmigo misma. Lo hicimos mal y creo que le debemos esa disculpa.

George se quedó mirándola en silencio durante unos instantes, pensando en lo que la chica acababa de decirle. De repente, una sonrisa iluminó su cara.

-¿Sabes? De nuevo estás en lo cierto.-dijo risueño.-Deberíamos mandarle una nota o algo. Así por lo menos no nos sentiríamos tan mal.

-¿Lo dices en serio?-preguntó Gwen quien por unos segundos había pensado que George no iba a estar de acuerdo.

-Pues claro que lo digo en serio.-contestó el chico poniéndose en pie casi de un salto.-Voy a por papel y boli. Eso sí, la nota la escribes tú, que a mí esas cosas no se me dan demasiado bien.

Gwen le dedicó una última mirada agradecida a George antes de que saliera del salón. Por cosas como aquella era por lo que lo quería tantísimo. Era, en definitiva, como si fueran almas gemelas.

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-Julian, deja de fastidiar así a Martha o al fina acabará mordiéndote…-dijo John en tono cansado mirando a su hijo, que se acababa de tirar por enésima vez encima de la perra de una manera nada delicada.

-Déjalo, hombre.-intervino Paul.-Ya sabes que Martha no mordería a nadie ni aunque le arrancaran la piel a tiras.

-La piel no sé…. Pero pelos a lo mejor sí que le arrancan unos cuantos.-sonrió John volviéndose de nuevo hacia su amigo.-Por cierto… Siento haber venido con Jules… Ya sabes, me tocaba y… no me podía escapar esta vez…

-¿Pero qué estás diciendo?-le cortó Paul mirándolo con los ojos muy abiertos.-Ya sabes que me encanta estar con el niño.

-No, sí ya lo sé… Yo lo decía porque no podemos hablar tranquilos. Estamos más pendientes de él que de otra cosa.

-Tonterías.-dijo Paul haciendo un gesto con la mano.-No te preocupes por eso. Ya sabes que ya lo tenemos todo cerrado y concertado. En realidad, de lo único de lo que tenemos que hablar es de a qué hora quedamos mañana para ir al aeropuerto. No hace falta ni que nos preocupemos por prepararnos la rueda de prensa. A fin de cuentas, tendremos bastantes horas de vuelo por delante para hacerlo, ¿no crees?

-¿Me estás diciendo que me has hecho venir a toda prisa aquí a tu casa para solamente quedar a una hora mañana?-preguntó John mirándolo sorprendido.-Paul, colega, te informo de que ya se han inventado los teléfonos…

Paul soltó una risita entre dientes cuando vio a su amigo así de indignado.

-Bueno, si te sirve de consuelo pensaba ya en preparar las preguntas y todo eso, pero bueno, después he pensado que para eso aún hay mucho tiempo.-contestó al fin encogiéndose de hombros.-Así que bueno, ya que estamos aquí aprovechemos para tomarnos una cerveza entre amigos. No hay que desaprovechar oportunidades de éstas, ¿no te parece?

-Si tú lo dices…-masculló John antes de darle un trago a su botellín de cerveza, como si las palabras de Paul le hubieran recordado que tenía uno entre manos. Después, en tono más pensativo, añadió:-¿Sabes? Cuando pienso en el viaje a Estados Unidos de mañana sólo siento una pereza inmensa… A veces pienso que Ringo y George tenían razón y no hacía falta ir hasta allí para esto.

-Venga, no seas así, John.-dijo Paul con determinación.-Sólo van a ser un par de días y seguro que acabamos pasándolo genial.

-Te veo convencido, ¿eh?-contestó John soltando una risita.-Pero bueno, esperemos que, como tú dices, no sea tan malo. Brindemos por un viaje más o menos pasable.

-No, Lennon, te equivocas.-repuso Paul.-Brindemos por un viaje genial.

-Pues eso, por un viaje genial.

Los dos amigos alzaron sus cervezas en el aire y, a continuación, dieron un largo sorbo.  Después, Paul esbozó una sonrisa. Pese a que John no estuviera para nada convencido de ello, él, no sabía por qué, tenía la sensación de que aquel iba a ser un gran viaje, un viaje que jamás olvidaría.

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Después de despedirse escuetamente de aquel taxista tan pesado, Christine salió del taxi y respiró profundamente, sintiendo como el aire fresco de mayo le inundaba los pulmones. Por fin se había librado de aquel cotilla. Siempre ocurría igual: o le tocaba un taxista mudo que le hacía pasar el viaje sumida en un incómodo silencio o bien te tocaba el curioso de turno que la reconocía en el acto y empezaba a acribillarla a preguntas cargadas de segundas intenciones. De no ser porque el transporte público ofrecía un panorama incluso peor que aquel, de buen grado hubiera ido en metro hasta casa de Paul. La chica suspiró. Quizá fuera hora de ir planteándose el comprarse un coche propio para poder desplazarse sin ese tipo de problemas….

Sumida en sus propios pensamientos, empezó a caminar en dirección a Cavendish Avenue. Le había dicho al taxista que parara unas cuantas calles más arriba porque le apetecía estirar las piernas. Además, hacía un día demasiado bonito como para pasar directamente del coche a casa de su hermano sin ni siquiera aprovechar para darse un paseo. Caminaba con paso firme, rápido, pero disfrutando del mero hecho de hacerlo. Aquel día se sentía feliz sin tener ni siquiera un motivo para ello. Quizá por eso había decidido hacerle una visita sorpresa a Paul. Dado su estado de ánimo, no le apetecía estarse sola en casa todo el día, teniendo en cuenta que ni Gwen ni Mary habían podido quedar. Además, aquella visita le serviría para desearle un buen viaje a Estados Unidos.

Estaba a punto de torcer la esquina de Cavendish Avenue, cuando, de repente, vio a un niño correr en dirección a ella, a toda velocidad.

-¡Chris!

La chica no tardó ni un segundo en reconocer a un sonriente Julian que se dirigía hacia ella con los brazos abiertos y una sonrisa pintada en la cara. Ni siquiera le dio tiempo a asimilar lo que eso significaba antes de que el chiquillo se abrazara a ella, efusivo. No obstante, aún le dio tiempo a distinguir a John detrás del niño, sorprendido evidentemente por aquel repentino encuentro que él tampoco esperaba.

-¡Hola, campeón!-saludó ella levantando a Julian en brazos y dándole un beso en la mejilla. En aquellos momentos estaba haciendo un verdadero esfuerzo por aparentar normalidad. Julian estaba allí y eso significaba que no podía darse media vuelta e irse sin más.-Vaya… Pesas mucho. Has crecido, ¿eh?

-Seré más alto que nadie, más alto que todos vosotros.-dijo el niño contento. Después, se quedó mirándola durante unos segundos y añadió:-¿Dónde has estado, Chris?

La chica se lo quedó mirando atónita, sin saber qué contestar a aquello. La expresión de Julian denotaba una inmensa curiosidad.

-Supongo que yo también debería preguntar lo mismo que Jules. Hola.

La voz de John a su lado hizo que a Chris le diera un vuelco el corazón. Levantó la vista del niño que aún tenía en brazos y se encontró con sus ojos. John sonreía, tranquilo. Parecía sereno, incluso feliz. Parecía simplemente John y no un mero reflejo de sí mismo.

-Hola, John.-saludó ella.

Sin saber por qué, Chris se encontró devolviéndole la sonrisa. Los dos se quedaron así, en silencio durante unos segundos. No un silencio incómodo como ella habría podido imaginar. Simplemente, no hacía falta decir nada.

-Venimos de ver al tío Paul.-dijo de repente Julian.

-¿De veras?-preguntó Chris apartando la mirada de John y volviendo a mirar al niño.-¿Y qué cuenta el tío Paul?

-No sé, cosas.- contestó Jules encogiéndose de hombros. Aquella respuesta hizo que tanto John como ella soltaran una risita divertidos.

-Siempre ha hablado mucho.-dijo Chris sonriente.-Y ahora, campeón, te voy a soltar ya, que pesas más que yo.

Julian no se quejó para nada cuando la chica lo dejó en el suelo de nuevo.

-¿Sabes? Ahora papá me va a llevar al parque.

-Eso está muy bien.-sonrió Chris antes de dedicarle una mirada de soslayo a John, que no perdía ojo de nada.

-Jugaremos al fútbol.-aseguró Julian contento como si aquello fuera la aventura más grande del mundo. Después, se giró hacia su padre y preguntó:-¿Se puede venir Chris con nosotros, papá?

Aquella simple pregunta hizo que Chris palideciera de repente. Sin saber qué hacer, se giró hacia John para ver su reacción. Él también parecía un poco contrariado, pero, sin embargo, se limitó a encogerse de hombros.

-No sé, Jules…-murmuró él al fin.-Claro que puede venirse, pero a lo mejor tiene cosas qué hacer.

-Sí, iba a ver a Paul yo también, pequeño.-se apresuró a decir ella pasándole la mano por el pelo al niño.-Así que…

-Por favor…-rogó Julian mirándola.-Ven.

Christine dudó por unos momentos. La verdad era que tenía muchas ganas de ver al niño y de estar con él un rato, pero aquello suponía estar también con John. No iba a negar que una parte de ella deseaba con todas sus fuerzas estar con él, pero su parte racional se empeñaba en recordarle que, si aceptaba, iba a vivir una de las situaciones más incómodas de su vida sin necesidad alguna.

-Por favor, Chris…-volvió a repetir Julian dedicándole una mirada suplicante.

-Sí ,eso, por favor. Vente con nosotros.

La chica se volvió sorprendida hacia John nada más le escuchó pronunciar aquellas palabras. Su sonrisa la desarmó en cuestión de milésimas de segundo. De pronto, era como si hubieran vuelto atrás en el tiempo y estuvieran en aquella calle de Heswall en plena noche, mirándose el uno al otro como si jamás se hubieran visto antes, segundos antes de darse aquel beso que marcaría un antes y un después en sus vidas. De pronto era como si John se hubiera convertido de nuevo en aquel chico al que ella jamás había podido negarle nada, aquel chico del que se había enamorado cuando tan sólo era una niña.

-Está bien.-se sorprendió diciendo de repente.-Iré con vosotros.

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Ringo entró en el comedor silbando alegre. Automáticamente, Mary, se giró hacia él y le miró, divertida.

-¿Se puede saber a qué viene esa repentina felicidad?-preguntó mientras él se acercaba hacia ella.

-Viene a que te quiero, princesa.-contestó Ringo antes de darle un beso en los labios.-Viene a que tengo a la mujer y al hijo más guapos del mundo y viene a que ya llega el buen tiempo.

Mary soltó una risita ante aquella avalancha de razones que Ringo le acababa de dar. No obstante, ella sabía que si bien aquellos eran motivos de felicidad, su alegría seguramente se debiera  a otra cosa más directa.

-¿Y por casualidad, señor Starkey, esa felicidad tuya no tendrá nada que ver con la llamada que te acaba de hacer tu gran amigo George hace un momento?

Ringo se puso serio de repente y se quedó mirándola con los ojos muy abiertos durante unos segundos. Mary tragó saliva arrepentida; a lo mejor había metido la pata con aquella pregunta. Pero, justo en el momento en el que ella ya estaba empezando a preocuparse de verdad, Ringo la agarró por la cintura y la levantó en el aire, como si fuera una hoja de papel, a la vez que prorrumpía en una sonora carcajada.

-Princesa, princesa, hay que ver cómo me conoces…-rió antes de estamparle un sonoro beso en los labios y dejarla de nuevo en el suelo.-Creo que ya es hora de que me empiece a asustar por esto. No voy a poder ocultarte nada. Me pillas siempre.

-Espero que nunca haga falta que me ocultes nada, Starkey.-bromeó ella fingiendo amenazarle. Aún sentía un montón de mariposas revoloteándole en el estómago desde que Ringo la había levantado en brazos de repente. Aquellas cosas jamás dejarían de sorprenderle y, a la vez, hacerla feliz.

-Ya sabes que yo no guardo secretos con mi princesita bonita.-le contestó él haciéndose el ñoño, cosa que hizo reír a Mary.-Y sí, la verdad es que sí. George me ha propuesto una cosa que… digamos que me gusta mucho.

-Uhhhh…-dijo ella fingiendo cara de asco.-Espero que no sea una proposición indecente.

-No, tranquila, no te asustes.-rió Ringo.-Creo que por ahora sigo prefiriendo a mi Mary que a George… Ya sabes… Cuando se deja bigote pincha y no es muy agradable darle besos…

-Idiota…-rió la chica dándole un manotazo en el brazo.

-Bueno, ahora en serio.-continuó Ringo.-Me ha propuesto que presente una canción mía para el nuevo disco.  Ya sabes que hay mucho material y que queremos intentar hacer un doble disco…

-Sí, eso lo sé.-sonrió ella.-¿Y a qué te refieres con eso de incluir una canción tuya? ¿A una canción compuesta por… ti?

-Premio para la señorita.-contestó Ringo haciendo una graciosa reverencia ante ella.-Si hay dos discos, habrá dos canciones que yo cante. Lo he hablado con George y dice que cree que puede ser el momento de intentar meter algo mío… ¿A que es fenomenal?

-¡Y tanto!-contestó Mary contagiándose de la emoción del chico.-Pero… ¿Tienes algo a punto?

-Princesa, lo tengo a punto desde el 63.

-¿Cómo dices?-preguntó ella contrariada.

Ringo esbozó una sonrisilla alegre antes de contestarle.

-Hace cinco años compuse una canción, la presenté a los chicos, pero la descartaron.-explicó.-No encajaba mucho con lo que estábamos grabando por aquel entonces, dijeron.

-Entiendo…

-Pero ahora… Quizá se adapte más a lo que hacemos y tenga cabida.-continuó él.-Sólo hace falta pulirla un poco más y hacerle algunos arreglillos y ya está. ¡Canción!

-¡Eso es genial!-exclamó Mary abrazándose a él contenta. No obstante, al cabo de unos segundos, levantó su cabeza del pecho del chico y le dedicó una mirada con el ceño fruncido antes de añadir:-Pero… Estoy muy enfadada contigo, Richard Starkey. Mucho.

Ringo se la quedó mirando contrariado, sin saber a qué venía todo eso.

-¿Qué…?

-¿Qué qué?-repitió ella.-Pues que… ¿Has tenido una canción compuesta por ti durante todo este tiempo y ni siquiera has sido capaz de enseñármela?

Los dos soltaron una inmensa risotada casi al mismo tiempo, él aliviado, ella por la broma que le acababa de colar.

-Tienes razón, no tengo perdón. Soy un mal marido, un mal padre, un mal todo.-contestó Ringo fingiendo hacer un puchero.-Pero… Creo que eso tiene solución, ¿verdad, princesa?

-Supongo que sí…

-Venga, vamos arriba.-sonrió Ringo agarrándola de la mano y conduciéndola hacia afuera del comedor.-Aprovechemos que Vladis duerme para enseñarte esa canción y…

-¡Ritchie!-le cortó ella divertida.-¿No tienes remedio?

-No.-contestó él sonriente.-Ni quiero tenerlo tampoco.

Y riendo, los dos se perdieron escaleras arriba.

*********************************

El breve paseo que habían dado desde donde se habían encontrado hasta Regent’s Park se le había hecho muy corto a John. Y es que, pese a que Chris se hubiera mostrado algo distante con él todavía y su conversación mientras prácticamente corrían detrás de Julian había estado plagada de meros formalismos, a John, el simple hecho de tenerla al lado, tranquila, después de tantos meses, le bastaba para sentirse bien.

Después,  cuando por fin encontraron un lugar bastante solitario del parque lejos de miradas indiscretas y empezaron a jugar con Julian, las cosas se relajaron aún más. Ella, al igual que él, parecía haber decidido olvidarlo todo y limitarse a disfrutar de aquel momento sin más.

No obstante, cuando Julian había descubierto un parque infantil con columpios y toboganes y los había dejado a los dos solos sentados en la hierba por primera vez desde que se habían visto, las cosas volvieron a tensarse un poco entre los dos. Un incómodo silencio se hizo entre los dos; no el silencio propio de los que no tienen nada que decirse, sino el silencio de los que tienen demasiadas cosas que decirse pero no saben por dónde empezar. John le dedicó una mirada de reojo a Christine. La chica parecía estar distraída mientras arrancaba pedacitos de césped delante suyo. No obstante, John sabía que por su mente debería estar pasando un torrente de pensamientos.

-Te envié una carta.

Sólo cuando Chris se volvió hacia él y lo miró con los ojos muy abiertos, John fue consciente de que acababa de pronunciar aquellas palabras en voz alta. Tragó saliva. Quizá aquel no hubiera sido el comentario más acertado en aquellos momentos, pero lo había dicho ya y no había vuelta atrás. Al cabo de unos segundos, ella le apartó la mirada, desconcertada y volvió a concentrarse en la hierba.

-Lo sé.-contestó con un hilillo de voz.-Gwen me la mandó.

-Se lo pedí yo. Espero que no te supusiera ningún problema con ella…

-No, tranquilo.-se apresuró a contestar la chica.-Ningún problema.

Otro silencio. John fijó la vista en Julian, fingiendo que le hacía caso mientras se tiraba por el tobogán. No obstante, estaba demasiado metido en otras cosas como para ser capaz de dedicarle algo más que una mera sonrisa forzada al niño.

-Quise contestarte.-dijo ella de repente sin levantar la vista del suelo. Ahora fue John el que la miró sorprendido: parecía estar abrumada por la culpa.-Pero… No pude. Lo siento.

-No pasa nada.-mintió John. En realidad sí que pasaba, lo había pasado tremendamente mal por aquel silencio de ella, pero en aquellos momentos no quería recriminarle nada. Sólo verla así, le sirvió para entender que ella lo había estado pasando tan mal como él.

-Mientes fatal.-contestó Chris dedicándole una sonrisa amarga.-Y después me dices a mí… Sé que no contestarte fue lo peor que pude haberte hecho. Así que, adelante, tienes mi permiso para decirme lo que quieras.

John lanzó una risita entre dientes.

-No.-negó él.-Eso ya no importa. Ahora limitémonos a vivir el presente y ya está.

Chris se quedó mirándolo durante unos instantes. Después, sonrió.

-Te veo…

La chica se interrumpió de repente y volvió a bajar la vista, avergonzada. Era evidente que no habría querido decir eso jamás pero, como a él anteriormente, el subconsciente le había jugado una mala pasada.

-¿Cómo me ves?-insistió él pese a todo.

Chris volvió a levantar la vista para mirarlo a los ojos.

-Te veo… no sé… -dudó.-Cambiado. Más…

-¿Más…?

-Maduro.

John soltó una risita divertido que pareció desconcertar a la chica.

-Supongo que por fin he crecido.-contestó al fin.-Con veintisiete años ya iba siendo hora de hacerlo, ¿no crees?

Chris rió con él. Pese a que lo había dicho en tono de broma, aquellas palabras escondían una gran verdad. Lo cierto era que él también se sentía más maduro y se alegraba de que ella también lo hubiera notado.

-John…-empezó a decir ella de repente.

-¿Qué?

-En aquella carta…-suspiró.-Dijiste que… Bueno, que ya no te metías nada.

-Es verdad.-contestó él poniéndose serio de repente y mirándola a los ojos.-Bueno… te mentiría si te dijera que ya no fumo porros ni me meto una anfeta de cuando en cuando, pero ácido, cocaína y demás mierdas de esas… Te aseguro que no.

-Yo también te mentiría si dijera que no fumo hierba.-sonrió Chris evidentemente aliviada por la respuesta que le acababa de dar.-Me alegra ver que sí, que definitivamente has crecido.

-Debí de hacerlo mucho antes.-contestó él, sombrío. Iba a añadir un “antes de haberte perdido”, pero se calló en el último momento.

-Bueno.-le cortó ella en tono tranquilizador.-Como tú has dicho antes, eso ya no importa. Limitémonos a disfrutar del presente.

John le dedicó una mirada sorprendido, intentando asimilar el sentido real que tenían aquellas palabras que la chica acababa de pronunciar. ¿Eran imaginaciones suyas o ella le estaba abriendo las puertas de nuevo?

Aún no le había dado tiempo a reaccionar cuando un trueno resonó en el cielo. Chris desvió la mirada y compuso un gesto de fastidio a la vez que miraba como unos inmensos nubarrones negros se acercaban.

-Vaya… Con el buen día que hacía hoy…-masculló la chica poniéndose en pie casi de un salto.-No tardará nada en ponerse a llover, ya lo verás. Casi que será mejor que volvamos a casa si no queremos acabar calados hasta los huesos, ¿no crees?

-Sí, tienes razón. Maldito tiempo…-dijo John también poniéndose en pie, molesto por aquello.-¡Jules, ven! ¡Va a llover! ¡Nos volvemos a casa!

El niño bajó del columpio en donde estaba a regañadientes y se acercó hacia ellos.

-¿Ya? ¡Qué rollo!-se quejó el niño cuando se puso a su altura.

Tanto Chris como él soltaron una risita divertidos al ver el fastidio con el que el niño acababa de decir aquello.

-Tienes razón, hijo.-le contestó John pasándole la mano por el pelo.-Es un rollo esto de tener que volver a casa justo ahora.

Nada más acabó de decir eso, le lanzó una mirada de soslayo a Chris. La chica no hizo señal alguna de haber pillado la indirecta, pero, aun así, John sabía que seguro que lo había hecho. La conocía demasiado bien como para pensar otra cosa.

Sin decir nada más, recogieron sus cosas de la hierba y salieron del parque. Llegaron adonde John tenía el coche y metieron a Julian en la parte trasera justo en el momento en el que una fina llovizna empezó a caer sobre ellos.

-Bueno, lo he pasado muy bien. Nos…

A John el tono que empezó a emplear Christine le sonó escandalosamente a despedida. Por eso, se apresuró a hablar antes de que ella ni siquiera pudiera terminar de articular la frase.

-Te acerco a casa.-dijo con determinación. Chris se quedó mirándolo, un poco sorprendida ante aquel ofrecimiento.-Si… si quieres, claro.

-Bueno…-dudó la chica.

-A lo mejor aún no te apetece que sepa dónde vives…-se atrevió a bromear John. Sabía que estaba tocando terreno delicado, pero si ella aceptaba bien aquella broma, sería una muy buena señal.

La chica rió ante el comentario, cosa que hizo que John se relajara de inmediato.

-No sé, a lo mejor me lo pienso…-bromeó.

-Venga, Christie…-dijo él en tono suplicante.

-Está bien.-cedió ella al fin.-De todos modos está empezando a llover y si no te importa…

-¿Cómo va importarme, tonta?-preguntó John incluso algo indignado por la pregunta. Hacía meses que deseaba que ocurriera una cosa así y ella aún preguntaba que si le importaba.-Venga, sube. Te llevo.

Los dos subieron al coche y se pusieron en marcha. John no pudo evitar sentir una extraña sensación en la boca del estómago cuando ella le dio con total naturalidad su dirección, algo que todo el mundo había estado tratando de ocultarle durante muchísimo tiempo a toda costa, algo que ella misma se hubiera negado a decirle tan sólo unos meses antes. Era evidente que algo muy importante había cambiado. Y había cambiado para bien.

Pese a que el viaje en coche duró poco más de media hora, a ninguno se le hizo pesado, ni siquiera a Julian, que había estado parloteando sin cesar ante la más mínima oportunidad, haciendo que Chris soltara de cuando en cuando una carcajada o algún comentario gracioso que hacía reír al niño y, para qué negarlo, también al padre. De este modo, casi sin darse cuenta, llegaron ante el edificio donde la chica vivía. Nada más detuvo el coche, John se quedó mirándolo, curioso. Allí era donde se había escondido tanto tiempo…

-Sé que no es tan lujoso como el edificio donde viven algunos.-dijo la chica cuando lo vio mirando la finca de aquella manera.-Pero se vive bien.

John se giró hacia ella y la miró. Sonrió cuando vio la expresión burlona que tenía ella.

-Yo no he dicho nada.-dijo suavemente.-Parece acogedor incluso.

-Lo es.-respondió ella.-Bueno, gracias por traerme. Con la que ha empezado a caer, es de agradecer.

-No hay de qué.

La chica le dedicó una última sonrisa e hizo ademán de abrir la puerta.

-Christie…-le dijo él de repente poniéndole una mano en el hombro. Ella se volvió sorprendida ante aquel repentino contacto. Pese a que habían estado juntos un buen rato, era la primera vez que se tocaban. John le dedicó una mirada tierna.-Ha sido una de las tardes más bonitas que he pasado en muchos meses, de verdad.

-Para mí también ha sido…

Chris no acabó ni siquiera de pronunciar la frase. Se interrumpió a sí misma y le dedicó a John una sonrisa tierna. Él la miró, ensimismado, fijándose primero en sus ojos y, después, en sus labios. Conocía perfectamente su sabor, conocía perfectamente todo de ellos, pero, sin embargo, se moría de ganas por volverlos a besar como si nunca antes lo hubiera hecho. Sin separar la mirada de ella ni un solo momento, se acercó un poco más. Quizá había llegado el momento de…

-¡Papá, Chris!

La vocecilla de Julian detrás de ellos hizo que Christine se apartara de él repentinamente y se volviera para mirar al niño como si no hubiera pasado nada. John soltó un respingo de fastidio. Había estado tan cerca…

-¿Qué pasa, Jules?-quiso saber la chica.

-Ese gatito, se está mojando…-contestó él niño señalando por la ventanilla. Efectivamente, allí había un gatito, pequeño y de color canela, corriendo por la acera, mojado por la lluvia a más no poder.

-Pobrecito…-dijo Chris mirando hacia el animalillo.-Pero ya verás como enseguida encuentra un sitio donde esconderse.

-¿Seguro?

-Te lo prometo. Los gatos son listos.-respondió Chris alargando su brazo y acariciando la mejilla de Julian.-Lo he pasado muy bien esta tarde, campeón. Y ya juegas genial al fútbol.

-Lo sé.-respondió el niño como si ella acabara de decir una obviedad.

Christine soltó una risita entre dientes ante la determinación de Julian y se volvió de nuevo hacia John.

-Bueno, ahora sí.-le dijo.-Tengo que irme.

-Como quieras.-contestó él todavía de mala gana por aquella repentina interrupción.-Oye… ¿Crees que cuando vuelva de Estados Unidos…?

-Tal vez.-respondió ella dedicándole una sonrisa esperanzadora.-Adiós, John. Adiós, Julian.

-¡Adiós, Chris!-respondió Julian risueño mientras ella abría la puerta del coche y salía afuera.

John se quedó mirándola con una sonrisa soñadora pintada en la cara. No hacía falta ser muy listo para entender que estaba más cerca de conseguir lo que quería de lo que jamás se hubiera podido imaginar. Y, pese a que aquel día no había podido ser, esa evidencia le hacía sentir muy, muy feliz. Por primera vez desde hacía mucho tiempo, John empezaba a sentirse seguro de sí mismo.

-Hasta pronto, pequeña…-susurró mientras veía como ella se metía dentro de su edificio.-Hasta pronto.




Holaaaaa! Bien! Y aquí vuelvo yo justo después de Pascua. ¿Cómo se han pasado estos días de vacaciones? Espero que mejor que bien, por supuesto que sí.

En fin, este capi, pese a que lo tenía pensado de hace muuuuchoooo, pues digamos que me ha costado de escribir horrores... Espero que no se note demasiado, jejeje. Y bueno, que, como siempre, gracias, chicas, por leer y sobre todo por molestaros en comentar, refeliz que me ponéis. :D

Y por mí, nada más! Nos vemos en el capi 83! 

Besotes! :D


lunes, 25 de marzo de 2013

Capítulo 81: Reconociendo los errores

Christine entró en la redacción del periódico con cara de pocos amigos. Había pasado una noche de perros en la que apenas había podido pegar ojo pensando en lo que el maldito Jordan le había hecho. Ella había creído que era su amigo, que podía confiar en él, pero, por lo visto, se había equivocado. Jordan no era más que un maldito cabrón con ganas de sacar provecho del hecho de que ella fuera famosa. Ahora que lo sabía todo lo veía claro: Jordan siempre había manifestado un interés malsano por todo lo relacionado con los Beatles. Claro que ella al principio sólo lo había asociado a una curiosidad lógica por la novedad de trabajar con la hermana de Paul y por aquel entonces también novia de John, pero quedaba claro que ahí había habido algo más que mera curiosidad: ganas de sacar dinero a su costa.

La identidad del que había  mandado aquella nota que ella había leído por error y que lo había puesto todo al descubierto ya no era ningún misterio para Chris. Al principio, cuando había visto aquella "P." al final había pensado enseguida en la ex de su hermano, Penny, con la que las cosas no habían quedado demasiado bien. No obstante, cuando entró en razón, desechó aquella idea enseguida pues Penny no tenía absolutamente nada que ver con ninguna revista. De hecho, lo último que sabía de ella era que había vuelto a casa de sus padres después de pasar una temporada dando tumbos por ahí y, que al parecer, había cedido a sus pretensiones de convertirse en una hija casi ejemplar para unos miembros de la casi aristocracia como los Rogers. Era paradójico: la indómita Penny, la rebelde, la alternativa, ahora metida de lleno en la alta sociedad inglesa sin rechistar después de haber visto que ganarse la vida por uno mismo no era ni tan bonito ni tan fácil. Ahora, y por eso sabía Chris de su existencia, hasta aparecía de cuando en cuando nombrada en alguna escueta noticia de sociedad que hablaba de tal o cual acto benéfico al que había acudido con su madre. Vale. Quizá todavía le guardara rencor a Paul por todo y que aún siguiera odiando a John con todas sus fuerzas, pero de ahí a que ella estuviera detrás de aquella misteriosa "P." había un mundo.

Pese a todo, Christine no había tardado demasiado en atar cabos y hacer algunas averiguaciones preguntando a sus compañeros de trabajo. Por eso, poco más de media hora después de haber leído aquello, ya tenía más que claro quién había escrito la nota. Sin lugar a dudas debía de tratarse de Patricia Sotherby, la redactora jefe de la revista, podría decirse que hasta sensacionalista, que había sacado la noticia de su ruptura con John. Además, descubrió también que Jordan y ella se conocían seguramente desde hacía bastantes años: no en vano Jordan había estado trabajando durante un tiempo en aquella revista antes de ponerse a trabajar en el periódico.

Con todo aquello más que claro y con la rabia contenida de quien se siente traicionado, Chris tenía unas ganas locas de encarar a Jordan y decirle cuatro cosas. Aquel mequetrefe se equivocaba de plano si creía que no iba a hacer nada al respecto.

Ni siquiera se dio cuenta, de tan metida que estaba en sus propios pensamientos, de cómo había llegado hasta delante de su escritorio. Miró con fastidio hacia la mesa vacía de al lado y comprobó que Jordan aún no había llegado. soltando un bufido, se dejó caer sobre su silla y empezó a revisar el trabajo que tenía pendiente para ese día aunque sin prestarle demasiada atención. Y es que estaba más pendiente de pensar en que Jordan quizá no fuera a trabajar tampoco ese día que de las cosas que estaba leyendo. De repente, unos ruiditos a su lado le llamaron la atención y Chris levantó la cabeza curiosa.

Tal y como había sospechado, se encontró cara a cara con Jordan quien, al parecer, acababa de llegar.

-Buenos días.-saludó el chico esbozando una sonrisa afable que hizo que a Chris se le revolviera el desayuno en el estómago de puro asco. Jordan debió de darse cuenta de su expresión enseguida, pues la miró y se apresuró a añadir:-¿Qué te pasa?

Antes de contestar a aquello, Chris le dedicó una mirada de profundo odio.

-Pensé que tú sabrías qué me pasaba.-le respondió casi escupiendo las palabras.

-Oh...-masculló él bajando la vista avergonzado.-Si es por lo de anteayer... Mira, lo siento. He estado pensando mucho en ello. No debí de precipitarme ni darte aquel beso, ni mucho menos decirte lo que te dije. Siento haber confundido las cosas, de verdad.

-¿Confundir?-preguntó Chris indignada al ver la cara dura que tenía. A ver: aquel tío la estaba engañando por detrás y se estaba comportando como un gran tipo delante de ella. Aquello le daba asco, simplemente asco:-Sí, Jordan, te has confundido. En todo.

El chico le lanzó una mirada interrogativa. Al parecer, aquella actitud tan a la defensiva por su parte le había pillado por sorpresa.

-Ya te he dicho que lo siento.-repitió él de nuevo intentando mantener la serenidad.

-¿También sientes haber ganado dinero a mi costa, maldito bocazas traidor?-le espetó ella de repente con agresividad. No podía contenerse por un segundo más.

Nada más oír aquello, Jordan se puso blanco como la cera y negó con la cabeza, confundido.

-¿Cómo dices?-logró preguntar al cabo de unos segundos con un hilillo de voz.

-¿Quieres que te lo explique mejor?-dijo ella.-¿Quieres que te recuerde que le diste el soplo de que John y yo habíamos roto a Patricia Sotherby?

-¡¿Pero qué estás diciendo?!-casi exclamó él nervioso.-Yo no...

-Lo sé todo, así que no te molestes en negármelo.-le cortó Chris.

-¡No tengo ni idea de lo que estás diciendo!-gritó Jordan haciendo que, ahora sí, todas las miradas de los que estaban en los escritorios cercanos se posaran en ellos.

Mirando todo aquello, Chris soltó un bufido molesta. Lo último que quería en esos momentos era montar un espectáculo delante de todos, así que, sin más, se puso en pie.

-Por tu bien más vale que vengas conmigo. Ahora.-le ordenó a Jordan en voz baja antes de ponerse a andar en dirección a la puerta.

No se detuvo ni miró hacia atrás hasta que llegó a un pasillo desierto a aquellas horas de la mañana. Entonces, se paró, se apoyó contra la pared y comprobó que, efectivamente un aturullado Jordan venía detrás de ella.

-No sé de qué coño hablas.-le dijo él con voz temblorosa cuando ella lo miró. Era evidente que estaba muy nervioso; demasiado nervioso para ser alguien que quiere hacer creer a los demás que dice la verdad.

-¿Ah, no?-preguntó ella con todo el sarcasmo que fue capaz de usar.-No me vengas con tonterías, joder, ya te he dicho que lo sé todo. ¿Sabes? Ayer me dieron una de tus cartas por error.

Jordan se quedó mirándola durante unos instantes, perplejo, aunque pronto aquella perplejidad se convirtió en rabia.

-¿Has leído mi correo privado?-preguntó arrastrando las palabras, furioso.

Chris no se amilanó ante la mirada que le lanzó el chico ni muchísimo menos. De hecho, lejos de hacerlo, se acercó más hacia él en un gesto desafiante.

-Ya te he dicho que me dieron esa carta por error.-contesto con parsimonia, aunque no pudo evitar que la agresividad se colara en su tono de voz.-La leí pensando que era para mí. No lo era, pero mira por dónde, sí que se hablaba de mí, ¿verdad que es gracioso?

-Eso es delito.-le cortó Jordan.-Te voy a denunciar por lo que has hecho.

-¿Ah, sí? Mira cómo tiemblo. Ya puedes ir redactando esa denuncia, pedazo de imbécil.-le espetó ella.-Quizá tengas tiempo de ir a comisaria después de que te despidan por bocazas.

Aquellas palabras parecieron golpear a Jordan como si le hubieran dado una bofetada. Chris esbozó una sonrisilla burlona a la vez que él se quedaba mirándola con odio.

-¿Qué te pasa?-preguntó ella con sorna.-¿Tienes miedo de que el director te despida por ir pasando informaciones a la competencia? Bueno, que a lo mejor no te despide por eso, a lo mejor te despide por haber soltado una información confidencial sobre una de sus redactoras. Ya conoces a Anthony... No soporta que el escándalo rodee a ninguno de sus trabajadores y tú, con esto, lo has conseguido. Pero tranquilo, Jordan, estoy segura de que tu amiga Patricia te podrá dar un trabajito. O no, ahora que ya no tienes a Christine McCartney para que te dé exclusivas.

-¿Qué es lo que quieres?-preguntó él de repente mirándola con rabia. Por lo visto ya estaba cansado de fingir que no sabía nada de todo aquello.

-¿Que qué quiero?-repitió Chris.-En estos momentos querría estrangularte, créeme, pero... me conformaré con no verte el careto de idiota que tienes nunca más. No quiero que trabajes más conmigo, no quiero verte a mi lado todos los días, ¿de acuerdo?

-¿Y cómo se supone que voy a hacer eso?-preguntó él a la defensiva.-Soy tu fotógrafo asociado, trabajo directamente contigo.

-Pues pide que te cambien de compañero.-le contestó Chris como si aquello fuera lo más obvio del mundo.-Puedes alegar problemas personales entre los dos. De hecho, después del grito que me has dado ahí dentro delante de todos hace un rato, a nadie de le extrañará. Tranquilo, yo confirmaré que no nos llevamos bien. Al fin y al cabo no estaré contando ninguna mentira.

-Como si fuera fácil de hacer...

-Por supuesto que lo es. Anthony sólo quiere que su periódico funcione. No creo que tenga ningún inconveniente en cambiar tu puesto con otro fotógrafo.-le replicó Chris.-Y bueno, tú verás lo que haces. Yo tengo muy claro que contigo no voy a seguir trabajando. O pides tú ese traslado o le enseñó la carta a Anthony. Y ya sabes lo que eso significaría para ti.

-Eres...-empezó a decir él rabioso, pero se detuvo antes de terminar la frase.

-¿Qué soy? Venga, Jordan, quizá esa opinión tuya sobre mí también le interese a nuestro querido director...

Jordan soltó un bufido exasperado y se mantuvo firme, mirándola durante unos segundos.

-Está bien. Iré a pedir ese maldito traslado.-claudicó al fin, ahora rojo de ira.-Espero que estés contenta.

-Un poco, sí.

Jordan le dedicó una última mirada de odio antes de darse media vuelta y empezar a caminar de nuevo hacia la redacción. Chris se quedó observándolo durante unos segundos: pese a que aquella no había sido la conversación más cómoda de su vida, se sentía bien, como se se hubiese quitado un gran peso de encima. Entonces, de repente, una idea fugaz cruzó su mente.

-¡Jordan!-le llamó antes de perderlo definitivamente de vista.

El chico se giró y se quedó mirándola.

-¿Qué?

-Que más vale que de ahora en adelante no te acerques a ningún miembro de The Beatles ni a nadie de su entorno.-le dijo.-Si intentas aunque sólo sea sacarles una mísera foto de lejos, te aseguro que haré que te echen de allí a patadas. Ya sabes que sé a quien decir esto para que así sea y no dudes que lo haré. Ya te has lucrado bastante a costa de ellos con tus sucias artimañas.

Por toda respuesta, Jordan le dedicó otra mirada asesina y se dio la vuelta. Chris se apoyó en la pared de nuevo mientras sacaba del bolsillo de su chaqueta la cajetilla de tabaco. Tenía la sensación de que definitivamente se había librado de aquel parásito. Y, ahora sí, sacó un cigarrillo, se lo encendió y, sonriendo, empezó a fumar.

*****************************

-Os lo dije.

-Por favor, Ringo...-se quejó George.-¿Puedes decirle a tu mujer que no nos diga más esa odiosa frase?

-Es que...-masculló Ringo con una sonrisilla mientras se acomodaba bien a Vladis, a quien tenía en brazos.-Hay que reconocer que tiene razón.

-¿Veis?-volvió a insistir Mary, esa vez ya más por fastidiar que por otra cosa.-Es que... os lo dije. Pero claro, como nadie va a hacer caso de Mary, pues pasa lo que pasa.

-Bueno, sí... Está bien...-dijo John en tono cansino.-Nos le dijiste, no te hicimos caso y nos ha salido el tiro por la culata.

-Exactamente.-corroboró la chica en tono triunfal.

-Pero bueno, ¿qué más quieres que hagamos?-continuó John.-Yo ya he reconocido públicamente nada más hemos pisado Londres que nos equivocamos con el Maharishi...

-¿Qué tal un "Mary, tenías razón, a la próxima prometemos hacerte caso"?-preguntó ella divertida.

-Rich, tío...-masculló John mirando a su amigo.-Tu chica no tiene remedio, ¿verdad?

-¿Y ahora te das cuenta de eso?-rió Ringo.

-Bueno, la cuestión es que ya estáis aquí, reconociendo que os habéis equivocado y todo eso...-dijo Mary.

-Disfrutas con esto, ¿eh?-le dijo Gwen dedicándole una mirada suplicante, aunque saltaba a la vista que no se estaba tomando aquello a mal.

-La verdad es que sí.-bromeó Mary.-Pero bueno, ya os digo que lo importantes es que ya estáis aquí de nuevo.

-Y por lo visto con un montón de temas a punto...-terminó Ringo la frase por ella.-Si es verdad lo que me dijo John en una de sus cartas, hay material para dos discos por lo menos.

-Es cierto.-confirmó Paul antes de darle una calada a su cigarrillo.-Hay un montón de canciones a punto para ser grabadas.

-De hecho, creo que eso es lo único bueno que ha tenido la India.-continuó John.- Nos aburríamos tanto, al menos yo, que lo único que podíamos hacer para matar el tiempo era componer.

-John, no digas eso...-le riñó Gwen un tanto molesta.-Tú al principio también estabas muy metido en todo eso de la meditación, no te hagas ahora el especial.

-Estaba interesado en meditar, sí. Pero me aburría mucho, Gwendolyn.-le replicó John divertido.-De hecho creo que jamás en toda mi vida he compuesto tanto.

-Si, claro...

-Vale, vale, está bien...-les cortó George antes de que empezaran a recriminarse cosas.-Hemos compuesto mucho, ya está.

-¿Y ya tenéis previsto cuando vais a meteros en el estudio?-quiso saber Mary con curiosidad.

-Eso, eso. Id diciendo una fecha para que se me acaben las vacaciones.-dijo Ringo.-Así me voy haciendo a la idea con tiempo y la vuelta al trabajo no será tan dolorosa.

Todos soltaron una pequeña carcajada con la broma de Ringo, pero lo cierto era que tenían razón, debían por lo menos fijar una fecha aproximada.

-No deberíamos tardar demasiado, la verdad...-dijo John.

-Opino lo mismo.-respondió George.

-Esperad un momento, no tan rápido.-dijo Paul de repente haciendo que todas las miradas se posaran en él.-Antes de ponernos a grabar ese disco, cosa que por cierto tengo muchas ganas de hacer, deberíamos solucionar algo...

Todos se quedaron mirándolo sin entender de qué estaba hablando.

-¿Y qué se supone que hemos de solucionar?-se atrevió a preguntar John.

Paul lanzó una risita entre dientes antes de continuar, divertido ante la falta de memoria que tenían sus amigos.

-Vamos a ver...-empezó a decir usando el mismo tono que hubiera usado para enseñar a un niño pequeño a sumar.-¿No os acordáis de la reunión que tuvimos antes de irnos a la India?

-¿Qué reunión?-preguntó Ringo mosqueado.-Porque tuvimos unas cuantas, no es por nada.

-Pues la reunión.-respondió Paul empezando a perder la paciencia.-Después de que montáramos la tienda, ¿os acordáis? Dijimos que debíamos poner en marcha cuanto antes lo del sello discográfico que queríamos hacer para pescar a nuevos talentos y dar oportunidades a la gente.

-Y forrarnos a su costa, como hacen todas las discográficas del mundo.-le replicó John con sarcasmo.-Sí, ahora me acuerdo. Nuestro juego de ser hombres de negocios serios y respetables.

-No te lo tomes a cachondeo, Lennon.-le espetó Paul dedicándole una mirada severa.- Es un buen proyecto, lo sabes.

-Si yo no digo lo contrario...-rió John intentando así quitarle un poco de hierro al asunto.-¿Y qué pretendes solucionar de todo esto?

-Pues... todo.-contestó Paul.-Veréis, me he estado moviendo junto con Peter estas semanas que vosotros habéis estado en la India y...

-¿Y a mí no me has dicho nada?-le interrumpió Ringo mirándolo con los ojos muy abiertos.-Yo no estaba en la India, estaba aquí.

Paul le lanzó una mirada sorprendido. Ringo tenía razón. No le había dicho absolutamente nada de todo aquello pese a que él también estuviera implicado en el proyecto y aquello le hizo sentir bastante mal. A decir vedad, ni siquiera se había acordado de él.

-Sólo han sido unas cuantas conversaciones aquí y allá. Además, pensaba que estarías demasiado ocupado con Vladis como para...-se apresuró a excusarse ante las miradas severas de Ringo y Mary.-Sea como sea, he estado hablando con Peter sobre esto y... me ha aconsejado darle un poco de publicidad a la cosa, para que la gente sepa de qué va todo esto, ya sabéis...

-¿Y qué se supone que vamos a hacer para publicitar eso más de lo que ya lo estará?-preguntó George escéptico.-Ya sabes que cada cosa que hacemos aparece en los medios, así que no veo el porqué de...

-Me ha sugerido la idea de una rueda de prensa al respecto.-le cortó Paul empezando a ponerse nervioso y olvidando repentinamente lo mal que se había sentido por no contar con Ringo. A veces tenía la sensación de que él era el único que se preocupaba para que todos sus proyectos salieran adelante.

-Una rueda de prensa, muy original.-bromeó John.-Pues vale, se fija una fecha y un lugar para eso y apañado.

-Sería interesante que lo formalizáramos todo antes de esa rueda de prensa.-continuó Paul haciendo caso omiso al sarcasmo de John.-Y esa rueda de prensa... Habrá que ver dónde la hacemos. Quizá Londres no sea el lugar más adecuado.

-¿No? ¿Y qué propones? ¿Hacerla en Rishikesh?-volvió a interrumpirlo John con sorna.-Seguro que el Maharishi nos acoge encantado después de lo bien que hemos quedado con él...

-Lennon, mierda, ¿quieres dejar de joderme todo lo que digo?-le espetó Paul enfadado.-Me tienes harto. En la India estabas de puta madre.

-¿Relajado?

-No, bien lejos de mí.-le replicó Paul medio en serio medio en broma.

-Vale, está bien...-rió John.-¿Qué propones?

-A lo mejor esa rueda de prensa deberíamos hacerla desde Estados Unidos.

-¿Ir a Estados Unidos sólo por una rueda de prensa?-se escandalizó George.

-Joder, Hari, cualquiera diría que a estas alturas te molesta viajar...-dijo Paul.

-Pues si quieres que te diga la verdad, estoy un poco hasta las narices, sí.

-Bueno, vale... Pero vamos a ver, no lo digo por decir, pensadlo: la mayoría del negocio discográfico se mueve en Estados Unidos, ¿no?-explicó Paul-Por eso precisamente sería interesante anunciar nuestro sello desde allí.

-Vaya, Macca, ya hablas como un auténtico hombre de negocios...-bromeó Ringo.

-Hablo en serio.-le respondió Paul exasperado.-Deberíamos hacer esa rueda de prensa desde Estados Unidos.

-Vale, vale...-rió John.-Desde allí entonces, que tiene capricho el chico...

-¿Cómo que "vale, vale"?-preguntó George.-Yo no voy a Estados Unidos por una rueda de prensa de una hora o menos. Si tenéis adicción a los aviones no es mi problema.

-Yo tampoco lo veo muy lógico.-le dio la razón Ringo.-Quiero decir, a mí ahora no me apetece, con el niño y todo, irme tan lejos por una chorrada.

Mary le lanzó una mirada cómplice de agradecimiento.

-O sea, que vosotros dos no vais a venir.-dijo Paul mirándolos, primero a George y después a Ringo.

-Pues si vais a Estados Unidos, yo no.-respondió George con convencimiento.

-Ni yo.-añadió Ringo.-Pero... ¿qué hay de malo en hacer eso mismo desde Londres? Si hoy por hoy eso se retransmite y...

-No hay nada de malo, pero es mejor así.-le interrumpió Paul.-Y bien, si vosotros no venís, iremos John y yo, ¿verdad?

John le dedicó una mirada sorprendido y a continuación largó una sonora carcajada que Paul no supo cómo interpretar.

-Está bien...-dijo su amigo al fin, cuando recuperó de nuevo el aliento.-Iré a Estados Unidos si eso es lo que quieres. Total, por un avión más que pille en mi vida...

-Perfecto.-sonrió Paul.-Hablaré con Peter para fijar una fecha y cuando volvamos nos metemos en el estudio, ¿os parece?

-A sus órdenes, mi capitán.

-Lennon, no tiene gracia, yo no soy ningún capitán.

-Tienes razón, por lo que te gusta mandar, quizá tengas una graduación mayor...-le replicó John divertido.-En fin, chicos, yo me largo ya a mi casa, que estoy muy cansado. Gracias por todo, señores Starkey, sois unos anfitriones de puta madre.

-Lástima que no puedo decir yo lo mismo de ti como invitado, cabronazo.-le respondió Ringo entre risas.

John volvió a reír y se marchó de allí sin que Paul le perdiera ojo. No sabía por qué, pero las contestaciones irónicas que le acababa de dar, pese a que hubiera recibido muchísimas desde que lo conocía y que al final hubiera acabado cediendo, no le hacían ni pizca de gracia. Y es que Paul tenía la sensación de que algo muy importante había cambiado entre ellos.

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John llegó a casa completamente agotado. Había sido un día muy duro, un día en el que nada más haber llegado de la India, con las consiguientes horas de vuelo que aquello suponía, había pasado por casa a dejar los trastos y había salido de nuevo pitando hacia Sunny Heights para reunirse con los chicos.

Era por eso que en aquellos momentos sólo tenía ganas de tirarse en el sofá o tal vez directamente en la cama y descansar para olvidarse de la basura que habían sido aquellas últimas semanas. Quizá después de un buen descanso no se sintiera tan extremadamente gilipollas como se sentía en aquellos momentos.

No obstante, nada más cruzó el umbral de la finca, el portero lo llamó:

-Señor Lennon, disculpe.-dijo el hombre podría decirse que hasta algo temeroso.

-¿Ocurre algo?-preguntó él extrañado.

-No, nada, señor.-contestó.-Sólo que tengo aquí su correo de estas semanas que no ha estado en casa.

John le dedicó una sonrisa tranquilizadora y se acercó hacia él.

-¿Es mucho?

-No demasiado, pero sí que tengo algunos sobres para usted.-le respondió el portero poniendo sobre su mostrador un fajito de cartas-Al parecer son todas del mismo remitente, aunque no pone nombre.

John le dedicó una mirada extrañado ante aquel comentario.

-Disculpe.-se apresuró a excusarse el portero avergonzado seguramente por haberse comportado como un cotilla.

-Tranquilo, no pasa nada. Seguramente serán de alguna fan.-le dijo John agarrando sus cartas de encima del mostrador.-Y gracias.

-No hay de qué, señor Lennon.

Hasta que no subió al ascensor, John no se atrevió a mirar aquellos sobres directamente. A decir verdad, cuando el portero había hecho el comentario sobre de quién podrían ser, a John el corazón le había dado un vuelco. Tal vez, aunque sólo hubiera una muy pequeña posibilidad, aquel fajo de cartas fuera de ella. A lo mejor allí estaba la ansiada respuesta a la carta que le había mandado desde la India, aunque él le hubiera dicho cómo podía hacerle llegar una respuesta a Rishikesh.

Cuando las puertas del ascensor se cerraron tras él, John miró hacia los sobres. Sólo le bastó una simple mirada para reconocer que aquella no era, ni muchísimo menos, la letra de Chris. Sintiendo como la desilusión volvía a apoderarse de él de nuevo, volvió a dirigir una mirada de soslayo hacia aquellos sobres. Cinco. Había cinco cartas sin el nombre del remitente, tal y como le había dicho el portero. Sólo estaban escritos su nombre y su dirección con una caligrafía bastante peculiar que a él no le resultaba del todo desconocida.

Entró en casa preguntándose aún dónde había visto aquella letra antes y, nada más cerró la puerta, curioso, abrió el primero de los sobres. Entonces lo tuvo claro, clarísimo, cuando vio su firma allí estampada al final de una escueta carta. Yoko Ono.

Sin saber por qué, se puso nervioso de repente y empezó a abrir el resto de los sobres casi de manera compulsiva para comprobar que sí, que efectivamente todas esas malditas cartas eran de Yoko. No se molestó ni en leerlas. Sólo se quedó con la información que vio en la última, donde por encima vio que le invitaba a la inauguración de una de sus exposiciones que, paradójicamente, era esa misma noche.

Entonces John estalló en una profunda risotada y tiró las cartas al suelo antes de apoyarse en la pared para intentar calmarse de aquel repentino ataque de risa.

-Qué cabrona...-dijo al fin para sí mismo.-Así que esperabas a que estuviera libre. Al final resultará que ella tenía razón y no eras más que una simple cazafamosos en busca de mecenas.

Y entonces, en un impulso, volvió a salir de su casa rápidamente y bajó las escaleras en dirección a los garajes. De repente, a John se le había pasado todo el cansancio. Tenía algo que hacer.

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Chris había conseguido lo que quería pese a que aquello le hubiera supuesto pasar un día de lo más estresante sometiéndose a las preguntas de Anthony sobre por qué Jordan y ella no querían trabajar juntos. Al final, después de mentir, y mucho, el director había claudicado y había accedido a cambiar a Jordan por otra fotógrafa, una chica bastante jovencita pero muy buena que había entrado hacía unos meses a trabajar de fotógrafa para la sección de sucesos.

Por eso, cuando salió aquella tarde de la redacción lo hizo con más ganas que nunca. Necesitaba respirar y relajarse.

Nada más puso un pie en la calle, un bocinazo de un coche cerca de ella la sobresaltó. La chica se giró extrañada hacia el lugar de donde procedía el ruido. Frunció el ceño levemente cuando vio un flamante Mini a su lado con alguien dentro que la saludaba con la mano. No obstante, el reflejo del sol de media tarde no le dejaba ver bien quién era. De repente, la ventanilla del lado del conductor se abrió y entonces sí que lo reconoció en el acto. Chris no pudo menos que esbozar una enorme sonrisa de oreja a oreja antes de dirigirse rápidamente hacia el coche.

-¡Mike!-exclamó sorprendida.-¿Pero qué...?

-¿No te alegras de verme, hermanita?-sonrió su hermano.

-¡Claro! Pero... No sabía que estabas en Londres y... ¿este coche?

-Acabado de salir del concesionario.-le respondió Michael con satisfacción.-Por eso estoy en Londres, he venido a recogerlo. En Liverpool no me lo vendían tan equipado.

-¡Cabronazo! ¡No me habías dicho nada!-rió Christine mirando bien el coche.-¿Qué os ha dado a todos con los Minis? ¿Es que los regalan o qué?

-Es que son una pasada.-respondió Mike.-Anda, entra. He venido a recogerte para darte la sorpresa y pegarle un paseo a mi hermanita.

-¿Me dejarás conducir un poco?-preguntó la chica casi en broma pues ya sabía de antemano cuál iba a ser la respuesta de Mike.

-¿Conducir? ¿Tú?-fingió escandalizarse su hermano.-Ni lo sueles, que estás muy loca. No quiero ver a mi pequeño estampado en un cruce el primer día.

-Mi pequeño, dice...-rió Chris.-Hay que ver como sois los tíos con vuestros coches, ¿eh?

-Nos gusta cuidarlos bien, nada más.-le respondió Mike guiñándole un ojo.-Y ahora, sube, preciosa, que te llevo.

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Llevaba más de media hora allí aparcado, esperándola. Estaba decidido a hablar con ella en persona y dispuesto a asumir hasta la última consecuencia. Quizá por esa ansiedad que tenía, la espera se le hizo larga y tediosa, una espera en la que pensó un montón de cosas, una espera en la que hasta se imaginó la posible conversación que tendría con ella cuando estuvieran frente a frente.

Y es que John no estaba ahora dispuesto a dejarla escapar así como así. No iba, para nada, a permitir que la cosa acabara igual que cuando se habían visto en el hospital aquella vez.

Por eso, cuando por fin la vio salir de la redacción, sintió como el corazón dejaba de latirle por unos instantes. Sólo pudo fijarse en que estaba preciosa, como siempre, aunque con el pelo ligeramente más largo que la última vez que la había visto, cuando Vladis había nacido. Tragó saliva antes de hacer lo que iba a hacer y, armándose de valor, hizo ademán de abrir la puerta del coche. No obstante, en ese preciso instante, ocurrió lo peor que John podría haberse imaginado: Chris se acercó a un coche que había justo al lado de la entrada de la redacción y se puso a charlar, feliz, con el que estaba dentro del coche. John entrecerró los ojos. Desde donde estaba él no podía ver bien al tipo que había dentro del Mini, pero de una cosa estaba completamente seguro: era un hombre.

Se quedó allí, quieto, observando atónito como ella se subía al coche de aquel tipo y, después, se iban de allí. Entonces lo comprendió todo: Chris tenía pareja, había rehecho su vida con otro chico. Por eso nadie le quería decir nada acerca de ella. Por eso no había contestado a su carta.

Furioso y triste a partes iguales, John reaccionó de repente dándole un fuerte golpe al volante de su Ferrari. Arrancó el coche casi en el acto con la intención de ir detrás de ellos y romperle la cara a aquel subnormal. Pero, de repente, un atisbo de lucidez le invadió: no podía hacer nada en todo aquello. Ella se había ido y debía aceptarlo. Una vez más, el imbécil de John Lennon no había sabido cuidar lo que tenía y ahora debía acarrear con las consecuencias. No. No iba a seguirlos. Ya era demasiado tarde para todo.

Y entonces, inevitablemente, John se echó a llorar.

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-¿Estás segura de que no quieres venirte a casa de Paul?-le preguntó Mike por enésima vez desde que la había recogido hacía un rato a la salida del trabajo.

-Segurísima, Mike.-respondió Chris ya empezando a hartarse ante tanta insistencia.-Ya te he contado que he tenido un día de perros y no me apetece. De lo único que tengo ganas es de volver a casa y dormir.

-Pero si en casa de Paul no vamos a hacer ningún fiestón. Además, cenar deberás de cenar igual, ¿no? ¿Qué más te da hacerlo con nosotros?-insistió su hermano.-Venga, hace ya tiempo que no hacemos ninguna cena de hermanos...

-Michael, pesado, te he dicho que hoy no.-contestó ella.-Además, mañana estarás aún en Londres ¿no? Pues mañana podemos hacer desayuno, comida y cena de hermanos si te da la gana. Pero hoy, por favor, déjame dormir. Yo ya sé como acaban esas cenas que se suelen alargar hasta la madrugada...

Mike soltó un bufido de resignación.

-Está bien, como quieras...-cedió al fin.-Hoy te dejaré descansar, señorita delicada. Pero mañana no te libras, ¿eh?

-Vale, trato hecho, mañana no me libro.-respondió Chris antes de darle un beso en la mejilla.-Mañana si queréis podéis venir a comer aquí, ¿de acuerdo?

-Te tomo la palabra, hermanita. Nos vemos.

-Nos vemos, feo. Adiós.

-Adiós.

Chris salió del coche sin más sintiéndose un poco arrepentida por haberle hecho aquel desplante a su hermano al que, por cierto, hacía bastante que no veía. Pero, por otra parte, se sentía demasiado agotada física y mentalmente como para irse de cena. Lo mejor sería acostarse y descansar e intentar compensar a Mike por aquello al día siguiente. De todos modos, estaba segura de que su hermano no se lo iba a tener en cuenta.

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Tan sólo hacía un par de horas que había visto aquello y John ya estaba completamente borracho. Borracho como hacía mucho que no lo había estado. Ni siquiera era consciente de dónde mierdas había sacado las botellas de whisky que tenía dentro del coche ni de cómo había llegado hasta allí, una calle cercana a donde vivía Paul. Lo que sí que tenía muy claro era por qué había ido precisamente hasta allí. Y es que se había sentido tan sumamente traicionado por todos que su primer impulso había sido ir a buscar a Paul y decirle lo maldito cerdo que era por haberle ocultado que Chris estaba con otro. Porque de algo no le cabía la menor duda: él lo tenía que haber sabido desde un primer momento, seguro.

No obstante, tal y como le había pasado cuando había tenido la intención de seguir a Chris y a su misteriosos acompañante, a John le había entrado un atisbo de cordura, tal vez miedo, en el último momento y se había quedado allí, aparcado a unas dos calles de Cavendish Avenue, bebiendo y fumando un cigarrillo tras otro como si no hubiera mañana, intentando mitigar la avalancha de sentimientos que tenía dentro en aquellos momentos ahogándolos en whisky.

Dio otro trago más a la botella que tenía en las manos y bufó molesto cuando comprobó que se acababa de beber la última gota. Aquello aún le puso más furioso de lo que estaba y tiró la botella vacía con rabia en el asiento del copiloto, donde ya había otra, también vacía. Se pasó la mano por la cara, intentando pensar qué era lo que debía hacer a continuación y entonces, de repente, esbozó una sonrisilla maléfica. Se acababa de acordar de las cartas que le había dado el portero aquella misma tarde, de las cartas de Yoko. Y se acordó también de la invitación que la japonesa le había hecho para una de sus exposiciones, que inauguraba aquella misma noche en una famosa galería de arte de la ciudad. Miró la hora en su reloj de pulsera. Era ya muy tarde, pero estaba seguro de que aún podría encontrarla allí. A fin de cuentas, a él le importaba un bledo aquella maldita exposición: él lo que quería era ir allí, ver a esa tipa que se notaba a la legua que buscaba algo con él y, seguramente, acostarse con ella. Christine la odiaba especialmente y aquella iba a ser su venganza particular. Sólo con que ella sufriera una cuarta parte de lo que estaba sufriendo él en esos momentos, sería suficiente.

Arrancó el coche y salió de su aparcamiento sin importarle golpear los coches que tenía delante y detrás. Lo único que quería era irse de allí cuanto antes y llegar a esa exposición. Aceleró nada más estuvo fuera y enfiló calle arriba como una bala, tan deprisa que ni siquiera se dio cuenta de que otro coche le salía al encuentro en un cruce después de que él se saltara una enorme señal de stop. Afortunadamente para él, pues él no había sido capaz de reaccionar de tan ofuscado y borracho como iba, el otro coche frenó en seco evitando un impacto seguro. Cuando escuchó el chirrido de los frenos a su lado, John reaccionó también y frenó instintivamente. Iba tan rápido que el coche se detuvo definitivamente unos quince metros más adelante.

Aún aturdido por lo que podría haber pasado, John salió del coche. El asfalto olía a goma quemada y  una inmensa mancha negra de sus neumáticos se había quedado impresa en la calzada por culpa del frenazo. Miró hacia atrás, hacia el coche con el que casi había chocado, y entonces lo reconoció. Por muy borracho que estuviera y aunque sólo hubiera visto aquel maldito Mini blanco una vez, John lo hubiera reconocido de entre un millón de coches en el acto. Miró bien la matrícula, con la que se había quedado hacía un par de horas cuando lo había visto por primera vez para comprobar que, efectivamente, aquel era el coche al que Christine había subido.

Sintiendo como la sangre empezaba a hervirle en las venas, John empezó a caminar rápidamente hacia allí. Ahora sí. Ahora sí que iba a partirle las piernas al imbécil ese, fuera quien fuera.

Estaba a punto de llegar cuando la puerta del coche se abrió de golpe. John miró bien a aquel tipo y , entonces, se quedó parado donde estaba, alucinado.

-¡Maldito cabrón!-gritó Mike, el hermano de Paul y Chris, saliendo de dentro del Mini.-¡El coche es nuevo! ¡Da gracias a que no...! ¡¿Lennon?!

John se quedó mirándolo durante unos segundos, intentando que su mente turbia asimilara lo que tenía delante de las narices.

-¿Este coche es... tuyo?-balbuceó al fin sin poder evitar que se le enredara la lengua a causa de la borrachera.

-¡Pues claro que es mío, joder!-exclamó Mike.-¡Y tú casi te lo cargas, jodido loco! ¡Y mírate! ¡Estás borrachísimo! ¡¿A quién quieres matar?!

-Oye Mike...-empezó a decir John.-¿Por casualidad tú has estado hoy con tu hermana?

Mike se quedó mirándolo durante unos segundos, contrariado.

-Dejemos a Christine al margen de todo esto, ¿quieres?-contestó al fin el chico.-Ella no tiene nada que ver aquí. Además, tú y ella...

-¡Joder!-gritó John poniéndose furioso de nuevo. Estaba demasiado borracho como para poder controlar su temperamento.-¡¿Estabas con ella o no?! ¡Contéstame!

-Sí, he estado con ella.-contestó Mike mirándolo de manera desafiante.-Pero escúchame, tío, si se te ocurre aunque sea...

Pero John no acabó ni siquiera de escuchar aquellas palabras pues, de repente, prorrumpió en una inmensa carcajada, una carcajada liberadora, una carcajada de puro alivio. Chris no había estado con otro que no fuera su propio hermano y él se había librado por muy poco de meter la pata hasta el fondo.

-¿Y a ti qué coño te pasa?-le preguntó Mike extrañado.-¿Se puede saber de qué te ríes?

-Es una larga historia...-respondió él cuando recobró el aliento.-Pero gracias de todos modos, Mike. Gracias por casi tener conmigo un accidente de tráfico.

-Llevas una mierda encima de antología. No sabes ni lo que dices...-masculló Michael mirándolo como si se hubiera vuelto loco.-Anda... dame las llaves de ese Ferrari, que te lo aparco y te llevo a casa. Pese a que no seas la persona a la que más quiero en este mundo, tampoco me apetece verte muerto.

-Gracias de nuevo, tío.-volvió a reír John tendiéndole las llaves de su coche.-Llévame a casa, eso es lo mejor que puedes hacer. Nada de exposiciones de arte por hoy.

-Lo que yo te diga...-suspiró Mike.-Completamente loco, Lennon. Pero loco de remate.

John soltó otra carcajada. Loco o no, se sentía feliz y aquello valía más que todas las riquezas del mundo. Por lo menos, aún le quedaba esperanza.




Holaaaaaaaa! Pues bueno, aquí llego yo con otro capi! Gracias por vuestras muestras de apoyo y todo eso cuando solté la bomba de que quedaban 9 capis (ahora ya 8..., jejeje). Sé que aún no toca decir esto, pero ha sido un largo camino en el que, aunque parezca mentira, he aprendido mucho. Y aprender siempre es lo que más me ha gustado en esta vida. :)

Como siempre, gracias por comentarme. Siento haberos dejado despagados con lo de Penny, jajaja. La verdad es que ni siquiera me acordaba del personaje y esa "P." de la carta la escribí nada más porque me vino a la mente un periodista de aquí cuyo nombre empieza por esa letra, jajaja. Aun así, al ver que me lo dijeron dos personas, aproveché para medio "solucionar" el tema de ese personaje que había salido de la historia de manera precipitada. Por lo menos eso me ha servido para decir un poco qué ha sido de ella y todas esas cosas, que se quedó en incógnita, una cosa que creo que enriquece esto porque no deja cabos sueltos. Sois de lo mejor, gente. Lectoras avispadas que estáis en todo. Estáis en todos los detalles más que la propia escritora, jajajajaja.

Y bueno, que muchas gracias, thanks. Ah! Y por cierto, podéis insultar a Jordan todo lo que queráis, sin sentirlo para nada y en todos los idiomas que os vengan a la cabeza. Los médicos y la Organización Mundial de la Salud dicen que tiene muchos beneficios para el organismo. :P

Y otra cosa antes de irme... He cambiado la cabecera ( "ya nos hemos dado cuenta, tontaina", diréis, pero a mí me gusta decirlo todo). No es que sea el cambio del siglo, pero bueno, he puesto a los chicos con un look más acorde a los tiempos que corren (y se avecinan) en la historia. Además, como el lateral se quedaba muy pobre, he añadido también algunas cosillas. Queda pobre igual, porque mis capis son relargos y cuando vas bajando las fotos y todo se acaban, pero bueno, algo es algo, jajaja.

En fin, gente. Yo ya me despido por hoy y hasta el siguiente capi! Besazos!!!!!!!