jueves, 17 de enero de 2013

Capítulo 72: Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band

Gwen no estaba demasiado convencida de lo que estaba a punto de hacer . Acababa prácticamente de conocer a aquella chica, a July, la amiga de su compañera Dorothy, y ya la estaba siguiendo a una de esas reuniones que daba aquel tipo. No obstante, no había podido evitarlo: sentía demasiada curiosidad por aquel Maharishi del que tanto le había hablado como para rechazar la invitación de acompañarla que le había hecho. Además, se sentía bastante conectada con ella por el interés que ambas sentían por la meditación y por todo aquello, fuera lo que fuera, que viniera de la exótica y fabulosa India. Quizá aquella extraña similitud en sus gustos había hecho que allí estuviera ella en aquellos momentos, a punto de entrar en el Salón de Actos de aquel lujoso hotel del centro para escuchar por primera vez a aquel hombre del que July hablaba maravillas. 

-¿Preparada?-le preguntó la chica cuando estaban a escasos pasos de la puerta.

Gween inspiró profundamente intentando apartar de su mente todos aquellos pensamientos negativos que le instaban a salir corriendo de allí, aquellos pensamientos que le decían que quizá aquello sólo fuera un ardid de su nueva conocida para aprovecharse de la incauta novia de George Harrison, y asintió con la cabeza a la vez que dibujaba una sonrisilla forzada en su cara.

-Por supuesto que sí.-contestó.

-Pues allá vamos. Te juro que no te arrepentirás de haberme acompañado, ya lo verás.

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Mary colgó el teléfono y se volvió hacia Ringo con una inmensa sonrisa en los labios.

-¿Qué? ¿Cuándo tenemos que ir?-preguntó él sin poder disimular su ansiedad.

-Tengo cita para pasado mañana a las once.

Ringo soltó un inmenso bufido que a ella se le antojó cómico.

-Joder, qué nervios...-masculló al fin más para sí mismo que otra cosa.

-¿Por qué? ¿Por una visita al ginecólogo?-preguntó ella con la simple intención de chincharlo.

-No por eso, boba..le replicó Ringo fingiendo molestarse.-Porque voy a ser padre. ¿Te imaginas? Yo, con un bebé. Mío... Nuestro. Princesa... Te tocará tener mucha paciencia: vas a tener que educar a la vez al hijo y al padre.

-O a la hija...

Él clavó su mirada en ella.

-¿Qué crees que será?-preguntó de repente.-¿Niño o niña?

-No lo sé.-sonrió ella.-¿Tú que crees?

-Ni idea...-respondió él encogiéndose de hombros.-Pero... sea lo que sea estará genial.

-Por supuesto...-susurró él acercándose hacia ella y pasándole el brazo por la cintura.-Será tuyo y mío. Y sólo por eso este bebé ya es la cosa más bonita que me ha pasado nunca.

Y entonces, los dos se fundieron en un beso dulce, interminable, que hizo que Mary se riera internamente de los temores que había albergado sobre la reacción de Ringo respecto al embarazo. Sí, iba a ser el mejor padre del mundo. De eso, estaba segura.

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-¿Pero tan bueno es?-preguntó George con escepticismo mirando a Gwen, quien no había parado de parlotear emocionada durante toda la cena sobre aquel tal Maharishi.

-¡Sí!-se apresuró a contestar ella.-¡Es mucho mejor de lo que me habían contado y tiene mucha razón en todo!

George esbozó una sonrisa por el entusiasmo de su novia. Aquella vitalidad, aquella ilusión, era lo que más le gustaba de ella. Le hacía recordar tremendamente a la casi una niña inocente que había conocido en Heswall   hacía año y medio.

-Entonces te ha gustado escucharle.-comentó en tono casual antes de ponerse un trozo de filete en la boca.

-¿Que no te lo estoy diciendo todo el tiempo?-exclamó ella fingiendo enfadarse.-¡Pues claro que me ha gustado! De hecho...

Antes de terminar la frase, la chica se interrumpió a sí misma.

-¿De hecho, qué?-quiso saber George.

-Pues que... Quizá...

-Vamos, Gwen, no me como a nadie... A no ser que seas un trozo de este genial filete que tengo delante...

Ante aquella broma, la chica soltó una risita que a George se le antojó nerviosa.

-Creo que deberías verle tú también.-dijo al fin ella atropelladamente.

-Pues...-empezó a contestar él haciendo un monumental esfuerzo por parecer serio.-Creo que... Que, bueno, visto que a ti también te gustan tanto todas esas cosas, a lo mejor te gustaría conocerlo.

George soltó una sonora risotada que, obviamente, desconcertó a Gwen, que se lo quedó mirando podría decirse que incluso algo avergonzada.

-¿Sabes?-dijo él en tono tranquilizador cuando la vio así.-Creo que tienes razón. De hecho, antes de que me lo pidieras, había empezado a pensar que lo que dice ese tipo suena bastante interesante...

-¿En serio me vas a acompañar a verlo a la próxima reunión?-preguntó ella sin poder contenerse la emoción.

-Bueno, siempre que no me coincida con otra cosa, sí. Quiero ver quién es ese tipo que ha dejado fascinada a mi novia...

-¡Gracias!

A George apenas le dio tiempo a abrir la boca para contestar ya que, de repente, Gwen se abalanzó sobre él para abrazarlo fuertemente. Volvió a reír divertido. Sí, definitivamente lo que más le gustaba de aquella chica era su espontaneidad.

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John abrió los ojos lentamente y alargó el brazo hacia el lado de la cama de Christine. No encontró a nadie. La chica debía de haberse levantado ya y haberse largado hacia esa mierda de trabajo que tenía. Soltó un bufido un poco molesto por aquello. No le gustaba despertarse solo, para nada, aunque quizá el hecho de que Chris hubiera estado allí tampoco hubiera cambiado gran cosa. Sin poderlo evitar, soltó una risita amarga. Desde su última discusión, ella había estado tremendamente ausente. En realidad, John sabía a qué se debía aquella actitud. La verdad era que él no estaba actuando de la manera más correcta posible y sabía que ella estaba muy disgustada con él, tal vez incluso decepcionada. Pero... ¿Qué podía hacer él por evitarlo? Vale, sí, podría dejar el maldito ácido, pero no se sentía con las fuerzas suficientes como para hacerlo. En aquellos momentos, el ácido le ofrecía una vía de escape demasiado necesaria. Pero... ¿realmente necesitaba esa vía de escape? Tal vez. No por ella, la verdad, si no por todas las circunstancias que lo rodeaban todo. Desde que habían dejado de hacer giras, John pasaba demasiados ratos muertos sin hacer nada. Eso, unido a que Christine estaba demasiadas horas afuera y a que él mismo había estado acostumbrado desde hacía años a un ritmo de vida trepidante, hacía que a veces necesitara edulcorar un poco su tediosa rutina mediante el ácido. Además, estaban la sensación de que las cosas con los demás no iban tan bien como deseaba, sobre todo con Paul. No sabía por qué, pero de cada día se sentía menos a gusto con él. Había algo que no le acababa de encajar, algo que quizá se había mantenido oculto todos esos años de estrecha colaboración pero que en esos momentos empezaba a aflorar, algo que hacía que ahora prefiriera con creces la compañía de George o Ringo a la suya...

Lanzando un fuerte suspiro, se destapó, se sentó sobre la cama y buscó a tientas sus gafas encima de la mesita de noche. No tenía ganas de hacer nada, sólo quería tirarse en el sofá, leer el periódico y aguantarse sobrio hasta que llegara ella y entonces, quizá, probar acercarse a Chris de nuevo de algún modo. Prometerle la luna, si era preciso; pero la cuestión era hacer algo que volviera a hacer que los dos volvieran a estar igual que hacía unos meses.

Pero entonces, de repente, lo recordó. No. Aquel día no podía hacer nada de todo aquello. Aquel día tenía la mierda de presentación del nuevo álbum y nada más Christine volviera a casa, deberían salir pitando hacia allí. Rabioso, dio una patada a la cama. Siempre, siempre que quería hacer algo para solucionar las cosas, había algo que se interponía en su camino. A veces tenía la sensación de que el destino se divertía jugando con él de aquel modo. Y tal vez, en aquello, John tuviera toda la razón del mundo.

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Chris miró detenidamente mientras una horda de fotógrafos se apelotonaban delante de ellos para tomarles fotos. En aquellos momentos hubiera querido sonreír, pero no podía hacerlo teniendo en cuenta el estado del chico. Tal vez, los que no lo conocían no se lo notaran, pero ella sabía demasiado bien cuál era la explicación de aquella extraña felicidad, de aquella mirada un poco ida y de que todo lo que ocurriera a su alrededor no le importara absolutamente nada. Estaba puesto de LSD hasta las cejas, como casi siempre. En realidad, raro era el día en que no lo hacía, pero esa tarde precisamente, Chris había albergado la esperanza de que no lo hiciera aunque sólo fuera por el hecho de que se tenía que presentar antes decenas de periodistas. Pero al parecer a John aquello ya no le importaba en absoluto. Era como si todo y todos le dieran igual, incluida ella, y aquello la exasperaba. Pero ya hacía tiempo que ella pasaba de discutir con él por eso... No podía hacer nada y era como predicar en un desierto. De hecho, ya había perdido la cuenta de cuántas veces le había dicho que ésa sería la última vez que probaba el ácido y ya se había cansado de escuchar excusas y mentiras.

-¿Qué te pasa?

La pregunta de Mary, casi un susurro a su lado, la pilló por sorpresa.

-¿Lo ves?-preguntó ella dando un leve bufido.-Míralo, Mary.

-¿A John?

Chris asintió con la cabeza.

-¿Qué le pasa?

-¿No lo ves?

Mary fijó nuevamente su mirada en el chico.

-¿Está...?-empezó a preguntar su amiga con expresión preocupada. No hizo falta que acabara de pronunciar la frase para que Chris supiera que la palabra que iba a continuación era "colocado".

-Hasta las cejas.

Durante unos segundos sólo se escuchó el parloteo incesante de los periodistas y el ruido de los obturadores de las cámaras.

-¿Qué pasa, chicas?

Chris miró a Gwen aliviada que en aquellos momentos se estaba acercando hacia ellas con paso jovial. Su aparición las había salvado de una situación extremadamente incómoda que ella se veía incapaz de romper y, por lo visto, Mary también.

-Hola, Gwen.-contestaron las dos casi al unísino.

-¿Dónde te habías metido?-preguntó Mary.

-Me he entretenido hablando con aquella chica de allí...-contestó ella como si la cosa no fuera con ella, a la vez que señalaba con la cabeza hacia el lugar de donde venía.

-¿Has estado hablando con aquella periodista?-preguntó Chris mirando hacia la chica a la que se refería Gwen.

-Sí, con ella. Es simpática.-respondió Gwen sonriente. Tanto Mary como Chris no pudieron reprimir la cara de sorpresa.-Tranquilas... No le he contado nada de mi vida privada, malpensadas...

-Ah, pensaba que...

-No pienses tanto, Christine.-le cortó Gwen medio en serio medio en broma.-Tú también eres periodista, hablo contigo y no pasa nada...

-Bueno, eso de que es periodista dejémoslo estar...-rió Mary.

-Cállate, Hall.-le replicó ella pero sin poder contenerse la risa.

De repente, el grupo de fotógrafos se deshizo. Las tres miraron hacia allí: al parecer, la improvisada sesión de fotos había terminado. Ahora sólo quedaba pulular por allí y disfrutar, si se podía, de la fiesta. Los chicos se acercaron hacia ellas. Todos excepto Paul, que se quedó retrasado charlando con una fotógrafa rubia a la que Christine no había visto nunca antes en toda su vida. Observó a su hermano justo antes de que John se acercara a ella y la agarrara por la cintura.

-Hola pequeña, ¿aburrida?

Ella sólo pudo dibujar una sonrisa falsa. Tal vez los efectos del ácido se le estaban pasando, pero aún así seguía colocado. No obstante, ella sabía que no era el momento ni el lugar para comportarse de otro modo que no fuera el interpretar su papel de novia feliz.

-Hola, guapo.-saludó forzadamente.

Se dejó besar por él, que al parecer no notó para nada cómo se sentía en realidad. Mejor así. No era el momento de montar un espectáculo y, con John, nunca se sabía.

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Paul se había llevado la sorpresa más grata que podía haberse llevado aquella noche cuando vio allí, plantada delante de ellos y con la cámara de fotos en la mano, a Linda. No tenía ni idea de que iba a ir a la presentación y aquello había hecho que aún se alegrara más, si cabía, de verla. Tan sólo hacía un par de días desde aquel primer encuentro, pero, aún así, tenía unas ganas terribles de volverla a ver. Era algo... raro. Muy raro en él.

-¿Por qué no me dijiste que ibas a venir a la presentación?-le preguntó él.

Ella rió y miró a su alrededor antes de contestar. El resto del grupo estaban tan sólo a unos pasos, con las chicas, y los periodistas y los fotógrafos charlaban entre ellos, distraídos. A vistas de los demás, la charla entre Paul y Linda podía pasar como una charla inocente y casual.

-No me preguntaste.

Paul soltó una carcajada.

-Buena contestación... Y... ¿qué te ha parecido todo esto?

-¿El disco o la presentación en sí?

-Digamos que las dos cosas.

-Sinceramente creo que el disco va a dar mucho de qué hablar...-contestó Linda-Es... muy original. Jamás había visto algo así. ¿Se puede saber de dónde salió la idea de los trajes y todo eso del Sgt. Pepper?

Paul sonrió, complacido.

-Si te digo la verdad, creerás que soy un fanfarrón...

-Si te digo la verdad ya de por sí creo que lo eres, así que dilo.-bromeó ella.

-Está bien, está bien...-rió Paul que muy lejos de estar molesto por el comentario de Linda se lo estaba pasando en grande.-La idea se me ocurrió a mí.

-Tenías razón. Después de decir eso, pareces más fanfarrón de lo que creía.

Paul volvió a soltar otra carcajada.

-Espero que no te moleste ese pequeño aspecto...

-Para nada. Todos somos fanfarrones de vez en cuando. Y quien diga que no, miente.

-En eso tienes razón...

De repente, la voz de Brian anunciando que los periodistas y los fotógrafos debían irse interrumpió aquella conversación. Paul se volvió hacia su manager y le dedicó una mirada penetrante, molesto. Acababa de estropear su conversación con Linda.

-Debo irme ya.-dijo Linda.

-Si quieres puedes quedarte...-se apresuró a decir él deseando con todas sus fuerzas que ella aceptara su propuesta.- Puedo decirle a  Brian que haga una excepción y te presentaría a los chicos...

-Te lo agradezco, pero tengo que irme.-le respondió ella.-Debo llamar a mi hija y...

-¿A tu hija? ¿Estás casada?-preguntó él nervioso ante aquel repentino descubrimiento.

-Divorciada.-puntualizó ella.-Tengo una niña de cuatro años.

-Seguro que es encantadora.-contestó él poniendo una de sus mejores sonrisas.-Como la madre.

-Debo irme.-insistió ella.-Un placer haber estado contigo un rato, Paul.

-Lo mismo digo.-le respondió sin poder ocultar un deje de decepción en su voz.-Supongo que nos volveremos a ver, ¿no?

-Tal vez coincidamos algún día. ¡Adiós!

-Espero que así sea...

Pero Linda no alcanzó a escuchar esa última frase. Ya estaba demasiado alejada de él como para poderlo escuchar. Paul suspiró. Se sentía un poco decepcionado por aquella abrupta despedida, pero a la vez, se sentía enormemente feliz por el reencuentro. Además, aquel breve cruce de palabras entre los dos le había servido para conocer nuevas cosas sobre ella. Divorciada y con una hija... Aquello, lejos de molestarle, le había provocado aún más curiosidad por ella. Sonrió. Sólo la había visto un par de veces y Linda ya le estaba sorprendiendo...

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Christine consiguió zafarse de John segundos después de que los periodistas salieran de allí. No le costó demasiado, a decir verdad. Él estaba bastante entretenido hablando con Mal y quedó satisfecho con el "Voy a ver a mi hermano" que le había contestado cuando él le había preguntado adónde iba. No le había mentido. Iba a ver a Paul. Lo había estado observando durante un buen rato, mientras hablaba con la fotógrafa y había notado algo en él. Sentía curiosidad por abordarle y preguntarle por el tema, pero, además, también tenía ganas de charlar un poco con él, de intentar recuperar la vieja camaradería que había existido entre los dos y que hacía tiempo que se había perdido en el olvido.

-Hola, gusano.-lo saludó cuando estuvo lo suficientemente cerca de él como para que le pudiera escuchar.

-¡Enana!-exclamó él girándose hacia ella.-¿Qué tal está mi hermana pequeña? ¿Aún vive?

-Eso creo.-sonrió ella.-¿Qué tal estás?

-Bien, pero agobiado. Hace mucho calor aquí dentro, ¿no?

-La verdad es que sí.-respondió ella.-¿Te parece si vamos un rato afuera y tomamos el aire?

-¿No se pondrá celoso tu novio?

Pese a que la broma de Paul no le hizo ni pizca de gracia, Chris se obligó a sonreír.

-Eres mi hermano, gusano. Creo que de todos los hombres que hay en el mundo, del único que no se pondría celoso es de ti...

-De acuerdo, vale...-rió él.-Vamos y que nos dé un poco el aire.

Los dos hermanos salieron al jardín, en silencio. A Chris, el breve trayecto desde el interior de la casa hasta allí, le recordó a los viejos tiempos, en Liverpool. Sonrió nostálgica.

-Paul... ¿puedo preguntarte algo?-preguntó ella de repente cuando se sentaron en las escaleras que bajaban al jardín.

Paul tardó unos segundos en contestar ocupado como estaba en hurgar sus bolsillos.

-Claro.-contestó al fin a la vez que sacaba una pequeña bolsita con marihuana y papel de fumar.-Por cierto... ¿quieres?

-Estoy empezando a hartarme de esta mierda...-masculló ella.-Pero vale, fumemos un poco.

Paul sonrió e inmediatamente se puso a liar un porro a una velocidad pasmosa. Se notaba que había hecho aquello cientos de veces.

-¿Qué era eso que querías preguntarme?-quiso saber él mientras se encendía el porro y le daba la primera calada.

-Bueno... Sabes que soy una cotilla, ¿no?

-Eso no es novedad....

Chris soltó una risita y agarró el porro.

-Te he visto hablando con esa fotógrafa, la rubia...

-¿Linda?

-¿La conoces?

-Sí.-sonrió él.-¿Algún problema, hermanita?

-No, ninguno... Sólo me preguntaba si...

-Pues no te preguntes tanto...

-Por eso te pregunto a ti... ¿Hay algo?

-¿Algo cómo qué?

-¡Joder, Paul!-exclamó ella riendo.-¿Te gusta o no?

Paul rió entre dientes antes de contestar.

-¿Tanto se nota?

-Un poco... Pero bueno, yo te lo noto porque soy tu hermana y te conozco desde que eras una cosa pequeña y fea... No creas que has cambiado tanto: sigues siendo feo, sólo que un poco más grande.

-Enana...-rió Paul.-Te la vas a ganar... Bueno... Me gusta, sí. Pero no tengo nada con ella si es eso lo que quieres saber, pedazo de cotilla.

-Me decepcionas. Creí que en esta nueva etapa de Don Juan tuya tenías algo con medio Reino Unido...

-Guárdate tus chistes Lennon para cuando estés con él, ¿vale?

Pese a que Paul había dicho aquello en broma, Chris no pudo evitar ponerse seria cuando su hermano pronunció la palabra Lennon. Su hermano pareció darse cuenta e inmediatamente borró la sonrisilla burlona que tenía en la cara.

-Chris...-masculló.-¿Ocurre algo?

-No.-mintió ella.

-Christie...

La chica calló. Sabía que Paul la había pillado. Jamás le había podido mentir sin que le pillara y aquello, por mucho que su relación se hubiera visto menguada en los últimos meses, no había cambiado.

-¿Va todo bien con John?-preguntó él a bocajarro.

-Como siempre.-se apresuró a contestar ella sin mirarle a los ojos.-¿Por qué preguntas eso?

-Porque...

-¡Ey! ¿Dónde os habíais metido? Os estaba buscando.

Los dos hermanos se volvieron para mirar a John, que acababa de aparecer por detrás de ellos.

-Hola, monstruo.-sonrió Chris, casi hasta aliviada porque aquella aparición le había librado del inevitable interrogatorio de su hermano.-Fumábamos un poco.

-Ya lo veo...-sonrió él sentándose a su lado y dándole un beso en la mejilla. Al parecer, los efectos del ácido se habían desvanecido por completo. Aquella vez el viaje había sido corto, sólo de unas cinco horas.-¿No me queríais invitar o qué?

-No creo que a ti te haga falta que te inviten a colocarte, Lennon.

Chris se volvió para mirar a Paul. La acritud con la que su hermano acababa de pronunciar esa frase la había sorprendido.

-Me voy adentro. Me estoy congelando.-dijo Paul de repente poniéndose en pie.-Os dejo esto. Acabároslo vosotros, a mí no me apetece.

Chris agarró el porro encendido a medio fumar que le tendió su mano sin decir una palabra.

-¿Y a éste qué mosca le ha picado?-preguntó John cuando Paul entró dentro del edificio nuevamente.

-Ni idea.

Pero Christine estaba mintiendo de nuevo. Y es que tenía la sensación de que sí que sabía lo que le pasaba a Paul exactamente. No sabía cómo, pero estaba segura de que su hermano se había enterado de los problemas que ella estaba teniendo con John por culpa del ácido...

-Venga, pequeña.-dijo John de repente rodeándole los hombros con su brazo y pegándola él.-No desperdiciemos hierba y acabemos ese porro. Invita Paul.

Chris sólo pudo esbozar una sonrisilla forzada a la vez que le ponía el porro en la boca a John. A ella, como a su hermano instantes antes, también se le habían ido por completo las ganas de fumar.

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Ringo y ella fueron los primeros en irse de allí. Pese a que tanto el uno como el otro siempre eran de los que les gustaba estar en cualquier sitio hasta el final, Mary se sentía demasiado cansada como para continuar allí. Y de este modo, después de soportar divertida unas cuantas bromas sobre el embarazo de los chicos y de despedirse de todos, los dos salieron a la calle dispuestos a volver a casa lo antes posible.

Pese a que ya era mayo y no llovía, la noche era bastante fría. Precisamente por eso, a Mary le extrañó ver todavía a aquellas horas a un par de tipos que enseguida reconoció como a periodistas que horas antes habían estado en la fiesta montando guardia cerca de su coche.

-¿Qué quieren esos ahora?-preguntó Ringo en voz baja frunciendo el ceño.

Casi como si lo hubieran escuchado, los dos tipos se acercaron hacia ellos, con paso decidido.

-Buenas noches, señor Starkey.-preguntó el que aparentaba ser más mayor.

-Buenas noches.-contestó Ringo.-¿Puedo ayudarles en algo?

-¿Podrían respondernos a unas preguntas?-preguntó el otro tipo.

-Han tenido tiempo a hacer preguntas allí dentro...-respondió él en tono cansado mientras abría la puerta del coche.-Ahora no, lo siento. Es ya muy tarde y...

No obstante, el tipo que acababa de preguntar aquello, hizo caso omiso de lo que Ringo había dicho.

-Se les ha visto entrar en la consulta de uno de los ginecólogos más prestigiosos de Londres.-dijo.-Algunos empiezan a hablar sobre un posible embarazo, ¿tienen algo que decir al respecto?

-Lo único que tengo que decir en estos momentos es que es muy tarde y mi mujer y yo tenemos sueño.-contestó Ringo con naturalidad antes de que él y Mary entraran en el coche.

Nada más cerrar la puerta del coche, la chica lanzó un fuerte resoplido. En aquellos momentos agradecía con toda su alma que Ringo hubiera estado allí para responder a aquello. Ella no hubiera sabido qué decir. Solamente con intentar controlar los temblores que le había dado el escuchar aquella pregunta tenía bastante.

Ringo puso en marcha el coche y dejó atrás a los periodistas.

-Creo que nos han pillado...-susurró ella con un hilillo de voz.

Ringo rió sin desviar la vista de la carretera.

-Creo que sí... Pero déjalos que sigan con sus conjeturas, que se entretengan con sus rumores...

-¿Sabes qué dice mi madre, Ritchie?

-¿Qué?

-Pues que el dinero y las embarazadas no se pueden ocultar por mucho tiempo.-le respondió ella divertida.

-Bueno...Pues si no se puede ocultar... No me quedará otra que gritar a los cuatro vientos que soy el tipo más feliz de la tierra cuando me vuelvan a preguntar, ¿no crees?

Mary no pudo evitar dibujar una enorme sonrisa en su cara cuando escuchó aquella contestación. Dudaba que alguien pudiera querer más a alguien de lo que ella quería a Ringo. Lo dudaba. Y mucho.




Holaaaaaaaa! Qué hay? Aquí estoy yo con este capi que, admito, me ha costado sacar de adentro... Pero bueno, aquí lo tenéis, listo y sin retrasos demasiado excesivos como las otras veces, jejeje. Pues eso, que muchas, muchas, muchas gracias por leer, por comentar y por vuestro apoyo.

Os quiero un montón a todas! Besazos! :)


martes, 8 de enero de 2013

Capítulo 71: Sueños que nacen, sueños que caen

Jamás había pensado que decir aquello iba a ser tan difícil. Pese a que habían pasado días y días desde que Mary había sabido de su embarazo, aún no había encontrado el momento de comentárselo a Richard. Y eso que ya había contado con más de una ocasión que le hubiera venido que ni pintada, ocasiones en las que él, nervioso, había hecho comentarios preocupados acerca de la tardanza en los resultados de los análisis que le había hecho el Doctor Thompson. Pero a ella, como siempre, le entraba el ataque de pánico cada vez que se hacía el ánimo de abrir la boca.

-Hola, princesa.

Mary levantó la cabeza de la novela que estaba leyendo sobresaltada y miró a Ringo obligándose a esbozar una sonrisilla. Ni siquiera lo había escuchado llegar de tan absorta como estaba en sus propios pensamientos.

-¿Ya has llegado?-preguntó diciendo lo primero que se le vino a la mente.

-No, soy un espejismo.-bromeó él.

Ella le rió la broma mientras se maldecía a sí misma por haber hecho aquella pregunta tan tonta. Ringo, por su parte, se acercó hacia ella y le plató un suave beso en los labios, cariñoso.

-¿Cómo estás hoy?-susurró.-Pareces preocupada...

-No es nada.-contestó ella de manera automática.-Sólo es que estaba concentrada en la lectura y...

-Entiendo. Pero hace días que estás un poco como... taciturna... Es por lo que tardan esos malditos análisis, ¿verdad?

Mary tragó saliva nada más le escuchó pronunciar la palabra "análisis", pero intentó mantener la compostura.

-Sí, puede que sí...-susurró al cabo de unos segundos.

-Bueno, si no están esta semana llamaré para meter prisa, ¿te parece?

-No creo que haga falta.-se apresuró a contestarle.-Ya sabes que esas cosas toman su tiempo y... Seguro que llaman pronto, ya lo verás.

-Bueno, de todas maneras si para el viernes no están, llamaré. No perdemos nada por hacerlo, ¿no?

Ringo dibujó una inmensa sonrisa en la cara, una sonrisa que a Mary le hizo sentir fatal. Le estaba mintiendo al no decirle que ya sabía los resultados y, además, lo estaba haciendo descaradamente.

-¿Cómo ha ido hoy?-preguntó intentando cambiar de tema radicalmente.

-De eso precisamente quería hablarte.-contestó él sonriente sentándose a su lado en el sofá.-Hoy por fin hemos puesto punto final al nuevo disco. Ya lo tenemos todo a punto para el lanzamiento.

-¿En serio?

-Pues claro que en serio. Ya iba siendo hora, ¿no crees?

-Pues sí...-sonrió ella.-Os ha llevado más tiempo del que esperabais.

-Dímelo a mí...-suspiró Ringo.-Pero la verdad es que ha quedado bárbaro. Yo creo que funcionará bien.

-Seguro que sí. Además, ¿qué de lo que hacéis vosotros no funciona?

Ringo soltó una risa divertido.

-Supongo que tienes razón.-contestó al fin.-Por cierto... Mañana para celebrarlo he invitado a John a comer a casa, supongo que no te parecerá mal, ¿no?

-¡Cómo me va a parecer mal! Tengo ganas de verlos ya. Hace ya demasiado que no veo a Chris.

-Sabía que te gustaría la idea.-dijo Ringo pasándole la mano por el pelo.-¿Sabes? Hace algunas semanas que veo a John así como... ido... Y es nombrarle a Chris y... no es que se ponga raro, pero... no sé...

-¿Qué quieres decir?-preguntó ella extrañada. Era la primera noticia que tenía acerca de que las cosas entre esos dos no podían ir del todo bien.

-No sé, Mary.-contestó el chico.-Pero me parece muy raro todo esto... Por eso quizá he decidido invitarlos. Quizá les haga bien airearse un poco.

-Me parece una idea estupenda.-respondió Mary sin poder ocultar una nota de preocupación en su voz.-Además, esos dos últimamente han estado demasiado cerrados en ellos mismos y conociéndolos estarán todo el día peleándose por tonterías. Lo mejor que pueden hacer es venirse aquí aunque sólo sea para una comida y desconectar un poco...

-Así es.

-En fin...-suspiró ella.-Espero que no sea nada...

-Sea como sea,-sentenció Ringo.-mañana lo veremos.


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Paul le dio una última calada a su cigarrillo y lo aplastó contra el cenicero que había sobre la mesa. Después, dio un sorbo a su whisky y miró de nuevo hacia el escenario del Bag O'Nails. Pero sus ojos no se posaron en Georgie Fame ni en ninguno de los músicos. Y es que, pese a que estaban haciendo una actuación genial, a Paul en aquellos momentos no le interesaba demasiado la música. No. Él estaba demasiado ocupado fijándose en aquella chica rubia que estaba a los pies del escenario como para prestar atención a lo que Fame estaba haciendo. No es que fuera de una belleza despampanante, de esas que le llamaban la atención a primera vista, pero lo cierto era que aquella chica tenía algo...

Lo primero que le había llamado la atención de ella era el hecho de que no la conocía de nada. Y sin embargo, allí estaba ella, con The Animals, charlando animadamente con ellos y disfrutando de la actuación. Casi sin darse cuenta, la curiosidad por aquella rubia había ido en aumento y allí estaba él, a pocos metros de ella y sin perderle el ojo ni un solo instante.

-¿Qué te pasa, Paul?

Por toda respuesta, Paul miró a su amigo Dudley y sonrió a la vez que negaba con la cabeza.

-Nada...-contestó él sin más.

No obstante, a Dudley no le valió aquella respuesta y largó una sonora carcajada.

-Para mí que lo que te pasa tiene una melena rubia...

-Podría ser.-sonrió Paul pícaramente a la vez que miraba de reojo hacia el lugar donde estaba la chica.

De repente, la música dejó de sonar y Georgie Fame se despidió de los asistentes.

-¿Vas a ir a saludarle?-preguntó de pronto Dudley.

-Supongo... Por lo menos presentarme, no me gustaría que se fuera así, sin más.

-¡No me refería a la chica!-exclamó su amigo empezando a reír de nuevo con ganas.-Me refería a Georgie.

-Ahm.-masculló Paul sin poder dejar de sentirse algo avergonzado.-A Georgie como que paso... Ya lo saludé la otra vez y...

-Y ahora tu lista de prioridades está centrada en otra cosa.

Paul simplemente le dedicó una sonrisa y se puso en pie.

-¿Adónde vas?-preguntó su amigo extrañado.

-A saludar a la chica. Míralos... Están levantándose y no quiero que se vayan sin por lo menos saber su nombre.

Efectivamente, el grupo de gente con el que se encontraba la misteriosa chica se estaba empezando a levantar de sus asientos. Con paso decidido, Paul se acercó hacia ellos haciendo caso omiso del comentario sarcástico que le lanzó Dudley, comentario que ni siquiera logró llegar a entender.

-Hola.-saludó como si aquello fuera lo más normal del mundo plantándose justo detrás de la rubia.-¿Cómo estás?

La chica se volvió lentamente hacia él y, pese a que pareció reconocerlo al instante, no hizo el menor aspaviento. Sonreía.

-Bien, supongo.

-Me alegro.-dijo él sintiéndose poniendo una de sus mejores sonrisas.-Soy Paul.

-Yo Linda.-se presentó ella.

-¿Qué estás haciendo?

Nada más decir aquello, Paul se sintió como el tío más imbécil del planeta. ¿Qué le pasaba? Se estaba comportando como un adolescente tonto que no sabe qué hacer ante la chica que le gusta... Jamás, ni cuando era un chavalín, había hecho un intento tan burdo para entablar conversación con nadie. Afortunadamente, ella pareció no tomarse a mal el comentario y, lejos de huir de allí, lanzó una risita divertida.

-Supongo que lo mismo que tú.-rió finalmente.-Ver la actuación con unos amigos, ¿no?

-Sí, supongo...-masculló él sintiéndose más y más tonto por momentos.-Y... ¿os marcháis ya?

-Sí. Los chicos han comentado de seguir la fiesta en otro lugar, así que

-Nosotros nos íbamos al Speakeasy.-se apresuró a decir Paul antes de que Linda diera por zanjada la conversación y se largara de allí sin más.-Si os apetece venir... El local está muy bien y estoy seguro de que tus amigos lo conocen y de que, además, les gusta.

-La idea no suena mal.-sonrió la chica.-Además, no he ido nunca a ese sitio y...

-Es un lugar genial.-la interrumpió de repente Eric Burdon por detrás. Paul le lanzó una mirada entre asesina y agradecida. Y es que no sabía si agradacerle el hecho de que se mostrara de acuerdo con ir con ellos o querer ahorcarle por aquella interrupción.-Nos apuntamos. Por cierto, Paul, ¿qué tal?

-Bien.

-Genial.-dijo Linda.-¿Y cómo hacemos para ir? Los coches y todo eso, ya sabéis...

-Si quieres tú te puedes venir en nuestro coche.-se apresuró a contestar Paul antes de que a Eric ni siquiera le diera tiempo a abrir la boca.-Nosotros somos sólo dos y ellos son más... Supongo que así estaremos todos más cómodos.

La sonrisilla picarona que le lanzó Eric por detrás dejó en evidencia que sabía qué tramaba Paul. Aquel gesto, inconscientemente, le hizo sentirse más aliviado; si sonreía, significaba que tenía el camino completamente libre para con ella.

-Me parece bien.-convino Linda.-Vamos a ver si ese sitio del que habláis vale tanto la pena o no.

-Te aseguro que sí.-sonrió Paul volviendo a recuperar la compostura de seductor que parecía haber olvidado desde que había cruzado las primeras palabras con ella.-Ya verás como te gusta. Palabra.

****************************************

-¿Y cómo puede ser que siendo fotógrafa como eres jamás te haya visto?-preguntó Paul acercándose disimuladamente hacia ella.

Linda no se movió ni un centímetro.

-No es fácil acercarse a los archiconocidos Beatles...

-¿Cómo que no lo es?

-Al menos en Estados Unidos no lo era mucho.

-Pero ya ves que Londres es distinto... Aquí me tienes, a uno de esos archiconocidos Beatles.

-Me faltan todavía tres más.

-¿Y a ti te importan los otros tres?-preguntó él en tono seductor.

-Puede.

Paul soltó una risita por el tono en que ella había dicho aquello último. A aquellas alturas de la noche, no podía negar que Linda había empezado a gustarle, y mucho. Era bonita, interesante y se sentía tremendamente cómodo hablando con ella. Además, aquel coqueteo constante en el que habían caído ya los dos desde hacía un buen rato lo envalentonaba y lo decidía todavía más.

De pronto, una canción que jamás había escuchado empezó a sonar en el Speakeasy. Linda levantó la mirada y entrecerró los ojos.

-Es bonita.-dijo ella en voz baja.-¿Sabes qué es?

Paul negó con la cabeza.

-Jamás la he escuchado... Debe ser un nuevo lanzamiento o algo así. Pero sí, es muy bonita.

-Excusas.-sonrió ella.-Tú como súper músico deberías conocerla...

-Quizá sea algo nuevo de Steve Winwood que acaba de salir al mercado... Aquí siempre están a la última con todo esto.

-Sea como sea, es genial.-susurró ella cerrando los ojos.

Él la miró y esbozó una sonrisa tierna. Estaba muy bonita así, con los ojos cerrados y dejándose llevar por las notas de aquella suave melodía. La canción terminó justo cuando él estaba empezando a embelesarse más de la cuenta. Linda, casi de repente abrió los ojos y lo miró de menara penetrante.

-Estoy cansado de andar por ahí...-susurró Paul de repente sin saber ni por qué lo decía.-¿Te apetece que vayamos a un sitio más tranquilo?

La chica frunció ligeramente el ceño antes de decir nada.

-¿Un sitio más tranquilo como cuál?

-Por ejemplo... Mi casa.

La expresión seria que le dedicó Linda hizo que por poco Paul se arrepintiera de la invitación. No obstante, casi de manera inmediata, la chica volvió a dibujar una sonrisa en su cara.

-Sólo si después me llevas de regreso a mi hotel.

-Hecho.-contestó él sin poder evitar sonreír de manera triunfal.-Cuando tú quieras te llevaré adónde quieras.

Ella sólo asintió con la cabeza y, entonces, sin decir nada a nadie, agarró la mano de Linda de manera delicada y los dos salieron del Speakeasy. Era hora de continuar con todo aquello de una manera más relajada.

***********************************

Hacía un día estupendo. Por fin, después de días y días en los que la lluvia no había dado tregua alguna, el sol se había dignado a salir y brillaba con todo su esplendor en el cielo primaveral. Ringo no había podido escoger un día mejor para invitar a John y a Chris a comer a su casa. Casi como si aquel pensamiento los hubiera invocado el Rolls negro de John apareció por el camino de entrada de Sunny Heights.

-¿Ya han llegado?

La preguntó Ringo que había salido justo en esos momentos del interior de la casa.

-Sí.-contestó ella.-Con una extraña puntualidad muy poco propia de estos dos.

John y Chris bajaron del coche casi a la vez que Mary acababa de pronunciar estas últimas palabras. La chica los miró intentando vislumbrar algo de la "rareza" a la que había hecho referencia Ringo el día antes. Los dos avanzaban hacia ellos, agarrados de la mano, sonrientes, y aparentemente felices. No obstante, había algo que no encajaba... Algo en sus miradas, o quizá en su forma de caminar, hacía que algo chirriara a ojos de Mary.

-Hola, pareja.-saludó Ringo cuando se acercaron.

-Hola.-le respondieron los dos casi al unísono.

-A ver estos dos desagradecidos de los que hace días que no sé nada.-bromeó Mary medio en serio medio en broma.

-Lo mismo digo, señora casada.-contestó Chris acercándose hacia ella y dándole un fuerte abrazo.-Espero que ya estés recuperada del todo.

-Sí, ya estoy mucho mejor.-respondió ella intentando mantener la compostura. Se encontraba mejor, sí, pero eso de recuperarse del todo no lo haría hasta dentro de nueve meses.

-Espero que este te haya cuidado bien.-sonrió Chris mirando hacia Ringo.

-No te imaginas lo bien que cuido a mi princesa, Christie.-le respondió el chico guiñando un ojo.-Normal que ya esté recuperada.

-Me alegro yo también de escuchar eso.-intervino John, que hasta el momento se había mantenido callado.-Rich estaba preocupado.

-¿Lo estabas?-bromeó Mary mirando hacia su marido.

Aquel comentario hizo que todos arrancaran en una carcajada.

-Bien, chicos.-dijo Ringo al cabo de unos segundos.-Espero que hayáis venido con hambre... Mary ha hecho comida para un regimiento.

-Tranquilos. No dejaré que sobre nada.

-Sabía que podía contar contigo, Lennon.

Dicho esto, los cuatro entraron en la casa mientras hablaban sin parar sobre la inminente comida. Mary volvió a mirar a sus dos amigos. Parecía que aquella cosa extraña que había percibido entre los dos había desaparecido por completo.

***********************************

La comida transcurrió increíblemente rápida para Chris. Era increíble comprobar el efecto balsámico que tenía el hecho de estar con sus amigos; incluso con John las cosas parecían menos tensas. Ya hacía días que necesitaba aquello: respirar, salir de la atmósfera agobiante que reinaba en su casa, con él.

Después de la inmensa discusión que habían mantenido y de que John volviese a casa colocado hasta las cejas con ácido, las cosas no habían vuelto a ser igual. No es que hubieran discutido nuevamente, que hubierahabido gritos ni reproches, ni nada por el estilo, al día siguiente. Sólo había habido silencio y aquello había sido infinitamente peor que las grandes discusiones. Un silencio medio arrepentido por parte de él; un silencio de decepción por parte de ella. Y después, cuando aquel silencio se había convertido en una cargante rutina, John había vuelto a hacerlo. Dos días después, al volver a casa del trabajo, Chris lo había pillado de nuevo en pleno viaje con LSD. Lejos de montarle un número se retiró a la habitación a leer, aunque acabó llorando. Y al día siguiente, cuando volvió a encontrarlo así de nuevo, volvió a llorar. Y al siguiente, y al siguiente... Y después, cuando se le pasaba el colocón, siempre lo mismo: John se disculpaba, la colmaba de frases bonitas, incluso le hacía el amor con cuidado, regocijándose en sus besos y en sus caricias a la vez que le pedía una y otra vez perdón. Pero, pese a todo aquello, Chris tenía la sensación de que todo, todo lo que habían construido los dos juntos, todo lo que había hecho con la persona a la que más quería en el mundo, se estaba empezando a derrumbar de una manera lenta, sí, pero imparable. Y sin lugar a dudas, esa impotencia, ese no saber qué hacer para volver a hacer que todo fuera como antes, era la sensación más odiosa del mundo.

Casi sin que ella se diera cuenta, John y Ringo salieron al jardín y se las dejaron a Mary y a ella solas.

-¿Qué pasa, Chris?

La pregunta de su amiga la pilló por sorpresa, aunque pronto reaccionó.

-¿A mí?-preguntó sonriendo.-Nada.

-No te lo crees ni tú, Christine.-suspiró Mary.-Estás preocupada, se te nota. ¿Ocurre algo?

-No pasa nada, Mary.

-Llámame insistente si quieres... Pero sólo te he visto una vez con esa expresión sombría en el rostro desde que te conozco. Fue hace más de un año, cuando te diste cuenta de que querías a John pero no querías nada con él porque estaba casado.

-Menos mal que no quería nada con él, ¿eh?-comentó ella en tono amargo.-Míranos ahora.

Mary guardó silencio durante unos segundos en los cuales la escrutó con la mirada. Chris, incómoda, apartó la vista  de su amiga y miró por la ventana. Afuera, John y Ringo miraban el Rolls de John con curiosidad.

-¿Es John, verdad?

Christine apretó la mandíbula con fuerza, intentando mantener a raya las lágrimas que tenía ganas de derramar, y asintió con la cabeza lentamente.

-Todo se va a la mierda.-susurró al cabo de unos segundos.-Todo. Y yo no sé qué hacer, no tengo ni idea.

-¿Ha ocurrido algo?

-Sus celos y la mierda del puto ácido.-respondió ella con dolor.-Por culpa del maldito LSD se está convirtiendo en otra persona, no es John.

-¿Pero lo has hablado con él?

-¿Y de qué serviría?

-Chris...-masculló Mary acercándose hacia ella.-Tranquilízate. Los dos os queréis, no he visto nunca a una pareja que lo haga tanto como lo hacéis vosotros. Sólo es una mala época que pasará, ya lo verás.

-Esta mala época se está alargando demasiado...-susurró ella.

-Ten confianza.-la intentó consolar su amigo.-Seguro que en poco tiempo las cosas vuelven a ser como antes.

-Ojalá tengas razón.

-La tengo.-afirmó Mary.-Y... Si te sirve de consuelo no eres la única que tiene la cabeza hecha un lío.

-¿Qué pasa?-preguntó Chris mirándola, intrigada.

Mary lanzó un suspiro antes de continuar.

-Te acuerdas de que no me encontraba bien, ¿no?

-Por supuesto que me acuerdo.-respondió ella empezando a temerse lo peor.-¿Te pasa algo... malo?

-No, no es nada malo.-contestó Mary dibujando una sonrisa distante en la cara.-Pero sí impactante. La verdad es que ni yo misma me hago a la idea...

-¿Pero qué...?

-Chris... Estoy embarazada.

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-Joder... Un coche así y tiene la carrocería hecha una piltrafa...-masculló Ringo mirando el Rolls de John con detenimiento.-¿Cómo se te ha hecho así?

-Está así desde que vinimos de España.-contestó John.-Les dice que se quemó, por la arena caliente y todo eso...

-Pues menuda putada. ¿Has pensado en pintarlo de nuevo?

-Por supuesto que lo he pensado... El día menos pensado lo envío a la fábrica y listo. Pero...

-¿Pero qué?

-He pensado en cambiarle el color.-respondió él.-Creo que me he cansado ya de este negro. A veces Chris bromea diciendo que es el coche de la funeraria, pero en el fondo tiene razón.

Ringo soltó una sonora carcajada cuando escuchó aquello.

-Supongo que sí. Un aire a los coches fúnebres sí que tiene. ¿Ya has elegido el nuevo color?

-Ni idea. Pero negro, no.

-Y...-empezó a decir Ringo pero, después, pareció pensárselo mejor y dijo:-No, déjalo, es una tontería.

John le dedicó una mirada interrogativa.

-¿Qué?

-Te he dicho que es una chorrada... Era sólo una idea que se me ha pasado, pero es una tontería...

-Tontería o no, dila.-sonrió John.-No sería la primera vez que dices una, así que no me asustaría.

-Gracias, capullo.-rió Ringo.-Está bien... Verás, iba a proponerte que hicieras... No sé, algo parecido a lo que ha hecho Paul con su piano.

-¿Cómo?-se extrañó él, que no tenía ni idea de adónde quería ir a llegar su amigo.

-Sí, hombre. El piano. Se lo pintó Dudley, con motivos psicodélicos.

-¿Me estás proponiendo que pinte mi puto Rolls Royce con motivos psicodélicos?-preguntó John a la vez que lanzaba una risotada.

-Te dije que era una tontería...-masculló Ringo, a todas luces avergonzado.

-¡No!-exclamó John de repente.-¡No es ninguna tontería!

-¿Qué?

-Lo que has oído, que no es ninguna tontería. De hecho, es la mejor idea que he oído en los últimos meses.-contestó John.-Un Rolls psicodélico... ¡Me gusta!

********************************

-¿Me estás diciendo que estás embarazada y que Ringo no lo sabe?-casi gritó Chris.

-Mmmm... Sí.-contestó ella sin poder evitar sentirse avergonzada.

-¿Y a qué esperas para decírselo? ¿A que nazca?

-Sólo esperaba el momento adecuado para...

-Mary. Estás casi de dos meses y hace muchos días que lo sabes. Creo que el momento adecuado es éste.

-No me agobies.-se quejó ella que, aunque supiera de sobras que su amiga tenía razón, no podía dejar de sentir ese nudo en la garganta cada vez que pensaba en cómo debía decírselo a él.-Sólo que... No sé. Ni yo misma me hago a la idea... ¿Cómo va a hacérsela él? Llevamos muy poco tiempo casados y esto no entraba en nuestros planes aún. ¿Y si se lo toma a mal?

-¿Pero cómo se lo va a tomar a mal? ¡Estamos hablando de Ringo! Seguro que se lo toma genial. Es más, apuesto a que la noticia le hace muchísima ilusión.

Mary soltó un suspiro nerviosa y miró a su amiga. Quizá tuviera razón...

-¿Tú crees?

-Si no lo creyera no te lo diría.-contestó Chris dibujando una inmensa sonrisa en su cara.-Díselo, ya verás como...

Pero Chris no pudo acabar de decir las últimas palabras de la frase porque, de pronto, John y Ringo entraron en el salón. Aquello hizo que las dos chicas pararan de repente con su conversación.

-¿A qué no sabes la idea que ha tenido este figura?-preguntó John dirigiéndose hacia Chris.

Mary los miró y por un momento olvidó la conversación pendiente que tenía con Ringo. En aquellos momentos parecía que aquellos dos no estuvieran atravesando por ningún tipo de problema.

-No.-respondió ella.-A ver, sorprendedme.

-Ha propuesto que pintemos el Rolls con motivos psicodélicos.

Las dos chicas soltaron una sonora carcajada.

-Y tú vas a hacerlo, ¿me equivoco?-preguntó Chris divertida cuando acabaron de reír.

-Si a ti te gusta la idea...

-Parecerá un coche de funeraria de colores.-bromeó ella.-Pero... me gusta esa locura.

-Y yo que pensaba que había dicho una tontería...-rió Ringo.-Y estos dos van y se lo toman en serio.

-Por supuesto que sí, Starkey.-respondió John.-Aunque parezca que no, siempre tenemos en cuenta tus opiniones.

**********************************

Chris y John aún habían tardado más de una hora en irse pero, al fin, los habían dejado solos. Allí estaban los dos, sentados en el salón y viendo una película mala del Oeste que estaban dando por la tele. Mary sabía que había llegado el momento de decírselo, que debía hacerlo. Al fin y al cabo, Chris tenía razón: lo más probable era que se lo tomara a bien, así que... ¿para qué preocuparse?

Haciendo de tripas corazón, la chica agarró aire.

-Rich...-empezó a decir con un hilillo de voz.

Él se volvió hacia ella y la miró, extrañado.

-¿Pasa algo, princesa?

-En realidad... sí.-respondió ella notando como el tono le empezaba a temblar.-Tengo que decirte algo.

Con un gesto rápido, Ringo apagó la televisión y clavó sus ojos azules en ella.

-¿Qué quieres contarme?

-Verás....-susurró.-Te... te... te... mentí.

-¿Me mentiste?

-Sí... Lo hice. Es sobre los análisis que me hizo el doctor Thompson... En realidad ya sé los resultados, me llamó a consulta un día que tu estabas en el estudio y...

-¿Me has ocultado los resultados de los análisis?-preguntó él entre sorprendido y enfadado.

-En realidad tenía miedo a decírtelo...

-Mary... Me estás asustando.-dijo él en tono grave.-¿Qué ocurre con esos análisis? ¿Qué te dijo el médico?

-Pues que... que...

-¡¿Qué?!

La chica agarró aire y cerró los ojos. Fuera como fuera no quería ver la reacción de Ringo.

-Estoy embarazada. Estaré de unos dos meses.

Un silencio sepulcral se hizo en la estancia. Mary se mantuvo así, con los ojos cerrados, durante unos segundos más hasta que la angustia por saber cómo se lo había tomado él pudo con ella y los abrió, temiendo encontrarse ante ella a un pobre Rich fuera de lugar. Pero, una vez más, Mary se equivocó. Allí, delante de ella, tenía al chico más feliz del mundo. Ringo sonreía, sonreía abiertamente y sus ojos brillaban de una manera exagerada... ¿lágrimas, tal vez?

Antes de que ella pudiera decir nada, el chico la agarró por la cintura y le dio el beso más largo y dulce que jamás le había dado.

-Joder... Vamos a ser padres.-susurró él cuando se separó de ella.-Vamos a ser padres. ¡Es fabuloso!

Y entonces Mary sintió como ese mar de dudas que había tenido dentro hasta hacía tan sólo unos segundos, se disolvía por completo. Iban a ser padres y aquello era motivo de felicidad. De mucha felicidad. Miró a Ringo a los ojos, feliz. Era la primera vez que lo veía llorar. Y lo mejor de todo era que lo estaba haciendo de pura alegría.

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Gwen caminaba alegremente junto con una sus compañeras de facultad hacia la siguiente clase. Sin saber cómo, la conversación había derivado hacia las clases de sitar de George y hacia las clases de meditación que ella había tomado hacía tan sólo unos meses.

-¿Te va todo ese rollo?-preguntó su amiga Donna.

-Bueno... Es interesante.-respondió ella sin saber muy bien si su amiga consideraba todo aquello como una chorrada.

-Yo jamás he probado nada de eso, pero dicen que está genial, que te ayuda a ser tú misma.-concluyó la chica para alivio de Gwen.

-Sí... Yo no es que tampoco esté muy iniciado, pero... sí, va bien.

-Pues dicen que ahora ha venido a Londres un tipo que sabe un montón de todo eso...

-¿En serio?

-Sí... Lidera una especie de movimiento espiritual o algo así, hindú, ya sabes.-continuó Donna.-Un par de amigos míos han ido a sus reuniones y dicen que no está mal. No te exige nada del otro mundo, excepto meditar media hora al día o algo así.

-Vaya... No tenía ni idea... ¿Sabes cómo se llama?

-Algo de Yogi... Como el oso de los dibujos animados.

Gwen no pudo evitar soltar una carcajada cuando su amiga hizo aquel comentario.

-No sé si me inspira mucha confianza un tipo que se llame como un personaje de dibujos animados...-bromeó.-Pero bueno... Todo es cuestión de ver qué dice...

-Sí, en eso tienes razón, si no lo escuchas no sabes si... ¡Mierda! ¡Ya han cerrado la puerta de clase!

Y sin ni siquiera acordarse de lo que acababan de hablar, las dos chicas empezaron a correr por el pasillo para llegar a su clase de pintura. En aquellos momentos, el evitarse el discurso sobre la irresponsabilidad que conllevaban los retrasos a clase del profesor, era su principal prioridad.






Hola, nenas! Aquí vengo yo con un capi que me ha costado sangre escribir y por el que medio pido disculpas por si es así como una... ¿mierda? Lo primero que os quería decir a todas es que muchas gracias, muchas gracias por vuestros comentarios en el capi anterior y por vuestras muestras de apoyo en las notas. De verdad, me alegró mucho ver como hay lectores nuevos, que les gusta esto, como Zingara (Un súper beso desde aquí) y que el resto ahí estáis, apoyando aunque, por fortuna, no supierais mucho a qué santo venía todo aquel discurso que os solté. Digamos que con aquello sólo quise dejar las cosas claras y que creo (y espero) haberlo dejado todo con una claridad meridiana para quien se lo tenía que dejar. También quería hacer una mención especial a Patricia, una mención para tranquilizarla más que nada, jajaja. Pobrecita, no te apures. No me sentí mal por tu pregunta del capítulo anterior, nada más lejos de la realidad. De hecho, me alegró el leerla porque bien saben algunas personas de las que leen esto que esa nota iba a publicarla de antes de Navidad, diciendo exactamente lo mismo. Tu pregunta sólo hizo que por fin me decidiera a hacerlo, así que supongo que hasta debo darte las gracias ;)

Y en fin, yo ya me despido. Un saludo y hasta pronto! :D

miércoles, 2 de enero de 2013

NOTA


Hola gente!

¿Qué hay? Bien, pues aquí estoy yo con esta nota que espero que sirva para aclarar algunas cosas que han surgido sobre el fic. Algunas me las habéis preguntado directamente, otras no; pero me gustaría hacer un ejercicio de sinceridad con vosotras y decir lo que voy a decir. No quise publicar esto al final del otro capítulo. Era Año Nuevo, quería felicitaros, y me parecía un poco bestia empezar el 2013 así. Además, me parecía demasiado extenso como para ponerlo como una nota de fin de capi.

Como ya habréis notado, mi ritmo de publicaciones ha ido bajando últimamente. Sí, lo sé, se está convirtiendo en una malsana afición eso de subir capi cada dos semanas en lugar de semanalmente… La verdad, ni a mí misma me gusta eso porque si os digo la verdad todos, absolutamente todos, los capis del fic están pensados y “esbozados”, con lo cual no tengo excusas al retrasarme tanto cuando lo único que debo hacer es “darle forma” y redactar el capi de turno. ¿Qué ocurre pues? Motivación, os juro que hay. Pese a todos los pesares, este fic se ha convertido en el “niño de mis ojos” y por supuesto que tengo ganas de escribirlo, muchísimas. No obstante, lo que falla quizá es la predisposición a la hora de escribir. Y es que, casi semanalmente llegan a mis oídos ciertas cosas que, lejos de enfadarme, me ponen inmensamente triste. No por mí, la verdad, aunque me molestan, no voy a negarlo. Y esas cosas, de una manera u otra vienen relacionadas con este mundo, el fiquer y el beatle. ¿Y cuál es mi respuesta? Pues el dejar de lado por unos días todo esto, el dedicarme a vivir mi vida a tope y en un par de horas se me pasa todo. No obstante, me meto tanto en otras cosas que dejo esto de la mano y cuando me quiero dar cuenta ya han pasado muchos, demasiados, días, desde que escribí la última línea de esta historia. ¿Y a mí qué?, pensaréis. Pues sí, la verdad es que no tengo ningún derecho a estar haciéndoos perder el tiempo con esta parrafada, pero la verdad es que debía decirlo. Llevo ya mucho tiempo queriendo hacerlo y hasta hoy no me he lanzado a la piscina. Y aquí me tenéis, a punto de decirlo y dispuesta a asumir las consecuencias de todos los puntos y comas que aquí escriba. Así que allá voy…

1)      Escribo por afición, porque disfruto con ello como nadie y porque me parece una forma deliciosa de explotar mi escasa creatividad. Hay gente que pinta, que practica algún deporte o que hace infinidad de cosas. Yo, escribo.

2)      Insisto. Mi afición es escribir y no usar esto para nada más que el entretenerme y el entreteneros, si puedo, a  vosotros. Muy lejos de mis intenciones está el usar esto como una especie de arma para conspirar ni contra nada ni contra nadie.

3)      MI fic es MÍO y sólo MÍO y por tanto tengo plenas facultades para hacer en él lo que quiera sin necesidad de que nadie me recrimine nada o, peor aún, intente a mis espaldas hacer una campaña en mi contra por las cosas que ocurren en él. Si tan grave es el problema, si tan grave es la afrenta, por favor, hay un apartado de “comentarios” en el que podéis expresar vuestro inmenso malestar (siempre y cuando sea de una forma correcta). Si en algún momento alguno de los personajes que esporádicamente han salido en el fic ha sido injustamente tratado, he de decir que ello sólo responde a fines meramente argumentales: al primero, y sabréis de quién hablo, decidí “eliminarlo” porque sinceramente no encajaba en el fic. Era, como he dicho hasta la saciedad a todo aquel que me ha preguntado, un personaje demasiado perfecto y que me planteaba serios problemas a la hora de desarrollar futuras tramas. Si su desaparición fue drástica quizá fue incentivada también por terceras personas. Y si bien es cierto que este personaje habría acabado desapareciendo a lo largo del tiempo por lo que os he dicho, he de decir, con todo el pesar de mi alma, que a día de hoy me arrepiento de haberlo quitado tal y como lo hice con el simple fin de satisfacer. El segundo personaje, y también sabréis a quién me refiero ya que últimamente se me ha preguntado por él, ha dejado de aparecer por varias razones: fue un personaje “dictado”, no creado por mí y sinceramente me siento incapaz de seguir con la creación de otra persona y de darle el protagonismo (excesivo, por cierto) que antes tenía. Sé que queda feo decirlo y que dice muy poco a mi favor que todo esto ocurriera, pero así es. Tened bien claro que de haber escrito yo antes el fic en mi casa, entero, como en un principio quería hacerlo (y como ahora por fin estoy haciendo), todos estos errores no se habrían plasmado. Así que perdón, perdón por todo esto y por las incongruencias que esto pueda ocasionar en la historia.

4)      Nadie, absolutamente nadie, está obligado a leer esto. Lo hago para que la gente pase un buen rato y nada más. Si a alguien no le gusta, por favor, que no lo lea y que busque otro objeto para saciar su masoquismo. Yo sólo pretendo disfrutar y que los demás, por pocos que sean, también lo hagan.

Y por mí, nada más. Siento el discurso, pero debía sacarlo de adentro.  Si hay alguien ofendido después de leer esto, ya sabe dónde contactarme para decirme las cosas bien claras y a mí, que es como yo creo que deben ser. De todos modos creo que tampoco estoy pidiendo o diciendo cosas tan raras…

Muchas gracias por vuestra atención y por estar ahí leyendo. De veras que sin vosotras esto no sería nada.

Saludos.

martes, 1 de enero de 2013

Capítulo 70: Promesas incumplidas

La redacción bullía de actividad a aquella hora de la mañana. Teléfonos sonando, el clac-clac de las máquinas de escribir, gente que corría de aquí para allá apresurada... Parecía un verdadero espectáculo de locos, pero ella, lejos de mirarlo asustada, se sentía extrañamente motivada con aquel trajín. Era su primer día de trabajo como redactora y Anthony, el director, ya le había asignado un escritorio donde trabajar y la había presentado ante sus compañeros, aunque a muchos de ellos ya los conocía de antes de sus múltiples idas y venidas a la redacción.

El primer trabajo de Christine no parecía demasiado simple a primera vista. Tenía ante sus narices la transcripción completa y traducida de la rueda de prensa que aquella misma mañana había dado el Primer Ministro francés y debía redactar la noticia pertinente. Después de leerse unas cuantas noticias similares a las que debía hacer para tener algunos ejemplos a seguir, la chica agarró aire, cargó de papel su máquina de escribir y empezó a teclear. A decir verdad, no era tan difícil como parecía: una vez leída la rueda de prensa y encontrado el titular, lo demás era coser y cantar.

Estaba así, absorta en su trabajo, cuando de repente una voz a su lado la sacó de aquel momento de concentración.

-Siento interrumpirte, pero deberías dejar un espacio al lado de la noticia para poder colocar la foto.

La chica levantó la cabeza algo desconcertada y miró al culpable de aquella interrupción. Un chico rubio con cara de no haber roto nunca un plato y que apenas tendría un par de años más que ella, la miraba atento luciendo una sonrisa que se le antojó tranquilizadora.

-¿Perdona?-preguntó Chris perpleja todavía.

-Sí, mira. Aquí en el margen derecho debes dejar un espacio para que los de maquetación puedan poner la foto correspondiente.-contestó el chico acercándose hacia ella y señalando hacia su folio.

-Ah, vale. Gracias, no tenía ni idea.-respondió ella.-Es mi primer día y ando algo perdida.

-Tranquila, es normal.-sonrió el chaval.-Tú debes de ser la famosa Christine McCartney, ¿verdad?

-Así es, encantada.

-Yo soy Jordan-se presentó tendiéndole la mano.-Encantado, "chica Beatle".

Pese a que en situaciones normales Chris le hubiera roto las piernas a aquel que le llamara "chica Beatle", el tono con el que el tal Jordan lo dijo le hizo bastante gracia, así que esbozo una pequeña sonrisa.

-¿También eres redactor?-quiso saber ella.

-No, qué va. Eso de escribir os lo dejo a los intelectuales. Yo soy fotógrafo.

-Ah, vaya...

-Sí. Solía trabajar con el viejo Blake antes de que se jubilara. Ya sabe. le acompañaba al lugar de la noticia, a las entrevistas... y sacaba las fotos.-continuó Jordan.-Y ahora, mucho me temo que tendrás que soportarme tú: siento decirte que soy "tu fotógrafo".

-Y yo siento decirte que a partir de ahora vas a trabajar con una novata a la que tendrás que enseñarle todo de esta rara profesión.-le siguió la broma ella.-Así que nos soportaremos mutuamente.

-Me parece un trato justo.-rió Jordan.-Y ahora, ya sabes. Si quieres que te ayude en cualquier cosa, sólo has de decírmelo.

-No dudes que lo haré.-le respondió ella.

-Así me gusta.-dijo el chico guiñándole un ojo.

Jordan se despidió de ella y se fue de allí, con un paso entre decidido y chulesco, una manera de caminar que, a ojos de Christine, era muy parecida a la de John. Aquello le hizo dibujar una sonrisa. El día en que dejara de comparar a John con todos a los que conocía, ese día, ni ella se reconocería a sí misma.

************************************

Chris salió de la redacción agotada pero a la vez increíblemente satisfecha. Pese a ser su primer día, había trabajado muy duro y, a juzgar por lo que había dicho Anthony, no lo había hecho mal del todo. Además, se sentía extremadamente a gusto con sus compañeros de trabajo. De hecho, era alucinante el cambio de actitud hacia ella que había notado de la universidad al trabajo: en clase todo eran miradas y cuchicheos; allí, por el contrario, todos la trataban con una normalidad pasmosa pese a que sabían de sobra quién era. Quizá era porque estaban más acostumbrados a los famosos o quizá porque no tenían tiempo a pararse a chismorrear sobre la "chica Beatle", como la había llamado Jordan, quien, por cierto, había sido el único que había mencionado su relación con los chicos en todo el día.

El paseo que dio hasta llegar adonde había aparcado el coche aquella mañana le vino bien para despejarse. Después, subió al sufrido Mini de John que ella maltrataba más que cuidaba y se incorporó al tráfico londinense. Pese a que era hora punta e iba al centro, no tardó demasiado en llegar a casa. Sonrió aliviada mientras aparcaba en el garaje y, después, subió por fin a casa, deseando echarse en el sofá y contarle a John todas las novedades del nuevo trabajo como si fuera una niña entusiasmada después de su primer día de colegio.

Apenas había abierto la puerta de casa, Chris se percató de que John no estaba solo. Se quedó quieta durante unos segundos, intentando reconocer la voz que conversaba con John y, casi al instante, esbozó una enorme sonrisa antes de entrar rápidamente en el comedor.

-¡Hola, chicos!-exclamó risueña cuando entró.

John y Paul se volvieron hacia ella y le sonrieron.

-¡Pequeña!-dijo John poniéndose en pie en el acto y dirigiéndose hacia ella para darle un beso en los labios.-¿Qué tal tu primer día?

-Agotador pero genial.-contestó ella con total seguridad.

-Me alegro.

-¿Y tú qué haces aquí, gusano?-preguntó la chica divertida mirando hacia su hermano mayor.

-¿Es que no puedo venir a ver a mi hermana y preocuparme por su nuevo trabajo de chica responsable?-preguntó fingiendo picarse.

-Eso de chica responsable mejor vamos a dejarlo estar...-rió ella.-Y tranquilo, tú puedes venir aquí siempre que quieras...

-...y siempre que no abuse de mi whisky.-bromeó John.-Había invitado a Paul a cenar, Christie. He pensado que te haría ilusión.

-¡Eso es fabuloso!-exclamó ella alegre.-Pues bueno, chicos, si es así será mejor que nos pongamos manos a la obra y preparemos algo para cenar.

Para sorpresa de Chris, que estaba acostumbrada a que aquellos dos no le ayudaran de manera eficaz en la cocina, tuvieron la cena a punto en poco tiempo. Quizá hubiera sido porque ella no había parado de parlotear sobre su trabajo, pero lo cierto era que los minutos allí dentro se le habían pasado volando. Así pues, pronto se encontraron sentados ante la mesa del comedor dispuestos a empezar a cenar.

-¿Y los compañeros qué tal?-preguntó John mientras se servía una ración que parecía no tener fin de puré de patata.-No nos has dicho nada de la gente.

-Ah, genial también-respondió ella resuelta.-A la mayoría ya los conocía de antes, pero aún así he conocido a gente nueva... Ah, ¿y sabéis qué? Tengo un fotógrafo.

-¿Un fotógrafo?-se extrañó Paul.-Pensé que ibas a trabajar de redactora, no como modelo...

-Cállate, idiota.-rió Chris.-No es eso, me refiero a un fotógrafo que trabajará conmigo. Ya sabéis, un tipo que me acompañará cuando vaya a hacer reportajes y cosas de esas... Se llama Jordan.

-Pobre hombre, la que le ha caído encima...-bormeó Paul.-Trabajar con la enana ésta... De locos, ¿no crees, John?

-Seguro que se jubila a los dos meses por puro agotamiento.-le siguió la broma a la vez que le sacaba la lengua a su novia en un gesto burlón.

-Siento informaros, humoristas aficionados de poca monta, que a Jordan le quedan muchos años por jubilarse.-contestó ella sin perder la sonrisa.-Así que si se harta de mí, se tendrá que aguantar o esperar a que me despidan.

-¿Qué cuantos años tiene?-quiso saber John, que había borrado casi de inmediato la sonrisa de su cara.

-Ni idea, ¿crees que voy preguntando la edad de la gente por ahí, Johnny?-dijo ella empezando a intuir que aquella conversación podía no acabar demasiado bien si no la cortaba. Otra vez John, John y sus celos casi enfermizos.

-¿Es como nosotros?-preguntó Paul curioso.-De mayor, digo.

-Un par de años más que yo a lo sumo...-contestó Chris mirando a John de reojo.

-¿Tan joven?

-Sí.

-Creo que ese puto Jordan ya empieza a caerme mal sin tan siquiera conocerlo...-masculló John de repente haciendo que Chris se volviera hacia él para dedicarle una mirada suplicante.

Él, simplemente dibujó una sonrisilla en su cara, pero Chris supo enseguida que por dentro, pese a aquel gesto, estaba empezando a cabrearse de verdad.

-John...-le dijo ella.-Es sólo un fotógrafo y ya.

-Lo sé, pero me cae mal.-continuó él sin borrar aquella sonrisa tan indescriptible de su cara.-De hecho creo que ya debería estar partiéndole las piernas en lugar de estar aquí...

Chris le lanzó una mirada severa y ya iba  a contestarle cuando, de repente, Paul intervino en aquella incómoda conversación.

-Te recomiendo no hacer eso, Lennon, o la bestia de mi hermana decidirá tomar justa venganza rompiéndoles las piernas a todas las fans que se agolpan en el estudio a esperarnos... Y adiós a nuestra reputación de niños buenos por culpa de la enana asesina ésta.

John soltó una sonora risotada.

-Creo que tienes razón...-dijo al fin acercándose a ella y dándole un beso en la mejilla.-Mi niña es un poco bruta y es capaz de todo, ¿verdad?

-No lo dudes.-sonrió ella dejándose hacer.-Y más con esa horda de tías que desean follarse a alguien que es de mi propiedad.

-¿Ves?-rió el chico.-Una salvaje. Por eso la quiero tanto... Pero ya sabes que no tienes por qué preocuparte.

-Yo no sé si tengo que preocuparme o no, pero tú, seguro que no.

-Lo sé.-sonrió John dándole otro beso, esta vez muy cerca de la comisura de los labios.-Te quiero mucho.

-Yo a ti también, aunque a veces te asfixiaría con la almohada.-bromeó ella revolviéndole el pelo mientras él reía sin parar.

-Y respecto a las fans, no te preocupes, Christie.-dijo él cuando acabó de reír.-Ya se encarga tu hermano de no dejar a ni una libre.

-¿Qué?-rió ella volviéndose hacia su hermano.-¿Es que ahora te tiras a las fans?

-A más de una me he...-empezó a contestar Paul entre risas pero, al ver la cara de asco que ponía su hermana, se apresuró a añadir:-Pero John es un exagerado... Las apple scruffs están todas intactas... No las he tocado.

-Todavía.-rió John.

-De todas maneras...-continuó Paul intentando aguantarse la risa por lo que acababa de decir John.-Digamos que  el comentario de John se refería a que ahora estoy disfrutando de mi soltería...

-Me imagino...-respondió la chica.-No me quiero ni imaginar la de tías que habrán pasado por tu casa desde que yo no estoy allí.

-Pues no llevo la cuenta, pero...

-¡Joder, gusano!-le cortó Chris divertida.-Era una manera de hablar, no quiero que me des cifras ni mucho menos detalles.

-Tú te lo pierdes... La verdad es que es bastante interesante...

-Y extenso.-volvió a reír John.

-Bueno, bueno, bueno.-les cortó ella.-Ya está bien, joder. Eres mi hermano mayor, Paul, y por si no lo sabías esos detalles sobre tu vida sexual como que me dan un poco de asco... ¿Acaso te cuento yo los míos?

-¡No!-exclamó Paul poniendo ahora él cara de asco.-¡Ni se te ocurra! No quiero ni imaginarme lo que el energúmeno éste hace contigo y...

-Cosas maravillosas, Macca...

-¡Vale, vale, vale! ¡Ya está! Cambiemos de tema porque no me apetece vomitar esta magnífica cena.

-Así me gusta, hermanito.-sonrió ella.- Y ahora, come y calla. O por lo menos, no hables de eso.

Y así siguieron, comiendo, charlando y riendo hasta bien entrada la noche. Sin duda, fue una cena magnífica.

**************************************

No hacía ni media hora que Ringo había salido hacia el estudio cuando el teléfono de casa empezó a sonar con insistencia. Con un bufido de fastidio pues se acababa de sentar en el sofá con la intención de leer un poco, Mary se levantó de su cómodo asiento y se dirigió hacia el teléfono, arrastrando los pies y con cara de pocos amigos.

-¿Sí?-preguntó cuando descolgó, de mala gana.

-¿Casa de los Starkey?-preguntó una voz femenina al otro lado de la línea.

Mary levantó una ceja, extrañada ante aquella pregunta. ¿Quién puñetas llamaba y preguntaba si hablaba con "casa de los Starkey"? Nadie que conociera, de eso estaba segura.

-Sí.-masculló finalmente.-Aquí es. ¿Puedo ayudarle?

-¿Podría hablar con la señora Mary Starkey o con su marido?

-Está hablando con ella.

-Ah, perfecto.-contestó la mujer.-Verá, Mary, llamo de la clínica del Doctor Thompson. Acabamos de recibir los resultados de unos análisis que se hizo la semana pasada.

Mary calló. Había esperado aquel momento con ansias, pero ahora que la habían llamado, un temor irracional se había apoderado de ella. Y es que, pese a que se encontraba bastante mejor, aún no estaba del todo bien y aquello la preocupaba. En realidad, la preocupaba mucho, muchísimo. Y lo peor de todo, sin lugar a dudas, era aquel extraño presentimiento de que algo no iba bien.

-¿Sigue ahí, señora Starkey?

-Sí, sí.-se apresuró a contestar ella saliendo de repente de sus propios pensamientos.-Por supuesto que sigo aquí. ¿Cuándo...?

-El Doctor Thompson dice que esta misma tarde siempre y cuando le venga bien.

Mary suspiró.

-¿A qué hora entonces?

-¿A las cinco?

-Perfecto.-contestó ella.-Allí estaré pues. A las cinco.

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Mary bajó del taxi que la había traído desde Sunny Heights hasta la clínica y bufó mientras miraba el edificio. Estaba mortalmente nerviosa y más, estando ella sola. Y es que, después de haberse debatido entre si debía llamar a Richard al estudio y pedirle que le acompañara, al final había decidido que prefería estar sola y afrontar el buen o mal resultado de aquel análisis ella misma. Si todo salía bien, no había necesidad de hacerle pasar a él por aquel trago de ir a la consulta; y si no... Bueno, si no ya se las apañaría ella para contárselo en el momento que creyera más oportuno.

Casi sin darse cuenta, se encontró a sí misma dentro de la consulta, plantada delante del mostrador de la enfermera, seguramente la misma que la había llamado unas horas antes. La mujer, que la reconoció casi en el acto, le dijo con una sonrisa que esperara en las sillas de la sala de espera hasta que el doctor acabara con el paciente al que estaba atendiendo. Ella, con una sonrisilla forzada, se lo agradeció y la obedeció.

Estaba por ponerse a ojear unas revistas de medicina que parecían tremendamente aburridas para matar el tiempo cuando, de repente, escuchó el ruido de la puerta de la consulta. Instintivamente se puso rígida en su silla y dirigió su mirada hacia allí. Un hombre de unos cuarenta y pocos y bien vestido se despidió del doctor Thompson, quien no tardó en localizarla a ella, allí sentada.

-¡Mary!-la saludó cuando el anterior paciente se alejó.-Me alegro de verte. Pasa.

Con gesto sombrío, la chica se puso en pie y siguió al doctor hacia el interior de la consulta.

-¿Has venido sola?-preguntó extrañado el médico cuando se hubieron sentado ante el escritorio.

-Sí.-respondió Mary.-Richard está en el estudio y no creí oportuno molestarle por unos simples resultados...

-En realidad no son unos simples resultados.-le cortó el doctor con educación.-¿Cómo te encuentras?

-Mejor.-respondió ella.

-¿Han desaparecido las molestias por completo?

-Bueno... En realidad no. Aún sufro de vómitos, pero... El malestar no es tan fuerte.

-Lo suponía. ¿Sangras todavía?

-No, el período se me fue hace unos días.

Nada más decir aquello, el doctor esbozó una sonrisa que a Mary le resultó chocante y agarró el sobre que tenía sobre la mesa. La chica lo miró. Aquello seguramente contenía los temidos resultados.

-Tengo aquí los resultados del análisis del otro día.-dijo el doctor sacando unos cuantos folios del sobre.

-¿Y qué tal ha ido?-preguntó ella sin poder evitar lanzarle una mirada angustiada.

-Bien, bien... No hay anemia ni ninguna cosa que nos deba preocupar, así que tranquila.-contestó el hombre.-Pero... Sí que hay algo más.

-¿Algo... más?

-Sí, algo más.-sonrió él.-Mary, me alegra decirte que estás de enhorabuena.

La chica se lo quedó mirando con los ojos muy abiertos, intentando asimilar aquellas palabras que acababa de escuchar, unas palabras que se le antojaban prácticamente imposibles.

-¿Q... Q... Qué?-balbuceó ella confundida como muy pocas veces lo había estado en toda su vida.-¿Cómo que estoy de enhorabuena?

-Estás embarazada, Mary.-le contestó el doctor Thompson sonriendo.-Los análisis no dejan lugar a dudas. Eso sí, estás todavía de muy poco, apenas pasas de un mes.

-Pero...-le interrumpió ella que aún no salía de su asombro.-Pero si he tenido el período hace poco y...

-No, no. Ahí nos equivocamos. Creías que tenías el período, pero en realidad el sangrado no se debía a eso aunque te coincidiera con la fecha en la que te tocaba.

-¿Y a qué se debía entonces?-preguntó entre asustada y sorprendida.-¿Acaso tengo riesgo de aborto o...?

-No, tranquila.-respondió el médico.-No tienes riesgo de nada. De hecho, ese sangrado es más común de lo que creemos en las embarazadas en su primer mes. Nosotros lo conocemos como "sangrado de implantación". A veces, cuando el embrión se instala en el útero y entra en contacto con algún vaso sanguíneo del endometrio, se produce este sangrado. Es un sangrado muy similar al de la menstruación y es normal que muchas mujeres crean que están menstruando si encima coincide con los días en los que les tocaba el período.

-O sea, que estoy embarazada.-casi susurró ella.

-Sí.-le confirmó el doctor.-Estás felizmente embarazada. Enhorabuena, Mary.

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Nada más escuchó la puerta de la casa abrirse, Gwen dejó sus pinturas y salió a recibir a George, que acababa de llegar del estudio.

-¡Menuda sorpresa!-exclamó él cuando la vio aparecer por allí.-Pensaba que estarías durmiendo, son más de las dos de la madrugada y...

-Me apetecía esperarte levantada.-respondió ella dándole un beso en los labios.-Y he aprovechado para pintar algo...

-¿En serio?-respondió el chico.-¿Puedo verlo?

-Por supuesto que sí.-sonrió Gwen agarrándolo de la mano y conduciéndolo hacia la habitación que desde hacía poco se había convertido en su improvisado estudio.

-A ver qué ha hecho la artista de la casa...-dijo George cuando entraron en el estudio y miraba el lienzo, sobre el cual Gwen había pintado una extraña pero a la vez hermosa composición a base de azules.-Vaya... ¡es una pasada!

-¿De verdad te gusta?-preguntó la chica entusiasmada.

-Por supuesto que sí.-contestó George sin perderle de vista el lienzo.-¿Es para clase?

-Sí, en realidad sí.

-Pues te van a poner la nota más alta.

-No seas exagerado...

-No lo soy.-sonrió él volviéndose hacia ella y agarrándola repentinamente por la cintura.-Como tampoco exagero cuando afirmo que eres la chica más hermosa que hay en este mundo, como tampoco exagero cuando te digo que te quiero más que a nada en este mundo.

Gwen se quedó mirándolo, entre sorprendida ante aquella repentina confesión y agradecida por escuchar aquello, perdiéndose en aquel par de ojos misteriosos que tanto la cautivaban. Sí, ella también le quería con locura y así sentía que sería siempre.

-Te amo, Gwen.

Y entonces, antes de que a ella le diera tiempo a contestar, George posó sus labios sobre los suyos y le dio un beso extremadamente dulce pero a la vez apasionado. Al parecer, aquella noche iba a alargarse mucho más de la cuenta...


************************************

Tres días. Tres puñeteros días hacía que Mary sabía lo de su embarazo. Tres días en los que no le había dicho absolutamente a nadie nada acerca de todo aquello. Y cuando decía a nadie, era a nadie. Ni siquiera Ringo, que sí que había empezado a notarla algo rara, sabía nada del embarazo. ¿Por qué hacía aquello? Ni siquiera ella misma era capaz de responder a esa pregunta. Posiblemente todo era por miedo. Sí, miedo. Miedo a lo que podían pensar los demás, miedo a que Richard no se tomara a bien el ser padre tan pronto... Y vale, su parte racional sabía que todo aquello eran tonterías, pero no podía evitar caer en aquellas paranoias.  A lo mejor era porque ella misma no sabía aún como tomarse aquella noticia. Y es que pronto su vida iba a cambiar de arriba a abajo, un cambio que ella no había previsto para nada y que la asustaba muchísimo.

Iba a ser madre. Madre. Jamás aquella palabra había tenido aquella magnitud para ella. Pero así era. Iba a serlo y, por mucho que no se sintiera preparada, el destino así lo había dispuesto. Y tarde o temprano tendría que contárselo a Richard.

Mary soltó un suspiro exasperada mientras pensaba en todo aquello y negó con la cabeza para sí misma a la vez acariciaba a Tiger. No. Aún no había llegado el momento de decírselo a él. Primero, ella misma debía de empezar a asimilar aquella noticia...


*************************************

Chris salió de la redacción junto con Jordan. Aquella tarde había hecho su primera entrevista. Se había estrenado con un personajillo de poca monta que acababa de fundar un partido político raro, pero la verdad era que estaba satisfecha con lo que había hecho. El único problema de todo aquello era que se les había hecho tremendamente tarde. El hombrecillo en cuestión se había presentado una hora después de lo acordado y habían tenido que trabajar a contrarreloj. Hacer la entrevista, volver a la redacción, redactarla y presentarla justo a tiempo para que pudiera publicarse para el día siguiente había supuesto un verdadero trabajo de locos, pero al final, lo habían conseguido.

-Creo que cuando llegue a casa ni ceno...-dijo la chica cuando llegaron a la altura de su coche.-Directamente me voy a la cama. Necesito dormir...

-Tendrás que ir acostumbrándote, chica Beatle. Ése es el trabajo de un periodista.

-No me llames "chica Beatle" si no quieres que te mate, ¿vale?-le respondió ella dedicándole una mirada suspicaz. Pese a que Jordan le caía muy bien, odiaba la manía que había pillado por llamarla así.-Y ya sé que es el trabajo de un periodista, listo.

-Vale, vale...-rió su compañero.-Tampoco hace falta que te pongas así... ¿Podrás disculparme, chic... Christine?

Chris no pudo evitar que se le escapara una risita con aquello.

-Me lo pensaré.-bromeó a la vez que entraba en su coche.-Nos vemos mañana, Jordan.

-Si no nos quedamos durmiendo en casa.

-Es una idea muy tentadora... Adiós.

Y dicho esto, la chica metió la llave en el contacto y arrancó. No obstante, el ruido del motor se apagó manera inmediata. Volvió a intentarlo, pero volvió a pasar lo mismo. Aquel maldito trasto no iba.

-Mierda...

De repente, unos golpecitos en la ventana, la hicieron volverse. Jordan la miraba curioso.

-El trasto éste no arranca.-le dijo ella abriendo de nuevo la puerta.-No sé qué coño le pasa.

-No llames trasto a esta joya.-le contestó él fingiendo escandalizarse.-Si quieres ver un trasto, échale un vistazo a mi coche. A ver... ¿me dejas?

Chris asintió y bajó del coche para que Jordan pudiera sentarse delante del volante. El chico intentó arrancar varias veces como ella antes había hecho pero, de nuevo, todos los intentos fueron en vano.

-No va, ¿no?-preguntó ella intentando reprimirse las ganas de pegarle una patada al coche.

-Tiene toda la pinta de ser la batería...-dijo Jordan saliendo del coche.

-Pues vaya gracia...-masculló ella enfadada.

-Oye...-empezó a decir el chico.-Si quieres te puedo acercar a casa, es tarde y...

Chris se lo quedó mirando durante unos segundos, sopesando la respuesta.

-Mejor pillaré un taxi, seguro que no te viene de paso. Pero gracias de todas maneras.

-En serio, no me cuesta nada.-insistió el chico.-Vives en el centro, ¿verdad?

-Sí.

-He quedado a cenar con unos amigos en Carnaby Street, o sea que me da igual pasar y dejarte en casa...

La chica soltó un suspiro. Al parecer Jordan no aceptaba un no por respuesta y la verdad era que a ella no le vendría nada mal que la acercaran a casa. Estaba cansadísima y lo último que le apetecía en el mundo era ponerse a buscar un taxi a aquellas horas o, peor aún, pillar el metro donde se arriesgaba a que la reconocieran en el acto.

-Está bien, a casa pues.-claudicó al fin.-Te debo una, Jordan.

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John miró el reloj nuevamente y soltó un bufido de resignación, nervioso. Era muy, muy tarde, y Chris todavía no había llegado a casa. Además, para colmo, ni siquiera había llamado por teléfono para avisar que tardaría. Intentó calmarse a sí mismo pensando en que aquel retraso se debería a cualquier banalidad y no a algo malo y, además, se recordó a sí mismo que la chica no habría llamado para avisar porque en teoría él a esas horas debería de estar en el estudio y no en casa.

Apartando casi con brusquedad a Mimi de encima de él se puso en pie y se dirigió hacia la ventana nuevamente. La gata soltó un maullido a modo de queja a la vez que él entreabría la cortina y miraba hacia la calle, preocupado. Se encendió un cigarrillo y se apoyó contra la pared, sin perder detalle de los coches que iban y venían, esperando a que de un momento a otro apareciera su Mini. Abajo, en la calle, un par de fans  cansinas a las que ya conocía de sobras porque lo seguían a todas partes, lo reconocieron en el instante y le saludaron con la mano. Él ni siquiera se molestó en devolverles el gesto. No estaba para tonterías en esos momentos...

Estaba a punto de apartarse de la ventana y de volver al sofá cuando, de repente, un Renault blanco se detuvo justo delante de la puerta de acceso a la finca. No hubiera hecho caso de aquello de no ser porque las dos fans de antes saludaron esta vez hacia el interior del vehículo. John, extrañado, dirigió su vista hacia el coche. Un chico de pelo rizado, bastante bien parecido, salió de la parte del conductor y corrió a abrir la puerta del copiloto. De allí dentro, ni más ni menos, salió Christine, que reía sin parar a la vez que el chico del pelo rizado parloteaba también entre risas.

Y entonces, John perdió la razón por completo.

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-Juro no volver a catalogar el Mini de John de trasto en toda mi vida.-rió Chris mirando el Renault de Jordan.-Al menos allí la puerta del copiloto se puede abrir desde dentro.

-¿Te había dicho que esto sí que era una chatarra o no?-preguntó Jordan divertido a la vez que le daba una patada a la puerta.

-Eso le falta, que encima le des golpes...-bromeó ella.-En fin, Jordan, muchas gracias por traerme.

-De nada.-respondió el chico.-Aunque visto el estado de la tartana esta que yo tengo es muy probable que algún día me tengas que acercar tú a mi casa también.

-Pues lo haré.-sonrió ella.-De todos modos, te debo una.

-Mañana me invitas a desayunar y ya estamos en paz.

-Tienes la cara muy dura, ¿eh?-rió Chris.

-No lo sabes tú bien... ¡Hasta mañana!

-¡Hasta mañana!

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John se sentó en el sofá intentando reprimir la rabia que sentía dentro de sí. Rabia, indignación, traición y... celos. Celos y más celos. Sabía que aquel momento llegaría, lo había sabido desde un primer momento. Al parecer, Christine se había cansado de tenerlo sólo a él. Posiblemente quisiera experimentar con otros hombres, posiblemente había dejado de quererlo. Aquella posibilidad lo carcomía por dentro. Él la quería, la sentía como suya y no estaba dispuesto a que nadie más la tocara. Aquello lo enfurecía, lo volvía loco, le hacía perder los estribos.

De repente escuchó la puerta abrirse. Miró hacia la puerta del salón, furioso, pero no se movió. Esperaría a que ella fuera allí, mejor.

-¡John!-exclamó ella sorprendida cuando entró allí y lo vio, sentado.-¡Estás aquí, qué sorpresa!

-Supongo que así ha sido.-respondió él, sombrío.-Una verdadera sorpresa para ti, ¿verdad?

-Pues sí.-le contestó Chris, mirándolo con el ceño fruncido.-Te hacía en el estudio.

-Hemos acabado pronto.

-Entiendo.-dijo la chica a la vez que se acercaba hacia él.-Me alegro de verte.

Christine se inclinó hacia él con la evidente intención de darle un beso, pero él se apartó con brusquedad. Ella se quedó mirándolo, contrariada.

-Ni se te ocurra hacer eso.-dijo él empezando a notar como la sangre le empezaba a arder en las venas.-Ni se te ocurra darme un puto beso o hacer como si no hubiera pasado nada.

-¿Pero qué...?-susurró ella.

-¡¿Qué?!-casi gritó él poniéndose en pie casi de un salto.-¿Aún tienes la cara tan dura como para preguntarme eso?

-¡John!-exclamó ella exasperada.-¿Qué te pasa?

-¡Te he visto!-gritó él acercándose a ella mientras respiraba agitadamente.-¡Te he visto saliendo del puto coche de ese subnormal!

-John...-susurró ella empalideciendo de repente.-Era Jordan, no pasa nada. El coche no me arrancaba, se ha quedado sin batería y él me ha...

-¡Mierda! ¡No me sueltes excusas joder! ¡No cuando os he visto!

-Pero yo no...

-¡¿Tú no qué?! ¡¿Qué?! ¡Os he visto con vuestras risitas! ¡He visto como te abría la jodida puerta! ¿Qué pasa? ¿Ahora te gustan las mariconadas esas? ¿Te ponen cachonda?

-¿Pero qué mierdas me estás contando?-exclamó ella.-¡No te montes películas! ¡Sólo es un compañero de trabajo que me ha acompañado a casa!

-¡Sí, por supuesto! ¡Un compañero que te deja en casa después de que te lo hayas follado! ¿Me equivoco?

Christine iba a contestarle algo pero, cuando escuchó esas últimas palabras, cerró la boca de nuevo de repente.

-¿Cómo has dicho?-siseó ella mirándolo con furia.

-Lo que has oído.-le respondió él, que aún estaba más furioso que ella.-Te acuestas con ese Jordan, ¿verdad?

-¡NO!-exclamó ella exasperada a la vez que los ojos se le inundaban en lágrimas.-¡No, no y NO!

Después, la chica arrancó en un llanto desesperado. John la miró, seguía muy enfadado y las lágrimas sin consuelo de la chica no le conmovían para nada. Él aún se sentía mucho más herido que ella, muchísimo más, y lo único que quería era escapar de allí, estar solo durante unas horas y pensar, pensar muchísimo. Así que, sin más, se dio la vuelta y se largó de casa. Todavía escuchó los sollozos de Christine cuando cerró la puerta pero no, aquello no le importaba.

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Agarrar el coche en sus condiciones no era lo más recomendable, pero estaba demasiado enfadado con todo como para ponerse a pensar. Salió de Londres en dirección al norte y condujo por carreteras solitarias a una velocidad pasmosa, pisando el acelerador de su Ferrari a fondo, sin preocuparse por nada más que correr y alejarse de todo y de todos lo máximo posible.

Paró en medio de la nada, en un páramo solitario, y apagó el motor. Después, se desmoronó por completo, apoyó la cabeza contra el volante y empezó a llorar.

Se sentía mal, fatal. Y dudaba... Dudaba de ella, dudaba de la persona que más quería en el mundo aunque sabía en lo más profundo de su ser que no le mentía, que no le engañaba. Pero el miedo... El miedo a que algún día se cansara de él y lo dejara, ese miedo seguía ahí, presente, como un fantasma amenazante que se ocultaba entre las sombras. ¿Por qué se había comportado así con ella? ¿Por qué no podía evitar tener aquellos sentimientos que lo devoraban por dentro, poco a poco y sin descanso? ¿Por qué parecía que estuviera predestinado a hacer daño a aquellos a los que quería? Ojalá tuviera una respuesta, pero John no lo sabía. No sabía qué era lo que le pasaba, cuál era su maldito problema y quizá por eso no podía evitarlo.

-¡Mierda, mierda, mierda! ¡Joder!-gritó antes de dar un fuerte golpe en la guantera del coche.

De repente, la guantera se abrió. John la miró: había roto el cierre con el maldito golpe. Pero, no obstante, lejos de fijarse en aquello, su mirada se posó sobre una pequeña bolsa de tela, una bolsa de la que casi se había olvidado por completo. Alargó su mano, la agarró y la abrió. Miró hacia su interior y dudó unos segundos en si debía hacerlo o no. No obstante, sus dudas pronto se disiparon: en aquellos instantes la jodida realidad era demasiado dura como para poderla soportar así, sin más.

Y entonces, sacó de ella una tableta de LSD y se la metió en la boca. Lo necesitaba. Lo necesitaba más que al aire que respiraba. Sin lugar a dudas, el ácido era la única compañía que necesitaba en aquellos momentos.

********************************

Ni siquiera fue consciente de que ya había amanecido. Se había pasado toda la puñetera noche llorando, tumbada sobre la cama, sin saber si desear que John regresara a casa de una vez o que no apareciera en muchas horas. ¿Cómo había podido acusarla de eso? Aquello era absurdo, ni tan siquiera se le había pasado por la mente el ser infiel a John con nadie, y ahora él la estaba culpando de hacer la última cosa que habría hecho en el mundo. John sabía que lo quería, debía de saberlo. Se lo intentaba demostrar a todas horas, se desvivía por él... Y aun así aquellos malditos celos continuaban dominándolo.

De pronto, escuchó la puerta abrirse. Se puso tensa. John había regresado a casa. Lo escuchó caminar por el pasillo y, de repente, la puerta de la habitación se abrió. Chris, que vio inútil el hacerse la dormida, se volvió hacia él y lo miró a los ojos. Y entonces, enseguida lo comprendió: John estaba colocado de LSD por completo. Ni siquiera se dijeron nada mientras ella contenía de nuevo las ganas de echarse a llorar como una niña a la vez que él se desnudaba y se metía en la cama a su lado.

-Siento lo de antes.-susurró él cuando apagó la luz.

Pero Chris no pudo contestar. Su voz, mecánica y monótona, que dejaba en evidencia su estado, la hizo desmoronarse y empezó a llorar nuevamente en silencio. Él ni siquiera se dio cuenta, estaría demasiado concentrado en los efectos del LSD como para prestarle atención.

John había incumplido nuevamente sus promesas. Y es que, una vez más, los malditos celos y el maldito ácido se habian vuelto a adueñar de él. Chris tenía la sensación de que John había dejado de ser John una vez más.




Chicas! Qué hay??? Aquí llego con el primer capi del año y, como no, os quiero desear a todas un Feliz 2013 lleno de música y de buenos momentos. Que este año se lleve todos y cada uno de los problemas que borran vuestra sonrisa y a pasarlo bien! :)

Y por cierto, muchas gracias por vuestros comentarios. Os adoro a todas, y para mí es muy importante ver que seguís leyendo esto! :D Por cierto, Paul ha aparecido de nuevo, por lo que decíais algunas. La otra cuestión que algunas me habéis planteado, ya la responderé más adelante en un momento un poco más "serio", por así decirlo, jeje.

Espero que más o menos os haya gustado este capi. Si no, quejas, amenazas y demás, en el apartado de "Publicar comentario", jajaja.

Un abrazo!